Kristalina Georgieva

Georgieva, instó a seguir tomando medidas para abordar la divergencia de la recuperación

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La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, realizó hoy la siguiente declaración al término de la reunión de ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G-20:

«Los importantes avances logrados por el G-20 en esta reunión en torno a diversas cuestiones críticas son muy alentadores. En particular, quisiera destacar el respaldo brindado por el G-20 al histórico acuerdo sobre una tasa de impuesto mínima para las empresas. Esto ayudará a los países a preservar su base impositiva empresarial y a movilizar ingresos al garantizar que las empresas muy rentables paguen lo que les corresponde en todo el mundo.

Quiero felicitar al G-20 por centrar la atención en los riesgos climáticos y el papel de los mecanismos de tarificación del carbono. El domingo el G-20 celebrará una Conferencia sobre el Clima, en la cual tengo la intención de dar seguimiento a la propuesta de un precio mínimo internacional del carbono, que podría acelerar considerablemente la transición de la economía mundial a un crecimiento con bajas emisiones de carbono.

El G-20 reconoció la urgente necesidad de una mejor preparación ante futuras amenazas sanitarias, y en tal sentido elogió el Informe del Panel Independiente de Alto Nivel sobre Financiamiento del Procomún Mundial de Preparación y Respuesta a la Pandemia, y se comprometió a trabajar con instituciones financieras internacionales y socios pertinentes en la elaboración de propuestas de financiamiento sostenible para reforzar la preparación y respuesta a pandemias en el futuro.

Quisiera asimismo expresar mi profundo agradecimiento al G-20 y a nuestros países miembros por el apoyo brindado a la nueva asignación de DEG (Derechos Especiales de Giro) equivalente a USD 650.000 millones, la mayor en la historia del FMI, y una inyección de ánimo para el mundo.

En cuanto a la economía mundial, la recuperación continúa avanzando, en líneas generales, conforme a nuestra proyección de abril de un crecimiento mundial de 6% para este año. Pero la divergencia entre las economías se está acentuando. Básicamente, el mundo se enfrenta a una recuperación que discurre por dos sendas.

En las principales economías avanzadas y en algunos países de mercados emergentes, el crecimiento se está acelerando, gracias a una combinación de contundentes políticas de apoyo fiscal y monetario y una rápida vacunación; pero en muchos otros países —en particular los más pobres que carecen de acceso a las vacunas y en donde las tasas de infección están repuntando— el crecimiento está refrenado.

Una peligrosa ola de una variante muy contagiosa está recorriendo el mundo, y debido a eso la pandemia sigue siendo un riesgo crucial para el mundo. Se necesitan medidas urgentes en tres ámbitos principales.

Primero, acelerar la vacunación : La meta es cubrir por lo menos al 40% de la población de todos los países para fines de 2021, y al 60% para mediados de 2022.

El Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el FMI, en estrecha colaboración con el Acelerador ACT, han establecido un grupo trabajo —un ‘comité de crisis’— para ayudar a alcanzar esta meta, y me complace mucho el apoyo del G-20 para dar prioridad a la tarea de acelerar la distribución de vacunas, pruebas de diagnóstico y tratamientos. Proporcionar a las poblaciones de alto riesgo acceso más rápido a las vacunas podría salvar más de medio millón de vidas este año. Y una normalización de la actividad en todo el mundo podría generar USD 9 billones para la economía mundial de aquí hasta 2025; frente a esto, el costo de USD 50.000 millones de este plan para la pandemia resulta insignificante.

Segundo, adoptar políticas macroeconómicas sólidas : Estas siguen siendo cruciales para la recuperación.

La política fiscal debe proporcionar un apoyo bien concebido, adaptado a las circunstancias de los países, para proteger a los más vulnerables y reducir al mínimo las secuelas más duraderas. A medida que las economías vayan saliendo de la crisis, las políticas deben facilitar un crecimiento más vigoroso, sostenible e inclusivo.

La política monetaria debe seguir siendo acomodaticia, ya que es probable que las presiones inflacionarias sean pasajeras. Pero si un repunte de la inflación resultara ser más persistente, algunas economías grandes que están más adelantadas en el ciclo de recuperación quizá tengan que endurecer la política más pronto de lo previsto. Los bancos centrales tendrán que comunicar las intenciones de política con claridad para no desencadenar repercusiones adversas. Si las condiciones en los mercados financieros se tornaran más restrictivas antes de lo previsto, el FMI está preparado para ayudar a los países miembros a garantizar que la recuperación siga bien encaminada.

En tercer lugar, reforzar el apoyo a los países vulnerables .

La nueva asignación de DEG del FMI equivalente a USD 650.000 millones incrementará las reservas de los países, creará espacio adicional para financiar las vacunas y apuntalará la confianza en la recuperación. Para que la asignación tenga mayor impacto, empezaremos de inmediato a estudiar opciones para que los países miembros que gozan de una situación económica más sólida usen voluntariamente sus DEG para ayudar a los países pobres y vulnerables.

La ampliación del Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP) del FMI es una opción comprobada y segura que nos permitirá brindar apoyo financiero con tasa de interés cero a los países de bajo ingreso en el mediano plazo. Estamos estudiando la posibilidad de crear un nuevo Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad para los países miembros vulnerables con el fin de construir bases más firmes para el futuro, lo que incluye proporcionar financiamiento para un crecimiento más verde, resiliente y sostenible a mediano plazo.

Agradezco enormemente el respaldo expresado por el G-20 en esta reunión a favor de estas medidas. También fueron respaldados nuestros esfuerzos para ayudar a los países que soportan cargas insostenibles de deuda.

En este sentido, estamos trabajando estrechamente con el Banco Mundial y otros socios para garantizar una aplicación eficaz del Marco Común. Felicito a los integrantes del comité de acreedores de Chad por su denodada labor, que permite obtener apalancamiento para el alivio de la deuda de acreedores privados, así como las seguridades requeridas para el tan necesario financiamiento del FMI y otros socios para el desarrollo. Celebro el pedido del G-20 para la creación oportuna de un comité de acreedores para Etiopía que facilite avances en el examen del programa respaldado por el FMI en ese país.

Por último, quisiera felicitar al Gobierno de Italia y al Ministro de Economía y Finanzas, Daniele Franco, y al Gobernador, Ignazio Visco, por presidir de manera tan exitosa la primera reunión del G-20 celebrada en modalidad mixta desde la pandemia. Quisiera asimismo agradecer a la ciudad y los habitantes de Venecia, como siempre, por su cálida y amable acogida».

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Guzmán y Georgieva analizaron asimetrías de economías mundiales y deuda insostenible con el FMI

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, y la directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, analizaron hoy las asimetrías entre las distintas economías del mundo y el problema de la deuda insostenible del país con el organismo.

En el encuentro bilateral, que se realizó en el marco del viaje del ministro a la ciudad italiana Venecia, donde participó en la reunión de ministros de Finanzas y bancos centrales del G20, Guzmán se reunió con la directora gerenta del FMI.

“Con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva trabajamos en disminuir las asimetrías entre países emergentes y avanzados para una recuperación mundial equitativa”, afirmó Guzmán, según informó la cartera económica en un comunicado.

Según el ministro, “en paralelo seguimos trabajando para solucionar el problema de deuda insostenible con el FMI que dejó a nuestro pueblo la administración anterior”.

Además del encuentro entre Guzmán y Georgieva, los equipos técnicos del Ministerio de Economía continúan reuniéndose en paralelo con el staff del FMI encabezado por Luis Cubbedu y July Kosack, para renegociar un nuevo programa en reemplazo del stand by firmado en 2018 por la administración anterior.

Este encuentro con las autoridades del Fondo Monetario había sido adelantado por Guzmán cuando anunció el acuerdo alcanzado con el Club de París, que determina un “puente de tiempo”, de ocho meses, donde la Argentina pagará sólo US$ 430 millones de la deuda total de US$2.430 millones, hasta el 31 de marzo de 2022.

De esa forma, la Argentina dejará de pagar obligaciones por unos US$ 2.000 millones y tendrá mayor margen de tiempo para negociar con el FMI, y lograr luego un acuerdo de reestructuración de deuda con el Club de París.

En base al cronograma de pagos, la Argentina debe abonar al FMI alrededor de 4.500 millones de dólares, entre capital e intereses, a lo largo del año.

En esa oportunidad, Guzmán sostuvo que “Argentina continuará haciendo esfuerzos para llegar a un entendimiento con el FMI que nos permita refinanciar el stock de deuda de US$ 45.000 millones que el Gobierno de Juntos por el Cambio tomó entre 2018 y 2019 que no fueron utilizados para aumentar la capacidad productiva; fueron utilizados en una parte a pagar deudas insostenibles a los acreedores privados y otra parte para financiar la salida de capitales de la Argentina”, consideró.

“Continuaremos trabajando de forma constructiva con el FMI; este horizonte nos da mayor certidumbre, la fecha de 31 de marzo de 2022 no quiere decir que condicione la fecha de un acuerdo con el FMI, nuestro objetivo es tener un buen acuerdo, cuanto antes mejor, pero la prioridad es que sea bueno”, recalcó.

En la reunión de hoy de los países emergentes del G20 con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, Guzmán afirmó que lo más preocupante para la economía mundial son “las asimetrías entre las economías avanzadas y las economías en desarrollo para lograr una recuperación sostenible”.

“Vemos un mayor apoyo, un apoyo más fuerte para incluir a los países de ingresos medios en el grupo que consigue reasignaciones de los DEG (derechos especiales de giro)”, afirmó el ministro argentino.

El Consejo de Administración del FMI aprobó aumentar las reservas y las capacidades de préstamo de la institución en unos US$ 650.000 millones para ayudar a los países a recuperarse de la pandemia, informó ayer Georgieva.

El aumento para los DEG -la mayor en la historia del FMI-, aportará a las reservas internacionales de los gobiernos para proteger sus posiciones financieras contra las fluctuaciones monetarias y también permitirá calcular préstamos y tasas de interés del organismo.

No obstante, Guzmán advirtió que “la política de sobrecargos está penalizando a los países que se encuentran en circunstancias más adversas y es cada vez más problemática para los países de ingresos medios” y consideró que “esta política es regresiva y procíclica, y depende de nosotros hacer ese cambio”.

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Se requieren medidas urgentes para frenar la divergencia de la recuperación

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Cuando los ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G-20 se reúnan en Venecia esta semana, podrán inspirarse en el espíritu inquebrantable de la ciudad.

Venecia, que fue el primer centro financiero internacional del mundo, ha experimentado los caprichos del devenir económico durante siglos y además sufre directamente los efectos del cambio climático. Esta resiliencia extraordinaria es más necesaria que nunca en un momento en el que los responsables de las políticas económicas continúan afrontando retos extraordinarios.

La buena noticia es que la recuperación mundial avanza, en líneas generales, en consonancia con las proyecciones de un crecimiento de 6% para este año formuladas en abril por el FMI. Tras una crisis sin parangón, en algunos países está teniendo lugar una recuperación sin parangón, impulsada por una combinación de contundentes medidas de apoyo fiscal y monetario y una rápida vacunación.

Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, proyectamos un crecimiento de 7% para este año, el mayor desde 1984. La recuperación también está cobrando impulso en China, en la zona del euro y en un puñado de otras economías avanzadas y emergentes. 

Pero los nuevos datos también confirman una creciente divergencia en la evolución económica de los distintos países, muchos de los cuales se están quedando rezagados.

El mundo se enfrenta a una recuperación que, cada vez más, se produce a dos velocidades, como consecuencia de las enormes diferencias en la disponibilidad de vacunas, las tasas de infección y la capacidad para proporcionar apoyo mediante las políticas económicas. Estamos en un momento crítico que requiere medidas urgentes del G-20 y de las autoridades económicas de todo el mundo.

Como se señala en nuestra nota para la reunión del G-20, es vital actuar con celeridad. Según nuestras estimaciones, un acceso más rápido a la vacunación de las poblaciones de alto riesgo podría salvar más de medio millón de vidas solo en los próximos seis meses.

Los peligros de la divergencia

Las bajas tasas de vacunación significan que los países más pobres están más expuestos al virus y a sus variantes. Aunque la variante delta es motivo de preocupación en todo el mundo, incluidos los países del G-20, en estos momentos está causando un incremento brutal de las infecciones en el África subsahariana. En esta región, menos de 1 de cada 100 adultos han recibido la vacunación completa, frente a un promedio de más de 30 en las economías más avanzadas. La existencia de poblaciones no vacunadas en cualquier lugar incrementa el riesgo de que surjan cepas aún más letales, lo que socavaría los avances en todas las regiones e infligiría más daños en la economía mundial.

La merma de recursos fiscales hará que a las naciones más pobres les resulte aún más difícil impulsar la vacunación y apoyar a sus economías. Millones de personas quedarán sin protección y expuestas a un aumento de la pobreza, la indigencia y el hambre. La crisis ha causado ya un incremento de la inseguridad alimentaria y en muchos países aumenta el temor a nuevas subidas de la inflación de los precios de los alimentos.

El mundo también observa atentamente el reciente repunte de la inflación, en particular en Estados Unidos. Sabemos que la acelerada recuperación estadounidense beneficiará a muchos países al incrementar el comercio; además, las expectativas de inflación se han mantenido estables hasta ahora. Sin embargo, existe el riesgo de que la inflación o las expectativas de inflación aumenten de forma más sostenida, lo que exigir un endurecimiento de la política monetaria en Estados Unidos antes de lo previsto. Otros países afrontan desafíos similares como consecuencia de las subidas de precios de las materias primas y los alimentos.

Unas tasas de interés más altas en Estados Unidos podrían dar lugar a un marcado endurecimiento de las condiciones financieras mundiales y a cuantiosas salidas de capital de economías emergentes y en desarrollo. Esto supondría graves dificultades sobre todo para los países con grandes necesidades de financiamiento externo o niveles de deuda elevados.

No está de más reiterar que el mundo se encuentra en un momento crítico. Si queremos frenar la creciente divergencia de esta recuperación a dos velocidades, debemos tomar ya medidas de política urgentes.

Primero, intensificar la cooperación internacional para poner fin a la pandemia.

Los beneficios económicos serían extraordinarios, y trabajar para salvar, potencialmente, cientos de miles de vidas en los próximos meses es un imperativo moral. Los costos son relativamente pequeños.

El personal técnico del FMI propuso recientemente un plan que costaría USD 50.000 millones y que podría generar ganancias de billones de dólares gracias a la agilización de la vacunación y una recuperación más rápida. Sería la mejor inversión pública de nuestra vida y cambiaría el panorama en todo el mundo.

Para acelerar la ejecución de las medidas previstas en este plan, el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Salud (OMS) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) han establecido un «comité de crisis». En nuestra primera reunión, convocada por el Banco Mundial y celebrada la semana pasada, acordamos trabajar juntos para contribuir a supervisar, coordinar y promover la entrega de recursos sanitarios vitales a países en desarrollo y movilizar a los responsables de políticas para eliminar obstáculos fundamentales.

El respaldo del G-20 y de otras economías marcará la diferencia, al apoyar la meta de vacunar a por lo menos el 40% de la población en todos los países para finales de 2021, y a por lo menos el 60% para el final del primer semestre de 2022.

Para lograr estos objetivos, se emprenderán iniciativas fundamentales como repartir más dosis en el mundo en desarrollo; respaldar el financiamiento concesionario y las donaciones para incrementar y diversificar la producción de vacunas, e impulsar la capacidad nacional de administración de vacunas, diagnóstico y tratamiento; y eliminar todas las barreras a la exportación de insumos y vacunas ya producidas, así como otras barreras en las operaciones de las cadenas de abastecimiento.

También resulta esencial adaptarse rápidamente a los cambios de las circunstancias, como la escalada de las infecciones en África subsahariana. El suministro inmediata de paquetes de emergencia, que incluyan oxígeno, material de detección, equipos de protección personal y tratamientos, a países en desarrollo de África subsahariana y de otras regiones afectadas es clave para salvar vidas.

Segundo, redoblar los esfuerzos para afianzar la recuperación.

Con las economías del G-20 a la cabeza, el mundo ha adoptado medidas sincronizadas extraordinarias, incluidos aproximadamente unos USD 16 billones en medidas fiscales. Ahora ha llegado el momento de redoblar estos esfuerzos con medidas que tengan en cuenta la exposición a la pandemia y el margen de maniobra de política de cada país.

En los países que experimenten un rápido incremento de las infecciones, es fundamental que la sanidad y los hogares y las empresas vulnerables continúen recibiendo apoyo. Para ello se requieren medidas fiscales focalizadas, dentro marcos a mediano plazo plausibles.

Una vez que la mejora de los indicadores sanitarios permita una normalización de la actividad, los gobiernos deben replegar gradualmente los programas de apoyo y, al mismo tiempo, incrementar el gasto social y los programas de capacitación para amortiguar el impacto en los trabajadores. Esto ayudaría a reparar las secuelas a largo plazo de la crisis, que afectó de manera especial a los jóvenes, las mujeres y los trabajadores menos cualificados.

Para afianzar la recuperación también es necesario que la mayoría de los países sigan adoptando políticas monetarias acomodaticias, acompañadas de una estrecha vigilancia de la inflación y los riesgos para la estabilidad financiera. En los países en los que la recuperación se está acelerando, incluido Estados Unidos, es fundamental que se eviten reacciones exageradas ante incrementos pasajeros de la inflación.

Para mantener bien ancladas las expectativas inflacionarias, los principales bancos centrales han de comunicar con cuidado sus planes en materia de política monetaria. Esto contribuiría también a evitar una excesiva volatilidad financiera en sus países y en el extranjero. La clave es prevenir los efectos de contagio que se produjeron a principios de año.

Tercero, reforzar el apoyo a las economías vulnerables.

Los países más pobres se enfrentan a un doble golpe devastador: corren el riesgo de perder la carrera contra el virus y, además, podrían quedar excluidos de una transformación histórica que sentará las bases de una nueva economía mundial verde y digital.

Estimamos que los países de bajo ingreso deben desplegar unos USD 200.000 millones en cinco años solo para luchar contra la pandemia, y otros USD 250.000 millones para tener margen fiscal para reformas transformadoras que les permitan retornar a la trayectoria de convergencia hacia niveles de ingreso más elevados. Estos países pueden cubrir únicamente una parte de esos importes por sí solos. Por lo tanto, es vital que los países más ricos redoblen sus esfuerzos, especialmente en lo que respecta al financiamiento concesionario y las ayudas para hacer frente a la deuda.

La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G-20 ha dado un respiro fiscal a estos países, pero, habida cuenta de la necesidad de proporcionar alivio de la deuda de carácter permanente, debemos trabajar para que el nuevo Marco Común esté plenamente operativo. Chad, por ejemplo, recibió seguridades de financiamiento de sus acreedores bilaterales miembros del G-20, y ahora necesitamos compromisos rápidos, en condiciones comparables, de sus acreedores privados.

También apoyamos firmemente la oportuna creación del comité de acreedores, para posibilitar la operación de deuda solicitada por Etiopía. El éxito de los primeros casos del Marco Común es fundamental para otros países con deudas insostenibles o necesidades de financiamiento persistentes. Estos países también deberían solicitar medidas tempranas de resolución o reorganización de la deuda.

El papel del FMI

Por su parte, el FMI ha redoblado sus esfuerzos de una forma sin precedentes, proporcionando USD 114.000 millones en nuevo financiamiento a 85 países y alivio del servicio de la deuda a los países miembros más pobres. Tenemos respaldo para incrementar los límites de acceso, lo que nos permite ampliar nuestra capacidad de préstamo a tasa de interés cero. También estamos estudiando un nuevo «mecanismo de financiamiento de vacunas» en el marco de nuestros servicios de financiamiento de emergencias, que ayudaría a los países a financiar programas de vacunación si lo necesitan.

Nuestros países miembros también apoyan una nueva asignación de Derechos Especiales de Giro por un monto de USD 650.000 millones, la mayor emisión de la historia del FMI. Esta asignación complementará las reservas y ayudará a todos nuestros países miembros, especialmente a los más vulnerables, a dar respuesta a las necesidades urgentes, incluidas las vacunas. Nuestro Directorio Ejecutivo debatió recientemente la propuesta y esperamos que el proceso de asignación se complete para finales de agosto.

Además, estamos procurando amplificar los efectos de la nueva asignación de DEG, y en tal sentido estamos fomentando la canalización voluntaria de parte de los DEG, junto con préstamos presupuestarios, para alcanzar un objetivo mundial total de USD 100.000 millones para los países más pobres y vulnerables. Estamos analizando con los países miembros fórmulas para lograr ese objetivo, por ejemplo a través de nuestro Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP) y, posiblemente, de un nuevo Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad.

La cumbre del G-20 de esta semana es una oportunidad para impulsar el plan para un nuevo fondo de resiliencia y sostenibilidad, que brindaría apoyo a países de bajo ingreso, así como a países de ingreso mediano más pobres y vulnerables asolados por la pandemia. La idea es ayudarlos en su transformación estructural y a afrontar, entre aspectos, los desafíos relacionados con el cambio climático.

Para reforzar las medidas contra el cambio climático, el personal técnico del FMI propuso recientemente un mecanismo de precio mínimo internacional del carbono. Dicho precio mínimo podría contribuir a acelerar la transición a un crecimiento con bajas emisiones de carbono en el curso de esta década, y nuestra intención promoverlo vigorosamente en la Conferencia sobre el Clima del G-20 que se celebrará esta semana en Venecia.

En el ámbito tributario, nos complace mucho el histórico acuerdo alcanzado por 130 países en el contexto del Marco Inclusivo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el G-20. El acuerdo prevé un impuesto mínimo mundial a las sociedades que contribuirá a garantizar que las empresas muy rentables tributen en proporción a sus beneficios en todo el mundo. A partir de nuestros propios estudios, sabemos que los regímenes de impuestos mínimos pueden ayudar a los países a preservar su base del impuesto de sociedades y a movilizar ingresos, algo que ahora es más importante que nunca.

Decenios de competencia fiscal han provocado una «carrera hacia el abismo», que ha privado a muchos países de los recursos necesarios para realizar inversiones vitales en salud, educación, infraestructuras y políticas sociales. La pandemia trajo consigo nuevas presiones para las políticas fiscales, lo que dificulta la inversión en la transformación verde y digital. Por lo tanto, aprovechemos este momento crucial para construir un sistema tributario internacional más justo y eficaz acorde con las realidades del siglo XXI.

Espero que las generaciones futuras que estudien este momento aprecien en nuestra asociación el inquebrantable espíritu de Venecia. Podemos poner fin a la pandemia y convertir esta recuperación a dos velocidades en crecimiento sincronizado y sostenible, pero para ello hemos de actuar con decisión y de forma mancomunada.

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Kristalina Georgieva, propone la designación de Bo Li como Subdirector Gerente del FMI

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La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, informó hoy al Directorio Ejecutivo del FMI su propuesta de designar al Sr. Bo Li para el cargo de Subdirector Gerente, a partir del 23 de agosto de 2021. El Sr. Li es actualmente Subgobernador del Banco Popular de China. Sucederá al Sr. Tao Zhang, quien había informado que dejará su cargo el 22 de agosto.

Al anunciar la selección del Sr. Li, la Directora Gerente manifestó lo siguiente:

«El Sr. Li aporta una amplia experiencia jurídica y en cuestiones relativas a los bancos centrales. A lo largo de más de 14 al servicio del Banco Popular de China, entre 2004 y 2018, ocupó diversos altos cargos, como el director del departamento jurídico y de regulación y director de dos departamentos de política monetaria. En el Banco Popular de China, jugó un papel decisivo en formulación y ejecución de varias reformas y políticas importantes, como la reforma de la banca estatal; la legislación contra el lavado de dinero; y el establecimiento de un marco macroprudencial para China.

El Sr. Li también ha ocupado varios otros cargos en el sector público en China. De 2018 a 2019, fue Vicepresidente de la Federación de Ciudadanos Retornados del Exterior de toda China. Se desempeñó como Vicealcalde de la municipalidad de Chongqing de 2019 a 2021, supervisando el desarrollo del sector financiero, el comercio internacional y la inversión extranjera directa de la ciudad. Retornó al Banco Popular de China en abril de 2021 para asumir el cargo de Subgobernador.

Antes de incorporarse al Banco Popular de China, ejerció como abogado durante cinco años en el estudio jurídico York Davis Polk & Wardwell, en Nueva York

Obtuvo su licenciatura en la Universidad Renmin de China en Pekín. También tiene una maestría en Economía de la Universidad de Boston, un doctorado en Economía de la Universidad de Stanford, y un doctorado en jurisprudencia con honores (magna cum laude) de la Facultad de Derecho de Harvard.»

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Dar a la gente una oportunidad justa: Políticas para asegurar la recuperación

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Nos enfrentamos a la prueba más importante para nuestra generación. Nuestro trabajo conjunto para construir un mundo mejor será recordado por las generaciones futuras. Démosle una oportunidad justa.

1 Introducción: Promesa y peligro

Gracias, Fareed, por su cálida bienvenida, y gracias a Richard Haass y el Consejo de Relaciones Exteriores por reunirnos hoy aquí.

A nuestras dos instituciones las unen la historia y los valores: ambas fueron fundadas en momentos decisivos, a raíz de conflictos mundiales; ambas defienden con firmeza un mundo más pacífico y próspero.

Hoy estamos frente a otro momento decisivo. En palabras de Franklin D. Roosevelt: «El punto de la historia en que nos encontramos está lleno de promesas y peligros» [i].

Afortunadamente, la economía global se ha afianzado. Millones de personas se están beneficiando ya de vacunas que encierran la promesa de una vida normal, de abrazos a amigos y seres queridos.

Pero también hay peligro.

El futuro económico es muy diverso. No todos los países ni todas las personas tienen ya acceso a las vacunas. Son demasiados los que siguen enfrentando la pérdida de puestos de trabajo y el aumento de la pobreza. Son demasiados los países que se están quedando atrás.

No podemos bajar la guardia.

Lo que hagamos ahora determinará el mundo de después de la crisis. Por tanto, debemos hacer lo correcto.

Esto significa, ante todo, dar a todo el mundo una oportunidad justa: vacunando por doquier para poner fin a la pandemia, y ofreciendo a personas y países vulnerables oportunidades para encarar de forma justa el futuro, preparando así el terreno para una recuperación inclusiva y sostenible.

Este será el eje central de las Reuniones de Primavera la semana próxima.

2. Perspectivas mundiales: Divergencia e incertidumbre

Fijémonos en el panorama económico.

En enero, proyectamos un crecimiento mundial del 5,5% para 2021. Ahora prevemos que la aceleración será todavía mayor: en parte gracias a las políticas de apoyo adicionales —incluido el nuevo programa fiscal de Estados Unidos—, y en parte debido a la recuperación prevista para muchas economías avanzadas más adelante en el año, gracias a la vacunación.

Esto permite revisar al alza la proyección mundial para 2021 y 2022, como verán en las Perspectivas de la economía mundial la semana que viene.

Si hemos llegado a este punto ha sido gracias a un esfuerzo extraordinario: de médicos y enfermeras por salvar vidas, de trabajadores esenciales por apuntalar los medios de vida, de científicos de todo el mundo que trabajan juntos por crear vacunas en un tiempo récord. Además, los gobiernos han adoptado medidas excepcionales, incluidos casi USD 16 billones en medidas fiscales e inyecciones masivas de liquidez por parte de los bancos centrales.

Sin estas medidas sincronizadas, el año pasado la contracción mundial hubiese sido por lo menos tres veces peor. Si nos paramos a pensar, podría haber sido otra Gran Depresión. Tampoco hemos tenido otra crisis financiera mundial, no solo gracias a estas medidas extraordinarias, sino también a que los países vienen trabajando juntos desde hace una década para aumentar la resiliencia de los sistemas bancarios.

Pero, aun así, a pesar de que en términos generales las perspectivas han mejorado, se observan peligrosas divergencias no solo a nivel nacional, sino también entre países y regiones. De hecho, estamos ante una recuperación a múltiples velocidades, impulsada cada vez más por dos motores: Estados Unidos y China. Estos forman parte de un pequeño grupo de países que a finales de 2021 habrán superado con creces los niveles de PIB de antes de la crisis.

Sin embargo, son la excepción, no la norma.

La pérdida acumulada de ingreso per cápita, en comparación con las proyecciones de antes de la crisis, será del 11% en las economías avanzadas de aquí al próximo año. En el caso de los países emergentes y en desarrollo, excepto China, la pérdida será mucho peor y alcanzará el 20%, un recorte de una quinta parte de lo que ya es un ingreso per cápita mucho menor que en los países más ricos.

Esta pérdida de ingreso significa que millones de personas caerán en la indigencia, se quedarán sin hogar y padecerán hambre.

Esto se ve claramente, pero muchas otras cosas no están tan claras. En realidad, uno de los mayores peligros es la extrema incertidumbre que nos acecha.

Mucho depende de la trayectoria que siga la pandemia, marcada ahora por los avances desiguales en la vacunación y las nuevas cepas del virus, que frenan las perspectivas de crecimiento, sobre todo en Europa y América Latina.

También podrían aumentar las presiones sobre los mercados emergentes, los países de bajo ingreso y los Estados frágiles , ya vulnerables y cuya capacidad fiscal para afrontar la crisis es ya de por sí más limitada. Además, muchos de ellos están muy expuestos a sectores muy perjudicados, como el turismo.

Ahora enfrentan un acceso menor a las vacunas y un margen presupuestario todavía inferior. Muchos de ellos ya presentan un alto riesgo de sobreendeudamiento en los sectores soberano, empresarial o bancario.

Y a todo esto se suma la incertidumbre en torno a las condiciones financieras. Una recuperación más rápida es, en general, una buena noticia, pero también puede tener consecuencias más desfavorables. Por ejemplo, un fuerte crecimiento en Estados Unidos podría beneficiar a muchos países, al incrementar el comercio. Prevemos que la inflación se mantendrá contenida, pero una recuperación más rápida en Estados Unidos podría provocar un aumento repentino de las tasas de interés, lo cual podría traducirse en un marcado endurecimiento de las condiciones financieras, así como en importantes salidas de capital de las economías emergentes y en desarrollo.

Esto plantearía serias dificultades sobre todo apaíses de ingreso mediano con importantesnecesidades de financiamiento externo y niveles de deuda elevados. Muchos de estos países necesitarán más apoyo.

Retomar el crecimiento implicaría también una transición en las políticas y la necesidad de abordar las cicatrices duraderas de esta crisis, como son los efectos sobre el capital humano, en especial sobre los jóvenes, los trabajadores menos cualificados, las mujeres y los trabajadores informales.

Permitir que estas cicatrices perduren provocará una reducción del potencial de crecimiento, lo cual hará todavía más difícil incrementar el empleo y reducir la desigualdad.

3. Medidas de política contundentes para dar a la gente oportunidades justas

Está clarísimo: no habrá recuperación sostenible si a la gente no se les dan oportunidades justas.

¿Qué debemos hacer?

En primer lugar, debemos seguir centrados en salir de la crisis. Debemos seguir el ejemplo de los científicos redoblando los esfuerzos multilaterales y haciendo lo que sea necesario para aumentar la producción, distribución y administración de vacunas.

Una opción es poner en práctica a nivel mundial lo que ha funcionado a nivel nacional, es decir, subvencionar a los productores de vacunas, los proveedores de insumos y la distribución en la “última milla”. El mundo necesita un mecanismo justo de redistribución de vacunas de los países con superávit a los países con déficit, así como un mecanismo COVAX financiado en su totalidad para acelerar la vacunación en los países más pobres.

De esta manera, podremos proteger la salud de la gente y acelerar la recuperación. Un avance más rápido en la batalla contra la crisis sanitaria podría suponer un incremento de casi USD 9 billones del PIB mundial de aquí a 2025.

Pero la oportunidad se está desvaneciendo con rapidez. Cuanto más se tarde en agilizar la producción de vacunas y su distribución, más difícil será conseguir estos beneficios.

Evidentemente, las políticas deben adaptarse a las necesidades específicas de cada país: tanto a su exposición a la pandemia como a los factores económicos.

Mientras persista la crisis, será esencial ayudar a los hogares vulnerables y las empresas viables. Para ello se requieren medidas fiscales focalizadas —en marcos a mediano plazo plausibles— y el mantenimiento de la política monetaria acomodaticia.

En vista de las recuperaciones divergentes, es prudente vigilar de cerca el riesgo financiero, como las valoraciones sobredimensionadas de los activos. Asimismo, los principales bancos centrales deben comunicar con mucho cuidado sus planes en materia de política monetaria para evitar una volatilidad financiera excesiva, tanto en sus países como en el extranjero. Esto respaldaría los flujos de capital esenciales, en especial hacia países de ingreso mediano.

En segundo lugar, debemos salvaguardar la recuperación. Cuando la pandemia pierda fuerza, los programas públicos de apoyo y suspensión del personal deberán replegarse. No obstante, esta transición debe gestionarse con mucho cuidado para amortiguar los efectos sobre los trabajadores, mediante el apoyo a los ingresos, subsidios a la contratación focalizados, la reconversión laboral y el reciclaje profesional.

Además, se debe seguir prestando apoyo a las pequeñas y medianas empresas con viabilidad, mediante inyecciones de capital y procedimientos de quiebra más eficientes. Las pymes son el mayor empleador del mundo. Aun así, nuestro estudio muestra que la proporción de insolvencias entre las pymes podría dispararse este año coincidiendo con el repliegue de las ayudas, lo cual pondría en peligro uno de cada diez puestos de trabajo en este sector fundamental [ii].

La mayor parte de los países emergentes y en desarrollo cuentan con procedimientos de quiebra relativamente más débiles, lo que significa que se verán mucho más afectados por una ola de insolvencias. Por lo tanto, necesitamos más reformas para mitigar estas cicatrices económicas y fomentar una transición más justa.

En tercer lugar, invertir en el futuro. La crisis ha demostrado la conveniencia de prepararse para posibles pandemias y, en términos más generales, de invertir en resiliencia, en especial frente a shocks climáticos. El movimiento en favor de economías más verdes, inteligentes e inclusivas está cobrando impulso.

Por el momento, apenas una mínima fracción del estímulo fiscal se ha destinado al financiamiento climático y verde pero, con razón, se observa un cambio de tendencia.

La promoción coordinada de la infraestructura verde, combinada con un sistema de tarificación del carbono, podría incrementar el PIB mundial en un 0,7% en los próximos 15 años, además de crear millones de puestos de trabajo [iii].

También debe tenerse en cuenta el potencial de la digitalización. En una encuesta reciente [iv], casi el 50% de los compradores afirmaron utilizar ahora los pagos digitales más que antes de la pandemia. Cada vez más bancos centrales se plantean introducir monedas digitales [v], lo cual podría transformar el sistema monetario internacional. Además, la inversión en infraestructura digital podría ayudar a transformar nuestro sistema económico, aumentando la productividad y los niveles de vida.

Para liberar este potencial, debemos combinar una mejor infraestructura y un mayor acceso a Internet con más inversiones en educación y salud de la gente. Para ello hacen falta ingresos públicos suficientes y sistemas tributarios nacionales equipados para el siglo XXI. En muchos casos, esto pasará por hacerlos más progresivos, y más justos.

Esto debe acompañarse de una modernización de la tributación internacional de sociedades mediante esfuerzos multilaterales, para lograr que empresas sumamente rentables paguen lo que les corresponde allí donde operan, lo cual contribuirá también a reforzar las finanzas públicas, sobre todo en los países más pobres.

Todo esto es esencial, pero no será suficiente.

La cruda realidad es que los países más pobres corren el riesgo de quedar excluidos de una transformación histórica que sentará las bases de una nueva economía mundial verde y digital.

Un nuevo estudio del FMI [vi], publicado hoy, muestra que los países de bajo ingreso deben desplegar unos USD 200.000 millones en cinco años solo para luchar contra la pandemia, y otros USD 250.000 millones para retomar la trayectoria de recuperación de niveles de ingreso superiores.

Estos países pueden cubrir únicamente una parte por sí solos. Para conseguirlo, el esfuerzo debe ser integral: aumentar la movilización de recursos internos, ampliar el financiamiento concesionario externo e incrementar las ayudas para hacer frente a la deuda. La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G-20 y el nuevo Marco Común son un buen punto de partida.

El FMI, por su parte, ha intensificado de forma inusitada sus esfuerzos proporcionando más de USD 107.000 millones en nuevo financiamiento a 85 países y alivio del servicio de la deuda a 29 de nuestros países miembros más pobres. En África subsahariana, el financiamiento del FMI durante el año pasado fue aproximadamente 13 veces superior al promedio anual de la última década.

Me complace mucho que exista un apoyo cada vez más amplio entre los países miembros del FMI a favor de una posible asignación deDEG 650.000 millones. Esta asignación beneficiaría a todos nuestros países miembros, pero en especial a los más vulnerables,reforzando las reservas, sin incrementar la carga de endeudamiento. Será una señal clara de solidaridad multilateral que liberará recursos para programas de vacunación y otras necesidades urgentes.

Tal como hemos ayudado a combatir la crisis, ayudaremos a los países miembros a asegurar la recuperación.

4. Conclusión

Si me lo permiten, terminaré igual que he empezado, con Franklin D. Roosevelt. El 12 de febrero de 1945, Roosevelt instó al Congreso de Estados Unidos a adoptar el Acuerdo de Bretton Woods, por el cual se constituyeron el FMI y el Banco Mundial.

Estas fueron sus palabras: “El mundo o bien avanzará hacia la unidad y la prosperidad ampliamente compartida, o bien se irá alejando. Se nos brinda una oportunidad para utilizar nuestra influencia en favor de un mundo más unido y cooperante.”

Estas palabras no podrían ser hoy más oportunas, ya que nos enfrentamos a la prueba más importante para nuestra generación. Nuestro trabajo conjunto para construir un mundo mejor será recordado por las generaciones futuras.

Démosle una oportunidad justa.


[i] Mensaje dirigido al Congreso de Franklin D. Roosevelt sobre los acuerdos de Bretton Woods (12 de febrero de 1945).

[ii] Documento de análisis del personal técnico del FMI (de próxima publicación, abril 2021): Insolvency Prospects Among Small-and-Medium-Sized Enterprises in Advanced Economies: Assessment and Policy Options .

[iii] Perspectivas de la economía mundial (informe WEO), edición de octubre de 2020, capítulo 3: “La mitigación del cambio climático”.

[iv] Informe: Global Online Payment Methods 2020 and COVID-19’s Impact.

[v] Una encuesta realizada en febrero de 2021 a economistas encargados de países del FMI sugiere que en el 70% de 159 países los bancos centrales o bien están analizando las consecuencias que tendría la emisión de una moneda digital del banco central, o bien están experimentando o haciendo pruebas piloto con ella, o es probable que la emitan en el corto o mediano plazo.

[vi] Documento del Directorio del FMI, marzo de 2021: Macroeconomic Developments and Prospects in Low-Income Countries 2021 .

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