Efecto Milei: qué sectores crecerán a pesar de la recesión y cuáles la sufrirán

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El Fondo Monetario Internacional y el Gobierno trabajan con un escenario de base muy recesivo: este año la caída del PBI sería de 2,8%y si se quitara de la ecuación al agro, que rebotará este año tras la fuerte sequía de 2023, el desplome económico superaría entonces el 5%. El sinceramiento cambiario, la desregulación de precios y la consecuente aceleración inflacionaria le asestaron un primer golpe a la actividad económica y al poder de compra del salario.

En la amplia radiografía de la economía que hizo el FMI, la actividad económica ocupó un tramo especial del informe técnico: “Se espera que la gran consolidación fiscal inicial y las amplias correcciones de precios relativos depriman la demanda interna y al mismo tiempo respalden las exportaciones netas”, definió, de movida, el organismo.

“A medida que los obstáculos derivados del endurecimiento de las políticas se disipen y se eliminen las distorsiones, se espera que la economía se recupere a partir de fines de 2024, impulsada por un repunte de la inversión privada”, destacó el informe de marras como horizonte para este año.

Qué dicen los economistas locales

En el mercado ya comenzaron a circular distintos análisis sobre cómo impactará la nueva configuración de la economía de los primeros dos meses de presidencia de Javier Milei. El tipo de cambio alto que propició el Banco Central como medida inicial, la aceleración inflacionaria y medidas como la recomposición de tarifas rediseñarán el mapa de ganadores y perdedores en el entramado productivo del año.

Al hacer una mirada por el espejo retrovisor, la consultora Analytica resumió que “la economía de Alberto Fernández dejó como ganadores al comercio y la industria. Yendo más atrás, durante el mandato de Mauricio Macri, los más favorecidos fueron los servicios y el sector primario”, ejemplificó.

Y aseguró que el paquete de medidas inicial del gobierno libertario “implicará un tipo de cambio alto que estimule a las exportaciones y, a la vez, encarezca y desincentive las importaciones, al menos en algunos sectores. Al mismo tiempo, un dólar fuerte significa un peso débil y, por ende, salarios bajos, lo que afectará negativamente la dinámica del mercado interno”, mencionaron.

Al identificar cómo afectará la nueva realidad sector por sector, la consultora que dirige Ricardo Delgado consideró que “la nueva configuración de precios relativos operará en favor de los sectores resilientes a la competencia externa y/o que son capaces de producir a escala internacional. Es decir, los transables. Dentro de ellos, se destacan el agro, la minería, la energía y algunos sectores fabriles integrados como la industria de base (aluminio, siderurgia) o productores de bienes finales (automotriz). Las ventas al exterior se verán incentivadas por la mejora del tipo de cambio, un simple mecanismo de precios”.

La consultora Abeceb hizo, un semáforo de rubros de la actividad económica para 2024. Entre los que atravesarían el año recesivo con luz verde en el corto y mediano plazo, estarían el petróleo y gas, la minería, los servicios basados en el conocimiento y la agroindustria.

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Para el primer caso, entre los aspectos que la empujarán, enumeró: “La corrección de precios de combustibles y liberalización de permisos de exportación incrementa la posibilidad de inversión de operadoras integradas (YPF-PAE) y da certidumbre para firmar contratos de exportación en firme a precios de mercado, tanto gas como oil”, explicaron.

Respecto al agro, a favor tendrá “mayores niveles de producción por cambio de ciclo climático, aunque por debajo de lo esperado. Precios internacionales por encima del promedio histórico, a pesar de la tendencia a la baja”, aunque con una compensación por la “persistencia en la falta de acceso a insumos de origen importado, al menos hasta que se liquide la campaña 2023/24, y posible aumento en la presión tributaria”.

Por su parte, la consultora Invecq consideró que “la perspectiva para los sectores que dependen del mercado externo es mucho más favorable (agro, minería, servicios basados en el conocimiento, petróleo, gas)”, lo que atribuyó a tres factores:

  1. La devaluación, más allá de la erosión que haya tenido lugar desde ese momento por la inflación;
  2. La gradual normalización en el flujo de las importaciones;
  3. Precios internacionales de las materias primas de exportación que se mantendrán elevados.

“En el caso puntual del agro, se espera que la cosecha de los principales cultivos (trigo, soja, maíz) aumente 85% interanual en volumen, y 55% en valor. Así, el sector crecería al menos 40%, aportando una expansión de 3,4 puntos porcentuales al PBI”, estimó Invecq.

En una zona de semáforo con luces amarillas, que marca precaución, aparecen en el sondeo de Abeceb rubros clave como la fabricación de alimentos y bebidas y la industria, esta última con un color más anaranjado que la acerca a las proyecciones más pesimistas.

Sobre el primer sector, el estudio privado observa: el “rebote en ramas afectadas por condiciones climáticas; recuperación de márgenes de ganancia por liberalización de precios; y la derogación de regulaciones que generaban distorsiones”, jugarán a favor, pero tendrá en contra el “consumo afectado por la caída del ingreso real, generando un posible traslado de la demanda hacia “bienes inferiores”, esto es lo que aumentan cuando cae el ingreso real de las familias.

Respecto a la industria manufacturera, un punto que puede ayudarla sería, que la “recuperación del agro arrastra a sectores vinculados (molienda, maquinaria agrícola y agroquímicos). Vinculadas al mercado externo morigera la caída”.

En contra tendrá, de manera más marcada, una “contracción en la demanda interna ante deterioro del poder de compra, con principal impacto en pyme. Deuda comercial en niveles críticos. Tensión en los márgenes de rentabilidad ante suba del impuesto PAIS. Mayor presión industria destinada mercado interno. Mayor carga impositiva por el impuesto país”.

En relación a la industria, la consultora LCG, agregó en su panorama semanal que “una amenaza para la industria podrá ser la apertura comercial que impulsa el Gobierno”.

“Esperamos un comienzo de 2024 que mantenga esta tendencia de caída mensual, con la posibilidad de que, si la economía logra comenzar un plan de estabilización, repuntar hacia el segundo semestre. Aun así, en el promedio esperamos un nuevo año contractivo para la producción nacional”, mencionó.

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Por el contrario, un conjunto de sectores con peso relativo muy marcado en el PBI proyectan años decididamente malos. Para Invecq, “los de peor desempeño serán aquellos cuya demanda depende principalmente del mercado interno (industria, consumo masivo, gastronomía, entre otros)”. “Esto se debe a que, durante la corrección de precios relativos y la consecuente aceleración inflacionaria, los ingresos reales caerán fuerte; caída que se sumará al deterioro de los últimos años”, resumieron los economistas de la consultora que preside Esteban Domecq.

Para Analytica, en tanto, “los efectos de la crisis sobre el mercado de trabajo reforzarán también la merma en el consumo por la pérdida de masa salarial. Los puestos laborales caerán. Durante el primer semestre -si el plan del gobierno funciona, el de mayor dureza del ajuste-, el empleo informal registrará mayor baja por la propia naturaleza de las empresas que contratan estos empleos (tienen menor resiliencia frente a las crisis); pero también lo harán los puestos formales”.

“No obstante, no significará una reducción de la precariedad laboral. De hecho, podría aumentar con mayor crudeza en el segundo semestre. Por otra parte, el achicamiento y la incertidumbre en el mercado interno hará que las empresas busquen orientarse hacia el sector externo, dado que puede ser una opción más estable y previsible”, concluyeron desde Analytica.

El croquis sectorial que esbozó Abeceb muestra, entre los rubros más desfavorecidos este año, a la industria automotriz, aunque tendrá algunos elementos a su favor: “Sostenimiento de la producción local por aumento en la demanda desde Brasil. Progresiva diversificación de la oferta en el mercado interno por flexibilización en la administración del comercio. Impulso a la demanda de pesados por recuperación del agro”. Pesará más, de todas formas, los factores negativos: “Caída de la demanda interna ante deterioro de los ingresos e incremento en costos operativos, profundizado en el primer semestre”, resumió la consultora.

La construcción es, posiblemente, el sector que peores perspectivas tenga para el 2024. “Esperamos que la tendencia a la baja en el sector de la construcción, que se intensificó durante el último mes del año pasado, persista. La suspensión de la obra pública y la incertidumbre están teniendo un impacto directo en esta actividad. No obstante, es probable que esta disminución sea menos pronunciada en el próximo mes, dado que muchas de sus repercusiones ya se manifestaron durante diciembre”, estimó LCG.

Para Abeceb, el “freno de obra pública sin financiamiento privado / internacional, la incertidumbre por la continuidad de obras de baja rentabilidad y el encarecimiento de costos ante salto en el tipo de cambio”, debilitarán el ritmo de un sector decisivo en términos de empleo.

Fuente Infobae

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