La plataforma digital denominada EcoRed Misiones contiene bibliografía y videos instructivos sobre esta técnica, así como un foro y un mapa interactivo de usuarios, empresas e instituciones vinculados a la actividad. Fue creada por el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) y el Ministerio de Ecología, en el marco de la Ley XVI-184.
Como parte de la Ley que instituye el Mes del Compostaje en Misiones (Ley XVI-184) del 22 de marzo al 22 de abril; el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) junto al Ministerio de Ecología y RNR de la Provincia, lanzan “EcoRed Misiones” (ecored.misiones.gob.ar) una plataforma digital que nucleará a todos los compostadores misioneros.
La web que tendrá su presentación oficial el próximo viernes 27 de marzo en el SUM de la sede administrativa que el IMiBio tiene en la ciudad de Posadas (Calle Córdoba 1872); forma parte de los requerimientos de la Ley XVI-184, sancionada en septiembre del año pasado que tiene al IMiBio y al Ministerio de Ecología como organismos de aplicación.
Conectar y capacitar
A través de esta iniciativa de acceso libre y gratuito se busca conectar a vecinos, empresas e instituciones que estén vinculados al compostaje en la Provincia, ofreciendo un punto de encuentro virtual para el intercambio de experiencias y consultas, así como un espacio para la difusión de información sobre compostaje.
En ese marco, la plataforma contiene bibliografía, normativa y videos instructivos sobre esta técnica, así como un foro y un mapa interactivo de usuarios, empresas e instituciones afines a la actividad tales como proveedores de materia prima para compost, composteras, capacitadores o vendedores de composteras, entre otros, a los que se invita a formar parte.
La normativa impulsada por la Diputada mandato cumplido, Cdra. Astrid Baetke, también insta a realizar talleres y capacitaciones para fortalecer y promover el compostaje en Misiones. En ese contexto, el IMiBio y la cartera de Ecología invitan a las instituciones y ciudadanos a participar de la agenda de charlas abiertas que se realizarán en distintos puntos de la provincia.
La importancia del compostaje
En la Argentina se generan cerca de 15 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos (RSU) al año. Sin embargo, entre el 40% y el 60% de esos desechos corresponden a restos orgánicos (cáscaras, yerba, restos de café), que pueden ser compostados reduciendo así el gran volumen de basura que se convierte en uno de los principales contaminantes del ambiente.
En ese marco, desde el Gobierno de la Provincia de Misiones se sancionó esta ley que declara de interés provincial la actividad del compostaje y busca promoverla en todo el territorio, ofreciendo información y asesoramiento científico técnico para lograr su correcta implementación contribuyendo así a la preservación de nuestros recursos naturales.
Emanuel Grassi es Doctor en Ciencias Biológicas y especialista en hongos. Vino a Misiones, con una tésis de estudio que se convirtió en práctica y terminó, como suele suceder, prendado de la tierra roja que no se despega de la piel. Hoy se describe como un apasionado de la selva, del monte, casi como una regresión ancestral, que comparte en charlas con la presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad, Viviana Rovira, a la sazón, su mentora y responsable de haberlo convertido en director ejecutivo de ese ente que pasó de estudiar algunas especies de la flora y fauna a encabezar un proyecto inédito: reforzar la población de yaguaretés en la selva misionera.
Su historia empieza lejos del monte misionero. En Buenos Aires, cuando era niño, Emanuel ya experimentaba con el mundo natural con la curiosidad irreverente de la infancia.
“De chico siempre me gustó la experimentación con los animales. A veces un poco desde el lado de la maldad, viste… jugaba con sapos en la casa de mis padres”, recuerda entre risas. Pero esa curiosidad pronto encontró una dirección.
Su abuelo era paisajista. Las plantas y el diseño de jardines estaban presentes en la vida familiar. Y luego apareció un mentor inesperado: el botánico Osvaldo Morrone, investigador que había trabajado con orquídeas en Misiones.
Fue él quien lo empujó hacia el mundo de las ciencias biológicas.
Grassi estudió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Pero el destino ya estaba trazado.
El primer viaje a Misiones fue casi casual. Corría el año 2006 y vino con su entonces novia, cuya familia era de Garupá.
“Cuando conocí Misiones fue un flechazo”, recuerda. “Me acuerdo que la abuela me dijo: ‘Mirá que la tierra roja mancha… y se pega’. Y fue tal cual”.
La advertencia terminó siendo una profecía. Durante su doctorado decidió estudiar hongos de la selva misionera. El trabajo académico se convirtió en un puente con la provincia. Y cuando apareció la posibilidad de radicarse definitivamente, no hubo dudas.
La selva ya lo había elegido.
Fotos Sofía Schiavoni.
Hoy Grassi está al frente del IMiBio, un organismo científico que abrió sus puertas hace ocho años para estudiar y proteger la biodiversidad de Misiones. Pero también para algo más ambicioso: poner la ciencia al servicio de las decisiones políticas.
La institución nació con una idea impulsada por Viviana Rovira -presidenta del instituto y su mentora-: construir una ciencia diferente.
“No queríamos repetir el modelo clásico de investigación encerrada en los laboratorios”, explica. “La ciencia tiene que escuchar a la sociedad y estar al servicio de quienes toman decisiones”.
Esa lógica llevó al instituto a involucrarse en proyectos concretos: restauración ambiental, investigación aplicada, monitoreo de especies y asesoramiento científico para políticas públicas.
Pero también implica convivir con una paradoja de nuestro tiempo.
“La ciencia dejó de ser el faro en algunos debates. Hoy estamos discutiendo cosas que parecían saldadas hace siglos”, dice. “Pero eso también nos obliga a salir del laboratorio, a explicar, a dialogar”.
El estado de la selva
Cuando se le pregunta por la salud de la selva misionera, Grassi no elige ni el optimismo ingenuo ni el pesimismo alarmista.
Prefiere una definición más precisa: “Está estable, pero es muy sensible”.
La selva paranaense que sobrevive en Misiones es uno de los relictos mejor conservados del Bosque Atlántico, un ecosistema que alguna vez cubrió gran parte de Brasil, Paraguay y Argentina. Pero también es un sistema frágil.
“El gran riesgo es que se rompan los corredores biológicos”, explica. “Si se corta la conectividad entre las poblaciones, empezamos a aislar especies y aparecen problemas genéticos”.
Por eso la palabra clave de la conservación actual es restauración.
Restaurar bosques, restaurar corredores ecológicos y, en algunos casos, restaurar poblaciones animales.
El yaguareté -el mayor felino de América- es el símbolo máximo de la selva. Pero su presencia es cada vez más escasa. Se estima que en toda la región sobreviven alrededor de 90 ejemplares, con mayor presencia en el norte misionero.
El plan del IMiBio apunta a fortalecer la población en la Reserva de Biosfera Yabotí, un territorio de más de 250 mil hectáreas donde aún sobreviven condiciones ecológicas adecuadas, en la frontera con Brasil.
La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población.
Grassi plantea una diferencia conceptual importante con la idea más difundida del rewilding: mientras la reintroducción se aplica en territorios donde una especie ya desapareció por completo, en Misiones lo que se proyecta es un refuerzo poblacional, es decir, intervenir en un ambiente donde el yaguareté todavía existe, aunque en números críticos. Para el director del IMiBio, antes de liberar animales hay que resolver las causas que llevaron a la retracción de la especie y garantizar que el hábitat siga siendo funcional. Por eso su mirada pone menos énfasis en el gesto épico de “devolver” fauna y más en una estrategia integral de restauración: recomponer corredores, asegurar presas, sostener el control sobre la caza y preservar la genética local.
En términos ecológicos, ambos modelos -Iberá y Misiones- forman parte de una misma corriente global de conservación: la restauración de grandes ecosistemas a través de especies clave. El objetivo final es el mismo: devolver al yaguareté su rol como ingeniero ecológico de los ecosistemas, capaz de regular poblaciones de herbívoros y mantener el equilibrio natural del bosque.
En esa lógica, Misiones no busca copiar el modelo de Corrientes, sino diseñar uno propio, ajustado a una selva que aún resiste y cuya prioridad no es volver a empezar desde cero, sino evitar que lo que todavía late termine por apagarse.
“Tenemos un macho residente en la zona desde hace más de diez años. La idea es introducir una hembra para generar un núcleo reproductivo”, explica Grassi.
Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.
“La idea es preservar esa genética y generar un flujo de individuos que pueda conectarse con otras poblaciones, incluso con Brasil”.
En ese mismo espíritu de redescubrimiento de la selva, otro episodio marcó a los investigadores del IMiBio: el regreso inesperado del águila harpía. Durante años se la consideró prácticamente extinta en Misiones, al punto de que casi no existían estudios sobre su presencia porque las probabilidades de encontrarla eran mínimas. Pero fue un colono de la zona de la Reserva de Biosfera Yabotí quien cambió la historia al fotografiar un ejemplar posado en el monte.
A partir de ese primer registro comenzaron a multiplicarse los avistamientos, hasta confirmar incluso la presencia de un juvenil. Para Grassi, ese dato tiene un valor enorme: significa que hubo reproducción reciente en la selva. “Si apareció un juvenil, quiere decir que hace uno o dos años eclosionó un huevo. Eso implica que hay un nido activo en algún lugar del corredor entre Argentina y Brasil”, explica.
En los extremos de su distribución -desde México hasta el norte argentino- la harpía había desaparecido casi por completo. Por eso su presencia en Misiones no es solo una rareza biológica: es una señal de que la selva aún conserva la estructura ecológica necesaria para sostener a uno de los depredadores más poderosos de América. la confirmación de que la especie aún persistía en uno de los extremos de su distribución -donde se la consideraba prácticamente extinta- generó un impacto inmediato en la comunidad científica internacional.
En México, donde la harpía también había desaparecido de los registros recientes, investigadores y organizaciones de conservación lanzaron entonces un programa específico de búsqueda para verificar si aún sobrevivían ejemplares en las selvas del sur del país. Para Grassi, el caso demuestra cómo un hallazgo local puede activar procesos de conservación a escala continental: “Cuando aparece en uno de los extremos de su distribución, automáticamente surge la pregunta de si en otros lugares donde se creía perdida todavía puede estar”. El avistamiento en Misiones no solo devolvió esperanza para la selva paranaense, sino que volvió a encender la búsqueda de uno de los depredadores más imponentes de América.
Sin embargo, la conservación no depende solo de científicos.
La caza furtiva, la presión económica sobre el territorio y la fragmentación del bosque siguen siendo amenazas reales. “Cuando la economía se deteriora, la cacería aumenta”, admite Grassi. “Por eso la conservación también tiene que entender el contexto social”.
En ese escenario, el rol de los guardaparques, las comunidades locales y los productores rurales resulta clave. Y también el de las organizaciones ambientales. “Hay diferencias, claro. Pero el objetivo común es la conservación”, dice.
Educar para coexistir
Padre de dos hijas, Grassi también piensa en el futuro desde una perspectiva personal. La educación ambiental es parte de la vida cotidiana en su casa. “Intento que se pregunten cuál es el impacto de nuestras acciones sobre la biodiversidad”, cuenta. “Que entiendan que la naturaleza no es algo separado de nosotros”.
Para él, la clave no es la convivencia con la naturaleza, sino algo más profundo. “La idea es la coexistencia”.
Cuando se le sugiere que el trabajo que hoy impulsa podría ser histórico -un proyecto que cambie el destino del yaguareté en la selva misionera-, Grassi se revuelve en su asiento, incómodo.
“No soy consciente de eso”, responde.
Tal vez porque la ciencia se mueve en tiempos largos, invisibles para el vértigo de la actualidad.
Tal vez por eso, cuando Grassi habla de la selva, parece escuchar algo más que el rumor del monte. Hay en su relato una intuición antigua, casi instintiva, como la que Jack London narró en El llamado de la selva: ese impulso profundo que empujaba a Buck a volver a lo esencial. En Misiones, ese llamado no proviene de la nostalgia, sino del futuro. De una selva que resiste y que, si la ciencia, la política y la sociedad logran escucharlo a tiempo, puede volver a llenarse de vida, de alas enormes en el dosel y del rugido del yaguareté.
En un escenario crítico para la supervivencia del yaguareté en Argentina, con menos de 250 ejemplares en estado silvestre en todo el país, Misiones concentra la mayor población nacional y se posiciona como territorio clave para su preservación. En ese marco, la Subcomisión Selva Paranaense emerge como un ámbito central de articulación técnica, institucional y política para coordinar acciones concretas de conservación, recuperación poblacional y manejo de conflictos, en línea con el Plan Nacional de Conservación del Yaguareté y la Ley Provincial XVI N.º 78.
La situación del yaguareté (Panthera onca), el felino más grande del continente americano y uno de los emblemas de la biodiversidad misionera, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La reducción drástica del hábitat natural, la fragmentación del territorio y la persistencia de la caza ilegal llevaron a que su población se reduzca a menos de 250 individuos en libertad en todo el territorio argentino. En este contexto, la Selva Paranaense —y particularmente Misiones— se transforma en un espacio estratégico para garantizar la supervivencia de la especie, tanto desde una perspectiva ambiental como institucional.
Un ámbito clave dentro del Plan Nacional de Conservación del Yaguareté
La Subcomisión Selva Paranaense forma parte del Comité de Gestión del Plan Nacional de Conservación del Yaguareté, junto con las subcomisiones de Yungas y Región Chaqueña. Su creación respondió a la necesidad de diseñar e implementar políticas específicas para una ecorregión crítica, donde Misiones es la única provincia que integra este espacio técnico y de decisión.
El funcionamiento de la subcomisión se articula con el Plan Provincial de Conservación de Grandes Felinos, establecido por la Ley XVI – N.º 78, que constituye el principal marco normativo para la protección de estas especies en la provincia. El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables es la autoridad de aplicación de la ley y el organismo responsable de coordinar las acciones, garantizando la coherencia entre las políticas provinciales y las estrategias nacionales de conservación.
Este entramado institucional posiciona a Misiones como una provincia pionera en la protección del yaguareté, que además cuenta con estatus de Monumento Natural Provincial y Nacional, protección absoluta y sanciones severas ante cualquier tipo de caza, daño o persecución, reforzadas por normativas que habilitan una intervención judicial activa frente a delitos ambientales.
Articulación institucional, ciencia aplicada y gestión territorial
La Subcomisión Selva Paranaense está integrada por un equipo interdisciplinario de profesionales de organismos públicos, instituciones científicas y organizaciones de la sociedad civil con amplia trayectoria en conservación. Entre sus miembros se encuentran el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio), el Ministerio del Agro y la Producción, la Administración de Parques Nacionales, Fundación Vida Silvestre, Proyecto Zorro Pitoco, la Fundación de Historia Natural Félix de Azara–Güirá Oga, la Fundación Ornitológica del Plata “Aves Argentinas”, la Dirección de Defensa del Medio Ambiente y Delitos Rurales y CeIBA-CONICET, con la posibilidad de sumar nuevas instituciones actualmente en proceso de aprobación.
Cada entidad participa a través de representantes técnicos que intervienen en la planificación, ejecución y seguimiento de las acciones definidas en el marco de la Ley XVI N.º 78 y sus modificaciones. El abordaje es integral e incluye monitoreo poblacional, investigación científica, prevención de conflictos con comunidades locales, control de la caza furtiva, educación ambiental y atención de ejemplares tanto en libertad como en cautiverio.
Las estrategias también contemplan respuestas frente a las principales amenazas que enfrenta la especie en la región, como la deforestación, el crecimiento urbano y los atropellamientos en rutas. En este punto, se desarrollan campañas de concientización y mecanismos de compensación ante eventos de predación, con el objetivo de promover una convivencia responsable entre la fauna silvestre y las actividades humanas.
Uno de los antecedentes más relevantes del trabajo coordinado de la subcomisión fue la translocación de la yaguareté Pará y sus cachorros, realizada en octubre del año pasado en Puerto Iguazú. El operativo se activó luego de que la hembra fuera detectada en zonas cercanas a asentamientos urbanos, una conducta que implicaba riesgos tanto para los animales como para la comunidad. La captura y el traslado se realizaron bajo estrictos protocolos de bienestar animal, con participación de instituciones provinciales y nacionales, y los ejemplares fueron reubicados en un Área Natural Protegida que garantiza condiciones adecuadas para su supervivencia.
Impacto institucional y mirada estratégica sobre la conservación
Desde el Gobierno provincial destacaron el rol de la Subcomisión Selva Paranaense como un espacio de integración y toma de decisiones basadas en evidencia. El ministro de Ecología y Recursos Naturales Renovables subrayó que se trata de “un espacio clave de integración, participación y construcción colectiva, donde confluyen distintos actores con fuerte presencia territorial, alto nivel de profesionalismo y un profundo conocimiento técnico”, y agregó que esta articulación permite “fortalecer las acciones de conservación y abordar con mayor eficacia los desafíos ambientales actuales”.
Asimismo, valoró la participación de las organizaciones que integran la subcomisión y remarcó que “solo aunando esfuerzos podemos lograr resultados sostenibles”, en el marco de una política de puertas abiertas para sumar voluntades en temas prioritarios como la conservación del yaguareté, la educación ambiental y el cuidado integral de los ecosistemas.
Desde Fundación Vida Silvestre Argentina, la coordinadora de Biodiversidad, Lucía Lazzari, explicó que el aporte de la organización se basa en un enfoque integral: “Ampliamos y fortalecemos áreas protegidas y corredores clave, acompañamos el monitoreo científico de la especie y sus presas desde 2001, promovemos prácticas productivas compatibles con la conservación y la restauración del hábitat, abordamos los conflictos entre grandes felinos y productores rurales, evaluamos y mitigamos el impacto de las rutas, y desarrollamos acciones de comunicación y sensibilización”.
Lazzari también destacó el rol de la Reserva de Vida Silvestre Urugua-í, administrada por la fundación, desde donde se realizan tareas de control y prevención de la caza furtiva en articulación con guardaparques y agentes de conservación, en el marco del Plan de Acción para la Conservación de una especie críticamente amenazada.
Por su parte, el director general del IMiBio, Emanuel Grassi, puso el foco en la relevancia del abordaje científico en la toma de decisiones. Señaló que el organismo interviene como autoridad de aplicación de los recursos genéticos, garantizando los procedimientos de captura, la toma de muestras y el resguardo del material biológico en el Biobanco de Sangre y Tejidos. “Este trabajo nos permite contar con información clave para el monitoreo sanitario y genético de los ejemplares, fundamental para definir estrategias de conservación efectivas”, afirmó.
Desde el Centro de Rescate y Conservación de Fauna Silvestre Güirá Oga, de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, remarcaron que cada intervención no solo permite asistir a ejemplares en riesgo, sino también generar información estratégica para comprender las amenazas que enfrenta la fauna y contribuir al equilibrio de los ecosistemas, un aspecto central para la conservación del yaguareté como predador tope de la Selva Paranaense.
Finalmente, desde Aves Argentinas destacaron el valor estratégico de la subcomisión como espacio de articulación, y mencionaron acciones concretas como la prueba piloto del seguro ante eventos de depredación en el Corredor Municipal de Conservación y Desarrollo Península de Andresito, la implementación de medidas de coexistencia con familias vecinas —caniles, luces foxlight, cercos eléctricos y campañas de vacunación— y el uso de collares satelitales, como el que permite el seguimiento de la hembra “Pará”, clave para fortalecer el monitoreo y la toma de decisiones en línea con la Estrategia Nacional para la Conservación del Yaguareté.
El yaguareté, emblema de la Selva Paranaense y especie en peligro crítico de extinción en Argentina, tiene en Misiones su último refugio natural. Según los datos de monitoreo más recientes, la provincia cuenta con 84 ejemplares distribuidos principalmente en la zona norte. Sin embargo, el registro reconoce un margen de error de alrededor de 20 individuos, lo que refleja las dificultades del seguimiento de esta especie esquiva.
Emanuel Grassi, director del Instituto Misionero de Biodiversidad, explicó que “la mejor población es la del norte, la que está estable, la que se reproduce y mantiene la dinámica poblacional del felino”. El desafío es fortalecer esa base y repoblar las áreas donde la especie quedó prácticamente aislada, como en la reserva de Yabotí, donde sólo está el registro de un macho bautizado con el mismo nombre. Para ello, el Gobierno provincial incluyó dentro del Presupuesto 2026 una partida inicial de 500 millones de pesos destinada a financiar las obras y la logística del plan de restauración.
El objetivo inmediato es posibilitar que el macho Yabotí pueda reproducirse. Para ello se construirán recintos especiales de cópula y cría, donde se introducirán hembras nativas con genética de la selva paranaense. “El primer paso es utilizar una hembra señuelo proveniente de centros de rescate o zoológicos. Esa hembra nos permitirá atraer al macho y colocarle un collar satelital para su monitoreo. Luego, se introducirá una hembra nativa -como Kunumi-, ya identificada en Iguazú y el noroeste misionero con el fin de lograr la reproducción”, detalló Grassi.
La estrategia busca que las crías nazcan en semicautiverio, bajo estrictos protocolos para evitar la habituación al ser humano. Una vez que las crías desarrollen capacidad de caza, serán liberadas en el monte junto a la madre o de manera independiente. “Las crías nunca quedarán en cautiverio, porque son las que aseguran que la población siga creciendo en forma natural”, remarcó el director del IMiBio.
Actualmente el plan se encuentra en la fase de evaluación ambiental y presupuestaria. Los recintos se proyectan dentro de la Reserva de Biósfera Yabotí, en un predio que funcionó históricamente como aserradero. Ya se realizaron estudios de impacto, de agua y suelo, y se elaboró el pliego técnico con materiales que deben resistir la humedad y las condiciones climáticas de la selva. Con la inclusión en el Presupuesto 2026, el financiamiento queda asegurado y se estima que en dos o tres meses podrían estar listos los recintos, lo que permitiría iniciar la primera etapa de captura y reproducción a comienzos de 2026. De cumplirse los plazos, hacia fines de ese mismo año podrían registrarse las primeras camadas nacidas bajo este esquema.
El plan no se limita al aspecto técnico de la reproducción. Incluye también campañas de sensibilización social, fortalecimiento de los corredores biológicos y un mayor control de la caza ilegal. Guardaparques, veterinarios, técnicos de fauna silvestre y personal del Ministerio de Ecología estarán involucrados en el proceso, apoyados por el monitoreo satelital remoto para minimizar la intervención humana.
El proyecto toma como referencia experiencias de repoblación como las del Impenetrable en Chaco y los Esteros del Iberá en Corrientes. La diferencia es que, en Misiones, aún queda una población silvestre en pie, lo que permite trabajar con genética local y reforzar una base existente.
“Esto no es mantener al yaguareté en cautiverio, sino darle un impulso para que la especie pueda sostenerse por sí misma en su hábitat. Nuestro rol es acompañar hasta que la población pueda crecer de manera natural”, resumió Grassi.
Con este plan, Misiones dará un paso clave para garantizar la supervivencia del mayor felino de Sudamérica, con el respaldo político y financiero asegurado en el Presupuesto 2026, en el que se destinarán 500 millones de pesos a este plan de restauración poblacional.
(Agencia CyTA-Leloir).- La flamante Red Argentina de Vacunas de Interés Nacional para Enfermedades Infecciosas (RAVINEI) da sus primeros pasos con una buena noticia: en un artículo publicado en la revista NPJ Vaccines, parte de sus integrantes demostraron en animales la eficacia de su innovadora vacuna contra el SARS-CoV-2 (bautizada CoroVaxG.3-D.FR), que se basa en usar como vectores a adenovirus modificados por ingeniería genética. Se trata de la misma plataforma que van a utilizar también para el desarrollo, en los próximos cuatro años, de otras vacunas de interés regional y mundial: una combinada contra COVID-19 e Influenza (inhalable), una contra chikungunya y otra contra fiebre amarilla (inyectables).
“Basados en la experiencia de más de 20 años de nuestro grupo en el uso de vectores adenovirales para terapia génica en cáncer, cuando irrumpió la pandemia nos enfocamos en adaptarlos para diseñar una vacuna que protegiera contra COVID-19. Así, avanzamos con una candidata que, tras ser testeada en animales de laboratorio, demostró que protege de la enfermedad severa, neutraliza al virus –incluso a la variante Ómicron BA.1– y evita su diseminación a otros órganos como el cerebro”, aseguró Sabrina Vinzón, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Terapia Molecular y Celular (LTMC) de la Fundación Instituto Leloir y autora principal del estudio recientemente publicado.
“Este trabajo nos ha permitido establecer una plataforma vacunal apta no sólo para COVID-19, sino también para otras enfermedades infecciosas, algo que se suma a nuestra investigación en cáncer”, agregó el investigador del CONICET Osvaldo Podhajcer, jefe del LTMC y coordinador de la RAVINEI, que está integrada por el grupo COVAC, que reúne a investigadores de la FIL, del Hospital Italiano de Buenos Aires y del ANLIS (Instituto Malbrán e Instituto Maiztegui, de Pergamino); la Red Misionera de Vacunas para Enfermedades Infecciosas de Interés Provincial (REMIVIP), cuyo investigador responsable es Andrés Ruuth, del Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio), en Puerto Iguazú; y el grupo de Tecnología Farmacéutica y del Aerosol de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI), que depende del CONICET y la Universidad Nacional del Sur (UNS), en Bahía Blanca, a cargo de María Verónica Ramírez-Rigo.
La RAVINEI fue uno de los 23 proyectos seleccionados por un grupo de expertos entre los 149 que se presentaron a una convocatoria del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCyT) y surgió como una respuesta a la creciente amenaza que implican para la salud pública y las economías de todo el mundo las enfermedades virales zoonóticas (transmitidas de animales a seres humanos). Esto quedó demostrado con la reciente pandemia provocada por SARS-CoV-2, el récord de casos y muertes producidas en nuestro país por el dengue este año y los brotes de mpox (viruela símica) registrados en 2022 en diferentes partes del mundo. A eso hay que agregarle el peligro que representan otras enfermedades infecciosas: sin ir más lejos, se estima que las epidemias anuales de gripe estacional provocadas por el virus de la influenza causan entre 3 y 5 millones de casos de enfermedad grave y entre 290.000 y 650.000 muertes en todo el mundo.
Lo que se viene
Desde la primera vacuna con la que contó la humanidad –para tratar la viruela, allá por 1796–, a lo largo de la historia surgieron nuevas tecnologías que dieron lugar a otros desarrollos exitosos: mientras las de primera generación apelaron al uso de virus atenuados o inactivados, las de segunda generación se basaron en utilizar partes específicas del germen (proteínas, por ejemplo) para disparar la inmunidad. Pero la pandemia de COVID-19 impulsó una tercera generación de vacunas, que está basada principalmente en el uso de vectores virales (sobre todo adenovirus) y ARNm encapsulado.
“De las 11 vacunas aprobadas por la OMS para uso de emergencia contra el SARS-CoV-2, cinco son de tecnologías tradicionales, dos de ARN mensajero y cuatro de vectores adenovirales”, señaló Podhajcer. Por su parte, María Verónica López, investigadora de CONICET en el LTMC, coautora principal del estudio publicado en NPJ Vaccines y miembro de COVAC, añadió: “Nuestra amplia experiencia en el uso de vectores adenovirales en cáncer muestra que éstos son fáciles de modificar genéticamente, se pueden fabricar de manera rápida y económica, son relativamente seguros e inmunogénicos en humanos y, lo que es muy importante, no requieren almacenamiento en cadena de ultra frío”.
Para el investigador de CONICET en el LTMC, Eduardo Cafferata, también coautor principal del estudio y miembro de COVAC, “eso los convierte en una plataforma ideal para una distribución equitativa global o para su almacenamiento”.
Es por eso que el grupo del LTMC se focalizó en esa tecnología para el desarrollo de CoroVaxG.3-D.FR, una vacuna inyectable contra COVID-19 que, según el artículo en NPJ Vaccines, usada como refuerzo “podría brindar una inmunización amplia y de larga duración contra algunas variantes del SARS-CoV-2, incluida Ómicron, y además sería una buena candidata para aquellas personas que todavía no recibieron ninguna dosis”. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hasta septiembre de este año apenas el 35,5% de la población de países de bajos ingresos había recibido al menos una dosis contra la enfermedad.
La RAVINEI busca seguir capitalizando el avance alcanzado y ahora se propone generar una vacuna inhalable y combinada contra SARS-CoV-2 e Influenza, dos diferencias con la vacuna ARVAC Cecilia Grierson, recientemente aprobada por la ANMAT contra el COVID-19. Además, avanzará con otras dos vacunas, en estos casos intramusculares, para fiebre amarilla y chikungunya.
Como los virus de la Influenza y del COVID-19 se transmiten a través de las vías respiratorias, no son pocos los esfuerzos por buscar generar inmunidad en la propia mucosa nasal. De hecho, ya se aprobaron al menos dos vacunas para COVID-19 intranasales en China e India y existen cerca de 100 en testeo, de las cuales 20 están en fases clínicas; además, hay estudios clínicos de fase 2 terminados con una vacuna inhalable para Influenza.
“En todos los casos se trata de vacunas basadas en vectores adenovirales. Aunque aún se necesitan más estudios para confirmar su eficacia y seguridad, el desarrollo de vacunas inhalables para COVID-19 e Influenza podría tener un gran impacto en la prevención de estas enfermedades y en la reducción de su propagación. Aspiramos a generar una respuesta inmune más amplia, efectiva y duradera, que dará la posibilidad de aumentar los intervalos de vacunación entre las dosis recomendados en la actualidad”, resaltó Podhajcer. Y añadió: “Esta necesidad es reconocida por expertos a nivel global y está comprobado que para vacunas inhalables nuestra plataforma de adenovirus es superior, incluso, a las de ARNm. Se considera que son el futuro de la nueva generación de vacunas inhalables”.
En cuanto a fiebre amarilla y chikungunya, si bien son enfermedades relevantes en la región, lo cierto es que a nivel mundial no son consideradas prioritarias. “En el caso de la primera, existe una vacuna desde la década del ‘40 pero al basarse en un virus atenuado presenta una serie de contraindicaciones que hacen que se desaconseje su administración a embarazadas y lactantes, personas inmunocomprometidas y aquellos con hipersensibilidad a las proteínas de huevo de pollo”, resaltó Vinzón, co-coordinadora de la RAVINEI. Y agregó: “Además, los grandes brotes se caracterizaron por problemas con la insuficiente oferta de vacunas, ya que los fabricantes dependen de procesos tradicionales lentos que les impiden aumentar la producción”.
Para chikungunya todavía no existen vacunas en el mercado ni tratamientos disponibles, pero según los expertos de la RAVINEI ya se ha demostrado que los vectores adenovirales constituyen una tecnología ventajosa para enfrentarlo.
“En base a toda la experiencia ganada por nuestro grupo en estos años, tenemos la convicción de que hemos logrado una plataforma acorde a las necesidades para generar vacunas innovadoras contra cuatro virus que son de alto impacto”, concluyó Podhajcer.
Del artículo publicado en NPJ Vaccines también participaron Paula Berguer, Ariadna Soto, Diego Viale, Jimena Afonso y Mauro Heitrich (FIL); los grupos dirigidos por Alexis Edelstein, Elsa Baumeister y Andrea Pontoriero, donde participaron también Luciana Vázquez, Leonora Nusblat, Ariel Vilardo, Martín Avaro, Estefanía Benedetti, Mara Russo y María Dattero (ANLIS-Malbrán); el grupo dirigido por Hugo Ortega junto a Eduardo Belotti y Natalia Salvetti (Centro de Medicina comparada de la Universidad del Litoral, Santa Fe); Alejandro Cristofalo y Lisandro Otero (Universidad Nacional de San Martín y Universidad Nacional de Río Cuarto); y Mauricio Carobene (UBA). Colaboración destacada: Maximilano Sánchez Lamas, de la start up Vaxinz.
La investigación fue financiada por la Agencia I+D+i, a través de un subsidio de Fonarsec y un PICT-O.