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La relatividad de los tiempos

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La Persistencia de la memoria, la célebre obra que Salvador Dalí pintó en 1931 en apenas cinco horas, funciona como una metáfora apropiada para describir el momento que atraviesa el oficialismo misionero. Los relojes blandos representan el paso del tiempo, pero también la capacidad de una idea para sobrevivir a los cambios de época. Quienes hoy nutren Encuentro Misionero apelan precisamente a esa memoria política y a la génesis del espacio que dio origen al Frente Renovador a comienzos de este siglo. Un movimiento que, lejos de permanecer inmóvil, fue mutando desde aquella alianza inicial entre peronistas, radicales e independientes hacia conceptos como la transversalidad, el misionerismo y, más recientemente, los “blends” políticos. En más de una oportunidad, incluso, adoptó posiciones que terminaron anticipándose al debate nacional.

El interrogante es si esa capacidad de adaptación sigue siendo suficiente. Sus críticos sostienen que la política ya no dispone del tiempo que antes tenía para procesar sus transformaciones y que una sociedad atravesada por la inmediatez demanda respuestas más veloces, liderazgos más flexibles y estructuras menos ancladas en la memoria de sus propios éxitos. En esa tensión entre la persistencia y el cambio se juega buena parte del desafío político del oficialismo para los próximos años.

Los tiempos se aceleraron con una movida de Encuentro Misionero, que el jueves, tras la confirmación del Tribunal Electoral de haber aceptado el cambio de nombre del partido de la Concordia, publicó en redes los nombres de las autoridades partidarias, entre los que estaban Carlos Rovira, Hugo Passalacqua, Oscar Herrera Ahuad, Maurice Closs y tantos otros. Varios eran autoridades del partido de la Concordia que no habían avalado la mudanza al Encuentro. 

Closs fue el primero en desmarcarse, con un tuit irónico. El gobernador Hugo Passalacqua, compartió la publicación y así oficializó sus diferencias. El jefe de Gabinete, Carlos Sartori, terminó de clarificar el panorama al advertir que Passalacqua no estaba dentro de Encuentro Misionero y que varios podrían renunciar porque no habían autorizado su inscripción en el nuevo espacio. 

Se cristalizaron así las diferencias que ya eran visibles pero no tajantes desde el ya lejano abril, cuando el propio Rovira daba por fenecida a la Renovación y anunciaba el nacimiento del nuevo espacio. Sutiles, mínimas diferenciaciones, gestos que ahora son ostensibles.  

La pregunta que recorre el ambiente es si la distancia es definitiva. Sólo los protagonistas podrán responder fehacientemente esta incógnita que seguramente se mantendrá por algunas semanas más. Ningún puente está dinamitado y tanto Rovira como Passalacqua saben que una ruptura podría venir acompañada por una inexorable derrota en las elecciones.

Hasta ahora los embates públicos tuvieron otros protagonistas, arietes esperables de la retórica que mide fuerzas en medio de un intenso debate que definirá el futuro de la coalición gobernante. Pasó en la sucesión de Rovira y también antes de que Passalacqua sea electo gobernador. Una vez encauzadas las diferencias, primó siempre el interés superior de la Provincia.

La incontinencia de algunos dirigentes, de ambos lados de la trinchera, no debería obnubilar ni deslumbrar.  ¿Por qué apurar definiciones con tiempo suficiente hasta las elecciones? Se verán varias capítulos “ordenadores”, como el achique del gabinete y eventuales cambios de nombre. Habrá que esperar las respuestas.

La certeza por estas horas es que Passalacqua buscará un tercer mandato, convencido de que tiene la adhesión necesaria -muchos intendentes, varios ministros y algunos con asistencia perfecta a las reuniones de las siestas de los jueves-, una gestión que lo avala y que lo mantiene entre los mejor valorados de la Argentina.  

Las dos veces que le tocó gobernar fue en las malas. Primero con la alianza Cambiemos y sus embestidas permanentes, pérdida de recursos y asimetrías. La crisis de 2018 dejó a la Argentina al borde del abismo. 

Ahora con Javier Milei, recesión, ajuste y una enorme sangría de recursos, además de la concreción de un anhelo expresado por el propio Mauricio Macri en abril de 2018: la desregulación yerbatera, que impactó de lleno en la economía misionera. 

El nuevo ciclo sin reglas de mercado provocó una profunda crisis en el sector primario y una latente tensión política, con productores que habían confiado en las mieles de la Libertad Avanza y hoy mascullan la hiel de su enojo, que se propaga a la política provincial. No admiten que la Provincia tiene escasas herramientas para resolver un problema que se extiende más allá de la geografía propia. 

Desde la desregulación, la yerba es una de las economías regionales que está en rojo constante en el semáforo de Coninagro. Y los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate confirman la turbulencia estructural que atraviesa el sector. En mayo se registró una caída simultánea en los tres principales indicadores de la actividad: producción, consumo y exportaciones. Casi cuatro millones de kilos menos entre el consumo interno y exportaciones que se frenaron, se suman a una parálisis de la cosecha provocada por el desplome de los precios. Entre enero y mayo ingresaron a secaderos 275,17 millones de kilos de hoja verde, lo que representa una caída del 13,06% respecto del acumulado previo y una baja interanual del 13,46%

El escenario encendió las alarmas incluso entre los libertarios más convencidos, ya que el relato belicoso y triunfalista se cae ante la evidencia. 

No es casualidad que el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien se jacta de los resultados de la desregulación, haya aceptado recibir a representantes de la cadena yerbatera. Aunque la comitiva que irá a Buenos Aires el 8 de julio no estará integrada por los productores más combativos, en el sector tomaron la convocatoria como una inesperada bandera blanca. 

De todos modos, no hay motivos para pensar que Sturzenegger se haya apiadado. Hasta ahora no ha atendido quejas de ningún sector. Los madereros pueden dar fe del ninguneo pese a los numerosos pedidos de auxilio para un sector que también atraviesa una crisis terminal al mismo tiempo en que el Gobierno nacional celebra récord de exportaciones: el aumento de los costos de producción neutraliza la rentabilidad y el colapso del mercado interno tiene a cientos de aserraderos al borde del cierre. 

El intendente de Puerto Leoni, Elvio Rivas, lo graficó en la reunión que tuvo con el gobernador en el club Sarmiento: confirmó que 12 de los 37 aserraderos PYME del municipio dejaron de operar por la crisis del sector maderero a nivel nacional. La situación impacta de forma directa en la economía local, donde la industria forestal es una de las principales fuentes de empleo. La falta de venta de materia prima está afectando la continuidad de la actividad y el trabajo de cientos de familias. Rivas advirtió que alrededor de 450 puestos laborales están en riesgo, incluyendo trabajadores de municipios vecinos. El cierre de establecimientos representa un 30% del total del rubro en Puerto Leoni. El resto de los aserraderos redujo sus jornadas de trabajo pero no ve perspectivas de que mejore la situación.

Atender esas crisis que estallan en el territorio demanda un expertise que Passalacqua considera haber acumulado en los años de gestión. La alta política también debe pensar un poco más allá de la coyuntura y en ese rol se siente mucho más cómodo Rovira. 

Lo llamativo de la disputa interna del oficialismo misionero es su escaso timing. Tiene su pico al mismo momento en que el Gobierno nacional está exhibiendo sus miserias, con un Manuel Adorni obligado a renunciar acorralado por las denuncias de corrupción, una economía que no repunta y desigualdad creciente. 

Adorni le puso fin a la saga de corruptelas que se reveló hace ya cuatro meses. Fue la crónica de una muerte (política) anunciada tras revelarse sus gastos exorbitantes, compra de propiedades, viajes lujosos y hasta lujos extravagantes difíciles de justificar aún con la más imaginativa ingeniería contable. 

El costo político ha sido elevado para el gobierno de Milei, que llegó al poder con la promesa de terminar con “la casta” y no tardó nada en mimetizarse con sus prácticas más nefastas. Dicen que lo que convenció a Milei de eyectar a su petulante jefe de Gabinete fue la comparación con Martín Insaurralde, ex funcionario -en este caso despedido por Axel Kicillof- también envuelto en un escándalo de enriquecimiento acelerado en la función pública. La Justicia, siempre oportuna, desempolvó esa causa a partir de un video que se “filtró” de la vedette Jesica Cirio ostentando dólares en el vestidor. 

Durante meses, Milei sostuvo públicamente a Adorni, desacreditó las investigaciones periodísticas, atacó a la prensa y aseguró que no lo desplazaría. Finalmente, la realidad política terminó imponiéndose sobre el discurso. El desgaste en la opinión pública, el impacto de las investigaciones judiciales y el deterioro de la credibilidad oficial hicieron inviable una continuidad que hasta hace pocos días parecía innegociable.

Más allá del destino personal de Adorni, el episodio deja una enseñanza para el oficialismo. En política, la construcción de autoridad no depende solamente de la lealtad interna, sino también de la capacidad de administrar las crisis antes de que consuman el capital político del Gobierno. Cuando un funcionario pasa a monopolizar la agenda por denuncias, explicaciones patrimoniales y contradicciones con los propios principios que la administración dice defender, el costo deja de ser individual y se convierte en un problema para toda la gestión. La salida de Adorni cierra un capítulo, pero difícilmente clausure el debate sobre los estándares de transparencia y coherencia que el propio Milei prometió convertir en una marca distintiva de su gobierno. La mugre salpicó a todos, explotó una crisis en el PRO y expuso a senadores que no dieron el quórum para interpelarlo. 

La carta de renuncia de Adorni también deja una lectura política. Más que un documento institucional, es una pieza de reivindicación personal. A lo largo de varias páginas no hay una sola autocrítica sobre los hechos que erosionaron su permanencia en el cargo, sino un esfuerzo por instalar la idea de que fue víctima de una persecución mediática y política. “Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas”, escribe, al tiempo que atribuye su salida al “hostigamiento, la mentira y el constante intento de los medios de arruinar mi honorabilidad”. 

El eje del texto no es la gestión ni el balance de gobierno, sino la construcción de un relato de agravio y resistencia.

Hay, además, un dato político significativo: Adorni presenta su renuncia como una decisión destinada a proteger a Milei antes que a sí mismo. “Estoy yendo en contra de sus deseos” y “he tenido que pedirle que esta vez me acompañe para poder cerrar este ciclo”, afirma en dos pasajes que buscan dejar en claro que la salida no fue una decisión presidencial sino una renuncia impulsada por el propio funcionario. 

Esa construcción narrativa intenta preservar la autoridad del Presidente y sostener la imagen de lealtad absoluta que caracterizó su paso por el Gobierno. Sin embargo, el texto también revela el costo político que tuvo el caso: cuando una despedida necesita justificar durante varias páginas las denuncias, los ataques y las explicaciones patrimoniales, queda en evidencia que la crisis ya había trascendido a la persona y se había convertido en un problema para toda la administración.

¿Se cierra el capítulo y a otra cosa? Difícil que Adorni se libere tan fácilmente de las investigaciones periodísticas y judiciales. Tanto tiempo de burlas y ninguneo tendrá consecuencias. El humor social no parece estar dispuesto a aceptar la despedida como si nada hubiera pasado. 

¿Podrá el Gobierno recuperar la agenda? El nuevo jefe de Gabinete sería Diego Santilli, el actual ministro del Interior. El ex PRO tiene varias sospechas de corrupción en su haber. Fin.

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Ciudades saludables

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Imaginate caminar hacia tu oficina o hacia una reunión vecinal no solo como un desplazamiento, sino como una intervención médica precisa. No hablamos de gimnasios abarrotados ni de suscripciones costosas, sino de algo mucho más profundo: el diseño de nuestro hábitat puede ser determinante de cuánto —y cómo— viviremos.



La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha documentado consistentemente que, aunque la esperanza de vida global ha aumentado, la “esperanza de vida saludable” (HALE, por sus siglas en inglés) no ha seguido el mismo ritmo. Se estima una brecha global promedio de aproximadamente 9 a 10 años entre vivir y vivir en buen estado de salud.

Investigaciones recientes del National Center for Health Statistics y estudios publicados en JAMA Network Open, indican que en muchos países desarrollados, esta brecha no solo persiste, sino que en algunos casos se está ampliando debido a la prevalencia de condiciones crónicas (diabetes, enfermedades cardiovasculares, declive cognitivo) que comienzan cada vez más temprano en la vida adulta.

Estamos viviendo una paradoja fascinante. La ciencia médica avanza y ha logrado que nuestra esperanza de vida (lifespan) se dispare, pero el healthspan —esos años que realmente disfrutamos con plenitud física y cognitiva— se ha quedado rezagado. La clave para cerrar esa brecha, para que lleguemos a nuestros ochenta años con la vitalidad de alguien de cincuenta, tiene un nombre técnico pero poderoso: VO2 máx.

El Motor de la Vitalidad

El VO2 máx —o consumo máximo de oxígeno—, también conocido como capacidad aeróbica, ha dejado de ser una métrica exclusiva del deporte de élite. Hoy, la ciencia lo reconoce como uno de los indicadores más precisos de salud cardiovascular y uno de los predictores de longevidad más confiables del organismo humano. Aunque su medición exacta todavía requiere pruebas médicas especializadas, los relojes inteligentes comienzan a ofrecer estimaciones cada vez más precisas para millones de personas.



Según un estudio publicado por la Journal of the American Medical Association, Mas de 122.000 pacientes sometidos a pruebas de esfuerzo en la Clínica Cleveland a lo largo de más de dos décadas, demostraron una asociación inversa entre la aptitud cardiorrespiratoria (VO2 máx) y la mortalidad por todas las causas, sin un techo de beneficio observado. (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30646252/)



Los pacientes en el grupo de “baja aptitud” tenían un riesgo de mortalidad cinco veces mayor que los del grupo “élite”. Lo más impactante fue que tener un bajo VO2 máx resultó ser un factor de riesgo mayor para la mortalidad que el tabaquismo, la diabetes o la hipertensión.

Cuando este valor es bajo, el cuerpo funciona en “modo ahorro”una invitación abierta al sedentarismo y las enfermedades crónicas. Pero, ¿qué sucedería si diseñamos nuestras ciudades para que el VO2 máx no sea algo que se “entrena”, sino algo que se “vive”?



Arquitectura que hace latir el corazón

La respuesta está en el modelo de ciudades saludables. Actualmente, la planificación urbana moderna ha priorizado la comodidad absoluta: rampas suaves, distancias cortas para el vehículo privado y una obsesión por la horizontalidad. Hemos diseñado ciudades que nos invitan a la quietud, eliminando cualquier rincón que exija un esfuerzo físico real.

Para revertir esto, debemos repensar el espacio público:

  1. Corredores de Intensidad: Imaginemos arterias urbanas donde la señalética no solo indique el destino, sino el beneficio. “Caminando a paso ligero por este tramo de 400 metros, habrás completado tu dosis diaria de entrenamiento interválico”. El diseño urbano puede incentivar la “carga física involuntaria”.
  2. El Oasis Bioclimático: El calor extremo es el enemigo del entrenamiento cardiovascular. Integrar al arbolado urbano no es solo una estrategia ambiental contra el cambio climático; es una medida de salud pública. La sombra densa de una vegetación bien planificada permite que el habitante mantenga un ritmo de actividad aeróbica constante sin riesgo a -por ejemplo- golpes de calor.
  3. La Topografía como Aliada: En ciudades con relieve, como Posadas y las principales ciudades de Misiones, debemos dejar de suavizar cada pendiente. Las rampas y escalinatas de entrenamiento, integradas de forma natural en los trayectos diarios, actúan como estaciones de alta intensidad. Un esfuerzo de apenas dos minutos en una pendiente pronunciada es suficiente para activar nuestro metabolismo aeróbico.

Hacia las HealthCities

El desafío para nosotros, como arquitectos y gestores, no es construir más pistas de atletismo, sino convertir el trayecto cotidiano en una forma de healthspan distribuido. Una ciudad donde el transporte público y la movilidad activa (bicicleta, caminata) no sean una opción “alternativa”, sino la forma más rápida y eficiente de moverse, naturalmente nos lleve a sostener un VO2 máx saludable.



En Singapur, corredores verdes conectan barrios enteros bajo cobertura vegetal para reducir el estrés térmico y fomentar caminatas. En Copenhague, la bicicleta dejó de ser recreación para convertirse en infraestructura esencial. Medellín incorporó sistemas de movilidad integrados a topografías complejas, transformando pendientes y escaleras en herramientas de inclusión urbana.

La meta es ambiciosa pero necesaria: un índice de actividad urbana que priorice la salud fisiológica de la población. Si logramos que cada ciudadano, desde Posadas hasta los municipios más pequeños, integre 20 minutos aeróbicos en su rutina —ya sea al ir a trabajar, al comprar o al pasear— lograríamos mejoras sin precedentes.

La longevidad no es un destino al que llegamos por azar, es un paisaje que construimos paso a paso. Es hora de que nuestras ciudades dejen de ser meros contenedores de actividad y comiencen a funcionar como el mecanismo que nos garantiza, sencillamente, una vida mejor hasta el último suspiro.

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Treinta y nueve segundos que partieron en dos la historia de Venezuela

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El miércoles, dos terremotos de magnitud superior a 7 sacudieron el centro-norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. No es una réplica grande. Es un fenómeno mucho más raro y revelador, que un geólogo misionero ayuda a entender desde la otra punta del continente.

Fotos El Nacional de Venezuela.

A las 18:04:32 del miércoles, la tierra se movió cerca de Montalbán, en el centro-norte de Venezuela. Treinta y nueve segundos después, antes de que la mayoría de la gente terminara de reaccionar al primer sacudón, se movió otra vez, más fuerte, cerca de Morón. El Servicio Geológico de Estados Unidos terminó registrando dos eventos: uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5.

Los sistemas automáticos, en un primer momento, leyeron todo como un solo terremoto de magnitud 7,8. Se equivocaron, pero no por error humano, sino por algo más interesante sobre cómo funciona la sismología en tiempo real.

“Cuando dos rupturas ocurren con pocos segundos de diferencia, las ondas sísmicas pueden superponerse. Al principio, el sistema puede leer una señal compleja como si fuera un solo terremoto más grande. Luego, con más estaciones, más datos y revisión de las ondas, se pueden separar dos orígenes distintos: dos hipocentros, dos tiempos de inicio y dos magnitudes”, explica el licenciado Francisco Kovalski, geólogo misionero formado en la Universidad Nacional de la Plata

Lo que ocurrió en Venezuela tiene nombre técnico: terremoto doble. Y vale la pena detenerse en la diferencia, porque la mayoría de la gente asume que se trató de un sismo seguido de una réplica grande. No es lo mismo.

Una réplica típica sigue una lógica clara: primero el sismo principal, después movimientos menores de reajuste. En un terremoto doble, dos eventos de magnitud parecida ocurren casi en simultáneo, y en este caso, el segundo fue incluso más grande que el primero. Eso significa que, técnicamente, el de magnitud 7,2 podría reclasificarse como sismo precursor y el de 7,5 como el evento principal. Para el público, la diferencia se sintió como dos sacudidas mayores encadenadas, no como una sacudida y un eco.

¿Cómo puede pasar algo así? Kovalski lo explica con una imagen que cualquiera puede visualizar.

“La corteza terrestre ya estaba cargada de tensión. El primer sismo rompió una parte del sistema y modificó el equilibrio de esfuerzos. Si otro tramo de la falla estaba maduro para romperse, esa transferencia rápida pudo activar el segundo evento. Es como empujar una ficha de dominó que estaba a punto de caer: el primer movimiento no crea de la nada el segundo terremoto, pero puede terminar de dispararlo.”

Hay un detalle que ayuda a entender por qué una diferencia de apenas 0,3 en la escala de magnitud no es menor. La escala sísmica no es lineal: cada punto entero representa unas 32 veces más energía liberada. La distancia entre 7,2 y 7,5, aunque parezca chica en el papel, implica una diferencia energética considerable entre ambos eventos.

El resultado físico ya se conoce: derrumbes en barrios de Caracas como Los Palos Grandes y Altamira, alerta de tsunami emitida para Puerto Rico, Islas Vírgenes, Aruba, Curazao y Bonaire, y un país que, según informó la presidenta interina Delcy Rodríguez, entró en estado de emergencia.

Hay un dato que pone esto en perspectiva histórica: estos terremotos figuran entre los más fuertes registrados en Venezuela en más de un siglo, solo por debajo del terremoto de 1812 en Jueves Santo, que destruyó gran parte de Caracas y se estima en magnitud 7,7; y por encima del de Sucre en 2018, de magnitud 7,3.

Ahora bien: ¿terminó el peligro cuando dejó de temblar? El geólogo Kovalski lo explica con claridad:

“La actividad de réplicas puede durar días, semanas, meses e incluso años, aunque la frecuencia suele disminuir con el tiempo. No existe un umbral único a partir del cual una réplica se vuelve peligrosa, porque el riesgo no depende solo de la magnitud. En una ciudad con edificios ya debilitados, una réplica de magnitud 5 puede causar derrumbes adicionales. Un edificio que resistió el primer impacto puede no resistir una réplica moderada si ya sufrió grietas, desplazamientos o pérdida de capacidad portante”. 

Eso explica por qué el ministro del Interior, Diosdado Cabello, instó a la población a permanecer al aire libre: no es precaución genérica. Es la consecuencia directa de que el daño estructural se acumula de manera invisible, y una segunda sacudida, aunque sea más débil que la primera, puede ser la que finalmente derribe lo que ya estaba comprometido.

Hay todavía una pregunta que conecta este terremoto con un error de percepción muy extendido. Venezuela no está en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Esa franja que sí incluye a Chile, Perú, México o Centroamérica. Entonces, ¿por qué tiembla con esta intensidad?

El error común es asociar todos los grandes terremotos de América Latina con el Cinturón de Fuego del Pacífico, que afecta a países como Chile, Perú o México por la interacción de placas alrededor del océano Pacífico. Venezuela pertenece a otro contexto tectónico completamente distinto: la frontera entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, donde domina un movimiento lateral, de deslizamiento horizontal, a través de sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar.

“Venezuela no necesita estar en el Cinturón de Fuego para ser sísmicamente activa. Está sobre otra frontera tectónica importante, donde dos grandes bloques de la corteza se empujan, se traban y finalmente liberan energía en forma de terremotos.” – Francisco Kovalski – Geólogo UNLP

Esa distinción no es un tecnicismo menor. El Cinturón de Fuego concentra, según el USGS, alrededor del 90% de los terremotos del planeta, pero ese 10% restante incluye fronteras de placas como la que atraviesa el norte de Venezuela, capaces de producir eventos tan destructivos como los del Pacífico, aunque con mucha menor frecuencia. En los últimos cien años, solo se registraron siete sismos de magnitud 6 o superior en un radio de 250 kilómetros de esta zona. Eso no la vuelve menos peligrosa: la vuelve menos predecible, porque la tensión se acumula durante décadas antes de liberarse de golpe.

De hecho, en septiembre de 2025 ya había ocurrido otro doblete sísmico cerca de esta misma región, de magnitud 6,2 y 6,3, que causó al menos una víctima y más de 110 heridos en los estados de Zulia y Lara. No hay certeza científica de que ese evento esté directamente conectado con el de esta semana, pero la coincidencia geográfica reabre una pregunta que los sismólogos venezolanos van a estudiar en los próximos meses: si el sistema de fallas del norte del país entró en una fase de mayor actividad.

¿Y por qué debería importarle todo esto a alguien que lee esta columna desde Misiones, a miles de kilómetros de cualquier falla activa?

“A alguien en Misiones no debería importarle porque pueda pasar lo mismo mañana en su provincia. Pero sí debería importarle por tres razones: primero, porque estos desastres muestran que el daño no lo produce solo la naturaleza, sino la combinación entre un fenómeno extremo y una sociedad vulnerable. Segundo, porque América Latina está conectada — una emergencia en Venezuela puede impactar en redes migratorias, ayuda humanitaria, precios y cooperación regional. Y tercero, porque obliga a pensar en prevención: en Misiones, la prioridad no es el riesgo sísmico, sino la gestión de lluvias intensas, arroyos desbordados, rutas, puentes y comunicación de emergencia. La enseñanza de Venezuela es que la preparación previa vale más que la reacción tardía.”

Francisco Kovalski · Geólogo (UNLP) · Misiones

Esa es, probablemente, la idea más importante de toda esta historia: más que la magnitud, más que los 39 segundos, más que la corrección técnica de 7,8 a dos eventos separados. Y hay un contraste que la vuelve todavía más nítida.

Infografía Economis | Actualizado al 27 de junio de 2026

Venezuela bajo escombros: el costo humano del doble terremoto

Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte venezolano con apenas segundos de diferencia. La emergencia golpea especialmente a Caracas y La Guaira.

1430 muertos confirmados
3.238 heridos reportados
+65.000 personas no localizadas

Zonas más afectadas

  • La Guaira, epicentro de los daños más severos.
  • Caracas, con derrumbes y edificios comprometidos.
  • Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, bajo evaluación de daños.

Daños críticos

  • Colapso de viviendas y edificios antiguos.
  • Infraestructura sanitaria y de transporte afectada.
  • Restricciones de acceso en zonas de rescate.

Una emergencia todavía abierta

El balance puede agravarse a medida que avancen las tareas de búsqueda entre los escombros. Equipos de rescate y ayuda internacional trabajan en las zonas de mayor destrucción.

17 países y la ONU enviaron asistencia

Menos de una hora después del segundo sismo venezolano, a 13.000 kilómetros de distancia, otro terremoto remeció la costa norte de Japón. Magnitud 6,9. Frente a la prefectura de Iwate, con epicentro a 50 kilómetros de profundidad. Suspendió el servicio del tren bala. Activó inspecciones preventivas en instalaciones nucleares cercanas. Y no provocó víctimas ni daños de consideración. El único damnificado que la prensa pudo registrar fue una mujer en la localidad de Hashikami: se le cayó una foto enmarcada de la pared.

Dos terremotos de magnitud comparable (7,2/7,5 en Venezuela, 6,9 en Japón) con menos de una hora de diferencia entre sí, y resultados completamente distintos. En Caracas, edificios colapsados, barrios sin electricidad, estado de emergencia nacional. En Hachinohe, semáforos funcionando con normalidad y tráfico circulando como un día cualquiera, según mostraron las cámaras de la televisión pública NHK. La diferencia no estuvo en la energía liberada por la tierra. Estuvo en lo que cada país construyó encima de ella.

Japón está, literalmente, sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico. Su normativa de construcción antisísmica se desarrolló durante décadas, endurecida después de cada gran catástrofe, incluido el terremoto y tsunami de Tōhoku de 2011, que dejó cerca de 20.000 muertos y obligó a repensar estándares de ingeniería en todo el país. Cuando tiembla, los edificios japoneses están diseñados para oscilar, absorber la energía y seguir en pie. Por eso un sismo de magnitud 6,9 termina en una foto caída y no en un derrumbe.

Venezuela, en cambio, no está sobre el Cinturón de Fuego, eso ya lo explicó Kovalski, pero tampoco tuvo, durante las últimas décadas, la misma inversión sostenida en normativa sísmica, mantenimiento de infraestructura y control de construcción. La frecuencia de grandes terremotos es mucho menor que en Japón. Y esa menor frecuencia, paradójicamente, es parte del problema: cuando un país tiembla cada pocos meses, construye con la sismicidad en mente todos los días. Cuando tiembla una vez por generación, la memoria institucional y constructiva se diluye entre un evento y el siguiente.

No es una cuestión de magnitud. Es una cuestión de preparación acumulada.

Y en el caso venezolano, esa falta de preparación no nació esta semana.

El balance de víctimas creció de manera dramática en menos de 48 horas. Lo que el jueves eran 188 muertos y 971 heridos se convirtió, hacia el sábado, en al menos 1.430 muertos confirmados, más de 3.360 heridos y 51.681 personas reportadas como desaparecidas sin contacto con sus familias, según la plataforma ciudadana Desaparecidos Terremoto Venezuela y el balance oficial del ministro de Salud, Carlos Alvarado. El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que la cifra de fallecidos “aumentará considerablemente” a medida que avancen los rescates entre los escombros. La Guaira concentra la mayor devastación: más de 100 edificios colapsados y comparaciones que ya circulan con los grandes terremotos urbanos de las últimas décadas. 

A eso se suma un dato que confirma exactamente lo que Kovalski explicó sobre la duración de las réplicas: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) registró más de 214 réplicas desde la tarde del miércoles, incluyendo una de magnitud 4,5 detectada en la madrugada del viernes, a pocos kilómetros de San Felipe. El propio Diosdado Cabello lo describió como evidencia de que la actividad sísmica en la zona sigue siendo intensa. Es el proceso de reajuste de la falla que la entrevista anticipaba y que explica por qué cientos de personas siguen sin animarse a volver a edificios que técnicamente quedaron en pie, pero que nadie puede garantizar que sigan así después de la próxima sacudida.

Ese derrumbe no ocurrió sobre una infraestructura cualquiera. Ocurrió sobre un país que llevaba más de una década en colapso económico e institucional antes de que la tierra se moviera. Venezuela atraviesa una inflación proyectada en 682% para 2026, según el FMI. El Banco Central dejó de publicar estadísticas oficiales hace más de un año. Los servicios públicos -agua, electricidad, salud- funcionan con fallas crónicas en buena parte del territorio, independientemente de cualquier sismo. Y todo esto ocurre apenas meses después de la caída de Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses en enero, en medio de una transición política todavía sin rumbo claro, con estructuras de poder fracturadas y un Estado que ya estaba operando al límite de su capacidad antes de que llegara la emergencia.

Un edificio construido durante años de desinversión, en un país con escasez de cemento de calidad, mantenimiento postergado y controles de obra debilitados, no responde igual a un sismo que uno construido bajo normativa actualizada y fiscalizada. La vulnerabilidad sísmica de Venezuela esta semana no se explica solo con geología. Se explica también con presupuestos públicos vaciados, hospitales que ya estaban en crisis antes del terremoto, y un Estado que llega a esta tragedia después de gestionar, durante más de una década, una emergencia distinta pero igualmente profunda.

Un terremoto no se puede evitar.

Pero la tragedia que produce sí puede reducirse con construcción de calidad, planificación urbana, educación pública y un Estado capaz de responder antes de que la tierra vuelva a moverse.

Venezuela está aprendiendo esa lección ahora, en tiempo real, con más de 1.400 muertos, decenas de miles de desaparecidos sin confirmar y un país que ya no tenía margen para absorber otro golpe.

Japón la aprendió hace generaciones, a fuerza de terremotos, y hoy se nota en algo tan simple como una foto que se cae de la pared en lugar de una pared que se cae entera.

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¿Puede la deuda de 2027 convertirse en un problema para la economía argentina?

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Mientras la economía argentina atraviesa un proceso de estabilización basado en el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la reapertura gradual del crédito, una pregunta comienza a surgir entre empresarios, comerciantes e inversores: ¿qué ocurrirá cuando lleguen los fuertes vencimientos de deuda previstos para 2027?

La preocupación no es menor. Distintas estimaciones privadas ubican los vencimientos de deuda en moneda extranjera para 2027 entre los USD 20.000 millones y USD 24.000 millones, incluyendo compromisos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismos multilaterales y títulos públicos emitidos por el Estado nacional.

Según estimaciones publicadas por Infobae, los vencimientos totales en dólares podrían alcanzar los USD 23.621 millones en 2027. De ese monto, aproximadamente USD 8.000 millones corresponderían al FMI, concentrando uno de los mayores desafíos financieros de la actual administración.

Una economía que llega mejor que años anteriores

La diferencia con otros momentos críticos de la historia argentina es que hoy el país muestra algunos indicadores más favorables.

Por primera vez en muchos años, el Gobierno Nacional logró sostener el superávit fiscal, una condición que los mercados consideran fundamental para recuperar la confianza y reducir la necesidad de emitir moneda o tomar nueva deuda.

A su vez, la inflación continúa mostrando una tendencia descendente.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de mayo de 2026 fue del 2,1% mensual, el nivel más bajo de los últimos ocho meses.

La inflación acumulada en los primeros cinco meses del año alcanza el 14,7%, mientras que la variación interanual se ubica en torno al 33,2%.

Aunque estos números siguen siendo elevados para estándares internacionales, representan una mejora significativa respecto a los niveles superiores al 200% anual observados durante 2024.

Por otra parte, el Producto Bruto Interno (PBI) mostró una expansión interanual del 2,3% durante el primer trimestre de 2026, impulsado principalmente por exportaciones e inversiones vinculadas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

¿Por qué preocupa entonces el 2027?

Porque la deuda no se paga únicamente con voluntad política. Se paga con dólares.

Y allí aparece el principal desafío.

Para afrontar compromisos superiores a los USD 20.000 millones, Argentina necesitará:

  • Continuar acumulando reservas internacionales.
  • Mantener el equilibrio fiscal.
  • Recuperar plenamente el acceso al crédito internacional.
  • Generar inversiones que aporten divisas genuinas.
  • Sostener el crecimiento económico.

Si estos objetivos se cumplen, los vencimientos podrían refinanciarse o afrontarse sin mayores inconvenientes.

Sin embargo, si el país llega a 2027 con escasas reservas o dificultades para acceder al financiamiento, podrían aparecer tensiones cambiarias y financieras.

¿Qué impacto podría tener en comerciantes y empresas?

Para un comerciante, la deuda pública puede parecer un asunto lejano, pero sus consecuencias pueden sentirse rápidamente en la economía real.

Cuando un país enfrenta dificultades para financiarse suelen aparecer algunos síntomas conocidos:

  • Tasas de interés más elevadas.
  • Menor acceso al crédito.
  • Caída de la inversión privada.
  • Menor consumo.
  • Presión sobre el dólar.
  • Incremento en los costos de reposición.

Por eso, aunque la deuda sea una cuestión macroeconómica, termina impactando en la rentabilidad y planificación de miles de empresas y comercios.

El caso particular del mercado inmobiliario

Dentro de la economía argentina, uno de los sectores más sensibles a la confianza es el inmobiliario.

La recuperación de los créditos hipotecarios durante los últimos meses generó expectativas positivas para desarrolladores, inmobiliarias y familias que buscan acceder a su vivienda.

En este contexto, la pregunta clave no es solamente si Argentina podrá pagar su deuda, sino si podrá sostener un escenario de estabilidad suficiente para que continúen creciendo el crédito, la inversión y las operaciones inmobiliarias.

Si la inflación sigue descendiendo, las tasas se mantienen razonables y el riesgo país continúa bajando, el mercado inmobiliario podría consolidar una nueva etapa de crecimiento incluso en un año exigente desde el punto de vista financiero.

Los indicadores que habrá que seguir

De aquí a 2027 existen tres variables que probablemente anticipen el rumbo económico del país:

  1. Reservas internacionales del Banco Central.
  2. Riesgo país.
  3. Evolución de la inflación y del crédito hipotecario.

Si estas variables continúan mejorando, los vencimientos de deuda podrían convertirse simplemente en un desafío financiero administrable.

Si empeoran, 2027 podría transformarse en una fuente de incertidumbre para toda la economía.

Argentina enfrenta uno de los calendarios de deuda más exigentes de los próximos años.

Sin embargo, la experiencia demuestra que los problemas económicos no aparecen únicamente por el tamaño de la deuda, sino por la capacidad de generar confianza, crecimiento e inversión.

Por eso, más que preguntarse cuánto debe el país en 2027, empresarios, comerciantes e inversores deberían observar si la economía continúa fortaleciendo sus fundamentos.

El verdadero desafío no será solamente pagar la deuda.

Será hacerlo mientras se sostiene el crecimiento económico, el crédito y la generación de oportunidades para el sector privado.


Fuentes consultadas

  • Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
  • Reuters – Crecimiento del PBI argentino, junio 2026.
  • Infobae Economía – Vencimientos de deuda 2027.
  • iProfesional – Calendario de pagos al FMI 2026-2027.
  • Banco Central de la República Argentina (BCRA).
  • Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM).
  • Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC).
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Desguazando a Argentina

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Con desparpajo total, ante la extrema pasividad de la mayoría de los argentinos, ya desde antes de asumir, el actual presidente precisó con total claridad, el enfoque antinacional que, con saña digna de mejor causa, se puso a perpetrar desde el primer día de su intencional (des)gobierno libertario, concepto supuestamente nuevo, que no es más que la versión exacerbada del más crudo y antinacional neoliberalismo (ideología impuesta en Argentina a punta de bayonetas desde el “proceso”); y que tiene otros casos testigos a nivel mundial.

Entre varias cáusticas definiciones, dijo: “soy el topo que destruye el Estado desde adentro”; “los que fugan divisas y eluden impuestos, son héroes”, “la mafia tiene códigos y los cumple (o concepto similar), la prefiero antes que al Estado”; y una retahíla casi interminable de otras aberraciones conceptuales reñidas contra toda lógica y moral; en este último concepto, las palabrotas de execrables conceptos, de uso frecuente propio de psicópatas, o de mentes de muy baja catadura moral e impropias totalmente para quien ejerce tan alta investidura.

Destruyendo al Estado, destruye la Patria, pues es elemental que sin Estado no hay Nación, y sin Nación no hay Patria.

Calificar de supuestos “héroes” a delincuentes evasores de impuestos y fugadores de divisas, es una aberración que solo puede ser defendida por delincuentes y/o psicópatas en grados irrecuperables.

Manifestar preferir a las mafias antes que, al Estado, pasa a ser en sí mismo un reconocimiento público de una muy rastrero nivel moral, afín a la delincuencia.

Sus sucesivos gruesos exabruptos, ofendiendo la persona y la alta investidura del Papa, así como los agresivos insultos a Jesús, no muestran una personalidad equilibrada, ni mucho menos acorde a su rol presidencial, más aun considerando que tanto el catolicismo, como el cristianismo en general, forman parte de los valores esenciales y de la idiosincrasia mayoritaria de nuestro pueblo, estando fuertemente vinculados a la Historia Argentina y a nuestra realidad, en la cual, en un marco de respeto total a otros credos, la mayoría de nuestra población profesa o respeta los valores cristianos, los que son vilmente agredidos por el incontinentemente verborrágico presidente, mientras que tanto él como sus colaboradores inmediatos hacen de las mentiras y gruesas distorsiones las bases de sus opiniones públicas.

El claro desprecio a la argentinidad quedó expuesto en forma irrefutable, al expresar el presidente su arrastrada sumisión a los intereses anti argentinos, al alabar a dos declarados enemigos de nuestra patria, como lo fueron Churchill y Tatcher, a quienes elogió con exaltación propia de mentes alienadas.

Es de recordar, para los muchos “desmemoriados” analistas superficiales de la realidad nacional, que Churchill avaló la perpetración de la asesina y apátrida revolución fusiladora (1955), la cual fue el comienzo del quiebre anti social y anti industrial de ideología ultra liberal (apátrida), que hoy el libertarismo parece estar completando esa macabra obra destructiva.

Por su parte, la genocida Tatcher, ordenó torpedear y hundir al Crucero General Belgrano, fuera de la zona de exclusión, causando la mayor cantidad de bajas de Argentina; y con ese acto brutal, echó por tierra los denodados esfuerzos del diplomático peruano Javier Pérez de Cuellar, para evitar la guerra en el Atlántico Sur. Es de destacar que el destacado diplomático, era Secretario General de las Naciones Unidas, por lo que sus gestiones tenían mucha relevancia.

Que los siempre cipayos se subordinen al poder anglosajón, es lo vergonzosamente habitual, desde Rivadavia en adelante (o desde los que colaboraron con las invasiones inglesas, subordinándose al agresivo poder imperial); pero que lo hagan por burda ignorancia histórica y geopolítica, como el grueso de los uniformados, que apoyan las apátridas acciones libertarias que nos empujan a la disolución nacional, es una aberración, pero este tema merece su análisis por separado.

Esas distorsionadas y muy mal fundamentadas posturas que parecen afectar al 90 % de los uniformados, son claras consecuencias de la acentuada ignorancia en Historia, Geopolítica y Economía, ante las evidentes falencias de formación impartidas en los institutos de formación militar y similares de seguridad. Solo así puede entenderse que diciéndose “muy patriotas” apoyen a posturas y sectores políticos claramente ubicados como apátridas antiargentinos.

El total alineamiento subordinado a EEUU, Israel, e indirecta pero claramente al Reino Unido, postura vergonzosamente asumida por el gobierno libertario, además de dejar de lado todo principio elemental de digna soberanía, es contrario a los Intereses Nacionales, pues no solo deja de lado la postura internacional de neutralidad y pacifismo que caracterizó a Argentina, sino que también se subordina a dos naciones que siempre votaron en contra nuestra en las Naciones Unidas, en el sensible tema de Malvinas; y nos involucra en conflictos que no son nuestros, como los de Medio Oriente y Ucrania.

Como los ataques que está recibiendo Argentina, son esencialmente partes esenciales de la batalla cultural, se evidencia que pretenden desacreditar los más altos valores éticos de nuestra población, con especial desprecio al patriotismo y al sano respeto a nuestros compatriotas y a quienes, respetando valores de la argentinidad, siendo extranjeros se radicaron en nuestra patria. Con eso busca que no tengamos ciudadanos dignos de elevados principios, para degradarnos a ser meros consumidores compulsivos y arribistas desprovistos de toda moral o valores superiores, carentes de toda solidaridad, lo cual pasa a ser trágico en el marco de miseria espantosa a la cual se empuja a crecientes cantidades de nuestra población, como consecuencia directa y culposa de las perversas medidas destructoras de la economía argentina.

Es muy evidente que se busca el industricidio total, para forzarnos a volver a ser la economía primarizada, socialmente excluyente y subordinada geopolíticamente a los dictados nefastos del muy vigente Consenso de Washington, los cuales pretenden imponer la subordinada anomia de la desaparición de los Estados Nacionales excluidos del G 7, o de las potencias principales del agresivo Atlantismo.

Pasando por sobre las atribuciones del Poder Legislativo, o forzando votaciones mediante “metodologías de convencimiento” o posturas “adornizadas” o “kueiderizadas” (casos Adorni y Kueider), se permitió la entrada de tropas extranjeras, se cedió soberanía en el Mar Argentino, y se extranjerizó de hecho el manejo y las ganancias suculentas de las operatorias fluviales de la Cuenca Del Plata, con lo cual previsiblemente podrán facilitarse operaciones de subfacturación de exportaciones cereales, oleaginosas y derivados, además de excluirse las contrataciones de personal argentino en nuestros ríos.

Sin ningún motivo lógico, solo por saña antinacional, se concesionaron las muy eficientes y bien conservadas grandes hidroeléctricas del Comahue, pasando a manos privadas las jugosas ganancias que producen esas centrales, construidas con fondos del Estado Nacional.

Con la misma saña antinacional, y pisoteando con alevosía la elevada importancia estratégica y claro efecto multiplicador económico y tecnológico, se busca desguazar y privatizar al muy eficiente Sector Nuclear Argentino.

Mientras nos entretienen con el Mundial, y con casos de corruptelas alevosas e importantes, pero de menores importancias respecto a las destrucciones generales y endeudamientos brutales, que siguen perpetrándose; mientras prosigue la marginación social y el empobrecimiento masivo, que con claro desprecio al pueblo argentino, siguen perpetrándose y acentuando día a día.

Uno de los últimos impresentables casos de evidente corruptela, es el del multi funcionario libertario Facundo Leal, en cuyo poder se encontraron gruesos fajos de dólares (algunos de ellos termosellados), importantes cantidades de drogas, elementos para fraccionamiento de las mismas, e instrumentos utilizados para tareas de espionaje. Pero lejos de ser un caso único, se repiten manejos impropios, cuando no potencial o claramente delictivos, de varios funcionarios de altos rangos. Eso además de las nunca demostradas inocencias de las “coimisiones” que involucrarían a los más altos niveles del Ejecutivo Nacional; incluyendo en ello al impresentable accionar del propio presidente en el sonado caso de la cripto estafa.

Mientras tanto, los perpetradores del carry trade (timba financiera y fuga de divisas), repiten la nefasta operatoria, que ellos mismos hicieron, con idénticos desastrosos resultados de endeudamiento masivo de Argentina, en el gobierno del macrismo.

En el colmo del cipayismo, con escasa difusión y con nula fundamentación positiva para los Intereses Nacionales, trascendió que mientras se apalea y desprecia a los hambreados jubilados argentinos, a los discapacitados y a los enfermos terminales (a los que se priva de medicaciones esenciales), se habrían rubricado acuerdos para recibir inmigración israelí, con facilidades que les permitirían acceder a obra social y jubilación, sin haber hecho los aportes, y además se habría rubricado la transferencia de una importante superficie en La Patagonia, para que se radiquen, muy posiblemente sin las positivas condiciones de integración, como hubo en el caso de los llamados gauchos judíos, radicados en Entre Ríos, poco después de la Segunda Guerra Mundial. El tema requiere una clara definición de las condiciones que se habrían acordado para esas poco divulgadas operatorias, de tan sui generis inmigración.

Es de recordar, que el ministro macrista Sergio Bergman, dijo que “Argentina es un país que debe ser partido y repartido”. ¿A que se refería?

Uno de los supuestos adalides de la moral y la transparencia en el ejercicio de funciones públicas, el diputado libertario J. L. Espert, resultó ser apoyado y financiado por un personaje extraditado y encarcelado en EEUU, por sus vinculaciones con el tráfico de drogas; y no pudo dar explicaciones coherentes acerca de una voluminosa transferencia recibida de ese personaje.

Los hechos de corrupción son deleznables en todos los casos, pero hay una gran diferencia entre exonerar inmediatamente a quien los perpetra (caso Insaurralde), que mantenerlo e intentar protegerlo a toda costa (caso Adorni), quien mintió con alevosía y no pudo justificar debidamente su abrupto enriquecimiento y cambio de su nivel de vida.

Mientras el endeudamiento externo sigue en forma alevosa, la destrucción socio económica no da indicios de detenerse.

Los únicos sectores económicos que crecen, son el agropecuario de la Pampa Húmeda y regiones similares, la minería y la hidrocarburífera, los tres meros productores de materias primas, que se exportan con baja o nula transformación, y no requieren mucha mano de obra, en algunos rubros con muy bajas remuneraciones.

Además, ante el desguace de los entes estatales, esas producciones y exportaciones de materias primas, parecerían tener muy laxos o casi inexistentes controles, facilitándose en tales casos, exportaciones no declaradas. Y las regalías, sobre todo en el sector minero, parecerían ser muy bajas, agravándose el casi nulo efecto multiplicador económico, en los casos beneficiados por la operatoria R.I.G.I., la cual parece ser redactada en un todo en contra de los Intereses Nacionales.

En todo ese caos intencionalmente provocado e incrementado, muchos compatriotas no parecen haber tomado conciencia de la extrema gravedad de la situación, mientras que otros guardan silencios o actitudes cómplices, funcionales a la disolución nacional a la cual los hechos nos demuestran que nos empujan.

Innegable y muy preocupante realidad, de la cual muchos parecerían no haber tomado conciencia, o haber dejado de lado el sano e indeclinable patriotismo, que debería ser uno de los fundamentos esenciales de la argentinidad.

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