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“La discusión de la deuda es un problema de dominación geopolítica, sobre nuestro país”, afirmó Claudio Lozano

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El economista y político Claudio Lozano, ex director del Banco de la Nación Argentina y actual precandidado a presidente por el partido Unidad Popular (que integra el Frente de Todos) llegó a Misiones con varias actividades políticas. En la previa habló con Economis sobre la situación del país y como encara el frente las próximas elecciones.

Uno de los planteos que había hecho en la semana, en plena “disparada” del dólar blue, fue “declarar una emergencia cambiaria en Argentina“, que permita penalizar las operaciones especulativas, aplicar un programa popular antiinflacionario y recuperar el mercado interno. Además, había criticado la estrategia económica del gobierno y volvió a cuestionar el acuerdo con el FMI mientras se señaló la necesidad de una discusión seria en torno a las cuevas, el comercio ilegal y el dólar blue.

Lozano explicó que “se necesita voluntad política para combatir el juego especulativo en la Argentina. La ley de emergencia cambiaria debería haberse aplicado desde el inicio del gobierno actual“. Explicó que hay una falta de políticas que disciplinen el comportamiento del capital concentrado y limiten su capacidad de fuga impiden el desarrollo económico del país.

Indicó que el actual Gobierno tiene un plan acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), “que ha producido efectos negativos y busca resolverlo aumentando el endeudamiento”. Para él los comicios de este año son cruciales y se debe “tomar distancia de la gestión actual y presentar una propuesta distinta que no defienda la gestión actual, ya que la economía creció, pero la pobreza no disminuyó, lo que indica un déficit serio en la política gubernamental”.

El dirigente de Unión Popular explicó que desde Unidad Popular proponen “democratizar el Frente de Todos y no aceptar una conducción conservadora”, además esperan que, si Cristina no asume el rol de candidata, garantice un proceso democrático sin imposiciones.

Esta semana realizó un planteo de decretar la emergencia cambiaría, que significa eso

-El planteo de decretar la emergencia cambiaria, es declarar como bien de interés público la divisa y consecuentemente facultar al Estado a todas las intervenciones necesarias para administrar el uso de las mismas en función de las necesidades del país. En segundo lugar, agravar y aplicar la ley penal cambiaria de manera tal de penalizar las operaciones especulativas que dan como resultado esta escalada permanente que tenemos del dólar en la Argentina.

Y en ese contexto, digamos, obviamente, tomar distancia del acuerdo con el Fondo y poner en marcha a partir de allí lo que denominamos un programa popular antiinflacionario que supone congelamiento de los precios y recomponer la variable que está efectivamente retrasada en la Argentina que es la variable de los ingresos, esto es salarios, jubilaciones, todo lo que tendría que ver con los ingresos propios de la población informal. Que habría que discutir una estrategia diferente a la de los planes actuales, nosotros estamos planteando hace rato la necesidad de un ingreso básico universal sobre la población en situación de informalidad y un programa de empleo garantizado que vincule a todos aquellos que están en la economía popular con una orientación de trabajo asociada a una estrategia de desarrollo.

Pero digo, todas estas cuestiones tienen que ver con producir en simultáneo un shock distributivo con una recuperación del mercado interno. Porque lo que está pasando, es que se aceptó un plan con el Fondo que es un plan que promueve y que promovió en la práctica un shock inflacionario, cuando comenzó el acuerdo la tasa de inflación estaba en el 50% y ahora está arriba del 100% anual. Y ese shock inflacionario lo que hace es deteriorando el poder adquisitivo de la gran parte de la población, lo que produce es una desaceleración de las ventas en el mercado interno porque lo achica y al mismo tiempo va generando las condiciones de que el país vaya con destino al estancamiento. Digamos, los dos componentes que tiene el acuerdo con el Fondo, es el carácter inflacionario y el carácter recesivo que de alguna manera nos lleva a una situación de estancamiento con inflación.

Por eso más allá además del tema de que supone la legalización de una estafa, es que nosotros desde el comienzo planteamos que este acuerdo no había que firmarlo, no es que lo estamos diciendo ahora y advertimos sobre estos temas desde ese momento. Pero bueno, nosotros creemos que lamentablemente el Gobierno desde que se produjo la salida de Guzmán en lugar de encarar una rectificación del rumbo, tomó una estrategia encarnada en lo que es la presencia de Sergio Massa al frente de la política económica nacional, que supone, digamos, una política de absoluta subordinación a las definiciones del Fondo con un proceso de sobre cumplimiento de las metas y al mismo tiempo una estrategia de concesión permanente a los dueños de la soja.

En ese contexto lo que estamos viviendo hoy es el fracaso estrepitoso de esa lógica que ciertamente ni restituyó la confianza, ni generó baja en la tasa de inflación, ni produjo ninguna de las tantas cosas que decían que iban a ocurrir. Porque si no acordábamos con el FMI íbamos al abismo, y el abismo lo tenemos con nosotros habiendo acordado con el Fondo.

En esa discusión en serio, todo el mundo sabe dónde están las cuevas, dónde se comercia ilegalmente, dónde se especula ¿Cómo se puede accionar contra ellos? Porque siempre se habló de aumentar los controles. Cada vez que hay una corrida, sale el funcionario de turno a decir vamos a ir a controlar en las cuevas. O sea, hasta ellos reconocen que saben dónde se hace este juego especulativo. ¿Cómo realmente cambiar esa matriz nuestra?

-Por eso decía lo que dije antes, la ley penal cambiaria permite la penalización de las operaciones especulativas y como vos bien decís, no es que no se sabe, se sabe dónde están y operan, lo que pasa es que se los permite. De hecho el dólar tocó prácticamente los 500 pesos y ahí recién en ese momento Massa salió a plantear que iba a aplicar la ley penal cambiaria y bajó, inmediatamente bajó.

Y además se apartó de las recomendaciones del Fondo, usó reservas para intervenir en el mercado y se controla la situación. Obviamente habiendo permitido primero una escalada que no debió haberse permitido y que obviamente va a tener impacto en los precios y consecuentemente en el deterioro aún mayor del poder adquisitivo de una población que ya prácticamente en este momento tenemos el 43% de la población de la Argentina en situación de pobreza.

Así que digamos, porque digo, discutimos mucho sobre el dólar pero la contrapartida de la estampida cambiaria es el aumento de los precios y el deterioro del poder adquisitivo, todas las expectativas respecto a que la inflación baje en abril con este tipo de comportamiento cambiario, obviamente se esfuman.

Así que bueno, en ese sentido la capacidad de control existe, lo que hay que tener es voluntad política de utilizarla. La ley de la emergencia cambiaria es una cuestión que debió haberse utilizado, yo te diría desde que asumió el Gobierno Nacional. Porque ya asumimos en una situación sumamente compleja en materia de reservas en el momento en que se va Macri. Y la verdad es que Argentina garantizó un ingreso importante de divisas durante todo este tiempo, hasta marzo del 2022, momento en que se pone en marcha el acuerdo, habíamos acumulado 32.000 millones de dólares de saldo comercial positivo en la Argentina,

Que no tengamos reservas es porque se dilapidaron las reservas existentes, en base a dos grandes estrategias equivocadas. La primera, una estrategia equivocada de negociación de la deuda en donde se tomó la decisión de pagar mientras se negociaba, cuando la lógica en cualquier discusión de negociación de una deuda es suspender pagos, mientras negocio para forzar al acreedor de alguna manera a aceptar determinada discusión, qué problema tiene un acreedor si se le está pagando para discutir en otras condiciones con el deudor, ninguna. Por lo tanto, digo, la lógica es que Argentina no hubiera pagado lo que no tenía, de hecho, Macri había ya dejado de pagar antes de irse, no era que había que declarar un default porque el default ya había sido declarado. Y en segundo lugar el tema de haber permitido que grandes grupos empresarios que habían fugado guita, que tenían dólares propios en el exterior y demás, en base a declarar deudas con el exterior, en muchos casos deuda intragrupo empresario, reclamarán dólares de las reservas del Banco Central para pagarlas cuando tienen dólares propios como para hacerlo.

Entonces es el doble movimiento de una mala negociación de la deuda y al mismo tiempo la validación de un comportamiento absolutamente voraz y especulativo que supone haber fugado capital primero y segundo, demandarle al Estado los dólares para cancelar una deuda que en muchos casos además era ficticia, es lo que hizo que las reservas en el Banco Central no existan. Entonces no es que no existían condiciones para poder hacer otra cosa, existieron y sobraron condiciones para hacer otra cosa, lo que acá no hay por parte de la dirigencia política dominante es la capacidad de plantear una estrategia que tome distancia y tenga autonomía respecto a los factores de poder económico real que existen en la Argentina.

Ese es el punto clave, digo, no hay política que permita plantear una estrategia de desarrollo si no es capaz de pensar en el conjunto y tener una relación que implique disciplinar el comportamiento de capitales, que en realidad cuando demandan las políticas neoliberales es porque estas le permiten endeudar, acumular financieramente, invertir muy poco, fugar la gran mayoría y no pagar impuestos. Todo eso es lo que hay que corregir con política pública. La política pública debe obligarlos a pagar impuestos, debe limitarles la capacidad de fuga, debe discutir con ellos la reasignación y el proceso de inversión para poder definir una estrategia de desarrollo.

Todo el disciplinamiento del capital concentrado y dentro de ello la discusión en otros términos del proceso de endeudamiento de la Argentina son las dos claves que permiten ordenar una salida distinta para el país.

Muchos han planteado que este Gobierno no tiene justamente ni un plan ni una idea política definida que pueda ser sostenible?

-El Gobierno tiene un plan que es el plan acordado con el Fondo, no es que no tiene un plan, en todo caso el plan del Fondo ha producido estos efectos. Lamentablemente el gobierno sigue buscando la salida en ese marco, y la salida en ese marco es que el FMI vuelva a garantizarnos sobre la base de mayor endeudamiento, algunos recursos que permitan llegar hasta el fin del mandato. Lamentablemente eso no resuelve nada, simplemente pospone el problema.

-El plan llegar

-Claro, sí, sí, esa es la única estrategia que hay aquí, no hay ninguna otra. Lamentablemente, ¿no? Pero es así. Y creo que el problema es que esto lo que ha hecho es que una alternativa popular frente al ajuste neoliberal, que era lo que en el 2019 planteó la propuesta del Frente de Todos, frente a lo que era la devastación que implicaba el gobierno de Macri, hoy en el marco de las políticas del Fondo y la conducción de Massa, esto es una variante más del ajuste y por lo tanto Eso es lo que explica por qué razón nosotros, por lo menos desde Unidad Popular, tratamos de ir construyendo a nivel de todo el país la posibilidad de una estrategia nacional diferente.

Claramente estamos convencidos que la gran mayoría de los espacios organizados que forman parte del frente de todos viven con mucha disconformidad lo que hoy está ocurriendo y creemos además y aparte es evidente que lo que fue el agregado electoral la base electoral que acompañó al frente de todos, está más distante aún de este tipo de política. De hecho, bueno, ya no nos acompañaron en el 2021 y nada indica que las cosas estén mejor en este momento.

Así que en el 2023, que para nosotros es un año clave, digamos, respecto a qué medida podemos seguir sosteniendo posibilidades para una perspectiva mejor para el país y no terminemos en un retorno del pasado que indudablemente nos complicaría la historia a todos los argentinos, es un año en el cual se definen muchas cosas, o sea, es un año donde es necesario tomar distancia de esta gestión gubernamental para encarnar una propuesta distinta. Pretender ir a elecciones defendiendo esta gestión, creo que es un suicidio político y es, por otro lado, además, faltarle el respeto a la gente. La gente sabe y no alcanza el tema de la herencia, no alcanza el tema de la pandemia, la cuestión internacional, todas esas cosas existen. Por otro lado, además, el trabajo durante la pandemia fue lo que mejor hizo el Gobierno.

Además, lo grave del caso es que no es que la economía argentina no se haya recuperado, la economía argentina creció, hoy es mucho más grande que lo que era cuando se fue Macri. Y sin embargo tenemos más pobres que los que teníamos cuando Macri se fue. O sea, el hecho de que haya habido recuperación de la actividad económica, con ampliación de la desigualdad y perpetuación e incremento de la pobreza, eso es un déficit serio para una política que pretende ser expresión de la mayoría de la población.

-A los políticos les cuesta explicar eso, porque por un lado valoran el crecimiento económico, pero nunca pudieron explicar por qué creció tanto la desigualdad

– Hay una falta de política justamente para lograr una mejor distribución de esa riqueza. Es que hay dos claves centrales. Por un lado, la mala negociación en materia de deuda que apresó la política económica y las cuentas públicas para poder orientarlas como correspondía y, en segundo lugar, la pasividad frente a la remarcación de precios de los actores más concentrados. La inflación ha sido el mecanismo de redistribución regresiva, injusta de los ingresos para que buena parte del excedente generado por el crecimiento de la actividad quedara concentrada en un núcleo reducido de actores.

Digo, eso es evidente, el Gobierno frente a esto, frente a ambas cosas, hizo las cosas mal.

No se entendió lo que era el significado del crédito del FMI, que no es un crédito del Fondo, es un crédito de los Estados Unidos para controlar de manera geopolítica el destino de la Argentina, y esto hoy está cada vez más claro, porque del mismo modo retomando la pregunta tuya respecto al puente financiero que tanto Fernández como Massa le pidieron a Biden en la visita de hace muy poco, ese puente financiero es un puente de doble mano.

Es un puente en donde, por un lado, llegarían recursos financieros, pero, por otro lado, hay que entregar cuotas de soberanía y de capacidad de decisión nacional. Por eso tuvimos el aluvión de funcionarios norteamericanos en las últimas semanas. Por eso el presidente de la autoridad nuclear norteamericana vino a contar que ven con malos ojos que Argentina continúe el desarrollo nuclear en vínculos con China, por eso vino Wendy Sherman, la subsecretaria de Estado, para decirnos que los argentinos tenemos que transitar el dolor en este momento para poder tener un futuro más venturoso y por eso vino Laura Richardson, la jefa del Comando Sur, para decirnos que el litio, vaca muerta, el agua y los distintos recursos de la Argentina son un problema de seguridad norteamericano, no nuestro.

Y al mismo tiempo vinieron a condicionarlos hasta el equipamiento en defensa. Argentina iba a comprar aviones nuevos chinos y resulta que plantean que compre aviones usados, norteamericanos, que da de baja la fuerza aérea dinamarquesa, o sea, claramente, no es gratis el tema de la discusión del Fondo. El Fondo es un instrumento de la estrategia norteamericana para garantizar que China no influya sobre América Latina y particularmente sobre Argentina. Y bueno, en ese sentido creo que el gobierno no ha entendido adecuadamente la magnitud del problema, no es un problema financiero la discusión de la deuda, la discusión de la deuda es un problema de dominación política, geopolítica, sobre nuestro país y por lo tanto reclama un tratamiento de otra naturaleza.

Sobre todo, cuando casualmente, por la manera en que se violentó tanto las normas legales de la Argentina como el propio estatuto del FMI para llevar adelante ese endeudamiento. Le dan a Argentina muchos elementos para dar una discusión diferente que lamentablemente no se utilizaron.

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África mía

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El dolor es colectivo cuando las imágenes de las crisis migratorias y alimentarias en este continente terminan ocupando lugar en noticias rutilantes. Sin embargo, parece tan natural el vaciamiento africano que nadie se cuestiona la actualidad de esta región.

Actualmente, África tiene 54 países, cada uno con sus particularidades étnicas, religiosas, sociales y culturales, aunque, en gran medida con un factor en común: pobreza. Justamente, según el Índice de Pobreza Multidimensional, el top ten de los países más afectados económicamente está en el continente africano, se trata de Níger, República Centroafricana, Chad, Sudán del Sur, Burundi, Mali, Eritrea, Burkina Faso, Sierra Leona, Mozambique y República Democrática del Congo. Salvo algún caso particular, como el de Sudáfrica, esta parte del mundo tiene la penosa condición de crisis total. 

Exceptuando las causas geográficas o que dan cuenta de situaciones que, sin decisión política, pueden ser incontrolables por el ser humano, el resto se resignifica en la historia. En principio, la expansión ultramarina llevó a cabo un shock de dominio de naciones europeas sobre las africanas. Ya a finales del siglo XIX, el viejo continente se dividió África tal y como si fuese una torta de cumpleaños, mediante la Conferencia de Berlín entre 1884 y 1885. 

Esa partición tuvo como ejes dominantes a Gran Bretaña y Francia, principalmente. Ya en el siglo XX, hay tres grandes conceptos históricos que hacen de África un verdadero desmán: panafricanismo (construcción de un entramado político que tenga la cuestión continental como primaria), panislamismo (construcción de una mancomunidad de naciones que adopten al Islam como su religión oficial y mayoritaria) y el panarabismo (intento de unión que responda a los lazos culturales, lingüísticos y de herencia en común con el mundo árabe). El problema de estas tres tendencias es que África tiene países árabes, musulmanes y, obviamente, africanos. Algunos comparten todas estas características, otros solo dos y los que solamente son africanos por definición. Este fue el gran problema de la descolonización. 

Pero pese a todo esto, hay un verdadero culpable al cual no se le puede escapar y que tiene incidencia casi en cualquier etapa de la historia: Occidente. Sea en el rol de Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, la piedra angular del poder occidental siempre fue el principal causante del daño en África. En la modernidad, la extracción de metales preciosos y la esclavitud, hoy en día recursos como el coltán son los que mantienen tantas bases militares en el continente africano. 

El hecho de que el Tío Sam haya pisoteado sin desdén el crecimiento exponencial de diversas naciones africanas, solamente propició a un empobrecimiento generalizado de toda la zona, situación que trasciende cualquier barrera geográfica. Ya sea aplicando medidas económicas restrictivas en cuanto a la producción, como imponiendo regímenes políticos autoritarios que defiendan los intereses de Washington en África, sacando del mapa cualquier intento de rebelión que pueda poner en tensión a las ganancias de los peces gordos occidentales. Y cuando un líder se posicionó, le hicieron la vida imposible hasta pregonar intentos de desestabilización e inclusive asesinatos a sangre fría como el de Gadafi en Libia en 2011. 

No es un tema menor el de las dictaduras y regímenes satélites que propicia Estados Unidos en esas zonas del mundo, terminando con toda intentona guerrillera y básicamente financiando a líderes déspotas que sólo acrecientan más la brecha de extrema pobreza que se extiende de manera endémica en un continente al que le sobran recursos, que, siendo bien administrados, serían de gran utilidad para el crecimiento y desarrollo económico. 

Por otra parte, y hablando de potencias, Rusia y China también tienen su cuota de participación. De hecho, cada apoyo de Putin a una facción política en África, es motivo de más de un dolor de cabeza en la Casa Blanca, y si hablamos de China, el gigante rojo también utiliza un modus operandi similar al de Estados Unidos, aunque con la cuota de inmensas inversiones económicas en los frentes extractivos, principalmente del tan valioso coltán.

Este mineral es tan importante que es el recurso principal en la creación de smartphones, así que básicamente, cada vez que compartas un meme, lo haces mediante un dispositivo que funciona a fuerza de la sangre del trabajo casi esclavo en África, impuesto por los mega – poderosos del mundo. 

Las consecuencias de este vaciamiento son evidentes: los africanos, sean del país que sean, huyen hacia Europa y Asia. Son contingentes humanos que cruzan grandes extensiones marítimas y territoriales, arriesgando su vida para que sus pequeños hijos tengan un mejor porvenir económico. Asimismo, los que se quedan padecen las impericias de la clase política y del imperialismo galopante. La falta de estructuras es algo normal, aunque aún peor es la nula inversión en recursos para obtener agua potable, por ejemplo. Esto produce una pésima alimentación, y lo que es peor aún, la propagación de enfermedades que terminan siendo letales. Hasta aquí, hay crisis migratorias, crisis alimentarias y crisis sanitarias, pero hay un agregado aún más siniestro. 

Las guerrillas y movimientos armados (religiosos o políticos) siembran el terror en diversos países. Lastimosamente, Somalia se transformó en un país en donde los “piratas” y los “yihadistas” conviven entre delincuencia y atentados. Los que terminan pagando siempre son los inocentes. Ni hablar de genocidios brutales como el de Ruanda en 1994. Tan cruel como esto es la actual práctica de la ablación del clítoris en niñas que se extiende en lugares como Gambia, Mauritania y Djibouti, entre otros. Esta horrenda  práctica tiene un fuerte condimento cultural y religioso. 

En síntesis, ¿Quién o quiénes son los grandes culpables? La respuesta es fácil: el poder occidental y los líderes corruptos aspiracionistas. Esta sensación de entreguismo africano es tan grave que solo aumenta la desigualdad. Aunque en este mundo multipolar naciente, podrían tener un mejor pasar. Putin deslizó que el futuro del mundo está en África. Solo resta esperar para analizar entrelineas como se da esa recomposición de una región del mundo, históricamente bastardeada por Estados Unidos y Occidente.

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BRICS, el temor de Estados Unidos

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Un bloque contrahegemónico, que tiene una misión: plasmar el multilateralismo vigente. La experiencia de este grupo de países termina evidenciando el fin de la era del dominio absoluto de Washington. 

Para darle más contexto, el BRICS es una comunidad de Estados que comparten acuerdos y lazos diplomáticos, económicos y agenda internacional en común, con un disparador que en pleno 2023 se acrecentó. Se basa en intentar consolidar un bloque en detrimento de los intereses de Estados Unidos y los países encolumnados a rajatabla detrás de las decisiones de la Casa Blanca y el Pentágono.

Este colectivo de economías emergentes fue fundado en 2009, formado por Brasil, Rusia, India y China, dos años más tarde se uniría Sudáfrica. Su trabajo fue paulatino, casi como un paso a paso para no provocar medidas agresivas por parte de Estados Unidos con el fin de sofocar a un bloque emergente. 

Las disyuntivas internacionales provocaron un posicionamiento distinto del BRICS. Sobre todo, por China y su descomunal crecimiento que decantó en el enfrentamiento contra la potencia norteamericana en la denominada “Guerra comercial”. Rusia, por su parte, de la mano de Putin llevó adelante una serie de intervenciones bélicas, en Chechenia, Georgia y Ucrania. En el caso de India, fue el posicionamiento como potencia asiática en el marco productivo. Estos agregados, fueron proponiendo una dinámica distinta, año a año, en lo que respecta al BRICS. 

Ahora bien, este grupo termina siendo una amenaza para Estados Unidos. Básicamente, esto se comprende así porque desde la desintegración de la Unión Soviética, el mundo giró en torno a la hegemonía estadounidense total, sin tener algún otro país o modelo que le dispute la puja por el dominio mundial. El arribo del BRICS es un golpe bajo a las ambiciones históricas del país, hoy en día, dirigido por Joe Biden, por la simple premisa de que creció a la sombra del accionar norteamericano. Además, el papel de este grupo de economías emergentes pone sobre la mesa otra cuestión, que es la materialización del multilateralismo, la desglobalización y la regionalización. 

Vamos por partes, el primer concepto responde a la necesidad de que el poder mundial se vaya a dividir en varios modelos de distintas regiones del mundo que puedan, a su vez, tener lazos o acuerdos con países que no formen parte de su bloque. La desglobalización es el principio del fin de este estadío del capitalismo, pasando a un sistema más bien regionalista, en donde la aglomeración, más grande o más pequeña, de países, termina siendo el determinante de las relaciones internacionales. 

De esta forma, Brasil puede integrar el BRICS pero hacer acuerdos con Estados Unidos, y a la vez, como miembro del Mercosur, comerciar con la Unión Europea. Esto marca el fin de esa política “tóxica” de lazos diplomáticos heredados de la Guerra Fría.

Asimismo, la retaguardia de Estados Unidos está vigente, no tanto porque le preocupe que existan estas relaciones, de alguna manera todas responden al capitalismo y no lo cuestionan de cuajo, sin embargo, el problema es financiero. El dolor de cabeza de Washington tiene una parada obligatoria en Wall Street, ya que más allá de lo “lindo” que pueden sonar los conceptos como regionalización, traen involucrados un cimbronazo a la economía yankee. 

Es justamente Brasil, el país que puso primera al proponer una moneda común en el BRICS. Sumar más billetes no es un dilema en sí, sino que evitar al dólar sí puede ser contraproducente para los intereses del Tío Sam. Es esa la idea, el puñal de las economías emergentes pasan por ese punto, buscar hacer un “puente” y evitar al dólar estadounidense. 

Dejar de comerciar en la moneda más conocida del mundo puede provocar un golpe tremendo en la economía mundial. Los países que integran el BRICS cuentan con reservas diversificadas, es decir que no solo cuentan con dólares en sus bancos centrales, sino que con distintas monedas fuertes. A Estados Unidos esto le preocupa, porque básicamente se le podría “terminar el curro”, como se dice en el barrio. El traspaso de un comercio mundial explicitado en distintas monedas es la expresión más evidente del multilateralismo, y lo viene advirtiendo Putin desde que arrancó la guerra en Ucrania y las sanciones a su economía. El mandatario del Kremlin exige que le paguen en rublos, no en euros y menos en dólares. Este golpe provocó que los cerdos de Wall Street tengan que juntarse más de una vez para trazar acciones conjuntas, con el aval del Pentágono. A esta altura, la respuesta es inútil porque la maquinaria ya está en marcha y el multilateralismo es una realidad a la cual no se puede escapar. Inclusive el BRICS puede sumar a otros países como Argentina o Argelia, cada uno con sus puntos a favor. 

Más allá de este panorama, si algo saben los estadounidenses es acomodarse a los vaivenes del capital, es justo decir que esa característica camaleónica le valió un poderío contundente desde fines de la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad. Estados Unidos no está en condiciones de tomar medidas agresivas o invasivas con el BRICS, de hecho, el mundo no toleraría otra guerra de cualquier índole. Sin embargo, así como el Estado de Bienestar nace como una respuesta al fin del capitalismo de libre concurrencia y a la par de los avances del comunismo en otras partes del mundo, es posible pensar en un Washington más laxo en sus lazos diplomáticos. Hay un rasgo que puede dar cuenta de que Demócratas y Republicanos abandonan esa postura “hardcore” a nivel internacional. El hecho de que la OTAN se canse de decir que no va a entrometerse directamente en la defensa de Ucrania, dice mucho, como así también el aislacionismo al cual está prácticamente sometido Europa desde el arranque de la conflagración. Estados Unidos dejó de consentir al viejo continente, y es por eso que Macron comenzó a acercar posturas con China. 

La política internacional es como un partido de fútbol. Tiene sus momentos, idas y vueltas e inclusive un dominio total. Sin embargo, tener la pelota los 90 minutos bajo control no significa que una sola jugada no se pueda perder el partido. Esto lo saben Estados Unidos y el BRICS, en donde en tiempo agregado, comienzan a preguntarse si hay tiempo extra o se van directamente a penales, mientras tanto, el mundo está expectante a este verdadero concierto del poder global.

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China ha hecho de las relaciones con Brasil una prioridad diplomática

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China ha hecho de las relaciones con Brasil una prioridad diplomática, dijo el viernes el líder del país, Xi Jinping, al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Beijing, informaron medios estatales chinos.

El presidente chino, Xi Jinping, sostuvo conversaciones hoy viernes en Beijing con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.

Brasil restableció el viernes sus lazos diplomáticos con China, su mayor socio comercial, con una visita de Estado en la que acordaron impulsar las inversiones y la cooperación en tecnología y desarrollo sostenible, al tiempo que instaron a entablar conversaciones de paz en Ucrania.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y varios de sus ministros firmaron los acuerdos con el líder Xi Jinping y otros funcionarios chinos en Pekín.

Xi dijo que China ha hecho de las relaciones con Brasil una prioridad diplomática y que los dos países deben profundizar la cooperación práctica en sectores como la agricultura, la energía y la construcción de infraestructura, informó la cadena estatal CCTV.

“Tenemos una relación extraordinaria con China, una relación que cada día se agudiza y fortalece”, dijo Lula antes de su reunión con Xi. Ambos países necesitan trabajar juntos para que la relación no sea meramente de interés comercial, añadió.

Los líderes coincidieron en que el diálogo y la intermediación son la “única vía viable” para resolver la guerra en Ucrania, según una declaración conjunta. Asimismo, hicieron un llamamiento a otros países para que desempeñen un papel constructivo en la promoción de un acuerdo político entre Ucrania y Rusia.

La visita de Lula se da después de cuatro años de relaciones turbulentas con China bajo la presidencia del ultraderechista Jair Bolsonaro, en los que el comercio no se vio afectado pero las inversiones de empresas chinas cayeron.

Acordaron actuar conjuntamente con los países en desarrollo en los foros internacionales sobre cuestiones climáticas, al tiempo que pedían una mayor financiación para proyectos de desarrollo sostenible.

China se comprometió a respaldar las energías limpias y la producción de hidrógeno verde en Brasil, pero no hubo acuerdo sobre un fondo bilateral de inversión verde que Brasil esperaba que financiara y subvencionara el desarrollo de energías renovables.

Brasil allana el camino para la cooperación con China en materia de semiconductores

China y Brasil sí acordaron crear un grupo de trabajo para proseguir la cooperación en materia de semiconductores, reforzando los lazos con Pekín en áreas de tecnología sensible.

Las autoridades dijeron que Brasil está abierto a la instalación de una fábrica china de semiconductores en el país y está interesado en desarrollar la tecnología en cooperación con China.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se reunió con el líder chino, Xi Jinping, y sus gobiernos firmaron 15 acuerdos o MdE que incluyen la construcción de un sexto satélite usado para vigilar el Amazonas, y el desarrollo de tecnología para telecomunicaciones 5G, Internet y ciberseguridad.

La tecnología de la información ha sido un punto de fricción en las relaciones de China con Estados Unidos y los países europeos, que en algunos casos han prohibido los productos chinos por razones de seguridad.

Brasil, sin embargo, está interesado en atraer inversiones chinas en estas áreas, incluso con la desconfianza del Gobierno estadounidense que en los últimos años trató de impedir que comprara equipos 5G del gigante de las telecomunicaciones Huawei Technologies Co Ltd.

El ministro de Hacienda brasileño, Fernando Haddad, dijo que se están profundizando los estudios para realizar intercambios comerciales en monedas locales, señalando que la idea de reducir la dependencia del dólar figuraba desde hacía tiempo en la agenda del grupo BRICS de las principales naciones emergentes.

En una entrevista con Reuters, el asesor de política exterior de Lula, Celso Amorim, afirmó que Brasil no vetará la instalación de una fábrica china de semiconductores en Brasil, y que está interesado en desarrollar la tecnología en cooperación con China.

En la serie de Memorandos de Entendimiento, China y Brasil acordaron “explorar mecanismos para promover la cooperación bilateral en investigación científica y tecnológica e innovación industrial”.

Ello implicaría actividades conjuntas de investigación y desarrollo entre instituciones públicas, privadas y académicas, así como el intercambio de científicos y artículos científicos.

Lula el jueves visitó el centro de investigación de Huawei en Shanghái y recibió información sobre su tecnología, donde probó sus dispositivos de realidad virtual.

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China necesita adoptar políticas verdes en nuevos proyectos

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Escribe Rebecca Ray en Dialogo Chino – El giro de China hacia la energía verde en América Latina es una buena noticia. Pero el “cómo” es tan importante como el “qué”

Con la noticia de que Honduras ha establecido relaciones diplomáticas con China — y de que esta a su vez aceptó financiar la ampliación del complejo hidroeléctrico hondureño de Patuca — es momento para reflexionar sobre el cambio en la financiación china para el desarrollo de América Latina y el Caribe. 

¿China volverá a su papel anterior a la pandemia como principal financiador de estatales petroleras como la brasileña Petrobras? ¿O cumplirá su compromiso de promover la energía verde en el extranjero? Y lo que es igual de importante, ¿los acreedores chinos pondrán en práctica las nuevas políticas verdes de Beijing para la gestión de sus inversiones en el extranjero?

Al considerar los préstamos de China en América Latina y el Caribe, dos grandes instituciones financieras de desarrollo ocupan un lugar central: el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China. Hace una década, el apoyo de estas instituciones a la región alcanzó niveles que rivalizaban con las del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, pero durante la pandemia de Covid-19 esa financiación se redujo a cero

Dos años después, la financiación china a América Latina y el Caribe está resurgiendo y posiblemente cambiando hacia nuevos sectores. Mientras que los primeros préstamos chinos se concentraban en grandes montos y líneas de crédito para petroleras, la nueva financiación en curso está enfocada en préstamos más cortos y centrados en proyectos específicos.

No cabe duda de que es alentador que los préstamos chinos para América Latina y el Caribe se alejen de los combustibles fósiles y caminen hacia sectores más preocupados con el clima. Ya se fueron los años de las líneas de crédito de diez dígitos para las compañías petroleras. En su lugar están surgiendo proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático. De hecho, dos de los tres nuevos compromisos de financiación anunciados por China en 2022 se refieren a la adaptación al clima: son proyectos para reforzar las carreteras costeras en Barbados y Guyana. Mientras tanto, los préstamos que se están negociando este año incluyen la ampliación de dos grandes proyectos de energías renovables: el parque solar de Cauchari, en el norte de Argentina, y el complejo hidroeléctrico de Patuca, en Honduras. 

Sin embargo, para que lo “barato” salga “bueno y bonito”, los proyectos financiados por China también tendrán que tener en cuenta los riesgos medioambientales y sociales locales, además de los globales. En otras palabras, cómo se planifican y gestionan los proyectos es tan importante para la sostenibilidad como qué tipo de proyecto se planifica. 

Una instalación de energía verde mal planificada puede provocar daños ecológicos considerables y conflictos sociales. El proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca en Honduras, abandonado por la empresa china Sinohydro en medio de un conflicto medioambiental, es un claro ejemplo de la importancia de la gestión de riesgos medioambientales y sociales. Además, casi la mitad de las emisiones de carbono de América Latina y el Caribe proceden de cambios en el uso del suelo, como la deforestación tropical. La gestión de los impactos ambientales en bosques y otros ecosistemas, bien como en las comunidades que esos ecosistemas sustentan, es una parte indispensable de la mitigación del cambio climático en la región.

Cumpliendo las políticas verdes

Las nuevas directrices de sostenibilidad anunciadas por Beijing, además de los compromisos ambientales en toda América Latina y el Caribe, han demostrado que los líderes globales comprenden cada vez más el papel de la gestión de riesgos medioambientales y sociales para el éxito de los proyectos — así como la protección de ecosistemas y comunidades. 

En 2021 y 2022, las nuevas orientaciones verdes del gobierno chino incluyeron cambios para inversionistas y para el sector de construcción civil, además de directrices exclusivas para que los inversionistas desarrollen mecanismos transparentes para recibir y resolver reclamos. 

También se han producido cambios significativos en América Latina y el Caribe. La región reconoce la importancia de mantener ecosistemas sanos para la vida de las comunidades indígenas y tradicionales, y han acogido los derechos de estos grupos a través de acuerdos de las Naciones Unidas y del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El Acuerdo de Escazú también representa un gran avance en el tema, ya que es un tratado regional que se compromete con la transparencia, la participación de las partes interesadas y el acceso a la justicia en cuestiones medioambientales relacionadas con el desarrollo de nuevos proyectos. 

Muchas de estas directrices y compromisos se adoptaron durante la pandemia de Covid-19, cuando la financiación de nuevos proyectos se estaba acabando. Pero ahora que los proyectos vuelven a empezar, China, América Latina y el Caribe tienen la oportunidad de renovar su relación financiera, basada ahora en principios y compromisos de desarrollo sostenible. 

En Brasil, por ejemplo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha prometido políticas medioambientales firmes en su nuevo gobierno, mientras que su homólogo chino, Xi Jinping, defiende una “civilización ecológica” como eje de desarrollo. Ambos se iban a reunir hace unos días en Beijing — un encuentro esperado por muchos en busca de señales sobre el estado de la relación de China con América Latina —, pero Lula pospuso su visita por cuestiones de salud. 

Los dos proyectos de gran escala que aún se discuten — la posible ampliación del parque solar de Cauchari y la central hidroeléctrica de Patuca — son oportunidades importantes para poner en práctica estos nuevos compromisos. Ambos proyectos tienen potencial para contribuir significativamente a la reducción de las emisiones regionales de carbono. Sin embargo, a nivel local, cada uno de ellos también tiene riesgos medioambientales y sociales a lo largo de sus etapas de operación. Las coordinaciones de los proyectos pueden anticiparse a los posibles impactos medioambientales y sociales por medio de tres categorías de territorios sensibles: áreas protegidas nacionales, tierras indígenas y hábitats críticos para la biodiversidad. Por ejemplo, el parque solar de Cauchari, en su tamaño actual, ya se encuentra dentro de los tres tipos de territorio sensible, mientras que Patuca está situada río arriba de los tres tipos de zonas — un punto crucial para cualquier represa.

No cabe duda de que los proyectos no son necesariamente imprudentes por su mera proximidad a territorios sensibles, pero su ubicación indica la necesidad de una mayor gestión medioambiental y conciencia sobre los posibles riesgos. Por supuesto, estas categorías de territorios sensibles no abarcan todos los riesgos posibles, pero sus definiciones globales permiten hacer comparaciones entre países.

Hay tres factores fundamentales para la gestión de riesgos ambientales y sociales en los proyectos de infraestructura: evaluaciones de impacto ambiental (EIAs) exhaustivas, participación significativa de las partes interesadas y compromiso de transparencia a lo largo de todo el proyecto. Si sólo estos dos proyectos chinos (el de Argentina y Honduras) se financian este año, será crucial que los bancos y contratistas chinos se aseguren de que las EIAs sean exhaustivas, que las consultas a los indígenas incluyan a comunidades locales y cercanas, y que todo el proceso sea transparente. Siguiendo estos tres pasos, las empresas chinas pueden asegurarse de que están cumpliendo las nuevas políticas verdes de financiación, construcción e inversión de China, así como los compromisos de los países latinoamericanos en virtud del Convenio 169 de la OIT y el Acuerdo de Escazú. 

Si China sienta un precedente basando sus decisiones para estos dos proyectos en sus nuevas directrices ecológicas, su giro hacia la energía verde será una poderosa fuerza para el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe.

Rebecca Ray es becaria postdoctoral de la Iniciativa de Gobernanza Económica Global del Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston

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