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La economía de China se está recuperando, pero aún se necesitan reformas

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Por Diego A. Cerdeiro y Sonali Jain-Chandra -Sostener la recuperación requerirá apoyo tanto monetario como fiscal, así como reformas estructurales aceleradas

La economía de China se recuperará este año a medida que la movilidad y la actividad se recuperen después del levantamiento de las restricciones pandémicas, lo que impulsará la economía mundial.

La economía se expandirá un 5,2 por ciento este año, según nuestras últimas proyecciones, frente al 3 por ciento del año pasado. Esas son buenas noticias para China y el mundo, ya que ahora se espera que la economía china contribuya con una cuarta parte del crecimiento mundial este año.

Aun así, China todavía enfrenta importantes desafíos económicos. La contracción del sector inmobiliario sigue siendo un obstáculo importante y todavía existe cierta incertidumbre en torno a la evolución del virus. Los vientos en contra del crecimiento a más largo plazo incluyen una población que se reduce y una desaceleración del crecimiento de la productividad.

En consecuencia, como señalamos en nuestro informe anual para China, la economía necesita políticas macroeconómicas integrales y reformas estructurales para asegurar la recuperación y promover un crecimiento equilibrado, verde e inclusivo.

Recomendamos mantener neutral la política fiscal este año, con ajustes adicionales en la política monetaria que ayuden a asegurar la recuperación en medio de presiones inflacionarias moderadas y un crecimiento por debajo de su potencial. La reestructuración ordenada de los promotores inmobiliarios en problemas también ayudará a reducir los riesgos.

Con una fuerza laboral cada vez más reducida y rendimientos decrecientes de la inversión de capital, el crecimiento en los próximos años dependerá de impulsar el crecimiento decreciente de la productividad. Sin reformas, actualmente estimamos que el crecimiento caerá por debajo del 4 por ciento durante los próximos cinco años.

Un conjunto de reformas ambicioso pero factible puede mejorar estas perspectivas, lo que es más importante, de una manera que sea inclusiva al aumentar el papel del consumo de los hogares en la demanda. Reformas como el aumento gradual de la edad de jubilación para aumentar la oferta laboral, el fortalecimiento de los beneficios del seguro médico y de desempleo y la reforma de las empresas estatales para cerrar su brecha de productividad con las empresas privadas ayudarían significativamente a impulsar el crecimiento en los próximos años. Llevar a cabo tales reformas permitiría que el nivel de ingresos de China aumente alrededor de un 2,5 por ciento en cinco años.

Hay mucho en juego. Cuando la tasa de crecimiento de China aumenta 1 punto porcentual, el crecimiento de otros países aumenta alrededor de 0,3 puntos porcentuales, según un análisis reciente del personal técnico del FMI. Eso subraya cómo las reformas internas podrían impulsar la economía de China y la de otros también.

Diego A. Cerdeiro es Economista Principal del Departamento de Asia y el Pacífico del FMI.
Sonali Jain-Chandra es la Jefa de Misión del FMI para China.

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El científico que creó los primeros bebés modificados genéticamente, piensa volver a investigar tras salir de la cárcel

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He Jiankui pasó tres años en prisión por haber saltado las normativas médicas y éticas, al crear las primeras bebés nacidas con genomas editados para hacerlas inmunes al VIH.

En 2018, el investigador editó el genoma de varios embriones humanos en sus estados iniciales de desarrollo porque quería crear niños que resistieran contraer la enfermedad. Así, consiguió que nacieran unas niñas gemelas modificadas genéticamente de manera que no pudieran desarrollar la enfermedad del SIDA, que padecían sus padres.

Jiankui realizó este experimento aún sabiendo que existen métodos más seguros

A pesar de que el genoma de uno de los embriones contenía errores no deseados, el especialista continuó con el experimento e implantó los embriones para conseguir un embarazo por fecundación in vitro. Desde el nacimiento de las gemelas en 2018 y de otra niña en 2019, no se ha sabido nada de ellas. China se ha encargado de proteger sus identidades.

En 2019 He Jiankui fue condenado por los experimentos a tres años de cárcel, junto a sus colaboradores. Luego de salir de prisión, en 2022 creó el “instituto de Investigación de Enfermedades Raras”. En él pretende investigar para curar enfermedades genéticas a niños y adultos, pero no embriones.

Con el fin de financiar sus experimentos pretende conseguir que millonarios chinos donen 1000 yuanes (alrededor de 146 millones de dólares). Prometiendo que al conseguir esa cantidad, curará enfermedades genéticas en unos tres años.

Otros expertos en genética consideran que las herramientas utilizadas para la edición de líneas germinales no son seguras para ser utilizadas en humanos, pues introducen cambios en el ADN que podrían pasar de generación en generación.

Muchos de sus colegas científicos consideran que no se debería rehabilitar tras haber incurrido en una práctica de tan graves consecuencias éticas y médicas.

Sin embargo, no todos consideran esto ya que ha sido invitado a dar una charla en la Universidad de Oxford, además de exponer ponencias en congresos científicos en Estados Unidos y Europa.

Otros prestigiosos científicos estaban al tanto de sus experimentos, pero no alertaron de los peligros de la experimentación en humanos. Un publicista diseñó una campaña para dar a conocer su “hito”, mediante la publicación de vídeos y artículos científicos. También le ayudaron los científicos que formaban parte de su laboratorio y los que consiguieron inversores para sus proyectos. Pero ellos no han enfrentado medidas legales.

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La población de China se redujo. ¿Por qué es un problema?

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La población china disminuyó el año pasado por primera vez desde las muertes masivas asociadas con la desastrosa campaña del Gran Salto Adelante de Mao Zedong en la década de 1960. O tal vez sería más preciso decir que China ha anunciado que su población disminuyó. Muchos observadores están escépticos frente a los datos chinos. He estado en conferencias en las que, cuando China divulga, por ejemplo, nuevos datos sobre crecimiento económico, mucha gente no responde preguntando “¿Por qué el crecimiento fue del 7,3 por ciento?”, sino más bien: “¿Por qué el gobierno chino quiso decir que fue del 7,3 por ciento?”.

En todo caso, queda claro que la población de China está o pronto estará en su punto máximo; lo más probable es que la población lleve varios años en picada. Sin embargo, ¿por qué considerarlo un problema? Después de todo, en las décadas de 1960 y 1970, a mucha gente le preocupaba que el mundo se enfrentara a una crisis de sobrepoblación y China era uno de los mayores orígenes de esa presión. Además, el propio gobierno chino intentó limitar el crecimiento de la población con su famosa política del hijo único.

Entonces, ¿por qué el descenso de la población no es una buena noticia, un indicio de que en China y en el mundo en general habrá menos personas exigiendo los recursos de un planeta finito?

La respuesta es que el declive de la población crea dos grandes problemas para la gestión económica. Estos problemas no son irresolubles, pues hay claridad intelectual y voluntad política. Pero ¿China estará a la altura del desafío? Eso no está nada claro.

El primer problema es que una población que disminuye también es una población que envejece y en todas las sociedades que conozco dependemos de los jóvenes para mantener a las personas mayores. En Estados Unidos, los tres grandes programas sociales son la seguridad social, Medicare y Medicaid; los dos primeros están dirigidos explícitamente a las personas de la tercera edad e incluso el tercero gasta la mayoría de su dinero en los estadounidenses mayores y las personas con discapacidad.

En cada uno de los casos, el financiamiento de estos programas a final de cuentas depende de los impuestos que pagan los adultos en edad de trabajar y la preocupación por el futuro fiscal a largo plazo de Estados Unidos se debe en su mayor parte al aumento en la tasa de dependencia de la tercera edad, es decir al aumento de la proporción de adultos mayores con respecto a los que están en edad de trabajar.

La red de seguridad social de China está relativamente poco desarrollada en comparación con la de Estados Unidos, pero aun así los chinos de la tercera edad dependen de la ayuda del gobierno, en especial de la pensión estatal. Además, en China, la tasa de dependencia de la tercera edad se está disparando. Esto significa que China tendrá que depositar mucha carga económica en sus mayores, aumentarles los impuestos de manera dramática a los ciudadanos más jóvenes o ambas cosas.

El otro problema es más sutil, pero también es grave. Para mantener el empleo pleno, una sociedad debe tener un gasto total que sirva para mantener la capacidad productiva de la economía. Podría pensarse que la disminución de la población, lo cual reduce la capacidad, facilitaría esta tarea. Sin embargo, la caída de la población —en especial de la población en edad de trabajar— tiende a reducir algunos tipos importantes de gasto, en particular el gasto en inversión. Después de todo, si disminuye la cantidad de trabajadores, hay menos necesidad de construir fábricas, edificios de oficinas, etcétera; si el número de familias disminuye, no hay mucha necesidad de construir viviendas.

El resultado es que una sociedad en la que hay un declive en la población en edad de trabajar —y en la que todo lo demás se mantiene igual— tiende a experimentar una debilidad económica persistente. Japón es un buen ejemplo. Su población en edad de trabajar alcanzó su punto máximo a mediados de la década de 1990 y, desde entonces, el país ha tenido dificultades con la deflación, a pesar de haber vivido décadas con tasas de interés extremadamente bajas. Hace no tanto tiempo, otros países ricos con demografías que empezaron a parecerse a la de Japón comenzaron a enfrentar problemas similares, aunque estos problemas han quedado al margen —yo diría que de manera temporal— a causa del estallido de la inflación que ocasionaron las respuestas políticas contra la COVID-19.

Para ser justos con los japoneses, se puede decir que han manejado bastante bien el problema del descenso de la población, pues han evitado el desempleo masivo en parte apuntalando su economía con un gasto deficitario. Esto ha producido altos niveles de deuda pública, pero no ha habido ningún indicio de que los inversionistas estén perdiendo la fe en la solvencia japonesa.

Sin embargo, ¿China —con una población en edad de trabajar que ha estado en picada desde 2015— podrá gestionar las cosas igual de bien? Hay buenas razones para ser escépticos.

Desde hace mucho tiempo, China ha tenido una economía muy desequilibrada. Por razones que admito no comprender del todo, los formuladores de políticas han sido reacios a permitir que todos los beneficios del crecimiento económico pasado lleguen a los hogares, lo cual ha provocado una demanda de consumo relativamente baja.

En cambio, China ha sostenido su economía con tasas de inversión muy altas, muy superiores incluso a las que prevalecieron en Japón en la parte más alta de su infame burbuja de finales de la década de 1980. Invertir en el futuro suele ser bueno, pero cuando una inversión muy alta choca con una población en declive, es inevitable que una gran parte de esa inversión produzca rendimientos decrecientes.

De hecho, en este momento la economía de China parece depender de un sector inmobiliario increíblemente inflado, lo cual sin duda luce como una crisis financiera en ciernes.

Sería ingenuo suponer que China no puede hacerles frente a sus problemas demográficos. Después de todo, si consideramos el largo plazo, China ha sido una historia de éxito increíble, pues se transformó de una nación pobre y en desarrollo a una superpotencia económica en tan solo unas décadas.

Por otro lado, tengo la edad para recordar cuando todos los libros de negocios parecían presentar un guerrero samurái en la portada y prometían enseñar los secretos de gestión que estaban convirtiendo a Japón en el líder económico mundial.

El asunto es que para las economías, al igual que para los fondos de inversión, el rendimiento pasado no es ninguna garantía de resultados futuros. No sabemos hasta qué punto los retos demográficos de China la harán tropezarse, pero hay buenas razones para estar preocupados. He oído a pesimistas que describen la situación de China como si fuera similar a la del Japón posterior al auge, sin el mismo alto nivel de cohesión social que les permitió amortiguar la caída al gobierno y a la sociedad.

Ah, además, China es una superpotencia con un líder autoritario que parece errático. No creo que sea alarmista preocuparse de cómo reaccionará el país si le va mal a su economía.

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China asegura que tiene “bajo control” el coronavirus pese a la preocupación internacional

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El Gobierno de China aseguró hoy que la situación epidemiológica de la pandemia de coronavirus se encuentra “bajo control”, tres semanas después de haber relajado su estricta política de “Covid cero” y en medio de un fuerte repunte de casos, no obstante lo cual Estados Unidos y otros países decidieron exigir test negativos para los pasajeros provenientes del gigante asiático.

“En estos momentos, el desarrollo de la situación epidemiológica en China es el esperado y se encuentra bajo control”, dijo el portavoz de la cancillería de China Wang Wenbin, quien explicó que “la ciudad de Beijing fue la primera en pasar el pico, por lo que la producción y la vida allí están volviendo gradualmente a la normalidad”.

“Todos los países del mundo atravesarán un período de adaptación cuando ajusten sus políticas de prevención de epidemias y el caso de China no es diferente”, agregó el vocero, que también dijo que las autoridades trabajan para contener la situación en todo el país.

Wang lamentó que “algunos medios occidentales hayan exagerado o incluso distorsionado de forma deliberada el ajuste en la política de prevención y control de la epidemia por parte de China, evitando hablar del alto precio que ha pagado el país por la prevención ante la pandemia”, informó la agencia de noticias Europa Press.

“Desde el inicio de la pandemia y durante tres años el Gobierno chino siempre puso a la gente y la vida por encima de todo lo demás”, argumentó, y recordó que “desde una perspectiva global, la tasa de enfermos graves y muertos en China es el más bajo”.

Las declaraciones chinas se producen en momentos en que crece la preocupación internacional por el abrupto giro en la política que el país había implementado desde el inicio de la pandemia, que tuvo resultados eficientes, aunque acompañados de un importante costo económico y hartazgo social.

Horas más tarde, Estados Unidos anunció que pedirá a los pasajeros provenientes de China un test negativo de COVID-19 o una prueba de antígenos en los dos días previos a volar a la nación asiática.

La medida se aplicará a partir del 5 de enero tanto a los pasajeros que vuelen directamente a Estados Unidos desde China, Hong Kong o Macao como a los lo hagan a través de enlace con terceros países, incluidos Seúl, Toronto y Vancouver, informó la cadena local CNN.

“Las pruebas previas a la salida y el requisito de mostrar un resultado negativo disminuyen la cantidad de pasajeros infectados que embarcan en los aviones y ayudarán a frenar la propagación del virus a medida que trabajamos para identificar y comprender las posibles variantes que puedan surgir”, expresó Henry Walke uno de los responsables del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades.

En este sentido, los funcionarios federales de salud justificaron la medida, que fue sido notificada con antelación a las aerolíneas, ante la falta de transparencia en los positivos y en las cadenas de transmisión en China, reportó la cadena NBC.

Ante esta situación algunos países como Italia, Taiwán, Japón o Malasia ya comenzaron a exigir testeos a ciudadanos chinos para ingresar en sus territorios.

De hecho, el Ministerio de Sanidad italiano someterá a un test a todos los pasajeros que lleguen de China, según la agencia de noticias Europa Press.

Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, pidió al Gobierno chino que tome “las medidas adecuadas para proteger” a sus ciudadanos, tanto a nivel nacional como europeo, refirió France Info.

La semana pasada la Organización Mundial de la Salud (OMS) se mostró “muy preocupada” por la evolución de la Covid-19 en China y reclamó “más información” al respecto.

La Cancillería china respondió que el país compartió sus datos “de forma abierta, puntual y transparente” desde el inicio de la pandemia, cuya cuna se sitúa en la ciudad central china de Wuhan, donde se detectaron los primeros casos en diciembre de 2019.

El Gobierno chino anunció este lunes que a partir del próximo 8 de enero reabrirá sus fronteras y eliminará la necesidad de cuarentena en un nuevo paso en la relajación de las restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Según editorializa hoy el periódico chino Global Times, China “optimizó su respuesta al virus y presentó un cambio importante en su política epidémica al degradar la gestión de la Covid”, lo que fue posible gracias a que “la vacunación masiva acelerada y los recursos médicos mejorados” sentaron las bases para este ajuste.

Por otra parte, la Comisión Nacional de Sanidad de China anunció el domingo que dejará de publicar los casos diarios de coronavirus, sin dar ninguna explicación por su decisión.

Autoridades habían admitido este mes que esas estadísticas ya no reflejaban la inédita ola de contagios que golpea a China desde que el 7 de diciembre se relajaran las medidas sanitarias, luego de una ola de protestas el mes pasado.

Medios locales han informado que, por el gran aumento de los casos de Covid-19, escasean las camas en los hospitales y los medicamentos para la fiebre en las farmacias.

Medios internacionales han dicho, además, que los crematorios han reportado a autoridades un incremento muy significativo de la llegada de cadáveres.

Antes de decidir dejar de dar cifras oficiales, el récord de casos en un día había sido de unos 60.000, este mes.

Esta semana, dos medios, el estadounidense Bloomberg News y el británico Financial Times, afirmaron que funcionarios de salud chinos estimaron, durante una reciente reunión, que hubo unos 250 millones de contagios en las tres primeras semanas de diciembre.

El último parte oficial, publicado el sábado, daba cuenta de tan solo 4.128 nuevas infecciones y ninguna muerte, situando la suma de contagios sintomáticos desde el inicio de la pandemia en casi 400.000 y la de fallecimientos, en 5.242, según el portal Our World in Data.

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Litio: China invertirá U$S 2200 millones en Argentina, la fiebre del oro blanco

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Así lo afirmó Tíbet Summit. Entre los proyectos avanzados, dominan las empresas australianas.

Autoridades chinas, junto al embajador de Argentina. Fotografía: Cancillería

Cancillería Argentina confirmó la inversión de la empresa china Tibet Summit Resources por U$S2200 millones en dos proyectos de exploración de litio en Argentina. Uno de estos proyectos será “Salar de Diablillos, en la provincia de Salta. Se espera que produzca unas 50000 toneladas de carbonato de litio, apto para baterías a partir del año que vienen. Requerirá una inversión de U$S700 millones.

Además, se confirmó la construcción de la planta “Salar Arizaro”, para el 2024, donde se podría producir entre 50000 y 100000 toneladas del mineral al año. También está en Salta, la cual requerirá una inversión de U$S 1500 millones, según lo informó el gobierno argentino.

Estos anuncios se llevaron adelante en la Exposición Internacional de Importaciones de China, que se realizó en Shanghái, evento en el cual participó el embajador Sabino Vaca Narvaja.

La fiebre del oro blanco en Argentina

El precio del carbonato de litio aumentó a casi 78000 dólares por tonelada, marcando un máximo histórico y aumento de alrededor del 130% en el año.

Proyecto Pastos Grandes, Salta. Fotografía: Secretaría de Minería.

China es el principal destino de exportación del carbonato de litio producido en Argentina, con el 33%, seguido por Japón 24%, Corea del Sur 14% y Estados Unidos 7%.

Australia es quien lidera la producción de litio a nivel global, lo siguen Chile, China y Argentina, de acuerdo a un informe de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros.

Las inversiones de China en el país

Narvaja precisó que, de los nueve proyectos mineros de capitales chinos en el país, “seis corresponden a la extracción de este mineral”. No obstante, entre los 10 proyectos más avanzados, las empresas chinas se ubican por detrás de las empresas australianas, con participación en tres y cuatro proyectos, respectivamente.

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