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Agricultura derogará la obligatoriedad de que los frigoríficos troceen piezas cárnicas menores a 32 kilos

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación realizó hoy un nuevo encuentro con las provincias en el marco de la Mesa Técnica de Carnes, en la que se acordó avanzar en un trabajo conjunto para atender la salud de los trabajadores del sector y los controles de inocuidad sobre los productos cárnicos, de manera de mejorar la actividad ante la derogación de la medida del troceo de carnes establecida por la Resolución 2/2021.

Durante el encuentro, el jefe de Gabinete de la cartera, Juan Manuel Fernández Arocena, destacó “el acuerdo de todos para avanzar en mejoras que pongan fin al acarreo humano de las medias reses, como un punto de encuentro para avanzar por encima de los diferentes criterios entre lo que propone Agricultura, y lo que se pide desde las provincias y las cámaras frigoríficas”.

Acompañado por los Subsecretarios de Ganadería, José María Romero, y de Mercados Agropecuarios, Luciano Zarich; y el vicepresidente del Senasa, Rodolfo Acerbi; el jefe de Gabinete de la SAGyP informó que continúa vigente la Resolución 22/2021 de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) que establece el límite máximo en 32 kilogramos para el acarreo manual de productos cárnicos, debiendo utilizarse medios mecánicos para piezas que superen ese kilaje.

Fernández Arocena recordó que se encuentran vigentes la línea de los créditos del Programa Crear y la línea de FONDAGRO, al afirmar que “desde la Secretaría seguimos apostando a que la mejora en el sector frigorífico sea incremental, para poder dar ese salto de calidad que nos propusimos en tratamiento y transporte desde el lugar en que se faena al que se va a consumir, para que haya un solo estándar sanitario, en pos de la salud de la población y de los trabajadores de la carne”.

La decisión recibió el apoyo del conjunto de los representantes provinciales que coincidieron en seguir fortaleciendo el espacio de trabajo para atender a las particularidades de los diferentes territorios.

En este sentido, la secretaria de Ganadería del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba, Catalina Boetto, agradeció que “hayan escuchado todas las voces. Seguimos adelante con el tema del financiamiento, y a partir de los planteos de Agricultura, hicimos un plan de mejoramiento de nuestras plantas frigoríficas. Aliento a todas las provincias a continuar, esta es la oportunidad para empezar a trabajar y esta Mesa nos va a servir para eso. Pedimos que esta Mesa siga trabajando para reunir consensos e ir avanzando todos para un status sanitario único”.

Por su parte, el director de Ganadería y Sanidad Animal del Ministerio de Producción e Industria de Neuquén, Marcos Lauge, afirmó que “todos estamos de acuerdo en que se implemente, lo que no estamos de acuerdo son los tiempos”.

Mientras que la subsecretaria de Ganadería de Chubut, Verónica Iannini, señaló que “es importante seguir con los temas que se encararon aquí como cuestiones que tienen que ver con las plantas frigoríficas. En nuestra provincia avanzamos con créditos al sector”.

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El precio de la carne vacuna, estable en diciembre y por debajo de la inflación anual

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Según Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), el precio de la carne no ha aumentado respecto a la inflación.

Muchas veces se sostiene desde el desconocimiento que la carne vacuna es la causante de la inflación y se culpa a la cadena de ganados y carnes de agitar las aguas de mercados de por sí bastante turbulentos. A pesar de ello, la realidad siempre prevalece sobre las percepciones o la desinformación.

En un contexto económico complejo, el precio de la carne no ha aumentado respecto a la inflación.

A su vez, la hacienda en pie retrotrajo sus precios nominales que descendieron con respecto a la inflación. La actividad también se vio afectada por un enfriamiento de la economía de los principales países compradores, por el deterioro de las condiciones internas (inflación, tipo de cambio y tasa de interés) e intervenciones que distorsionaron el mercado.

El precio de la carne ha quedado por debajo de la inflación anual y el precio que recibe el productor está visiblemente atrasado.

La hacienda en pie ha vuelto a caer. Solo en el mes de noviembre se depreció un 3,73% y cada vez pierde mayor terreno respecto de la inflación que no deja de crecer.

En diciembre, con todo lo que suele significar habitualmente el último mes del año, el precio minorista de la carne vacuna en los principales centros de consumo del país estuvo estable o se movió levemente con respecto a noviembre. Esto concretamente significa que no se dieron aumentos en las cotizaciones o que estos no superaron el 1,5% mensual según la ciudad que se analice.

Es bueno resaltar que en el marco de un ritmo inflacionario de nuestra economía cercano al 100% anual, la carne vacuna ha aumentado alrededor de un 42% entre diciembre de 2022 y el mismo mes del 2021.

En algún momento de este año se culpaba a la carne del aumento de la inflación, y por eso se prohibió la exportación de los siete cortes. Aun así, en este contexto inflacionario y a pesar del estancamiento de su precio, el consumo de carne sigue cayendo. El problema era y es la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda. Y una vez más, resaltar que el productor no es formador de precio.

La carne es noticia cuando sube o cuando aumenta por encima de otros alimentos, pero también está bueno que la sociedad tome conciencia que esto no siempre es así. No es una constante. Por ello, es necesario dar a conocer y explicar la dinámica de los mercados, porque, así como se resalta una vez más que la carne no es la mala de la película, también es imperioso destacar que la actividad ganadera necesita de estímulos económicos para poder producir.

Asimismo, este combo de bajos precios internacionales, sumado al escaso poder de compra por bajos salarios y alta inflación; y la sequía pueden terminar con el precio del gordo y provocar el lógico reordenamiento de precio, cuando este se retrasa y la oferta disminuye.

De esta manera, el panorama para el 2023 es muy complicado para la producción ganadera y podría haber escasez en la oferta.

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Carne vacuna: sana para el IPC, ¿lo seguirá siendo en 2023?

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A pesar de una paulatina reducción en las últimas décadas, el consumo de carne vacuna sigue estando fuertemente arraigado en la cultura alimenticia nacional. En lo que va de 2022 el consumo en Argentina ronda los 48 kg per cápita por año, registro que si bien resulta muy inferior al promedio histórico (73,4 kg/hab/año en 1914-21[1]) y se encuentra en los niveles más bajos en 100 años, sigue erigiéndose como el mayor a nivel mundial, seguido de cerca por Uruguay (46 kg/hab/año).

Esta relevancia tiene su correlato en su participación dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC) -y al interior del rubro Alimentos en particular-: su peso es de casi 5% en el IPC y representa el 15% dentro de Alimentos y bebidas, por lo que el impacto de las variaciones de su precio sobre el gasto de las familias no es menor.

En este sentido, en el último semestre se registró un claro abaratamiento en el valor de la carne, en claro contraste con lo sucedido en 2020 y 2021. De acuerdo al relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), en noviembre el precio minorista promedio de la carne vacuna en el AMBA volvió a caer en términos reales por sexto mes consecutivo, resultando 25% más barata que en mayo y 20% más económica que un año atrás.

El menor dinamismo en el precio de la carne vacuna fue clave para evitar un mayor incremento del IPC, siendo uno de los principales factores que contribuyeron a que la inflación perforara el 5% en noviembre. Según el IPC GBA Ecolatina, hasta noviembre la carne promedió un aumento mensual del 3,7%, cuando la media para el índice general fue de 5,9%. Más aun, mirando los últimos seis meses el promedio fue de 2,2%, 4,4 puntos porcentuales por debajo del promedio general para el mismo período. De hecho, mientras que en 2021 explicó alrededor de 12,5% de la inflación anual, estimamos represente cerca de 5-6% de la inflación este año.

Además, la menor gravitación del precio de la carne tiene un impacto progresivo, puesto que los hogares de menores recursos destinan una mayor proporción de sus recursos a su ingesta. Para ilustrar este punto basta decir que mientras que en la canasta del 10% de los hogares de menores ingresos la carne vacuna explica casi 8% del total, en el 10% de las familias de mayores recursos este peso se reduce a algo más del 2%.  

Llegado este punto, cabe preguntarse: ¿a qué responde la debilidad en los precios de la carne en el último semestre? ¿puede mantenerse en los próximos meses y favorecer el objetivo del Gobierno de una inflación descendente? ¿de qué dependerá?

Una sobreoferta que presiona los precios a la baja

Detrás de la tendencia descripta se esconde una combinación de un elevado nivel de oferta, un poder adquisitivo en términos de carne que, si bien se recupera en el margen, expone un importante rezago, y una exportación que tracciona menos sobre los valores frente a una mayor incertidumbre a nivel global, principalmente en China.

Por el lado de la oferta, la sequía que ha venido azotando a gran parte de la zona productiva del país genera que los productores anticipen la salida de animales de los campos por la menor disponibilidad de pasto para la alimentación del ganado y temores a la mortandad de los animales. En consecuencia, se adelanta el envío a faena o se “terminan” los animales en corrales, agregándole más rápidamente los últimos kilos a base de granos (engorde intensivo).

En este sentido, la producción de carne bovina ha venido garantizando un mercado bien abastecido, mientras que la ocupación de los feedlots se ha mantenido elevada. En el lapso Enero-Noviembre el volumen de producción trepó 5% i.a. y resultó 3% superior al promedio del mismo lapso en los últimos cinco años, favorecida por un importante incremento en el peso promedio de los animales faenados. Por otra parte, según la Cámara Argentina del Feedlot a inicios de diciembre los niveles de ocupación de los corrales acumularon 13 meses de tendencia al alza, promediando en el año una ocupación del 62,4%, por encima del 58,6% de 2021.

Este escenario deriva en mayor presión bajista sobre los precios de la hacienda que se absorbe en el mercado local. En noviembre, los precios de la hacienda más asociada al consumo interno (vaquillonas y novillitos) trepó apenas 0,8% m/m y “sólo” 32% i.a.

Desde la demanda se destaca el deterioro que acumula el poder adquisitivo en términos generales y en carne bovina en particular. Una de sus principales consecuencias es que el canal minorista (carnicerías principalmente) tiene menor capacidad para trasladar a precios los aumentos en el costo de la hacienda. Si bien en los últimos meses los precios al consumidor de la carne vacuna vienen logrando una mejor perfomance que esta última, favorecida por un salario en términos de carne que lleva 5 meses en recuperación, la relación Carne/Hacienda promedia un 2022 en mínimos históricos (5% inferior a la media de los últimos 10 años). Asimismo, aún con la reciente recomposición el “salario cárnico” es casi 10% inferior a 2020.

A todo este combo se suma un mercado exportador debilitado, no tanto en volumen sino en precio, que también resta tracción. Desde septiembre los precios de exportación vienen acusando una importante reducción (pasaron de un promedio de 5.800 USD/Ton en agosto a 4.200 USD/Ton en noviembre), afectados por un menor poder de compra de China y Europa frente al fortalecimiento del dólar y la desaceleración económica. Esta dinámica deteriora la rentabilidad del sector exportador y su capacidad de impulsar la demanda de hacienda.

Perspectivas: ¿menor oferta de carne en 2023?

Históricamente, los dos últimos meses del año suelen ser momentos en los cuales el precio de la carne tiende a corregir eventuales retrasos. Esto se da por la conjunción de una mayor demanda ante el incremento en las reuniones sociales y el consumo fuera del hogar, pero también por ante una oferta de hacienda terminada que comienza a ser cada vez más escasa a medida que se vacía el producto del llenado de corrales que se da usualmente hasta agosto.

No obstante, por los factores mencionados previamente no se espera que esto ocurra este año. Por caso, el ajuste que debería hacer el precio de la carne en diciembre para recuperar lo perdido en los últimos 6 meses debería ser de algo más de 30%, lo cual resulta a todas luces difícil de plasmar en este contexto de sobreoferta y frente a un consumidor que se viene mostrando más dispuesto a reemplazar el producto por alternativas más económicas.

De todos modos, la mayor oferta actual presenta riesgos de mediano plazo, con un impacto potencial sobre los precios. El adelantamiento tanto de la salida de animales de los campos como de la zafra, sumado a que en escenarios de sequía cae la tasa de preñez y destete, provocarían una menor oferta en el futuro, que a la vez llegaría con menos kilos logrados producto de la pérdida de rentabilidad de los feedlots. La falta de lluvias también dificulta la posibilidad de cría, ante un mayor porcentaje de vacas vacías que por su estado físico no sólo no ingresan al ciclo reproductivo, sino que tampoco pueden criar a los terneros.

De hecho, las recientes proyecciones del Outlook Ganadero realizadas por Movimiento CREA muestran que no existe posibilidad de repetir el nivel de faena registrado en 2022: en su escenario base plantean una producción achicándose 9% con relación a este año.

Ahora bien, aún con un cambio de fase climática la oferta también podría caer. Si esto sucede, tal como revelan los principales modelos climáticos, y a partir de febrero comenzamos a transitar desde una fase de neutralidad hacia un otoño-invierno más lluvioso, podríamos esperar una mayor retención de hacienda en los campos, dado que mejoraría el escenario para producción a base pastoril. Así, estos ciclos de engorde más largos derivarían en un bache transitorio de oferta que se sentiría especialmente durante la primera mitad del año.

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¿Hecho aislado o inicio de tendencia? Analizando la inflación de noviembre

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Escribe Alejandro Pegoraro, director de Politikon Chaco, exclusivo para Economis.com.ar. Los datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre del INDEC sorprendieron a propios y extraños. Se esperaba un descenso en la velocidad de crecimiento, pero ni la más optimista de las proyecciones la ubicaba por debajo del 5%. Esto generó dos debates: la veracidad del dato y su sostenibilidad.

Con respecto al primero, algunos -principales opositores más reaccionarios- pusieron en duda el dato alegando una vuelta a un INDEC intervenido como durante la gestión de Guillermo Moreno. Sobre esto, no hay absolutamente ningún elemento fáctico que sostenga la posibilidad de una manipulación de los datos. Metodológicamente, la medición sostuvo los mismos parámetros que se utilizan desde 2016 y la elaboración del dato es inobjetable. Fin de la discusión.

El segundo debate es algo más complejo, ya que no existe hoy la posibilidad de determinar si se trata de un dato puntual en un momento coyuntural o si, por el contrario, se da lo que el Gobierno nacional afirma (quizás más en forma de deseo que de empírico) respecto al inicio de una tendencia desaceleratoria del nivel de precios, que además tendría un inmediato efecto político, acrecentando las chances de postulación presidencial de un Sergio Massa “exitoso”, como anhela buena parte del Frente de Todos. 

Veamos algunos puntos que nos dejaron los datos del IPC de noviembre, en particular la región del NEA. En primer lugar, la baja en la velocidad de crecimiento del índice es fuerte, aún más que el descenso observado en el nivel general nacional (-1,7 puntos porcentuales vs. -1,4 p.p). ¿En qué se sustentó esta reducción? 

En primer lugar, la división de Comunicación pasó de crecer 11,5% en octubre a “solo” 5,5% en noviembre (-6,0 pp.), situación dada por el hecho de que en octubre se aplicó la mayor parte de los incrementos en esos servicios, que fueron autorizados por el Estado nacional. 

La división de Prendas de Vestir y Calzado -la de mayor suba interanual en la región- pasó del 8,1% de octubre al 3,8% en noviembre (-4,2 p.p), apoyado sobre la cercanía del fin de la temporada primaveral y por ciertos acuerdos realizados entre empresas y el Gobierno nacional, que aún no se aplicaron de todo en este mes de análisis. 

La división de Hoteles y Restaurantes, que sostuvo altos niveles de suba desde julio, pasó del 7,1% de octubre al 5,1% de noviembre (-2,0 p.p). Por su parte, la división de Transporte pasó del 6,3% de octubre al 4,6% de noviembre (-1,6 p.p) explicado por una menor suba en el costo de adquisición de vehículos y del transporte público. 

Finalmente, Alimentos y bebidas no alcohólicas pasó del 5,8% de octubre al 3,6% de noviembre (-2,2 p.p), basado en tres principales artículos: la Carne (-1,3 p.p), los Aceites, grasas y mantecas (-2,2 p.p) y, sobre todo, las Verduras (-16,6 p.p).

Pero la duda que surge es: ¿Qué explica estos descensos en las tasas de crecimiento de esas divisiones y rubros? Los factores son varios y varían según el elemento a analizar, pero se observa que en ninguno de los casos, a priori, garantiza que sean sostenibles. 

Un caso clave a analizar son los Precios Estacionales: son aquellos que tienen un comportamiento marcado en algunos meses en particular, como el precio de la ropa en los cambios de temporada, los bienes y servicios asociados al turismo durante las vacaciones, o las frutas y verduras de estación. Entre agosto y octubre, en el NEA estos precios crecieron a un ritmo promedio mensual del 11,8%, pero descienden a 4,1% en noviembre, con una marcada influencia de la ropa y de las verduras. Sin embargo, el mes de diciembre tiene un fuerte componente estacional producto del cambio de temporada, inicio de vacaciones y las fiestas, lo cual es difícil que vuelva a posicionarse en esos niveles. 

Otra categoría es la de Precios Regulados, que son aquellos precios sujetos a alguna normativa o intervención estatal (tarifas de los servicios públicos, prepagas, combustibles y telefonía e internet) o aquellos que tienen un alto componente impositivo (como el caso del tabaco y también combustible). Entre agosto y octubre, estos crecieron a un promedio mensual del 7,7% y fue del 6,0% en noviembre. Pero para diciembre y, sobre todo, el primer trimestre de 2023, se espera una nueva actualización de combustibles (precio e impuestos), como también de otros servicios. Por ende, tampoco pareciera ser sostenible la baja.

Finalmente, la última categoría es la de Precios Núcleo: ésta agrupa al conjunto de bienes y servicios que no se ven afectados tanto por efectos estacionales como por cambios regulatorios del Estado y tiene una fundamental importancia porque brinda una visión más estructural de la evolución de los precios que se mueven de manera libre. Entre agosto y octubre, el promedio de la suba mensual en el NEA de esta categoría fue del 5,8% y pasó al 4,3% en noviembre. Esta es, quizás, la única noticia positiva del indicador de este mes de análisis. 

Entonces, ¿circunstancial o sostenible? A priori, el dato de noviembre parece ser circunstancial y todavía no hay motivos para creer que se trate de una disminución de la tasa de crecimiento del IPC que se sostenga en el mediano plazo a ese mismo ritmo. Diciembre va a ser un mes bisagra en este escenario: los precios tienen una fuerte influencia de la estacionalidad, pero al mismo tiempo, entrarán en vigencia muchos de los acuerdos realizados por Massa, por lo cual será fundamental observar cómo se comporta el IPC Núcleo para lograr determinar con mayor precisión si la naturaleza de una eventual disminución es algo más coyuntural o no. 

Lograr una baja sostenida -y genuina- en la variación del IPC no es una tarea para el corto plazo, ya que requiere de medidas de fondo que llevan su tiempo; en eso, hay que destacar el hecho de que Massa sostiene que sus objetivos están planteados en torno al primer trimestre del 2023, entendiendo que las medidas tomadas en estos últimos meses repercutirán eventualmente recién meses después. Lo que el gobierno NO debe seguir haciendo es hablar de baja de la inflación, como tan inoportunamente lo hizo la portavoz oficial Gabriela Cerutti. 

El dato de noviembre no significa que la inflación baje, sino que crece a menor velocidad. Parece una diferencia semántica pero no lo es; más bien, se trata de definiciones económicas donde no da lo mismo decir una cosa que la otra. 
Hay un dato muy particular -casi anecdótico a estas alturas- que surge como consecuencia de los resultados de noviembre: está prácticamente descartado que el año cierre por encima del 100% de inflación. A partir de la fuerte desaceleración de noviembre, para llegar al 100% a nivel nacional se requiere que en diciembre el IPC suba 8% -en el NEA, se necesita de una suba del 7%-, situación que difícilmente se cumpla.

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¿Qué hay en un kilo de pan, uno de carne y un sachet de leche?

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Uno de cada 4 pesos del valor del pan, la carne y la leche son impuestos, de los cuales 3 de cada 4 corresponden a tributos nacionales. En el caso del pan, el precio se multiplica 7,3 veces desde el trigo al pan. “Semestralmente analizamos qué va pasando con estos alimentos tan importantes en la mesa de los argentinos”, adelanta Natalia Ariño, Economista de FADA.

Al comprar pan, carne y leche, el precio final que pagamos está compuesto por variados factores que pueden resultar desconocidos. Es por esto que FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina) publica su informe semestral “Composición de precios” en el cual hecha luz a ese proceso que empieza en el campo y termina en la góndola

No culpes a “la seca”, no culpes a los granos

En la última campaña de trigo Argentina produjo 23 millones de toneladas y se espera que este verano, como consecuencia de la sequía, se cosechen apenas 11 millones de toneladas. Esta pérdida tiene un impacto importante sobre los productores agropecuarios, la actividad económica de pueblos y ciudades del interior productivo y el ingreso de divisas por exportaciones. En esta campaña ingresarán al menos 4.000 millones de dólares menos que el verano pasado, sobre un mercado cambiario ya complicado por las bajas reservas internacionales del Banco Central.

Con un panorama tal, es de esperarse que se registre una suba en el precio del trigo producto de esta menor producción. Sin embargo, como se muestra en este informe, el trigo sólo representa el 13% del valor del pan, por lo que incluso si sube el precio del trigo, el impacto en el precio del pan es limitado. Más aún en otros productos de panadería más elaborados que tienen aún menos incidencia del trigo en su precio.

El pan termina subiendo por otros factores, más ligados a la inflación general que al trigo. Un ejemplo de ello se ha visto entre febrero y agosto de este año. En estos 6 meses, el trigo subió 59%, esto quiere decir que, el pan francés no debería haber aumentado más de $16 por kilo (8%) por efecto del trigo. Sin embargo, el pan aumentó $118. Es decir, el pan aumentó por efecto del trigo $16 y por otros factores $102”, analiza David Miazzo, Economista Jefe de FADA.

Según los resultados de este informe, los granos representan una pequeña parte del precio final de los alimentos. “Es falso decir que la leche o la carne suben porque sube el maíz, cuando el grano es el 5% del precio final del sachet de leche y el 11% de la carne vacuna que compramos. En el caso de la carne de cerdo es el 14% y 19% en la aviar. Con esto vemos que una suba en el valor del maíz incide en el precio de la carne y la leche, pero el impacto es mucho menor a los aumentos que se ven mes a mes, hay otros factores que influyen en esa suba constante, principalmente el proceso inflacionario que no tiene origen en la suba de los precios de los productos, sino en la pérdida del valor de la moneda”, completa Ariño.

¿Cuántos impuestos hay en estos alimentos?

Los resultados del estudio de FADA, muestran que “de lo que pagamos por la carne, leche y pan, 1 de cada 4 pesos son impuestos. Es decir, los impuestos son un cuarto del precio final que pagamos los consumidores” explica Miazzo.

En la carne de vaca el 27% del precio final son los impuestos de la cadena. En el pan francés la carga tributaria llega al 25%. El sachet de leche entera tiene una mochila impositiva del 26% de lo que pagan los consumidores. En los tres productos analizados es posible ver que 3 de cada 4 pesos de impuestos corresponden a tributos nacionales, en algunos productos incluso más. “En otras palabras, en un kilo de pan hay más impuestos que trigo y harina, y en un kilo de carne hay más impuestos que lo que representa el feedlot en la composición del precio”, revela el economista.

Una radiografía de los precios

LECHE

El trabajo arroja que, en el precio del sachet de leche entera, el tambo representa el 32%, la industria el 31%, el comercio 11% e impuestos el 26%. “Dicho de otro modo: Para el mes de la medición, en promedio el sachet tuvo un precio de $164, de los cuales $43 son impuestos”, aclara Ariño. El maíz constituye el 16% del precio de la leche cruda (tambo) y el 5% del sachet

También podemos ver la composición de los precios según los costos de producción, los impuestos y el resultado. En el caso de la leche se detalla que el 79% son costos de producción, 26% impuestos y -5% pérdida de la cadena. De los impuestos que paga la cadena, el IVA representa el 67%.

PAN

Del campo a nuestra mesa el precio del trigo se multiplica por 7,3. Del total que paga el consumidor por kilo de pan francés. El trigo representa el 13%, el molino el 6%, la panadería el 56% y los impuestos el 25%. “Para decirlo de otra forma, el consumidor pagó en promedio $320 el kilo de pan, de los cuales $80 corresponden a la carga tributaria”, afirma la economista.

Si se analiza cómo está compuesto ese importe, en el estudio se detalla que el 57% son costos, el 25% impuestos y el 18% ganancias. De los impuestos que paga la cadena, el 79% son nacionales, 19% provinciales y 2% municipales. Impuesto a las ganancias e IVA concentran el 70% de los impuestos pagados por la cadena.

“Que un eslabón tenga mayor participación en la composición del precio, como puede ser la panadería, no significa necesariamente que sea el eslabón que más gane o algo por el estilo, sino que está relacionado con los procesos, escalas y costos que tiene ese eslabón”, aclaran desde FADA.

CARNE

Del precio que paga el consumidor por el kilo de carne, la cría representa el 28%, el feedlot 25%, frigorífico 6%, carnicería el 14% y los impuestos el 27%. El maíz representa 11% del precio del kilo de carne vacuna al mostrador.

La carga impositiva representa el 27% del precio, el 63% son costos de la cadena y 10% ganancias. De esos impuestos, el 76% son nacionales, 19% provinciales y el 5% municipales. El impuesto a las ganancias y el IVA, son los de mayor participación, que en conjunto representan el 65% de los impuestos totales.

ALGUNOS NÚMEROS DE “COMPOSICIÓN DE PRECIOS”

  • 1 de cada 4 pesos que pagamos en carne, leche y pan son impuestos.
  • 3 de cada 4 pesos de impuestos de estos alimentos corresponden a impuestos nacionales.

PAN

  • Precio del pan: el 57% son costos, el 25% impuestos y el 18% el resultado. 
  • El trigo representa sólo el 13% del precio en góndola.
  • El precio del trigo se multiplica por 7,3 en su recorrido desde el campo a la panadería.
  • El consumidor pagó en promedio $320 el kilo de pan, de los cuales $80 corresponden a la carga tributaria.
  • Precio pan en eslabones: el trigo representa el 13%, el molino el 6%, la panadería el 56% y los impuestos el 25%.

CARNE

  • 27% con impuestos, el 63% son costos y 10% el resultado.
  • El maíz representa sólo 14% del precio final de la carne de cerdo, 19% en carne aviar y 11% en carne vacuna.
  • Precio carne en eslabones: la cría representa el 28%, el feedlot 25%, frigorífico 6%, carnicería el 14% y los impuestos el 27%.

LECHE

  • 79% son costos de producción, 26% impuestos y -5% pérdida de la cadena.
  • El maíz representa el 5% del precio del sachet al consumidor.
  • El precio de la leche se triplica del campo al sachet.
  • En promedio el sachet tuvo un precio de $164, de los cuales $43 son impuestos.
  • Precio leche en eslabones: el tambo representa el 32%, la industria el 31%, el comercio 11% e impuestos el 26%.
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