Caputo proyecta baja de inflación desde abril y refuerza la apuesta oficial al ciclo exportador
El ministro de Economía reconoció un mal dato de actividad en febrero, pero aseguró que la inflación alcanzó un pico en marzo y comenzará a descender. El Gobierno apoya su estrategia en exportaciones y energía.
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El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que la inflación “tuvo un pico en marzo” y que desde abril iniciará una trayectoria descendente, durante su exposición en la apertura de ExpoEfi 2026. En el mismo evento, admitió que el dato de actividad de febrero fue negativo, aunque lo contrastó con lo que definió como “números récord” previos, en un contexto donde el Gobierno busca sostener expectativas en torno al proceso de desinflación.
La exposición de Caputo se da en un momento donde la política económica enfrenta tensiones entre indicadores mixtos. Por un lado, el reconocimiento de una caída en la actividad en febrero introduce cautela. Por otro, el ministro insistió en que el sendero general sigue siendo positivo, con foco en sectores clave como el agro y la energía.
Según detalló, el agro atraviesa un “boom” productivo con 160 millones de toneladas, lo que —de acuerdo a su lectura— responde a un esquema de previsibilidad que incentiva la inversión. En paralelo, proyectó un superávit energético superior a los 350.000 millones de dólares hacia 2035, ubicando a este sector como pilar estructural de la estrategia económica.
Inflación, tasas y tipo de cambio
El eje central del mensaje oficial sigue siendo la inflación. Caputo vinculó el comportamiento de los precios con dos variables: la baja de tasas en pesos y la dinámica cambiaria. Señaló que, pese a un escenario donde “normalmente” una suba del tipo de cambio combinada con tasas más bajas presionaría al alza, el Banco Central interviene comprando divisas para evitar una apreciación mayor del peso.
Ese esquema, sostuvo, es el que permitiría retomar el proceso de desinflación tras el dato de marzo, que marcó 3,4% según el Indec. La interpretación oficial sugiere que el movimiento de tasas no compromete el objetivo de desaceleración de precios, sino que lo acompaña.
El discurso de Caputo apunta a sostener una narrativa de transición. Reconoce un freno en la actividad, pero lo encuadra dentro de una etapa posterior a un ciclo expansivo reciente. La clave pasa por mantener ancladas las expectativas en torno a la inflación y reforzar la idea de que los fundamentos —exportaciones, energía— siguen firmes.
En términos políticos, el Gobierno necesita que esa expectativa se sostenga. La promesa de una baja inflacionaria desde abril funciona como señal hacia el mercado y los actores económicos, en un contexto donde los indicadores de corto plazo muestran volatilidad.
Entre el corto y el mediano plazo
Si la trayectoria descendente de la inflación se confirma, el efecto podría trasladarse a precios y consumo, con impacto directo en el poder adquisitivo. Sin embargo, el reconocimiento de un retroceso en la actividad introduce un límite inmediato.
El énfasis en exportaciones y energía apunta al mediano plazo. El agro y el sector energético aparecen como motores de ingreso de divisas y generación de inversión, aunque esos efectos no necesariamente se trasladan de forma inmediata al conjunto de la economía.
El punto de inflexión estará en los próximos datos. La evolución de la inflación desde abril, la reacción del consumo y la continuidad del ritmo exportador serán variables centrales. También la dinámica entre tasas, tipo de cambio y compras del Banco Central.
El Gobierno plantea que el peor dato ya quedó atrás en términos de precios. El mercado y los indicadores definirán si esa expectativa se consolida o enfrenta nuevas tensiones.
