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La contrarreforma agraria de la economía de Misiones

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Una pacífica reforma agraria se implementó en Argentina, en la década peronista de 1946-1955, durante la cual se dieron amplias facilidades crediticias para que los que trabajaban la tierra sin ser propietarios, pudieran comprarla a los arrendadores, y con eso producir con menores costos, además de estimular las inversiones en mejoras, que el sistema de arrendamientos desalentaba.

La tenencia de las tierras dedicadas a la agricultura en Misiones tiene marcadas diferencias respecto a la vigente en la muy fértil Pampa Húmeda, en la enorme Patagonia, y en muchas otras provincias argentinas.

Partiendo de una interesante comparación, respecto al régimen de propiedad de las tierras rurales aplicado en otros países, se puede constatar que mientras que siendo otro país de grandes dimensiones territoriales y masivo flujo inmigratorio, en sus etapas tempranas como nación, EEUU asignó en propiedad a sus colonos, parcelas suficientes para las actividades rurales, pero no en extensiones descomunales como se hizo en nuestro país, a partir de las presidencias de Mitre y Sarmiento, durante las cuales se constituyó de hecho el régimen pseudo aristocrático de la oligarquía mega terrateniente, de tan persistente negativo accionar a lo largo de nuestra historia.

Algo similar al modelo aplicado en la Pampa Húmeda, sucedió en otras provincias, como en la vecina Corrientes, pero en Misiones la historia muestra que hubo marcadas diferencias, seguramente por un conjunto de motivos.

Sería extenso detallar como se conformó la tenencia de la tierra, en el entonces Territorio Nacional de Misiones, en particular desde que el gobernador Rudecindo Roca (hermano de J. A. Roca), reafirmó la soberanía argentina en este rincón de nuestra patria; pero sí cabe enfatizar que, a fines del siglo XIX, quedaban importantes extensiones que eran de propiedad fiscal, o sea del Estado. Misiones tenía muy poca población, siendo una necesidad fomentar la inmigración. En ese contexto, se radicaron en la misma numerosas familias de inmigrantes eslavos (polacos y ucranianos), quienes recibieron en propiedad, extensiones moderadas de tierras (entre 20 a 40 o 50 has., en su mayoría, para que se afincaran y dedicaran a la agricultura. Esas familias se radicaron al sur de la actual provincia de Misiones, en Apóstoles y zonas cercanas.

Posteriormente, hasta aproximadamente 1950 se radicaron nuevas oleadas de inmigrantes europeos, en su gran mayoría eslavos y germanos, pero también otros prácticamente oriundos de toda Europa, a los que se sumaron ingresos de paraguayos y brasileños; y en épocas más cercanas, japoneses y laosianos.

Excepto los que se radicaron en las poblaciones, la mayoría de esas oleadas de inmigrantes pasaron a ser productores rurales, accediendo a la propiedad de las chacras en las cuales vivían y trabajaban.

La producción principal de Misiones, desde mucho antes del período descripto, fue y sigue siendo la yerba mate, cultivo que ya era importante en las épocas de los jesuitas. Así también es de larga data la conflictividad en torno a los precios pagados a los productores del noble producto, base de la infusión más popular de Argentina.

Ya en las primeras décadas del siglo XX, existían controversias, vinculadas de un modo u otro, al precio pagado por la hoja “en crudo” (verde, no procesada), y para opinar y actuar con fundamentos, el notable patriota Lisandro De La Torre, viajó a Misiones para interiorizarse in situ del tema, acorde al muy serio ejercicio de su rol de legislador nacional.

Posteriormente, en años ’60 y ’70, hubo problemas de supuesta super producción, que en algunos años derivaron en prohibición de cosechar…mientras que las importaciones de yerba paraguaya y brasileña no sufrieron similares prohibiciones. Los memoriosos recuerdan que los intereses importadores se vinculaban con algunos ministros nacionales en esos años. Hoy es un dato anecdótico, pero marca los intereses creados que pueden existir en un tema nada neutro y del que poco se conoce en general.

Para comprender mejor los distintos sectores que intervienen en la cadena productiva y comercial de la yerba mate, puede ser útil mencionarlos, por el orden de sus actividades.
1 – El colono o propietario de la chacra, planta la yerba mate, y la debe cuidar hasta que entra en su vida productiva, lo que demora algunos años.
2 – El tarefero es el cosechador que recoge las hojas.
3 – El colono contrata al tarefero, si bien puede ser quien recoja las hojas con su familia.
4 – El acopiador compra la yerba sin elaborar. La vende a un productor, que la somete a un proceso industrial, de relativa baja complejidad. En muchos casos, el industrial es también el acopiador, y en algunos casos, el colono gestiona su propia marca y produce la yerba mate elaborada.
5 – El industrial completa el proceso productivo, y vuelca el producto terminado a los mercados consumidores.

Un dato interesante, que no suele ser asumido adecuadamente, es que las dos primeras etapas tienen muchos intereses en común, pues dependen del precio y condiciones de venta (en algunos casos pagadero en varios meses), en cuyas determinaciones las pocas empresas elaboradoras del producto terminado, pueden fijar o influir mucho en las definiciones.

Un tema no menor, es que los bajos precios con los que en muchos períodos se retribuye a los colonos, productores de yerba, no se traducen en menores precios para los consumidores.

Eso es lo que, en forma exacerbada, está sucediendo ahora.

Los bajísimos precios que -según públicas quejas de colonos y personas vinculadas-, se están pagando, no cubren los costos mínimos ni permiten un mínimo nivel de vida lógico, a los muy castigados productores de la materia prima. Eso lleva a un desaliento generalizado, que incluso está produciendo un éxodo poblacional hacia Brasil, donde las retribuciones a la mano de obra son hoy por hoy muy superiores a lo que pueden ganar los colonos malvendiendo sus producciones.

Ese éxodo puede ser definitivo, lo cual además de los problemas familiares y personales que puede ocasionar, priva a Misiones de valiosa población, aumentando el acentuado desequilibrio demográfico respecto a los dos países vecinos, en particular respecto al muy poblado e industrializado sur brasileño.

Los muy bajos precios actuales de la yerba mate sin elaborar, son directas consecuencias de las despolíticas libertarias (con desparpajo, Milei dijo que busca destruir al Estado; y por ende, sin Estado nos está sumiendo en la anarquía, donde rige la ley de la selva económica), que intencionalmente no solo desindustrializan y empobrecen a Argentina, sino que destrozan intencionalmente todos los entes estatales que tienen por sus funciones apuntalar las producciones y proteger a los eslabones productivos más vulnerables. Tal lo que sucede con la yerba mate.

Ese desaliento generalizado, será causa que muchos colonos vendan sus chacras, las que posiblemente pasen a propiedad de grandes empresas, lo cual llevará a formar o consolidar oligarquías terratenientes en esta provincia, lo cual implica fomentar la contra reforma agraria, proceso que, si no se frena y revierte, podrá tener desastrosas consecuencias sociales, económicas y geopolíticas.

Cabe acotar que el reducido número de empresas que procesan la yerba mate, desde lo económico, puede ser calificado como oligopsonio (pocos compradores de la hoja verde, en posición dominante); y oligopolio (pocos vendedores a nivel nacional, del producto terminado.

Con el Estado destrozado o manejado excluyentemente en función de los intereses de sectores poderosos, es casi impensable que el delicado tema tenga adecuada y correcta solución, tal como la nefasta historia argentina de precedentes gobiernos pro oligárquicos, liberales o neoliberales, lo demuestra.

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Una Europa más fuerte para tiempos más difíciles

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La economía mundial —y Europa con ella— se ve golpeada una vez más por un shock: esta vez, los acontecimientos que se desarrollan en Oriente Medio.

Antes de que Hormuz cerrara, las perspectivas de crecimiento de Europa estaban mejorando y nosotros en el FMI nos preparábamos para mejorar nuestras previsiones. Ahora, vemos un crecimiento a la baja y una inflación al alza.

Pero aún así, algo de mérito donde se debe: podría haber sido mucho peor. Gracias a su enfoque de larga data en las renovables, Europa está mejor preparada que muchas otras: más eficiente energéticamente y menos dependiente del petróleo.

No obstante, el hecho es que estamos sumidos en una era de shock tras shock, capa tras capa, una sobre otra: Covid, inflación, gas ruso, aranceles estadounidenses y ahora Oriente Medio. Es como una tarta de capas, ¡pero definitivamente no sabe bien!

Cada choque supone un nuevo golpe para el crecimiento europeo, para su capacidad de crear empleos y prosperidad para su pueblo. Y a medida que los choques se solapan y sus efectos se acumulan, también lo hace el daño económico.

Seamos sinceros: el mundo ahí fuera es duro. Europa necesita endurecerse.

Pero en cambio, sigue retrasándose. Siento decirlo—todos somos amigos de Europa aquí—pero ese es el hecho. Cuando llegué a Bruselas en 2010 como Comisario de la UE, Europa tenía el mismo PIB nominal que Estados Unidos; ahora, es significativamente más baja, mientras que China la ha alcanzado. Tras dos décadas de débil crecimiento de la productividad, el ingreso por persona europeo es el 70 por ciento del de Estados Unidos, y la brecha se está ampliando.

IMF MD One Europe Speech, Brussels CHART 2

¿Cómo pudo pasar esto? Hay muchas razones, pero una es que demasiados innovadores europeos exitosos acaban en el extranjero y muy pocas nuevas empresas de la UE crecen en tamaño para ser competitivas a nivel global. La empresa media cotizada en la UE tiene una capitalización bursátil de aproximadamente la mitad de la media de EE. UU. Y en cuanto a sus pares europeos que igualen a los “hiperescaladores” estadounidenses de IA, no hay ninguno que se vea. La fortaleza de Europa—la previsibilidad de las políticas—se ve mermada por la fragmentación regulatoria y la defensa nacional.

Con un crecimiento débil viene la debilidad fiscal. Los presupuestos nacionales están sometidos a una presión cada vez mayor por las presiones de gasto a largo plazo, incluyendo el aumento de los costes de pensiones y sanidad de una población envejecida, los costes de la transición energética y las necesidades de defensa. En comparación con ahora, el aumento del gasto público anual en estas áreas podría alcanzar el 5 por ciento del PIB para 2040.

Y así la deuda pública sigue aumentando. Sin acción política, estimamos que la carga media simple de deuda pública de los estados miembros de la UE más que se duplicará hasta superar el 130 por ciento del PIB para 2040. ¿La implicación? Fragilidad. Vulnerabilidad.

IMF MD One Europe Speech, Brussels CHART 3

Sin embargo, el giro es que Europa sabe muy bien lo que hay que hacer: primero, completar el mercado único, porque esa es la ventaja competitiva de Europa y su principal motor de crecimiento; y segundo, adoptar políticas presupuestarias inteligentes para poner en orden la situación fiscal, para fortalecer y mantener resiliencia.

Primer punto: el mercado único. Se ha repetido muchas veces, pero aún queda un enorme potencial sin explotar. Para empezar, la población de la UE es aproximadamente un 30 % mayor que la de EE. UU., y crecerá aún más a medida que se admitan nuevos miembros. Tanta gente educada y talentosa: una plataforma increíble para crecer.

Pero ahora mismo, Europa no está aprovechando al máximo su tamaño: ni mucho menos. Vemos demasiado conflicto entre las normas y prioridades de la UE y nacionales, demasiadas barreras al comercio intra-UE y demasiada fragmentación en los mercados energéticos y laborales europeos.

¿El resultado? Como nos muestra Enrico, el comercio de capital, electricidad y mano de obra dentro de Europa es demasiado costoso. En la práctica, el mercado único actual de la UE sigue incorporando un mosaico de 27 regímenes nacionales, que a menudo viven más en conflicto que en armonía.

Europa puede hacerlo mejor. El programa Una Europa, Un Mercado ofrece un excelente plan: más de 30 proyectos legislativos. Un plan integral para el progreso.

Las recompensas podrían ser considerables. Estimamos que si las reformas redujeran las fricciones internas a niveles comparables con los de EE. UU. mientras los estados miembros impulsan las reformas nacionales, la productividad de la UE podría aumentar hasta un 20 por ciento en una década. Eso aumentaría el PIB per cápita en un 35 por ciento, o más, si se combina con reformas en finanzas.

IMF MD One Europe Speech, Brussels CHART 4

Un crecimiento tendencialmente más alto también contendría las presiones presupuestarias que siguen creciendo, reduciendo el ajuste fiscal necesario para sostener las necesidades de gasto a largo plazo.

Un crecimiento más rápido incrementa los ingresos fiscales, reduce los gastos de la red de seguridad y reduce la relación deuda-PIB. Para la economía europea media, incluso reformas estructurales modestas que impulsen el crecimiento podrían reducir en aproximadamente una quinta parte de la consolidación fiscal necesaria para llevar la deuda a un trayecto descendente. Cuanto más ambiciosas sean las reformas pro-crecimiento, menor será el esfuerzo fiscal necesario.

Y eso me lleva al segundo punto que me gustaría enfatizar: la responsabilidad fiscal.

Para ser concretos, permítanme centrarme en un ejemplo que hoy está muy presente en el objetivo: el gasto en defensa. Dadas las realidades geopolíticas, existe un consenso en Europa de que debe aumentar sustancialmente, además del aumento material de más del 2 por ciento del PIB ya logrado en los últimos años por algunos países de la UE.

IMF MD One Europe Speech, Brussels CHART 5

Pero los responsables políticos deberían tomar nota: hay una forma correcta y una incorrecta de proceder. En el FMI, nuestro Panorama Económico Mundial más reciente incluyó un capítulo sobre las grandes concentraciones de defensa en 164 países desde la Segunda Guerra Mundial. De media, cada episodio implicó alrededor del 2,7 por ciento del PIB en un aumento del gasto relacionado con defensa y seguridad, similar a lo que los países de la OTAN ahora se han comprometido a ofrecer para 2035.

Si dicha expansión se financia con déficit, conduce a una deuda más alta—algo que muchos países de la UE simplemente no pueden permitirse dadas sus limitaciones fiscales. Para estos países en particular, es importante que los aumentos grandes y permanentes en los gastos de defensa se realicen de manera presupuestariamente neutral, lo que implica compromisos difíciles en impuestos y gastos no relacionados con defensa.

Igualmente, los gobiernos deberían esforzarse por ejecutar los aumentos de defensa de manera que maximicen el impulso para el crecimiento. A corto plazo, mayores inversiones en defensa pueden impulsar la demanda interna, aunque a menudo con fugas en las importaciones. La cuestión más importante, sin embargo, es qué ocurrirá a largo plazo. Aquí, nuestros estudios muestran que el impulso potencial al crecimiento es modesto, pero que el gasto en capital en defensa y la investigación y desarrollo en defensa, si no desplazan a otras inversiones productivas, pueden apoyar el crecimiento de la productividad.

Punto principal: cómo se hace importa. Si los Estados miembros actuaran solos—duplicando esfuerzos, fragmentando la adquisición—el beneficio sería mucho menor. Pero si coordinan en investigación y desarrollo y otros aspectos, utilizan compras y estándares comunes, y están abiertos a licitaciones por parte de empresas grandes y pequeñas, entonces el tamaño del mercado se expande y la productividad puede beneficiarse.

Por eso instrumentos como SAFE—Acción de Seguridad para Europa—y el Marco Financiero Multianual de la UE, son tan importantes. No solo agrupan recursos, sino que ayudan a los países a minimizar la duplicidad e invertir estratégicamente. Si se hace bien, mayores gastos en defensa no tienen por qué aumentar la carga de la deuda nacional.

En conjunto, las reformas estructurales y una política fiscal inteligente —hoy ilustrada con el ejemplo de la defensa— pueden dar resultados.

Así que permítanme terminar insistiendo en que Europa puede hacerlo. Ya ha logrado grandes avances en eficiencia energética y seguridad energética. Ahora, que use el último shock y las realidades geopolíticas como grito de guerra para actuar.

Europa: completar el mercado único, porque la fortaleza de tu crecimiento depende de ello, y gestionar las presiones de gasto a largo plazo, incluyendo en defensa, porque la resiliencia depende de ello. Sé disciplinado y firme. Sé pragmático. Construye coaliciones de los dispuestos. Dejad de señalar con el dedo entre las capitales nacionales y Bruselas. Llevar a los ciudadanos con el esfuerzo de reforma.

En el espíritu de Jacques Delors, ya te has reinventado antes. ¡Ponte fuerte y hazlo de nuevo!

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La crueldad y la coartada

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Hay gobiernos que intentan resolver problemas. Y hay gobiernos que parecen necesitar culpables.

La semana pasada dejó dos escenas que, a primera vista, no tienen relación entre sí. Por un lado, cientos de miles de personas desfilan en el Polideportivo Gatica de Avellaneda despidiendo al Indio Solari en una de las manifestaciones populares más conmovedoras de los últimos años. Por el otro, Manuel Adorni, jefe de Gabinete de la Nación, intentando explicar inconsistencias patrimoniales que ya no ocupan solamente las páginas de los diarios sino también despachos judiciales y pasillos del Congreso.

Sin embargo, ambas escenas revelan una misma lógica política.

Durante días, dirigentes, comunicadores y militantes libertarios parecían esperar que el velatorio del Indio terminara mal. Que hubiera incidentes. Que aparecieran imágenes de caos. Que alguien pudiera responsabilizar a Axel Kicillof, a Máximo Kirchner o al kirchnerismo en general. Que se apareciera otro “muerto” que pudiera ser tapa.

No se trataba de comprender un fenómeno cultural ni de acompañar el dolor de cientos de miles de personas. Parecía tratarse de otra cosa: la expectativa de encontrar una nueva excusa para alimentar la maquinaria del odio.

Pero los incidentes no llegaron. El pueblo despidió a uno de sus artistas más queridos con respeto, emoción y una organización que desarmó los pronósticos más agoreros.

Y entonces el interés desapareció.

La crueldad política tiene esa característica: necesita permanentemente que algo salga mal. Necesita enemigos. Necesita culpables. Necesita convertir cada acontecimiento social en una oportunidad para señalar con el dedo.

Tal vez por eso algunos deseaban el fracaso de aquella despedida. Porque representaba algo que el oficialismo no comprende del todo y muchas veces desprecia: una comunidad construida desde abajo, una identidad popular imposible de controlar, ordenar o convertir en mercancía política.

La misma lógica, pero en sentido contrario, aparece hoy en torno a Manuel Adorni.

No estamos hablando de un asesor secundario ni de un funcionario perdido en algún rincón del Estado. Estamos hablando del jefe de Gabinete de la Nación. Del funcionario encargado de coordinar la administración pública y de rendir cuentas ante el Congreso.

Las investigaciones periodísticas publicadas en los últimos días abrieron interrogantes sobre la evolución de su patrimonio, las criptomonedas utilizadas para justificar parte de ese crecimiento y las explicaciones posteriores vinculadas a una herencia familiar. A partir de allí, la Justicia avanzó con medidas para reconstruir el origen de esos bienes y verificar la consistencia de la información presentada.

No corresponde anticipar culpabilidades. Para eso existen los jueces, los fiscales y las pruebas.

Pero sí corresponde señalar una evidencia política.

El gobierno que construyó buena parte de su identidad alrededor de la transparencia y de la denuncia permanente contra “la casta” parece haber perdido súbitamente el entusiasmo por las explicaciones cuando las preguntas alcanzan a uno de los propios.

Las mismas voces que durante años exigieron condenas inmediatas frente a cualquier denuncia contra dirigentes opositores ahora reclaman prudencia, paciencia y comprensión.

La sospecha ya no alcanza.

La duda ya no basta.

Las preguntas ya no son bienvenidas.

La fuerza de Javier Milei no nació solamente de una propuesta económica. Nació también de una promesa moral. La promesa de que habría una vara para todos. De que los privilegios se terminarían. De que las explicaciones que antes parecían inadmisibles dejarían de ser aceptadas por el simple hecho de provenir del poder.

Por eso el caso Adorni genera ruido incluso entre quienes acompañaron al oficialismo. No porque exista una condena ni una certeza judicial definitiva, sino porque reaparecen mecanismos demasiado conocidos: rectificaciones tardías, explicaciones cambiantes, respaldos incondicionales y una resistencia creciente a rendir cuentas.

Y existe además un problema político que el oficialismo difícilmente pueda esquivar.

Durante la campaña legislativa de 2025, La Libertad Avanza eligió una consigna tan simple como contundente: “Adorni es Milei”.

No era una frase casual. Buscaba transmitir que el entonces vocero presidencial y actual jefe de Gabinete no era un funcionario más, sino una expresión directa del proyecto político encabezado por el Presidente.

Por eso resulta difícil presentar hoy el caso como una cuestión individual.

Si Adorni era Milei cuando se pedían votos, también lo es cuando aparecen preguntas incómodas.

Y si Milei decidió convertirlo en uno de los rostros centrales de su proyecto político, resulta inevitable que las explicaciones pendientes del jefe de Gabinete terminen proyectándose sobre el propio gobierno.

Más aún cuando fue el propio Adorni quien compareció ante la Cámara de Diputados, a fines de abril, para brindar su informe de gestión y ofrecer explicaciones que hoy aparecen severamente cuestionadas por la información que fue surgiendo posteriormente.

Mientras tanto, en el Congreso avanzan iniciativas para interpelarlo e incluso sectores opositores analizan la posibilidad de impulsar una moción de censura y eyectarlo del cargo, mecanismo previsto en la Constitución Nacional. El problema dejó de ser una controversia periodística para convertirse en una cuestión institucional.

Y alrededor del caso empiezan a multiplicarse otras interpretaciones. Algunos observadores sostienen que la exposición permanente de Adorni también expresa tensiones internas dentro del propio universo libertario. Otros creen que la centralidad del tema contribuye a desplazar de la agenda asuntos que golpean cotidianamente a millones de argentinos: la caída del consumo, el deterioro de los ingresos, la recesión, el empleo y las consecuencias sociales del ajuste.

Tal vez ambas cosas sean ciertas.

Pero incluso si así fuera, nada modifica la cuestión de fondo.

La pregunta ya no es solamente qué ocurrió con las criptomonedas, las declaraciones juradas o la herencia.

La pregunta es por qué quienes hicieron de la transparencia una bandera consideran ahora que pedir explicaciones constituye una agresión política.

Y la respuesta parece encontrarse en la misma lógica que atravesó el velatorio del Indio.

Para los adversarios, la sospecha equivale a condena.

Para los propios, la sospecha exige comprensión.

Para unos, el escarnio público.

Para otros, el beneficio infinito de la duda.

No es una contradicción.

Es un método.

La crueldad para los otros.

La indulgencia para los propios.

La condena anticipada para los adversarios.

La presunción eterna para los aliados.

El problema para Milei no es solamente Adorni.

El problema es que los gobiernos pueden sobrevivir a una denuncia, a una investigación o incluso a un escándalo.

Lo que rara vez sobreviven es a la pérdida de autoridad moral.

Porque cuando la vara deja de medir conductas y empieza a medir pertenencias, la promesa de cambio se convierte apenas en un cambio de nombres.

Y cuando el fracaso ajeno se convierte en una esperanza mientras las explicaciones propias se vuelven innecesarias, la política deja de ser una herramienta para transformar la realidad.

Se transforma en algo mucho más peligroso: una maquinaria dedicada a producir impunidad para unos y castigo para otros.

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Cuentos increíbles y realidades que demandan

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Hay historias difíciles de creer. Y después está la de Manuel Adorni. Durante semanas el jefe de Gabinete soportó preguntas incómodas sobre su patrimonio, sus gastos, sus inmuebles, los préstamos que tomó y la velocidad con la que crecieron sus activos desde que llegó al poder. La respuesta finalmente llegó con una batería de declaraciones juradas rectificativas presentadas oportunamente unas pocas horas antes de que comience el Mundial que podría acaparar la atención por estas horas. Pero no tuvo suerte. Sólo se habla de las rectificativas de Adorni. 

Rectificativas. Qué palabra elegante para decir: “Voy a rehacer los números porque los anteriores ya no me sirven”. Recuerda a reperfilar

La secuencia tiene algo de prodigio financiero y bastante de realismo mágico libertario. Según la nueva versión de los hechos, Adorni habría invertido unos 200.000 dólares en Bitcoin entre 2013 y 2018. Una apuesta que, según explica ahora, terminó generándole una fortuna cercana a los 500.000 dólares. Luego habría vendido esos activos para proteger el futuro de sus hijos y conservado ese dinero durante años. En efectivo. Guardado. Quieto. Invisible. Tan invisible que se olvidó de declararlo cuando ingresó al Gobierno. Recién ahora recuperó la memoria. Justo cuando la Justicia empezó a mirar sus gastos exorbitantes desde que asumió en la gestión pública. Antes compraba trajes en cuotas, reclamaba por una salchicha y pedía para el pasaje, según sus colegas en los medios. Después, viajes a destinos exclusivos, vuelos privados, departamentos y remodelaciones en el country.

La historia ya tendría problemas de verosimilitud si se tratara de un vecino del barrio. Encontrar un pendrive con semejante fortuna es digno de un guión cinematográfico. Pero adquiere otra dimensión cuando quien la cuenta es el jefe de Gabinete de la Nación. La pregunta elemental es simple: ¿quién invierte todo su patrimonio en Bitcoin en 2014? No una parte. No un porcentaje. Todo.

En 2014 Bitcoin era un experimento para entusiastas tecnológicos, libertarios tempranos y apostadores profesionales. No era un refugio de valor, ni una inversión conservadora. No era un plazo fijo. Era una ruleta.

Y según la explicación oficial, Adorni habría puesto ahí prácticamente todo lo que tenía.

Más extraño todavía: los números tampoco terminan de cerrar. Si efectivamente hubiera invertido 200.000 dólares cuando Bitcoin cotizaba en torno a los 500 dólares y vendido cuando rondaba los 7.500, la rentabilidad habría sido muy superior a la que ahora declara. Los cálculos simples sugieren que el resultado debería haber sido varias veces más alto que los poco más de 500.000 dólares que intenta justificar. Ni siquiera el milagro parece estar bien contado.

Pero el problema principal no es financiero, sino político y judicial.

La Justicia ya ordenó nuevas medidas de prueba. Solicitó reconstruir el historial laboral y de ingresos de Adorni y de su esposa desde 2012. Requirió información a organismos públicos, pidió analizar la evolución patrimonial y ordenó determinar cuánto valían los bitcoins cuando fueron adquiridos y cuánto representarían hoy. Incluso solicitó recopilar todas las declaraciones públicas en las que el funcionario habló sobre criptomonedas.

Un detalle especialmente incómodo. Porque existe un registro de Adorni contando que conoció Bitcoin a partir de un estudiante que seguía obsesivamente la cotización durante una clase. Un relato que no parece el de alguien que estaba apostando cientos de miles de dólares propios al mercado cripto.

Pero hay más. Las declaraciones rectificativas revelan que el funcionario habría llegado al Gobierno con un patrimonio cercano a los 708.000 dólares y hoy declara alrededor de 638.000.

Es decir, según su propia reconstrucción, perdió patrimonio en dólares. La otra pregunta incómoda es por qué necesitó préstamos de familiares y jubilados si disponía de semejante colchón de liquidez.

¿Por qué endeudarse cuando supuestamente había medio millón de dólares guardados? ¿Por qué pedir dinero prestado si el efectivo estaba disponible? Son preguntas que siguen sin respuesta.

Mientras tanto, la discusión jurídica empieza a desplazarse hacia un terreno mucho más delicado.

La figura de omisión maliciosa castiga a funcionarios que ocultan bienes o consignan datos falsos en sus declaraciones juradas. Si la Justicia concluye que existió voluntad de ocultar patrimonio, las consecuencias podrían incluir penas de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. No es una cuestión administrativa. Es una cuestión penal, que incluso puede salpicar al presidente Javier Milei, quien insiste en sostenerlo a pesar del posible efecto contagio. ¿Por qué? ¿Qué sabe Adorni? ¿La estafa $Libra como telón de fondo?

Antes de las “rectificativas”; Adorni y su esposa decidieron adherir al Régimen Simplificado de Ganancias impulsado por el propio Gobierno dentro del esquema conocido como “Inocencia Fiscal”, que implica, básicamente, que nadie preguntará demasiado por el origen de los fondos declarados o invertidos. También se adhirieron Federico Sturzenegger, el eyectado por sus amistades narco, José Luis Espert, Andrés Vázquez, Juan Pazo y una larga lista de funcionarios, legisladores y dirigentes oficialistas. 

El Gobierno que prometió terminar con los privilegios terminó acogiéndose a las virtudes de un régimen que reduce controles patrimoniales. 

La coincidencia temporal es extraordinaria y obliga a una lectura más rigurosa: primero aparecen preguntas sobre patrimonios difíciles de explicar. Después una ley que flexibiliza explicaciones patrimoniales. Finalmente, los funcionarios adhiriéndose a esa ley. Todo perfectamente legal. Pero políticamente puede resultar devastador.

Si un funcionario necesita ingresar a un esquema especial para acomodar declaraciones juradas que ya presentó; si debe rehacer varios años de patrimonio de manera retroactiva; si aparecen cientos de miles de dólares que antes no estaban; si la Justicia debe reconstruir una década de ingresos para entender qué pasó, es casi una confesión…el problema ya no es contable. Es de credibilidad. 

Y la credibilidad es el activo más difícil de blanquear. Sobre todo cuando la explicación exige creer que alguien apostó toda su fortuna a Bitcoin cuando casi nadie confiaba en las cripto, ganó una fortuna, la guardó durante años en efectivo, olvidó declararla al asumir funciones públicas y recién la recordó cuando comenzaron las investigaciones.

Hay que reconocer algo. No cualquiera puede construir una historia así.  Ni siquiera Hollywood se animaría a tanto. Adorni mintió incluso ante el Congreso, cuando juró que no había nada oculto en su patrimonio.

El problema es que el Gobierno llegó prometiendo que la corrupción era un problema de la política tradicional y que los funcionarios libertarios venían a demostrar una superioridad moral. Por eso cada inconsistencia pesa el doble.

Cristina Fernández está condenada por presuntos delitos cometidos varios escalones más abajo en la cadena de mando. Pero la Justicia consideró que la ex presidenta no podía no saber. Si hay jurisprudencia, a Milei podría aplicársele. 

Hasta ahora la explicación consiste en pedirle a la sociedad un acto de fe. El problema es que los gobiernos pueden pedir sacrificios. Pueden pedir paciencia. Incluso pueden pedir confianza. Lo único que no pueden pedir es credulidad.

El tuiter de Adorni, el 26 de diciembre del año pasado, cobra ahora una dimensión distinta 

Ahora no sólo admitió ser evasor, sino que implícitamente reveló que mintió ante el Congreso cuando afirmó: “Respecto de todos los bienes que componen mi patrimonio no existió nunca ocultación alguna”, afirmó. Pues había ocultado bastante. 

“Voy a pagar hasta el último impuesto que me corresponda pagar, hasta la última multa, todos los intereses, todo lo que devenga de este error”, prometió como si fuera algo optativo. El jefe de Gabinete negó además ser un “chorro”.

La nueva estrategia tiene sentido, si se considera que es preferible una investigación por evasión que por enriquecimiento ilícito. Sin embargo, la Justicia deberá continuar su recorrido y analizar las denuncias por presunta corrupción, viajes al exterior y, contra su esposa, por supuestos contratos irregulares con el Estado. 

El escándalo Adorni está opacando incluso los “méritos” del Gobierno, como la baja del riesgo país y el dato de la inflación, que estuvo por debajo de las proyecciones del mercado, con un 2,1 por ciento que marca algo de alivio. 

Pero también logra distraer de otros datos más complejos. Desde que asumió Milei, en diciembre de 2023, cerraron 26.989 empresas. 

En el primer mes de vigencia de la reforma laboral se destruyeron 7.603 puestos registrados privados. En los últimos 10 meses se perdieron 112.034 empleos registrados en el sector privado. En el último año, la pérdida asciende a 109.906 puestos, y desde que asumió Milei, la destrucción alcanza los 216.643 puestos (-3,4%). 

La gestión, de hecho, está paralizada. No hay acciones, no hay señales hacia las provincias. La economía sólo da señales positivas en donde está concentrada la minería y el petróleo. 

La reacción depende de las provincias. Misiones piensa su desarrollo desde la política con las proyecciones que emanan de Encuentro Misionero, el espacio que conduce Carlos Rovira, quien se sacó a sí mismo de las apetencias electorales. Cada jueves, la “previa” se convierte en una usina de ideas donde se piensa la provincia con impronta misionerista. No es apenas un eslogan, sino un contraste directo con los otros espacios, que diseñan su política en oposición a o esperando coordenadas que lleguen de la Capital Federal: “Todavía no definimos nuestra postura sobre la construcción de represas en Misiones. Esas definiciones vendrán desde nuestro presidente”, confesó Adrián Núñez, el referente libertario, sobre una cuestión esencial para Misiones. Ninguno de los referentes libertarios ni sus aliados circunstanciales, se animó a hablar de Adorni y sus andanzas del Bitcoin.

Rovira, en cambio, no eludió el debate por la represa de Corpus, pero recordó que Misiones fue puliendo una matriz energética propia, que puede alimentar hoy un tercio de la demanda y que cualquier proyecto hidroeléctrico debe contar necesariamente con el aval de la sociedad y dejar mucho más que regalías.

Pensar el futuro desde la provincia ya es un dato político que no se replica en otras latitudes, donde prima un sálvese quien pueda en medio de la vastedad del ajuste. Ese posicionamiento abarca todas las aristas para diagramar la nueva etapa política del oficialismo, que busca una síntesis entre lo que se hizo y lo que hace falta. Rovira anunció la pronta puesta en marcha del sistema acusatorio en Misiones, un viejo anhelo que propone un servicio de justicia más ágil y eficiente. 

La eficiencia también está puesta entre las prioridades de la gestión. El gobernador Hugo Passalacqua anunció que habrá un recorte de entre tres o cuatro ministerios -pueden ser más-. Según averiguó Economis, se trata de la fusión de áreas espejo: Cambio Climático con Ecología, Agricultura Familiar en el Agro, Acción Cooperativa con Industria y Energía también dentro del área de Obras Públicas. Se pretende achicar la carga burocrática y ahorrar recursos en el Presupuesto 2027. 

Ese alineamiento describe el momento que atraviesan los principales hombres del Gobierno: la política pensando a futuro, con la incorporación de nuevas ideas y actores y la gestión que necesita hacerse liviana para atender las urgencias. Passalacqua sabe de gobernar en tiempos complejos. Le tocó administrar durante Cambiemos y ahora con el ajuste como una política de parte de la Nación. La unidad de objetivos de Encuentro Misionero, que ya tiene aval legal para participar en las elecciones, contrasta con la espera de mandatos desde Buenos Aires y la búsqueda de alianzas imposibles entre los espacios menores. 

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Misiones pierde una empresa cada 20 horas desde la llegada de Milei

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Los datos de empresas empleadoras registradas, cuya última actualización se conoció estos días y llegan hasta marzo de 2026, confirman lo que el día a día de las calles provinciales ya viene mostrando: Misiones perdió, en poco más de dos años, una porción significativa de su entramado productivo. El ajuste aplicado desde diciembre de 2023 golpeó con particular dureza a las economías regionales, y Misiones es un caso de libro: una provincia con una matriz productiva basada en pymes agroindustriales, comercio de cercanía y servicios, muy sensible al ciclo de actividad y al poder de compra local.

El cuadro general es alarmante: la provincia se vacía de empresas. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el stock de empresas empleadoras de Misiones cayó de 9.480 a 8.406, una pérdida de 1.074 firmas, equivalente a una contracción del 11,3%. Es decir, más de una de cada diez empresas que empleaban formalmente a trabajadores en la provincia dejó de existir en ese período. Para una economía de las características misioneras, esa cifra no es un detalle estadístico: implica miles de puestos de trabajo formales destruidos, cadenas de pago rotas y un deterioro estructural del entramado económico local. 

Si reducimos un poco la mirada al último año (marzo de 2026 contra marzo de 2025), el número de empresas cayó 6,6%, lo que representa la pérdida de 593 firmas

Este dato es relevante porque desmiente cualquier narrativa de “estabilización” sólida: Misiones, tal como ocurre en todo el país, sigue sufriendo un deterioro de todos los indicadores laborales y no se puede afirmar que tocó un piso.

De hecho, todos los meses hay uno nuevo. La recuperación que el gobierno nacional pregona para el nivel agregado de actividad no tiene correlato en el entramado productivo de las provincias, sobre todo las del norte, donde los motores del PIB no llegan (energía y minería, por ejemplo).

Cuando vemos los datos por sectores, se ve con claridad dónde están los golpes más duros. El Comercio, el sector más numeroso de la provincia, pasó de 3.211 a 2.776 empresas entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, una caída del 13,5% que refleja la desaparición de 435 empresas del sector, una consecuencia directa de la caída del consumo, la competencia de las compras de frontera con Paraguay favorecidas por la apreciación relativa del peso, y el cierre de comercios de cercanía que no pudieron sostener estructuras de costos con ventas en baja.

La Industria Manufacturera, columna vertebral del modelo de agregado de valor misionero (yerba, té, madera, tabaco, alimentos), cayó de 1.065 a 928 empresas (-12,9% con cierre de 137 firmas), afectada por la apertura importadora, costos que no cierran y falta de demanda interna

La Construcción, por su parte, es el sector con la caída acumulada más pronunciada en términos relativos: pasó de 419 a 332 empresas, una baja del -20,8%, afectada por la paralización de la obra pública nacional y la retracción de la inversión privada que, a su vez, tiene efectos de arrastre sobre toda la cadena de proveedores locales.

Otros sectores con fuerte deterioro acumulado en la era Milei son los Servicios Profesionales (-19,2%), Hoteles y Restaurantes (-18,7%) y Servicios Inmobiliarios (-18,3%), entre otras. 

Por el contrario, hay excepciones, como el Suministro de Agua y Enseñanza, que en conjunto aportaron apenas dos nuevas empresas durante la era Milei.

¿Qué nos muestran los datos si evaluamos la situación por tamaño de empresa? La pyme chica es la que desaparece. Este análisis es muy relevante porque ratifica el carácter regresivo del ajuste del gobierno libertario. Las empresas de hasta 5 empleados, que constituyen la base del empleo formal misionero (explican 7 de cada 10 empresas en la provincia) cayeron de 6.619 a 5.817 entre noviembre de 2023 y marzo 2026: una baja de 12,1% con 802 firmas que desaparecieron. Es decir, explican el 75% del total de empresas perdidas en Misiones.

El segmento de empresas de 6 a 10 empleados muestra la caída relativa más severa, llegando a -14,9% acumulado (-162 firmas), al tiempo que las empresas de 26 a 50 empleados también retroceden con fuerza (-12,4%). 

Si ponemos a Misiones en el contexto del NEA, vemos que esta situación no es un fenómeno aislado. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el total de empresas empleadoras del NEA cayó de 29.474 a 26.196, una pérdida de 3.278 firmas (-11,1%) y, en ese marco, Chaco (-11,7%) es la provincia con la mayor caída relativa de la región, seguida luego por Misiones y algo más atrás quedan Corrientes (-11,0%) y Formosa (-8,6%).

Los datos marcan una realidad que se vive y lee en el día a día: la política económica de Milei impactó de lleno sobre las economías regionales, y Misiones, con su estructura de pymes comerciales, agroindustriales y de servicios, y su condición de provincia de frontera, está entre las más afectadas del país. La pérdida de 1.074 empresas empleadoras en dos años y medio, concentrada en comercio, industria, construcción y servicios profesionales, y mayoritariamente entre las firmas más chicas (de hasta 10 empleados), refleja un deterioro estructural del tejido productivo provincial que no se explica por factores estacionales ni coyunturales, sino por el diseño mismo del programa económico nacional. 

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