La hipocresía política de la FIFA

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Otra designación mundialista y otra decepción. El ente más importante del fútbol mundial volvió a demostrar que las altas esferas solo se manejan por el dinero y, que la política es solo un maquillaje para recibir likes en redes sociales.

Infantino, presidente de la FIFA, confirmó a Arabia Saudita como sede para el mundial de fútbol en 2034. No tenemos nada contra los árabes, al contrario, uno festeja que estos grandes eventos salgan de la órbita occidental. Sin embargo, detrás de esto hay un análisis un tanto minucioso.

La FIFA, como tantas entidades deportivas, fue exageradamente crítica con Rusia, tras su invasión en Ucrania. Más allá de la guerra, se achacó que el embate ruso golpea, sensiblemente, a los derechos humanos, y ante eso, la pregunta más obvia es: ¿se respetan los DDHH en Arabia Saudita? Si uno lo pone en términos occidentales, la respuesta es no. Este país musulmán, de tendencia wahabita, una de las corrientes más conservadoras de esta religión, con todo lo que eso significa. Derechos suprimidos para mujeres, colectivo LGBT y penas exacerbadas. ¿Eso no es condenable para la FIFA?

La cosa es simple, la entidad regente del fútbol mundial es un simple órgano que responde a los intereses occidentales y que conoce un solo símbolo, el de los dólares. Arabia Saudita sedujo a la FIFA con los famosos petrodólares y con la venia de occidente, entendiendo que es un aliado, en cierta manera, a Estados Unidos. Con Qatar había pasado algo parecido, y luego de tantas críticas que recibió, simplemente decidieron tomar una decisión símil.

En ese vaivén de intereses geopolíticos entra la FIFA. Rusia es un claro enemigo de los intereses occidentales, más allá de que es una mega potencia y que realizó un mundial en 2018, la pendulante posición del fútbol global es un acto cambiante. Hoy sos amigo, mañana enemigo, y quizás la semana que viene volvemos a amigarnos.

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Otro ejemplo contundente es el que sucedió en Europa con hinchas escoceses. Dada la escalada de tensiones entre Israel y Hamás, muchas manifestaciones a favor de la causa y los civiles palestinos fueron vistas y militadas. Sin embargo, los entes que manejan el fútbol global decidieron cuestionar, prohibir y multar a la afición del Celtic, quienes asistieron con banderas palestinas a su estadio. Entonces, ¿para la FIFA hay árabes y musulmanes buenos y malos? Entendiendo que le dieron la sede mundialista a Arabia Saudita, pero invisibilizan a Palestina.

No solamente que para la FIFA hay una clara divisoria entre buenos y malos, visión propia de un grupo hegemónico a la que la deshistorización le es favorable, sino que ni siquiera es algo original o con verdaderas raíces ideológicas. Arabia Saudita y Qatar tienen dinero, Palestina no, y además es la antítesis de Israel, el claro socio geopolítico de Estados Unidos. Por ende, para la FIFA es fácil.

“La pelota no se mancha”, dijo el Diego, aunque las que propone la institución regida por Infantino ya está manchada hace rato. En 1934, en pleno auge del fascismo de Benito Mussolini, a Italia le dieron la organización de un mundial, el cual obviamente ganó. Argentina en plena dictadura cívico – militar en 1978 fue anfitrión de una copa del mundo que también terminó ganando, con un 6 a 0 a Perú que aún deja dudas. No es coincidencia tampoco que el primer mundial que se organizó tras la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría fue en Estados Unidos, en el año 1994. En dicho mundial, tampoco es coincidencia que lo hayan barrido a Diego Armando Maradona por el cuestionable doping positivo. Jugador con una postura crítica hacia la FIFA y el despilfarro del poder en el mundo de la política. Si hablamos de condiciones seguras, Sudáfrica no lo fue. En 2010, el mundial se llevó a cabo allí, teniendo como sedes a ciudades que lideran los rankings de inseguridad en el mundo. Y, finalmente en la Rusia de Putin se hizo el mundial del 2018. Para ese momento, su régimen había invadido Crimea y libró la guerra en Georgia y Chechenia, pero eso no importó en ese momento.

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Otro tema llamativo es la defensa pública de Ucrania. La campaña en apoyo a Ucrania fue enorme en el fútbol, y está bien, son civiles que nada tienen que ver en su mayoría con esa guerra. Sin embargo, la FIFA no se ve preocupada por los hinchas de fútbol de Siria o Yemen. A ellos también les gusta el fútbol, pero claramente no son un negocio rentable.

El dinero mueve montañas y no está mal, vivimos en un sistema capitalista, pero vender pescado podrido para poder argumentar la gran cantidad de dólares que recibe y por la cual se vende esa entidad es de muy bajo valor. Usar lo político para tapar lo económico es una calaña que solamente tiene asidero cuando el ser humano compra el relato. Mientras tanto, la pelota sigue rodando, los goles se siguen gritando y el fútbol es el gran alivio de la clase trabajadora en parte del mundo, aunque las manos manchadas de los dirigentes siguen llenando sus bolsillos con la ilusión ajena.

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