La noche del viernes 8 de noviembre fue un momento único y especial para la gran familia del Hiper del Pollo. Vecinos, clientes, empleados y la familia en general se hizo presente en el “After Pollo: La Kermés”, el festejo de cumpleaños que organizó la empresa para compartir y celebrar sus 30 años, caracterizado por el crecimiento, el compromiso y la dedicación de quienes lideran este negocio.
La cita se dio a las 20 horas, cuando ya empezaron a llegar los invitados en las inmediaciones del primer local del Hiper, en Avenida Lavalle. Allí se interrumpió el tránsito y se realizó una intervención en la calle, con un patio de comidas, puestos de juegos, trucks de despacho de comidas y bebidas para disfrutar de una noche única.
El primer momento, luego del saludo inicial, estuvo a cargo del reconocido chef Martin Pace, quien brindó a todos los presentes un workshop, con tips y recomendaciones variadas para aprovechar el pollo.
A continuación, se invitó a todas las familias a recorrer el espacio y participar de los entretenimientos que estaban ubicados a un costado de la calle Queirel, condición indispensable para degustar de los seis menúes que se habían preparado para esta ocasión. Niños y grandes participaron activamente de los tres juegos interactivos que preparó el Hiper: la ruleta golosa, tiro al blanco y la tarotista que leía predicciones.
Ya llegando a las 23 horas fue el momento emotivo de la noche, cuando se soplaron las velitas de los 30 años. La familia completa del Hiper: Elina y Carlos (el matrimonio fundador), junto a sus tres hijos (María Luisa, Ricardo y María Emilia) fue la encargada de apagar las velas de la torta que luego se compartió con todos los presentes. Este momento fue acompañado con la proyección de un video institucional que se disfrutó junto a los invitados para dar a conocer los valores que desde sus inicios viene promoviendo la empresa.
Para el cierre de la noche se llevó a cabo el gran sorteo aniversario. En este sentido, se puso a disposición una gran urna, con los 120.000 cupones que los clientes llevaron a los dos locales del Hiper, tanto en Av. Lavalle como en calle Alvear. Un clima de intriga, tensión y mucha expectativa se vivió por parte de todas las familias presentes en la Kermés hasta que se dieron a conocer los ganadores. Todo el proceso del sorteo se realizó con la presencia del escribano Cristian Ariel López, quien se encargó de chequear que el procedimiento se realice según las Bases y Condiciones previstas.
Bajo la supervisión del escribano, se anunció que el ganador del tercer premio por una orden de compra de 10.000 pesos fue para Paola Elizabet Vázquez. En tanto, el segundo premio, un Smart TV 43 pulgadas, quedó en manos de Carolina Martínez y; por último, el gran premio de la noche -el auto cero kilómetro, modelo ONIX Joy- se lo llevó Liliana Krauchuka.
Para la familia del Hiper del Pollo, este festejo, con la compañía de vecinos, amigos, empleados y clientes, fue el cierre de una serie de acciones que desde principio de este año se fueron impulsando, en el marco de la celebración de los 30 años. 30 años alimentando momentos únicos. 30 años alimentando eso que hace bien.
Los ganadores de la noche
Primer Premio, el Auto 0km, ONIX Joy 5 puertas: Liliana Krauchuka
Segundo Premio, 1 TV Smart 43 pulgadas, marca Noblex: Carolina Martínez
Tercer Premio, 1 Orden de Compra de $10.000: Paola Elizabet Vázquez
Sergio cuenta que recibió el llamado apenas asomaba el sol. “Vení porque es impresionante la cantidad de gente esperando”, decía la voz del otro lado del teléfono. Un par de horas después, toda la provincia estaba enterada de la extensa fila que se había formado frente a su panadería, en el acceso a Garupá, para conseguir uno de los quince puestos de trabajo que ofrecía. En total, cuenta, fueron 1182 curriculums los recibidos en esa mañana que sorprendió a todos y que fue una postal de la extensa recesión que agobia a la Argentina desde hace casi dos años.
Hoy, sentado en el cómodo entrepiso de la cafetería del flamante local, Sergio Petri cuenta que a muchos de sus colegas les pareció “una locura” animarse a invertir en un momento tan crítico. Y admite, a veces pienso que “estoy un poco loco”. Pero en realidad, no hay locura, sino una forma muy racional de encarar el negocio. “Creo que si en momentos de crisis no salimos al ataque va a ser peor, creo que no fue solo mío el problema, entonces abrir algo me parece una manera de contribuir. No sé si es momento, si es la manera, pero tenemos que salir al ataque”, desarrolla el joven empresario de 38 años.
¿Es una filosofía esa?
Es una filosofía de negocios, estar siempre al frente, innovando productos, intentando dar un paso al frente, no especulando nada. Nosotros capacitamos a nuestro personal constantemente, probamos productos que por ahí no funcionan, pero estamos en la búsqueda. La semana pasada tres chicos viajaron a Buenos Aires -en avión-, a una capacitación, yo creo que eso es un motor, porque donde uno se queda, no funciona. Que es lo que vemos por ahí en negocios que no avanzan, se quedan esperando para invertir, se estancan, esperando que la situación mejore, y está verde que la situación mejore. Ojo salir al ataque no me da la seguridad de que funcione, pero al menos la posibilidad de probar, yo me la quiero dar.
¿Qué pensaste el día de la cola frente a la panadería?
No entendía nada, se me aceleró el corazón. Cuando llegué y vi a todas las personas, lo primero que hice fue pedir disculpas a todos. Llamé a mi esposa, a mi encargada, para que nos ayuden con los curriculums.
La flamante sucursal, en la intersección de las avenidas Quaranta y 213 de Posadas, es un enorme salón con un entrepiso destinado a la cafetería. Todo luce impecable y la mezcla de negro y grises le dan un tono moderno a las paredes y techos. Hay comida fresca, de la cocina propia, panes, exquisitas tortas, sandwiches y vinos de las mejores marcas en las vitrinas. Es un centro gastronómico, un concepto superior a la panadería tradicional. Todo bajo el lema “Il pane nostro di ogni giorno”, un homenaje a las raíces italianas del apellido Petri. Las jóvenes que están en el mostrador son varias de las que formaron parte de la extensa fila que asombró a Misiones. “Llegué a las 7 y ya había cola. Casi me fui”, confiesa una con una enorme sonrisa.
¿Cómo nace la panadería?
La historia en sí es larguísima, yo cuando arranco en panadería cuando tenía 16 años, en Buenos Aires. Yo soy de San Vicente, de una zona rural y cuando crecíamos teníamos que salir e irnos a donde sea a buscar algo. A mí me tocó ir a Buenos Aires, tenía un hermano que ya estaba allá trabajando en una panadería, yo me puse al lado de él, así fue como empezó la historia. Terminó yo haciendo pan después. No duró mucho mi pasar en Buenos Aires, porque era feo, estaba lejos de mi familia. Volví, fui a San Vicente, donde trabajé diez años con Ceferino Rodríguez en el sector de panadería. Con ellos aprendí muchísimo, desde cómo amasar, hasta cómo manejar el negocio. Después de diez años apareció una pareja amiga con ganas de invertir, me propusieron la posibilidad de hacer algo juntos, como propietario, lo charlamos y decidimos venir a Posadas y hace once años que estamos acá.
¿Cómo se transforma el emprendimiento en una de las principales panaderías de la ciudad?
Siempre le metimos para adelante, intentando con los productos, dando buena calidad, dando lo mejor, tratando de innovar, yo creo que el cliente hoy busca calidad, por sobre todo. Me pasa a mí, yo como muy poco asado, pero cuando como asado, quiero que sea el mejor. Yo creo que pasa igual con el pan, con la torta, con las especialidades. Intentamos siempre por ese lado, gracias a Dios eso nos tiene acá, no sé si bien o mal, pero nos tiene acá.
La panadería y la sociedad empezaron en el cruce de las avenidas Santa Catalina e Ituzaingó. Después de nueve años se mudaron a Garupá, aunque la sociedad se diluyó en buenos términos. En Garupá se realiza la producción de lo que se vende en todos los locales. En la nueva sede se termina el horneado de algunos productos, como las chipitas, que siempre salen frescas. En total, emplea a más de 45 personas. “La panadería requiere mucha mano de obra, para vender un kilo de pan, hay un gran proceso atrás, lo mismo las facturas, por eso se necesita mucha mano de obra. Más si uno lo quiere hacer bien. Se genera mucho trabajo, pero las ganancias, no son las mejores, porque hoy tener un empleado en blanco cuesta un montón. Siempre hablamos con mis colegas panaderos de lo mismo, sería interesante en algún momento bajar los costos laborales. Las cargas sociales, no los sueldos, yo creo que el trabajador tiene que ganar más, pero las cargas sociales son costosas”, analiza Sergio.
¿Te sumaste al “Ahora pan”?
Sí, nos ayudó bastante porque hoy nos dan beneficios, en este local no porque no lo presenté todavía, pero tenemos un descuento de la luz del 50%.
¿Cómo fue el desarrollo de este local tan moderno?
El equipo que me rodea es maravilloso, desde el panadero, el chico que barre, el carpintero, el electricista. Tengo una relación muy fluida con la gente que trabajo, ya sea de forma directa o indirecta. La idea inicial sí fue mía, pero después el que me hizo las sillas puso lo suyo, el que me puso la luz, es decir, vamos charlando, diseñando sobre la marcha, pero buscábamos algo innovador, salir de lo clásico, romper de lo tradicional.
¿Por qué elegiste acá, que no es el centro de la ciudad?
Creo que es un punto estratégico. Para mí, que esto es el centro, porque acá se distribuye a donde quiero, a Itaembé Guazú, a San Isidro. Donde quieras ir, tenes salida rápida a cualquier punto de la ciudad. Lo otro que nos motivó fue el estacionamiento, que para una panadería hoy parece una exageración, pero creo que a la larga va a faltar, pero es algo que vale oro, porque uno se quiere estacionar enfrente.
Sergio cuenta que cuando puede, se pega una escapada a San Vicente, donde todavía está su familia, orgullosa del presente. Sus padres lo acompañaron en la inauguración . “Tuve la suerte de irme de mi casa a los 16 años por la puerta grande, no tuve que pelearme con nadie y cada vez que vuelvo soy bien recibido”, relata. Y ese sentido de pertenencia familiar, lo transmite con su familia, con Ester y sus tres hijos. “Tengo una familia espectacular, me acompañan muchísimo en el trabajo, se bancan, porque a veces me pongo horas y horas a trabajar, ellos no me ponen trabas de ningún tipo. Siempre pongo a Dios en primer lugar, a mi familia, a mis compañeros de trabajo, porque no son solo empleados, sino son compañeros de trabajo, me pongo a hablar de ellos y se me eriza la piel”, se emociona.
Hay cerca de 200 mil piezas en inventario. Y cada una de ellas tiene un nombre distinto que el cliente suele rebautizar con desconocimiento. Pero en la familia, se saben los nombres y la ubicación de cada una. Es lógico. Son 45 años. Cuatro décadas y media cumplidas el 21 de octubre, en los que cada pieza fue cincelando un valor enorme para que Herrajes El Moro se convierta en una marca registrada en Misiones y toda la región.
Todo empezó casi por necesidad. En 1974 la familia construyó su hogar y para la herrería tuvieron que viajar a Corrientes, porque en Misiones no se encontraba calidad. Ella, Alicia Vedoya de Menises, tuvo la visión, él, Juan Manuel Menises, un visitador médico correntino y vendedor de alma, aportó el enfoque empresario. Hoy Juan Manuel, el hijo, lleva con la misma pasión las riendas de la empresa familiar.
El Moro fue bautizado así no por el origen étnico de la familia, sino por el apodo de Juan Manuel padre. “Buscamos un nombre para el negocio acorde a lo que queríamos emprender, finalmente luego de dar muchas vueltas, caímos en el apodo de Juan Manuel”, cuenta Alicia. “En esa época no fluía el marketing”, ríe su esposo.
“Iniciamos con una parte fina del herraje, que no estaba cubierta en Posadas, se hacían casas, pero se hacía con lo que se podía conseguir en una ferretería, o en una casa de materiales de construcción, porque no había otra cosa. Entonces el arquitecto se veía en el problema de cómo poner el broche de oro en el proyecto, o la casa que tenía. Y la seguridad y todo lo que trae acarreado, un proyecto, un edificio”, explica Alicia. Se repartieron los roles. Ella se enfocó en la parte estética y la variedad de los materiales y el esposo en la parte administrativa.
“Para hacer cerraduras, o la parte de tornillería, la parte estética la manejaba ella, por ejemplo, los tiradores de muebles, todas esas cosas. Las manijas, las bisagras que se podía llevar, en esa época estaba de moda el bronce”, recuerda Juan Manuel (p). Hoy la moda cambió, acota ella. “Se impuso el aluminio en todas sus formas, con todos sus acabados”.
“Nos gustaba el rubro. A mí personalmente, más por la parte estética, y lo que conlleva. El “Moro” fue el artífice de la parte económica, porque realmente en el 74 empezamos con todos los problemas que tiene el país hasta el día de hoy, la falta de materiales, la falta de precio, por falta de políticas económicas. Por todo lo que pasamos desde el 74 hasta hoy, es como para escribir una historia. Como decimos: “En este país todos somos economistas”, porque hay que hacer equilibrio entre la necesidad de la gente que compra y la gente que vende. Porque el problema que nos trae el proveedor es el problema que tenemos que trasladar en el mostrador a la gente”, argumenta Alicia, con el expertise de los años.
También se hicieron especialistas en las negociaciones con los proveedores. Especialmente en Buenos Aires, donde atiende “Dios”. “Todo lo que vendíamos siempre fue argentino, hasta que vino la invasión (en los 90). Ahí tuvimos que adaptarnos porque los mismos proveedores, muchos arrumbaron sus máquinas y comenzaron a importar. Y uno tiene que seguir, tiene que tener la mercadería, para solucionar los problemas que trae la gente al mostrador, tanto al profesional, como al particular”, detalla.
La pareja sostiene que la tenacidad, el conocimiento y el buen trato con el cliente, fueron elementos claves para la permanencia de Herrajes El Moro, ahora ya de la mano de su hijo Juan Manuel, ya que ambos están retirados. “Es un rubro que lleva las 24 horas del día. Porque se trabaja con más de 33 mil artículos, como cien proveedores, así que esto nos llevó la vida. Fue nuestra vida, nos gustó, lo hicimos con gusto, con cariño, eso fue lo que transmitimos, siempre cumplimos lo que prometimos en el mostrador. Por ejemplo, la condición para todo el personal era: “Si no saben, no inventen”. Otra condición es, “lo que entrego es lo que aconsejé, lo que me pidieron, no entrego una cosa que no prometí”, enumera Alicia.
La meticulosidad en el trabajo fue transmitida a Juan Manuel hijo. “Juan Manuel, es una persona que se sacaba el guardapolvo del colegio y se ponía atrás del mostrador. Yo le decía: “Si te gusta otro rubro, porque en la adolescencia, ser disk jockey, ser pibe tuerca, eran sus gustos, pero él nunca tuvo problema, se sacaba la ropa del boliche, se ponía la ropa del negocio y venía al lado nuestro. Siempre estuvo”, elogia su madre.
Juan Manuel está al frente, pero hubo otro rostro femenino, Alicia, su hermana fallecida, que, como su madre, aportó la mirada estética adquirida en una Licenciatura en Artes. “Fue una gran compañera y aportó mucho, fue muy importante para al negocio”, la recuerda su hermano.
“Ella tenía una carrera hecha, un estudio profesional que con los conocimientos que fue obteniendo, podía tomar cualquier actividad”, comparte su padre.
Las oficinas de Herrajes El Moro son sencillas. Se respira ambiente de trabajo en cada compartimiento. La oficina central está decorada con unos pocos cuadros, fotos familiares y un viejo aire acondicionado. La sencillez es también una marca registrada de la familia que estudia cada movimiento antes de avanzar. ¿Será ese el secreto para haberse podido reconstruir desde las cenizas?
En 1974, apenas cuatro años después de abrir las puertas, un devastador incendio iniciado en una ferretería vecina, dejó a la empresa prácticamente en las ruinas. Pero no hubo tiempo para lamentos. El living de la casa se convirtió en improvisado salón de ventas y el patio, con una carpa montada, lugar donde se recuperaron las piezas que pudieron ser salvadas del fuego.
“Fue como volver a empezar, porque nos quedamos sin la propiedad que alquilábamos, tuvimos que recurrir a nuestra casa. Tuvimos que remar, restaurar muchos productos, quedamos en pocas palabras en la calle, mi padre y mi madre fueron a Buenos Aires a hablar con todos los proveedores, a contarles la situación, buscar algún respaldo, gracias a muchos proveedores que confiaron en nosotros y vieron lo que nosotros hacíamos, cómo trabajábamos, la conducta que teníamos, nos habilitaron más cuentas corrientes, más posibilidades de trabajo, gracias a eso fuimos creciendo de a poquito”, cuenta Juan Manuel.
“Cuatro años llevábamos y habíamos logrado el objetivo de posicionarnos. Porque tanto carpinteros y herreros, que eran los clientes habituales, después toda la gente que venía a elegir las cosas para su casa, las terminaciones todas esas cosas, tuvimos buena repercusión con el rubro, porque es un rubro específico. Y ahí tenemos este regalo caído del cielo”, apunta Alicia.
¿Qué aprendieron de este episodio en particular?
Alicia: Aprendimos a trabajar más de lo que pensamos. porque tuvimos que empezar a remar, en una canoa, de nuevo, porque era rehacer el negocio.
Juan Manuel (p): Al día siguiente estábamos pensando qué hacer para resolver, sentados en el living de casa. Esto es como la bicicleta, una vez que empezás a andar tenés que seguir, si no, te caes. Entonces, ahí decidimos que el living de la casa iba a estar transformado en el local comercial. Pero empezamos a atender primero en el garaje de la casa, pusimos un mostrador, y lo que se fue recuperando.
El tiempo pasó y la empresa salió fortalecida. Hoy tiene dos sucursales, una céntrica y la casa central, sobre avenida Rademacher, que es un emblema del hierro, donde circulan constantemente clientes de todas las edades.
Entre las dos generaciones sobrevivieron a todas las crisis, desde la Tablita de Martínez de Hoz a las hiperinflaciones, el estallido de 2001 y la recesión con inflación actual. “Somos ministros de economía los tres. Aprendimos en todos estos años la carrera económica”, ríe la madre.
“Pasamos del correo, al fax, al correo electrónico. Entonces cuando pasamos al fax parecía que había cambiado el mundo. Y cuando pasamos al correo electrónico, era como que estábamos en una nave espacial. Pero para aguantar la economía de este país, nos costó muchísimo y tuvimos que desarrollar todo tipo de estrategias. Nos cuidamos muchísimo, cuidamos mucho los gastos, apostamos mucho a privarnos a nosotros mismos de un montón de cosas, y poner en el negocio para que el cliente pueda tener lo que viene a buscar. Eso era el secreto de poder seguir armando la cadena y seguir manteniendo la estructura, y sabiendo hacer compras a los proveedores, analizar las compras. Hoy es tan práctico todo, porque un sistema te soluciona la mitad del pensamiento, pero antes se usaba la cabeza. Vendimos tanto de esto, traigamos más porque esto, esto no traigamos más por lo otro. Viste que hoy un sistema te da todo solucionado. Ese cuidado de no hacer grandes inversiones, ir paso a paso, nos llevó a seguir y hoy tenemos la misma conducta, somos muy precavidos, no derrochamos la plata, invertimos en el negocio, cuidamos nuestra gente que trabaja con nosotros, estamos pendiente de ellos, cuidamos los clientes, estamos al pendiente de qué pasa, qué necesitará, si sale conforme”, cuenta Juan Manuel, el que hoy lleva las riendas de la firma que tiene 17 empleados -uno desde el minuto cero-, cada uno de ellos especializados en el rubro. “Es un negocio que demanda mucho tiempo de atención, porque la gente entra y está perdida, vos le tenés que informar y asesorar”.
Lo llaman el “productor vanguardista”, pero él no se hace cargo del apelativo y afirma seguir las enseñanzas de Walter Reichert y Néstor Munaretto. Eduardo de Coulon es productor yerbatero y junto a sus hermanos lleva adelante la empresa De Coulon SA en Santo Pipó. Es miembro de la Cooperativa Pipore y del grupo CREA Tierra Colorada.
Seguramente Eduardo sonreirá y puede que reniegue del mote de “productor vanguardista”, pero así le dicen por dos cosas: fue el primero en usar las tijeras electrónicas para poda, e incorporó (inventó) el guinche y la carga a granel. Estudiando e implementando un nuevo proceso de trabajo, recibió en el año 2012 el reconocimiento a la Orden del Mate de parte del Ministerio del Agro.
La innovación está en su ADN y por eso también charlamos con Eduardo sobre el futuro de la yerba mate, cual es el desafío de la producción madre. Pero eso más adelante. Antes, nos cuenta sobre poda, tijeras y guinches…
En los ‘90
Es ingeniero agrónomo, nació y estudió en Buenos Aires. Vino a Misiones luego de egresar de la universidad. Llegó con su esposa en 1990. Es que en esta tierra tiene sus raíces. Sus abuelos, inmigrantes suizos, fueron parte de la fundación de la colonia en Santo Pipó a principios del siglo pasado. También fueron los que iniciaron la característica marca yerbatera Piporé.
Hace dos años el Instituto Nacional de la Yerba Mate inició el programa de tijeras automáticas. Desde hace un poco más se promueve el uso de guinche y carritos. Son mejoras del sistema de trabajo en los yerbales, mediante herramientas. Es que desde hace más de cien años el sistema de trabajo es el mismo, salvo por unas pocas industrias que usan máquinas cosechadoras, el resto de la producción tiene por sistema la “tarefa” manual, en la que los tareferos cargan en sus espaldas las “ponchadas” de yerba.
Con ese escenario se encontró en los 90 Eduardo de Coulon cuando se inició en la producción de yerba.
“Recién recibido a los 24 años me instalé con mi señora, comenzamos a trabajar en la chacra de mis padres y obviamente, no sabía nada. Tratamos de aprender y pensando en formas de mejorar la cosecha, mi suegro me ayudó a traer una tijera electrónica de Francia. Comenzamos a probar y fue un cambio importante. Eso me impulsó a realizar otros cambios en el proceso de trabajo. Hubo resistencias, algo que durante cien años se hacía igual, costó cambiar, pero fue interesante. Ahí, comencé con este sistema semi mecanizado de poda con tijera electrónica. Luego, viendo todos los problemas que traía cargar la ponchada, comenzamos con el sistema de guinche. Se me ocurrió viendo el sistema de poleas (a Eduardo le gusta la navegación). El primero era manual. Después hicimos un motorcito, luego otro más grande, y fuimos mecanizando la carga”. Siempre acompañado por un excelente equipo de personas.
Para poner en contexto: En 1992 comenzó a usar la tijera automática y tres años después, el sistema de guinches. Herramientas que recién hace un par de años comenzaron a recomendarse en las chacras misioneras.
“A una persona capacitada le das la tijera electrónica y puede cortar (podar bien) tres mil kilos por día, sin cansancio. Esto cambia, jerarquiza el trabajo y aumenta la producción futura del yerbal”.
Eduardo pondera una y otra vez al Instituto Nacional de la Yerba Mate y al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. “Son muy importantes. En nuestra chacra seguimos los consejos de manejo del yerbal del INTA, de ‘rama madura o corte Munaretto”.
“En cuanto a procesos de trabajo tuve el invalorable aporte del antropólogo Enrique Martinez de la UNAM. Esas personas son la base del conocimiento. Sobre lo que ellos me enseñaron, metimos las herramientas y los cambios en los procesos. Es muy importante la interrelación con el INYM y el INTA”.
De Coulon fue entonces el primero en incorporar esas dos herramientas: tijeras automáticas y guinche para la carga. “Esta es la octava generación de tijera electrónica que utilizamos. Cuando comenzamos las baterías pesaban más de 3 kilos, hoy 800 gramos, y cortan ramas más gruesas y tiene un sistema de seguridad inteligente. Son herramientas que ayudan al trabajo como un tractor, como una computadora. Para cosechar se necesita algo más que dos fierros afilados y una ponchada. Hoy nadie usa un hacha para cortar un árbol, usan motosierras”.
Un futuro sustentable
Entonces, vale preguntar por donde pasa el futuro de la producción madre de Misiones. Eduardo responde:
“Hay un trabajo muy valioso que muchos no lo tienen en cuenta. Es el Plan Estratégico de la Yerba Mate. Lo trabajamos entre todos los sectores y lo terminamos hace cinco años. Ahí están todas las respuestas, pero hay que usarlo”.
“La agricultura en general tiene que ir hacia una intensificación sostenible. Y eso tiene que poder certificarse”.
El productor describe el significado de cada concepto que encierran esas palabras: “Intensificación en cada una de las variables que inciden en la producción, pero en equilibrio”.
“Debemos seguir aprendiendo a mejorar la técnica de manejo de suelo, potenciar y cuidar su microflora y fauna, gestionar las cubiertas verdes y malezas con menos agroquímicos, gestionar su nivel nutricional, su retención de agua, etc. Respecto a la planta de yerba, debemos poder conocer más su fenología. Pensar siempre mejoras de manejo, su necesidad nutricional,
El trabajo debe estar asistido mecánicamente, con alta productividad y condiciones óptimas de trabajo”.
“Falta que la cosecha se integre con la industria. Porque a esa hoja de yerba, tenemos que pensarla en cómo la trabajamos en la chacra y en la industria para cuidar la calidad y mejorar la productividad de ese proceso”, sentencia.
“Lo sostenible: claramente son tres patas. La económica, la ambiental y la social. Hay que medir las procesos que hacemos, qué impacto tienen, qué productos usamos, y la sociedad en general nos lo pide y vamos a tener que certificarlo. En cinco diez años tenemos que estar certificados”.
“Problemas de sanidad y plagas vamos a tener siempre, hay que ver cómo lo tratamos en equilibrio con el ambiente con un manejo integrado. La plantación tiene que estar hecha en curvas de nivel, los suelos no pueden estar desnudos, deben tener cobertura vegetal, buen nivel de nutrición. En el futuro habrá más productos de control biológico y parte de las plagas que tenemos se pueden combatir con ese sistema. Otra cuestión, es el trabajo: Las personas deben estar bien, tener alta productividad, sentir orgullo por lo que hacen en el yerbal”.
¿El mercado de la yerba puede seguir creciendo fuera de la Argentina?
-“Que se exporten 40 millones de kilos, no es poco y espero que siga creciendo. El mate es un bebida que se hace con un árbol de la selva tropical al lado de las Cataratas del Iguazú y eso gusta. El pedido de productos certificados sustentables en el mundo es cada vez mayor, pero acá también irá creciendo y no estamos avanzando como sector todavía.
“En algún momento el consumidor a través de leyes, cadenas comerciales o no se de qué forma va a exigir certificación de sustentabilidad y tenemos que estar preparados. De lo contrario se nos van a imponer cosas que no estamos de acuerdo y las decisiones son difíciles de revertir”.
Un nuevo reconocimiento llegó para Comida por un Dólar, el emprendimiento de Misiones que produce alimentos con materia prima regional, reduciendo el desperdicio y fortaleciendo la cadena de valor de productores locales, y que es liderado por Matías Sebely y Victor Scholles, de la ciudad de Leandro N. Alem.
Ambos emprendedores viajaron al predio central de la Universidad Siglo 21 en Córdoba, para participar de la “3ra edición de la Feria 21”, que tiene por objetivo acercar el mundo productivo y social a la academia, reuniendo en un mismo lugar a impulsores de proyectos, empresas, gobiernos, con estudiantes y profesionales. Uno de los stands fue de los representantes misioneros, que mostraron sus productos y modalidad de trabajo al público en general, y a lo largo de la jornada se aceraron jurados de la organización que evaluaron a los más de 36 proyectos participantes.
“Fuimos elegidos como Emprendimiento 2019 en Argentina, por reunir los requisitos que la organización promueve: tener una problemática definida por resolver y un emprendimiento sólido que trabaja de forma clara por ese objetivo. Nosotros trabajamos con la urgencia del hambre, una tragedia que sucede todos los días y que requiere de la articulación de empresas, gobiernos y la sociedad civil. Nos da confianza este premio para seguir en este camino” comentó Sebely.
El premio consiste en un aporte económico de $50.000 y una beca de estudios para Matías y Víctor que fueron elegidos por un jurado integrado por instituciones como el Banco Santander, Arcor, Coca Cola, Renault, el Ministro de Ciencia y Tecnología del Gobierno de Córdoba, representantes del Gobierno de Holanda entre otros.
“Aprovechar los alimentos que se producen en cada región del país es fundamental, porque potencia la cadena de valor de productores, empresas locales y trabajadores. Nuestra fábrica en Alem promueve este modelo de negocio, y tiene la posibilidad de replicarse en cualquier lugar del país, y del mundo. Queremos seguir creciendo para que eso suceda” fueron algunas de las palabras de Scholles al momento de la entrega de premios.
SOBRE COMIDA POR UN DÓLAR
Son comidas preparadas y listas, como guisos de lentejas, salteados de verduras, locros, cazuelas, que luego de cocinarse de manera cotidiana se liofilizan para deshidratar el alimento, conservando absolutamente todos los nutrientes de los insumos. Así se reduce el peso y le da una durabilidad de muchísimos años. Con sólo rociarlo de agua, el alimento se vuelve a hidratar y en tres minutos se puede consumir. Esto brinda una solución nutritiva con una enorme sencillez de traslado y preparación.
El proyecto social Comida por un Dólar llega a través de gobiernos y organizaciones sociales comunidades con déficit alimentario. Y en paralelo funciona la marca Mi Menú, que se comercializa en comercios, supermercados, venta online, etc. y también financia el proyecto social.