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¿Devaluar o estabilizar?

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En su último informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) hace foco en las medidas que debe tomar el super ministro Sergio Massa para poder acomodar la economía Argentina.

● Las políticas de estabilización deben ser un nuevo contexto en el cual discutir los precios relativos de la economía (salarios, tipo de cambio, tarifas, alimentos, bienes y servicios, etc.)
● Cambios bruscos en los precios relativos -por ejemplo, una devaluación – en este contexto corre el riesgo de acelerar todavía más la inflación y tener una corta duración. Eso borraría en poco tiempo el efecto que se promete como una “mejora en la competitividad”.
● Los precios relativos indican que hay sectores que cuentan con un “colchón de precios” y están en condiciones de absorber incrementos en los costos reduciendo los márgenes, sin necesidad de trasladarlos al precio final

¿Devaluar o estabilizar?

La discusión sobre la estabilización de los precios se da en simultáneo con la discusión de los precios relativos que determinan una determinada distribución del ingreso. Aquí aparecen dos lecturas dentro de los que plantean la necesidad de algún esquema de shock que busque reducir en poco tiempo la inflación a niveles de por lo menos el 2-3% mensual. Por un lado encontramos a quienes buscan un fuerte cambio de precios relativos antes de entrar en un período de estabilidad, con versiones más ortodoxas (quienes plantean que primero es necesaria una fuerte devaluación) y con versiones más heterodoxas (quienes plantean primero una fuerte recomposición de los sectores de menores ingresos). Desde el CESO entendemos que un shock inicial de cambio de precios relativos generaría una aceleración de la inflación. Por lo tanto, primero debe ensayarse una política de estabilización para luego avanzar en un cambio en los precios relativos que tenga alguna durabilidad.

En el contexto inflacionario actual, los cambios bruscos de precios relativos deben darse necesariamente a costa de una inflación todavía mayor en el corto plazo. Esto conlleva dos riesgos considerables. Primero, esa mayor inflación en el corto plazo puede implicar una mayor inflación inercial que se sostenga en el tiempo, dado que venimos subiendo escalones en el régimen inflacionario de forma permanente en los últimos cuatro años. La matemática es bastante intuitiva: para lograr una mejora del 10% de mi precio relativo en una economía sin inflación, alcanza con que suba el precio 10%, pero si la inflación es del 100% deberá subir el precio 120%, es decir, 20 puntos por encima de la inflación. En segundo lugar, al acelerar la inflación también hace más inestables los precios relativos. Por ende, ese cambio que se busca generar para lograr un determinado set de precios relativos puede verse desdibujado en muy poco tiempo como consecuencia de la alta inflación.

Por eso, primero debería venir una moderación en la inflación para que los cambios en los precios relativos – más adelante discutimos qué cambios – puedan hacerse sin el riesgo de caer en un sendero inestable de aceleración de la tasa de aumento de los precios. Además, esto garantiza que una vez alcanzada una combinación de precios relativos buscada, pueda ser mantenida durante un período de tiempo razonable sin generar ningún salto brusco nuevamente. A partir de este diagnóstico, tiene sentido evaluar qué cambios son necesarios en los precios relativos para mejorar la distribución de los ingresos sin generar graves desequilibrios macroeconómicos.

Estos cambios implican, obviamente, que algunos sectores perderán en relación a su posición actual. Mayor competitividad vía una devaluación (aún cuando sea parcialmente compensada con un alza de retenciones), recomposición salarial, reducción del subsidio a las tarifas energéticas, actualización de los precios de los combustibles y suba en la tasa de interés, todo en simultáneo – tal como proponen algunos analistas- es un combo riesgoso que puede terminar una aceleración descontrolada de la tasa de inflación, que en poco tiempo borre el esquema (poco claro, por cierto) de precios relativos buscado. Prometer mejoras a todos los sectores derivando en un shock nominal puede terminar trayendo al presente el fantasma del “rodrigazo”.

En términos económicos, entendemos que ciertos sectores cuentan con un exceso de rentabilidad fruto de los aumentos acumulados en los últimos años, por encima del resto de los precios. Ese “colchón” les permitiría absorber subas de costos sin necesidad de trasladarlo a los precios. Es decir, deberían reducirse los márgenes que hoy en día le aplican a los costos. Planteado así parece sencillo y hasta obvio en algunos casos pero es justamente lo que el Frente de Todos no pudo conseguir ni sentarse a discutir con sectores empresarios.

Algo elemental para lograr eso es dar la discusión de precios no sólo a partir de la Secretaría de Comercio, sino poniendo sobre la mesa toda la interacción entre el Estado y el sector privado. Discutir los precios en simultáneo con las políticas de asistencia, de facilidades crediticias y la disponibilidad de dólares para sus importaciones. Algo que recién ahora parece empezar a darse, tras superarse la etapa de relativa parálisis y fuerte fragmentación de las decisiones de política económica del gobierno del FdT.

El dólar ¿está caro o barato?

Uno de los precios que más debate concentra es el del tipo de cambio oficial. Los sectores más liberales vuelven a reclamar un “sinceramiento” de su precio, bajo la idea de que el precio refleja algún tipo de verdad revelada y no un interés económico. Una devaluación inicial también forma parte de algunas propuestas de planes de estabilización “heterodoxos” bajo el argumento de que es necesario eliminar las expectativas de devaluación y para eso, debe haber un tipo de cambio lo suficientemente alto.

La forma más precisa de evaluar el precio del dólar es viendo el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) que considera no sólo los precios internos sino también los precios y tipos de cambio de nuestros principales socios comerciales. Así, es la mejor medida de la competitividad de un país

Al ver el ITCRM (ver Gráfico 1), el punto de partida con el que se inicia el gobierno de AF daba un margen de maniobra considerable. Dentro de las variables macroeconómicas a estabilizar, el tipo de cambio tenía cierto margen para retrasarse y funcionar como “ancla” del resto de los precios. De entrada, no era un tipo de cambio que complicara las cuentas externas. Sin embargo, desde 2021 se consolidó una fuerte apreciación del tipo de cambio en muy poco tiempo, sin conseguir los resultados esperados en la inflación ni el el poder adquisitivo de los salarios.

La apreciación cambiaria contribuye parcialmente al fuerte deterioro del saldo del comercio externo de bienes y servicios, provocado por el incremento de las importaciones al calor de la reactivación económica post-pandemia. Para compensar ese efecto, recientemente se tuvo que aumentar todavía más el costo del dólar para el turismo (dólar Qatar) y refinar el esquema de habilitación de importaciones a través del SIRA con el objetivo de desincentivar y dificultar algunas fuentes de demanda de dólares.

Actualmente, el TCRM se asemeja al que hubo previo a saltos bruscos del tipo de cambio, y es parte de lo que alimenta las expectativas de una fuerte devaluación. Sin embargo, debe tenerse en cuenta la regulación que existe hoy sobre los movimientos de capitales y que no existía en esos eventos previos. Los controles contribuyen a reducir los riesgos de un salto cambiario, así como los impuestos que elevan el tipo de cambio efectivo que debe pagar alguien que, por ejemplo, viaja al exterior.

Sin embargo, las expectativas de una posible devaluación provocan la demora en la liquidación de algunas exportaciones. Ello justificó la implementación del “dólar soja” en septiembre y que el gobierno busca reeditar hasta el 31 de diciembre de este año. Al otorgar una fuerte señal de precios con un tipo de cambio un 38% superior al actual, se logra movilizar (o adelantar la liquidación) de un volumen de exportaciones que de otro modo quedaría esperando condiciones más beneficiosas ya que cuenta con la capacidad económica para poder esperarlas.

En cuanto a la evolución del tipo de cambio, desde julio, el gobierno modificó la tendencia de esta apreciación cambiaria y busca que la devaluación mensual siga el ritmo de la inflación, incluso alguna décima por encima. Está claro que no hay mucho margen para continuar con la apreciación cambiaria pero también consideramos acertada la posición del gobierno que busca evitar una devaluación brusca del tipo de cambio oficial porque, en este escenario, aceleraría fuertemente la inflación (ver Gráfico 2). Las devaluaciones segmentadas, con tipos de cambio diferenciales por sector, pueden derivar en un esquema de desdoblamiento cambiario formal que ya analizamos en el informe pasado en este link.

Cómo están hoy los precios relativos

Los precios relativos han experimentado cambios importantes en los últimos años. En el gráfico 3 se puede observar los cambios desde diciembre de 2016 a la actualidad. En particular, se destaca el cambio en el precio de la energía eléctrica que abona la demanda residencial, que tuvo un fuerte pico a inicios de 2019 y, producto de un congelamiento por casi tres años, se redujo considerablemente hasta 2022. Hoy en día, aún con los aumentos de 2022, continúa siendo el precio relativo que está más bajo al compararse con Dic-16.

Los sectores de alimentos se ubicaron por encima del promedio general del nivel de precios en la totalidad del período analizado y aún se ubican un 6,3% por encima de Dic-16. Los materiales para la construcción pegaron un salto en 2020, ni bien se salía de la pandemia, y al día de hoy están un 29,3% por encima del punto de partida. El otro sector ganador al día de hoy es el de prendas de vestir e indumentaria, que vino incrementando sus precios por encima del promedio desde inicios de 2020 (ver Tabla 1).

Los precios retrasados, los que más perdieron, se resumen en dos: ingresos (SMVMV, Haber Mínimo Jubilatorio, Salario promedio del sector privado) y también las tarifas abonadas por el sector residencial.

Los sectores “ganadores” (materiales de construcción, alimentos, prendas de vestir, dentro de esta pequeña muestra de precios)) son ejemplos de quienes hoy en día cuentan con el colchón suficiente para poder absorber incrementos de costos, sin que eso les implique una situación económica muy comprometida. Se trataría únicamente de una reducción en los márgenes que tienen actualmente y un retorno a niveles que han tenido previamente. Eso permitiría la recuperación del salario en términos reales, a medida que se reduce el colchón de aumentos precautorios que acumularon algunos sectores ante eventuales devaluaciones que no se concretaron.

La temporalidad de la estabilización

A la hora de implementar un programa de rápida desaceleración de la inflación hay cuestiones operativas a resolver que son relevantes para un funcionamiento eficaz, ya que podrían eventualmente impedir una rápida baja en la inflación o significar costos muy altos para algunos sectores.

Para evaluarlo, consideremos el caso de los alquileres. Algunos contratos pudieron haberse firmado hace 2 meses, acumulando una inflación del 13% desde su entrada en vigencia. En cambio, otros contratos pudieron haberse firmado hace 10 meses y acumulan una inflación del 77% desde que se fijó su valor.

Cómo proceder ante esa situación?

Aquí lo que entra en juego es la temporalidad en la actualización de los distintos contratos. En el caso de los alquileres, su actualización es anual. Para los contratos comerciales, puede ser semestral. Los salarios se actualizan casi todos los meses, según los convenios firmados en las paritarias. Las jubilaciones lo hacen trimestralmente. Esta variabilidad en la temporalidad de la indexación hace necesario algún mecanismo de resolución de estos contratos hacia adelante si se pretende una baja rápida en los niveles de inflación. La tabla de desagio cumplió este rol en el Plan Austral y su diseño requiere una minuciosidad muy fina para poder contemplar la multiplicidad de contratos y situaciones en los distintos sectores de actividad.

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La alta inflación pone a los Bancos Centrales en una situación difícil

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Escriben Tobias Adrian, Christopher Erceg y Fabio Natalucci – Los riesgos al alza para las perspectivas de inflación siguen siendo importantes, y es posible que se necesiten ajustes más agresivos si estos riesgos se materializan.

Los bancos centrales de las principales economías esperaban tan solo hace unos meses que podrían endurecer la política monetaria de forma muy gradual. La inflación parecía estar impulsada por una combinación inusual de shocks de oferta asociados con la pandemia y la posterior invasión de Ucrania por parte de Rusia, y se esperaba que disminuyera rápidamente una vez que estas presiones disminuyeran.

Ahora, con la inflación subiendo a máximos de varias décadas y las presiones de los precios ampliándose a la vivienda y otros servicios, los bancos centrales reconocen la necesidad de actuar con mayor urgencia para evitar que se desaten las expectativas de inflación y se dañe su credibilidad. Los formuladores de políticas deben prestar atención a las lecciones del pasado y estar decididos a evitar ajustes potencialmente más dolorosos y perjudiciales en el futuro.

La Reserva Federal, el Banco de Canadá y el Banco de Inglaterra ya han aumentado notablemente las tasas de interés y han señalado que esperan continuar con aumentos más considerables este año. El Banco Central Europeo recientemente elevó las tasas por primera vez en más de una década.

Tasas reales más altas para ayudar a reducir la inflación

Las acciones y comunicaciones del banco central sobre el camino probable de la política han llevado a un aumento significativo en las tasas de interés reales (es decir, ajustadas a la inflación) de la deuda pública desde principios de año.

Si bien las tasas reales a corto plazo siguen siendo negativas, la curva a futuro de la tasa real en los Estados Unidos, es decir, la trayectoria de las tasas de interés reales a un año dentro de uno a 10 años implícita en los precios del mercado, ha aumentado a lo largo de la curva hasta un rango entre 0.5 y 1 por ciento.

Esta trayectoria es más o menos consistente con una postura de política real “neutral” que permite que la producción se expanda alrededor de su tasa potencial. El Resumen de proyecciones económicas de la Fed a mediados de junio sugirió una tasa neutral real de alrededor del 0,5 por ciento, y los formuladores de políticas vieron una expansión de la producción del 1,7 por ciento tanto este año como el próximo, que está muy cerca de las estimaciones de potencial.

La curva a futuro de la tasa real en la zona del euro, representada por los bonos alemanes, también se ha desplazado hacia arriba, aunque sigue siendo profundamente negativa. Eso es consistente con las tasas reales convergiendo solo gradualmente a neutrales.

Las tasas de interés reales más altas de los bonos del gobierno han estimulado un aumento aún mayor en los costos de endeudamiento para los consumidores y las empresas, y contribuyeron a fuertes caídas en los precios de las acciones a nivel mundial. La visión modal tanto de los bancos centrales como de los mercados parece ser que este endurecimiento de las condiciones financieras será suficiente para empujar la inflación a los niveles objetivo con relativa rapidez.

Para ilustrar, las medidas de expectativas de inflación basadas en el mercado apuntan a un regreso de la inflación a alrededor del 2 por ciento dentro de los próximos dos o tres años tanto para Estados Unidos como para Alemania. Las previsiones de los bancos centrales, como las últimas proyecciones trimestrales de la Fed, apuntan a una moderación similar en el ritmo de aumento de los precios, al igual que las encuestas a economistas e inversores.

Esta parece ser una línea de base razonable por varias razones:

  • El endurecimiento monetario y fiscal en curso debería enfriar la demanda tanto de bienes energéticos como no energéticos, especialmente en categorías sensibles a los intereses, como los bienes de consumo duraderos. Esto debería hacer que los precios de los bienes aumenten a un ritmo más lento o incluso bajen, y también puede hacer que los precios de la energía bajen en ausencia de interrupciones adicionales en los mercados de productos básicos.
  • Las presiones del lado de la oferta deberían disminuir a medida que la pandemia relaja su control y los bloqueos y las interrupciones de la producción se vuelven menos frecuentes.
  • Un crecimiento económico más lento eventualmente debería empujar hacia abajo la inflación del sector servicios y restringir el crecimiento de los salarios.

La inflación de riesgo sustancial es alta

Sin embargo, la magnitud del aumento de la inflación ha sido una sorpresa para los bancos centrales y los mercados, y sigue existiendo una gran incertidumbre sobre las perspectivas de inflación. Es posible que la inflación baje más rápido de lo que prevén los bancos centrales, especialmente si las interrupciones de la cadena de suministro se alivian y el endurecimiento de las políticas globales resulta en una rápida caída de los precios de la energía y los bienes.

Aun así, los riesgos de inflación parecen fuertemente sesgados al alza. Existe un riesgo sustancial de que la alta inflación se consolide y las expectativas de inflación se desanclen.

Las tasas de inflación en los servicios, desde los alquileres de viviendas hasta los servicios personales, parecen estar repuntando desde niveles ya elevados, y es poco probable que bajen rápidamente. Estas presiones pueden verse reforzadas por un rápido crecimiento de los salarios nominales. En países con mercados laborales fuertes, los salarios nominales podrían comenzar a aumentar rápidamente, más rápido de lo que las empresas razonablemente podrían absorber, con el aumento asociado en los costos laborales unitarios trasladado a los precios. Estos “efectos de segunda vuelta” se traducirían en una inflación más persistente y en un aumento de las expectativas de inflación. Finalmente, una mayor intensificación de las tensiones geopolíticas que provoque un nuevo aumento en los precios de la energía o agrave las interrupciones existentes también podría generar un período más largo de alta inflación.

Si bien la evidencia basada en el mercado sobre las expectativas de inflación “promedio” discutidas anteriormente puede parecer tranquilizadora, los mercados parecen apostar significativamente por la posibilidad de que la inflación supere con creces las metas del banco central en los próximos años. En concreto, los mercados señalan una alta probabilidad de que persistan tasas de inflación superiores al 3% en los próximos años en Estados Unidos, la zona del euro y el Reino Unido.

Los consumidores y las empresas también se han preocupado cada vez más por los riesgos de inflación alcista en los últimos meses. Para los Estados Unidos y Alemania, las encuestas de hogares muestran que las personas esperan una alta inflación durante el próximo año y ponen probabilidades considerables sobre la posibilidad de que supere la meta durante los próximos cinco años.

Es posible que se necesite un ajuste más fuerte

Los costos de reducir la inflación pueden resultar notablemente más altos si se materializan los riesgos alcistas y se afianza una alta inflación. En ese caso, los bancos centrales tendrán que ser más decididos y aplicar medidas más agresivas para enfriar la economía, y es probable que el desempleo aumente significativamente.

En medio de señales de una liquidez que ya es escasa, un endurecimiento más rápido de la tasa de interés oficial puede resultar en una caída más pronunciada en los precios de los activos de riesgo, lo que afectará a las acciones, el crédito y los activos de mercados emergentes. El endurecimiento de las condiciones financieras bien puede ser desordenado, poniendo a prueba la resiliencia del sistema financiero y ejerciendo una presión especialmente grande sobre los mercados emergentes. El apoyo público a una política monetaria restrictiva, ahora sólida con la inflación en máximos de varias décadas, puede verse socavado por los crecientes costos económicos y laborales.

Aun así, restaurar la estabilidad de precios es de suma importancia y es una condición necesaria para el crecimiento económico sostenido. Una lección clave de la alta inflación en las décadas de 1960 y 1970 fue que actuar con demasiada lentitud para contenerla implica un endurecimiento posterior mucho más costoso para volver a anclar las expectativas de inflación y restaurar la credibilidad de la política. Será importante que los bancos centrales mantengan esta experiencia firmemente en la mira mientras navegan por el difícil camino que tienen por delante.

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Tobias Adrian es el Consejero Financiero y Director del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde ese cargo dirige la labor del FMI en lo que se refiere a supervisión del sector financiero y fortalecimiento de las capacidades, políticas monetarias y macroprudenciales, regulación financiera, gestión de la deuda y mercados de capital. Antes de incorporarse al FMI, el Sr. Adrian fue Vicepresidente Principal del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y Director Adjunto del Grupo de Investigación y Estadística. Dictó clases en la Universidad de Princeton y la Universidad de Nueva York y ha publicado estudios en revistas especializadas de economía y finanzas, como American Economic Review y Journal of Finance. Sus investigaciones se centran en las consecuencias globales de la evolución de los mercados de capital. Tiene un doctorado del Instituto Tecnológico de Massachusetts, una maestría de la London School of Economics, un diploma de la Universidad Goethe de Fráncfort, y una maestría de la Universidad Dauphine de París.

Christopher Erceg es Subdirector en el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del Fondo Monetario Internacional (FMI), en donde supervisa aspectos como las políticas monetarias y macroprudenciales, las operaciones de los bancos centrales, la modelización de la política monetaria y la gestión de flujos de capital.  Antes de incorporarse al FMI, fue Director Principal Adjunto en la División de Finanzas Internacionales de la Junta de la Reserva Federal.  Sus principales temas de investigación son la política monetaria y fiscal, la estabilidad financiera y la macroeconomía de economías abiertas. A lo largo de su carrera también se ha dedicado a la elaboración de modelos macroeconómicos mundiales. Obtuvo su doctorado en Economía en la Universidad de Chicago.

Fabio M. Natalucci es Subdirector del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital. Está a cargo del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR), que presenta la evaluación del FMI sobre los riesgos para la estabilidad financiera mundial. Antes de incorporarse al FMI, fue Director Principal Adjunto en la División de Asuntos Monetarios de la Junta de la Reserva Federal. Entre octubre de 2016 y junio de 2017 ocupó el cargo de Subsecretario Adjunto de Estabilidad y Regulación Financiera Internacional en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Nueva York.

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El Índice de salarios aumentó del 6,2 % durante mayo, informó el Indec

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El Índice de Salarios registró en mayo un incremento de 6,2%, por sobre el 5,1% que registró la inflación, como resultado de un alza de 7% en los sueldos de los trabajadores privados, 6,6% en los de los empleados públicos, y 3,2% en los ingresos de los empleados no registrados, informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

De esta manera, en los primeros cinco meses del año el índice cerró con un alza de 28,1% promedio, contra una inflación de 29,3%.

Esta suba del índice fue producto de un alza de 29,4% en los sueldos de los trabajadores privados, 29,3% en los de los empleados públicos y 22,3% en los trabajadores no registrados, informó el organismo.

Sin embargo, en los últimos doce meses, el Índice mostró una suba promedio de 63,6%, frente a 60,7% del Índice de Precios al Consumidor.

La mejora en los salarios estuvo impulsada por una suba de 63% en los ingresos de los trabajadores privados, 71,7% en los empleados públicos y 52,8% en los ingresos de los “trabajadores en negro”.

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“Es difícil sobrevivir a una inflación del 2.276 por ciento”, afirmó Adler

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Tras conocerse que la inflación del mes de mayo último fue del 5.1 % el especialista en Educación Financiera y Emprendedurismo, Daniel Adler recordó que el acumulado en los últimos 10 años es de 2.276%.

“El acumulado de los últimos 10 años de inflación en nuestro país supera el 2.276%. Es escalofriante, pero real. Es difícil sobrevivir a esa inflación. Solo en lo que va del 2022 el índice puede significar el más alto desde 1991, de hecho, estamos muy cerca del récord. En marzo la taza se ubicó en 6,7% y fue la mayor cifra en los últimos 20 años”, aseguró Daniel Adler, especialista en Educación Financiera y Emprendedurismo, luego de conocerse el IPC correspondiente al mes de mayo, suministrado por el INDEC.

En la misma línea, Adler manifestó que “hoy el deterioro en el nivel adquisitivo de los ciudadanos es cada vez más doloroso y afecta la macro en su conjunto, ya que el consumo se está perdiendo como sucedió en el 2019 un -18% a nivel nacional. En pocas palabras, La inflación acumulada en lo que va del año es del 29.3 %, mientras que la interanual en mayo trepó hasta el 60.7%”

El especialista explicó que “Hoy, en la Argentina, no existe ningún producto financiero que pueda darnos más del 80 o 90% de rentabilidad, por ende estaríamos perdiendo con la inflación incluso inmovilizando el dinero, lo cual es una terrible opción. La velocidad de nuestro dinero es la que hace la diferencia, y no vamos a tener apoyo o soporte del Estado en nuestra carrera para nutrirnos de Educación Financiera y de estrategias reales que nos lleven a generar mayor patrimonio personal”

No sólo la inflación es el problema, también la cantidad de impuestos, la falta de ideas y estrategia política y económica, el debilitamiento del consumo global y nacional, etc. El problema llegó para quedarse y lo que hoy nos toca en forma directa podría llegar a intensificarse dependiendo de lo que haga el Gobierno Nacional.

“Las grandes ideas provienen de la inspiración o de la desesperación. En el caso de los argentinos, estamos más acostumbrados a la segunda opción. Con el panorama anteriormente expuesto nada es más seguro y confiable que invertir en nuestro activo más valioso y más importante que es nuestro propio cerebro y entender que no hay nada que pueda ganarle a la inflación excepto ser nosotros mismos mejores comerciantes, emprendedores, innovadores y dueños de nuestros propios proyectos comerciales. Las opciones son sobrevivir o empezar a vivir”, finalizó Adler.

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El insumo de insumos

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La semana culmina con un dato relevante: según trascendidos de un nuevo índice de inflación récord en abril orillando el 6%, luego del pico de 6,7% del mes anterior, con el agravante que la canasta básica alimentaria escaló un 31.5% en el primer semestre, lo que obviamente golpea con mayor brutalidad a los sectores más vulnerables.

Hasta el momento el Gobierno no parece reaccionar en absoluto, si bien intenta compensar con un bono para monotributistas, trabajadores informales y jubilados de la mínima, no ataca las razones de fondo que determinan que la inflación haya vuelto a los niveles superiores al 50% desde el 2019, cuando se instaló para ya nunca bajar  con la excepción del 2020. Ya ni siquiera sabemos qué piensa el equipo económico al respecto, una explicación al menos que dé cuenta al menos del diagnóstico que tienen respecto de este fenómeno.

Apenas se ensaya que es un fenómeno global que tiene a los Estados Unidos con la inflación más alta en los últimos 40 años, afirmación cierta ya que la inflación fue de 8.5% interanual a marzo. Pero como dice el dicho mal de muchos consuelo de sonsos, lo cierto que lo que está claro es que en la economía más potente del planeta han decidido restringir el circulante mediante la elevación de la tasa de interés de la Reserva Federal.

Usted lector se preguntará cómo eso nos afecta: Por un lado hace que los dólares en un mundo convulsionado hagan lo que se llama en la jerga económica “fly to quality” o castellanizado, vuelo a la calidad. Los fondos migran a los bonos del Tesoro ante una mejora en los rendimientos y por ser considerado por el establishment el activo más seguro. Pero además usualmente se produce una caída en los precios de todos los precios de las commodities, algo que en la actual coyuntura no se verifica debido a los efectos de la guerra, en especial en los productos en que la Argentina tiene buena inserción internacional, básicamente alimentos.

Adicionalmente en este mundo convulsionado con un dólar fortalecido, pero un Real y un Yuan en devaluación, sostener el peso sin una devaluación mayor se vuelve casi imposible,máxime cuando el tipo de cambio competitivo es un pilar de la recuperación de la actividad. Pero una cosa es administrar una corrección de competitividad por paridad cambiaria y otra es una corrida cambiaria y a este punto le daremos especial atención más adelante. 

Pero volviendo a nuestra realidad efectiva del día a día ¿Cómo esto nos impacta a nosotros? Bueno la economía está siempre interrelacionada, en especial en una economía globalizada y su cadena de transmisión es nada más ni nada menos que el dólar. 

El dólar fuera de Estados Unidos no es una moneda, es un insumo, es el insumo de insumos como reza nuestro título de hoy. Y el talón de Aquiles de la recuperación argentina siempre ha sido la carencia en algún momento de este insumo que paraliza el crecimiento y empuja al peso a una devaluación que pulveriza el poder adquisitivo de los salarios. Este ciclo es conocido como el modelo de stop and go (parada y arranque).

El dólar se usa como moneda global, permite importar todo aquello que no producís en tu propia economía bajo tu moneda nacional, por eso en una economía como la argentina que si bien tiene una industria moderada que supo ser mucho más potente, pero que aún conserva cierto grado de desarrollo, necesita importar fundamentalmente bienes intermedios y bienes de capital para ampliar su frontera de producción. Para simplificar, a mayor nivel de reservas, mayor industrialización, mayor nivel de empleo y por ende menor pobreza

Una correcta administración del insumo de insumos es fundamental para el aparato productivo, conservar el valor de la moneda previniendo corridas y especulaciones en donde los grandes grupos económicos nacionales o transnacionales con poder de mercado, sigan cazando en el zoológico, gozando de un mercado cautivo al que exfolian hasta niveles desquiciantes. Como ejemplo, las empresas que participan de los acuerdos de precios cuidados, alcanzaron el récord en la participación de facturación de estos productos en sus compañías, llegando al 20% del total. Ya pasó de ser un programa de precios de referencia para ser una estrategia de supervivencia para amplios sectores.

Una correcta administración de los dólares es fundamental y es el principal yerro del Gobierno durante los últimos dos años. El superávit comercial del 2020 fue de 12.500 millones de dólares  y durante 2021, de 15.000 millones de la misma moneda, lo que da la friolera de 27.500 millones de dólares que no solo no se acumularon, sino que en una proporción significativa fueron a solventar el agujero sin fin de las deudas financieras de las grandes grupos económicos que adquirieron dichos compromisos durante la desregulación de la anterior gestión y que resultan de dudosa trazabilidad, pero consumen el insumo que necesitamos para avanzar en el desarrollo y la estabilidad.

A veces no se necesita crear nada. Durante el periodo 2003 al 2005 se acumularon reservas casi en forma idéntica al superávit comercial de esos años en donde ciertamente, al igual que ahora, los commodities subían. Pero la decisión política fue la de entender la economía como algo supremo a los intereses sectoriales, en esos momentos se les ordenó a los privados que se habían beneficiado de los años de la Convertibilidad reestructurar sus compromisos al igual que lo estaba haciendo la Nación y las provincias a fin de cuidar este insumo para apalancar el despegue. Hoy sin haber acumulado un solo dólar de los 27.500 millones de los últimos dos años,  todos nos preguntamos qué pasará con el tipo de cambio y eso explica, aunque no comparta para nada, los aumentos especulativos de muchos sectores concentrados de nuestra siempre convulsa economía.

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