Inflación Argentina

La inflación de alimentos se mantiene contenida en la segunda semana de julio, según Analytica

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La inflación de alimentos continúa mostrando señales de moderación durante julio y refuerza la expectativa de un nuevo mes con variaciones por debajo del 2%. Según el último relevamiento semanal de la consultora Analytica, los precios de alimentos y bebidas aumentaron 0,3% durante la segunda semana del mes, mientras que el promedio móvil de las últimas cuatro semanas se ubicó en 1,6%.

Con estos registros, la consultora proyecta que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio alcanzará una variación mensual de 1,9%, consolidando un escenario de desaceleración inflacionaria que, de confirmarse, extendería la tendencia observada durante los últimos meses.

La evolución regional muestra comportamientos heterogéneos, aunque sin grandes desvíos respecto del promedio nacional. La Patagonia registró el mayor incremento semanal, con una suba de 0,5%, mientras que Cuyo presentó el menor avance, con apenas 0,2%. En tanto, el NOA mostró estabilidad prácticamente total y el NEA fue la única región donde se observó una leve reducción de precios, con una variación de -0,1%, una señal relevante para las economías familiares del norte argentino.

El análisis por rubros también refleja un cambio en la composición de la inflación alimentaria. En el promedio de las últimas cuatro semanas, las verduras continúan encabezando los incrementos con una suba de 6,4%, impulsadas por factores estacionales y por la sensibilidad de estos productos frente a las condiciones climáticas y logísticas.

Detrás aparecen los pescados y mariscos, con un incremento acumulado de 4,1%, mientras que otros componentes de la canasta muestran una evolución considerablemente más moderada.

Uno de los datos más relevantes del informe es la estabilidad de las carnes y derivados, que registraron un aumento de apenas 0,1% en las últimas cuatro semanas. El dato se alinea con otros relevamientos recientes que muestran un mercado cárnico con menor capacidad para trasladar aumentos al consumidor, en un contexto donde la competencia con otras proteínas y la desaceleración de la inflación limitan nuevos ajustes de precios.

Las frutas, por su parte, acumularon una suba de apenas 0,5%, mientras que la categoría integrada por café, té, yerba y cacao mostró una caída de 0,2%, convirtiéndose en uno de los pocos rubros con variación negativa durante el período analizado.

La dinámica observada confirma que la inflación de alimentos atraviesa una etapa distinta respecto de los fuertes aumentos registrados en años anteriores. En un escenario de mayor estabilidad macroeconómica, las variaciones comienzan a responder con mayor intensidad a factores estacionales y específicos de cada cadena productiva, más que a procesos generalizados de aceleración de precios.

Para los hogares, especialmente aquellos de menores ingresos, esta desaceleración resulta significativa porque los alimentos representan la mayor proporción del gasto mensual. Al mismo tiempo, para las provincias del NEA, donde el relevamiento registró una leve baja semanal de precios, el dato constituye una señal favorable para el poder adquisitivo, aunque el desafío continúa siendo consolidar esta tendencia en un contexto de recuperación gradual del consumo.

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La nafta pulverizó el salario: un sueldo compra casi diez tanques menos que al inicio de la gestión Milei

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El deterioro del poder adquisitivo también puede medirse en litros. En noviembre de 2023, un salario mediano del sector privado registrado permitía llenar 26,3 tanques de nafta súper de 50 litros. En julio de 2026, el mismo ingreso alcanza para apenas 16,4 tanques.

La pérdida equivale a 9,9 cargas completas, o casi 500 litros de combustible. En términos porcentuales, representa una caída del 37,6% en la capacidad del salario para comprar nafta desde el comienzo de la gestión de Javier Milei.

Los datos surgen de un informe del Instituto Argentina Grande, que cruzó la mediana salarial del Sistema Integrado Previsional Argentino con la evolución del precio de la nafta súper. El relevamiento muestra una brecha contundente: entre noviembre de 2023 y julio de 2026, el salario privado registrado aumentó 311%, mientras que el combustible acumuló una suba del 558%.

En otras palabras, el precio de la nafta avanzó casi 80% más que los salarios en términos relativos. Esa diferencia explica por qué, aun con aumentos nominales de ingresos, los trabajadores pueden comprar cada vez menos combustible.

La serie muestra que el deterioro no fue lineal. Después del desplome inicial registrado entre noviembre y diciembre de 2023, el poder de compra experimentó una recuperación parcial durante 2024 y la primera mitad de 2025.

El mejor registro posterior al cambio de Gobierno se produjo en junio de 2025, cuando el salario alcanzó para comprar alrededor de 22 tanques. Sin embargo, desde entonces comenzó una nueva caída.

En febrero de 2026, antes del agravamiento del conflicto internacional y de la nueva escalada del petróleo, el salario mediano todavía permitía comprar 19,4 tanques. Cinco meses después, en julio, la capacidad se redujo a 16,4 tanques: tres cargas menos en un período muy corto.

De acuerdo con el Instituto Argentina Grande, el precio de la nafta súper aumentó 27,2% desde el inicio del conflicto, mientras los ingresos volvieron a quedar rezagados.

Poder de compra del salario medido en tanques de nafta

El salario perdió casi diez tanques de nafta desde 2023

Cantidad de tanques de 50 litros de nafta súper que puede comprar un salario mediano del sector privado registrado.

26,3tanques en noviembre de 2023
16,4tanques en julio de 2026
-37,6%caída del poder de compra en combustible
Fuente: elaboración de Economis sobre datos del Instituto Argentina Grande, SIPA y Surtidores. Los valores intermedios fueron digitalizados del gráfico original; de abril a julio de 2026 el IAG estima una variación salarial del 2% mensual.

El “buffer” evitó una suba mayor, pero ahora demora la baja

Durante la etapa de mayor tensión internacional, el precio local de los combustibles no trasladó completamente la disparada del petróleo. YPF implementó desde abril un mecanismo de amortiguación, conocido dentro del sector como buffer de precios, que luego fue acompañado por el resto de las petroleras.

El sistema mantuvo la nafta súper cerca de los $2.000 por litro durante los meses en que el petróleo internacional registraba valores considerablemente más altos. La contracara es que las compañías acumularon una diferencia que ahora buscan recuperar antes de convalidar una reducción en los surtidores.

La consultora 1816 explicó que durante varios meses el combustible se vendió por debajo del precio que hubiera resultado de combinar la cotización internacional del petróleo y el tipo de cambio mayorista. Por eso, el valor actual funcionaría como una compensación para refinadoras y estaciones de servicio.

Esa lógica ayuda a entender por qué la baja del petróleo todavía no se trasladó a los consumidores. Aunque el crudo retrocedió desde sus máximos, los precios internos permanecen prácticamente sin cambios.

Fuentes del sector estiman que septiembre podría ser una fecha posible para una primera reducción. Sin embargo, la consultora 1816 considera que, si las petroleras buscaran recuperar completamente lo resignado durante el período de contención, los valores actuales podrían sostenerse hasta mediados de noviembre.

Las estimaciones privadas indican que, para adecuarse nuevamente al precio internacional del petróleo, los combustibles deberían bajar aproximadamente 16%.

Una reducción de esa magnitud tendría un efecto directo de alrededor de 0,65 puntos porcentuales sobre el Índice de Precios al Consumidor, sin contar los impactos indirectos sobre transporte, logística, alimentos, industria y servicios.

La decisión dependerá especialmente de YPF. Por su posición dominante, con más de la mitad del mercado minorista, la petrolera controlada por el Estado establece el precio de referencia que luego siguen las demás compañías.

Los impuestos agregan presión

A la dinámica del petróleo, el dólar y las compensaciones empresariales se suma la carga tributaria. En julio, el Gobierno nacional aplicó una nueva actualización parcial del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono.

El incremento representó $21,19 por litro de nafta sin plomo, más $1,298 correspondientes al impuesto al dióxido de carbono. Para el gasoil, el ajuste fue de $18,96 por litro.

El Gobierno volvió a aplicar solamente una parte del aumento acumulado y postergó para agosto el grueso de las actualizaciones pendientes de 2024, 2025 y el primer trimestre de 2026. No obstante, los sucesivos aplazamientos indican que ese cronograma podría modificarse nuevamente.

Así, incluso en un escenario de petróleo más barato, la recomposición de márgenes de las compañías y los impuestos pendientes limitan la posibilidad de una baja rápida.

La pérdida de poder adquisitivo medida en combustible excede el gasto de quienes utilizan diariamente un automóvil. La nafta y el gasoil forman parte de la estructura de costos del transporte, la producción, la distribución de alimentos, la actividad comercial y los servicios.

En provincias como Misiones, donde las distancias, la dispersión territorial y la dependencia del transporte por carretera son mayores, el impacto resulta especialmente sensible. El encarecimiento del combustible reduce el ingreso disponible de los hogares y presiona sobre los costos logísticos de las empresas.

La comparación de los últimos dos años expone una de las dimensiones más claras del ajuste sobre los ingresos: el salario nominal aumentó, pero quedó muy lejos de acompañar el precio de un insumo esencial. Al inicio del período alcanzaba para recorrer el equivalente a 26 tanques; hoy apenas cubre 16.

La eventual reducción de los surtidores podría moderar esa pérdida, pero difícilmente alcance para revertirla. Para recuperar la capacidad de compra de noviembre de 2023, el salario debería aumentar más de 60% respecto de la nafta o, alternativamente, el combustible tendría que registrar una reducción extraordinariamente superior a la proyectada por el mercado.

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Argentina queda en el fondo del ranking: el salario mínimo pierde contra la inflación y ronda los US$252

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La desaceleración de la inflación todavía no alcanza para recomponer los ingresos de los trabajadores argentinos. Mientras buena parte de América Latina comenzó 2026 con aumentos del salario mínimo superiores a la evolución de los precios, la Argentina transitó el camino inverso: el piso salarial perdió poder adquisitivo y quedó ubicado entre los más bajos de la región cuando se lo convierte a dólares.

Con un salario mínimo vital y móvil de $372.400 desde julio, el ingreso equivale a alrededor de US$252 al tipo de cambio oficial. La cifra coloca al país muy lejos de Costa Rica, Uruguay, Panamá y Chile, las economías que encabezan el mapa salarial latinoamericano, y también por debajo de vecinos y socios comerciales como Bolivia, Brasil, Paraguay y Perú.

La comparación en dólares debe tomarse con cautela, porque está condicionada por el tipo de cambio, las diferencias en el costo de vida y la metodología utilizada por cada país. Sin embargo, permite dimensionar el retraso relativo de la Argentina: el salario mínimo costarricense prácticamente triplica al argentino, mientras que los pisos salariales de Uruguay, Panamá y Chile más que lo duplican.

La brecha no es únicamente cambiaria. El problema central es que, aun después de los incrementos nominales establecidos durante 2026, el salario mínimo argentino volvió a perder contra los precios.

Salario mínimo en América Latina: la brecha con Argentina

Valores mensuales aproximados expresados en dólares, a junio-julio de 2026.

País Salario mínimo aproximado Diferencia frente a Argentina
Costa Rica US$ 751 198% superior
Uruguay US$ 648 157% superior
Panamá US$ 637 153% superior
Chile US$ 597 137% superior
México US$ 533 112% superior
Colombia US$ 533 112% superior
Ecuador US$ 482 91% superior
Perú US$ 335 33% superior
Brasil US$ 295 17% superior
Argentina US$ 252 Referencia
Fuente: elaboración de Economis sobre datos regionales publicados en junio de 2026. Los valores en dólares son aproximados y pueden variar según el tipo de cambio, la actividad, la región y la metodología salarial de cada país.
📌 La posición de Argentina en la región

Argentina ocupa uno de los últimos lugares de América Latina. Sólo Cuba y Venezuela presentan salarios mínimos inferiores cuando se expresan en dólares. Sin embargo, ambos casos corresponden a economías con fuertes distorsiones cambiarias, por lo que la comparación debe interpretarse con cautela.

Además, Nicaragua, El Salvador y República Dominicana cuentan con esquemas de salarios mínimos diferenciados por sector de actividad o tamaño de empresa, lo que dificulta una comparación directa con países que poseen un salario mínimo nacional único.

Argentina, la excepción entre las principales economías

Entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, la inflación acumulada en la Argentina llegó al 9,4%, mientras que el salario mínimo registró una caída real del 3,3%. El salario de los trabajadores privados registrados también retrocedió: perdió un 3,8% de su poder adquisitivo durante ese período.

La dinámica contrasta con lo ocurrido en otras grandes economías de América Latina. En Colombia, el salario mínimo real aumentó un 19,3%; en México avanzó un 5,8%; en Brasil mejoró un 5,3%; y en Chile tuvo una suba más moderada, del 0,5%.

Argentina fue el único país de ese grupo en el que cayeron simultáneamente tanto el salario mínimo real como las remuneraciones del sector privado formal.

La diferencia expone una particularidad del escenario laboral argentino: la reducción del ritmo inflacionario no implica, por sí sola, una recuperación de los ingresos. Para que exista una mejora real, los salarios deben aumentar por encima de los precios. Eso no ocurrió en el inicio de 2026.

La comparación regional muestra que varios países aprovecharon la moderación de la inflación para recomponer una parte del poder adquisitivo perdido entre 2021 y 2024. En la Argentina, en cambio, la actualización del piso salarial volvió a quedar rezagada.

Un salario mínimo que se aleja de la región

Costa Rica encabeza las comparaciones regionales con un salario mínimo de referencia cercano a US$751 mensuales, seguida por Uruguay, con aproximadamente US$648. Panamá se ubica alrededor de US$637 y Chile cerca de US$600.

México y Colombia se instalaron en una franja próxima a los US$530, mientras que Ecuador ronda los US$482. Más abajo aparecen Perú, Brasil y la Argentina.

Con aproximadamente US$252, el piso argentino representa apenas un tercio del salario mínimo de Costa Rica y cerca del 42% del vigente en Chile. También queda alrededor de US$43 por debajo del brasileño y más de US$80 por debajo del peruano.

La comparación no significa que un trabajador costarricense o uruguayo tenga automáticamente tres veces más poder de compra que uno argentino. Los precios internos, la carga tributaria, el acceso a servicios públicos y el costo de la vivienda varían entre países. Pero el ranking permite observar la capacidad relativa de cada economía para establecer y sostener un piso de ingresos.

En ese mapa, Argentina dejó de ocupar una posición intermedia y pasó a integrar el grupo más rezagado de América Latina.

La pérdida no comenzó en 2026

El deterioro argentino tampoco es un fenómeno aislado del primer trimestre. De acuerdo con el análisis de Juan Pablo Filippini, profesor de Economía de la Universidad Austral, desde 2016 México y Colombia acumularon aumentos reales del salario mínimo muy superiores a los de la Argentina.

Brasil y Chile mostraron trayectorias más moderadas, pero consiguieron preservar o recuperar parte del ingreso. Argentina, en cambio, atravesó una pérdida persistente de poder adquisitivo.

La depreciación del peso, la elevada inflación y los ajustes nominales por debajo de los precios fueron debilitando el valor real del salario mínimo. El resultado es un piso legal que perdió capacidad para ordenar las remuneraciones y proteger a los trabajadores de menores ingresos.

La situación también limita su función como referencia para otros componentes del sistema de protección social. El salario mínimo incide sobre prestaciones, programas laborales y distintos parámetros utilizados en las relaciones de trabajo. Cuando su valor real cae, el deterioro se extiende más allá del grupo de trabajadores que lo cobra directamente.

El salario privado también retrocede

El caso argentino aporta además una diferencia relevante respecto del resto de la región. En Brasil, México y Colombia, el aumento real del salario mínimo no logró trasladarse completamente al conjunto de los trabajadores privados formales. Sin embargo, al menos el piso legal mostró una recuperación.

En la Argentina cayeron los dos indicadores: el salario mínimo real bajó un 3,3% y el salario privado registrado, un 3,8%.

Esto significa que el retraso no se limita a una decisión administrativa sobre el piso salarial. Refleja una debilidad más amplia de los ingresos laborales, en un contexto de actividad económica irregular, empresas con márgenes estrechos y menor capacidad de negociación salarial.

La economía argentina creció un 0,5% entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, según la comparación presentada por la Universidad Austral. No obstante, esa mejora no alcanzó para impulsar una recomposición salarial. En el mismo período, la inflación fue ampliamente superior a la de Brasil, Colombia y Chile.

La desaceleración inflacionaria no garantiza recuperación

La inflación argentina bajó al 1,9% mensual en junio de 2026, el menor registro de los últimos diez meses. Sin embargo, durante el primer semestre acumuló un 16,8% y la variación interanual permaneció en el 33,5%.

El dato muestra por qué la desaceleración no debe confundirse con una baja de precios. Los bienes y servicios continúan encareciéndose, aunque a una velocidad menor. Por lo tanto, cualquier actualización salarial inferior a esa variación implica una nueva pérdida de poder adquisitivo.

Para los trabajadores ubicados en la base de la pirámide salarial, el problema es especialmente grave porque una porción mayor de sus ingresos se destina a alimentos, vivienda, transporte y servicios esenciales.

La recuperación del salario real dependerá de que las futuras actualizaciones superen de manera sostenida a la inflación. También requerirá una mejora de la actividad y de la productividad que permita a las empresas absorber mayores costos laborales sin reducir empleo, horas trabajadas o formalidad.

El dilema regional: salario, productividad e informalidad

Los aumentos del salario mínimo generan un debate en toda América Latina. Cuando están acompañados por crecimiento económico, mayor productividad y demanda de trabajadores, pueden mejorar los ingresos sin provocar desequilibrios relevantes.

Pero cuando las remuneraciones aumentan muy por encima de la productividad, algunas empresas pueden responder trasladando costos a los precios, reduciendo contrataciones, postergando inversiones o avanzando hacia formas de empleo informal.

El riesgo es mayor en pequeñas empresas y sectores intensivos en mano de obra. También en economías con una elevada proporción de trabajadores fuera del sistema formal.

Por eso, los especialistas advierten que el salario mínimo no puede resolver por sí solo los problemas estructurales del mercado laboral. Su efectividad depende de políticas que promuevan la productividad, la inversión, el empleo registrado y la formalización.

En Argentina, sin embargo, el desafío inmediato aparece un paso antes: evitar que el piso salarial continúe perdiendo contra la inflación.

La comparación regional deja una señal contundente. Mientras varios países comenzaron a recuperar parte del poder adquisitivo perdido durante el ciclo inflacionario, la Argentina siguió retrocediendo. El salario mínimo no solamente quedó entre los más bajos de América Latina medido en dólares: también fue uno de los pocos que volvió a caer en términos reales.

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La inflación en el NEA volvió a desacelerar y tuvo la menor suba en nueve meses

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El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la región del NEA registró un alza del 1,9% en el mes de junio de 2026, presentando una nueva desaceleración respecto al mes anterior y marcando su mejor resultado desde septiembre 2025. A nivel acumulado del primer semestre los precios del nordeste crecen 19,9% y 36,5% en la trayectoria interanual; en los dos últimos los casos, el NEA muestra la mayor suba de precios del país.

En el NEA, la suba mensual de junio 2026 presentó una desaceleración de 0,7 puntos porcentuales respecto al mes previo (2,6% en mayo 2026), mayor a la observada para el total país (-0,2 p.p.). A nivel interanual, la suba de precios fue del 36,5%, en este caso acelerando contra el mes anterior y llegando al mayor nivel desde junio de 2025.

En la comparación con las otras regiones del país, el NEA presentó la segunda mayor suba mensual de precios de todo el país, al tiempo que sostiene el incremento más alto en el acumulado anual y en la trayectoria interanual.

Otra vez, Vivienda y servicios empujó la suba en la región

Desagregando por divisiones, durante junio hubo seis divisiones que mostraron expansiones superiores al total general regional: la más fuerte se vio, por tercer mes al hilo, en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles con 5,0% que estuvo explicado fundamentalmente por nuevas subas en tarifas de electricidad y gas (6,4%); le siguió Salud con 3,0% impulsado por medicamentos; y más atrás se ubicaron completó el podio Recreación y Cultura y Educación (2,8% en cada caso); Bebidas alcohólicas y tabaco (2,4%) y Bienes y servicios varios (2,2%).

A su vez, las divisiones que arrojaron alzas inferiores al nivel general regional fueron Equipamiento y mantenimiento del hogar (1,8%), Alimentos y bebidas no alcohólicas (1,5%), Restaurantes y Hoteles (1,2%), Prendas de vestir y calzado (0,7%), Transporte (0,4%) y Comunicación mostró caída de precios (-0,1%).

En el análisis de la comparación interanual, la división de Vivienda y servicios sostiene el liderazgo en la región con una suba del 70,7%, casi dos veces más que el nivel general regional (36,5%); le sigue Educación (42,3%) y Restaurantes y Hoteles (41,1%); en el extremo opuesto, Prendas de vestir y calzado (14,4%) muestra la menor suba año/año.

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La inflación fue de 1,9% en junio y acumuló 16,8% en el primer semestre

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La inflación retomó la senda descendente en junio y consolidó el proceso de desaceleración que el Gobierno busca sostener como principal ancla macroeconómica. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación mensual de 1,9%, el mismo nivel observado en agosto de 2025, convirtiéndose en el registro más bajo de los últimos diez meses. Con este resultado, la inflación acumuló 16,8% en el primer semestre y 33,5% en los últimos doce meses, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

El dato quedó en línea con las proyecciones privadas y refuerza el escenario de moderación de precios que impulsa el Ministerio de Economía, en un contexto de menor emisión monetaria, estabilidad cambiaria y una demanda interna todavía contenida.

La composición del índice muestra que la desaceleración no fue homogénea. El rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezó las subas con 3,9%, impulsado principalmente por aumentos en alquileres y servicios públicos. Le siguieron Recreación y cultura, con un incremento de 4%, y Salud, que avanzó 3,2% por el encarecimiento de medicamentos y cuotas de medicina prepaga.

En contraste, el componente de mayor peso dentro del índice, Alimentos y bebidas no alcohólicas, aumentó apenas 1,2%, contribuyendo a moderar la inflación general. Dentro de este rubro se destacó la fuerte baja de las frutas (-2,6%), mientras que las carnes y derivados prácticamente no registraron variaciones (0,1%). La principal presión provino de verduras, tubérculos y legumbres, que subieron 8,3%, reflejando factores estacionales.

En términos regionales, el comportamiento fue relativamente uniforme. El Gran Buenos Aires y el Noreste Argentino (NEA) registraron una inflación mensual de 1,9%, la región Pampeana alcanzó el 2%, mientras que Noroeste, Cuyo y Patagonia mostraron variaciones de entre 1,6% y 1,7%.

Para el NEA, donde se encuentra Misiones, el informe revela algunas particularidades. El mayor incremento correspondió a Electricidad, gas y otros combustibles, con una suba de 6,4%, seguido por Vivienda. En el extremo opuesto, la adquisición de vehículos mostró una caída de 0,7%, mientras que los servicios de telefonía e internet descendieron 0,7%.

En la comparación acumulada del primer semestre, los mayores aumentos continúan concentrándose en los servicios regulados. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles acumula una suba de 23,9% a nivel nacional, mientras que Educación avanzó 25,4% y Restaurantes y hoteles 17,5%. En alimentos, el incremento acumulado llegó al 17,3%, apenas por encima del índice general.

La medición interanual también refleja un cambio de tendencia respecto de los picos registrados durante 2024 y comienzos de 2025. El 33,5% anual representa una marcada desaceleración frente a los registros superiores al 100% observados meses atrás, aunque persisten fuertes incrementos en rubros como Vivienda (43,3%), Transporte (42,5%) y Restaurantes y hoteles (35,1%).

Otro dato relevante es el comportamiento de las canastas de referencia para medir la pobreza. Durante junio, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) aumentó 1,3%, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) avanzó 2,2%, una dinámica que mantiene cierta presión sobre el costo de vida de los hogares pese a la desaceleración del índice general.

El dato de junio fortalece la estrategia oficial de consolidar una inflación mensual por debajo del 2%, un umbral que el Gobierno considera clave para mejorar las expectativas, sostener el proceso de desinflación y avanzar hacia una mayor normalización macroeconómica durante el segundo semestre.

ipc_07_26D38930EEA5 INDEC by CristianMilciades

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