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Invertir en infraestructura resiliente esconde una importante oportunidad económica

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La infraestructura resiliente tiene que ver con las personas. En particular, en los países en desarrollo, los problemas de infraestructura son una preocupación cotidiana que afecta el bienestar de las personas, las perspectivas económicas y la calidad de vida. El beneficio neto general de hacerlo en los países en desarrollo ascendería a USD 4,2 billones durante la vida útil de la nueva infraestructura.

La infraestructura está en el corazón de las vidas y los medios de subsistencia. Puede habilitar escuelas y hospitales, empresas e industrias, y el acceso a empleos y prosperidad. Sin embargo, en los países en desarrollo, los problemas de infraestructura son una preocupación cotidiana, reduciendo las oportunidades de empleo, obstaculizando la salud y la educación, y limitando el crecimiento económico.

En los países de ingreso bajo y mediano, solo los daños directos de los peligros naturales a la generación de energía y al transporte cuestan USD 18 mil millones al año, reduciendo el ya escaso presupuesto de los organismos viales y los servicios públicos de energía. Pero el impacto principal de las conmociones naturales en la infraestructura se debe a las interrupciones que imponen a las personas y las comunidades, por ejemplo, las empresas que no pueden mantener en funcionamiento las fábricas o usar Internet para tomar pedidos y procesar pagos; o en los hogares que no tienen el agua que necesitan para preparar las comidas o en personas que no pueden ir a trabajar, enviar a los niños a la escuela o ir al hospital.

Junto con el mal mantenimiento y la mala gestión, los peligros naturales son una de las principales causas de las interrupciones que cuestan a los hogares y empresas al menos USD 390 mil millones al año en países de ingreso bajo y mediano. Y esta es una estimación conservadora que no tiene en cuenta los costos indirectos, como los que recaen en las mujeres que a menudo son las encargadas de asegurar el agua para los hogares, o el efecto en las pequeñas empresas que no pueden crecer e innovar porque deben soportar el costo de los generadores eléctricos.

“Una infraestructura resiliente no se refiere exclusivamente a carreteras o puentes o centrales eléctricas. Se trata de las personas, los hogares y las comunidades para los que esta infraestructura de calidad constituye un medio esencial para obtener mejor salud, mejor educación y mejores medios de subsistencia. Invertir en infraestructura resiliente es ofrecer oportunidades económicas a la gente. En el informe se muestra, a los países, una forma de lograr un futuro más seguro, estable y próspero para todos”, remarca David Malpass, Presidente del Grupo Banco Mundial

La oportunidad de la infraestructura resiliente

Según Lifelines, un nuevo informe del Banco Mundial y el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (i), el beneficio neto de invertir en una infraestructura más resiliente en los países de ingreso bajo y mediano ascendería a los USD 4,2 billones, lo que representa un beneficio de USD 4 por cada dólar invertido.

Existen soluciones para mejorar la resiliencia de la infraestructura y las inversiones para hacerlo son racionales y rentables a la vez. ¿Cómo sería esta infraestructura resiliente? Podría hacerse excavando más profundo para hacer los cimientos, usando materiales alternativos, construyendo protección contra inundaciones, reforzando los postes eléctricos y las torres celulares, mejorando el diseño de carreteras y construyendo plantas de tratamiento de agua más sólidas.

Pero también es necesario mirar más allá de cada activo individual y construir sistemas y redes más resilientes. Crear redundancia en las redes, es decir, aumentar el número de conexiones que sirven a una comunidad, por ejemplo, puede cambiar las reglas del juego. Una ciudad que es accesible a través de múltiples caminos y que recibe energía a través de múltiples líneas de transmisión es menos probable que quede aislada o sin energía cuando se produce una tormenta devastadora.

Al mismo tiempo, no se pueden evitar todas las interrupciones, por lo que será esencial también garantizar que los hogares y las empresas las planifiquen y administren, por ejemplo, asegurando que cada hogar tenga suministros de emergencia o que las comunidades tengan cadenas de suministro sólidas y adaptables.

Gastar mejor
Cerrar la brecha de infraestructura para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible demandará inversiones sustanciales en nueva infraestructura y en el mantenimiento de los activos existentes. Sin embargo, no se trata solo de gastar más, sino también de gastar mejor. Invertir en regulaciones y planificación en las primeras etapas del diseño del proyecto y en el mantenimiento puede superar significativamente los costos de reparación o reconstrucción después de un desastre. Este tipo de inversiones tempranas puede ser difícil de financiar en países de ingreso bajo. Por lo tanto, podrán considerarse como prioridades para la comunidad internacional y la ayuda para el desarrollo.

Este informe explica cómo desbloquear esta oportunidad de USD 4,2 billones con una gama de recomendaciones claras y concretas:

Comenzar por lo básico. Es fundamental subsanar la mala administración y la mala gestión general de los sistemas de infraestructura. Por ejemplo, un activo de infraestructura con mantenimiento deficiente no puede ser resiliente.
Crear instituciones para la resiliencia. También es preciso abordar los desafíos de la economía política más generales e identificar los activos y los sistemas de infraestructura críticos, para poder encauzar los recursos hacia ellos.
Crear regulaciones e incentivos para la resiliencia. Los incentivos financieros pueden utilizarse para conseguir que se considere la totalidad del costo social de las interrupciones de los servicios de infraestructura, alentando a los prestadores de servicios a no limitarse a cumplir las normas obligatorias.
Mejorar la toma de decisiones. El acceso a mejores datos, instrumentos y conocimientos prácticos podría ser un punto de inflexión en la creación de resiliencia; por ejemplo, los modelos digitales de elevación para las zonas urbanas no son costosos y suministran información crucial para determinar inversiones por valor de cientos de miles de millones de dólares al año.
Proporcionar financiamiento. Resulta decisivo otorgar el tipo correcto de financiamiento en el momento correcto. Por ejemplo, se pueden suministrar a los entes reguladores y se pueden emplear en las primeras etapas del diseño de la infraestructura montos que resultan pequeños cuando se los compara con los miles de millones necesarios para las reparaciones y la recuperación tras un desastre.
No hay tiempo que perder. Con un clima rápidamente cambiante y grandes inversiones en infraestructura que tienen lugar en muchos países, los negocios habituales en la próxima década nos costarían USD 1 billón más. Sin embargo, si lo hacemos bien, podemos proporcionar los servicios de infraestructura críticos −salvavidas− para un mejor desarrollo para quienes más lo necesitan.

 

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Para el Banco Mundial la economía argentina sigue contrayéndose

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El informe de  perspectivas económicas del Banco Mundial bajó sus previsiones de crecimiento para este año. Estiman que América Latina crezca un moderado 1.7%, mientras que Argentina cerraría su segundo año de contracción y anticipan un dato positivo para el 2020.

Frente a las tensiones comerciales en el escenario global, el Banco Mundial prevé que el crecimiento económico se reduzca al 2,6% en 2019, debido a una disminución mayor de lo esperado del comercio y la inversión al principio del año.

Según las proyecciones, en el 2021 mejoraría la situación y el crecimiento aumentaría levemente al 2,8%, dependiendo de la continuación de tasas de financiamiento favorables y de una modesta recuperación en las economías emergentes y en desarrollo.

“Los riesgos se orientan a la desaceleración económica, tales como la posibilidad de mayores tensiones comerciales. Es urgente que las economías emergentes y en desarrollo fortalezcan la resiliencia de sus políticas económicas y sus perspectivas de crecimiento”, alertaron en el informe.

En esa línea, se espera que América Latina y el Caribe crezca un moderado 1,7 % en 2019, lo que refleja las difíciles condiciones que imperan en varias de las economías de la región.

Se espera que América Latina y el Caribe crezca un moderado 1,7 % en 2019, lo que refleja las difíciles condiciones que imperan en varias de las economías de la región. En Brasil, si bien las condiciones crediticias y del mercado laboral se han atenuado, los indicadores de actividad siguen registrando avances lentos. Tanto Chile como México experimentan una desaceleración, y la  economía argentina sigue contrayéndose. No obstante, datos recientes indican una sólida expansión económica en Colombia.

El comercio de la región continúa expandiéndose, pese a que en los últimos meses las órdenes de exportación se han desacelerado en algunas de las principales economías, en consonancia con el menor nivel de crecimiento del comercio mundial. Las actividades del sector de servicios han respaldado el crecimiento, a diferencia de lo que sucedió con el sector industrial. Las condiciones de financiamiento se han atenuado y el volumen de remesas dirigidas a la región ha sido considerable, lo que refleja la solidez del mercado laboral estadounidense. Con excepción de Argentina y Venezuela, la inflación ha sido moderada.

Perspectivas: Según las proyecciones, el crecimiento regional aumentará al 2,5 % en 2020, impulsado por un repunte de las inversiones fijas tras un extenso período de decaimiento. En 2020 y 2021, el crecimiento de las exportaciones netas se reducirá ligeramente, al tiempo que se debilitará la demanda externa y se fortalecerá la demanda de importaciones. Asimismo, los precios de los productos básicos, tras experimentar un período de volatilidad, se mantendrán estables, contribuyendo así a generar un camino de crecimiento más firme para la región.

En Brasil, se espera que la débil recuperación cíclica cobre impulso y que el crecimiento aumente del 1,5 % en 2019 al 2,5 % el año próximo. Se prevé que, en 2020, tras dos años de contracción, Argentina volverá a registrar un crecimiento positivo, a medida que disminuyan los efectos de las presiones del mercado financiero. En 2020, el crecimiento de México se acelerará moderadamente hasta alcanzar un 2 %, al tiempo que se disipa la incertidumbre en materia de políticas. Ese mismo año, el crecimiento de Colombia también aumentará al 3,5 %, como reflejo del aumento de la inversión, y, en el caso de Chile, el crecimiento se atenuará hasta situarse en un 3,1 %, producto de la desaceleración de la demanda de exportaciones y el endurecimiento fiscal planificado.

En América Central, el crecimiento se acelerará moderadamente del 3,1 % este año al 3,3 % en 2020. En el Caribe, se anticipa un crecimiento del 4,1 % en 2020, impulsado por el rápido desarrollo de la industria petrolera de altamar en Guyana. En 2020, el crecimiento de la República Dominicana, la principal economía del Caribe, se mantendrá estable en un 5 %, al tiempo que los sectores industrial y de servicios registrarán un crecimiento ligeramente moderado.

Riesgos: Los riesgos para las perspectivas de la región se traducen predominantemente en una tendencia a la baja y provienen tanto de fuentes externas como internas. Una nueva escalada de restricciones comerciales entre las principales economías podría incidir en las exportaciones y la inversión. La desaceleración económica de Estados Unidos podría ser más marcada de lo esperado. Una desaceleración más profunda que lo anticipado en China, el mayor destino de importaciones para Brasil, Chile, Perú y Uruguay, también podría representar un riesgo. Los niveles de deuda pública han aumentado a un ritmo constante en gran parte de la región, lo que supone un riesgo si los costos de endeudamiento aumentan de forma repentina. Las calificaciones de la deuda soberana de Argentina, Costa Rica y Nicaragua han bajado desde fines de 2018.

El empeoramiento de la crisis en Venezuela sin duda tendrá impactos fiscales y sociales cada vez mayores en la región. Las perturbaciones debidas al cambio climático y los desastres naturales constituyen fuentes persistentes de riesgo para las perspectivas regionales.

 

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David Malpass fue electo como el décimo tercer presidente del Banco Mundial

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Los directores ejecutivos del Banco Mundial convinieron por unanimidad seleccionar a David R. Malpass como presidente del Grupo Banco Mundial por un período de cinco años a partir del 9 de abril de 2019. El Directorio Ejecutivo expresó su profundo agradecimiento a la presidenta interina Kristalina Georgieva por su dedicación y liderazgo en los últimos meses.
David Malpass se desempeñaba como funcionario del Tesoro de EEUU. Su designación no fue sorpresiva ya que era el único candidato para el puesto. La semana próxima iniciará su mandato de cinco años.
Los directores ejecutivos cumplieron con el proceso de selección convenido en 2011. Este comprendió un proceso abierto y transparente de candidaturas por el que cualquier director ejecutivo o gobernador a través de un director ejecutivo podía proponer a cualquier ciudadano de los países miembros del Banco. El proceso fue seguido por una exhaustiva entrevista al Sr. Malpass por parte de los directores ejecutivos.
El directorio espera con interés trabajar con el Sr. Malpass en la puesta en práctica de la visión del Grupo Banco Mundial enunciada en el documento de la estrategia De Cara al Futuro (i) y el acuerdo sobre las medidas relativas al aumento de capital que se describen en el documento titulado Financiamiento sostenible para el desarrollo sostenible (i).
El Sr. Malpass se desempeñó antes como subsecretario de Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. En su calidad de subsecretario, representó a los Estados Unidos en entornos internacionales, como Reuniones de los Viceministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G-7) y del Grupo de los Veinte (G-20), Reuniones de Primavera y Reuniones Anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como reuniones del Consejo de Estabilidad Financiera, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), y la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero.
En su calidad de subsecretario, el Sr. Malpass desempeñó un papel trascendental en varias reformas e iniciativas importantes del Grupo Banco Mundial, como el reciente aumento de capital del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC). También cumplió una función crucial en la promoción de la Iniciativa para la Transparencia de la Deuda, adoptada por el Banco Mundial y el FMI, con el propósito de permitir un mayor acceso del público a información sobre la deuda y así reducir la frecuencia y la gravedad de las crisis de esa índole.
Antes de asumir las funciones de subsecretario, el Sr. Malpass se desempeñaba como economista de nivel internacional y fue fundador de una empresa de estudios macroeconómicos con sede en la ciudad de Nueva York. Anteriormente, cumplió las funciones de subsecretario adjunto de Naciones en Desarrollo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y subsecretario de Estado adjunto de Asuntos Económicos de América Latina. En estos cargos, se centró en una variedad de cuestiones económicas, presupuestarias y de política exterior y la participación de los Estados Unidos en las instituciones multilaterales, incluido el Banco Mundial.
El Sr. Malpass fue miembro de los directorios del Consejo de las Américas, el Economic Club of New York, y el Comité Nacional de Relaciones entre los Estados Unidos y China. Obtuvo su título de licenciatura en el Colorado College y su título de maestría en administración de empresas en la Universidad de Denver. Realizó estudios avanzados de posgrado en economía internacional en la Escuela de Relaciones Exteriores de la Universidad de Georgetown.
El presidente del Banco Mundial es además presidente de los Directorios Ejecutivos del BIRF y de la Asociación Internacional de Fomento (AIF). También es presidente ex officio de las Juntas de Directores de IFC y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), y del Consejo Administrativo del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).

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Latinoamérica: dos de cada tres familias necesitan mejor vivienda, no una nueva

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Hasta hace unos años, Colombia estaba en los primeros lugares de la lista de déficit de viviendas nuevas en América Latina. Tras años de inversión y a través de programas de vivienda gratuita y el otorgamiento de generosos subsidios para incentivar la compra de vivienda, el país, al igual que en su momento Brasil, Chile y México, redujo significativamente su déficit cuantitativo de vivienda.
Hoy día, sin embargo, el problema es otro: la baja calidad y resiliencia de las construcciones. Según el Banco Mundial, dos de cada tres familias que tienen un problema de vivienda en América Latina necesitan una mejor, no una nueva.
¿Cómo detectar que una vivienda es de mala calidad? Hay cuatro aspectos básicos: estructura, acceso a servicios, calidad de la tenencia y ubicación.
En la región, este problema se agrava debido a la recurrencia y, sobre todo, la severidad de los desastres causados por fenómenos naturales, además de los altos costos de la reconstrucción que pueden llegar a ser entre 4 y 10 veces más altos que la prevención.
Por ejemplo, los daños y pérdidas a la vivienda ocasionados por desastres naturales entre 1998 y 2016 en Colombia ascendieron a 5.600 millones de dólares, vinculados a más de 30 mil emergencias que dejaron cerca de 1.7 millones de viviendas afectadas. Esta cifra es 65% mayor a todo lo que el gobierno invirtió en programas de vivienda desde 2012 y ni siquiera incluye los costos de vidas humanas perdidas y trastornadas por estos eventos.
Reacción
Ante este escenario, Colombia creó en 2018 el programa Casa Digna, Vida Digna para reforzar las estructuras y mejorar la calidad de las viviendas existentes en el país, a una fracción del costo de la construcción de una nueva. A través de este programa, el gobierno podrá salvar y mejorar la calidad de vida de la población y proteger los activos de las familias, sin perturbar drásticamente las dinámicas sociales y económicas.
Se estima que este programa beneficiará a cerca de medio millón de hogares que necesitan mejor vivienda, no una nueva.
“Un gran atributo del programa es su integralidad, pues contempla la tenencia legal de la vivienda, su seguridad física, la mejora de sus acabados y la calidad del entorno. También tiene la virtud de vincular a los gobiernos locales tanto en el diseño como en la implementación de las soluciones, sacando provecho de su mejor conocimiento del territorio, al tiempo que se profundiza el proceso de descentralización. Finalmente, su impacto social es notable, dado que la materialización de las metas permitirá sacar a un millón de colombianos de la pobreza multidimensional”, explica Jonathan Malagón, ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio de Colombia.
Para el actual cuatrienio, el gobierno se ha trazado una ambiciosa meta de 600 mil mejoramientos de viviendas, cifra que muchos analistas y expertos, sin embargo, consideran ambiciosa, dada la incertidumbre que todavía existe sobre la disponibilidad de financiamiento para el programa y por el complejo tejido institucional que deberá operar de forma fluida para llegar a la meta. Se espera que tanto el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio como el Departamento de Prosperidad Social y el Ministerio de Agricultura realizarán mejoramientos de vivienda y contribuirán al cumplimiento de la meta.
Para Luis Triveño, especialista en Desarrollo Urbano del Banco Mundial, si bien las metas son ambiciosas, muestran el compromiso del gobierno para corregir aspectos de la política de vivienda del país que le daban la espalda a las familias de menores ingresos.
“Estas familias, lamentablemente, por décadas han construido su vivienda de forma incremental y sin la debida asistencia técnica. Con Casa Digna, Vida Digna, podrán finalmente acceder a mano amiga del Estado para que su vivienda no solo sea más cómoda, sino que también sea resiliente ante desastres naturales como los terremotos”, señala Triveño.
Recomendaciones
Con el ánimo de apoyar esta agenda de vivienda resiliente, el Banco Mundial elaboró un análisis del desempeño de los programas de vivienda para el Gobierno de Colombia y formuló recomendaciones para que la política de vivienda en el país sea más eficiente, resiliente y efectiva.
“Hemos analizado experiencias internacionales exitosas en la generación de suelo para la provisión de vivienda social bien localizada y en el despliegue de programas masivos de mejoramiento de vivienda que protejan a la población más vulnerable ante desastres naturales y eventos vinculados al cambio climático”, afirma Vanessa Velasco, especialista de Desarrollo Urbano del Banco Mundial.
Para apoyar al gobierno de Colombia en su esfuerzo por modernizar sus políticas y programas de vivienda, el Banco Mundial propuso reflexionar sobre los siguientes aspectos:

  • La existencia de un órgano rector que determine las acciones en materia de vivienda. Asimismo, la articulación y armonización de los distintos actores del Estado para mejorar su eficiencia.
  • La coordinación entre el gobierno nacional y los gobiernos locales en las zonas más expuestas a riesgo de desastres para canalizar las inversiones.
  • El uso de la tecnología para la generación de sistema de información detallada y precisa que permita evaluar el impacto de los subsidios y planificar su asignación futura.
  • La calibración de los incentivos del Estado para promover la participación de hogares y el sector privado en el mejoramiento de vivienda y el arrendamiento.
  • La diversificación de productos financieros tanto para las familias como para los desarrolladores.
  • La racionalización de los programas de vivienda para mejorar su focalización, minimizar su regresividad y evitar las filtraciones, para así orientar los recursos hacia los segmentos de más bajos ingresos.
  • La gestión del suelo que garantice la provisión de suelo urbanizado bien localizado y la inclusión de vivienda.
  • La integración de la gestión de desastres como parte de la política de vivienda y la utilización activa de los subsidios para promover el reasentamiento voluntario en zonas de riesgo no mitigables.
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La respuesta del candidato a presidente

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La última vez había escrito acá “Que le preguntaría a un candidato a Presidente” sobre cuál debería ser, a mi criterio, la pregunta más importante que se le debe hacer a un candidato a presidente respecto a la economía argentina, considerando que el 2019 es un año electoral. Al respecto había concluido que el principal cuestionamiento que se le debería es ¿cómo va a hacer para que crezca el PBI per cápita?, de manera que no acabemos siendo el país más pobre de la región. A la luz de la teoría económica, en esta ocasión quiero presentarles cuál debería ser una de las respuestas más factibles.
Para comenzar a hablar de ello, es importante resaltar que no es posible hablar de crecimiento económico sin analizar su relación con el ahorro y la inversión. Para explicarlo de una manera sencilla, el aumento del nivel de actividad de una economía (crecimiento económico que se mide a través del PBI) depende de la formación de capital (es decir que se inviertan en nuevas fábricas y maquinarias en el país), para poder hacerlo es necesario ahorrar, a su vez, ese ahorro puede generarse en la economía doméstica (ahorro interno) o puede ser ahorro del resto del mundo (ahorro externo o cuenta corriente) para ser financiada. No caben dudas que la mejor manera para financiar la inversión es con ahorro interno, ya que en el largo plazo  endeudarse con el resto del mundo puede generar grandes desequilibrios macroeconómicos.
Formación Bruta de Capital y Ahorro en Argentina
Veamos cómo está Argentina en cuanto a la Formación Bruta de Capital, un indicador que refleja los desembolsos que se realizaron en una economía, en un año dado, para la incorporación de activos fijos (como adquisiciones de plantas industriales, maquinarias, equipos, construcción de rutas, ferrocarriles, hospitales, entre otros). Si tomamos el año 2017, sólo se destinó en 17,41% del PBI a la formación Bruta de capital. Por sí solo, este número no nos dice mucho, pero como punto de comparación debemos saber que los países de mayores ingresos destinan cerca del 32% de del PIB a la formación Bruta de Capital.
Si además consideramos el Ahorro Bruto Interno, que vendría a ser lo que la gente ahorra de su sueldo, deposita y los bancos prestan a las empresas para la inversión (el cual se calcula como el ingreso nacional menos el consumo), podemos ver que el mismo es apenas del 13,5% del PIB en el año 2017. Por lo tanto no solamente se invierte poco en Argentina para incrementar el capital, sino que además, parte de esta inversión se realiza con dinero del resto del mundo, lo que implica una deuda para el país.

El gráfico anterior nos muestra la evolución de la formación bruta de capital por habitante desde el año 2000 hasta el 2017 para Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Podemos observar que de estos cinco países, Argentina es el segundo con menos formación bruta de capital, después de Paraguay. Además, si observamos la situación de Chile, la economía más estable de la región, prácticamente duplica la formación bruta de capital de Argentina.
En forma de conclusión
Sin dudas que ante la pregunta “¿cómo va a hacer para que crezca el PBI per cápita?” un candidato a presidente debería responder que para que crezca el PBI per cápita es necesario incentivar la inversión con el fin de generar mayor formación de capital productivo en la economía, ya que eso implica mayor capacidad de producción de bienes y servicios, lo que, a su vez, nos lleva a un mayor bienestar para los argentinos. Ahora bien, depende de la capacidad de cada equipo económico y del líder político para encontrar el “cómo hacerlo”.
La “lluvia de inversiones” prometida es más urgente que nunca para salir de la recesión, y es la única salida, pero nada cae del cielo porque si; para que venga no es necesario tener salarios de hambre como quieren hacer creer algunos fundamentalistas; hace falta mostrar que el país es estable en el tiempo, que no te cambia las reglas de juego, que no te inventa impuestos a cada rato y que no devalúa de golpe un 100 % su moneda entre otras cosas.
En Chile la gente en promedio gana bien y mejora con el tiempo, entonces cuando le pregunte a un empresario con que proyecto se animaría a comprar maquinas, abrir otra sucursal etc. ese es el proyecto para seguir. Y repito, no pasa por pagar sueldos bajos o explotar a nadie, pasa por ser competitivos y rentables; y con la máxima presión tributaria de la región esto es simplemente imposible.
Argentina es rico en recursos naturales como el litio, en producción agropecuaria, en producción automotriz etc etc. tratemos solamente de ser mas normales, las palabras “lluvia de inversiones” “revolución de la alegría” suenan muy lindas, pero no hay soluciones mágicas a la Argentina, tampoco hacen falta, solo necesitamos alguien que nos convierta en un país más normal. Así que esa es la respuesta que espero.
 

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