¿En serio nos sorprendió PISA?
La situación de los aprendizajes argentinos que reveló PISA 2025 difícilmente pueda considerarse por completo nueva. Cuando ajustamos temporalmente las dos últimas cohortes involucradas, las evaluaciones nacionales ya habían registrado en sexto grado un retroceso en Matemática respecto de 2018, aunque en Lectura la señal previa era menos marcada. Como siempre, las diferencias son heterogéneas entre jurisdicciones y dejan abiertas preguntas sobre la evolución de los aprendizajes luego de la primaria.
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Por Ivana Templado / FIEL – La verdad es que ya se dijo mucho de la última edición de PISA, acá y en el mundo. Expertos, especialistas, periodistas y hasta algunos políticos se hicieron eco de los nuevos resultados (me incluyo, con una breve incursión en redes y en alguna nota periodística comentando los datos para la Argentina). Además, con la velocidad de análisis que da la IA, la mayoría de los ángulos fueron explorados en mayor o menor medida. Aun así, una pregunta seguía rondando mi cabeza: ¿en serio nos sorprendieron tanto los bajos resultados del país en PISA?
Si repasaramos los puntajes históricos de PISA para la Argentina, veríamos que los datos ya mostraban un estancamiento marcado, aun antes de la caída actual. En 2025 el puntaje de Matemática pasó de 378 en 2022 a 367; y en Lectura, de 401 a 389. Para PISA, estos 11 y 12 puntos (matemática y lengua, respectivamente) son medio año lectivo; es decir, la diferencia entre los estudiantes de 15 años de 2022 y los de 2025, equivale a un retroceso de casi medio año en las habilidades lectoras y matemáticas evaluadas. El deterioro es relevante, pero el diagnóstico general difícilmente pueda considerarse inesperado.
Mirémoslo de otra forma, dejemos de lado por un momento los niveles absolutos de los puntajes y concentrémonos en su evolución. El Gráfico 1 presenta los resultados argentinos tomando 2018 como base 100. Esta transformación no vuelve comparables los niveles de desempeño entre áreas, solo permite observar de manera más sencilla cuánto cambió cada una respecto de un punto de partida común. Con esta transformación, todas las disciplinas tienen una dinámica casi calcada a partir de 2018, sobre todo matemática y lectura, que hasta dejan de diferenciarse visualmente en la imagen. Me parece importante tener esta mirada complementaria porque matemática tiene desde hace tiempo resultados considerablemente más bajos que lectura, y han sido objeto de mucha preocupación, pero desde 2018 el deterioro relativo no fue únicamente en las habilidades matemáticas, las de Lectura cayeron prácticamente en la misma proporción.
Gráfico 1: Evolución de los resultados argentinos en PISA, 2000–2025. Índice 2018 = 100 en cada área

Sin embargo, y al margen de la propia historia contada por PISA respecto a los saberes en matemática y lectura, en la Argentina las evaluaciones nacionales también permiten seguir los aprendizajes desde la primaria. ¿Qué podíamos ver en ellas antes de conocer el resultado de PISA? Bueno, teniendo en mente esa información es que antes de que salgan los datos, mi expectativa sobre los posibles resultados no era muy esperanzadora.
La mirada de la evolución de los aprendizajes locales ya da una pista y una dirección de lo que podíamos esperar, pero para estilizar un poco más el análisis, me pregunto entonces qué pasa si miramos las cohortes implicadas en las dos últimas evaluaciones, los estudiantes que participaron en PISA 2022 estaban (en su mayoría) en 6º grado en 2018, y quienes participaron en PISA 2025 se encontraban en 6º en 2021. Esto permite comparar dos cohortes en dos momentos de su trayectoria. Acá valen todas las advertencias de rigor: es una correspondencia aproximada entre cohortes, no un seguimiento de los mismos estudiantes, entre ambas mediciones hay repitencia, abandono y diferencias de cobertura, Aprender es censal, PISA, muestral, pero creo que igual vale la pena explorar qué dicen los datos. No se equiparan niveles ni puntajes entre pruebas; se compara la evolución dentro de cada serie[1].
A nivel nacional, la señal para matemática se percibe un poco más clara que para lectura (Gráfico 2). El promedio de Aprender en sexto grado (líneas punteadas) cae casi 11 puntos entre 2018 y 2021 (de 497 a 487), una variación de −2,1%. Más tarde, PISA (líneas enteras) pasó de 378 a 367 puntos entre 2022 y 2025, una caída de 2,9%. De nuevo, estos cambios no dicen que la pérdida de aprendizajes sea la misma, muestran que la cohorte que llegaba a los 15 años en 2025 había pasado por un sexto grado con resultados de Matemática inferiores a los de la cohorte evaluada previamente. Tampoco significa que Aprender predice el resultado posterior de PISA, pero sí que el grupo de estudiantes que rindió peor en PISA 2025 ya exhibía un desempeño matemático inferior aproximadamente cuatro años antes.
Gráfico 2: Evolución de dos cohortes aproximadas: Aprender sexto grado 2018–2021 y PISA 2022–2025. Índice: primer año de cada prueba = 100

En lectura, por otro lado, la historia es menos fuerte. Según Aprender, el puntaje en lectocomprensión cayó casi 5 puntos (de 514 a 509) entre 2018 y 2021 (−0,9%), mientras que las habilidades de lectura según PISA sufrían una caída mucho más marcada, de 12 puntos entre 2022 y 2025, equivalente a una reducción de −3,0%. Por lo tanto, la información de primaria daba una advertencia más tenue que la que luego reveló PISA.
Una posibilidad es que las diferencias respondan parcialmente a aquello que mide cada evaluación: lengua en Aprender y competencia lectora en PISA no son constructos idénticos[2]. También pueden intervenir cambios en la composición de la población evaluada (repitencia, sobreedad, permanencia escolar). Pero también hay que considerar que parte del deterioro en lectura puede haberse producido durante los años posteriores a la primaria. Aun cuando quedan varias preguntas abiertas, sí es posible advertir que la señal temprana es distinta según el área: en matemática, el deterioro de la cohorte ya era visible en 6.º grado, mientras que en lengua, la diferencia era mucho menor y se vuelve considerablemente más marcada, en la trayectoria escolar, algunos años después.
Por otro lado, la Argentina ofrece la posibilidad de un contraste adicional: CABA, Córdoba y Mendoza participaron en PISA con muestras propias tanto en 2022 como en 2025. Esto permite repetir el mismo ejercicio para las tres jurisdicciones.
Gráfico 3: Variación de los puntajes promedio en Aprender 2018–2021 y PISA 2022–2025: país, CABA, Córdoba y Mendoza. Paneles de Matemática y Lengua/Lectura
A. B.

El Gráfico 3A muestra que, en matemática, en el agregado nacional y en dos de las tres jurisdicciones analizadas, los resultados de Aprender 2021 son inferiores a los de 2018 y los de PISA 2025 son también inferiores a los de PISA 2022. La dirección coincide, aunque no la magnitud. Tanto en CABA como en Córdoba, la diferencia entre cohortes era mayor en primaria; en Mendoza, en cambio, Aprender registró una mejora de 0,6% y luego una caída de 1,6% en PISA [3].
En lengua/lectura la disparidad es todavía mayor (ver Gráfico 3B). Las diferencias entre 2018 y 2021 en Aprender son pequeñas en las tres jurisdicciones y en el agregado nacional. Sin embargo, posteriormente PISA muestra movimientos muy diferentes – salvo para Córdoba que exhibe prácticamente el mismo diferencial entre operativos-. Es decir, las señales tempranas de los operativos nacionales parecen compartir una dirección general, particularmente en matemática, pero no determinan completamente la trayectoria posterior. No podemos decir que Aprender funcione como un “pronóstico” de PISA.
Tampoco hay que perder de vista que PISA agrega algo que Aprender no puede ofrecer: una comparación internacional realizada con un marco y una métrica comunes. Pero la situación de los aprendizajes argentinos que reveló PISA 2025 difícilmente pueda considerarse por completo nueva. Cuando ajustamos temporalmente las cohortes involucradas, las evaluaciones nacionales no mostraban que estuvieran llegando al final de la primaria con una mejora clara respecto de las anteriores.
Lo que no podía anticiparse a partir de Aprender era cuánto cambiarían después esos resultados. La comparación entre CABA, Córdoba y Mendoza lo muestra con claridad. Y lectura es quizás el ejemplo más interesante: las diferencias entre cohortes eran pequeñas en Aprender primaria pero se ampliaron considerablemente algunos años después en varias jurisdicciones. Miradas de manera conjunta, PISA y Aprender no cuentan exactamente la misma historia, pero tampoco cuentan historias independientes. La sorpresa no debería haber estado tanto en la persistencia de los bajos aprendizajes —sobre eso las evaluaciones nacionales venían dando señales desde hacía tiempo— sino en lo que surge de la mirada conjunta de ambos operativos, que nos hace preguntarnos, por un lado, qué sucede entre el final de la primaria y la mitad de la secundaria, en la evolución de esas cohortes y por otro, en la heterogeneidad de esas trayectorias dentro del país.
[1] Ganimian y Mesalles, en un trabajo publicado en 2024 muestran que, para edades próximas, las evaluaciones internacionales clasifican a una proporción mayor de estudiantes en los niveles más bajos que Aprender. Esto sugiere que lo que se exige para superar esos niveles es diferente y posiblemente menos exigente en Aprender. No implica que cada pregunta de Aprender sea más sencilla: también difieren las poblaciones evaluadas y los puntos de corte.
[2] En Lengua, Aprender 6.º evalúa específicamente comprensión lectora: la capacidad de extraer información, interpretar y reflexionar o evaluar textos. PISA Lectura también se concentra en comprender, utilizar, evaluar y reflexionar sobre textos. En Matemática, ambas evaluaciones requieren poner en juego conocimientos matemáticos para interpretar información y resolver problemas, aunque Aprender se encuentra más estrechamente vinculada con los contenidos curriculares y PISA enfatiza su utilización en una variedad de situaciones.
[3] Como prueba de robustez, las variaciones se calcularon también en unidades de desviación estándar de las respectivas escalas. Los resultados mantienen los mismos patrones descriptivos. Se presentan variaciones porcentuales para facilitar su interpretación. Los puntajes son escalas psicométricas, por lo que las variaciones porcentuales deben interpretarse sólo como una forma descriptiva de normalizar las trayectorias y no como cambios porcentuales en aprendizajes.
