El gobernador Oscar Herrera Ahuad firmó con el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación, Jorge Ferraresi, un convenio por el cual se construirán 117 viviendas en el departamento San Ignacio. Además, acordaron finalizar otras 1664 y generar infraestructura para 1.363 lotes con servicios. La inversión nacional para todas estas obras superará los $8.700 millones.
Según el convenio, las 117 nuevas unidades habitacionales se edificarán mediante el Programa Federal Casa Propia en el departamento San Ignacio, y para ello el Gobierno Nacional desembolsará más de $777 millones. Cabe destacar que por este mismo programa ya se encuentran en ejecución otros 1449 hogares en diversos puntos de la provincia, con un financiamiento por parte del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat mayor a los $9.033 millones.
Asimismo, Ferraresi y Herrera Ahuad acordaron llevar adelante las obras necesarias para finalizar 1.664 viviendas a través del programa Reconstruir, cuyo objetivo es reactivar obras que habían quedado paralizadas durante la gestión de Mauricio Macri a lo largo de todo el país. $6.000 millones serán destinados a esta iniciativa.
Además, se invertirán $2 mil millones con el objetivo de generar infraestructura para 1.363 lotes con servicios donde se construirán casas. De esta forma, el Estado Nacional sigue trabajando fuertemente para que más familias puedan cumplir el sueño de tener su casa propia, ya que Misiones recibirá un total de $17.800 millones, que repercutirán en más de 4.500 hogares.
“Agradecemos profundamente al ministro Ferraresi su compromiso con Misiones, el impulso que le da a la política habitacional en nuestro territorio, que además de garantizar vivienda y un hábitat adecuado, genera puestos de trabajo”, declaró Herrera Ahuad tras el encuentro, que se dio en dependencias del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat, y contó además con la presencia del ministro coordinador de Gabinete misionero, Ricardo Wellbach.
Ferraresi, por su parte, resaltó: “Seguimos trabajando fuertemente con los gobiernos provinciales para generar condiciones de crecimiento y desarrollo que garanticen que la vivienda sea un derecho y que nos permitan lograr el arraigo, las condiciones para que cada argentino pueda desarrollarse en el lugar donde nace sin necesidad de migrar”.
Se agrava la situación del sector productivo en Misiones por falta de gasoil. El Intendente de la localidad de Andresito, Bruno Beck, expresó que la situación es acuciante.
Explicó que “hace tres meses que no hay gasoil, y las tareas en el sector productivo se agravan cada día más. Sobre todo para la cosecha de yerba, que está en pleno desarrollo”.
En diálogo con radio Open 101.7 dijo que hay mucho malestar por parte de los camioneros que no llegan a completar la carga.
“Estamos con un problema, con un atraso en la entrega de combustible que es terrible, esto genera mucha angustia en los productores. En el caso de la municipalidad también, porque se trabaja dos días y tres no por falta de combustible las estaciones de servicio, que hacen lo posible para redistribuir lo mejor posible. Lo poco que viene se distribuye y no alcanza; esto genera bronca entre los productores, secaderos y los transportistas” sostuvo .
La falta de gasoil en Misiones es un problema que se viene agudizando con el correr de los meses. Según contó a Economis el intendente de Andresito, los camiones llegan ahí tres veces por semana, con mayor cantidad de naftas y poco diésel.
“Estamos con la época de mayor cosecha de yerba; y en estos momentos por día se esta cosechando 1.200.000 kilos, de hoja verde, lo que significa alrededor de tres mil tareferos, haciendo su trabajo, mas lo que significa el traslado. La problemática es la espera que tienen que hacer los transportistas para cargar, en las estaciones de servicio, para acceder a un poco, al no poder cargar por completo se complica, esto genera bronca en todos los sectores”, exhortó.
Por otra parte indicó que las estaciones de servicio que están sobre la ruta en el caso de Andresito, está repleta de camiones varados. Esto conlleva un peligro además, para los que circulan por ese lugar.
Según explicó el jefe comunal, “desde las estaciones de servicio habría intención de cumplir con la demanda, pero a ellos no les están cumpliendo los cupos. A Andresito no está llegando el cupo que tienen asignadas las cuatro estaciones de servicio con que contamos, tenemos una YPF, una Shell más dos de bandera blanca, estas últimas traen de a poco y mucho más caro”.
Sobre la zafra yerbatera recordó que junio y julio son los meses donde se dan los picos de cosecha, pero recordó que hace tres meses que se da este faltante de combustibles y eso complica el proceso de cosecha.
También indicó que el faltante de gasoil “también complica el trabajo para el municipio de Andresito, tenemos que arreglar los caminos que están en pésimas condiciones por el exceso de lluvia, hay muchas vertientes que aparecieron en distintos caminos; y esto es complicado cuando uno no tiene el combustible necesario. Necesitamos mover las maquinas y no contamos con el combustible necesario para hacer las reparaciones que se necesitan”, dijo.
Comentó que los servicios públicos se continúan brindando desde la comuna gracias a que “las estaciones de servicio nos ayudan a andar los camiones recolectores de residuos”.
Beck remarcó que “la bronca de la gente es la espera. Días enteros esperando para que llegue el combustible. Los tractores y camiones parados, todo es un problema”. En tanto aseguró, que los reclamos se harán de manera institucional, mediante el gobernador de Misiones, los cuáles ya se presentaron para pedir la ampliación de los cupos para la provincia. Hasta ahora no hay respuestas.
Beck señaló que el contrabando que se está dando en distintos puntos del país con los países vecinos, también complica el panorama. La misma sociedad se resiente, y todo se matiza aún más, los ánimos se caldean. “Nos merecemos una localidad y una provincia pacífica” sostuvo.
Por otra parte el Diputado Provincial y productor yerbatero, Julio Petterson catalogó a la situación como “urgente”, manifestando que “no se puede esperar más”. Añadió que Nación debe solucionar este problema urgentemente, sino, “no solo peligra, la cosecha de yerba, sino a otros sectores productivos y sectores de la sociedad en sí”.
“Una vez más parece que Nación nos va a dar la espalda; ya nos dio la espalda con la zona aduanera, con el precio de la hoja verde, que fue muy por debajo de lo que nosotros pedíamos. Cada día es peor la necesidad que tenemos. Hoy sale más barato comprar nafta que gasoil”, dijo Petterson.
Expresó además que “cuando somos el mayor productor de yerba del país. La yerba hay que sacarla en el momento. La gente es muy solidaria y uno va solucionando pero no es la solución. En Bernardo de Irigoyen y San Antonio también están sin nafta. La gente quiere trabajar y no los dejan”.
Escriben Gerardo Alonso Schwarz y Juan Cuevas, Fundación Mediterránea. La superficie plantada de Yerba Mate, según información del Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM) publicada recientemente, asciende a 209.277 hectáreas lo que implica un incremento de un 18% respecto al 2020. En los primeros cuatro meses del corriente año cayó el ingreso de hoja verde a los secaderos en la zona productora un 53% pasando de 270.282 a 128.200 toneladas debido a la fuerte sequía vivida en la región principalmente en los últimos meses del 2021 y primeros del 2022 lo cual, las limitaciones a las plantaciones impuestas por el INYM a partir de este año, tendrá efectos muy claros en el mediano plazo. En dicho período la yerba mate elaborada (molida y envasada) cayó 2 por ciento pasando de 92.438 a 90.815 toneladas, mientras que las exportaciones registraron un crecimiento del 1% en volúmenes y de un 3% en montos. En este marco, y a veinte años de la creación del INYM, continúan vigentes las conclusiones del informe anteriormente mencionado de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia: “las crisis del sector yerbatero no están originadas en problemas de competencia, sino en la regulación sectorial y en otras características específicas del sector como la informalidad, las fluctuaciones de la demanda externa, el estancamiento de la demanda interna y las consecuentes dificultades para colocar una producción creciente. Las soluciones, por lo tanto, deben apuntar a promover el crecimiento de la demanda del producto, ya sea interna o externa y a facilitar a los productores primarios la diversificación de sus cultivos.”
Dentro de la zona productora, hay distintas zonas agroeconómicas las cuales son determinadas entre otras cosas por la cultura del lugar. En Misiones está dividida en cinco zonas mientras que la provincia de Corrientes está representada por la zona noreste de esta provincia. La zona Centro de Misiones, es aquella que posee la mayor superficie plantada con esta infusión que en el 2010 tenía 56.800 hectáreas y en el 2015 cayó un 14%. A partir de ese momento y hasta el 2020 recuperó algo de lo perdido y atenuó la caída a un 9% respecto a la superficie del 2010.
La zona Sur, Oeste y Noroeste de Misiones siguieron la misma tendencia que la zona Centro, o sea que entre el 2010 y el 2015 cayó el área sembrada para luego recuperar parte de la caída hasta el 2020.
Particularmente la Zona Sur empezó el 2010 con 35.350 hectáreas y terminó el 2020 en 27.579 hectáreas (mostrando una caída de del 22%), la zona Oeste cayó un 20%, (con 32.520 hectáreas en el año 2010 y 25.948 hectáreas en el 2020) y la zona Noroeste tuvo una caída del 30% (en el 2010 tuvo 22.080 hectáreas y 15.495 hectáreas en el 2020).
Distinta es la situación en la zona Noreste de Misiones donde el área plantada creció un 15% (pasando de 29.550 a 33.918 hectáreas) y en la zona Corrientes también creció 23% (pasando de 18.700 a 23.085 hectáreas). Suponemos que estos incrementos obedecen a que son zonas nuevas para esta infusión sumado al conocimiento que se generó en los últimos años que permitió mejoras en este cultivo. Los cambios registrados en 2015 pueden explicarse por un distinto tipo de relevamiento ya que, ese año además de declaraciones juradas, se realizó un relevamiento fotográfico de toda la zona productora. A su vez, cabe mencionarse que, este año el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM) publicó para el corriente año que la superficie de este cultivo en la zona productora asciende a 209.277 hectáreas lo que implica un incremento de un 18% respecto al 2020 (177.530 hectáreas).
En Misiones el área sembrada es de 181.890 hectáreas lo que representa un incremento del 18% en los últimos dos años (totalizando 154.445 hectáreas), mientras que en Corrientes el incremento es de 19%, (alcanzando las 27.387 hectáreas).
Los incrementos en esta variable durante los dos últimos años obedecerían principalmente al alto precio de la materia prima vigente los últimos años y, en muy menor medida, a la entrada en vigencia a partir de 2022 de la resolución 170/21 del INYM, la cual establece que cada productor inscripto en el Registro de Operadores del Sector Yerbatero podrá plantar por año hasta cinco hectáreas de nuevas plantaciones de yerba mate, lo cual hizo que antes de que entre en vigencia dicha resolución más de un productor declaró sus hectáreas con yerba mate en etapa de maduración o incluso se decidieron nuevas plantaciones
Producción de hoja verde A diferencia de cultivos anuales, la yerba mate es un cultivo perenne. Esto quiere decir, al menos hasta que dure su vida útil, que se planta una sola vez y luego se realizan tareas culturales para su buen desempeño.
En la época del año de esplendor de la planta, se realiza la cosecha. En base a datos de las declaraciones juradas presentadas ante el INYM, la producción de hoja verde en todas las regiones de la zona productora creció entre el 2010 al 2017 y durante este año disminuyó la producción de esta infusión producto de una abundancia de precipitaciones en los meses de cosecha. A su vez desde 2017 hasta el 2021 la producción continuó con su ritmo de crecimiento.
Particularmente crecieron la zona Centro su producción de hoja verde 40% pasando de 231.934 a 324.292 toneladas, la zona Noreste 59% pasando de 133.910 a 212.497 toneladas, la zona Oeste 10% pasando de 75.241 a 82.948 toneladas, zona Sur 37% pasando de 80.129 a 110.005 toneladas y la Zona Corrientes 0,4% pasando de 108.714 a 109.134 toneladas mientras que la zona Noroeste cayó 21% pasando de 54.836 a 43.220 toneladas.
En los primeros cuatro meses del corriente año respecto a igual período del año pasado cayó el ingreso de hoja verde a los secaderos en la zona productora un 53% pasando de 270.282 a 128.200 toneladas debido a la fuerte sequía vivida en la región principalmente en los últimos meses del 2021 y primeros del 2022.
Rendimientos por hectáreas y por zonas productivas Se observa que los menores rendimientos son los de la zona Noroeste, Oeste y Sur lo cual obedece a que son zonas en donde se realizaron las primeras plantaciones de yerba mate y en muchos casos no hubo reposición de plantas nuevas por plantas que cumplieron su ciclo. En el otro extremo, se ubican las zonas de Corrientes, Noreste y Centro que por un lado hay plantaciones nuevas (principalmente la zona Noreste de Misiones) sumado a la mayor densidad de plantaciones que hay en estas zonas entre otras cosas.
En general todas las zonas productivas tuvieron un crecimiento hasta el 2016 inclusive, en donde se destaca zona Centro 45%, zona Noroeste 37%, zona Noreste 32%, zona Oeste 43%, zona Sur 76%, mientras que en la zona Corrientes cayó un 9%.
En el 2017 producto de una abundancia de precipitaciones en los meses de cosecha hizo que cayera el rendimiento toneladas por hectáreas 16% en promedio de las seis zonas. A partir de ahí hasta el 2020, hubo una recuperación de esta variable en zona Centro (26%), zona Noreste (14%), zona Oeste (3%) y zona de Corrientes (4%) mientras que cayó en zona Noroeste (4%) y zona Sur (1%).
Yerba mate destinada al mercado interno Teniendo en cuenta que en la actualidad se carece de un indicador de venta de paquetes de yerba mate, consideramos oportuno analizar el comportamiento del indicador yerba mate elaborada salida de molino que es una aproximación a la venta de este producto en góndola. La yerba mate a salida de molino creció el 13% entre el 2010 al 2021. En los primeros cuatro meses del corriente año respecto a igual período del año pasado la yerba mate elaborada cayó 2 por ciento pasando de 92.438 a 90.815 toneladas.
Al buscar explicaciones de este incremento, tenemos el consumo aparente que es la yerba mate elaborada salida de molino para consumo interno por año dividido la población total a nivel nacional proyectada por el INDEC para los distintos años. Estos cálculos nos muestran que el consumo aparente de esta infusión en el 2010 fue de 6,15 kilos per cápita por año, el cual tuvo una caída hasta el 2016 del 6% (con 5,78 kilos per cápita por año) y de ahí hasta el 2021 creció 7% ubicándose en 6,17 kilos per cápita por año. El otro dato a destacar que en la población proyectada por el INDEC creció un 12% en el período 2010 al 2021 y si comparamos respecto a la población del 2001 el crecimiento de la población fue de 26%.
Al mundo
Otra variable relevante del sector son las ventas al mercado externo en toneladas en donde se aprecia que desde el 2010 hasta el 2017, esta variable disminuyó un 29%, mientras que desde esa fecha hasta el 2020 creció un 50% con un volumen de 41.783 toneladas de yerba mate elaborada. Esta variable en el 2021 respecto al 2020 cayó un 22% producto de varias razones aunque entre ellas se destacan las dificultades logísticas, como ser la escasez de contenedores.
En los primeros cuatro meses del corriente año respecto a igual período del año pasado esta variable creció uno por ciento pasando de 9.268 a 9350 toneladas.
Dentro de las exportaciones además de analizar esta variable en toneladas es relevante analizar la misma pero en valor, en donde se aprecia que creció un 154% desde el 2010 hasta el 2015 pasando de 42,9 millones de dólares a 109 millones de dólares y desde el 2015 al 2021 disminuyó un 35% pasando de 109 a 70,7 millones de dólares. Aún así las exportaciones de yerba mate crecieron en valor un 65% mientras que en volumen disminuyeron un 16%. Las variaciones en precios promedios y montos totales de las exportaciones se explican por la distinta relevancia de las exportaciones de yerba mate canchada, molida a granel o envasada además de otros aspectos relacionados a la gestión comercial. Dentro de este marco, se observa que en los primeros cuatro meses del corriente año respecto a igual período del año anterior las exportaciones en valores crecieron un tres por ciento pasando de 20,3 a 20,9 millones de dólares.
Desafíos
Diez años después del proceso de desregulación de mercados internos establecido a través del decreto nacional 2284 de 1991, y luego de las fuertes manifestaciones sectoriales de 2001 y 2002, se crea en febrero de 2002 por medio de la ley nº 25.564 el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Los objetivos del mismo, establecidos en dicha ley son: “promover, fomentar y fortalecer el desarrollo de la producción, elaboración, industrialización, comercialización y consumo de la yerba mate y derivados en sus diferentes modalidades de consumo y usos, procurando la sustentabilidad de los distintos sectores involucrados en la actividad. Los programas que desarrollará el instituto deben contribuir a facilitar las acciones tendientes a mejorar la competitividad del sector productivo e industrial”.
En este marco, adicionalmente la ley 25.564 establece que los precios de la materia prima deben acordarse semestralmente por unanimidad en el directorio del INYM y, en caso de llegar a un acuerdo, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación deberá laudar para tomar esta decisión. No obstante, desde el 2002 hasta la fecha en el 63% de las oportunidades no se ha podido lograr la unanimidad en el seno del INYM debido a desacuerdos entre los distintos sectores representados (el directorio tiene representantes de los gobiernos de Misiones y Corrientes, gobierno nacional, obreros rurales, producción primaria, secaderos, industria, cooperativas, todos los cuales claramente tiene intereses divergentes en materia de precio de la materia prima) por lo que las decisiones de precio fueron tomadas mayormente por el gobierno nacional (25 laudos de un total de 40 oportunidades que se ha decidido el precio). En este punto a su vez, cabe mencionarse las ocasiones en las que fue posible llegar a un acuerdo por unanimidad, fueron en épocas en las cuales existía una suboferta de materia prima además de muy buena comunicación y diálogo entre sectores.
Esto implica claramente que el proceso de toma de decisiones dentro del INYM impide el cumplimiento de las funciones asignadas por la ley de creación del instituto. Pero incluso cuando ha podido fijar precios mínimos, resulta relevante destacar las conclusiones del análisis realizado por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia donde se señala los efectos de dicha regulación: “un mecanismo de fijación de precios sobre un producto que tiene características de commodity como la yerba mate corre el riesgo de generar distorsiones en el mercado al fijar precios demasiado altos y enviar señales equivocadas, especialmente a los productores de la etapa primaria”.
A su vez, también es importarte destacar que el resto de las decisiones y resoluciones que dicta el INYM son tomadas por simple mayoría, incluyendo decisiones que afectan a todos los eslabones del sector a corto y largo plazo. Un ejemplo de esto lo constituyen las regulaciones sobre procesos productivos (como el secado) que incrementan costos y desincentivan la innovación en el sector, generan costos importantes de los controles y auditorias consecuentes además de tener la particularidad de que son solamente vigentes para las empresas nacionales (no para la yerba mate importada, donde sólo se controlan parámetros de calidad del producto final, no de los procesos utilizados) en el marco de programas nacionales de precios cuidados o sugeridos a la industria. En este punto claramente la fijación de criterios o requisítos mínimos de calidad de producto, en vez de regular procesos, se plantean como opciones mucho más adecuadas y económicamente eficientes por las razones antes mencionadas. Otro ejemplo de ello de decisiones tomadas por mayoría simple es la Resolución 170/2021, vigente desde el inicio de 2022, que fijó un límite a las nuevas plantaciones al establecer que el productor puede incorporar hasta un máximo de 5 hectáreas del cultivo cada temporada (lo cual además genera barreras de entrada dificultando el ingreso de nuevos productores). En este marco, la sequía registrada en Misiones y Corrientes durante fines de 2021 y principios de 2022 ha afectado fuertemente las plantaciones más jóvenes (en especial en el sur Misiones y norte de Corrientes).
Datos oficiales del INYM muestran en los primeros cuatro meses de este año una caída de la producción total de hoja verde del orden del 53% con respecto a igual período del año pasado. Esto implica que, aún cuando las últimas lluvias en la zona productora incrementen la productividad en los pròximos meses y se pudiese extender la cosecha un par de meses más allá de lo habitual, es dificil pensar en escenarios donde la caída de la producción durante 2022 sea menor al 15% o 20% con respecto al año pasado lo cual impactarà en los costos y, consecuentemente, en el precio en góndola.
Por ello, además del impacto asimétrico de la limitación de la plantación en productores de distinta escala, esta medida plantea serias dudas con respecto a las perspectivas del sector a mediano plazo. En el sector se identifican 56 normas aplicables y que regulan la actividad en particular (de las cuales 40 son resoluciones del INYM emanadas desde su creación en 2002, además de aquellas nacionales referidas a normas Fitosanitarias, Código Alimentario Nacional, del INASE y de la AFIP, entre otras). Dentro de este marco, sólo la normativa emanada desde el INYM tiene actualmente un costo aproximado de 527,5 millones de pesos anuales relacionado al estampillado obligatorio (tasa de inspección y fiscalización establecida por la ley 25.564) para todo el mercado yerbatero a lo que debería añadirse aproximadamente un 10% adicional asociado a los costos internos de las empresas asociados a cumplimentar todas las Declaraciones Juradas y Registros asociados a las normativas del INYM.
El fin último del estampillado es financiar las funciones del INYM, entre ellas claramente destacándose en su ley de creación “promover, fomentar y fortalecer el desarrollo de la producción, elaboración, industrialización, comercialización y consumo de la yerba mate y derivados (…).Los programas que desarrollará el instituto deben contribuir a (…) mejorar la competitividad del sector productivo e industrial”.
La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) extendió el plazo para efectuar las presentaciones de las declaraciones juradas y, de corresponder, realizar el ingreso de los saldos del impuesto sobre los Bienes Personales para empresas y sociedades, en carácter de responsables sustitutos de personas humanas.
La prórroga dispuesta en la resolución general 5203/2022, publicada hoy en el Boletín Oficial, traslada las fechas de presentación de las declaraciones juradas y el pago de las obligaciones para fines de junio para coincidir con el nuevo plazo dispuesto hace dos semanas para el vencimiento del impuesto para las personas humanas, informó hoy el organismo tributario.
La postergación del plazo otorgará más tiempo para que las sociedades declaren y paguen Bienes Personales por participaciones societarias y acciones del período fiscal 2021.
Las nuevas fechas límite para la presentación de las declaraciones juradas y el pago del impuesto son los siguientes: en los CUIT terminados en 0, 1, 2 y 3 se podrán presentar hasta el 23 de junio; en los DNI finalizados en 4, 5 y 6, el 24; y los concluidos en 7, 8 y 9, el 27.
Para realizar el trámite, la AFIP habilitó el nuevo aplicativo “Bienes Personales – Acciones y Participaciones Societarias- Versión 5.0” disponible en su web.
Por Selam Gebrekidan, Matt Apuzzo, Catherine Porter y Constant Méheut, New York Times. En el sopor vespertino de una tarde de diciembre, ocho infantes de la Marina estadounidense ingresaron a la sede del banco nacional de Haití y salieron con 500.000 dólares en oro, empacados en cajas de madera.
Llevaron el botín en un remolque hasta la orilla y pasaron frente a los soldados estadounidenses vestidos de civil que vigilaban a lo largo de la ruta. Una vez en el agua, cargaron las cajas y se dirigieron a toda velocidad a una lancha de guerra que los esperaba.
En pocos días, el oro estaba en la caja fuerte de un banco de Wall Street.
La operación ocurrió en 1914 y fue precursora de la invasión a gran escala de Haití. Las fuerzas estadounidenses tomaron el país el verano siguiente y lo gobernaron con fuerza bruta durante 19 años, una de las ocupaciones militares más largas de la historia de Estados Unidos. Incluso después de que los soldados se marcharan en 1934, Haití siguió bajo el control de las autoridades financieras estadounidenses que movieron los hilos del país durante otros 13 años.
Estados Unidos declaró que la invasión de Haití era necesaria. Según su justificación, el país era tan pobre e inestable que, si Estados Unidos no se hacía cargo, lo haría otra potencia, nada menos que en el patio trasero de Estados Unidos. El secretario de Estado, Robert Lansing, también describió la ocupación como una misión civilizadora para acabar con la “anarquía, el salvajismo y la opresión” en Haití, convencido de que, como escribió una vez, “la raza africana carece de toda capacidad de organización política”.
El ejército estadounidense en Haití en 1920Credit…Times Wide World Photos
Pero décadas de correspondencia diplomática, informes financieros y registros de archivo revisados por The New York Times muestran que, más allá de las explicaciones públicas, había otro actor que también presionaba con fuerza a Estados Unidos para que interviniera y tomara el control de Haití por la riqueza que prometía: Wall Street y, en particular, el banco que luego se convirtió en Citigroup.
Bajo la fuerte presión del National City Bank, predecesor del Citigroup, los estadounidenses hicieron a un lado a los franceses y se convirtieron en la potencia dominante en Haití durante las siguientes décadas. Estados Unidos disolvió el parlamento de Haití a la fuerza, mató a miles de personas, controló sus finanzas durante más de 30 años, envió una gran parte de sus ganancias a banqueros de Nueva York y dejó a un país tan pobre que los agricultores que ayudaron a generar los beneficios a menudo vivían con una dieta “cercana al nivel de inanición”, según determinaron funcionarios de las Naciones Unidas en 1949, poco después de que los estadounidenses soltaran las riendas.
“Yo ayudé a que Haití y Cuba fueran un lugar decente para que los chicos del National City Bank recolectaran ganancias”, escribió en 1935 el mayor general Smedley Butler, líder de la fuerza estadounidense en Haití, describiéndose a sí mismo como un “extorsionista para el capitalismo”.
El banco que luego se convirtió en Citigroup presionó para que Estados Unidos ocupara Haití.Credit… Hiroko Masuike/The New York Times.
Durante más de un siglo, Haití ha sido calificado como un desastre, un caso perdido, un lugar tan desamparado, endeudado, carente y sin ley que necesita ser salvado todo el tiempo. El asesinato del presidente en su habitación, los secuestros en la capital, las oleadas de inmigrantes haitianos que se dirigen a Estados Unidos, todo apunta a un país en un vórtice de desesperación interminable que las grandes potencias del mundo, ya sea con tropas o con toneladas de ayuda, no han conseguido arreglar.
Sin embargo, los documentos y registros financieros que recabó este diario en Haití, Estados Unidos y Francia muestran a qué grado la miseria de Haití ha sido ocasionada desde afuera y cuán a menudo la intervención ha sido presentada como una mano amiga.
Después vinieron los banqueros franceses, con el ofrecimiento de préstamos a un país diezmado por décadas de pagos a Francia. Se llevaron tanto en comisiones, intereses y cargos que, en unos años, los beneficios de sus accionistas franceses fueron mayores que el presupuesto de obras públicas del gobierno haitiano para todo el país.
Luego vinieron los estadounidenses, que a veces hacían pasar su intervención por una manera de defender la “soberanía” haitiana. Y al igual que para las generaciones de banqueros parisinos, Haití resultó rentable para Wall Street. En su audiencia ante la Comisión de Finanzas del Senado en 1932, el National City Bank dijo que obtuvo uno de sus mayores márgenes durante la década de 1920 gracias a la deuda que controlaba en Haití.
En la actualidad, Citigroup casi ha eliminado de su perfil público toda esa historia. Haití apenas se menciona en su cronología oficial. La empresa se negó a facilitar el acceso a sus archivos y dijo que no logró encontrar ninguna información sobre algunos de sus mayores préstamos a Haití.
Sin embargo, según casi dos decenas de informes anuales publicados por funcionarios estadounidenses y revisados por el Times, una cuarta parte de los ingresos totales de Haití se destinó a pagar deudas controladas por el National City Bank y su filial en el transcurso de una década, casi cinco veces la cantidad gastada en escuelas gestionadas por el gobierno en Haití durante ese tiempo.
Y en el transcurso de algunos años, los funcionarios estadounidenses que controlaban las finanzas de Haití gastaron más dinero en sus propios salarios y gastos de lo que destinaron a la salud pública de toda la nación, de unos dos millones de habitantes.
“Hemos estado bajo el dominio absoluto” de Estados Unidos, declaró Georges Léger, un abogado haitiano, ante los senadores estadounidenses en 1932, para explicar lo mucho que los haitianos resentían el control financiero y político de su país “solo para satisfacer a un grupo de banqueros de Nueva York”.
Al principio, muchos legisladores estadounidenses no querían saber nada de Haití y se negaban rotundamente a reconocer su independencia. Aunque los haitianos habían luchado junto a los estadounidenses durante la guerra de Independencia, Estados Unidos se negó a reconocer a Haití durante casi seis décadas, por temor a que pudiera inspirar a las personas esclavizadas a sublevarse y derrocar a los propietarios esclavistas en el sur de Estados Unidos.
Pero a principios del siglo XX, a medida que la huella estadounidense se ampliaba en el hemisferio, los estadounidenses vieron un imperativo… y una oportunidad. Querían reducir la influencia europea en la región, en particular la alemana, pero también reconocieron lo que los franceses habían sabido desde el principio: había mucho dinero de por medio.
Los historiadores siguen debatiendo el legado de la invasión estadounidense y cómo moldeó, o sigue moldeando, el Haití de hoy. Algunos le atribuyen a la ocupación el mérito de imponer orden en Haití en una época de violencia y golpes de Estado, mientras que otros señalan que los estadounidenses aplastaron la disidencia, dispararon contra manifestantes civiles, cometieron ejecuciones extrajudiciales e impusieron la ley marcial durante un largo periodo.
Marines estadounidenses subiendo a un barco con destino a Haití en 1915.Credit…Getty Images
Algunos historiadores citan ganancias tangibles, como hospitales, unos 1300 kilómetros de carreteras y una administración pública más eficiente, pero también señalan que los estadounidenses recurrieron a los trabajos forzados, en los que los soldados ataban a civiles con cuerdas, los obligaban a trabajar sin remuneración y disparaban contra los que intentaban huir.
Otros afirman que la expropiación estadounidense de tierras en Haití desencadenó una de las crisis más intrincadas que asolan el hemisferio en la actualidad: la enorme migración de haitianos a países de toda la región.
Los expertos de las Naciones Unidas que visitaron el país a finales de la década de 1940, poco después del fin del control financiero estadounidense, encontraron una nación empobrecida “con un rezago aún mayor que el de otros países y territorios de la región”. La mayoría de los pueblos no tenían luz, alcantarillado ni calles pavimentadas. Solo uno de cada seis niños iba a la escuela.
Los funcionarios financieros estadounidenses se habían centrado tanto en pagar los préstamos de Haití —incluidos los que Estados Unidos había impuesto al país a pesar de las fuertes objeciones— que una comisión designada por el presidente Herbert Hoover para investigar la ocupación cuestionó “la sabiduría de este curso.”
“Podría haber sido mejor”, decía su informe en 1930, haber mantenido “más dinero en el país donde la experiencia ha demostrado que era muy necesario”.
Más de un siglo después de la llegada de las fuerzas norteamericanas, Estados Unidos sigue siendo un elemento permanente de la política haitiana. Washington ha apoyado a los sucesivos presidentes, a veces incluso a los Duvalier, los dictadores, padre e hijo, que gobernaron durante casi tres décadas tras la ocupación. Jovenel Moïse, el presidente que fue asesinado en su habitación el pasado mes de julio, también gozó del respaldo público de dos presidentes estadounidenses a pesar de las crecientes pruebas de los abusos de su gobierno, lo que enfureció a quienes se oponían a su régimen autocrático.
Cuando el diplomático estadounidense de mayor rango en Haití, Daniel Foote, renunció a su cargo el año pasado, condenó el maltrato estadounidense contra los refugiados haitianos a golpe de látigo. Pero también mencionó un argumento que no recibió la misma atención: que la intervención extranjera había tenido consecuencias desastrosas en Haití.
“Lo que nuestros amigos haitianos realmente quieren, y necesitan, es la oportunidad de trazar su propio camino, sin la manipulación internacional”, escribió Foote.
Marines y guías locales en Haití en 1919Credit…Getty Images
‘Perjudicial para los intereses estadounidenses’
“Tomemos la delantera”, dijo a sus compañeros legisladores Robert Y. Hayne, senador por Carolina del Sur en 1826: la independencia de Haití era un tema que “la paz y la seguridad de gran parte de nuestra Unión no nos permite siquiera mencionar”.
Durante décadas, a los hacendados del sur les había preocupado Haití, la primera nación del mundo moderno que emergió de un pasado esclavista, y Hayne era un emisario natural de sus temores: un defensor acérrimo de la esclavitud que había nacido en una plantación de arroz y que llegó a esclavizar a 140 personas.
Fue fiscal general del estado durante la fallida insurrección de personas esclavizadas liderada por Denmark Vesey, un hombre libre de las Indias Occidentales, y al igual que algunos de sus contemporáneos, Hayne creía que reconocer a Haití —o incluso debatir sobre la esclavitud— “pondría en peligro nuestros más queridos intereses”.
“Nuestra política con respecto a Haití es clara”, declaró en su discurso ante el Congreso. “Nunca podremos reconocer su independencia”.
Solo durante la guerra de Secesión, después de que los estados del sur abandonaron la Unión, el presidente Abraham Lincoln reconoció a Haití. Lo vio, junto con Liberia, como un destino viable para los hombres libres de Estados Unidos y envió a algunos cientos de ellos allí para establecer un asentamiento.
En los primeros años del siglo XX, Haití se encontraba en el nexo de múltiples intereses estadounidenses. Estaba al otro lado del mar Caribe desde el canal de Panamá, que estaba en construcción. Estados Unidos había tomado el control de Puerto Rico y se invirtieron grandes cantidades de dinero en las plantaciones de azúcar en Cuba. Los impuestos de importación y exportación en la República Dominicana, que comparte una isla con Haití, estaban bajo control estadounidense.
Los franceses seguían ejerciendo su influencia en Haití, pero en 1910, Estados Unidos vio la oportunidad de abrirse paso: la reestructuración del banco nacional de Haití.
El Banco Nacional de Haití en 1907
El banco era nacional solo de nombre; estaba controlado por su consejo de administración en París y había sido creado en 1880 por el banco francés Crédit Industriel et Commercial para darles beneficios inmensos a sus inversores y accionistas franceses. Controlaba el tesoro de Haití —el gobierno haitiano ni siquiera podía depositar o gastar dinero sin pagar comisiones—, pero las autoridades haitianas acabaron por acusar al banco nacional de fraude y encarcelaron a algunos de sus empleados.
A medida que aumentaba la desconfianza de los haitianos hacia el banco nacional, los inversionistas franceses y alemanes se apresuraron a reestructurarlo bajo una nueva propiedad europea. Estados Unidos puso el grito en el cielo: el Departamento de Estado calificó la propuesta de amenaza no solo para Estados Unidos, sino también para el bienestar y la independencia del pueblo haitiano.
Un alto funcionario del Departamento de Estado arremetió contra el acuerdo de 1910 por considerarlo “tan perjudicial para los intereses estadounidenses y tan despectivo para la soberanía de Haití” que no podía permitirse.
El secretario de Estado estadounidense, Philander Knox, invitó a algunos bancos de Wall Street a Washington y los animó a invertir en el banco nacional de Haití. Cuatro bancos estadounidenses, entre ellos el National City Bank de Nueva York, compraron una parte importante de las acciones del banco. Otra parte fue a parar a un banco alemán. Pero la mayor parte se quedó en París.
Ningún haitiano tenía una participación de control. El Banco Nacional de la República de Haití estaba, una vez más, bajo el mando de extranjeros.
“Fue la primera vez en la historia de nuestras relaciones con Estados Unidos en la que intervinieron de manera tan manifiesta en nuestros asuntos”, escribió Jean Coradin, historiador haitiano y exembajador ante las Naciones Unidas.
Poco después de su creación, el nuevo banco nacional hizo lo mismo que su predecesor: cobrar al gobierno por cada depósito y gasto, mientras generaba grandes beneficios para sus accionistas en el extranjero. También concedió un préstamo al gobierno haitiano. Una vez deducidas las comisiones y los beneficios, Haití recibió unos nueve millones de dólares, pero aun así tuvo que pagar el valor nominal completo de casi 12,3 millones de dólares.
Los haitianos empezaron a preguntarse qué políticos habían sido sobornados para conseguir un acuerdo tan malo y el banco se hizo tan poderoso que un presidente haitiano se preguntó públicamente si su país había cedido su independencia.
A los accionistas franceses les inquietaba el creciente control estadounidense y con buena razón. La inversión estadounidense en el banco nacional fue el comienzo de la campaña estadounidense para expulsarlos de Haití y hubo un hombre en particular que la alentó.
El USS Machias transportó el oro del banco central de Haití a Nueva York.
El reclamo del oro
Roger Leslie Farnham había sido periodista y se había convertido en cabildero cuando el National City Bank lo contrató en 1911.
Su misión consistía en defender los intereses del banco en el extranjero y Haití fue una de sus primeras escalas. Atravesó el país en caballos que importó de Wyoming y, en el camino, se convirtió en la fuente más fiable del gobierno estadounidense sobre Haití.
Roger L. FarnhamCredit…Cannaday ChapmanWilliam Jennings BryanCredit…Cannaday Chapman
Farnham, ya conocido en Washington por sus maquinaciones para persuadir al Congreso a fin de que eligiera a Panamá para el canal, acudía con frecuencia al Departamento de Estado y era muy cercano a William Jennings Bryan, el secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson.
Bryan no sabía mucho sobre la nación caribeña. Así que, en 1912, invitó a John H. Allen, un gerente del banco nacional de Haití que llegó a ser vicepresidente del National City Bank, a “contarme todo lo que hay sobre Haití”.
Según el relato de Allen sobre la reunión, Bryan quedó sorprendido por lo que escuchó. “¡Caramba, piénsalo! Negros hablando en francés”, relata Allen que dijo el secretario de Estado.
Aunque Bryan había expresado su hostilidad hacia Wall Street en las campañas políticas y declaró: “No crucificaréis a la humanidad en una cruz de oro”, confiaba en el consejo de Farnham. Los dos hombres se reunieron en Washington, intercambiaron telegramas y se escribieron cartas confidenciales. Llegaron a estar tan unidos que Bryan pedía la aprobación de Farnham para las nuevas contrataciones del gobierno.
Farnham utilizó esta relación para ejercer presión para invadir Haití con el fin de asegurar los intereses comerciales de Estados Unidos, y atrajo la atención de Washington al plantear el espectro de una toma de poder por parte de Alemania. En ese momento, la huella del National City Bank en el país se estaba expandiendo y Wall Street comenzó a ejercer su influencia sobre los líderes de Haití mediante la retención del dinero que controlaba en el banco nacional.
En los meses siguientes, el Departamento de Estado adoptó lo que los diplomáticos llamaron el “Plan Farnham”, en el que se establecía que Estados Unidos controlaría los impuestos de importación y exportación de Haití, una fuente vital de ingresos para el país.
Aunque los estadounidenses seguían siendo accionistas minoritarios del banco nacional, Farnham declaró ante el Congreso que Francia había quedado muy mermada por la Primera Guerra Mundial como para dirigirlo, por lo que “la gestión activa se ha realizado desde Nueva York”. El Departamento de Estado redactó un convenio basado en el plan de Farnham y lo envió a él para que ayudara a ejecutarlo.
Los legisladores haitianos arremetieron contra su ministro de Relaciones Exteriores por el acuerdo. Lo acusaron de “intentar vender el país a Estados Unidos” e incluso intentaron descargar su furia mediante “duros golpes”, que lo obligaron a huir de la Asamblea Nacional “en medio de la más desenfrenada excitación”, según un telegrama del Departamento de Estado.
El banco nacional los hizo pagar por su atrevimiento: retuvo los fondos, y el gobierno de Haití, que ya se tambaleaba por la agitación política y económica, se volvió aún más inestable. El país cambió de presidente cinco veces en tres años durante sucesivos golpes de Estado, algunos de ellos financiados por comerciantes alemanes que operaban en Puerto Príncipe, según dijeron en aquel entonces funcionarios estadounidenses.
Después, en diciembre de 1914, el Departamento de Estado intervino con más fuerza. Bryan autorizó la operación de los infantes de Marina mediante la cual se incautaron 500.000 dólares en oro tras una consulta de última hora con Farnham.
El gobierno haitiano estaba indignado y dijo que la operación era un robo descarado de los fondos del banco central, además de una “invasión flagrante de la soberanía” de una nación independiente. Pero Estados Unidos se encogió de hombros ante la queja, con el argumento de que había tomado el oro para proteger “los intereses estadounidenses que estaban bajo un gran peligro”.
Los historiadores observan que los políticos y financieros estadounidenses no siempre coincidían en sus posturas. “La relación entre Wall Street y Washington era compleja”, dijo Peter James Hudson, profesor asociado de la Universidad de California en Los Ángeles que imparte las materias de Estudios Afroestadounidenses e Historia, quien ha escrito un recuento de las acciones de Wall Street en el Caribe. “Hay mucha confabulación, pero a veces es contradictoria”.
En ocasiones, Bryan vaciló sobre el papel de Estados Unidos en Haití. Creía que Haití necesitaba la tutela estadounidense, pero se resistía a ser una herramienta para Wall Street. “Tal vez haya motivos suficientes para intervenir, pero no me gusta la idea de una injerencia forzosa por motivos puramente comerciales”, le escribió al presidente Wilson.
Pero Farnham insistió y lanzó lo que el historiador Hans Schmidt llamó una amenaza: todas las empresas estadounidenses abandonarían Haití, advirtió Farnham, a menos que el gobierno de Estados Unidos interviniera para proteger sus intereses.
Al final, Bryan le escribió a Wilson a favor de la invasión.
“Los intereses estadounidenses están dispuestos a permanecer allí, con miras a comprar una participación de control y convertir el banco en una sucursal del banco estadounidense”, afirmó. “Están dispuestos a hacerlo siempre y cuando este gobierno tome las medidas necesarias para protegerlos”.
Un estadounidense posa con los cuerpos de haitianos que murieron durante los combates en 1915.Credit…Getty Images
‘El triunfo del lobo’
En julio de 1915, una turba iracunda sacó a rastras al presidente haitiano del Consulado francés y lo asesinó, como parte de la agitación política que Wall Street temía y que, según algunos historiadores, empeoró al retener el dinero del tambaleante gobierno haitiano y confiscar el oro.
Los soldados estadounidenses ocuparon el país ese mismo día.
La invasión siguió un plan detallado concebido por la Marina de Estados Unidos un año antes. El ejército estadounidense tomó la oficina presidencial y las aduanas que manejaban los impuestos de importación y exportación.
Los estadounidenses instalaron un gobierno títere y para el otoño de ese mismo año, Haití había firmado un tratado que otorgaba a Estados Unidos el control financiero total. Estados Unidos nombró a funcionarios de su país, a los que llamaron asesores, pero el término apenas transmitía su verdadero poder: supervisaban la recaudación de ingresos de Haití y aprobaban, o denegaban, sus gastos.
La ley marcial se convirtió en la norma del país. Los periódicos privados fueron amordazados y los periodistas encarcelados.
Los estadounidenses justificaron la invasión con el argumento de que Haití estaba destinado a caer en manos de europeos, en particular de Alemania.
“Si Estados Unidos no se hubiera hecho cargo, alguna otra potencia lo habría hecho”, declaró después el secretario de Estado Lansing, quien había sustituido a Bryan un mes antes de la ocupación.
Robert Lansing, Credit…Cannaday Chapman
Lansing también estaba cegado por los prejuicios raciales. En una ocasión, escribió que los negros eran “ingobernables” y que tenían “una tendencia inherente a volver al salvajismo y a dejar de lado los grilletes de la civilización que son molestos para su naturaleza física”.
El racismo determinó muchos aspectos de la ocupación. Muchos de los administradores nombrados por Estados Unidos procedían de estados del sur y no ocultaban su manera de ver la vida.
John A. McIlhenny, un heredero de la fortuna de la salsa Tabasco de Luisiana que había luchado en el regimiento de caballería de voluntarios conocido como Rough Riders (“Jinetes Duros”, en español) comandada por Theodore Roosevelt durante la guerra hispano-estadounidense, fue nombrado asesor financiero de Estados Unidos en 1919, con amplia autoridad sobre el presupuesto de Haití.
John A. McIlhennyCredit…Cannaday Chapman
En una comida oficial antes de su nombramiento, McIlhenny no podía apartar la mirada de un ministro del gobierno haitiano porque, como le dijo más tarde a Franklin D. Roosevelt, “ese hombre habría alcanzado 1500 dólares en una subasta en Nueva Orleans en 1860 para ser un semental”.
Poco después de la ocupación, los supervisores estadounidenses comenzaron a construir carreteras para conectar el interior montañoso de Haití con su costa. Para ello, resucitaron la corvée, una ley haitiana del siglo XIX sobre el trabajo en régimen de servidumbre.
Según la ley, los ciudadanos estaban obligados a trabajar en proyectos de obras públicas cercanos a sus hogares durante algunos días al año en lugar de pagar impuestos, pero el ejército estadounidense, en contubernio con la policía que entrenaba y supervisaba, secuestró a los hombres y los obligó a trabajar lejos de su residencia sin remuneración. Los haitianos ricos pagaban para evitar la servidumbre, pero los pobres no tenían escapatoria de la ley.
Para los haitianos, esto representaba un regreso a la esclavitud y se rebelaron. Hombres armados, llamados cacos, huyeron a las montañas y comenzaron una insurgencia contra las fuerzas estadounidenses. Los jornaleros obligados a trabajar en el régimen de la corvée huyeron de sus captores y se unieron a la lucha. Un líder de los cacos, Charlemagne Péralte, invocó la revolución de Haití contra Francia para pedir a sus compatriotas que “arrojaran a los invasores al océano”.
“La ocupación es un insulto en todos los sentidos”, se leía en un cartel pegado a las paredes de la capital, Puerto Príncipe.
“Que viva la independencia”, decía el cartel. “¡Abajo los estadounidenses!”.
Estados Unidos respondió con mano dura. Los soldados ataron a los trabajadores con cuerdas para evitar que huyeran. Cualquiera que intentara escapar de la corvée era tratado como un desertor y muchos fueron fusilados. Como advertencia, los estadounidenses mataron a Péralte y distribuyeron una imagen de su cadáver atado a una puerta, evocando una crucifixión.
Documentos militares filtrados de la época mostraban que la “matanza indiscriminada de nativos continuó durante algún tiempo” y cobró la vida de 3250 haitianos. Cuando el Congreso comenzó a investigar en 1921, los soldados estadounidenses disminuyeron la cifra y dijeron que 2250 haitianos habían sido asesinados en la ocupación, una cifra que los funcionarios haitianos condenaron por ser un conteo insuficiente. También murieron al menos 16 soldados estadounidenses.
“Fue un régimen militar estricto, el triunfo del lobo”, escribió en 1936 Antoine Bervin, periodista y diplomático haitiano.
Los primeros años después de la invasión aportaron pocos beneficios económicos a Haití. Los asesores estadounidenses nombrados por el presidente de Estados Unidos cobraron hasta el cinco por ciento de los ingresos totales de Haití en salarios y gastos, lo cual a veces era más que el gasto en salud pública de todo el país.
En 1917, Estados Unidos ordenó a la Asamblea Nacional de Haití que ratificara una nueva Constitución para permitir a los extranjeros poseer tierras. Desde su independencia, los haitianos habían prohibido la propiedad de tierras a los extranjeros como símbolo de su libertad y para protegerse de una invasión.
Cuando los legisladores haitianos se negaron a cambiar la Constitución, el general Butler disolvió el parlamento con lo que denominó “auténticos métodos de la Marina”: los soldados entraron a la Asamblea Nacional y obligaron a los legisladores a dispersarse a punta de pistola. Los estadounidenses aprobaron entonces una nueva Constitución que Franklin Roosevelt afirmó más tarde en un mitin de campaña que había escrito él mismo.
Las empresas estadounidenses arrendaron miles de acres de tierra para plantaciones, lo cual obligó a los agricultores a servir como mano de obra barata en su país o migrar a los países vecinos en busca de mejores salarios. La Haitian-American Sugar Company alguna vez se jactó ante sus inversionistas de que solo pagaba 20 centavos por un día de trabajo en Haití, en comparación con 1,75 dólares en Cuba.
Según la historiadora haitiana Suzy Castor, las mujeres y los niños de Haití cobraban 10 centavos al día.
Los campesinos desplazados se fueron a Cuba y a la República Dominicana, lo que, según los historiadores, provocó el efecto más duradero de la ocupación estadounidense: la migración masiva de haitianos a otros países del continente americano.
“Ese es el gran legado”, dijo Weibert Arthus, embajador de Haití en Canadá e historiador.
Como el secretario de Estado Bryan sugirió en su carta antes de la invasión, Farnham no estaba satisfecho con su participación en el banco nacional de Haití, así que trabajó con el Departamento de Estado para orquestar una toma de control absoluta. Para 1920, National City Bank había comprado todas las acciones del banco nacional por 1,4 millones de dólares y, en la práctica, remplazaba a los franceses como el poder financiero dominante en Haití.
Con el banco nacional de Haití bajo su control y los intereses estadounidenses bajo la protección del ejército, Farnham comenzó a actuar como un enviado oficial y viajaba con frecuencia a bordo de buques de guerra estadounidenses, según dicen los historiadores.
“La palabra de Farnham prevalece sobre la de cualquier otra persona en la isla”, escribió James Weldon Johnson, secretario ejecutivo de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, quien visitó Haití en 1920.
Farnham tampoco tuvo reparos en expresar su opinión sobre Haití y su gente.
“Se puede enseñar al haitiano a convertirse en un trabajador bueno y eficiente”, dijo a los senadores que investigaban la ocupación. “Si los jefes militares lo dejan en paz, es tan pacífico como un niño e igual de inofensivo”.
“De hecho”, continuó, “ahora no hay más que niños grandes”.
Fuerzas estadounidenses atrincheradas en Cabo Haitiano en 1915Credit… Getty Images
‘Haití no quiere este préstamo’
Durante cinco años, los funcionarios estadounidenses insistieron en que Haití pidiera préstamos a los bancos de Nueva York para saldar sus deudas del pasado. Y durante cinco años, los haitianos se resistieron.
“Haití no quiere este préstamo. Haití no necesita este préstamo”, escribió Pierre Hudicourt, un abogado haitiano que representó a Haití en las negociaciones de la deuda.
Los haitianos sabían muy bien que cualquier nuevo préstamo ampliaría la autoridad de los asesores financieros estadounidenses que determinaban el futuro del país a la distancia. McIlhenny, el heredero de la salsa Tabasco designado como asesor financiero, pasó gran parte del año en su plantación de piñas en Luisiana mientras cobraba un gran sueldo de los ingresos de Haití. También suspendió los salarios de los altos funcionarios haitianos que no estaban de acuerdo con él.
Para 1922, Estados Unidos estaba decidido a concertar un préstamo con Wall Street. Cansados de la resistencia haitiana, los estadounidenses instalaron como presidente a Louis Borno, un político sagaz que simpatizaba con la ocupación.
Louis BornoCredit…Cannaday Chapman
Borno admiraba a Mussolini y aspiraba a un ideal fascista de rápido desarrollo en Haití bajo control estadounidense, afirman los historiadores. Una vez escribió que la invasión “vino a nosotros cuando estábamos al borde de un abismo sangriento y nos salvó”. Semanas después de asumir el cargo, dio luz verde a un préstamo de Nueva York.
El National City Bank, que ahora era propietario del banco nacional de Haití a través de una filial, emitió el primer préstamo tras incluir una garantía inicial que consistía en que Estados Unidos gestionaría las finanzas de Haití hasta que se pagara la deuda. El banco acabó controlando casi toda la deuda externa de Haití.
Igual que sucedió en el siglo XIX, Haití casi siempre estaba demasiado endeudado para invertir en su gente. Hasta Borno, dirigiéndose a los peces gordos del National City Bank en Nueva York, señaló que la deuda de Haití se pagaba más rápido que la de Estados Unidos.
Esta situación prevaleció hasta la caída de la bolsa de valores de 1929 y la devastación económica posterior. Años de austeridad ayudaron a gestar el descontento y la caída mundial de los precios del café agravó las dificultades en un país que dependía bastante de ese cultivo. Las protestas estallaron contra Estados Unidos y el gobierno de Borno que hacía su voluntad.
Los estudiantes se manifestaron contra el retiro de las becas. Los empleados de las aduanas en Puerto Príncipe irrumpieron en su lugar de trabajo para exigir un aumento de sueldo. En la ciudad de Los Cayos, más de mil campesinos protestaron contra sus precarias condiciones de vida. Un destacamento de 20 infantes de la Marina estadounidense se enfrentó a la multitud y mató al menos a una decena de personas. Este acontecimiento se conoce como la masacre de Los Cayos.
Ante el clamor internacional, Estados Unidos comenzó a contemplar su retirada.
Casi cinco años después, en agosto de 1934, los últimos soldados estadounidenses abandonaron Haití. Pero Estados Unidos mantuvo el control financiero durante otros 13 años, hasta que Haití pagó la última de las deudas que tenía con Wall Street.
La responsabilidad de Estados Unidos en la inestabilidad crónica de Haití sigue siendo objeto de un fuerte desacuerdo.
Algunos historiadores dicen que los pagos originales que Francia le exigió a Haití como castigo por su independencia infligieron una cicatriz más profunda en el desarrollo de la nación. Otros sostienen que la causa principal es la larga historia de enriquecimiento personal de los gobernantes haitianos. Pero muchos dicen que, en conjunto, más de 130 años de enviar una gran parte de los ingresos de Haití al extranjero tuvieron un efecto devastador, ya que mermaron su capacidad de construir una nación desde sus inicios.
“Hasta cierto punto, estas debacles financieras sucesivas son responsables de la situación en la que nos encontramos ahora”, dijo Hudson, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, y añadió que la ocupación estadounidense fue un “golpe psíquico” que cercenó la independencia de Haití durante décadas. “Creo que eso es tan importante como cualquier tipo de pérdida financiera”, dijo.
Colaboraron con este reportaje Harold Isaac desde Puerto Príncipe; Sarah Hurtes desde Bruselas; Kristen Bayrakdarian desde Nueva York y Audrey Kolker desde New Haven. Edición de fotografía por Craig Allen. Producido por Rumsey Taylor. Producción adicional por Gray Beltran.
Selam Gebrekidan, reportera de investigación de The New York Times, está radicada en Londres. Previamente fue reportera de datos y empresas para Reuters, donde escribió sobre la migración a Europa y la guerra en Yemen, entre otras historias. También ha cubierto los mercados petroleros de Estados Unidos.
Matt Apuzzo es un reportero ganador del Premio Pulitzer y está radicado en Bruselas. @mattapuzzo
Catherine Porter, corresponsal en el extranjero radicada en Toronto, ha reporteado desde Haití más de dos decenas de veces. Es autora de un libro sobre el país,A Girl Named Lovely. @porterthereport
Constant Méheut escribe desde Francia. Se incorporó a la oficina de París en enero de 2020. @ConstantMeheut