Iorio, polémico, político y pesado

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El cacique del metal argentino falleció a los 61 años de edad, dejando detrás un legado imborrable a nivel musical, aunque sin lugar a dudas, un tipo duro que marca, en cierta medida, el pensamiento pendulante del argentino promedio.

Ricardo Iorio lideró V8, Hermética y Almafuerte, además de tener una carrera solista en los últimos años. Esto le valió el cántico “Ole lé, ola lá, Iorio es lo más grande del heavy nacional”. También conocido en la última década por la sobredimensión de un personaje polémico expuesto por la tv mainstream. Su figura irónica de macho argentino le valió un “run run” importante por los medios nacionales, e inclusive sirvió para que personas alejadas del género terminen escuchando los poemas hechos canciones de Ricardo.

Además de esto, su vida estuvo signada por una ambivalencia política que podría catalogarse de síntoma de la época. Iorio, cuando era parte de V8, cantaba contra la opresión de un sistema político y cultural, permeado por la nefasta dictadura cívico militar de nuestro país (1976 – 1983). Luchando por el metal fue el nombre del disco icónico, y casi como una paradoja, fue quien terminó siendo ese joven Ricardo, un joven adolescente, iracundo por la desidia de un sistema, también cuestionado en “Muy cansado estoy”.

Luego vino el Iorio de Hermética. Un hombre más maduro intelectualmente y que, en su lírica se puede ver la evolución que tuvo. Mucho más formado y con la experiencia sobre el lomo, este Ricardo Iorio le cantó a la clase trabajadora. Sus letras, de profunda cercanía con el pesar de los obreros en un contexto político y económico complejo, como lo fueron la década neoliberal de los 90’s, le valió la oportunidad de plasmar el sentir de gran parte del pueblo argentino, canalizado en los vertiginosos riffs del Tano Romano. Laburante argentino representado en “Gil trabajador” o “Del camionero”, con una profunda lírica filosófica, Iorio hizo sus análisis en “Memoria de siglos” y “Atravesando todo límite”. También le cantó al pibe de barrio que no paraba de soñar con ser el rockero de los posters que tenía pegados en su pieza, en canciones como “Ayer deseo, hoy realidad” y “Evitando el ablande”. Himnos bajobarriales como “Soy de la esquina” o “Cuando duerme la ciudad” comenzaron a ser parte de la familia metalera argenta, sin olvidar sus fuertes reflexiones históricas en “Tu eres su seguridad” o “La revancha de América”. El Iorio de Hermética le cantó al pueblo, al barrio y al laburante, de ahí que viene su gran popularidad como el cantor que fue.

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Finalmente, su faceta como líder de Almafuerte ya presenta una ambivalencia absoluta. Desde el aguante a las Madres de Plaza de Mayo, pasando por la fuerte bancada y el resarcimiento a los ex combatientes de Malvinas, pasó a un hombre que poco a poco se fue volcando a la derecha más conservadora, con un paralelismo raro al joven rebelde de V8. El Iorio de Almafuerte profundizó sus raíces criollas y cercanas al folklore nacional, incursionando en esos géneros en varias ocasiones, un ejemplo de eso fue su versión de “Desde el oeste” y “Como estaba ahí Dios”. Además de eso, Ricardo profesó implacablemente su amor por el suelo autóctono: “Orgullo argentino quiero expresar, con este recite que supe heredar, por ser quien no olvida y no ha de olvidar, patria, bandera y sentir nacional”. Inclusive, no claudicó en revelar su posicionamiento peronista en varias ocasiones, aunque esto le valiera críticas de sus pares, más allá de que nunca le importaron. Este Iorio siguió cerca de la gente en sus letras, aunque cada vez más, sus apariciones públicas se coparon de polémicas. Exabruptos ultranacionalistas, delirios casi violentos en la tv y su afán por acabar con la música tropical, le valieron una mala fama que nada tiene que ver con la sensibilidad de sus letras. Y no digo esto porque él ya no está físicamente entre nosotros, sino que expreso lo que siempre pensé: Iorio fue la sensibilidad hecha artista, que comprendió el dolor y supo dar aguante a los menos pudientes. Iorio no cantó con el corazón, cantó lo que el corazón debe cantar.

Imposible es borrar de la memoria colectiva esas noches de difícil transitar, donde las letras del cacique del metal nos dieron aliento una y otra vez. Su música no era algo ajeno a lo que pasa en tu barrio, al contrario, su precisión poética y su lectura sociológica, permitió que todos los pibes de barrio puedan sentir que alguien cantaba por ellos. Cierto, el metal pesado nunca fue lo suficientemente popular, pero no conozco una persona que lleve el arraigo del pueblo, que no le guste una canción del afamado Ricardo.

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Esos días en donde solo quedaba tirar la toalla y no batallar ante lo acontecido, la discografía extensa que dejó Iorio parecía tener siempre una respuesta. Quizás un disco entero, una canción o tan solo una frase, pero la justa siempre estaba. No importaba que tan dura era o es la realidad, el trabajo y la opresión del sistema, la música siempre estaba ahí para levantarte y seguir adelante. Iorio fue eso, un letrista milagroso, un ser humano con una percepción más humana que el resto. El no le cantó al metal y a los metaleros, le cantó al pueblo argentino.

Mientras el universo del rock duro sigue despidiendo a Ricardo Iorio, hoy quiero decir sin tapujo que nunca se va a ir. En cualquier recital de metal, alguien va a pedir que toquen “Destrucción” (canción de V8), pero además de eso, los avances y retrocesos sociales y políticos siempre van a hacer que “Olvidalo y volverá por más” de Hermética sea vigente. Sin embargo, no me quiero quedar solo en la música. Iorio fue más, y ahí va a vivir, en la idiosincrasia argenta del que se levanta temprano para laburar y darle lo mejor al otro sin faltarle el respeto a sus ideales. A Ricardo Iorio lo vamos a extrañar, pero siempre vamos a estar de pie. Como dijo su himno “Se vos”: más quien aguanta es el existe. Y acá estamos, somos argentinos, polémicos, políticos y pesados. Y nunca te olvides, si necesitas una respuesta o necesitas una mano, escuchá V8, Hermética y Almafuerte, levántate y salí a buscar lo que necesitas. Su legado siempre va a estar ahí.

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