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Inversión productiva en máximos históricos, ¿por cuánto tiempo más?

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En la Argentina, la inversión productiva fue el componente de la demanda agregada que más creció a la salida de la pandemia. En 2022, el PIB se habría expandido en torno al 5,7% i.a., en tanto estimamos que la inversión trepó 12% i.a., explicando aproximadamente 1 p.p. del crecimiento de la actividad. Así, la inversión representó 22% del PIB al tercer trimestre (3T, último dato disponible), llegando a niveles máximos desde 2017-18 y siendo un dato sólo superado por 4 trimestres desde el inicio de la serie en 2004. 

Dado este panorama, surgen los siguientes interrogantes, señala la consultora Ecolatina: ¿por qué la inversión productiva alcanzó niveles históricamente elevados pese a la inestabilidad macroeconómica que prevaleció en 2022? ¿cuáles fueron los drivers que permitieron su crecimiento? ¿constituye esto un “boom” inversor? ¿podrá mantenerse este desempeño favorable en 2023?  

Una disección a la inversión 

Dentro de Cuentas Nacionales de INDEC, la inversión se conoce como “Formación Bruta de Capital Fijo (IBIF)”. Este capítulo tiene en cuenta cuatro grandes categorías: (i) Construcciones; (ii) Maquinaria y equipo; (iii) Equipo de transporte; y (iv) Otros activos fijos. 

(i) Construcciones. Crecieron 6,3% i.a. hasta el 3T de 2022, mientras que la actividad de la construcción (ISAC) trepó 4,8% i.a. hasta el acumulado de noviembre. En este marco, queda en evidencia que, si bien la construcción tuvo un balance de año positivo (estimamos +5,4% i.a.), se ubicó por debajo de la evolución de la inversión general (-7 p.p.). 

La construcción expuso dos etapas disímiles: un primer semestre mayormente favorable y un retroceso a partir de la segunda parte del año. Hasta el primer semestre, la actividad mantuvo su tendencia de recuperación y llegó a crecer 5% i.a., volviendo a niveles de inicios de 2018. En este sentido, vale destacar que el sector venía de 26 meses consecutivos de caídas interanuales entre finales de 2018 y 2020, por lo que entre 2021 y mitad de 2022 el sector estaba en pleno proceso de recuperación.  

La construcción se vio beneficiada por una elevada brecha cambiaria generando incentivos extras a volcar pesos excedentes al sector, en un contexto de tasas reales negativas y un costo de la construcción medido en USD que, si bien tuvo una tendencia alcista desde 2021, seguía relativamente bajo en términos históricos. Además, los gastos de capital del Sector Público Nacional No Financiero (SPNNF) siguieron creciendo en términos reales (en 2022, +16,5% i.a. hasta junio) y la superficie permitida para edificar venía también en terreno positivo (+3,0% i.a.). Por último, dentro de esta categoría se encuentra el ítem Otras construcciones, que contempla -entre otras- las obras de infraestructura en Vaca Muerta, y fue también un claro dinamizador del sector: crecieron 12,0% i.a. al 3T.  

Ahora bien, con las turbulencias de mediados de 2022 el panorama empezó a complejizarse. En noviembre la actividad mostró la cuarta caída mensual consecutiva (desestacionalizada), retrocediendo 8,4% respecto a julio. Por el lado de la obra pública, el sesgo más contractivo de la política fiscal comenzó a verse reflejado en un recorte en obras de infraestructura (el gasto real cayó 3,8% i.a. en el 4T) y una merma en los despachos de asfalto (-12% i.a. en julio-noviembre). En lo que respecta a las obras privadas, mientras que el costo de la construcción medido en USD blue ha venido aumentando (subió 20% en 2022), el precio promedio de un inmueble en USD en CABA siguió retrocediendo (-8%), en un contexto de elevada oferta de propiedades a la venta, lo que redujo aún más la rentabilidad de los desarrolladores (-25% cayó el ratio Precio inmueble/Costo de la construcción medido en USD blue). Por último, un último factor a tener en cuenta es el poder de compra del salario para construir: los últimos datos muestran que esta relación alcanzó niveles mínimos históricos, dejando en evidencia que hoy en día la demanda de obra privada se ve reducida por los elevados costos medidos en poder adquisitivo.  

De esta manera, la construcción pasó de representar 44,1% de la inversión en 2021 a explicar un 41,3% promedio hasta el acumulado al 3T de 2022. Del 14,6% i.a. que creció la inversión en el acumulado hasta el 3T, 6,2 p.p. correspondieron a la actividad de este sector.  

(ii) Maquinaria y Equipo. El rubro se divide entre bienes de origen nacional e importado: los primeros treparon 15% i.a. hasta el 3T de 2022, mientras que las segundas lo hicieron a un ritmo de 32,2% i.a. (y en conjunto 25,0% i.a.), bien por encima de la evolución de IBIF. En la misma línea, los volúmenes de importación de bienes de capital crecieron 22,3% i.a. en el periodo, alcanzando los niveles más altos desde 2018, mientras que, por el otro, la producción de este segmento medida por el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) creció 12,1% i.a. hasta el acumulado a noviembre.  

La profundización del cepo cambiario a lo largo del año, reduciendo las escasas alternativas de ahorro, en conjunto a los incentivos que genera importar maquinaria al (atrasado) dólar oficial con los pesos sobrantes impulsaron a este tipo de inversión. Además, hay que tener en cuenta que este incremento también se da en un contexto de marcada recuperación del consumo privado (+10,7% i.a. al 3T), dejando en evidencia que el incremento en la producción y las mayores inversiones encontraron respuesta en un mayor dinamismo de la demanda interna. 

No obstante, al cierre del año se observó también un enfriamiento de este tipo de inversiones. En diciembre, los volúmenes importados de bienes de capital cayeron 23,9% i.a., afectados por el endurecimiento en las restricciones a las importaciones en un contexto de enfriamiento de la economía. Como resultado, estimamos que maquinaria y equipo importada creció sólo 3% i.a. en el 4T del año (vs 32,2% i.a. acumulado hasta septiembre), mientras maquinaria y equipo nacional habría trepado a un ritmo del 4,5% i.a. año (vs 15% i.a. acumulado hasta el 3T). 

Así, Maquinaria y equipo ganó peso en la inversión general por sobre Construcciones (en conjunto explican el 90% del total) y representó un máximo histórico desde 2004. El rubro pasó a representar un 48,3% en promedio hasta el 3T, en comparación con el 44,3% del mismo lapso de 2021 (+4 p.p.). Además, también existió un incremento de la proporción de importados (58% al 62%) sobre nacionales en el último año. En el acumulado del año, este grupo explicó 7 p.p. del crecimiento de la inversión general. 

Por último, se encuentran dos grupos –Equipos de transporte y Otros activos fijos-, que en conjunto representan el 10% de la inversión. El primero creció 6,5% i.a. en el acumulado hasta el 3T, con un desempeño disímil a su interior: equipos de transporte nacionales treparon 9,6% i.a. (en línea con la producción medida por el IPI, que habría subido en torno al 12% i.a. en el año), mientras que los importados cayeron -2,7% i.a. En este sentido, las restricciones a las importaciones terminaron por tener un impacto negativo en la inversión de transporte importado (-10% i.a. en diciembre), en un contexto en el cual la prioridad de divisas se orienta hacia otros sectores (como provisión de insumos, por caso). Por su parte, Otros activos fijos -donde se incluye investigación y desarrollo, recursos biológicos cultivados y exploración minera- subió 11,8% i.a. en los primeros nueve meses, dinamizada principalmente por el desarrollo de Vaca Muerta. 

¿Qué esperamos para este año electoral? ¿Y a mediano plazo? 

En suma, las distorsiones macroeconómicas, lejos de desalentar la inversión, fueron factores que la impulsaron. El control de cambios, la amplia brecha cambiaria y las tasas de interés reales negativas durante gran parte del año generaron incentivos a invertir pesos excedentes en bienes importados a un tipo de cambio oficial considerado barato, sumado a que la construcción siguió emergiendo como una herramienta defensiva para la preservación de valor.  

Asimismo, el salto en las exportaciones, junto con el “dólar soja” y el mayor crédito comercial forzado por la nueva normativa permitieron seguir financiando un elevado nivel de importaciones, evitando que la actividad económica cayera en una recesión severa y permitiendo que la inversión se mantuviera en terreno positivo. En este sentido, vale recordar que la inversión tiene un fuerte carácter procíclico, reaccionando más que proporcionalmente a los ciclos expansivos/contractivos de la actividad económica. 

Sin embargo, los indicadores adelantados (ISAC, importaciones de bienes de capital, producción de bienes de capital y transporte, entre otros) auguran que existió una desaceleración marcada de la inversión en el último tramo del año pasado. Según nuestras estimaciones, la inversión habría crecido en torno al 4% i.a. en el 4T, representando una desaceleración de 10 p.p. respecto a los trimestres previos.  

En la misma línea, estimamos que esta tendencia se acentúe en 2023. Nuestra proyección actual contempla un crecimiento de la inversión que seguiría levemente por encima del PIB (2,0% y 1,4%, respectivamente), pero que claramente representará una desaceleración respecto a las tasas de crecimiento que se vieron en 2022. 

Si bien el incentivo a importar a dólar barato y construir en un contexto de cepo cambiario seguirán prevaleciendo, frente a una demanda que no se derrumba, al mismo tiempo ganan terreno otros factores coyunturales que limitarían su dinámica: (i) Las restricciones a las importaciones continuarán, y los bienes de capital importados son los que tienen más probabilidad de ser los primeros perjudicados -dado que ya crecieron mucho en el último tiempo y perjudicarían menos al proceso de producción- en un escenario donde se seguirá priorizando importar bienes intermedios, piezas y acc.; (ii) El sesgo contractivo de la política fiscal en un contexto de reducción del déficit acordado con el FMI seguirá presente, condicionando la dinámica de la obra pública, junto con tasas de interés reales positivas que, si bien operan por medio de un canal con efectividad limitada, desincentivan al crédito; (iii) La incertidumbre que genera el propio proceso electoral puede, en algunos casos, paralizar y/o posponer a las inversiones productivas hasta los comicios. 

En una perspectiva de mediano plazo, será difícil que la inversión productiva sostenga una trayectoria de crecimiento en un contexto de inestabilidad macroeconómica y fuertes restricciones en el mercado de divisas. El cepo cambiario y la elevada brecha pueden generar incentivos transitorios a invertir en maquinaria, equipo y transporte, pero en un contexto de restricciones este efecto se irá diluyendo año a año: es lógico pensar que esta inversión se vea limitada y tenga un techo bajo en la medida que no venga acompañado de una ampliación de los horizontes de planificación en un marco de mayor estabilidad y recuperación de las reservas internacionales. Por el lado de la construcción, un factor que también limita notablemente el crecimiento de mediano plazo del sector es el acceso al crédito hipotecario, que históricamente ha sido muy reducido en el país.  

Los efectos nocivos de la profundización del cepo cambiario sobre la inversión se pueden observar mediante otra vía: el magro desempeño de la Inversión Extranjera Directa (IED), la cual tiene un rol esencial para incorporar nueva tecnología y mejorar la productividad y competitividad productiva de la economía. Al analizar los flujos de IED, se observa que en Argentina existió una imposibilidad para incrementar la inversión extranjera en los últimos 15 años (donde en 8 de ellos hubo cepo).  

En un contexto de restricciones al acceso al mercado de cambios, la reinversión de utilidades dentro de la IED cobra mayor relevancia. Ante la imposibilidad de girar dólares al exterior, este ítem puede sobreestimar la IED, a la par que limita y desincentiva el ingreso de nuevas inversiones. En este sentido, en los años que prevalecieron las restricciones cambiarias las participaciones de capital distintas a reinversión de utilidades (es decir, dólares que ingresan para nuevas inversiones) alcanzaron niveles mínimos: por caso, en 2015 (último año del cepo anterior) esta participación fue de USD 1.319 M, mientras que trepó a USD 3.716 M en 2016. Esta cifra alcanzó un mínimo en el año 2021 (USD 864 M) y en el acumulado hasta el 3T de 2022 fue sólo USD 604 M. 

En síntesis, en el corto plazo pueden seguir existiendo factores que ayuden a que la inversión productiva se mantenga en terreno positivo; sin embargo, será imposible trazar un sendero sostenible de crecimiento de la inversión sin estabilidad macroeconómica y sin una flexibilización, al menos lenta y paulatina, de las restricciones cambiarias que contribuyan a mejorar las expectativas sobre el futuro y permitan aprovechar todo el potencial de ofrece Argentina en diversos sectores productivos. 

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Clima Económico de América Latina: Argentina recibió la valoración más baja

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Para la fundación Getulio Vargas, que realiza un informe del índice de Clima Económico de América Latina, en este cuarto trimestre 2022 respecto al trimestre anterior, posiciona a Argentina en la peor valoración del ranking.

A mediados de año, Argentina con respecto al nivel de inversión extranjera volvió al de la prepandemia, a escala mundial alcanzó casi $1,6 billones. Dentro de este contexto, para el Indicador de Clima Económico (ICE), en la región hubo una “mejoría” para colocar divisas. De acuerdo al informe realizado por la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Esta reconocida fundación de Brasil, realiza un informe denominado “Encuesta Económica de América Latina”, donde en este cuarto trimestre mostró una leve mejoría, en comparación al trimestre anterior, para realizar inversiones en la región.

De un período al otro, el ICE subió 11,8 puntos, se ubicó en 66,5; un número desfavorable al encontrarse por debajo de los 100 que marca una línea entre favorable y adverso.

Según este informe el clima de inversión en la región, desde el tercer trimestre del 2013 tuvieron niveles negativos. A excepción del cuarto de 2017, el primero de 2018 y el tercero del 2021.

“En todos estos trimestres, el indicador estuvo cerca de 100, que marca el límite entre la zona favorable y desfavorable”, explica el informe.

El 2020 fue el peor desempeño de la región para invertir. Fuente: Fundación Getulio Vargas

A pesar de esta leve mejoría el ICE se encuentra aún en una zona “desfavorable” al poseer 66,5 puntos. “La mejora en el ICE está asociada al comportamiento del Indicador de Situación Actual (ISA) que avanzó 22,7 puntos entre el 3er y 4to trimestre de 2022, hasta los 67,0 puntos” expresa el documento.

A la vez, que el “Indicador de Expectativas (IE) cambió en 0,6 puntos, lo que indica estabilidad, registrando 66,1 puntos. Los dos indicadores están ahora muy cerca y se mantienen en una zona desfavorable del ciclo. Esta es también la primera vez desde el 2012 que ISA supera (incluso ligeramente) a IE”.

Fuente Fundación Getulio Vargas

Resultados por países

Según los resultados de la investigación, Brasil lidera la región. Durante el tercer y el cuarto trimestre registró un incremento de 30 puntos en el ICE, pero no es el único que mejoró el clima de inversión.

México y Paraguay se ubican detrás, el segundo al igual que Uruguay se encuentran en una zona favorable.

En la ISA seis países mejoraron su posición, pero en zona positiva están Colombia y Uruguay.

“En la evaluación de expectativas, cuatro países avanzaron en posición, cuatro países avanzaron en posición, pero solo Paraguay en zona favorable y Uruguay en zona neutral. Se puede observar que tanto Paraguay como Uruguay registraron una caída en el ICE. Los países ganaron puntos en el IE fueron Brasil, Perú, Chile y Colombia”, explica.

Fuente: Fundación Getulio Vargas

Argentina, con respecto al ICE se encuentra último, del tercer y cuarto trimestre, con -4 puntos, pero en el actual tiene 21,8.

De todas maneras, ese informe resalta que la región “mejoró”, con respecto a las “economías más grandes” de América Latina, pero en cuenta a expectativas avanzaron poco, o retrocedieron.

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Litio: China invertirá U$S 2200 millones en Argentina, la fiebre del oro blanco

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Así lo afirmó Tíbet Summit. Entre los proyectos avanzados, dominan las empresas australianas.

Autoridades chinas, junto al embajador de Argentina. Fotografía: Cancillería

Cancillería Argentina confirmó la inversión de la empresa china Tibet Summit Resources por U$S2200 millones en dos proyectos de exploración de litio en Argentina. Uno de estos proyectos será “Salar de Diablillos, en la provincia de Salta. Se espera que produzca unas 50000 toneladas de carbonato de litio, apto para baterías a partir del año que vienen. Requerirá una inversión de U$S700 millones.

Además, se confirmó la construcción de la planta “Salar Arizaro”, para el 2024, donde se podría producir entre 50000 y 100000 toneladas del mineral al año. También está en Salta, la cual requerirá una inversión de U$S 1500 millones, según lo informó el gobierno argentino.

Estos anuncios se llevaron adelante en la Exposición Internacional de Importaciones de China, que se realizó en Shanghái, evento en el cual participó el embajador Sabino Vaca Narvaja.

La fiebre del oro blanco en Argentina

El precio del carbonato de litio aumentó a casi 78000 dólares por tonelada, marcando un máximo histórico y aumento de alrededor del 130% en el año.

Proyecto Pastos Grandes, Salta. Fotografía: Secretaría de Minería.

China es el principal destino de exportación del carbonato de litio producido en Argentina, con el 33%, seguido por Japón 24%, Corea del Sur 14% y Estados Unidos 7%.

Australia es quien lidera la producción de litio a nivel global, lo siguen Chile, China y Argentina, de acuerdo a un informe de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros.

Las inversiones de China en el país

Narvaja precisó que, de los nueve proyectos mineros de capitales chinos en el país, “seis corresponden a la extracción de este mineral”. No obstante, entre los 10 proyectos más avanzados, las empresas chinas se ubican por detrás de las empresas australianas, con participación en tres y cuatro proyectos, respectivamente.

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Inversión récord de empresas argentinas en 2022

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El sector privado invierte en maquinaria y producción frente a todo pronóstico, las cifras alcanzan a datos del 2008 y 2017. ¿Qué opinan los especialistas de este fenómeno?

A pesar del contexto inflacionario, de las previsiones de cierre de este año en torno al 100% anual y una brecha cambiaria de tres cifras, el impulso por la inversión es un fenómeno constante en la Argentina.

La tasa de inversión, que se acerca a niveles récord del 2008 y 2017 y que tiene una alta composición productiva, tanto de maquinaria como de construcción.

A pesar de las limitaciones de divisas que enfrenta la economía y el aparente cambio de ciclo de inversión, en agosto la inversión logró volver a crecer 0,8% s.e. mensual. En términos históricos la tasa de inversión aún se mantiene alta, estando en 22,4% del PBI, según reciente informe de la consultora EcoGo.

Inversiones récord en la provincia de Buenos Aires

Esta semana el ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, publicó un informe en el cual consta de un récord de inversiones en el tercer trimestre del 2022, el más alto desde 2018, “con un incremento de anuncios a nivel nacional del 29% y un crecimiento del monto anunciado de 420%, con respecto a similar periodo de 2021”, de acuerdo a lo publicado por la agencia Télam.

El informe destaca que este aumento se justifica “por el tipo de sector que registra grandes montos en general, como las energías tradicionales y renovables ya que el 76% del total anunciado a nivel nacional se concentra en los proyectos de energías tradicionales y renovables”.

Entre las inversiones que destacan y motorizan estas cifras, están el acuerdo entre YPF y Petronas para el desarrollo de gas no convencional y la construcción de GNL por U$S10000 millones en el municipio de Bahía Blanca.

¿Por qué están invirtiendo tanto?  

Un informe realizado por la consultora EcoGo, sostiene que “La grosera transferencia de ingresos que provocó una brecha cambiaria en 75% promedio en los últimos dos años y 10 meses tiene una contrapartida que hay que remarcar. A la salida de la pandemia la inversión fue el componente de la demanda agregada que más creció (casi al doble que la región) y la tasa de inversión está volviendo a niveles récord de 208 y 2017, con una composición mejor (más maquinaria, equipo y menos construcción)”.

De acuerdo al informe “el excedente de pesos acorralado en la economía se vuelve en parte a la inversión. La inversión financiada con pesos acorralados o fondeada con tasa negativa y/o dólares vendidos en el CCL, se torna muy barata”.

El efecto de esta inversión podría ser efectivo siempre que se avance en un plan de estabilización, dicho en las palabras del informe “El esquema es perverso y no sostenible, pero quizás el salto en la inversión combinada con una posición técnica de los argentinos larga en dólares, pueda ayudar a una salida más rápida si finalmente se avanza en un programa de estabilización”.

La inversión productiva

Juan Manuel Franco, economista en jefe del Grupo SBS señaló para Bloomberg: “Con respecto a inversión productiva, vemos que si bien la dinámica de la inversión, medida en las cuentas nacionales, ha sido buena, para poder ver un sendero sostenido de crecimiento se necesitará antes estabilidad macro y reglas de juego claras que motiven al sector privado a invertir y crear empleo”.

Y agregó que “lo que puede estar causando la dinámica actual es que la gran cantidad de disposiciones sobre el mercado de capitales lleve a algunas empresas a preferir aplicar pesos a inversiones en economía real, aunque reiteramos que para ver un camino sostenido de crecimiento se deberá proporcionar un marco de estabilidad”.

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Cuentas ordenadas, una de las claves del crecimiento misionero

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Escribe Alejandro Pegoraro, director de Politikon Chaco, exclusivo para Economis.Misiones es, nuevamente, la primera provincia en contar con su presupuesto 2023 aprobado, que incluye erogaciones de casi $609 mil millones, y con el 70% destinado a cuestiones vinculadas al desarrollo económico y social. Tener un presupuesto aprobado con tanta anticipación (respecto al resto de los distritos) no sólo traza una hoja de ruta certera para encarar las acciones de gobierno del año que viene, sino que también grafica un camino donde el orden de las cuentas públicas es trascendental. Caso contrario, no existirían las certezas que hoy tiene el rumbo de la administración renovadora.

A lo largo de los últimos años, y particularmente de los últimos tres, Misiones se caracterizó por enfrentar un proceso de crecimiento de su economía local con fuerte arraigo del misionerismo, con importante presencia de Estado provincial en la promoción del consumo y la inversión y con un protagonismo en cuestiones altamente sensibles a la sociedad que le permiten mostrar importantes avances. Todo esto, mientras las cuentas públicas se mantienen ordenadas, sin grandes desfases y con una fuerte expansión de los ingresos por un lado, y de la inversión por el otro. 

En el 2022, al segundo trimestre del año, ese camino se consolida: Misiones finalizó el período con un superávit financiero de $9.314 millones, que equivale al 5,4% de sus ingresos totales del período. Pero lo más relevante es que ese superávit se logró aún considerando que el gasto en áreas críticas (como la salarial y la inversión directa) se incrementó. Esto se logra a partir de dos vías: la férrea defensa de los ingresos propios; y la correcta priorización del gasto. 

En relación con los ingresos, entre enero y junio, Misiones tuvo ingresos totales por $171.682,7 millones, donde el 94% de ese total corresponde a ingresos corrientes y el 6% restante a ingresos de capital. Entre los corrientes, que se expanden 1,2% real interanual, se destaca que los ingresos tributarios de origen provincial crecen a una tasa mayor que los de origen nacional (+5,0% vs. +3,3% real), y los no tributarios provinciales también lo hacen a muy buen ritmo (+15% real); las transferencias caen (-9,6% por menor asistencia del Estado nacional) al igual que las contribuciones a la seguridad social, explicada por las medidas de reducción de este concepto implementadas para el Norte Grande en el 2021.

Los ingresos de capital, por su parte, tuvieron una suba fenomenal: +135% interanual real, traccionado por las transferencias nacionales para este concepto y también por los recursos propios de capital. 

En lo que respecta al Gasto, el total fue por $162.369 millones, y el 85% corresponde a Gastos corrientes y el 15% a los de Capital. Entre los primeros, se destaca que el gasto en la masa salarial se mantuvo constante en términos reales, lo que implica que no hubo pérdida de poder adquisitivo (sumado al antecedente del que el 2021 cerró con fuerte alza); mientras que los envíos a los municipios tuvieron una considerable suba real, que implica más recursos para las comunas. 

También dentro de este punto hay que destacar lo relativo al pago de servicios de deuda: si bien crecieron contra el 2021, eso se explica por dos motivos: el primero tiene que ver con el Bono de Conversión, que es un instrumento de deuda que convierte pasivos con el FGS de Anses (tomada durante la gestión de Mauricio Macri como adelanto de devolución del 15% de retención de coparticipación) en un bono y se paga trimestralmente los intereses. Esta misma situación se da en otras dieciocho jurisdicciones del país. 

El segundo motivo tiene que ver con las Letras de Tesorería, programa creado a través del decreto 639/22 por $1.300 millones a corto plazo. Esta emisión se explica en que, en marzo pasado, el FGS le cobró a Misiones vía débito directo unos $ 1.300 millones por el crédito otorgado por dicha entidad a la provincia en 2016; a razón de eso, la provincia y el FGS acordaron un esquema que la provincia recupere el dinero y lo pague en cuotas en el transcurso del año, y finalizará en noviembre. 

Por ende, la suba del pago por servicios de deuda en este período del año no implica un peso en la ejecución presupuestaria provincial: de hecho, sigue siendo muy bajo (0,8%% del total del gasto) y hacia finales de año volverá al valor promedio de los últimos años (0,4% promedio). 

Volviendo a la cuestión del Gasto, pero adentrándonos ahora en los de Capital, estos totalizaron $25.004 millones (+17% real) y la inversión real directa concentró el 87% de este total, con una suba muy importante (+25% real), que significa mayor inversión pública provincial enfocada al desarrollo.

Consolidando ingresos y gastos, los tres resultados son superavitarios para la provincia: el resultado económico operativo (que surge de la diferencia entre los ingresos y los gastos corrientes) dio superávit por $ 24.566 millones (que equivale al 15% de los ingresos corrientes); el Resultado Primario (que surge de la diferencia entre los ingresos totales y el gasto primario, es decir, sin considerar intereses de deuda pública) marcó un superávit por $ 10.588 millones (6,2% de los ingresos totales); y finalmente, el resultado financiero (diferencia entre ingresos y gastos totales) registró un superávit por $ 9.314 millones (5,4% de los ingresos totales). 

En resumen: durante este período, los ingresos crecieron en buen ritmo, el gasto corriente estuvo algo más contenido (salvo en aspectos más sensibles como el gasto salarial y transferencias) y la inversión pública tuvo una fuerte expansión. Aun con esto, se logró un fuerte superávit, que será volcado luego a recomponer (o sostener) otros aspectos claves del gasto que hacen a una política de desarrollo integral en la provincia. 

Hoy por hoy, Misiones no tiene limitaciones endógenas en su camino de crecimiento y progreso. Por el contrario, muestra muchas virtudes: bajo peso de deuda pública y mucho más baja en moneda extranjera, no afronta escenarios de déficits que condicionen las erogaciones corrientes, hay recomposición salarial en proceso y el sector privado está fuertemente acompañado por el estado provincial en el proceso de fomento del consumo y la inversión, entre otras cosas. 

Sí existen limitantes exógenas vinculadas al escenario nacional, donde Misiones puede tomar acciones muy concretas y limitadas (que son, de hecho, una realidad) pero requieren de soluciones nacionales. 

Todo lo mencionado anteriormente no solo brinda un panorama positivo para el corto y mediano plazo, sino que también explica lo logrado hasta el momento: la inversión y el apoyo al sector privado genera crecimiento del empleo, los programas orientados a la promoción del consumo generan un mayor movimiento de la actividad, y las políticas vinculadas a la producción, todo con recursos propios, impulsan la industria. 

De este modo, vemos cómo crecen los puestos de trabajo, la demanda agregada y también los salarios. Si bien Misiones sigue teniendo un salario promedio bajo, lo verdaderamente relevante no es la foto, sino la película: crecieron por encima del 7% en junio y se ubicaron segunda a nivel país. De hecho, en el NEA, es Misiones la provincia que en los últimos dos años registra las mayores alzas de salarios promedios en el sector privado formal. El piso de partida, por razones históricas, es bajo, pero crece sostenidamente. 
Además, también en relación con esto último, cabe destacar que un salario promedio tiene, naturalmente, desvíos importantes. Por ello, es muy útil y también necesario observar la distribución: en Misiones, el 63% de los trabajadores formales privados tiene salarios promedios mayores al nivel provincial general, una situación no se da en otras provincias de la región, donde por lo general prima una distribución inversa. En el Chaco, por ejemplo, solo el 49% ganan más que el salario promedio general provincial.

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