En Davos expertos advierten que la IA general podría superar a los humanos en cinco años

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El debate sobre la inteligencia artificial general (IAG) se convirtió en uno de los ejes más disruptivos de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos. Allí, referentes centrales de la industria tecnológica advirtieron que la IAG podría superar las capacidades humanas en un plazo de entre uno y cinco años, un escenario que plantea desafíos inéditos para las instituciones, los mercados laborales y la gobernanza global. La discusión dejó en claro que el impacto ya no es teórico: la velocidad del avance obliga a repensar reglas, incentivos y mecanismos de control a escala internacional.

Las previsiones fueron formuladas por Dario Amodei, CEO de Anthropic, y Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, quienes coincidieron en que el momento actual no responde a una evolución tecnológica convencional, sino a una etapa crítica que ambos definieron como una “adolescencia tecnológica”, con implicancias directas para la supervivencia y organización de la especie humana.

La carrera hacia la IAG y el “nivel Nobel”

Amodei sostuvo que el salto hacia una inteligencia artificial general capaz de igualar o superar el rendimiento humano en tareas científicas avanzadas es inminente. Al ser consultado sobre su proyección, afirmó: “No creo que esa predicción vaya a estar muy lejos de la realidad”, en referencia a su estimación de que entre 2026 y 2027 podría existir un modelo capaz de hacer “todo lo que un humano logra a nivel de un Premio Nobel”.

El directivo explicó que el principal motor de este avance es un ciclo de retroalimentación, en el cual la propia inteligencia artificial ya colabora en el diseño y entrenamiento de la siguiente generación de modelos. Ese fenómeno acelera los tiempos de desarrollo y reduce las barreras técnicas que antes limitaban la escala del progreso.

La magnitud del salto ya se percibe en el mercado laboral tecnológico. Según Amodei, “Tengo ingenieros en Anthropic que ya no escriben código; dejan que el modelo lo haga y ellos solo editan”. En ese contexto, estimó que estamos a seis o doce meses de que los sistemas de IA puedan realizar el trabajo de un ingeniero de software de extremo a extremo, sin intervención humana directa en la ejecución.

Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind

Hassabis, por su parte, mantuvo una visión algo más prudente, aunque igualmente disruptiva. Señaló que existe un 50% de probabilidades de alcanzar una IAG hacia finales de la década, y reconoció avances significativos en áreas como programación y matemáticas. Sin embargo, advirtió que las ciencias naturales presentan obstáculos adicionales, ya que requieren verificación experimental física, un componente que aún limita la autonomía total de los modelos.

Para el CEO de Google DeepMind, la IA todavía carece de la capacidad de formular hipótesis científicas originales, lo que definió como “el nivel más alto de creatividad científica” y uno de los últimos umbrales antes de una inteligencia verdaderamente general.

Cambios de liderazgo y una industria en reconfiguración

El intercambio en Davos también expuso un reordenamiento en la jerarquía del sector tecnológico. Hassabis afirmó que Google DeepMind recuperó el liderazgo en modelos avanzados con el lanzamiento de Gemini 3, tras un año de comparaciones intensas con competidores. Según explicó, el reposicionamiento fue posible gracias a la recuperación de una mentalidad de startup dentro de una estructura corporativa de gran escala, lo que permitió acelerar los ciclos de innovación.

Amodei, en tanto, defendió la viabilidad de los laboratorios independientes y presentó cifras que reflejan el crecimiento acelerado de Anthropic. La compañía pasó de ingresos por 100 millones en 2023 a 1.000 millones en 2024, con una proyección de 10.000 millones para 2025. Para el ejecutivo, estos números confirman que el mercado premia a las organizaciones que logran traducir investigación avanzada en aplicaciones concretas.

Ambos coincidieron en que las empresas mejor posicionadas en esta nueva etapa serán aquellas lideradas por investigadores, con una orientación explícita a resolver problemas científicos complejos, más que a optimizar únicamente productos comerciales.

Riesgos geopolíticos, empleo y el desafío institucional

Más allá del optimismo tecnológico, el debate estuvo atravesado por advertencias severas. Amodei fue particularmente crítico respecto de la venta de semiconductores avanzados a adversarios geopolíticos, una práctica que comparó con “vender armas nucleares a Corea del Norte” a cambio de beneficios empresariales de corto plazo. En su visión, los chips de última generación se han convertido en activos estratégicos con implicancias directas para la seguridad global.

También alertó sobre riesgos como el bioterrorismo y la falta de instituciones preparadas para gestionar tecnologías de esta magnitud. Según sostuvo, la rapidez del avance configura una crisis sistémica que exige concentrar buena parte del esfuerzo intelectual y político actual.

Dario Amodei, CEO de Anthropic

En el plano económico, Amodei reiteró una de las proyecciones más sensibles del encuentro: hasta el 50% de los empleos de oficina de nivel inicial podrían desaparecer en un plazo de uno a cinco años. Hassabis coincidió en que ya se observa una ralentización en la contratación de pasantes, aunque recomendó a los jóvenes volverse “increíblemente competentes” en el uso de herramientas de IA para mantener su valor en el mercado laboral.

Sin embargo, el mayor temor expresado por Hassabis no se limita al empleo, sino a una crisis de sentido y propósito. En un escenario donde la productividad deje de ser el eje central de la organización social, advirtió que aún no existe una reflexión institucional suficiente sobre cómo distribuir la nueva riqueza que podría generar la IAG de manera equitativa.

Una encrucijada para la humanidad

Hacia el cierre del debate, la discusión adquirió un tono filosófico a partir de la Paradoja de Fermi, que cuestiona por qué no se ha detectado vida inteligente en el universo. Hassabis rechazó la idea de que otras civilizaciones se hayan destruido inevitablemente al alcanzar una inteligencia superior, y planteó que la humanidad podría haber superado ya varios “grandes filtros evolutivos”.

En ese marco, ambos coincidieron en que el verdadero punto de inflexión llegará cuando existan sistemas de IA capaces de diseñar otros sistemas de IA. Ese desarrollo, señalaron, definirá si la humanidad ingresa en una era de avances extraordinarios o en una emergencia global sin precedentes.

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