Síntomas del colapso: Europa y los tractores

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Desde el otoño pasado (año 2023), los campesinos de distintas partes de Europa se empezaron a manifestar debido a las nuevas medidas implementadas por sus gobiernos de turno. Estas manifestaciones campesinas se enardecieron mas recientemente, llegando a convertirse en centenares de tractores desfilando por las ciudades capitales, hasta enormes máquinas vertiendo todo tipo de desechos en frente de edificios gubernamentales.

El reciente estallido se debe a la cercanía que supone la época de elecciones en Europa, lo que trajo consigo a los muy dulces candidatos de turno, siendo estos mayormente pertenecientes a organizaciones de la derecha europea y quienes no tardarían en capitalizar el descontento de los campesinos con promesas de político. Esta peligrosa agravante no tardaría en despertar las alertas del continente, por las posibles implicancias, llevando a los miembros de la UE a invertir millones de euros en mejorar la oferta de productos locales. Los países sumados a este reclamo campesino superan ya la quincena, significando un problema serio para los gobiernos que se ven incapacitados tanto de importar como de exportar alimentos básicos.

Los campesinos, tanto de España como de Alemania, Bélgica, Italia, Francia, etc. reclaman la reducción de la burocracia y papeleo excesivos que implica el simple hecho de “ser campesino”, esto sumado a los precios miserables que reciben las familias campesinas que llevan generaciones enteras trabajando sus tierras y se ven obligados a dejarla de un día para otro. La mayor parte de las medidas tomadas por la Unión Europea tienen que ver con abaratar los costos de producción en Kiev, Ucrania, debido a su apoyo en la guerra, sumado a la eliminación del arancel de los productos importados desde allí. Esta diferencia de costes se vería reflejada en las góndolas a todo lo largo y ancho del primer mundo, haciéndoles imposible la vida a los productores locales.

A estos ajustes le falta añadir las medidas impuestas sobre el gasóleo agrícola, que vienen como derivado del famoso “PeakOil”, el cual implica, básicamente, que ya no hay mas combustible para hacer funcionar las máquinas del sector agrario. El PeakOil también repercute en el transporte, ya que los camiones y maquinarias encargados de poner el pan en la mesa de la mayor parte de la población, también funcionan con gasoil y aún no hay un sustituto fiable.

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La suma de complicaciones en a elaboración de alimentos en el campo también conllevan a una disminución en los índices de nuevas generaciones decididas a prevalecer en el oficio, en Europa un tercio de los agricultores tiene mas de 65 años, provocando que la prevalencia de las explotaciones agrícolas asentadas en la UE no esté garantizada. Se estima que, en los próximos diez años, un tercio de los agricultores de la UE se jubilarán.

La crisis del éxodo rural no sólo se reduce a Europa, sino que se trata de un fenómeno global, el cual traerá consecuencias de escala impensable. Los campesinos, no solamente tienen que ajustarse a las nuevas demandas del mercado, sino que deben de intentar competir con grandes corporaciones que producen el mismo producto pero cuatro veces más barato debido a la industrialización del oficio.

Es en esta coyuntura que miles de campesinos decidirían salir a protestar con lo último que les queda, sus herramientas. Horticultores y productores avícolas, armados de tractores y camiones, irrumpen en Madrid, París y Berlín, sembrando de humana esperanza las tibias calles de Babilonia, tapando las vidrieras con bosta de chancho, llenando los edificios de la UE con basura de a toneladas. Esta justa y poética imagen, nos constata de que aún hay en la humanidad el espíritu rebelde y justo que, en este caso, no pide más que hacer su trabajo, producir alimentos.

A pesar de lo esperanzador y empoderado que sea este acto de los agricultores, nos corresponde tener una vista seria y sin filtro. Debemos de entender que los recursos necesarios para seguir haciendo funcionar el modelo de producción actual, ya están escaneando o se han acabado ya. Como consecuente, al acabarse los recursos, no menos de tres cuartas partes de la población quedan en jaque, desatando hambrunas, guerras civiles y colapso.

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De ello deviene la importancia de implementar un decrecimiento sistemático, que nos lleve de manera seria hacia un sensato futuro sin hambre y sin conflicto. De más esta decir que las políticas planteadas por la agenda 2030 y las energías renovables son análisis superficiales, infantiles y convenientes que no hacen más que reclutar aprobación colectiva, para justificar el descarado aprovechamiento de las minorías más enriquecidas. Así como de más esta decir que esta transformación no será posible sin un cambio radical en muestra manera de relacionarnos y desempeñarnos en el mundo, ya que nuestros resultados como constructo social no son mas que un reflejo de nuestra relación interna con los problemas. Dándonos una pauta de la profundidad del problema, este artículo busca señalar a nuestra inconsciente manera de intentar resolver las dificultades.

Siendo que más allá de que hayan intentado convencer a todos de que existe una sola manera de producir, así como existe una sola de consumir, no somos ciegos a entender que hay otra manera de enfrentar el colapso. Hay una manera sensata y humana, la cual deberá de tomarse en serio por todos aquellos que aún piensen en sus hijos y nietos. Esta responsabilidad se debe de extender hasta la misma naturaleza, siendo el trato para con ésta el principal determinante de nuestro destino como especie.

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