CAMBIO CLIMATICO

Cambio climático, el calor mata, aunque lo hace en silencio

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La agencia meteorológica de la ONU señala que hay, muchas posibilidades de que el fenómeno refrescante de las aguas del Pacífico regrese entre ahora y noviembre, pese a lo cual se espera que las temperaturas en ciertas regiones sigan siendo superiores a lo normal.

El fenómeno climático de enfriamiento conocido como La Niña podría volver entre ahora y noviembre, pero no detendrá la tendencia al calentamiento global causado por la actividad humana, según afirmaron el martes expertos meteorológicos de la ONU.

Los últimos datos compartidos por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) indican que hay un 55% de probabilidades de que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial se enfríen hasta alcanzar los niveles de La Niña entre septiembre y noviembre.

Alrededor del 90 % del exceso de calor del calentamiento global se almacena en el océano, lo que convierte el contenido calorífico del océano en un indicador crítico del cambio climático.

«Para el periodo comprendido entre octubre y diciembre de 2025, la probabilidad de que se den condiciones de La Niña aumenta ligeramente hasta alrededor del 60 %. Hay pocas posibilidades de que se desarrolle El Niño entre septiembre y diciembre», afirmó la OMM en una actualización.

Según la agencia de la ONU, hay menos probabilidades (45 %) de que las temperaturas del Pacífico se mantengan como en los últimos seis meses, cuando ni el enfriamiento de La Niña ni su contraparte, el calentamiento de El Niño, causaron picos o descensos inusuales en las temperaturas de la superficie del mar.

Información que salva vidas

La previsión de la agencia de la ONU sobre el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur es una importante herramienta de inteligencia climática que podría “salvar miles de vidas si se utiliza para orientar las medidas de preparación y respuesta”, indicó la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo.

“La información también podría traducirse en un ahorro de millones de dólares en agricultura, energía, salud y transporte”, afirmó.

Por importante que sea La Niña y El Niño en la configuración de nuestro clima al alterar las temperaturas de la superficie del océano y afectar a los cambios en los vientos, la presión y los patrones de precipitaciones, el cambio climático inducido por el ser humano sigue «aumentando las temperaturas globales, exacerbando los fenómenos meteorológicos extremos y afectando a los patrones estacionales de precipitaciones y temperaturas», señaló la OMM.

Cada año de la última década ha sido uno de los diez más cálidos registrados, advirtió la agencia de la ONU a principios de este año, siendo 2024 el más caluroso hasta la fecha, con “temperaturas excepcionales en la superficie terrestre y marina y en el calor del océano”.

Citando seis conjuntos de datos internacionales, la OMM afirmó que la temperatura media global de la superficie era 1,55 °C superior a la media de 1850-1900.

“Las temperaturas abrasadoras de 2024 requieren medidas climáticas pioneras en 2025”, afirmó en ese momento el Secretario General de la ONU, António Guterres. “Aún hay tiempo para evitar lo peor de la catástrofe climática. Pero los líderes deben actuar, ahora”, insistió.

Otros fenómenos climáticos clave que influyen en la temperatura global son la Oscilación del Atlántico Norte, la Oscilación Ártica y el Dipolo del Océano Índico. Su impacto en las temperaturas superficiales y las precipitaciones es monitoreado por la OMM y publicado en las Global Seasonal Climate Updates (GSCU), (Actualizaciones Climáticas Estacionales Globales) periódicas.

La última actualización indica que, de septiembre a noviembre, se espera que las temperaturas sean superiores a lo normal en gran parte del hemisferio norte y en gran parte del hemisferio sur.

Las predicciones de precipitaciones serán similares a las que se observan normalmente durante un episodio moderado de La Niña, según la evaluación de la OMM.

Pobreza infantil y juvenil de América Latina

Al menos 5,9 millones de niños y jóvenes de América Latina vivirán en la pobreza para 2030 debido al impacto del cambio climático global, alertan la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en un nuevo informe.

En el escenario más optimista, en el que los gobiernos implementan acciones rápidas para limitar las emisiones, al menos 5,9 millones de personas menores de 25 años adicionales podrían estar en situación de pobreza para 2030.

Pero si los gobiernos implementan muy pocas o demasiado tarde las acciones acordadas en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, la cifra podría triplicarse a 17,9 millones.

“Los niños, niñas y adolescentes sostienen el mayor peso del cambio climático. No sólo porque sus cuerpos en desarrollo son más vulnerables a fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor que resecan el terreno y agravan incendios a inundaciones o sequías, entre otros, sino también porque estos eventos interrumpen los medios de vida de su familia y su educación”, afirmó el Director Regional de UNICEF.

Roberto Benes advirtió que, “si los niños y jóvenes no cuentan con los recursos para satisfacer sus necesidades básicas para desarrollar su potencial, y con sistemas adecuados de protección social, se perpetuarán las inequidades en la región”.

Conclusión

La mitad de la población mundial sufre consecuencias adversas por las altas temperaturas.

El calor extremo no es solo una incomodidad: es una amenaza directa a la salud humana y a la estabilidad económica mundial para los países, especialmente aquellos en desarrollo.

Los gobiernos tienen la obligación de asistir a la población en caso de fenómenos meteorológicos extremos, ya que el derecho a la vida, la seguridad y un nivel de vida adecuado incluye la protección contra desastres causados por la naturaleza. Esta responsabilidad abarca la adopción de medidas urgentes para proteger a las personas y asegurar una transición justa en la lucha contra el cambio climático.

Se recomienda a los gobiernos de América Latina tomar acciones para impulsar políticas climáticas y de protección de la infancia y juventudes, entre ellas, aumentar la financiación climática para la infancia.

Fuente ONU/AAPN

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Los sitios icónicos del Patrimonio Mundial amenazados por los riesgos hídricos del cambio climático

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Escribe Busani Bafana / Inter Press Service – Desde las cataratas Victoria, en la frontera entre Zambia y Zimbabue, conocidas como localmente como «el humo que truena», hasta las impresionantes pirámides de Egipto, pasando por el romántico Taj Mahal de la India, al igual que otros sitios icónicos a nivel mundial, se enfrentan a una amenaza creciente: el riesgo hídrico.

Varios sitios del Patrimonio Mundial podrían perderse para siempre si no se toman medidas urgentes para proteger la naturaleza, por ejemplo, mediante la restauración de paisajes vitales como los humedales, advierte un nuevo informe del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) tras un análisis que indica que las sequías y las inundaciones están amenazando esos emblemas globales.

Los sitios del Patrimonio Mundial son lugares de excepcional importancia cultural, histórica, científica o natural, reconocidos y preservados para las generaciones futuras mediante su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Alrededor de 73 % de los 1172 sitios del Patrimonio Mundial no marinos están expuestos al menos a un riesgo hídrico grave, como sequías, inundaciones o crecidas de ríos o costas. Según un análisis realizado con datos de Aqueduct del WRI, alrededor de 21 % de esos sitios afrontan el doble problema de exceso y escasez de agua.

Se prevé que en promedio los sitios del Patrimonio Mundial expuestos a niveles altos o extremadamente altos de estrés hídrico aumente de 40 % a 44 % para 2050, pero los impactos serán mucho más graves en regiones como Medio Oriente y el norte de África, partes del sur de Asia y el norte de China, según el informe.

Los resultados de la investigación destacan que los riesgos hídricos amenazan a muchos de los más de 1200 sitios del Patrimonio Mundial de la Unesco.

El Taj Mahal, por ejemplo, se enfrenta a una escasez de agua que está aumentando la contaminación y agotando las aguas subterráneas, lo que está dañando al más famoso monumento funerario del mundo.

Mientras, en 2022, una gran inundación cerró todo el Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, y costó más de 20 millones de dólares en reparaciones de infraestructura para reabrirlo.

En el mismo continente americano, las inundaciones fluviales están afectando a la ciudad desértica de Chan Chan, en Perú. Según la plataforma Aqueduct del WRI, el sitio de la Unesco y su región circundante en La Libertad se enfrentan a un riesgo extremadamente alto de inundaciones fluviales.

Para 2050, se espera que la población afectada por las inundaciones anuales en un año promedio sin actividad del fenómeno de El Niño en La Libertad se duplique de 16 000 a 34 000 debido a una combinación de actividad humana y cambio climático. En un año con El Niño activo, ese aumento puede ser mucho mayor.

Además, el Parque Nacional del Serengeti en Tanzania, rico en biodiversidad, la ciudad sagrada de Chichén Itzá en México y la medina de Fez en Marruecos se enfrentan a riesgos hídricos cada vez mayores que no solo ponen en peligro los sitios emblemáticos, sino también a los millones de personas que dependen de ellos para su alimentación, sus medios de vida o su conexión con su cultura, o que simplemente disfrutan viajando a estos destinos.

A caballo entre la frontera entre Zambia y Zimbabue, las cataratas Victoria fueron inscritas en la lista del Patrimonio Mundial en 1989 por su ecosistema vital y su importancia como fuente de sustento para miles de personas, además de ser un importante atractivo turístico.

A pesar de su reputación de una cascada de agua masiva, Mosi-oa-Tunya, como se conoce a las cataratas Victoria antes que llegara a ellas el explorador escocés David Livingstone y les pusiera el nombre con que se las conoce en Occidente,  se ha enfrentado a sequías recurrentes durante la última década y, en ocasiones, se ha secado hasta quedar reducida a un hilo de agua.

El informe de WRI recuerda que la selva tropical que rodea Mosi-oa-Tunya/cataratas Victoria alberga una rica diversidad de fauna y flora que podría perderse.

Según el WRI, las cataratas Victoria han sufrido sequías recurrentes en 2016, 2019 y 2024.

Las investigaciones sobre los patrones de precipitaciones cerca de Mosi-oa-Tunya/cataratas Victoria muestran que el inicio de la temporada de lluvias, normalmente en octubre, se está retrasando. Esto significa que, en un año de sequía, el alivio tarda más en llegar y, cuanto más dura la sequía, más afecta a la población, los cultivos y la economía de la zona.

Un análisis de Aqueduct reveló que las cataratas Victoria tienen un riesgo medio de sequía, por debajo de los más de 430 sitios del Patrimonio Mundial de la Unesco que tienen un riesgo alto de sequía. Esto se debe principalmente a que la densidad de población relativamente baja y el desarrollo humano limitado en las inmediaciones del sitio reducen la exposición general.

«Sin embargo, el sitio se enfrenta a una presión cada vez mayor por el desarrollo de infraestructuras relacionadas con el turismo, y los datos muestran que la probabilidad de que se produzca una sequía es alta, una conclusión reforzada por las numerosas sequías recientes que han azotado la región», señala el informe.

El WRI detalla, no obstante, que «no solo se prevé que el cambio climático haga que estas sequías sean más frecuentes, sino que la recuperación sea más lenta, especialmente en lugares que no están preparados».

«Es posible que el tiempo entre sequías no sea suficiente para que el ecosistema se recupere, lo que es especialmente preocupante para Mosi-oa-Tunya/Cataratas Victoria», anticipa el informe.

Restaurar la naturaleza, una solución para mitigar los riesgos hídricos

El informe recomienda actuar con rapidez para restaurar los paisajes vitales a nivel local que favorecen un agua saludable y estable, e invertir en soluciones basadas en la naturaleza, como plantar árboles para restaurar los bosques de cabecera o revitalizar los humedales para capturar las aguas de las inundaciones y recargar los acuíferos. El compromiso político es clave para que esto suceda.

Además, se ha instado a los países a promulgar políticas nacionales de conservación para proteger los paisajes vitales del desarrollo insostenible a nivel mundial, y es necesario elevar el estatus del agua como bien común global, al tiempo que se establecen acuerdos transfronterizos equitativos sobre el reparto del agua entre países.

Zimbabue acogió en julio la 15 reunión de la Conferencia de las Partes (COP15) de la Convención de Ramsar, justamente en las cataratas Victoria, bajo el lema «Proteger los humedales para nuestro futuro común».

La COP15 de la Convención Ramsar, también conocida como la Convención sobre los humedales, subrayó entre sus conclusiones que la protección de los recursos hídricos mundiales es ahora más urgente que nunca.

Samantha Kuzma, responsable de datos de Aqueduct en el WRI, dio en una entrevista con IPS un dato positivo: «la voluntad política de invertir en la naturaleza existe en todo el mundo».

«Hay comunidades comprometidas que están encontrando formas de proteger y restaurar paisajes vitales como los humedales. El problema es que estos esfuerzos son fragmentarios. A nivel mundial, no vemos la voluntad política a la escala necesaria para lograr un cambio real y duradero», detalló.

Según el Banco Mundial, el mundo necesita movilizar hasta siete billones (millones de millones) de dólares para 2030 para que la infraestructura hídrica mundial cumpla los compromisos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con el agua y aborde décadas de inversión insuficiente.

En la actualidad, casi 91 % del gasto anual en agua proviene del sector público, incluidos los gobiernos y las empresas estatales, y menos de 2 % corresponde al sector privado, según el Banco Mundial, que señala la importancia de un compromiso firme con la reforma del sector del agua mediante políticas, instituciones y regulaciones progresistas, y una mejor planificación y gestión del capital existente asignado al sector.

«Nos encontramos en un punto en el que la inacción es más costosa que la acción», destacó Kuzma, para hacer después hincapié en que el mundo debe comprender mejor el papel fundamental del agua en el sostenimiento de las economías, ya que su valor está en todas partes y es invisible hasta que se ve amenazado.

«Tomemos como ejemplo los sitios del Patrimonio Mundial de la Unesco. Su valor ecológico y cultural es incalculable y, en términos puramente pragmáticos, a menudo son el eje de las economías locales», afirmó Kuzma.

«Cualquier cierre o daño tendrá un efecto dominó inmediato en las comunidades. Se puede afirmar con seguridad que, a nivel mundial, estamos fallando en lo que respecta a la protección de la naturaleza. Pero para cambiar el rumbo, primero debemos comprender por qué», concluyó.

Busani Bafana corresponsal galardonado en múltiples ocasiones con sede en Bulawayo, Zimbabue, con más de 10 años de experiencia, especializado en periodismo ambiental y de negocios y reportajes en línea.
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El colapso no se resuelve: se atraviesa, se asume, se transforma

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El cambio climático no es un problema ambiental. Ni siquiera es un problema. Es la consecuencia directa de un modo de vida que ya no puede sostenerse. Sin embargo, todo el aparato institucional —educación, política, medios, economía— insiste en tratarlo como si fuera una anomalía técnica, una ecuación mal resuelta que necesita ajustes. Como si bastara con electrificar la flota de autos y firmar acuerdos que nadie cumple.

Flavia Broffoni lo dice con claridad: “El colapso de nuestra civilización es inevitable. Y yo sé que decir esto genera rechazo, pero el punto es ganar tiempo para aprender a colapsar mejor”. Ese rechazo no es azaroso. Es estructural. Forma parte de la cultura fósil que nos enseñó a pensar el mundo como algo externo, a resolver problemas sin revisar quiénes los están produciendo ni desde dónde los estamos mirando.

El problema es cómo pensamos los problemas

La educación moderna nos entrenó para diagnosticar, modelar y resolver. Aprendemos a separar sujeto y objeto, naturaleza y cultura, conocimiento y experiencia. El resultado: vemos el cambio climático como algo “afuera”, algo que “le pasa” al planeta, y que si actuamos rápido, con innovación suficiente, podríamos “solucionar”.

Pero el cambio climático no se resuelve. No hay solución técnica a una crisis civilizatoria. Porque no se trata de reducir emisiones en abstracto, sino de reconfigurar el modo en que habitamos el mundo. Y eso no se aprende con contenidos curriculares ni simuladores. Se aprende reaprendiendo a estar en la Tierra.

Autores como Gregory Bateson, Edgar Morin o Paulo Freire ya advertían que el error no está solo en lo que sabemos, sino en cómo fuimos formados para conocer. Cuando tratamos al clima como un ítem de agenda o un KPI ambiental, seguimos operando desde la misma lógica instrumental que generó la crisis. Hacemos de cuenta que “tomar conciencia” es suficiente, pero sin tocar lo que comemos, lo que consumimos, lo que soñamos, lo que deseamos.

Flavia Broffoni lo enuncia sin rodeos: “La economía capitalista está completamente disociada de las posibilidades geofísicas de la Tierra. El crecimiento infinito no resiste ninguna racionalidad termodinámica”. La escuela, como prolongación cultural de esa economía, tampoco enseña a vivir dentro de límites. Enseña a competir, a producir, a crecer. Incluso cuando habla de sustentabilidad.

Tipping points y punto ciego educativo

Mientras tanto, el sistema terrestre se acerca —o ya cruzó— varios umbrales de no retorno: deshielo del Ártico, colapso del Amazonas, liberación de metano en el permafrost, debilitamiento de las corrientes oceánicas. Ninguno de estos fenómenos funciona como una “catástrofe” cinematográfica. Son procesos acumulativos, lentos, pero irreversibles. No se notan hasta que es tarde. Y no se revierten por decreto.

La gravedad no radica solo en el impacto físico. El verdadero riesgo es que nuestra cultura no tiene herramientas simbólicas para reconocer el umbral. Los llamamos “problemas climáticos”, cuando en realidad son límites biofísicos a un modelo de vida que ya no encaja en el planeta.

La educación, al no integrar cuerpo, territorio, deseo y afectividad, deja al sujeto sin capacidad de procesar esa transición. Sabemos sobre el clima, pero no nos sabemos parte del clima. Por eso seguimos scrolleando informes del IPCC sin cambiar nada en la práctica.

De la anestesia institucional a la acción regenerativa

Las instituciones no están hechas para prevenir colapsos. Están diseñadas para estabilizar el orden vigente. Por eso las cumbres climáticas no producen resultados. Porque no buscan interrumpir el modelo, sino adaptarlo sin tocar sus bases. Broffoni lo sintetiza bien: “la política no logró acompañar el diagnóstico empírico. Lo que hacen es sostener la ilusión de que alguien se está ocupando del problema”.

Ante esa inercia, Flavia propone desobediencia civil no violenta, asambleas ciudadanas, y sobre todo, asumir el colapso como condición de posibilidad para otro tipo de política. No se trata de caer en el nihilismo, sino de dejar de fingir que todo puede seguir igual con un poco más de eficiencia energética y educación ambiental.

El verdadero cambio no empieza en una ley ni en un programa de gobierno. Empieza cuando dejamos de pensar en “soluciones” y empezamos a transformar la relación que tenemos con lo vivo, con el otro, con el tiempo, con nosotros mismos.

Educación para el colapso: otra pedagogía

¿Qué tipo de educación podría estar a la altura del momento histórico que habitamos?

Una que no enseñe solo “sobre” el cambio climático, sino que enseñe desde dentro de él. Una que no divida teoría y práctica, ni mente y territorio. Una que ayude a leer el mundo como un sistema vivo, no como un conjunto de variables.

Una educación que no se limite a informar, sino que habilite procesos de reconfiguración interior. Porque la crisis climática no se reduce, se integra. Y eso requiere formar sujetos capaces de resistir el cinismo, de sostener el duelo, de imaginar sin garantías, de vivir con menos sin perder lo esencial.

No necesitamos más “conciencia ambiental” como contenido. Necesitamos una subjetividad ecológica: una forma de estar en el mundo que no se base en el control, sino en el cuidado. Que no acumule respuestas, sino que cultive relaciones.

La salida no está en una nueva tecnología, ni en una reforma curricular. Está en abandonar la lógica de resolver lo irresoluble, y en empezar a habitar el colapso como una posibilidad de transformación colectiva.

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Misiones se suma a la Alianza Verde Argentina y fortalece su rol en la agenda climática rumbo a la COP30

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La provincia participó junto a otras 15 jurisdicciones argentinas en la Mesa Ministerial de Alto Rango celebrada en Córdoba. Se aprobó el Reglamento Interno de la Alianza Verde Argentina y se avanzó en una estrategia federal para la acción climática de cara a la cumbre internacional COP30 en Brasil.

Argentina construye una voz regional en materia climática

Misiones formalizó su adhesión a la Agenda Climática Común en el marco de la Conferencia Climática Internacional “Compromiso Latinoamericano”, un evento estratégico realizado esta semana en Córdoba. En representación de 16 provincias, autoridades ambientales participaron de la Mesa de Alto Rango Ministerial, donde se aprobó el Reglamento Interno de la Alianza Verde Argentina (AVA) y se delinearon propuestas conjuntas para llegar con una posición fortalecida a la COP30, la cumbre climática de Naciones Unidas que se celebrará en noviembre de 2025 en Belém, Brasil.

Con esta participación, Misiones reafirma su liderazgo en políticas de sustentabilidad, bioeconomía y protección de la selva paranaense, aportando su experiencia a la estrategia nacional subnacional de lucha contra el cambio climático.

La AVA es un bloque de provincias argentinas que busca coordinar acciones climáticas a nivel federal. La firma de su Reglamento Interno representa un avance institucional clave: establece su estructura de funcionamiento, criterios de incorporación de nuevos miembros y principios operativos para articular políticas públicas ambientales con enfoque en justicia climática, corresponsabilidad y cooperación internacional.

Participaron en esta instancia autoridades de Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones, San Juan, Santa Cruz, Santa Fe, Tierra del Fuego y CABA, junto a representantes de ONU Hábitat, ICLEI y la Agencia de Cooperación Internacional de Colombia.

Rumbo a la COP30: una oportunidad geopolítica y climática

El encuentro en Córdoba sirvió como plataforma de debate para alinear agendas provinciales con miras a la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30). Se enfatizó la necesidad de consolidar una posición común subnacional en temas clave como financiamiento climático, transición energética justa, adaptación y resiliencia en territorios vulnerables.

Desde la organización destacaron que la región tiene la oportunidad de liderar iniciativas transformadoras si logra consensuar propuestas concretas y robustas. Para ello, se insistió en reforzar las capacidades técnicas provinciales, mejorar el acceso a cooperación internacional y generar marcos legales integradores.

Además de los paneles institucionales, la conferencia incluyó actividades abiertas al público como una bioferia, y una feria energética y de movilidad eléctrica, con participación de empresas, ONGs y gobiernos locales. El evento, impulsado por la Provincia de Córdoba, promueve una metodología de trabajo basada en el diálogo multiactoral y la producción colectiva de conocimiento.

El avance en la consolidación de la AVA y la adhesión activa de Misiones marcan una nueva etapa en la construcción de una diplomacia climática federal. Con desafíos compartidos y potencial ambiental único, las provincias argentinas buscan posicionarse como interlocutores claves frente a los compromisos globales del Acuerdo de París. De cara a la COP30, el fortalecimiento de redes territoriales será fundamental para incidir en decisiones que afectan directamente el desarrollo sostenible del país.

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Laudato si’, mi’ Signore 

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El cuidado de la casa común, es la manda eclesiástica más relevante de los últimos tiempos, tanto es así que la misma ha sido acogida por acuerdos internacionales en el marco de la Organización de las  Naciones Unidas, la misma fue emitida en el 2015 previa a la resolución que establece como aspiración  global el cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (17 objetivos) y establece la hoja de  ruta para que los estados lo puedan cumplir mediante el instrumento denominado “Agenda 2030”. 

En esta carta el Papa Francisco manifiesta claramente la necesidad y el urgente desafío de proteger  nuestra casa común (el planeta tierra) mediante la unidad de toda la comunidad internacional en la  búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. 

El Sumo Pontífice hace en primer lugar, una descripción sobre la crisis ecológica actual basado en las  investigaciones científicas, relacionándola con la razón judeo-cristiana para llegar luego a las raíces de la  situación existente, finalmente propone una ecología que incorpore al ser humano y sus relaciones con  la realidad que lo rodea, proponiendo líneas de diálogo y de acción que involucren tanto al ciudadano  común como a los líderes de la política internacional, inspirados en la espiritualidad cristiana. 

En segundo lugar, hace un diagnóstico agudo sobre las diferentes problemáticas ambientales presentes agrupándolas en las siguientes temáticas: la Contaminación y el cambio climático (Objetivo 13 de los ODS); la cuestión del agua (Objetivo 6 de los ODS); la pérdida de biodiversidad (Objetivo 14 y 15 de los  ODS); el deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social (Objetivo 2 y 11 del ODS); la  inequidad planetaria (Objetivos 10 y 12 de los ODS); la debilidad de las reacciones (Objetivos 16 y 17 de los ODS) y la diversidad de opiniones. 

En este marco y a los fines de fundamentar la posición de la Iglesia Católica sobre el tema, inicia un  análisis doctrinario sobre el evangelio de la creación, la fe, la sabiduría de los relatos Bíblicos, el misterio  de la creación, la comunión universal y la mirada de Jesús, adentrándose en una descripción  pormenorizada de la relación entre la creación y su creador, la naturaleza y su vínculo con Dios.  

Asegura que la crisis ecológica tiene por origen a la actividad humana, identificando las siguientes  causales: el poder de la tecnología, el hombre se ha beneficiado con los avances tecnológicos en todas la  áreas del desarrollo humano y con ello le ha concedido el poder del conocimiento y el poderío  económico que implica, transformándolo en un ser egocéntrico e insensible con escasa percepción 

sobre los desafíos que se presentan y cómo resolverlos; la globalización del paradigma tecnológico, la  intervención humana en la naturaleza tiene carácter netamente extractivista supone la falsedad de la  disponibilidad infinita de los bienes del planeta y eso lo pone en una encrucijada difícil de sortear, la  economía valora el desarrollo tecnológico en función del rédito que le otorga, sin prestar atención en las  consecuencias negativas para el ser humano, nos hemos transformado en una sociedad  superdesarrollada, derrochadora y consumista que contrasta de modo inaceptable con situaciones de  miseria deshumanizada, por lo que es indispensable mirar la realidad de otra manera, recoger los 

avances positivos y sostenibles y a la vez recuperar los valores y los fines de la vida; el antropocentrismo  moderno, ha colocado a la razón técnica sobre la realidad, este hombre ya no siente a la naturaleza ni la  ve como refugio, sino como objeto, siéndole indiferente lo que con ella suceda. De este modo, se  debilita el valor que tiene el mundo en sí mismo si el hombre no redescubre su verdadero lugar, termina  contradiciendo su propia realidad, no solo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla  respetando la intención originaria de que es un bien, según el cual le ha sido dada, incluso el hombre es  para sí mismo un don de Dios, con lo cual debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido  dotado. Esta crítica se hace extensiva a las relaciones entre las personas, si la crisis ecológica es una  eclosión o manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la actualidad, no podemos  sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar las relaciones básicas del ser humano. 

Finalmente hace una propuesta superadora a la comunidad internacional en general, sumando lo  humano a lo social denominándose ecología integral, señalando distintos aspectos que la conforman: 

a.- ecología ambiental, económica y social 

En la naturaleza todo está conectado, así como todos los componentes del planeta (físicos, químicos y  biológicos) se relacionan también lo hacen las especies vivas y el hombre no está ajeno a este vÍnculo,  somos parte del medio ambiente, estamos incluidos e interpenetrados por lo que todo lo que hagamos  impacta en el medio y las soluciones a las crisis deben ser analizadas en forma integral que consideren  las interrelaciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis  separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental dice Francisco,  por lo que las soluciones requieren esta mirada integradora para combatir la pobreza, devolver la  dignidad a los excluidos y a la vez para cuidar a la naturaleza, todo en forma simultánea. 

A su vez el crecimiento económico tiende a producir automatismos y a homogeneizar en post de la  reducción de costos y simplificación de procedimientos, por lo que hay que repensar en una ecología  económica que obligue a analizar la realidad de manera más amplia, por lo que la protección del medio  ambiente deberá considerarse en los procesos de desarrollo y no de forma aislada. 

Por otro lado también es inseparable que junto con el análisis de los problemas ambientales se sume al derivado del contexto humano, familiar, laboral, urbano y la sinergia entre estos y el hombre consigo  mismo. También las instituciones no están ajenas a este continuo cambio dado que son el reflejo de las  relaciones que genera el hombre, en este sentido la ecología social es necesariamente institucional y  alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia,  pasando por la comunidad local, la nación y la internacional. 

b.- ecología cultural 

Sostiene que hay que considerar junto con el patrimonio natural el patrimonio histórico, artístico y  cultural como identidad de un pueblo, con lo cual hay que incorporarlos en la protección integral, para  lograr conservar la identidad original de un pueblo. En este sentido hay que incorporar en el cuidado del  ambiente la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas (tradiciones y prácticas), 

entendiendo que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico y dinámico en el tiempo,  y requiere el continuo protagonismo de los actores sociales.  

c.- ecología de la vida cotidiana 

“Para un auténtico desarrollo hay que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de  vida humana y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas. Los  escenarios que nos rodean influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y actuar”, dice Francisco. En la vida cotidiana, en el lugar de trabajo, en el barrio, usamos el ambiente para expresar la identidad,  cuando el ambiente se encuentra contaminado, desordenado, caótico nos lleva a una relación hostil con  el ambiente. Dada la relación entre el espacio y la conducta humana, el diseño de edificios, barrios,  espacios públicos y ciudades requieren del aporte de disciplinas que permitan entender el simbolismo y  el comportamiento de las personas. Hay que velar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos  urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia dentro de la ciudad que nos une y contiene. Es  importante integrar a las ciudades para que todos los habitantes tengan una visión de conjunto, en este  sentido el ordenamiento territorial, la planificación en el crecimiento de las áreas rurales como urbanas,  el diseño de las viviendas y las vías de comunicación, en especial el transporte juegan un papel  preponderante.  

d.- el principio del bien común 

La ecología integral es inseparable de la noción del bien común, como rol central y unificador,  presupone el respeto de la persona humana con derechos básicos e inalienables. También proclama el  bienestar social y el desarrollo de diversos grupos intermedios como la familia, de interés o afectados,  requiere de la paz social, la estabilidad y la seguridad de un cierto orden. Hoy en día con tantas  inequidades y con cada vez más personas excluidas del sistema, el bien común se convierte en un  llamado a la solidaridad y en una opción urgente por los más pobres. 

e.- justicia entre las generaciones 

No puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional, de modo tal que la  noción de bien común incorpora a la generaciones futuras, debemos considerar cómo dejaremos el  planeta a las generaciones que vendrán, esto redirecciona las políticas públicas que se deben tomar en  consecuencia, inyectando otra lógica y otra perspectiva de la problemática actual. El don gratuito que  recibimos por la gracia del creador no puede ser considerado desde la perspectiva netamente utilitarista  de eficiencia y productividad para el beneficio individual y temporal, debemos incorporar la variable de  justicia, dado que lo que heredamos también les pertenece a las generaciones venideras. ¿Qué ambiente? qué mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? y con qué valores? El ritmo del  consumo, del desperdicio y la alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta,  de manera que el estilo de vida actual es insostenible y terminará en catástrofe como de hecho ya está  ocurriendo en varias regiones. Tenemos el compromiso de actuar ahora mismo, sobre todo si pensamos  en la responsabilidad que nos atribuyen los que deberán soportar consecuencias aún peores.

Finalmente pone a disposición líneas de orientación y acción, en función de las propuestas de trabajo y a  la luz de la evolución de la política internacional, poniendo énfasis en los siguientes instrumentos: 

1.- Diálogo sobre el medio ambiente  

2.- Diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales 

3.- Diálogo y transparencia en los procesos decisorios  

4.- Política y economía en diálogo para la plenitud humana 

5.- las religiones en el diálogo con las ciencias 

“Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace  falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por  todos”, dice el papa Francisco, para lo cual se necesita el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y  formas de vida, propone apostar por otro estilo de vida, educación para la alianza entre la humanidad y  el ambiente, la conversión ecológica, el gozo y paz, amor civil y político, signos sacramentales y descanso  celebrativo, la trinidad y la relación entre las criaturas.” 

En conclusión pareciera que todo se resume paradójicamente en un volver, volver a los principios, a los  valores, a la esencia del hombre, a creer en el ser superior que nos espera y observa, sin antes claro,  doblar las rodillas …. 

2 Crónicas 7:14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi  rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados,  y sanaré su tierra. 

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