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Decisiones trascendentales

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No fue un discurso más. Había una enorme expectativa por sus palabras, por el tono político y las miradas externas e internas. No defraudó ese interés. El mensaje del gobernador Hugo Passalacqua marcó un cambio de época en una de las políticas centrales: la rigurosidad fiscal. Instaurado en 2007, el pago a cuenta en los controles fiscales había sido un pilar que marcó a Misiones, para bien, en cuanto al control recaudatorio y para mal, en cuanto a las quejas empresarias y opositoras. En rigor, nunca se trató de una “Aduana Paralela”, sino de un pago a cuenta que obligó a exteriorizar la mercadería que compraban o pretendían ingresar. Un dedo en la llaga para muchos. 

El problema dejará de ser un tema de discusión, tras la decisión tomada por el Gobernador de que se levanten los controles ruteros. “Aclaro: No habrá más cobros de ningún tipo en los puestos de control, quedando los mismos únicamente para verificación de documentación”, insistió Passalacqua en el pasaje más sorpresivo de su mensaje de Estado ante la Cámara de Diputados. 

El anuncio, que rompe muestra una dinámica que choca con los dogmas, desarticula el andamiaje argumentativo de la oposición y las cámaras empresarias, que cuestionaban el impacto del pago a cuenta, que comenzó a cobrarse en 2007, hace casi 20 años. 

La exclusión, que será de oficio y sin necesidad de realizar trámite alguno, incluye a las pymes que en el año 2025 hubieran dado hasta 10 millones anuales de pago a cuenta y comprenderá a 16.500 pequeños y medianos contribuyentes sobre un total de 17.300 registrados. Dicho de otra manera: el 95% del padrón de contribuyentes queda excluido del pago. Además, las restantes 873 grandes empresas que quedan incluidas realizarán el pago a cuenta de forma global, digital, mensual y simplificada, lo que les significará un ahorro del gasto administrativo, agilizando además el tráfico de ingreso a la provincia. 

Finalmente, se dispone para los nuevos contribuyentes, la exclusión del pago a cuenta desde su alta, a efectos de atraer aún más inversiones legítimas a la provincia.

Además de la relevancia política, la decisión toma otra dimensión porque se toma en medio de una fuerte caída de los recursos federales y de la recaudación propia.

En el primer bimestre Misiones registró una recaudación propia de impuestos y tasas varias por $179.166 millones, cifra que equivale a una  variación real negativa de -23,4% respecto a igual período del año anterior. En términos de variación relativa, se trata del peor primer bimestre desde 2006. Visto en moneda constante, la recaudación de 2026 es la más baja desde el año 2020. Entre enero y febrero, la provincia registra una pérdida de más de $40.000 millones en términos reales, explicada por la baja tanto en la coparticipación como en la recaudación propia. Solo en enero, la caída total real fue de $43.492 millones, y en febrero de $41.159 millones interanual. 

Según los datos oficiales, este desequilibrio se profundiza al observar los montos que los misioneros aportan por mes en impuestos nacionales (IVA, ganancias y cheques): cerca de $476.000 millones, de los que sólo retornan $170.000 millones, en concepto de coparticipación. El impacto se acentúa porque, históricamente, la Nación compensaba esa asimetría financiando obras de infraestructura, viviendas y programas de incentivos. Hoy ese escenario cambió. La caída drástica de las transferencias y la paralización de las obras nacionales significan que el Estado nacional concentra en sus arcas los recursos que antes redistribuía. Hoy las provincias son las que deben cubrir esa ausencia. 

El Gobernador venía masticando la reforma fiscal desde hace varias semanas y la preparó como anuncio estelar de su mensaje legislativo. Además del impacto en el discurso opositor, la medida también apunta a demostrar que la caída del consumo y los precios altos poco y nada tienen que ver con la política fiscal de Misiones, sino a decisiones que se toman en Buenos Aires. 

La distancia que tenemos con las políticas implementadas desde Nación, es similar a la distancia geográfica que nos separa de la capital. La gestión política va mucho más allá de lo macroeconómico. Se construye sobre una lectura profunda y constante, conectados cara a cara con la gente que nos marca una agenda propia, alejada de los ruidos y videos virales de redes sociales”, describió Passalacqua.

Y los datos sustentan esa posición. Desde diciembre de 2023, el padrón de Convenio Multilateral en Misiones creció diez por ciento, sumando 4.600 nuevas firmas (entre empresas, PyMEs y unipersonales) que hoy eligen operar en la provincia. Mientras Misiones suma firmas, la tendencia nacional es drásticamente opuesta: en el resto del país, este padrón de contribuyentes cayó en casi 18 mil, detalló Passalacqua. ¿Cómo puede coincidir ese dato con el discurso de que Misiones ahuyenta inversiones?

Passalacqua fue más allá en rebatir los argumentos opositores -libertarios- y exhibió datos que colocan a Misiones lejos de los primeros lugares en la presión fiscal. 

Misiones está en la mitad de la tabla, exactamente en el puesto 13. “Hay 12 provincias que cobran una alícuota superior a nuestro 4,5%. Y la diferencia de fondo es que varias de esas jurisdicciones con impuestos más altos hoy están emitiendo bonos para tapar agujeros financieros o tienen peores calificaciones de riesgo crediticio internacional. Nosotros, con un enorme esfuerzo propio, elegimos el camino del orden, cumpliendo nuestras obligaciones sin hipotecar el futuro”, remarcó. 

La novedad sorprendió en el recinto, donde los diputados parecieron no tomar dimensión del cambio. Incluso, los más acérrimos opositores quedaron en una suerte de offside argumentativo. Otros, como el ex tenista Diego Hartfield optaron por relatar la noticia por las redes sociales desde el confort de su hogar, su lugar elegido para “hacer política”. E ironizar sobre los anuncios. “Sobre el programa Ahora Sepelios prometo no hacer ningún comentario. Solo leeré los vuestros”, se mofó el especialista financiero. 

Los programas Ahora son una herramienta fundamental para sostener el consumo y aliviar a miles de familias misioneras, ante el incesante aumento diario de precios y costos. 

El primero fue el Ahora Pan en 2018, que permite hoy tener el pan más barato de la Argentina, en un acuerdo con las panaderías a cambio de mitigar el costo de la electricidad. Passalacqua anunció varios nuevos capítulos, como el Ahora Chacra, el Ahora Verdulería y el Ahora Sepelios, que permitirá a trabajadores, autónomos o monotributistas, todos los días de la semana, pagar los servicios en hasta 6 cuotas sin interés y con reintegro de hasta el 25% con tarjetas de crédito y otras alternativas de pago. 

Cada uno de los planes impacta en el consumo. En 2025 generaron ventas por 105 mil millones, representando más del diez por ciento del total de ventas minoristas. A la Provincia le cuesta 775 millones de pesos al mes mantener el financiamiento. Pero en una una familia misionera de cuatro integrantes puede representar un ahorro combinado de hasta 273.000 pesos mensuales, equivalente al 23% de su ingreso. “Este ahorro cotidiano es un respiro económico vital para que nuestras familias lleguen a fin de mes en este contexto”, remarcó Passalacqua. 

Llegar a fin de mes es una odisea para millones de argentinos y miles de misioneros. La actividad económica se desploma a diario y el cierre de empresas que no logran “reconvertirse” es abrumador. No es una actividad en particular, sino una realidad transversal a toda la economía. “Nunca… lo que nunca me pasó en la vida, para el mes de junio, ni una sola reserva. Saqué una promoción del 40% con unos precios increíbles. Ayer recién a la noche a última hora ingresaron dos reservas para el 25 de junio al 29. Pero viene horrible la mano, viene horrible la mano”, contó un hotelero de Iguazú, asombrado por la parálisis de la actividad.

En contraste, la eliminación del pago a cuenta de Ingresos Brutos puede reactivar la actividad. El grupo inversor del hotel Marriot que se construye en Iguazú debe traer todo el sistema antiincendios. Lo iba a importar desde Córdoba, con una inversión de 130 mil dólares. El pago a cuenta le significaba inmovilizar cerca de 10 millones de pesos, que ahora volcará a comprar insumos en Misiones. La operación se hará en julio. 

En el sector industrial también fue bien recibida la noticia. No sólo por la supresión del pago a cuenta, sino por la exención a la salida de productos desde la provincia. Una yerbatera que acumulaba 1.200 millones en retenciones y analizaba mudar su sede a la provincia matriz, ahora revisará sus planes.  

La yerba también tuvo un capítulo en el mensaje de Passalacqua. “Esta desregulación no es libertad, es una asimetría profunda que deja el escenario donde se permite que el pez grande se devore al más chico”, sentenció el gobernador. En una respuesta tácita al presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, el libertario Rodrigo Correa, Passalacqua insistió en que “la crisis SI EXISTE (la mayúscula es del Gobernador) pero no la están pagando todos por igual”.

El mandatario le puso números a la desregulación. “Hace exactamente un año pedíamos en este mismo lugar 505 pesos y ese valor hoy sería $700 por el kilo de hoja verde. El ajuste castiga al eslabón más vulnerable, el productor, mientras el sector industrial mantiene sus márgenes. Estamos hablando de 400 mil millones de pesos que dejan de ingresar a nuestra economía. Es dinero que ya no llega a la despensa, a la carnicería del barrio. La plata que siempre da vueltas, ya no gira porque no hay, deja de llegar, el yerbatero la deja de percibir”, detalló. 

La provincia ya demandó al Estado Nacional para restaurar las facultades del INYM; ahora también lo están haciendo varias asociaciones gremiales yerbateras, con el respaldo provincial. La Justicia federal posadeña, que en primera instancia había intervenido, ahora dilata una definición y, por el contrario, partió la demanda en varias partes, entre Oberá e Iguazú, lo que genera más desasosiego a los productores. 

En las próximas horas habrá nuevas medidas para la yerba mate, en la búsqueda de inclinar la balanza para subir el precio. No serán los 700 pesos, pero habrá herramientas financieras y de gestión apuntadas a secaderos y molinos para elevar el precio de referencia, bastante por encima de los valores actuales.  

Passalacqua abrió y cerró su mensaje con referencias al tiempo político que se vive de cara a las elecciones de 2027. “Misiones se ha consolidado como precursora de una idea que el Santo Padre, el Papa Francisco, supo bautizar como la “Cultura del Encuentro”, comenzó, en velada referencia al Encuentro Misionero lanzado hace unas semanas. “Les aseguro que tengo la fortaleza y la templanza necesarias para navegar estos tiempos difíciles hoy y mañana”, cerró. No hacen falta muchas lecturas subterráneas. El discurso tuvo una enorme carga simbólica, que reveló el estado de situación de la economía y medidas para mejorar lo que se pueda mejorar, con recursos propios. “Todos los logros alcanzados son el mérito del enorme esfuerzo de la gente, de los intendentes que
siempre están y del reflejo de una cohesión y una visión de Estado que se han sostenido en el tiempo. Iniciativas claves que fueron proyectadas bajo la visión del ingeniero Rovira, otras se consolidaron durante la gestión de Closs, y muchas otras han sido impulsadas por el doctor Herrera y sus respectivos equipos de trabajo”, remarcó Passalacqua.

El contraste fue fuerte con lo que sucedió en el Congreso, donde Manuel Adorni tuvo que defender la gestión libertaria. El jefe de Gabinete, acorralado por las denuncias por enriquecimiento acelerado y gastos VIP, repitió el esquema del propio Presidente: sencillamente hacer oídos sordos de los gritos de la realidad. Sobre la yerba, negó una crisis, descartó asistir a los productores y recomendó a los industriales ir a los bancos a financiarse para cubrir la rentabilidad perdida.

Lo más saliente que dejó su paso por el Congreso, además de nuevas revelaciones de la lujosa vida que ostenta junto a su pareja, fue un desliz, o quizás una advertencia: su informe incluyó un minucioso informe sobre los gastos de una tarjeta corporativa de Nucleoeléctrica. Gastos por 313.000 dólares en menos de un año en consumos que incluyen hoteles de lujo, free shops, peluquerías, discotecas, servicios de playa y compras en tiendas de ropa en distintos países. Los gastos corresponden al período comprendido entre marzo de 2025 y febrero de 2026, etapa que coincide casi por completo con la gestión de Demian Reidel al frente de la empresa estatal. Según el documento, la cuenta identificada bajo el número 338402 acumuló consumos que exceden ampliamente los gastos operativos habituales de una misión corporativa y abren interrogantes sobre los mecanismos de control interno. Reidel es uno de los asesores más cercanos, influyentes e íntimos amigos del presidente argentino Javier Milei.

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Lo que China hizo con el viento mientras el mundo miraba otra cosa

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En 2025 ocurrió algo sin precedentes en la historia de la energía. Casi nadie lo cubrió. Y sin embargo, cambia quién va a dominar la economía del siglo que viene.

Empecemos por el número.

542,7 GW

Nueva capacidad eléctrica que China añadió a su red en un solo año: 2025.

Para entender qué significa esa cifra hay que compararla con algo. La capacidad eléctrica total instalada de Estados Unidos — toda la que fue construida en más de un siglo de historia industrial, desde las primeras centrales de carbón hasta los parques solares más modernos — es de aproximadamente 1.200 GW. China añadió casi la mitad de eso en doce meses.

Pero el número que realmente detiene es este: en 2025, China instaló más capacidad eólica en un año que la que Estados Unidos acumuló en toda su historia.

No es un error de tipeo. No es una exageración. Es un dato verificado por Wood Mackenzie, la Administración Nacional de Energía de China y múltiples organismos internacionales de seguimiento energético.

Ahora la pregunta que importa: ¿cómo llegó China a esto?

La respuesta corta es: con una velocidad que nadie en Occidente tomó en serio hasta que ya era tarde.

En diciembre de 2020, el presidente Xi Jinping anunció que China alcanzaría 1.200 GW de capacidad instalada eólica y solar para 2030. Era una meta ambiciosa. Los analistas occidentales la miraron con escepticismo. Los chinos la cumplieron en julio de 2024 — seis años antes de lo previsto. Al cierre de 2025, la capacidad combinada ya superaba los 1.840 GW, y por primera vez en la historia del país, las energías eólica y solar superaron al carbón y al gas en la mezcla eléctrica nacional.

La energía solar y eólica representó en 2025 el 22% de la generación eléctrica total de China, según la Administración Nacional de Energía. El doble que en 2020. En el primer semestre de 2025, la generación solar creció un 43% interanual. La eólica, un 16%. Y el uso de combustibles fósiles para generación eléctrica cayó un 2% en ese mismo período. No fue un trimestre. Fue el inicio de una tendencia que los modelos energéticos globales todavía están ajustando.

La pregunta más difícil no es cómo lo hizo. Es por qué el resto del mundo no lo vio venir.

La explicación más honesta es que Occidente miraba el pasado. Seguía evaluando a China por lo que había sido — una economía que copiaba, que subsidiaba, que competía por precio. El relato de que China solo manufacturaba barato y sin innovar era cómodo y conveniente. También estaba desactualizado.

Porque lo que pasó en energía eólica no fue solo una cuestión de volumen. Fue un salto cualitativo que el mundo no terminó de procesar.

Ocho de los diez mayores fabricantes mundiales de turbinas eólicas son chinos, según datos de Wood Mackenzie. Las empresas como Goldwind, Envision y Windey no compiten solo por precio: están desarrollando turbinas de más de 10 megavatios — las más grandes del mundo — que reducen drásticamente el costo por proyecto. En 2025, los fabricantes chinos capturaron el 95% de la nueva capacidad eólica instalada en Oriente Medio y África. Goldwind firmó un contrato de 3,1 GW en Arabia Saudita — uno de los mayores de la historia del sector — para abastecer dos parques en el desierto.

El argumento de que China compra cuota de mercado con subsidios ya no alcanza para explicar esto. Un país que diseña, fabrica e instala las turbinas más grandes del mundo no está replicando: está liderando.

Y está exportando ese liderazgo.

Aquí es donde el tema deja de ser energético y se vuelve geopolítico.

Durante décadas, el poder global se midió en barriles de petróleo. Los países que controlaban el petróleo controlaban las economías que dependían de él. Las guerras del siglo XX y del XXI tienen, en su raíz, esa lógica.

La transición energética cambia las reglas. Si el mundo se mueve hacia la electricidad renovable, el poder ya no estará en quien tenga el pozo. Estará en quien fabrique los paneles, las turbinas, las baterías y las redes que transportan esa energía. Y en esa carrera, China ya tomó una ventaja que se mide en décadas, no en años.

Los pedidos internacionales de turbinas chinas crecieron un 66% interanual en 2025 y triplicaron los niveles de 2023, según Wood Mackenzie. África y Oriente Medio son los mercados de mayor expansión. Pero también Europa empieza a mirar hacia las turbinas chinas — no por ideología sino por precio: en un contexto donde la rentabilidad de los proyectos eólicos está bajo presión, las turbinas más baratas del mundo tienen un atractivo difícil de ignorar.

Y ahí está la paradoja que ningún gobierno occidental terminó de resolver: necesitan la tecnología china para cumplir sus propias metas climáticas, pero no quieren depender de ella por razones geopolíticas. El resultado son aranceles que encarecen la energía limpia, regulaciones que frenan la transición y debates que mezclan seguridad nacional con cambio climático sin resolver ninguno de los dos.

Hay un detalle técnico que los analistas mencionan como la próxima frontera y que vale la pena nombrar.

China genera tanta energía renovable que ya tiene un problema nuevo: no puede usarla toda. El viento sopla y el sol brilla en momentos en que la demanda no alcanza para absorber la generación. La solución que el país está implementando — a escala, como todo lo demás — es el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo: usar el exceso de electricidad para bombear agua hacia embalses elevados y soltarla cuando haga falta. China tiene más proyectos de este tipo en construcción que todos los demás países del mundo juntos.

En paralelo, su capacidad de almacenamiento en baterías creció un 75% en 2025 respecto al año anterior.

No está resolviendo el problema del exceso de energía. Está construyendo la infraestructura para dominar también el almacenamiento, la siguiente gran industria de la transición energética.

En 1973, el embargo petrolero árabe dejó a Occidente sin combustible en cuestión de semanas y mostró, con una claridad que todavía duele, cuánto poder tiene quien controla la energía que otros necesitan.

Cincuenta años después, el mundo está en medio de otra transición energética. Y el país que está construyendo la infraestructura de esa transición más rápido, más barato y a mayor escala que cualquier otro no es Estados Unidos. No es Europa. No es ninguna de las democracias que lideran los discursos climáticos en las cumbres internacionales.

Es China.

Y lo hizo mientras el mundo miraba otra cosa.

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El boom del cuentapropismo: ¿Quiénes son y qué hacen los misioneros?

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La semana pasada analizamos cómo fue cambiando el mapa laboral en los últimos años, tanto a nivel país como en Posadas, a partir de lo que permite observar el INDEC mediante la Encuesta Permanente de Hogares. A modo de recordatorio, se destacaba un importante avance de las modalidades de autoempleo en detrimento del trabajo asalariado, situación explicada por un doble factor: por un lado, la evolución de servicios cada vez más demandados por la sociedad, que en muchos casos se canalizan inicialmente a través del cuentapropismo; pero, por otro lado, la pérdida de empleo asalariado empuja a miles de personas a buscar refugio en el autoempleo como mecanismo de subsistencia. Este último factor es, claramente, el predominante en los últimos años en el país.

Si nos detenemos en este fenómeno, resulta necesario preguntarnos entonces quiénes son y a qué se dedican los cuentapropistas de Posadas, con el objetivo de comprender en mayor profundidad los impactos de políticas económicas que empujan a miles de argentinos hacia formas de trabajo más precarias.

Los datos muestran que el crecimiento del cuentapropismo en Posadas no puede ni debe analizarse únicamente en clave laboral. Detrás de esos números hay una señal social mucho más profunda: la necesidad de salir a buscar nuevos ingresos, ya sea porque los que existían desaparecieron o porque directamente dejaron de alcanzar. Y no se trata solo de ingresos laborales: también aparece con fuerza un fenómeno que afecta a las personas de mayor edad, que, en un contexto de bajas jubilaciones, necesitan generar recursos adicionales para sostener sus hogares.

Para entender mejor esta dinámica, conviene observar cómo se configura la estructura etaria del cuentapropismo posadeño. En 2025, apenas el 2,5% de los cuentapropistas tenía entre 18 y 24 años; el 20,7% correspondía al grupo de 25 a 34 años; el 19,6% al de 35 a 44; el 27,1% al de 45 a 54; el 16,8% al de 55 a 64; y el 13,3% a personas mayores de 65 años. Sin embargo, estos datos muestran cambios significativos respecto a 2024. Los más jóvenes perdieron 7,5 puntos porcentuales de participación (pasaron del 10% en 2024 al 2,5% en 2025), posiblemente por una mejor inserción en otras modalidades laborales (como el empleo asalariado), mientras que también se observa una leve caída en los grupos de 25 a 34 años (-1,8 p.p.) y de 35 a 44 (-3,2 p.p.).

En contraste, los grupos de mayor edad son los que ganaron protagonismo: las personas de 45 a 54 años incrementaron su participación en 2,3 puntos; las de 55 a 64 lo hicieron en 5,5 puntos porcentuales (la mayor expansión, pasando del 11,3% al 16,8%); y los mayores de 65 años aumentaron 4,7 puntos (del 8,6% al 13,3%).

Si llevamos este fenómeno a números absolutos, la magnitud resulta aún más clara. En 2024 había 5.212 personas de entre 55 y 64 años que eran cuentapropistas, cifra que ascendió a 7.970 en 2025, lo que implica un incremento del 52,9%. En el caso de los mayores de 65 años, se pasó de 3.970 personas en 2024 a 6.303 en 2025, con una expansión del 58,8%. En términos simples, en apenas un año se sumaron 5.091 nuevos cuentapropistas en Posadas mayores de 55 años.

Esto deja en evidencia que no estamos hablando solamente de jóvenes emprendedores, de personas que buscan independencia o de quienes eligen “ser su propio jefe”. Estamos hablando también de personas en etapas avanzadas de la vida laboral que no encuentran contención en el mercado de trabajo o que necesitan generar ingresos adicionales para subsistir. Más aún: dentro de este segmento, hay 2.333 nuevos cuentapropistas mayores de 65 años, lo que sugiere que muchos jubilados debieron volver al mercado laboral empujados por la necesidad.

Cuentapropismo en Posadas: los datos clave

Evolución del autoempleo, composición etaria y principales actividades

Indicador Dato destacado
Cuentapropistas de 55 a 64 años 7.970 en 2025
Crecimiento del grupo de 55 a 64 años +52,9%
Cuentapropistas mayores de 65 años 6.303 en 2025
Crecimiento de mayores de 65 años +58,8%
Nuevos cuentapropistas mayores de 55 años +5.091
Mujeres mayores de 65 años cuentapropistas 2.773 en 2025
Crecimiento de mujeres mayores de 65 años +75,6%
Principal actividad del autoempleo Construcción: 12%
Rubro con mayor expansión relativa Comercio no especializado: +317,9%
Servicios personales n.c.p. +155,7%
Fuente: elaboración en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.

Si se analiza la variable de género, también aparecen matices relevantes. En 2024, los varones explicaban el 66% del cuentapropismo, participación que se redujo al 62% en 2025; en cambio, las mujeres pasaron del 34% al 38%. Este cambio es consistente con las mayores dificultades que enfrenta el empleo femenino en el mercado laboral. Dentro de este contexto, se destaca que entre los mayores de 65 años, las mujeres pasaron de representar el 40% en 2024 al 44% en 2025, probablemente como resultado de la necesidad de aportar ingresos al hogar.

En términos absolutos, el fenómeno es aún más contundente: las mujeres mayores de 65 años que se desempeñan como cuentapropistas pasaron de 1.579 en 2024 a 2.773 en 2025, lo que representa un incremento del 75,6%, el mayor crecimiento relativo entre todos los grupos etarios femeninos. En el caso de los varones de ese mismo rango etario, el aumento fue del 47,6%, siendo la segunda suba más alta dentro de ese grupo, solo por debajo de los varones de entre 55 y 64 años (que crecieron un 77,9%).

En los últimos tiempos, se ha puesto el foco en el crecimiento del cuentapropismo destacando algunas de sus virtudes (que algunas son reales, pero son las menores), pero muchas veces sin analizar su composición. Esto puede llevar a interpretaciones equivocadas. No todo crecimiento del trabajo independiente implica emprendimiento, innovación o dinamismo económico. En muchos casos, lo que refleja es subsistencia: una respuesta obligada ante la falta de empleo formal o frente a ingresos (como las jubilaciones) que no alcanzan para cubrir los gastos básicos.

Dejemos de lado la cuestión etaria y de género y veamos a qué se dedican los cuentapropistas de Posadas y cómo varió en el último tiempo esa composición. No existe una actividad con alta concentración, sino más bien un amplio abanico de servicios; en ese marco, la actividad más presente es la construcción, que concentra el 12% del total de trabajadores con autoempleo del aglomerado misionero y creció 9,9% en el último año.

Luego le siguen los trabajadores comerciantes de alimentos, bebidas y tabaco (carnicero, verdulero, panadero, venta directa al público), que concentran el 7,4% del total pero cayeron un 48,2% en el último año; esta baja está asociada con la fuerte alza de la tercera categoría en orden de participación: comercio no especializado, con predominancia de alimentos y bebidas, que concentra el 7,2% y vivió una expansión del 317,9% en 2025.

¿Por qué están vinculados? Porque se trata de dos formas distintas de clasificar una misma lógica de actividad comercial, pero con distinto nivel de especificidad. Por un lado, el “comercio de alimentos, bebidas y tabaco”, como se dijo, refiere a actividades más definidas: un carnicero, una verdulería, alguien que vende un tipo concreto de producto. Por el otro, el “comercio no especializado” agrupa a quienes también venden bienes (muchas veces los mismos alimentos o bebidas), pero agregando una oferta mucho más variada.

El carnicero siguió vendiendo carne, pero de repente anexó artículos de bazar, incluso diarios y revistas, o inclusive golosinas, por ejemplo.

En ese marco, el movimiento que sugieren los datos es bastante claro: parte de los cuentapropistas que antes estaban identificados en rubros específicos pasan a aparecer en categorías más generales. No necesariamente porque cambien completamente de actividad, sino porque su forma de trabajo se vuelve más heterogénea.

¿A qué se debe esa ampliación? Principalmente, a la necesidad de ofrecer más bienes para tener un mayor flujo de ventas, en un contexto donde solo vender carne, por ejemplo, no alcanza porque la demanda se vuelve más fragmentada, los niveles de consumo son más inestables y el ticket promedio tiende a ser más bajo.

Es decir, muchos cuentapropistas amplían su oferta incorporando otros bienes de alta rotación (bebidas, productos de almacén, artículos básicos), buscando captar distintas necesidades de consumo en un mismo punto de venta.

Ese fue el “top tres” de actividades con más cuentapropistas; pero en ese marco, ¿cuáles fueron los que más crecieron en términos relativos? El líder de crecimiento es el que ya dijimos: comercio no especializado con predominancia de alimentos y bebidas, con +317,9%, pero no fue el único.

Comercio de textiles y mercería incrementó en 158,9% (aquí puede verse el fenómeno de la persona que vende por su cuenta vía redes sociales, por ejemplo); actividades para la práctica deportiva lo hicieron en +124,5%; elaboración de alimentos en +76,5%; servicios de expendio de comidas y bebidas en +72,7%; y servicios de peluquería y tratamientos de belleza en +52,8%, entre otros.

Pero hay otra categoría que también creció mucho: los servicios personales n.c.p. (no comprendidos previamente), que se expandieron un 155,7%, convirtiéndose en la actividad con la tercera mayor expansión dentro del autoempleo local. Se trata, sin embargo, de una categoría particularmente amplia y heterogénea, que agrupa actividades muy diversas y que, justamente por su carácter residual, suele captar ocupaciones que no logran encuadrarse con claridad en otros rubros más específicos.

Pero en ese marco, y a la luz de las transformaciones recientes del mercado de trabajo, hay indicios claros de que una parte relevante de este crecimiento podría estar asociada a trabajos vinculados a plataformas digitales, como repartidores (delivery) o choferes de aplicaciones. Estas ocupaciones, cada vez más extendidas en contextos de caída o insuficiencia del empleo formal, presentan una particularidad: no siempre son registradas de manera homogénea en las encuestas, lo que impacta directamente en su clasificación estadística.

La categorización del trabajo de una persona depende, casi en su totalidad, de cómo el encuestado describe su actividad. Un repartidor puede ser clasificado dentro de transporte o mensajería si declara explícitamente que realiza entregas, pero también puede terminar en “servicios personales n.c.p.” si la respuesta es más general (por ejemplo, “trabajo con una app” o “hago repartos”).

Lo mismo ocurre con los choferes de aplicaciones: conceptualmente pertenecen al transporte de pasajeros, pero pueden ser absorbidos por categorías más amplias si no se especifica con precisión la tarea. Por ello, parte del fuerte crecimiento de esa actividad general probablemente esté reflejando la expansión de este tipo de trabajos flexibles y de difícil encuadre dentro de las clasificaciones tradicionales.

En definitiva, cuando se observa en conjunto la evolución del cuentapropismo en Posadas, lo que aparece no es solo un cambio en la cantidad de trabajadores independientes, sino también en la forma en que se insertan y sostienen sus actividades. En ese sentido, el cuentapropismo deja de ser únicamente una categoría laboral para convertirse en un reflejo más amplio de las condiciones económicas y sociales.

Detrás de cada rubro que crece, de cada cambio en la composición, hay estrategias concretas de supervivencia, adaptación y búsqueda de ingresos en un escenario donde el empleo asalariado pierde capacidad de absorción. Entender esa composición, más que el número en sí mismo, es clave para interpretar qué está pasando realmente en el mercado de trabajo local.

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Un par de casos testigo del industricidio premeditado y alevoso

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Dentro del amplio abanico de empresas cerradas, como consecuencia del industricidio premeditado y alevoso (perpetrado por libertarios y neoliberales), apoyados internamente por entes empresariales de claras complicidades para con el destructivo accionar industricida (como la SRA y la UIA), se destacan por sus lamentables cierres totales, dos empresas muy conocidas, del que fuera importante Sector Industrial Automotriz y de Autopartes de Argentina, Ceses totales que son lamentables y muy concretos casos de destrucción económica, que con toda aviesa intencionalidad, se abate sobre la Economía Argentina.

Este análisis consideró esos casos testigos, por la enorme importancia económica y estratégica que significa poseer una sólida industria automotriz, la cual posee relevante efecto multiplicador, y alcanzó a ser muy importante fuente laboral de buenos niveles remunerativos para muchos compatriotas.

Aquella Argentina falsamente considerada “potencia mundial” de los años del Centenario (alrededor de 1910), era en realidad una economía totalmente subdesarrollada, sin industrias, crónicamente endeudada básicamente con el Reino Unido, con una minoría hiper rica y con las grandes mayorías populares libradas a la miseria y el abandono total, con los principales sectores de su primarizada economía, manejados por empresas y entes extranjeros.

Esa pobre y subyugada realidad, no cambió mucho en las cuatro décadas transcurridas hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Acá estábamos en los últimos estertores de la muy nefasta década infame (1930-1943), cargada de acciones de gobierno y negociados alevosos e impresentables (cualquier parecido con la actualidad no parece casual); y seguíamos siendo carecientes crónicos de la muy necesaria y estratégica estructura industrial y tecnológica, mientras que todo el mundo desarrollado y buena parte del subdesarrollado, se involucraba en un conflicto atroz.

Previsiblemente para mentes de estadistas, pero imprevisible para oligarcas carecientes de visión propia nacional, siempre subordinados al Reino Unido (hoy a EEUU y sus “socios”), la entrada al conflicto de EEUU en 1941, provocó que la prioridad de sus producciones, estuviera asignada a las demandas y urgencias bélicas. Ya desde un par de años antes, otras potencias industriales (Reino Unido, Alemania, Francia, y alguno que otro país europeo) dejaron de proveernos de diversos bienes manufacturados, por estar involucrados en el conflicto, y necesitar de todas sus producciones para asignarlas a las necesidades de la defensa.

Entre todos esos insumos importados, imprescindibles pero que no los producíamos, estaban los neumáticos.
Si bien el parque automotriz en uso en Argentina, era muy reducido comparando con el actual, las necesidades de recambio de neumáticos podían considerarse no tan significativas, pero el tema pasó a ser muy grave en el sector de vehículos de carga, de usos intensivos y por ello muy necesitado de reposiciones. ¡Y pronto se agotaron las existencias, sin existir proveedores externos alternativos a los tradicionales!

En las grandes ciudades, en particular en Buenos Aires y Gran Buenos Aires, la gente seguía necesitando desplazarse, y los pequeños colectivos urbanos eran imprescindibles, no pudiendo reemplazarse por los tranvías, trolebuses y subterráneos. ¡Y hubo que improvisar! Los colectivos, de no más de 15 asientos, por entonces casi todos “made in USA” con carrocerías nacionales, debieron circular como sea…¡en llantas! Para no romper tan rápido las llantas metálicas, circulaban sobre las vías de tranvías. Hay fotos de eso…

La solución era producir acá, los necesarios neumáticos, tanto para vehículos livianos como para los de carga y las maquinarias varias (tractores y otras).

Entonces, “desobedeciendo” los supuestos mandatos del “libre cambio”, del “Estado ausente” y otras aberraciones entronizadas como supuestas “verdades indiscutibles” y “leyes económicas”, impuestas por el entramado cultural liberal al servicio de la dependencia total, en 1940 se creó FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas”, empresa que creció pasando a ser referencia muy importante en la producción local de neumáticos.

Como tantas otras empresas, FATE creció y se fortaleció en el marco proteccionista y promotor de industrias, del gobierno peronista (1946-1955), el cual también había comenzado la producción nacional de automotores, con lo que se amplió el parque automotor, y con ello, los potenciales compradores de autopartes, entre ellas neumáticos.

FATE superó el gobierno ultra liberal de “la fusiladora” (1955-1958), y de los gobiernos de “democracia proscriptiva” y otros dos golpes de Estado, hasta el tercer gobierno de Perón, en 1973, en el cual las políticas de fomento industrial crearon el marco propicio para crecer e incluso exportar. Antes, hubo períodos de industrialización, durante el breve desarrollismo de Frondizi (1958-1962), y en la Revolución Argentina (1966-1973), en la misma con la impronta nacional e industrialista del economista Aldo Ferrer.

FATE tuvo un notable período de diversificación tecnológica, cuando creó la División Electrónica en 1969, en la cual produjo calculadores de diseño y tecnología propia, de la marca Cifra, y posteriormente fabricó computadoras, compitiendo exitosamente en el mercado interno, en el cual también producía la empresa de capital italiano Olivetti.

FATE División Electrónica no pudo sobrevivir a la avalancha importadora, con la cual el personero de la SRA Martínez De Hoz, con el soporte de las bayonetas de Videla y el siniestro “proceso”, comenzó el industricidio neoliberal, el mismo que hoy, en forma brutal, aplica el gobierno libertario. Cerró en 1982.

Con distinto nombre social, FATE fundó ALUAR, productora de aluminio, la cual hasta hoy perdura.

Al igual que todo el sector industrial, FATE vio crecer su mercado consumidor, con el notable desarrollo industrial del período 2003 – 2015, en el cual se alcanzó el récord de producción automotriz, cercano al millón de unidades por año.

Lamentablemente, ese ícono de la industria argentina, sucumbió en 2026. Razonando con Sentido Nacional, esperemos que pueda resurgir de las cenizas, o ser suplantada por otra empresa similar, de capitales nacionales.

Mercedes Benz es el otro caso analizado, cuyo cierre es igualmente doloroso y negativo para la Economía Argentina.

La primera inversión en el extranjero, fue concretada poco antes de 1955 por Mercedes Benz en Argentina (su nombre internacional era Daimler Benz A.G. siendo su marca icónica más conocida), siendo creada en el marco de la fuerte promoción industrial general, y en particular, a los impulsos dados para crear la industria automotriz argentina, en la primera mitad de los años ’50, en el segundo mandato presidencial de Perón.

La empresa germana ensambló en Argentina, los icónicos MB 170, pequeños y muy robustos autos, de diseño de preguerra, con motor Diesel, que rápidamente se convirtieron en el tipo de taxi preponderante en Argentina, particularmente en Buenos Aires, a lo que se agregó en menores cantidades, el MB 180, de diseño más actualizado y tamaño mediano.

Llenaron una sentida necesidad, pues el parque automotor era muy viejo; pero Argentina necesitaba imperiosamente incorporar camiones y chasis para colectivos, pues los en uso eran ya muy anticuados y escasos en número.

En 1955 estaba en marcha el proyecto para producir -no solo “ensamblar”-, camiones y chasis para ómnibus, en Argentina, la que iba a ser también la primera inversión para producir vehículos de carga en el extranjero, por parte de Mercedes Benz.

Pero…”pasaron cosas”, frase acuñada después por cierto político de claro perfil cipayesco, por no decir considerado de mafioso accionar.

Cuando las maquinarias para montar la planta productora de camiones de Mercedes Benz Argentina, estaban a bordo con destino a nuestro país, estalló la muy sangrienta e infame ”revolución fusiladora”, la cual se dedicó con ahínco digno de mejor causa, a destruir todo lo concretado por el peronismo; y abundaron las “operaciones” de denigración de la empresa germana, y su supuesta filiación peronista. En pleno viaje, las maquinarias fueron desviadas a Brasil, donde fueron recibidas con los brazos abiertos…Al año o poco más, estábamos importando camiones y ómnibus de Brasil…¡que iban a ser de industria Argentina! La oligarquía vacuna, seguramente muy contenta, y los milicos gorilas, exultantes por haber abortado otra iniciativa del peronismo.

En el contexto de fuertes impulsos para desarrollar la industria automotriz, del gobierno de Frondizi, Mercedes Benz se radicó en González Catán (Buenos Aires), comenzando a producir en 1959 el camión L312 y su versión de chasis para ómnibus, vehículos que gozaron de gran aceptación.

Se radicaron cuatro empresas para producir camiones y chasis livianos y medianos. En particular, en el mercado de chasis para colectivos urbanos y de media distancia, la preponderancia de marca germana fue notable, abasteciéndolo en el orden del 90 %.

En el marco de la “Revolución Argentina” (1966 – 1973), el único período militar de la segunda mitad del siglo, que no fue crudamente liberal (léase antinacional), se planificó y puso en marcha el Plan Europa, para reequipamiento de las FFAA, con apoyatura tecnológica europea y énfasis en la producción nacional.

En ese contexto, se procedió a reemplazar los ya muy viejos vehículos “guerreros” comprados a EEUU como rezagos de guerra, produciéndose acá vehículos de uso militar tipo todo terreno, y la mayor parte de esas producciones salieron de la planta de González Catán, en particular camiones livianos Unimog, y medianos MB 1113. Esos robustos vehículos, fueron producidos por centenares (los vi en la visita que hice a esa fábrica, en 1974), y transcurridas más de cinco décadas, continúan prestando servicios en las unidades militares.

También se llegó a producir una pequeña camioneta, derivada del auto MB 220, que debía preceder a la fabricación local de ese prestigioso modelo, lo que no se concretó.

Con acentuados altibajos, según gobernaran neoliberales (anti industriales) o períodos de orientación nacional (industrialistas), se llegaron a producir camiones semi pesados y pesados, además de un versátil furgón liviano.

En 2026, como otra víctima de la motosierra destructiva y fuertemente industricida, Mercedes Benz Argentina dejó de producir en nuestro país.

Esperemos que esta destructiva acción industricida, sea prontamente anulada y revertida, para que volvamos a encauzarnos en la positiva y muy necesaria senda del desarrollo socio económico, anulando las claras intenciones de sectores retrógrados y apátridas, los que, de mínima, buscan recrear aquel entorno semi feudal que operaba como subordinado dócil a los mandatos extranjeros, que éramos en las épocas del Centenario; pero de máxima, claramente, buscan la disolución nacional.

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Posadas, la ciudad que no figura en los planos

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La versión escolar dirá que todo comienza en Trincheras de San José, en 1870, cuando la provincia de Corrientes organiza el territorio tras la Guerra de la Triple Alianza. Es cierto, pero insuficiente. Porque una ciudad no nace cuando alguien la nombra: nace cuando alguien la ordena. Y ese orden —en Posadas— tiene una fecha incómoda: el 30 de mayo de 1879, cuando se funda la Logia Roque Pérez.

No es un detalle. Es una clave.

Y hay un matiz más, que leído con la sensibilidad de la época, no puede pasarse por alto.

La Logia Roque Pérez se funda a fines de mayo. Bajo el signo de Géminis.

Para la mirada estrictamente administrativa, es una fecha más. Para la cultura simbólica del siglo XIX —donde la masonería dialogaba con tradiciones filosóficas, herméticas y, muchas veces, astrológicas—, las fechas no eran neutras.

Géminis representa la dualidad, el intercambio, el vínculo entre partes, la circulación de ideas, la construcción de redes.

Y si hay algo que define a la masonería —y particularmente a la Logia Roque Pérez en Posadas— es justamente eso: la capacidad de tejer vínculos, de articular actores, de conectar poder.

No hace falta afirmar que la fecha fue elegida por razones astrológicas para comprender algo más profundo: la fundación ocurre bajo una simbólica que coincide con la naturaleza misma de la institución.

Una logia en Géminis.
Una red en el signo de las redes.

Y si uno quisiera ir aún más lejos —sin abandonar el rigor—, hay otra imagen que se impone: Géminis, en muchas tradiciones, está asociado a lo doble, a lo gemelar, al umbral, a las columnas que marcan el ingreso a un espacio de conocimiento.

Dos pilares.
Dos accesos.
Dos dimensiones.

Una imagen que, curiosamente, dialoga con la simbología masónica.

Y entonces, la fecha deja de ser un número.

Se vuelve un gesto.

Para entender Posadas hay que volver a la frontera. A ese borde entre Argentina, Paraguay y Brasil, donde el Estado llegaba tarde y el poder necesitaba organizarse igual.

Y ahí aparece una evidencia histórica más amplia, que excede Misiones.

Tras la devastación de la Guerra de la Triple Alianza, el Paraguay quedó prácticamente desmantelado. En ese escenario, las primeras logias paraguayas surgen durante y después del conflicto, muchas bajo influencia brasileña y uruguaya. A partir de allí emergen nombres que no son menores en la reconstrucción institucional del país: José Segundo Decoud, Cecilio Báez, Bernardino Caballero, Juan G. González, Rosendo Carísimo.

La conclusión es incómoda y contundente: la reconstrucción del Paraguay no se hizo solamente desde el Estado formal, sino también desde redes de poder donde la masonería tuvo un papel organizador.

Y ese fenómeno no se detiene en Asunción.

Cruza el río.

En Brasil, particularmente en Río Grande do Sul, figuras como Bento Gonçalves da Silva, David Canabarro y Gaspar Silveira Martins forman parte de una tradición donde la logia no era un ámbito marginal, sino un espacio de articulación política.

Montevideo, Asunción, Porto Alegre.

Y en el medio, como una bisagra:

Posadas.

La Logia Roque Pérez nace exactamente en ese cruce. No como una curiosidad local, sino como una pieza dentro de un sistema regional de poder.

Y ahí vuelve la escena inicial.

Los nombres que aparecen en la logia son los mismos que aparecen en la ciudad: Juan Fernández Olmo, que traza Posadas y preside la logia; Rudecindo Roca, que organiza el territorio; Juan Ramón Madariaga, que construye la salud pública; Francisco Goicochea, Felipe Tamareu, Lázaro Gibaja, Juan José Lanusse, Benjamín Moritán, Arturo Fragueiro.

No son dos historias.

Es la misma.

Y entonces aparece la pregunta que incomoda:
¿la ciudad se diseñó desde el plano… o desde la red?

El trazado urbano de Posadas responde a la cuadrícula clásica: manzanas regulares, ejes rectos, distribución funcional. Pero lo interesante no es la forma, sino quién la ejecuta. El centro histórico —en torno a la plaza 9 de Julio— concentra desde el inicio poder político, comercio, justicia, religión y sociabilidad.

Es decir, el corazón de la ciudad coincide con el corazón del poder.

Y ese poder tenía vínculos.

Si uno recorre hoy esas calles con atención, empiezan a aparecer detalles: fachadas con simetría rigurosa, puertas centrales jerarquizadas, repetición de módulos, proporciones que privilegian equilibrio sobre ornamentación.

No es una estética casual.

Es una forma de pensar la ciudad.

El edificio de la Logia Roque Pérez, en calle Córdoba, no es un dato arquitectónico menor. Es un documento. Su sobriedad, su proporción, su silencio, responden a una lógica donde lo importante no se exhibe: se reconoce.

Las primeras instituciones de Posadas —hospitales, sociedades de beneficencia, escuelas, juzgados— no nacen en el vacío. Nacen impulsadas por hombres que se reconocen entre sí. El Hospital de Caridad, base de la organización sanitaria; la Sociedad de Beneficencia; las primeras bibliotecas; el propio orden municipal: todo responde a una lógica de época que combina filantropía, progreso, disciplina social y sentido de misión.

En ese entramado aparecen también nombres que la historia suele relegar pero que sostuvieron la vida social: Leonor Paunero de Lanusse, Clotilde González de Fernández, Elisa Labat de Barthe. Desde la beneficencia y la educación, esas mujeres consolidaron la otra mitad del orden urbano.

El Cementerio La Piedad completa la escena.

Allí la historia deja de hablar en voz alta y empieza a susurrar. Apellidos que ya vimos en la vida pública reaparecen en mármol. Familias, linajes, jerarquías.

La ciudad también se escribe en sus muertos.

Pero hay un punto donde esa historia se vuelve todavía más visible, y más incómoda.

El edificio actual de la Legislatura de la Provincia de Misiones, en Posadas.

No nació como sede parlamentaria. Su origen está vinculado a la representación de la economía yerbatera y a la necesidad de proyectar una imagen moderna de la provincia. Fue concebido como un espacio simbólico, no solo funcional.

Y en esa concepción aparecen las columnas.

Columnas monumentales.
Clásicas.
Ordenadoras.

En la tradición arquitectónica occidental —y también en la simbología que la masonería adopta— las columnas representan sostén, conocimiento, equilibrio, acceso a un espacio de poder.

No es necesario afirmar que el edificio de la Legislatura sea “masónico”.

Pero sí que habla ese idioma.

Y hay un dato que, lejos de debilitar la lectura, la vuelve más reveladora: no existe una atribución pública, clara y consensuada sobre el arquitecto autor del proyecto original en su etapa fundacional.

Pero sí puede afirmarse algo más importante.

El edificio responde a una tradición arquitectónica estatal de mediados del siglo XX, donde se combinaban monumentalidad, lenguaje clásico reinterpretado, función representativa del poder y una fuerte carga simbólica vinculada a la economía regional.

No es la firma individual lo que explica el edificio.

Es la época.
Es el Estado.
Es la idea de poder que necesitaba ser representada.

Y hay algo más.

La memoria posadeña insiste en que esas columnas del edificio de la Legislatura estuvieron originalmente acompañadas por esculturas monumentales, entre ellas representaciones vinculadas al mundo guaraní, retiradas posteriormente durante la última dictadura militar bajo argumentos de decoro.

Leído en contexto, ese gesto adquiere otra dimensión.

La yerba mate —la economía que ese edificio buscaba representar— fue también el motor de una élite económica que llegó a la región con capital, proyecto y, en muchos casos, con pertenencia a redes de sociabilidad como la masonería.

Nombres como Goicochea o Gibaja no remiten solo a empresarios. Remiten a un entramado donde economía, poder y red de vínculos coincidían.

Entonces, aquellas figuras guaraníticas no eran únicamente una representación cultural.

Eran una puesta en escena.

El territorio.
El origen.
La materia prima.

Frente a las columnas del poder.

Se retiraron las figuras del edificio de la Legislatura.
Quedaron las columnas.

Y eso también dice algo.

Porque las columnas, sin relato, quedan como sostén puro.
Como poder sin explicación.

Si uno mira hoy el edificio de la Legislatura de Misiones con esta clave, empieza a ver otra cosa: la escala institucional, el ritmo repetitivo, la teatralidad del acceso, la distancia que impone.

El edificio no invita.

Ordena.

Y en ese gesto, hay continuidad.

Porque la ciudad que nació de redes de poder termina representando el poder en su arquitectura.

En la avenida Mitre, un reloj marca el tiempo.

Asociado a la acción del Rotary Club, fundado en 1929, expresa una cultura cívica que comparte valores con la tradición masónica: servicio, organización, disciplina social, construcción de ciudad.

No es masonería directa.

Pero pertenece al mismo clima cultural.

Hay, además, un relato que corre por debajo de la ciudad.

Literalmente.

Durante décadas, en Posadas se ha repetido una historia: la existencia de túneles subterráneos que conectarían la Logia Roque Pérez con edificios centrales como la Casa de Gobierno, el Banco Nación y la Catedral.

Aquí el rigor obliga a una precisión incómoda.

No existe, hasta donde puede verificarse públicamente, una prueba documental firme que confirme esa red de túneles.

No hay planos difundidos, ni informes técnicos, ni registros oficiales que lo respalden.

Pero tampoco es un relato que deba descartarse con ligereza.

Porque en Posadas sí hay antecedentes de estructuras subterráneas: túneles antiguos en la zona de la costanera, galerías tapadas, obras de infraestructura que el tiempo fue ocultando.

Y porque, sobre todo, el mito elige bien sus edificios.

La logia.
El gobierno.
El banco.
La iglesia.

La red.
El poder político.
El dinero.
La fe.

Aunque el túnel no exista, la imagen funciona.

Y cuando una imagen persiste en la memoria colectiva, no revela necesariamente un hecho.

Revela una intuición.

Y hay, finalmente, una dimensión económica y social que completa el cuadro.

Posadas no solo fue un nodo político y administrativo.

Fue también un centro de acumulación económica.

El antiguo Hotel Savoy, durante décadas el más lujoso de la región, no era solo un edificio. Era un punto de encuentro. Un espacio donde convergían comerciantes, funcionarios, empresarios, viajeros.

Un escenario donde la ciudad se pensaba a sí misma como capital.

Del mismo modo, gran parte de los edificios más importantes del centro histórico estuvieron en manos de familias como los Barthe, protagonistas de la vida económica y urbana de Posadas.

Aquí el rigor vuelve a imponerse.

No existe documentación concluyente que permita afirmar una pertenencia masónica directa de la familia Barthe.

Pero sí hay una coincidencia que no puede ignorarse.

Las familias que concentraban propiedad, actividad económica y presencia urbana eran, muchas veces, las mismas que orbitaban los espacios de sociabilidad donde se organizaba el poder.

No siempre dentro de la logia.

Pero nunca lejos de ella.

Y hay, finalmente, un hallazgo puntual que refuerza esa idea de capas superpuestas.

En el actual edificio del Concejo Deliberante de Posadas, en 2004, apareció bajo el piso la lápida de una niña: Hilda V. Fernícola, fallecida en 1907 a los seis años.

No estaba enterrada allí. La piedra había sido reutilizada como material constructivo, una práctica habitual en ciudades en formación.

Su familia, los Fernícola, formaba parte de la vida económica de la Posadas de comienzos del siglo XX y había sido propietaria del inmueble.

No hay evidencia que los vincule directamente con la masonería.

Pero sí con algo más importante.

Con la ciudad.

La lápida no prueba nada oculto.

Pero dice algo evidente.

Posadas se construyó sobre capas.

Sobre familias.
Sobre decisiones.
Sobre memorias desplazadas.

La masonería, además, nunca fue local. Desde su organización en Londres en 1717, se expandió como una red global. En América Latina participó en procesos independentistas y en la construcción de los Estados modernos.

Posadas, por su ubicación, se integró naturalmente a esa red.

Y esa red nunca desapareció del todo.

En marzo de 2026, el Gran Maestre de la masonería argentina visitó la ciudad.

No fue un gesto menor.

Fue un reconocimiento.

Entonces, la última pregunta:

¿Esto terminó?

Las ciudades no olvidan cómo fueron hechas.

Y Posadas, si se la mira sin ingenuidad, no es solo una ciudad fundada.

Es una ciudad pensada.

Y toda ciudad pensada
sigue pensando su presente.

Porque en el fondo, Posadas nunca dejó de ser eso:

una ciudad que no figura en los planos
pero que está perfectamente trazada.

*Foto de Portada: Posadas en 1927 | Fotografía de la colección privada de Santiago Manuel Ortega (abuelo del Iván Ortega)

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