INDUSTRIA FORESTAL

Cambium Timber apuesta a cambiar la construcción argentina con una planta de CLT de US$20 millones en Corrientes

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La Argentina tiene madera, territorio forestal y un déficit habitacional significativo, pero todavía no consiguió convertir esos recursos en una industria capaz de transformar la forma en que se construye. Ese es el punto de partida de Cambium Timber, el proyecto que impulsa Pablo Baldomá y que prevé una inversión de más de US$20 millones en Gobernador Virasoro, Corrientes, para instalar la primera planta argentina de producción industrial de madera contralaminada, conocida como CLT (Cross-Laminated Timber).

Baldomá presentó el proyecto en Posadas, durante el encuentro organizado por la Asociación Forestal Argentina (AFoA) por sus 80 años, donde compartió escenario con referentes de las principales inversiones forestales que están tomando forma en Corrientes y la región. La propuesta de Cambium introduce una diferencia sustancial respecto de buena parte del debate tradicional de la forestoindustria: en lugar de limitarse a buscar nuevos mercados para la madera, pretende crear una nueva demanda a partir de un sistema constructivo industrializado.

El principal riesgo de este proyecto es que la demanda no está, la tenemos que crear”, explicó Baldomá. La definición resume la apuesta empresarial y, al mismo tiempo, expone el principal desafío de una industria que todavía debe convencer a arquitectos, desarrolladores, constructores y consumidores de que la madera estructural puede ocupar un lugar mucho más relevante en la construcción argentina.

De la madera como materia prima a un sistema constructivo

Cambium no se presenta solamente como una empresa forestal. Baldomá la definió como una compañía con “tres corazones”: tecnológico, industrial y constructor. La planta fabricará paneles de madera maciza industrializada, entre ellos CLT y madera laminada encolada, con procesos de alta precisión destinados a que buena parte del trabajo de construcción ocurra antes de que los componentes lleguen a la obra.

El proyecto prevé una capacidad inicial de aproximadamente 15.000 metros cúbicos anuales y una producción equivalente a unos 55.000 a 60.000 metros cuadrados de construcción por año, dependiendo del sistema utilizado. La nave industrial tendrá unos 4.800 metros cuadrados y se levanta en el predio donde funcionó el antiguo aserradero Pomera Maderas.

La inversión forma parte de un proceso mayor del Grupo Insud, que ya mantiene una presencia significativa en la región a través de forestaciones, energía y otras actividades. Según lo expuesto durante el encuentro, el grupo acumula más de US$250 millones invertidos en el NEA.

La maquinaria que permitirá poner en marcha la nueva industria está llegando desde Europa. El último contenedor con equipos de la empresa eslovena Ledinek Engineering se encuentra rumbo al Puerto de Buenos Aires y el montaje de la línea está previsto para comenzar en septiembre. La expectativa de Cambium es terminar la instalación hacia fines de 2026 y comenzar la producción entre diciembre y los primeros meses de 2027.

Pero la tecnología representa solamente una parte del desafío. Baldomá sostuvo que instalar una planta de estas características en Argentina resulta aproximadamente 30% más caro que hacerlo en Europa, debido principalmente a la combinación de impuestos y costos logísticos. Incluso señaló que transportar los contenedores desde Buenos Aires hasta Virasoro puede resultar más costoso que traerlos desde Europa hasta el puerto argentino.

Ese diferencial es una de las restricciones que la nueva industria deberá enfrentar para competir. La otra está dentro del propio mercado: la madera estructural todavía no tiene en Argentina el mismo nivel de aceptación cultural, normativa y técnica que alcanzó en otros países.

El desafío de construir demanda y cambiar la percepción sobre la madera

La apuesta de Cambium parte de una premisa que Baldomá considera central: la madera no debe competir solamente por precio. El CLT, según explicó, no es actualmente más barato que los sistemas tradicionales de mampostería o ladrillo. La oportunidad está en ofrecer otra combinación de precisión, velocidad, diseño, industrialización y calidad arquitectónica.

La forma en la que se construye es anacrónica, vieja, sucia”, planteó durante su exposición. Frente a ese diagnóstico, la empresa busca trasladar a la construcción parte de la lógica industrial que ya existe en otros sectores: diseñar digitalmente, mecanizar los componentes, producirlos con precisión y llevarlos a obra listos para ser ensamblados.

El modelo ya funciona en otros mercados. Uruguay cuenta desde 2022 con una planta de madera maciza industrializada de gran escala, mientras Chile y Brasil desarrollaron proyectos de edificios y estructuras de varios pisos utilizando CLT y madera laminada. En Argentina, en cambio, los avances todavía son puntuales y no existe una planta con una producción integral de estas características y certificación internacional.

La experiencia internacional es precisamente uno de los argumentos utilizados por Baldomá para plantear que el límite no está en las propiedades del material, sino en la forma en que el mercado argentino lo interpreta. Después de vivir cinco años en España, el empresario recorrió más de 30 fábricas de CLT antes de definir el proyecto. Su objetivo, según explicó, es trasladar a la Argentina una industria que en Europa, Estados Unidos y Australia ya dejó de estar asociada exclusivamente con viviendas económicas o construcciones de baja escala.

La comparación que eligió durante el encuentro fue histórica. Así como la Torre Eiffel contribuyó en 1889 a demostrar las posibilidades estructurales del acero, Cambium busca un proyecto emblemático que permita mostrar qué puede hacerse con madera estructural en altura.

Queremos mostrar la altura y mostrar el bosque en los edificios de altura en Argentina”, resumió Baldomá.

La empresa incluso abrió la posibilidad de desarrollar un proyecto icónico que funcione como demostrador tecnológico y arquitectónico. El objetivo no es solamente vender paneles, sino generar una construcción que permita que el mercado vea, toque y comprenda el potencial del material.

La oportunidad social: industrializar la construcción para agregar valor en origen

La dimensión más relevante del proyecto excede a Cambium y alcanza a la estructura productiva del NEA. Si la planta logra consolidar una demanda doméstica para CLT y otros productos de madera estructural, podría contribuir a desplazar parte del negocio forestal desde la venta de materia prima hacia productos de mayor valor agregado.

Ese cambio resulta especialmente relevante para Corrientes y Misiones. La región cuenta con una masa forestal considerable y una cadena industrial desarrollada, pero enfrenta desde hace años el desafío de transformar una mayor proporción de ese recurso en productos industrializados capaces de competir en mercados de mayor valor.

La discusión también alcanza a la vivienda. Desde el sector forestal se plantea que la industrialización de la construcción con madera puede reducir tiempos de obra y mejorar la previsibilidad de los proyectos. En el modelo de CLT, los paneles pueden salir de fábrica cortados, perforados y mecanizados de acuerdo con el diseño, reduciendo trabajos y desperdicios en el lugar de construcción.

El potencial, por lo tanto, no está únicamente en construir más rápido. Está en cambiar la organización económica de la obra, trasladando una parte importante del proceso desde el sitio de construcción hacia una fábrica.

Ese modelo puede abrir una oportunidad para el periodismo de soluciones: no existe una promesa automática de que el CLT vaya a resolver el déficit habitacional argentino ni de que la madera vaya a reemplazar al hormigón. Pero sí aparece una alternativa concreta para atacar algunos de los problemas estructurales de la construcción tradicional: baja productividad, desperdicio de materiales, incertidumbre sobre costos y plazos y escasa industrialización.

Para que esa posibilidad se convierta en una solución a escala, sin embargo, deberán alinearse otras variables. La propia empresa identifica como obstáculos los costos logísticos, la normativa estructural, la falta de clasificación técnica de la madera y la necesidad de formar profesionales y generar confianza en el mercado.

El cuello de botella que puede definir el futuro: la materia prima

La expansión de la madera estructural también plantea una pregunta incómoda para la región: ¿hay suficiente madera para sostener una nueva etapa de industrialización sin comprometer el abastecimiento futuro?

Durante el encuentro de AFoA se advirtió que Corrientes posee alrededor de 500.000 hectáreas de plantaciones forestales, pero que la superficie no está creciendo significativamente. Las áreas cosechadas son replantadas, pero no necesariamente se incorporan nuevas hectáreas al ritmo que requeriría una expansión sostenida de la industria.

Misiones enfrenta una situación similar desde otra escala: durante la última década no logró superar las 12.000 hectáreas anuales de nuevas plantaciones, según los datos expuestos durante la jornada. Entre Ríos, por su parte, redujo su superficie forestada hasta unas 100.000 hectáreas.

El dato obliga a mirar más allá de la fábrica. Una planta de CLT puede ser una pieza de una transformación industrial, pero necesita detrás una política forestal capaz de asegurar materia prima, inversiones de largo plazo y una cadena logística competitiva.

Baldomá lo planteó desde la perspectiva de la propia empresa: la instalación de la planta representa apenas “el diez por ciento del desafío”. El otro 90% consiste en lograr que el mercado adopte el producto, que las normas acompañen, que los arquitectos lo incorporen a sus proyectos y que aparezcan edificios capaces de demostrar que la madera puede ser utilizada a escalas que hoy parecen ajenas a la construcción argentina.

Ahí aparece la verdadera dimensión del proyecto. Cambium no está solamente construyendo una fábrica en Virasoro: está intentando construir un mercado alrededor de una tecnología que Argentina todavía no incorporó masivamente.

Si el proceso funciona, el impacto podría exceder a una empresa y convertirse en una nueva vía de agregado de valor para la forestoindustria del NEA. Si fracasa, el problema probablemente no estará en la capacidad de fabricar CLT, sino en la dificultad histórica de la Argentina para articular materia prima, industria, logística, regulación, financiamiento y demanda.

La planta que comienza a instalarse en Corrientes será, en ese sentido, un experimento industrial y también de política económica. El desafío será demostrar que un árbol plantado en el NEA puede terminar convertido no en un rollizo exportado, sino en una estructura de alta precisión capaz de formar parte de los edificios de la próxima generación.

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Interbarge propone bajar hasta US$1.000 por contenedor el costo logístico del NEA con una red de puertos

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La competitividad de la forestoindustria del NEA puede jugarse tanto dentro de un aserradero como sobre el río. Para Diego Azqueta, CEO de Interbarge, la región ya tiene producción, mercados y capacidad industrial para crecer, pero necesita resolver el eslabón que conecta las chacras y las plantas con los puertos de salida. Su propuesta apunta a desarrollar una red fluvial que permita consolidar cargas cerca de los centros productivos y llevarlas directamente hacia destinos internacionales, reduciendo el costo logístico y evitando pasos administrativos innecesarios por Buenos Aires.

Azqueta presentó esta visión durante el encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA). La empresa que conduce opera desde hace dos décadas en la hidrovía y cuenta, según explicó, con 240 barcazas y 14 remolcadores, principalmente afectados al movimiento de cargas paraguayas, brasileñas y bolivianas. Ahora busca ampliar esa experiencia hacia las cargas de Misiones y Corrientes.

El punto de partida de su planteo es modificar la lógica actual del transporte. Para el empresario, cada productor debería poder consolidar un contenedor en su propia planta o en un centro cercano y trasladarlo hasta un puerto de la región, donde pueda iniciar el circuito hacia su destino final. Posadas, Ituzaingó, Corrientes y otros puertos próximos a las zonas productivas formarían parte de ese esquema.

La diferencia no es solamente geográfica. También es económica. Azqueta estimó que, para productores de Eldorado, el ahorro potencial derivado del tramo fluvial podría alcanzar los US$1.000 por contenedor. En Corrientes, donde el costo terrestre hasta los puertos es menor, el beneficio sería más acotado. El dato permite dimensionar cuánto pesa la distancia en la estructura de costos de las empresas del NEA.

El problema aparece cuando esa carga debe pasar por Buenos Aires. Cada desvío incorpora transporte, manipulación y procesos administrativos y aduaneros que, según el empresario, podrían evitarse si existiera una operatoria fluvial integrada desde los puertos regionales. “No tienen por qué seguir pagando el costo logístico que significa llegar a Buenos Aires con la carga consolidada”, planteó.

El cabotaje como cuello de botella

Para Interbarge, la principal restricción actual no es la disponibilidad de producción sino el marco regulatorio. Azqueta definió a la actual ley de cabotaje como un “corset” que limita las alternativas disponibles para operar con embarcaciones, tripulaciones y condiciones que permitan construir una oferta competitiva.

La consecuencia es directa: con las reglas actuales, el transporte fluvial pierde parte de la ventaja que debería tener frente al camión. Según sus estimaciones, operar bajo el esquema vigente puede llevar el costo del transporte fluvial al doble, erosionando buena parte del ahorro potencial que ofrece el río.

“Hay que cambiar la forma de pensar esto”, sostuvo. La compañía propone comenzar gradualmente, pero con una planificación que contemple el desarrollo conjunto de los distintos puertos. La lógica es que una mayor cantidad de cargas permita aumentar la frecuencia, mejorar la utilización de las embarcaciones y reducir progresivamente los costos.

Azqueta puso como referencia una escala de 600 contenedores semanales para que el sistema alcance una dimensión capaz de sostener una operación eficiente. En una primera etapa, los volúmenes podrían ser menores, pero el objetivo es construir una red que permita combinar cargas y destinos.

La estrategia también requiere embarcaciones adaptadas a las características del río. Interbarge trabaja en el diseño de unidades que puedan operar eficientemente en el Alto Paraná, desde la zona de Ciudad del Este e Iguazú hasta la confluencia con el río Paraguay, y continuar luego por el Paraná medio y el Río de la Plata.

El objetivo final es ampliar las alternativas. Buenos Aires, La Plata o Montevideo podrían convertirse en puntos de conexión con los mercados internacionales, pero sin que toda la carga deba concentrarse necesariamente en Buenos Aires antes de comenzar su recorrido marítimo.

Posadas, dentro de una red regional

Azqueta fue enfático respecto del papel del puerto de Posadas. Frente a una consulta sobre las limitaciones actuales de la terminal, aclaró que Interbarge considera al puerto misionero como una pieza relevante de la futura red logística.

La visión de la empresa es que el Alto Paraná debería contar con una cantidad mucho mayor de puertos operativos. Como referencia, señaló que del lado paraguayo existen varios puntos de carga en una zona donde del lado argentino todavía hay una infraestructura portuaria mucho más limitada.

“Creemos que el Puerto de Posadas va a ser muy importante para el sistema”, sostuvo. En su planteo, la terminal misionera no aparece como una alternativa aislada, sino como uno de los nodos de un esquema que debería incorporar también a Ituzaingó, Corrientes y otros futuros puntos de embarque.

Esa integración es clave porque la eficiencia no depende exclusivamente de un puerto. Un sistema con múltiples puntos de carga permitiría acercar el contenedor al productor, combinar volúmenes y ofrecer diferentes alternativas de salida según el destino y las condiciones de cada momento.

El desafío es bajar costos, no solo mover cargas

La discusión sobre la hidrovía suele concentrarse en la disponibilidad de embarcaciones o en la infraestructura portuaria. Azqueta amplió el análisis hacia toda la estructura de costos. Financiamiento, combustible, impuestos, tripulaciones y regulaciones terminan determinando cuánto paga finalmente el productor.

El empresario sostuvo que una operación competitiva requiere inversiones, pero también condiciones financieras razonables. A eso se suman los costos laborales y la necesidad de contar con suficientes tripulaciones para garantizar la continuidad del servicio. “Es un problema completo de todo el sistema”, explicó.

La estructura tributaria también incide. Ingresos Brutos, impuestos vinculados al transporte, combustibles y otros costos se trasladan finalmente al precio del flete. Por eso, para Interbarge, cualquier reforma del cabotaje debería analizarse junto con el resto de las variables que determinan la competitividad.

El planteo tiene una consecuencia política concreta: no alcanza con habilitar un puerto si luego operar desde allí resulta más caro que transportar la mercadería cientos de kilómetros por camión. El objetivo debería ser construir una alternativa logística que sea efectivamente competitiva para las empresas.

Una oportunidad para la forestoindustria del NEA

La propuesta aparece en un momento en que las inversiones forestales de Misiones y Corrientes buscan ampliar su escala y aumentar sus exportaciones. Grandes proyectos industriales ya están modificando la estructura productiva regional, pero el costo para llegar a los mercados externos continúa siendo uno de los principales obstáculos.

Para Azqueta, el río puede convertirse en una herramienta para destrabar ese límite. El transporte fluvial tiene menores costos de mantenimiento y una capacidad de carga significativamente mayor que el transporte terrestre, pero necesita escala y reglas que permitan aprovechar esas ventajas.

La propuesta de Interbarge no plantea que el camión desaparezca. Por el contrario, el objetivo es que cada modalidad cumpla el tramo donde resulta más eficiente: el transporte terrestre para conectar la producción con el puerto y el fluvial para trasladar grandes volúmenes hacia los nodos de exportación.

En esa arquitectura, el puerto deja de ser simplemente una infraestructura y pasa a funcionar como una extensión logística de la industria. Para una empresa forestal ubicada en Misiones o Corrientes, poder consolidar allí la carga y emitir desde ese punto la documentación correspondiente al destino final significaría reducir movimientos, tiempos y costos.

Azqueta resumió el desafío en una premisa empresarial antes que discursiva: Interbarge quiere ganar dinero con el negocio, pero necesita que también gane la región. La ecuación, en su visión, consiste en alcanzar grandes volúmenes, operar con una estructura eficiente y segura y trasladar parte de esa eficiencia al productor.

El mensaje para Misiones y Corrientes es claro. El potencial productivo ya existe y los mercados también. El próximo salto puede depender de que el río deje de ser una frontera logística y pase a convertirse en una vía de salida competitiva hacia Europa, China, Estados Unidos y otros destinos.

La condición, según Interbarge, es modificar las reglas que hoy encarecen esa alternativa. Si el cabotaje logra adaptarse a las necesidades de la producción regional y los puertos comienzan a funcionar como una red, Posadas podría dejar de ser solamente un punto de infraestructura para convertirse en uno de los nodos de una nueva matriz logística del NEA.

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Forestación: Central Puerto proyecta un aserradero de US$ 200 millones y reclama cambios para competir

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En ese escenario, Adrián Salvatore, de Central Puerto, planteó una integración vertical desde las plantaciones hasta la industria y advirtió que logística, regulación y escala condicionan nuevas inversiones forestales. Fue en el marco de la presentación en Posadas de los lineamientos del proyecto para instalar un aserradero en la zona de Santa Rosa, Corrientes. La iniciativa contempla procesar alrededor de 450.000 metros cúbicos de madera por año y abastecerse de unas 30.000 hectáreas de plantaciones.

La propuesta se inscribe en la expansión de Central Puerto hacia nuevos negocios. La compañía, tradicionalmente vinculada al sector energético, incorporó en los últimos años inversiones forestales y mineras y, más recientemente, petroleras. En el caso forestal, Salvatore explicó que la decisión apunta a ir más allá de la tenencia de activos y avanzar en la captura de valor dentro de la cadena productiva.

La empresa incorporó hace aproximadamente tres años unas 180.000 hectáreas forestadas, de las cuales unas 90.000 corresponden a plantaciones de eucalipto y pino. Sobre esa base, la estrategia consiste en desarrollar una industria capaz de procesar parte de esa producción y generar una cadena integrada en la región mesopotámica.

“El diseño nuestro es un aserradero que estaría procesando unas 450.000 metros cúbicos por año”, explicó Salvatore durante el encuentro organizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA). La localización responde, entre otros factores, a la distribución geográfica de las forestaciones y a la necesidad de garantizar el abastecimiento de largo plazo de la planta.

La escala del proyecto también expone una de las discusiones centrales del sector: cómo generar condiciones para que las inversiones forestales puedan alcanzar dimensiones competitivas internacionalmente. Salvatore señaló que el proyecto enfrenta desafíos vinculados con el marco regulatorio y con la posibilidad de acceder a beneficios destinados a grandes inversiones.

En particular, marcó una brecha para los proyectos que quedan en una zona intermedia: inversiones demasiado grandes para encuadrar en determinados esquemas orientados a pequeñas empresas, pero que tampoco alcanzan los umbrales establecidos para los proyectos de mayor escala. Según planteó, una inversión forestal de entre US$100 millones y US$200 millones puede resultar significativa para la economía regional, aunque no necesariamente alcance los parámetros de programas diseñados para megaproyectos de otros sectores.

La cuestión no es menor para la forestoindustria. La competencia internacional obliga a comparar no solamente la productividad de las plantas, sino también el costo de llevar la madera hasta los mercados. Para Salvatore, la logística constituye actualmente uno de los principales condicionantes para el desarrollo de nuevas inversiones.

“Si para poner el material arriba de un barco nos cuesta tres, cuatro, cinco o seis veces más que a un competidor nuestro, cualquier proyecto va a tener un límite”, sostuvo. La distancia a los puertos, los costos de transporte y las restricciones vinculadas con la infraestructura terminan trasladándose al precio final y reducen la capacidad de competir en mercados internacionales.

En esa discusión aparece también el cabotaje como una herramienta potencial para reducir costos. El empresario consideró que una mayor oferta logística y una regulación que permita aprovechar las vías navegables podrían modificar sustancialmente la ecuación de los proyectos forestales de la región.

El planteo coincide con una preocupación que atraviesa a las principales empresas del sector: la industria puede alcanzar niveles de eficiencia dentro de las plantas, pero pierde competitividad cuando la producción sale de la tranquera. La distancia entre los centros forestales de Corrientes y Misiones y los puertos de exportación convierte a la logística en una variable estratégica para definir nuevas inversiones.

Pero Salvatore agregó otro componente: la necesidad de que el sector forestal construya una agenda común. A su criterio, muchas de las dificultades que enfrenta la actividad son abordadas actualmente mediante gestiones individuales de empresas o cámaras, cuando podrían requerir una estrategia colectiva.

El empresario tomó como referencia al sector petrolero, al que definió como altamente competitivo pero capaz de coordinar posiciones entre empresas y con el Estado en cuestiones consideradas estratégicas. Para la forestoindustria, planteó avanzar en una dinámica similar, tanto para resolver problemas regulatorios y logísticos como para aprovechar oportunidades comerciales.

La paradoja que señaló resulta especialmente relevante: mientras dentro del mercado argentino persiste la discusión sobre exceso o falta de madera y una demanda interna debilitada, existen oportunidades concretas en mercados internacionales que podrían ampliar la salida para la producción. El desafío consiste en articular información, inversiones, logística y capacidad industrial para convertir esa demanda potencial en operaciones concretas.

La integración vertical que impulsa Central Puerto se ubica precisamente en ese cruce. La disponibilidad de materia prima constituye una ventaja inicial, pero el paso siguiente requiere transformar ese recurso en productos con mayor valor agregado y colocarlos competitivamente en el mundo.

Para Salvatore, la oportunidad existe, pero exige modificar las condiciones que rodean a la producción. La inversión en capacidad industrial debe estar acompañada por infraestructura, energía, transporte, regulación y mecanismos que permitan sostener proyectos de distintas escalas.

En ese sentido, el proyecto de Santa Rosa funciona como un caso testigo de una discusión más amplia. La Argentina dispone de una base forestal capaz de sostener industrias de mayor escala, pero convertir ese potencial en exportaciones y empleo industrial requiere que la competitividad no termine en la puerta del aserradero.

La conclusión del empresario apuntó justamente hacia allí: el próximo salto del sector no dependerá únicamente de plantar más árboles o instalar más capacidad industrial, sino de construir una cadena capaz de operar con costos competitivos y una agenda común. Para una región que busca ampliar su inserción internacional, la discusión dejó de ser solamente cuánto puede producir la forestoindustria y pasó a ser cuánto valor puede retener antes de que esa madera llegue al mercado global.

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Acon Timber ya procesa 700.000 m³ de madera y reclama bajar el costo logístico

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A dos años del inicio de sus operaciones, Acon Timber alcanzó un ritmo de consumo de madera de alrededor de 700.000 metros cúbicos anuales en su planta de Virasoro, Corrientes, por encima de los 600.000 a 650.000 m³ previstos para la primera etapa. La empresa ya trabaja sobre nuevas inversiones para ampliar su capacidad, pero su principal desafío dejó de estar dentro del aserradero: ahora está en la logística, la energía y los costos que enfrenta para llegar a los mercados internacionales.

El dato fue presentado por Nicolás Crisp durante el encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), donde expuso sobre la evolución de la planta y los obstáculos que enfrenta la industria forestal para transformar su potencial productivo en una plataforma exportadora competitiva.

“Como dije recién, a nivel productivo estamos en donde esperábamos estar, ligeramente por arriba”, explicó Crisp en diálogo con Economis. Para esta primera etapa, Acon Timber había dimensionado un consumo de entre 600.000 y 650.000 metros cúbicos de madera por año y actualmente proyecta superar los 700.000 m³.

La operación atraviesa ahora una segunda fase. Después del proceso de puesta en marcha, capacitación y estabilización de la planta, el foco pasó hacia la eficiencia, la productividad, la calidad y, especialmente, la logística, tanto para abastecer de materia prima al complejo como para colocar la producción en el exterior.

La escala permite dimensionar el impacto de la operación. Con un consumo anual superior a los 700.000 m³ de pino, la planta genera alrededor de 350.000 m³ de producto terminado y unas 90.000 toneladas de pellets. El volumen exportador ronda los 900 contenedores mensuales.

La capacidad industrial instalada, sin embargo, tiene margen para crecer. La línea de aserrado fue concebida desde el inicio para consumir hasta 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año. El límite actual aparece en los procesos posteriores, particularmente en el secado y en la disponibilidad de energía y vapor necesaria para acompañar una mayor producción.

Por eso, la siguiente etapa de inversiones contempla nuevos secaderos, calderas y líneas de clasificación, entre otras instalaciones. La compañía ya adelantó parte de ese programa: durante 2025 incorporó siete nuevos secaderos con una inversión aproximada de US$7 millones y durante este año puso en marcha una nueva línea de producción.

La estrategia de Acon Timber, sin embargo, está condicionada por una pregunta que excede las fronteras de la planta: cuánto cuesta producir en Corrientes y cuánto cuesta sacar esa producción hacia los mercados internacionales.

“Puertas para adentro creemos que somos competitivos. Necesitamos esa competitividad tranquera para afuera”, sintetizó Crisp. La distancia es un factor determinante. Desde Virasoro hasta los puertos existe un recorrido cercano a los 1.000 kilómetros, que se transforma en un componente significativo de la estructura de costos.

Para una empresa que exporta el 100% de su producción, la logística no es un elemento accesorio. Es parte del producto que se ofrece al mercado internacional. Un costo adicional de transporte puede determinar si una operación resulta competitiva frente a productores ubicados más cerca de los puertos.

En ese punto, Crisp puso especial atención sobre el desarrollo de alternativas de transporte fluvial y la posibilidad de avanzar con una ley de cabotaje que permita ampliar la oferta logística. “Necesitás opciones y soluciones, oferta logística que venga a retirar esa carga”, sostuvo.

La discusión incorpora a los puertos de la región como parte de una infraestructura productiva que todavía necesita mayor integración. El empresario mencionó las alternativas existentes en Posadas, Ituzaingó y Corrientes, pero remarcó que la clave será contar con una red capaz de retirar grandes volúmenes de producción y conectarlos con los mercados externos a costos competitivos.

El planteo adquiere relevancia porque el crecimiento de las inversiones forestales en Misiones y Corrientes no puede analizarse únicamente desde la capacidad de los aserraderos. Si la producción industrial aumenta pero el costo para trasladarla hasta los mercados permanece elevado, parte de la ventaja competitiva generada en la planta se pierde antes de llegar al puerto.

Crisp también señaló otros costos menos visibles que impactaron sobre el proyecto una vez que comenzó a operar. Entre ellos ubicó la burocracia asociada al comercio exterior, la cantidad de documentación requerida para cada operación, los tiempos vinculados con Aduana y las dificultades para recuperar saldos de IVA derivados de las inversiones.

“Es difícil exportar desde Argentina”, planteó. Según explicó, todavía existen numerosos pasos y documentos en las operaciones de comercio exterior, algunos de ellos en formato papel, además de procesos que demandan tiempo para recuperar créditos fiscales.

Para una inversión de esta escala, esos tiempos también tienen una dimensión financiera. Los recursos inmovilizados durante períodos prolongados elevan el costo efectivo del proyecto y afectan la capacidad de las empresas para continuar invirtiendo.

El diagnóstico de Acon Timber coincide con una de las principales discusiones que atraviesan actualmente a la forestoindustria regional: el desafío ya no es demostrar que existe materia prima ni capacidad industrial, sino generar las condiciones para que esa producción pueda competir en igualdad de condiciones en el mundo.

“Necesitamos generar un entorno más competitivo que nos permita ser más competitivos como sector y como país”, sostuvo Crisp. La empresa compite directamente en mercados internacionales y, una vez que la producción llega al puerto, enfrenta reglas similares a las de otros exportadores. La diferencia se juega antes, en el costo de llegar hasta allí.

La escala de Acon Timber también plantea una oportunidad para el conjunto de la cadena. La empresa estima que tiene capacidad técnica para duplicar su volumen de producción, aunque para hacerlo deberá completar inversiones en etapas posteriores, particularmente en generación de energía y vapor, secado y otros procesos industriales.

El empresario considera que el potencial no se limita a las grandes inversiones. La mejora de las condiciones logísticas puede modificar también la ecuación de los pequeños y medianos aserraderos de Misiones y Corrientes y, hacia atrás, generar incentivos para aumentar la producción forestal.

“Una vez que estás en el puerto las reglas son las mismas para todos”, explicó. Si se consigue reducir el costo de llegar hasta ese punto, la mejora puede trasladarse a toda la cadena: desde la industria de transformación hasta el productor forestal que decide volver a plantar.

Ese es, precisamente, el salto que todavía debe dar la región: pasar de un sector con potencial a una plataforma forestal exportadora integrada. Para Crisp, el camino requiere eficiencia dentro de las fábricas, pero también infraestructura, energía, simplificación administrativa y alternativas de transporte que permitan conectar la producción del NEA con el mundo.

La experiencia de Acon Timber muestra que la inversión privada puede anticiparse y asumir el riesgo de instalar capacidad industrial a gran escala. Pero también expone el límite de esa estrategia cuando los costos externos a la fábrica reducen la competitividad del proyecto.

El próximo capítulo de la forestoindustria regional, por lo tanto, no se definirá solamente dentro de los aserraderos. Se jugará también en los puertos, las rutas, los sistemas de transporte, la energía y las reglas que determinan cuánto cuesta exportar. Si esas variables logran alinearse, la capacidad industrial instalada en Misiones y Corrientes puede dejar de ser solamente una promesa de desarrollo y convertirse en una plataforma sostenida de exportaciones, empleo e inversión.

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Corrientes apuesta a la forestoindustria y pone la logística en el centro de su estrategia exportadora

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La ministra de Industria de Corrientes, Mariel Gabur, planteó que la integración regional y la reducción de los costos logísticos son condiciones centrales para que la forestoindustria del NEA pueda ampliar su inserción internacional. En diálogo con Economis, durante el encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), destacó las inversiones que avanzan en Corrientes y reclamó una agenda común para Misiones, Corrientes y el resto de la región.

Gabur sostuvo que la forestoindustria debe pensarse como una cadena regional y no desde los límites administrativos de cada provincia. La funcionaria coincidió con el planteo realizado durante el encuentro sobre la necesidad de integrar capacidades, inversiones e infraestructura para construir soluciones comunes para un sector que puede generar mayor valor agregado, empleo y exportaciones.

“Si no lo hacemos juntos, si no lo hacemos en equipo, pensando como región”, resumió la ministra al explicar la mirada de Corrientes. En su análisis, la escala es uno de los factores que puede permitir que las inversiones que ya se instalaron en la provincia produzcan un efecto que exceda sus establecimientos y alcance a proveedores, pequeños aserraderos y trabajadores de toda la cadena.

La provincia atraviesa una etapa de industrialización forestal que Gabur definió como un proceso que Corrientes comenzó a profundizar tomando experiencias previas de Misiones. Según explicó, actualmente cuatro de las inversiones más relevantes del sector están radicadas en territorio correntino y constituyen proyectos concretos que ya están generando actividad.

La ministra destacó particularmente el caso de la industria Acon Timber, cuya planta en Virasoro se encuentra operativa y amplió sus inversiones por encima de las previsiones iniciales. Para Corrientes, ese tipo de proyecto representa una oportunidad para transformar una producción primaria de gran escala en una estructura industrial capaz de abastecer mercados externos.

El desafío, sin embargo, comienza una vez que las industrias están instaladas. Gabur planteó que el siguiente paso consiste en generar un ecosistema capaz de integrar a los distintos eslabones de la cadena forestoindustrial y permitir que los beneficios de las grandes inversiones alcancen también a empresas de menor escala.

“Tenemos que mirar al mundo, tenemos que insertarnos en el mundo”, afirmó la ministra, al considerar que el mercado interno tiene un límite y puede resultar insuficiente para sostener el crecimiento de la actividad. La estrategia correntina apunta, por eso, a desarrollar productos que puedan cumplir con los requisitos ambientales, técnicos y de certificación exigidos por los principales mercados internacionales.

La referencia a Europa y Estados Unidos introduce una variable cada vez más relevante para la industria forestal: la competitividad ya no depende solamente del precio y la calidad, sino también de la capacidad de demostrar trazabilidad, cumplimiento ambiental y estándares de producción. Gabur señaló que Corrientes trabaja en certificaciones y normas ambientales como parte de una estrategia para acceder a esos mercados.

Pero la apertura exportadora enfrenta una restricción estructural: la distancia. Las industrias forestales del NEA se encuentran alejadas de los principales puertos de salida y deben absorber costos de transporte elevados para colocar su producción en los mercados internacionales. Por eso, para Gabur, la logística constituye actualmente uno de los principales desafíos de la provincia.

Corrientes avanzó en esa dirección con inversiones en infraestructura portuaria, entre ellas el puerto ubicado en el Parque Industrial de Ituzaingó. La provincia también trabaja en el mantenimiento de caminos para garantizar el traslado de la materia prima desde las zonas forestales hasta los establecimientos industriales.

La ministra señaló además que el Gobierno provincial proyecta nuevos puertos y considera que el aprovechamiento de los ríos constituye una de las alternativas más importantes para reducir los costos de transporte. La apuesta excede a Corrientes: plantea una infraestructura fluvial integrada para toda la Mesopotamia y el NEA.

En ese punto, Gabur puso el foco en la hidrovía y reclamó que su alcance no quede limitado al tramo actualmente utilizado. “La hidrovía debe llegar más allá de Confluencia”, sostuvo, al plantear que Misiones, Corrientes y Chaco deben formar parte de un mismo esquema logístico que permita conectar la producción regional con los mercados internacionales.

La discusión sobre navegación tiene un componente regulatorio además del estrictamente físico. La ministra consideró necesaria una legislación que permita desarrollar plenamente el transporte fluvial y generar las condiciones para que los ríos puedan convertirse en corredores competitivos para las exportaciones regionales.

El planteo converge con una preocupación que también aparece entre los industriales forestales misioneros: producir a escala internacional no alcanza si el costo de trasladar la mercadería hasta los mercados elimina la ventaja obtenida dentro de la planta. La competitividad, en ese sentido, se juega tanto en la industria como en la infraestructura que la conecta con el mundo.

La energía representa el otro gran cuello de botella señalado por Gabur. Corrientes genera actualmente alrededor del 30% de la energía que consume a través de biomasa, una fuente vinculada directamente con su estructura forestal. Sin embargo, la falta de acceso al gas natural continúa siendo una limitación para ampliar las posibilidades industriales en buena parte del territorio.

Actualmente existen parques industriales con acceso al gas en Paso de los Libres, Curuzú Cuatiá y Mercedes. La situación es diferente en la zona central y norte de la provincia y particularmente en la capital, donde la ausencia de esta fuente energética representa, según la ministra, una desventaja para el desarrollo de nuevas industrias.

La funcionaria señaló que el gobernador Juan Pablo Valdés gestiona ante Nación para avanzar en esta agenda. El reclamo busca que la infraestructura energética acompañe el proceso de industrialización y que las empresas correntinas puedan competir en condiciones similares a las de otras regiones del país.

La ecuación que plantea Corrientes combina entonces tres variables: inversiones industriales, logística competitiva y energía. Las primeras ya comenzaron a materializarse; las otras dos aparecen como condiciones necesarias para que esas inversiones puedan ampliar su producción y generar un mayor efecto sobre la economía regional.

El desafío adicional será lograr que el crecimiento de los grandes establecimientos se conecte con las pequeñas y medianas empresas que integran la cadena. Para Gabur, la política pública debe generar condiciones para que los pequeños aserraderos también puedan incorporarse al proceso de modernización, certificación y acceso a mercados.

La discusión planteada en Posadas por los 80 años de AFoA mostró, así, que la forestoindustria del NEA atraviesa una oportunidad de transformación, pero también enfrenta restricciones que ningún establecimiento puede resolver por sí solo. La escala industrial, la infraestructura y la coordinación entre provincias aparecen como piezas de una misma estrategia.

Para Corrientes, el próximo salto no consiste únicamente en atraer más inversiones. Consiste en conseguir que la producción pueda salir de la región a costos competitivos, cumplir las exigencias de los mercados globales y generar un entramado de proveedores y empresas locales capaz de capturar una parte mayor del valor agregado.

En ese escenario, la integración con Misiones y el resto del NEA deja de ser una consigna institucional y se convierte en una cuestión económica concreta. Si la región logra coordinar puertos, hidrovía, caminos, energía y estándares productivos, la forestoindustria puede pasar de ser una actividad de fuerte base primaria a consolidarse como uno de los motores exportadores del nordeste argentino.

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