La cultura del éxito rápido detrás de las nuevas adicciones juveniles
El psicólogo e investigador Raúl Gómez planteó que la prevención requiere involucrar a familias y docentes en el universo digital de los jóvenes y detectar cambios de conducta antes de que el juego se transforme en una adicción.
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Las apuestas online dejaron de ser un fenómeno circunscripto al entretenimiento digital para convertirse en un problema que interpela a familias, escuelas y al sistema de salud mental. En Posadas, el psicólogo y doctor en Ciencias de la Salud Raúl Gómez llamó a fortalecer las herramientas de prevención y asistencia de las nuevas adicciones juveniles frente a una práctica que encuentra en las redes sociales, los influencers y las transmisiones deportivas canales de acceso cada vez más extendidos entre adolescentes.
Gómez, investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, fue uno de los disertantes, junto a Valeria Fiore y Carolina Ocar, de la jornada de capacitación docente “Conectados con el cuidado”, destinada al abordaje integral de la problemática de los juegos de apuestas en adolescentes dentro del ámbito educativo.
La capacitación tuvo entre sus objetivos sensibilizar sobre el fenómeno, analizar las condiciones subjetivas, materiales, sociales y culturales que favorecen el involucramiento con las apuestas online y aportar herramientas preventivas y asistenciales. El planteo parte de una premisa: los docentes no pueden quedar solos frente a una problemática que combina tecnología, salud mental, vínculos sociales y nuevas formas de consumo.
El primer territorio de prevención está en la pantalla
Para Gómez, uno de los cambios centrales que introdujo la era digital es que una parte significativa de la vida cotidiana de niños y adolescentes ocurre dentro de un universo que los adultos muchas veces desconocen.
La pregunta que propone es sencilla, pero cambia el enfoque: cuánto saben padres y docentes sobre lo que efectivamente están mirando los jóvenes cuando pasan horas frente a una pantalla.
Desde esa perspectiva, el investigador plantea que involucrarse en los contenidos que consumen los hijos y alumnos constituye un primer paso preventivo. Lo define como “monitoreo parental”, una herramienta que no supone solamente controlar tiempos de conexión, sino conocer el entorno digital en el que se desarrollan las experiencias de los adolescentes.
La comparación es directa. Ningún adulto dejaría durante horas a un niño o adolescente en un lugar físico desconocido sin saber qué ocurre allí. Sin embargo, esa supervisión no siempre se traslada al espacio digital, donde redes sociales, plataformas de entretenimiento, influencers, YouTubers y streamers pueden convertirse en vías de contacto con las apuestas.
La prevención, entonces, empieza antes de que aparezca una conducta problemática. Requiere comunicación afectiva, acompañamiento y conocimiento de ese universo.

Detectar antes de que el problema se consolide
El abordaje también necesita reconocer señales tempranas. Gómez señala el aislamiento y los cambios repentinos de estado de ánimo como indicadores a los que los adultos deben prestar atención.
No se trata de asociar automáticamente esas conductas con una ludopatía. Son señales que pueden responder a múltiples situaciones, pero adquieren relevancia cuando aparecen dentro de un conjunto de cambios y cuando existe una posible exposición a prácticas de apuestas.
La detección temprana permite modificar el eje de la intervención. En lugar de esperar a que la deuda, el conflicto familiar, el deterioro escolar o la pérdida de control sobre el juego hagan visible el problema, familias y escuelas pueden actuar cuando todavía existe margen para prevenir una escalada.
Gómez ubica las ludopatías dentro del campo de las adicciones sin sustancia. Por eso considera necesario evitar respuestas basadas exclusivamente en la prohibición y avanzar hacia estrategias de comunicación, acompañamiento, monitoreo y asistencia.
El deporte cambió de lugar en la ecuación
Uno de los aspectos más complejos que plantea el investigador es el vínculo entre apuestas online y deportes. Históricamente, las actividades deportivas fueron consideradas un factor protector frente a las adicciones con sustancia. La expansión de las apuestas asociadas al deporte modificó esa relación.
El problema no radica únicamente en la cantidad de publicidad, sino también en quién la comunica y qué valores transmite. Cuando una práctica potencialmente adictiva aparece asociada a figuras deportivas, ídolos o referentes con fuerte llegada entre los jóvenes, el mensaje adquiere una capacidad de legitimación diferente.
A eso se suma una dimensión cultural que Gómez vincula con la búsqueda de resultados inmediatos. La promesa de éxito rápido, acceso rápido al consumo y recompensa inmediata construye un entorno particularmente favorable para las apuestas, que ofrecen justamente esa combinación de expectativa, velocidad y resultado.
La lógica atraviesa el ecosistema digital. Contenidos breves, estímulos permanentes y una economía de la atención basada en la inmediatez pueden contribuir a instalar la idea de que todo debe suceder rápido, incluso el éxito económico.
Una tarea que excede a la escuela
El desafío que plantea la problemática de las apuestas adolescentes no puede resolverse desde un único ámbito. La escuela tiene un papel relevante porque docentes y equipos educativos comparten buena parte de la vida cotidiana de los jóvenes, pero la prevención también requiere participación familiar y herramientas específicas del sistema de salud.
“Conectados con el cuidado” apunta precisamente a fortalecer ese entramado. La capacitación busca que los docentes puedan reconocer el problema, comprender sus dimensiones y contar con recursos para intervenir o derivar cuando sea necesario.
La cuestión de fondo es cómo acompañar a una generación cuya socialización ocurre simultáneamente en espacios físicos y digitales. Para Gómez, esa transformación obliga a los adultos a dejar de mirar la pantalla como un territorio ajeno y empezar a comprenderla como parte del entorno cotidiano de niños y adolescentes.
En ese escenario, el monitoreo parental, la comunicación afectiva y la detección temprana aparecen como herramientas de bajo costo institucional pero de alto valor preventivo. No eliminan por sí mismas el riesgo, pero permiten construir una primera barrera de cuidado.
El desafío consiste en recuperar la capacidad adulta de acompañar sin reducir la respuesta al control. Conocer qué consumen los jóvenes, identificar cambios de conducta, conversar sobre las promesas de éxito rápido y comprender cómo las apuestas se integraron al ecosistema deportivo y digital son pasos concretos para evitar que una práctica presentada como entretenimiento termine comprometiendo la salud mental.

