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La inflación fue de 2,9% y el NEA estuvo por encima del promedio

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La inflación de febrero marcó diez meses consecutivos con precios en alza y en un promedio alto: fue de 2,9 por ciento en el país -mismo porcentaje que el mes pasado- y el NEA estuvo por encima, con 3,1 por ciento, otro dato elevado, pero por debajo de enero y del Noroeste, que fue la región con la mayor suba de precios, con 3,5 por ciento. La inflación interanual alcanzó el 33,1 por ciento, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Lo que más aumentó fueron los gastos de Viviendas, agua, electricidad, gas y combustible, con 6,8 por ciento, sin que todavía hayan impactado los efectos de la suba del petróleo, por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. El mayor impacto en las tarifas se dio por la quita de subsidios a la energía eléctrica, que todavía no termina de mostrarse en toda su dimensión. En el NEA, por caso, rige la tarifa reducida por zona de calor, pero en abril ese beneficio se perderá.

En contraste, en el NEA la división alimentos y bebidas no alcohólicas, marcó la suba principal, con 4,5 por ciento.

El NEA fue la región con el tercer mayor incremento de precios del  país en ese mes. Si bien desaceleró contra el mes previo, se mantuvo en altos niveles por  encima del 3%, destacó un informe elaborado por la consultora Politikon Chaco en base a  datos del INDEC. 

En el NEA, la suba mensual de febrero 2026 presentó una desaceleración de 0,7 puntos porcentuales respecto al mes previo (3,8% en enero 2026), pero ello no impidió que el  índice vuelve a colocarse por encima del 3%, llevando ya tres meses por encima de esa  marca, algo que no sucedía desde el trimestre julio-septiembre del 2024. A nivel interanual,  la suba de precios fue del 32,1%.

Otro dato altamente negativo para la región es que en el acumulado del primer bimestre, la  suba de precios en el NEA llegó al 7,1%, siendo así la más alta del país y se ubica, además,  muy por encima de igual período del 2025 cuando fue de 4,4%.

Desagregando por divisiones, durante febrero hubo solo tres divisiones con expansiones  superiores al total general regional: la más fuerte se vio en Alimentos y Bebidas no  alcohólicas con 4,5%, explicado fundamentalmente por las subas registradas en Carnes  (6,7%), Aceites, grasas y mantecas (6,0%) y Verduras, tubérculos y legumbres (5,8%). En  segundo lugar quedó Vivienda, agua, electricidad, gas con un alza del 3,4%, traccionado  principalmente por las tarifas de energía y de gas. El podio se completó con Recreación y  Cultura con 3,4% empujado por periódicos, diarios, revistas, libros y artículos de papelería que crecieron al 5,1%. 

A su vez, las divisiones que arrojaron alzas inferiores al nivel general regional fueron  Equipamiento y mantenimiento de hogar (2,7%), Transporte (2,5%), Salud (2,4%), Bienes  y servicios varios (2,4%), Restaurantes y Hoteles (2,2%), Bebidas alcohólicas y tabaco  (2,0%), Comunicación (1,7%), Educación (1,4%) y cierra Prendas de vestir y calzado  (0,3%).

En el análisis de la comparación interanual, la división de Educación mostró la mayor suba de febrero en el NEA con 47,6%, seguida por Restaurantes y Hoteles (47,3%) y Vivienda,  Agua, Electricidad, Gas y otros (43,1%); en el extremo opuesto, Equipamiento y  mantenimiento del hogar (14,6%) muestra la menor suba año/año. 

En febrero, los precios Núcleo fueron los de mayor crecimiento en el NEA visto por  categorías: fue de +3,4% cuando en enero pasado había registrado +3,0%; esta aceleración  es preocupante de cara a los próximos meses. Por el contrario, tanto los precios  Estacionales como los Regulados mostraron desaceleración en este mes: en el primer caso,  la suba fue de 1,8% (contra el 6,6% de enero) lo que ayudo a compensar parcialmente la  suba general regional; en el caso de los Regulados, la suba fue de 3,1%, un alto nivel pero  con desaceleración fuerte contra lo que había sido enero (5,4% en ese mes). 

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Trabajar y no poder comer: más del 60% de los trabajadores asalariados saltea comidas por falta de recursos

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El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) realizó una encuesta nacional a trabajadores asalariados formales para conocer qué, cómo y en qué condiciones comen durante su jornada laboral, así como las desigualdades que atraviesan esas prácticas. El estudio, llamado “La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina”, revela un panorama preocupante: solo el 16,5% de la fuerza laboral está libre de privaciones alimentarias.

El informe, desarrollado con la colaboración de Edenred, sostiene que el 83,5% restante enfrenta algún tipo de vulnerabilidad, ya sea por restringir la cantidad de comida o por resignar su calidad nutricional debido a motivos económicos.

Sin embargo, el dato más alarmante es que más del 60% de los asalariados admitió haber salteado alguna comida en su jornada por falta de recursos (un 46,7% de forma ocasional y un 14,4% de manera regular). La situación empeora en el caso de los más jóvenes: el 70,7% de los trabajadores de 18 a 29 años omite comidas, un ajuste forzado por los salarios iniciales más bajos.

A esto se suma que el 78,5% de los trabajadores tuvo que optar por alimentos menos nutritivos y más económicos para poder comer. De este grupo, uno de cada cuatro (24,6%) ya lo incorporó como una práctica habitual.

En cuanto a los costos, el 43,9% de los trabajadores gasta entre $5.001 y $10.000 diarios y un 20% supera los $10.000. Ante esta realidad, el 80,4% de los asalariados se manifiesta a favor de recibir un aporte de su empleador para la alimentación, con libertad de elección.

El apoyo es casi unánime entre quienes más lo necesitan: los trabajadores de la construcción (90,1%), los jóvenes (84,9%) y en quienes saltean comidas y además bajan la calidad de su alimentación el reclamo se incrementa en el 91,5% de los casos.

Además, la expectativa de mejora en la salud es alta. Un 58,7% de los trabajadores espera mejoras significativas en su bienestar si recibiera este tipo de ayuda, una percepción que se eleva entre mujeres, jóvenes y empleados del sector público, donde las condiciones actuales son más precarias.

“Que 8 de cada 10 asalariados manifieste querer un aporte de su empleador para la alimentación, con libertad de elección, no es solo un dato: es una señal clara de que existe una demanda concreta, transversal y urgente, sostuvo Bárbara Granatelli, directora de Asuntos Públicos para Europa, América Latina y Medio Oriente de Edenred.

Por otro lado, el estudio señala que la posibilidad de acceder a una comida digna no es homogénea. Casi uno de cada cuatro trabajadores (22,6%) no come nada durante su jornada laboral, una ausencia que se concentra en el sector público, las pequeñas empresas y, de manera específica, en el Noreste argentino (NEA), donde la mitad de los trabajadores (50,1%) declara no hacerlo.

A su vez, el informe advierte que entre quienes no cuentan con recursos como heladera o microondas en sus espacios de trabajo, el salteo de comidas asciende al 72,0%. En cambio, recibir un aporte del empleador actúa como un escudo protector, reduciendo la incidencia al 43,9%.

No obstante, esto último no es lo común ya que el 55,6% de los asalariados no recibe ningún tipo de contribución de su empleador para comer. El apoyo económico es más habitual entre los salarios altos, mientras que la falta de cobertura es persistente en los de menores ingresos. Por ejemplo, el 41,8% de los trabajadores que ganan hasta $800.000 califica su dieta como poco saludable, una cifra que se reduce al 23,8% entre quienes superan los $2.000.000.

“Mejorar la alimentación laboral es, en definitiva, mejorar la calidad del trabajo y, por extensión, la salud colectiva. Los datos advierten la necesidad de un cambio de paradigma: dejar de ver la comida laboral como un beneficio discrecional para entenderla como un pilar del bienestar y la productividad, concluye el estudio.

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La inflación en Estados Unidos muestra señales de alivio, pero la Fed podría complicar el panorama

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Por John Kerschner, director global de productos y gestor de carteras en Janus Henderson Investors. El dato de inflación en Estados Unidos publicado esta mañana trajo, al menos en apariencia, algunas señales alentadoras. Según analizó John Kerschner, Global Head of Securitized Products y Portfolio Manager de Janus Henderson Investors, el índice de precios al consumidor (IPC) mostró una dinámica moderada que confirma que la inflación medida por los precios al consumidor sigue moviéndose en la dirección correcta.

El IPC general registró un aumento mensual de 0,27%, lo que deja la variación interanual en 2,43%. En tanto, el IPC subyacente -que excluye los componentes más volátiles- avanzó 0,22% en el mes y se ubicó en 2,47% interanual.

Ambos indicadores coincidieron prácticamente con las expectativas del mercado y marcaron el nivel interanual más bajo del IPC subyacente en casi cinco años, desde el salto inflacionario que siguió a la pandemia a comienzos de 2021. En ese contexto, la reacción del mercado de bonos fue prácticamente inexistente: los rendimientos apenas retrocedieron levemente.

Uno de los datos más relevantes del informe, según Kerschner, proviene del indicador conocido como Owner’s Equivalent Rent (OER) —una medida que estima el costo implícito de la vivienda para los propietarios—. Este componente registró una suba interanual de 3,17%, el nivel más bajo desde octubre de 2021, lo que sugiere que la presión sobre los costos de vivienda continúa moderándose.

El nivel actual del OER se ubica, de hecho, en una zona similar a la observada entre 2016 y 2020, cuando el mercado inmobiliario estadounidense ya se había recuperado de la crisis financiera global pero todavía no había experimentado el fuerte aumento de precios de las viviendas que siguió a la pandemia.

Sin embargo, el panorama no es completamente positivo. Kerschner advierte que el próximo dato de inflación medido por el índice de gastos de consumo personal —el PCE, que se publicará el viernes— probablemente muestre un panorama bastante menos favorable. Las estimaciones apuntan a una inflación superior al 3% y, más preocupante aún, con una tendencia que estaría moviéndose en la dirección equivocada.

La diferencia radica en la forma en que se construyen ambos indicadores. Mientras el IPC mide la evolución de una canasta fija de precios al consumidor, el PCE se basa en lo que efectivamente compran los hogares. Por esa razón, este índice tiene una mayor exposición al gasto en salud y menor peso del componente vivienda.

Históricamente, la inflación medida por el PCE suele ubicarse alrededor de 50 puntos básicos por debajo del IPC. En el escenario actual ocurre lo contrario: el PCE estaría aproximadamente 50 puntos básicos por encima, una anomalía que complica la lectura de la política monetaria.

Esto coloca a la Reserva Federal de Estados Unidos en una posición incómoda. El banco central ha reiterado en múltiples ocasiones que considera al PCE como su medida de inflación “preferida”. Aunque el actual presidente, Jerome Powell, tiene cierto margen político dado que su mandato finaliza en mayo, su posible sucesor, Kevin Warsh, podría enfrentar decisiones complejas a la hora de recortar las tasas de interés, especialmente si el mercado laboral continúa mostrando señales de debilidad.

A este escenario se suma otro factor de presión: el precio del petróleo. Desde el inicio de la guerra con Irán, el crudo subió aproximadamente 33%. Aunque parte de ese movimiento podría ser transitorio, Kerschner considera probable que el petróleo termine estabilizándose en niveles algo más altos que los de hace dos semanas.

Como referencia, señala que un aumento del 10% en el precio del petróleo suele traducirse en un incremento de entre 20 y 30 puntos básicos en la inflación general. Por eso, aunque los datos de hoy ofrecen cierto alivio para los mercados, no se descarta que en los próximos meses vuelvan a aparecer registros inflacionarios más incómodos, que la Reserva Federal podría tener -o no- margen para ignorar.

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Milei y una agenda legislativa para 2026 plagada de “reformas estructurales”

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La consultora Ecolatina analiza que el presidente Javier Milei lanzó en la apertura de sesiones una ofensiva legislativa con 90 proyectos y busca instalar un ciclo permanente de reformas.

En la apertura de sesiones ordinarias, Javier Milei anunció una agenda legislativa orientada a impulsar lo que llamó “reformas estructurales” del Estado. El mandatario adelantó que cada ministerio trabaja en paquetes propios de proyectos y que el Gobierno prevé presentar cerca de 90 iniciativas a lo largo del año, con un promedio de diez por mes. Según lo planteado, el objetivo es sostener un ciclo continuo de reformas durante los próximos meses, orientado a reconfigurar el marco institucional y regulatorio del país. Aquí la agenda anunciada:

La vieja idea del reformismo permanente: frente a una sociedad que demanda cambios profundos, la respuesta gubernamental natural (estrategia dominante) es la de ofrecer cambios y reformas profundas. Algo de eso es lo que busca Milei ofrecer a la sociedad, siendo que durante los dos primeros años no pudo avanzar casi ningún tipo de reforma por el Congreso. Uno podría decir sin ánimo a equivocarse, que importa menos el contenido de las reformas que el anuncio de las reformas. No porque el contenido no sea importante, sino porque el anuncio se vuelve muy relevante para Milei, no solo para atender la demanda de cambio, sino también, para construir expectativas. Si se avanzan con las reformas, el futuro puede ser mejor. Allí radica su necesidad de mostrarse con una agenda reformista frente al público. Veremos cuánto de esas reformas podrán ser pasadas por el Congreso.

La demanda cambió: ya no es más la inflación, ahora es la mejora del ingreso

La virtud del gobernante radica en buena medida en su capacidad de captar el pulso social. Leer e interpretar las demandas -y, sobre todo, advertir cuándo cambian – es condición esencial para garantizar la eficacia política. Sin esa sensibilidad, el poder se aísla, y va perdiendo legitimidad social.

Milei supo interpretar con mucha precisión la demanda ciudadana en diciembre de 2023. Cuando él llegó al poder, la ciudadanía pedía abrumadoramente que el gobierno baje la inflación. Y en buena
medida, el sostenimiento de los apoyos durante un período de ajuste fiscal profundo (año 2024), se explicó por los positivos resultados que se ofrecieron en materia de baja de la inflación.

El gobierno supo saber ubicar a la baja de la inflación como prioridad del programa económico al inicio de su ciclo, y las acciones de hoy invitan a pensar que Milei sigue insistiendo con esa prioridad: anunció que la inflación comenzaría con “0” en agosto de este año. Pero esa decisión no parece estar alineada a lo que se observa hoy en las demandas ciudadanas. Hace ya rato que la baja de la inflación dejó de ser la prioridad, y hoy los mayores temores derivaron en la situación el empleo y de los ingresos.

El problema para el Gobierno es que, si nos guiamos por las demandas ciudadanas, a Milei le va muy bien electoralmente entre los que siguen priorizando la baja de la inflación como prioridad, pero le va muy mal entre los que reclaman que se priorice la demanda de mejorar los ingresos. Entre los que dicen que les preocupan los bajos salarios, mayoritariamente se muestran inclinados a buscar un cambio en 2027, se muestran más inclinados a votar por un opositor, y muestran niveles de satisfacción muy bajos con Milei. Uno podría concluir que si Milei no atiende la demanda por mejorar el ingreso, podría estar pagando un alto costo electoral. Allí radica la necesidad de que pueda leer correctamente el cambio en las demandas ciudadanas.

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Argentina rompe su récord petrolero y el Gobierno apuesta a Vaca Muerta en medio de la suba global del crudo

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Argentina alcanzó en enero la producción de petróleo más alta desde que existen registros oficiales: 4.262.675 metros cúbicos de crudo. El dato, informado por la Secretaría de Energía de la Nación, supera el récord previo de diciembre de 2025 (4.245.403 m³) y marca un punto de inflexión tras 26 años sin perforar de forma sostenida la barrera de los cuatro millones en el primer mes del año.

La cifra adquiere dimensión política y económica por el contexto internacional. Con el recrudecimiento del conflicto entre Irán e Israel y la amenaza sobre el Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del suministro mundial— el barril Brent volvió a ubicarse por encima de los 80 dólares. En ese tablero energético inestable, el salto productivo local abre una pregunta estratégica: ¿puede el Gobierno convertir este récord en mayor ingreso de divisas sin trasladar la presión a los surtidores?

El rol decisivo de Vaca Muerta y la concentración territorial

El Ministerio de Economía celebró el resultado y precisó que en enero el país generó 882,2 barriles por día, un 16,5% más que en igual período del año pasado. El crecimiento interanual de la producción total fue de 15,7%.

El motor del récord fue Vaca Muerta. La formación no convencional impulsó un aumento interanual del 35,5% y explicó la mayor parte del salto. Si se desagrega el volumen total, la provincia de Neuquén produjo 2.971.259 m³ en enero, lo que representa el 69,7% del total nacional y un crecimiento del 32,37% interanual. La concentración territorial es evidente: una sola jurisdicción sostuvo casi siete de cada diez metros cúbicos extraídos en el país.

El contraste con otras provincias petroleras es marcado. Chubut produjo 587.163 m³, con una caída del 6,51% interanual y el peor enero en 25 años. Santa Cruz registró 255.014 m³, un retroceso del 21,5% y su inicio de año más bajo desde que se tiene registro. En 1999 había producido 1.243.834 m³, un 387% más que en la actualidad. Mendoza, por su parte, alcanzó 240.586 m³, con una baja del 10,63% frente a enero de 2025 y niveles que equivalen a la mitad de lo que extraía a comienzos de siglo. Río Negro mostró una suba del 6,97%, con 114.849 m³, aunque aún lejos de los más de 200 mil m³ que superaba entre 2000 y 2002.

El mapa productivo consolida una reconfiguración estructural: el eje energético se desplaza hacia el no convencional neuquino mientras las cuencas maduras continúan en declive.

Impacto económico: divisas, inversiones y riesgo inflacionario

El escenario externo ofrece una ventana de oportunidad. Un precio internacional más alto mejora la “caja” de las productoras que exportan y podría acelerar decisiones de inversión en infraestructura y desarrollo en Vaca Muerta. Hasta hace una semana, el crudo local se comercializaba en torno a los USD 70 por barril; un Brent por encima de los 80 dólares modifica proyecciones y rentabilidad.

Pero el beneficio tiene un límite interno. El petróleo representa alrededor del 40% del precio final del combustible. Si la cotización internacional continúa en alza, la presión sobre naftas y gasoil podría trasladarse al surtidor. Y cada ajuste impacta en costos logísticos y, en cadena, en bienes y servicios de la economía. Para el Gobierno, el desafío será administrar esa tensión entre ingreso de divisas y estabilidad de precios.

En términos de poder real, el récord fortalece la narrativa oficial sobre el desarrollo energético como pilar macroeconómico. También refuerza el peso político de las provincias productoras, en especial Neuquén, en la discusión sobre infraestructura, regalías y reglas de juego para el sector.

Un récord con interrogantes abiertos

El dato de enero no es un hecho aislado: en los últimos 325 meses, apenas cinco veces se superaron los cuatro millones de m³. Tras el antecedente de enero de 1999, hubo que esperar hasta agosto de 2025 para volver a cruzar ese umbral, con repeticiones en octubre, noviembre y diciembre de 2025 y ahora en enero de 2026. La diferencia es que hoy la marca comienza a consolidarse.

La incógnita es doble. Por un lado, si la producción podrá sostener este ritmo sin cuellos de botella en transporte y exportación. Por otro, si la volatilidad internacional se convertirá en una oportunidad estratégica o en una fuente adicional de presión inflacionaria.

El mercado energético global seguirá bajo tensión mientras el conflicto en Medio Oriente no encuentre un canal de desescalada. En ese contexto, Argentina exhibe números récord. La dimensión política y económica de ese logro dependerá menos del dato histórico y más de cómo se gestione la próxima curva del precio internacional.

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