Kristalina Georgieva

Georgieva afirmó que el FMI trabaja con la Argentina en un acuerdo “creíble y útil”

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La titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, afirmó hoy que el organismo multilateral de crédito trabaja con el Gobierno argentino en la elaboración de un nuevo programa que sea “creíble y útil” para el país, en el sentido que “permita inducir el crecimiento y el empleo”.

Durante la conferencia de prensa que ofreció esta mañana en el marco de la Asamblea Anual conjunta del Fondo y del Banco Mundial, Georgieva aseguró que “el trabajo se apoya para encontrar una senda para que Argentina pueda tener políticas firmes para inducir el crecimiento privado, generar empleo genuino y focalizar el gasto público”.

Asimismo, en relación con el encuentro que mantuvo ayer con el ministro de Economía, Martín Guzmán, manifestó: “Me reuní con el ministro Guzmán y el compromiso es trabajar de manera constructiva. Tenemos que encontrar un buen punto de acuerdo, donde el acuerdo sea creíble y útil para Argentina”.

Por otro lado, Georgieva fue consultada sobre la revisión de los sobrecargos en las tasa de interés, un pedido que elevaron países en desarrollo como la Argentina y México en los foros del G20 y en el FMI.

“No hemos tomado una decisión”, afirmó.

La titular del FMI se reunió ayer con el ministro Guzmán para avanzar en la negociación del acuerdo para refinanciar la deuda de cerca US$ 45.000 millones que el Gobierno nacional heredó de la gestión anterior.

Guzmán, acompañado por el director por la Argentina y el Cono Sur ante el FMI, Sergio Chodos, mantuvo también reuniones técnicas con el equipo del Departamento del Hemisferio Occidental que tiene a cargo la Argentina: la vicejefa del Departamento, Julie Kozack, y con el enviado permanente en el país, el venezolano Luis Cubeddu.

También el ministro argentino se reunió con David Lipton, exnegociador del programa anterior con Mauricio Macri cuando era el segundo en del FMI y que hoy es la actual mano derecha de la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen.

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Satisfacción de Guzmán por reunión con Georgieva sobre proceso de renegociación de deuda

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, manifestó esta noche su satisfacción con la reunión que mantuvo en Washington con la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

“Valioso encuentro con la directora gerente del FMI @KGeorgieva para avanzar en resolver la deuda insostenible con el organismo”, sostuvo el ministro a través de su cuenta en la red social Twitter.

“Esperamos que su conducción siga dando pasos que cambien el ethos del FMI, dejando atrás aquel moldeado por el poder financiero global que contribuyó a un mundo más desigual e inseguro por otro que favorezca un desarrollo sustentable de los pueblos. Seguiremos ayudando a ello”, agregó el titular del Palacio de Hacienda.

Guzmán se manifestó de esta forma sobre el encuentro que mantuvo esta tarde en la capital estadounidense con Georgieva, con quien continuó avanzando en el proceso de renegociación del programa stand by firmado en 2018 por la administración de Juntos por el Cambio.

En la reunión también participaron el director por el Cono Sur ante el FMI, Sergio Chodos; la subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, Julie Kozack; y el jefe de la misión para Argentina, Luis Cubeddu.

También en la red social Twitter, esta noche el Ministerio de Economía subrayó que “Argentina sigue negociando con el FMI para lograr un acuerdo que sea bueno para el país”, al informar sobre la reunión que Guzmán mantuvo con Georgieva.

Esta mañana, en el marco previo al inicio de la Asamblea Anual del otoño (boreal), el FMI dio a conocer las proyecciones del organismo respecto a la economía argentina, en la que mejoró los pronósticos de crecimiento, ya que prevé una recuperación de 7,5% para 2021 y de 2,5% para 2022.

Las cifras son mejores que las proyectadas en julio último por el organismo y se ubican por encima del promedio regional y mundial, y corresponden al último informe de Perspectivas Económicas Mundiales (WEO, por sus siglas en inglés), titulado “Recuperación durante una pandemia”, que fue presentado esta mañana por la economista jefe del Fondo, Gita Gopinath.

En julio último el Fondo preveía una recuperación de 6,4% para la Argentina, mientras que ahora las estimaciones se elevaron y equipararon con los números que mostró el Banco Mundial en el informe presentado la semana pasada.

Para América Latina, el FMI proyecta una recuperación de 6,3%, mientras que a nivel global la recuperación será de 5,9%, siendo este último un punto porcentual menor a julio último.

No obstante, según se desprende del informe, la Argentina -el resto de los emergentes y de bajos ingresos- no alcanzará este año niveles de crecimiento prepandemia ni este año ni en 2022 como lo harían los desarrollados, aunque todos los pronósticos están puestos en tela de juicio por la continuidad de la pandemia.

Respecto de las cifras de inflación en la Argentina, el FMI se excusó de realizar proyecciones para el país debido a las negociaciones en curso entre el organismo y la Argentina, para reprogramar los 45.000 millones de dólares de deuda heredados de la gestión anterior.

“Para Argentina, las variables fiscales y de inflación son excluidos de la publicación para 2021-26, ya que están vinculadas en gran medida a las negociaciones del programa aún pendientes”, aclaró el Fondo en el informe.

Consultada durante la conferencia de prensa sobre el nivel de precios de Argentina, Gopinath expresó que “mantenemos las expectativas de inflación de Argentina como desancladas”.

Y continuó: “Siguen desancladas en este punto también debido a la mayor dependencia del financiamiento monetario en la Argentina. Esa es la imagen actual. Continuamos trabajando en estrecha colaboración a nivel técnico con el Gobierno de la Argentina para encontrar soluciones para un crecimiento más sostenible”, se explayó Gopinath.

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Superar las divisiones y suprimir los obstáculos a la recuperación

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Muchas gracias por su cálida bienvenida. Gracias también a la Universidad Bocconi y al ISPI, presidente y coordinador nacional del T-20, por invitarme a este importante evento del G-20. Estoy encantada de compartir el debate de hoy con Mario y Paolo[i].

Estoy convencida de que los alumnos de la Universidad Bocconi, como todos los jóvenes, están ansiosos por volver a las aulas de forma presencial, con energía y optimismo renovados.

Esto me lleva a las buenas noticias sobre la economía mundial. En los últimos 10 meses, las vacunas han salvado la vida a millones de personas. Esto, unido a las extraordinarias políticas de respaldo, nos ha dado el empujón necesario para dejar atrás la crisis e iniciar la recuperación.

Pero esto solo es una parte de la historia.

Afrontamos ahora una recuperación mundial que sigue obstaculizada por la pandemia y sus repercusiones. Algo nos impide caminar bien, como cuando tenemos piedras en los zapatos. 

El obstáculo más inmediato es la “gran división de las vacunas”: demasiados países con acceso insuficiente a las vacunas, lo cual deja a demasiadas personas sin protección frente a la Covid.

Al mismo tiempo, los países siguen profundamente divididos en cuanto a su capacidad de respuesta, de poder respaldar la recuperación y de poder invertir en el futuro.

De todos modos, asegurar una recuperación más sólida y conformar un mundo pospandémico mejor para todos es posible, pero solo si trabajamos codo con codo para superar estas divisiones.

Este será el eje central de las Reuniones Anuales la semana próxima.

2. Perspectivas mundiales: Divergencia, inflación y deuda

Fijémonos en el panorama económico.

En julio, proyectamos un crecimiento mundial del 6% para 2021. Como verán en las Perspectivas de la economía mundial actualizadas la semana que viene, las previsiones indican ahora que el crecimiento se suavizará ligeramente este año

No obstante, los riesgos y obstáculos a una recuperación mundial equilibrada se han vuelto todavía más pronunciados; las piedras en los zapatos nos hacen cada vez más daño. Aquí me centraré en tres de estas piedras.

La primera es la divergencia en el crecimiento económico.

Estados Unidos y China siguen siendo motores esenciales para el crecimiento, aunque están perdiendo fuelle. Unas pocas economías avanzadas y emergentes siguen cobrando impulso; entre ellas, Italia y Europa en general.

En cambio, en muchos otros países, el crecimiento continúa empeorando, obstaculizado por el escaso acceso a las vacunas y la limitada respuesta de política, en especial en algunas naciones de bajo ingreso. Además, esta divergencia de las dinámicas económicas se está afianzando.

Se prevé que el producto económico de las economías avanzadas volverá a situarse en las tendencias de antes de la pandemia en 2022. En cambio, la mayoría de los países emergentes y en desarrollo tardarán muchos años más en recuperarse.

Este retraso en la recuperación económica hará que sea todavía más difícil evitar las cicatrices económicas prolongadas, entre otras cosas como consecuencia de la pérdida de empleo, que afectó sobre todo a los jóvenes, las mujeres y los trabajadores informales.

La segunda “piedra” que tenemos en el zapato es la inflación.

Las tasas de inflación general han aumentado con rapidez en unos cuantos países, pero aquí también unos se han visto más afectados que otros.

Aunque  prevemos que las presiones de los precios se moderarán en la mayoría de los países en 2022, se espera que estas presiones persistan en algunas economías emergentes y en desarrollo.

Una de las cosas que más preocupa de la inflación es el aumento de los precios mundiales de los alimentos, que han subido más de un 30% en el último año. Esto, unido al incremento de los precios de la energía, ha aumentado todavía más la presión sobre las familias más pobres.

En términos más generales, las perspectivas de inflación siguen siendo muy inciertas. Un incremento más sostenido de las expectativas de inflación podría provocar un rápido aumento de las tasas de interés y un fuerte endurecimiento de las condiciones financieras.

Esto plantearía serias dificultades a las economías emergentes y en desarrollo con niveles de deuda elevados.

Lo cual me lleva a la tercera “piedra”: la deuda.

Según nuestras estimaciones, la deuda pública mundial ha aumentado en casi un 100% del PIB[ii], esencialmente debido a la necesaria respuesta fiscal a la crisis y las cuantiosas pérdidas de producto e ingreso originadas por la pandemia.

Se observa aquí otra profunda división, que afecta más a unos países que otros, sobre todo en el mundo en desarrollo.

Muchos de ellos abordaron la pandemia con muy poca capacidad fiscal. Ahora, sus presupuestos ofrecen un margen todavía menor, así como una capacidad muy limitada para emitir deuda nueva en condiciones favorables.

En resumen, les esperan tiempos difíciles y están atrapados en el lado equivocado de la división de financiamiento fiscal.

3. Sólidas medidas de política: Vacunar, calibrar, acelerar

Así pues, ¿qué podemos hacer para quitarnos estas “piedras” de los zapatos y superar estas divisiones y obstáculos a la recuperación?

La respuesta es: vacunarcalibrar y acelerar.

En primer lugar, vacunar al mundo.

Todavía estamos a tiempo de alcanzar el objetivo establecido conjuntamente por el FMI, el Banco Mundial, la OMS y la OMC de vacunar por lo menos al 40% de la población de cada país antes de que termine el año, y al 70% en el primer semestre de 2022.

Sin embargo, necesitamos un empujón más grande.

Debemos aumentar considerablemente la distribución de dosis de la vacuna al mundo en desarrollo. Las naciones más ricas deben cumplir sus compromisos de donación de forma inmediata.Juntos debemos dar impulso a la producción de vacunas y las redes de distribución, y eliminar las restricciones comerciales a los insumos médicos. Además de las vacunas, debemos cerrar también la brecha de USD 20.000 millones con financiamiento en forma de donaciones para actividades de detección, rastreo y herramientas terapéuticas.

De lo contrario, grandes partes el mundo quedarán sin vacunar, y la tragedia humanitaria se prolongará, lo cual frenaría la recuperación. En los próximos cinco años, podríamos asistir a un aumento de las pérdidas del PIB mundial de hasta USD 5,3 billones[iii].

En segundo lugar, calibrar las políticas según las circunstancias de cada país.

Cuanto más tiempo nos acompañe la pandemia, más persistentes serán las divisiones entre países, y más complejas y variadas serán las decisiones de política.

Pensemos en la inflación y la política monetaria. Si bien los bancos centrales pueden en general hacer caso omiso a las presiones de inflación transitorias y renunciar a la aplicación de medidas de endurecimiento monetario hasta que haya mayor claridad sobre la dinámica de precios subyacente, deben estar preparados para actuar con celeridad si el fortalecimiento de la recuperación económica es más rápido de lo esperado, o si los riesgos de que las expectativas de inflación aumenten se concretan. Algunos países que ya enfrentan crecientes expectativas de inflación y presiones más persistentes en los precios se han visto obligados a tomar medidas restrictivas, una decisión difícil en plena recuperación errática.

Tampoco podemos olvidar la supervisión de los riesgos financieros —como las tensiones en las valoraciones de los activos—, muy variados según el país.

Calibrar las políticas significa también adaptar cuidadosamente las medidas fiscales. Cuanto más dure la pandemia, más restrictivas serán las limitaciones fiscales, lo cual planteará difíciles disyuntivas entre proporcionar ayudas de emergencia a los ciudadanos, respaldar la economía a corto plazo y promocionar los objetivos estructurales a largo plazo. 

Los países de bajo ingreso enfrentan retos particulares, debido a sus enormes necesidades de financiamiento, la elevada carga de deuda y —esto de forma más reciente— un fuerte incremento de los costos del servicio de la deuda. Estos países necesitarán ampliar la movilización del ingreso, aumentar el financiamiento concesionario y recibir más ayudas para abordar los problemas de la deuda.

Para afrontar estos retos, los gobiernos necesitan reforzar la credibilidad de las políticas, con sólidos marcos a mediano plazo para garantizar el equilibrio adecuado entre la prestación de apoyo inmediato y la reducción progresiva de la deuda, para obtener la confianza de ciudadanos y mercados.

A la vez que lidian con la necesidad de vacunar a la población y calibrar las políticas, los países deben mirar al futuro, un futuro más verde, más inteligente y más justo.

Lo cual me lleva al tercer imperativo en materia de políticas: “acelerar” las reformas necesarias para transformar las economías.

En medio de los radicales cambios a nivel mundial que se producirán en los próximos años —y décadas—, consideramos que los temas prioritarios de la estabilidad económica y financiera son tres: el cambio climático, el cambio tecnológico y la inclusión.

Somos conscientes de que la lucha contra el cambio climático es fundamental para el planeta y la prosperidad. Las funestas advertencias sobre el cambio climático que se hacen en el reciente informe del IPCC no dejan sombra de duda: hay que actuar ya.

Debemos establecer un precio robusto para las emisiones de carbono, ampliar considerablemente la inversión verde en las dos próximas décadas y apoyar a los grupos más vulnerables de cada sociedad, y a los países más frágiles. De este modo, lograremos asegurar una transición que nos beneficie a todos y que, además, sea justa.

La transición verde nos brinda también oportunidades extraordinarias: el cambio en favor de las energías renovables, nuevas redes eléctricas, la eficiencia energética y la movilidad con bajas emisiones de carbono. Si esto lo hacemos con una combinación de políticas de oferta, podríamos conseguir un aumento del PIB mundial de aproximadamente el 2% en esta década, y crear 30 millones de nuevos puestos de trabajo.

Sin lugar a dudas, el financiamiento del sector privado será determinante, lo cual obliga a redoblar los esfuerzos globales para mejorar los datos, las declaraciones y las taxonomías.  

La revolución digital también nos brinda enormes oportunidades. Es fundamental aumentar la inversión en infraestructura digital y combinarla con la inversión en educación y salud de las personas, y en investigación básica. De este modo, conseguiremos economías más productivas, y más inclusivas.

Para liberar este potencial, se requieren sistemas tributarios más justos y eficientes. Cerrar el acuerdo sobre un impuesto mínimo de sociedades a nivel mundial es indispensable si queremos ayudar a movilizar ingresos para inversiones transformadoras.

Si trabajamos juntos, podemos asegurar una transformación del sistema monetario internacional que nos beneficie a todos.

He aquí un ejemplo: un nuevo proyecto piloto[i] indica que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales pueden reducir a segundos el tiempo que se necesita para efectuar pagos transfronterizos, con lo cual permiten también rebajar enormemente los costos. Evidentemente, las posibilidades y los peligros de la nueva tecnología deberán gestionarse con cuidado.

*****

Habida cuenta de la magnitud de los retos de política que se plantean para superar estos obstáculos, deben tomarse medidas contundentes a todos los niveles, nacionales y multilaterales. 

Por nuestra parte, desde el FMI mantenemos inalterable nuestro compromiso con los países miembros. Seguimos calibrando nuestro apoyo financiero, como también lo hacemos con nuestro análisis de políticas y el asesoramiento técnico. Además, aceleraremos nuestra propia transformación, con el fin de adaptarnos a las necesidades cambiantes de nuestros países miembros.

Hemos redoblado nuestros esfuerzos de una forma sin precedentes, proporcionando USD 118.000 millones en nuevo financiamiento a 87 países y alivio del servicio de la deuda a los países miembros más pobres.

Gracias a la voluntad colectiva de nuestros países miembros, realizamos una nueva asignación de derechos especiales de giro por un monto de USD 650.000 millones en agosto. Se trata de la mayor emisión de la historia del FMI, en medio de esta crisis sin parangón. Aproximadamente USD 275.000 millones de dicha asignación se destinaron a países emergentes y en desarrollo.

La tenencia de los nuevos DEG como parte de sus reservas oficiales ha reportado beneficios inmediatos a los países, lo cual puede favorecer la confianza y reducir los costos de financiamiento.

Algunos de estos países ya están utilizando una parte de los DEG para cubrir necesidades prioritarias, o tienen previsto hacerlo. Nepal los destinará a importar vacunas. Macedonia del Norte, a gastos sanitarios y ayudas relacionadas con la pandemia. Senegal, a ampliar su capacidad de producción de vacunas. Y en Haití, que ya se encuentra en una situación muy complicada, los DEG ayudarán a financiar importaciones esenciales.

Aun así, todavía podemos hacer más para ayudar a los países a eliminar los obstáculos a la recuperación. Podemos amplificar el impacto de esta asignación y asegurarnos de que los países más necesitados reciben más DEG. Instamos a los países con sólidas posiciones externas a canalizar sus DEG en forma voluntaria.

Esto significa incorporar nuevos DEG al Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, lo cual ampliará nuestra capacidad de ofrecer préstamos con tasa de interés cero a países de bajo ingreso. Asimismo, estamos estudiando con nuestros países miembros la posibilidad de usar los DEG para crear el Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad, con el objetivo de ayudar a los países de bajo ingreso y los países de mediano ingreso vulnerables a generar un futuro sostenible y próspero.

Sacar el máximo partido de estos nuevos DEG es bueno para la recuperación mundial, para los países y para las personas.

4. Conclusión

Antes de terminar, permítanme unas reflexiones finales.

A menudo me inquieto pensando en el mundo que mi nieta y los demás jóvenes van a heredar. No obstante, el escenario en el que nos encontramos hoy es fuente de inspiración y esperanza.

Aunque nos separa un océano, nos hemos reunido para concebir un futuro mejor. Los estudiantes aquí reunidos —los excelentes alumnos de la Universidad Bocconi— tienen la energía, el entusiasmo y la sabiduría académica necesarios para superar los obstáculos que tenemos por delante.

Hemos aprendido tantas cosas en los últimos 18 meses. Esta crisis extraordinaria nos ha dividido, pero también nos ha dotado de una serie de conocimientos que nos permiten cambiar la forma de pensar sobre nuestro futuro.

Resulta muy apropiado hablar de estos temas en Bocconi, puesto que el progreso económico y social está profundamente arraigado en la historia de la Universidad. 

Ahora debemos aprovechar esta clarividencia y las lecciones que nos ha dado la crisis para ir suprimiendo los obstáculos que vayan apareciendo en nuestro camino —esas piedras que se nos han metido en los zapatos—, y seguir avanzando hacia un mejor futuro para todos.

Molte grazie.


[i] Mario Monti, Presidente de la Universidad Bocconi, y Paolo Magri, Vicepresidente Ejecutivo del Instituto Italiano de Estudios de Política Internacional.

[ii] Nueva estimación del FMI. Deuda pública mundial al final de 2020.

[iii] Esto refleja el “escenario endémico”, en el cual grandes partes del mundo siguen sin vacunar, y las economías se adaptan a “convivir con la Covid”.

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El FMI reconoció que debe ser “más sensible” a las consecuencias sociales de sus programas

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció hoy que debe mejorar sus acciones y prestar más atención a las implicaciones de crecimiento de los programas que acuerda con los países, y resultar “más sensible y realista a los aspectos sociales” y a sus consecuencias en la distribución del ingreso.

En un informe de la Oficina de Evaluación Independiente (OEI) del FMI, que analizó los programas otorgados a países de diferentes regiones desde el 2008 al 2020 -la Argentina no se encuentra incluida en la lista-, se reconoció que aumentó su atención al crecimiento de los países en el diseño de sus programas.

Pero a la vez el informe efectuó una serie de recomendaciones para considerar más acciones en este sentido al acordar los programas de financiamiento.

“A pesar de la creciente atención del FMI al crecimiento debería considerar un número de acciones para mejorar aún más la capacidad de los países en que se ejecutan programas para mantener la actividad, mientras se realizan los ajustes necesarios” durante el período de vigencia de cada acuerdo, se planteó.

Pero también se llama la atención con la necesidad de sostener la atención de los funcionarios del Fondo en que se generen las condiciones para “mejorar las perspectivas de crecimiento más allá del programa”.

Dicha dependencia se expresó así, al referirse a los programas de crédito que otorga el FMI, que generalmente llevan a medidas de ajuste para corregir desequilibrios macroeconómicos.

Entre las principales recomendaciónes, la Oficina expresó que “se debe prestar atención a las implicaciones para el crecimiento de los programas respaldados por el FMI- más completos, sistemáticos, realistas y sensibles a los aspectos sociales y a las consecuencias distributivas”.

Pese a que el préstamo por US$ 44.000 millones otorgado bajo el mandato del expresidente Mauricio Macri no está incluido en el informe, las recomendaciones dadas a conocer hoy, que contaron con el apoyo explícito de la titular del FMI, Kristalina Georgieva, servirán para el diseño del próximo programa que suscribirá el FMI con la Argentina, bajo la administración de Alberto Fernández.

El segundo eje de recomendaciones tiene que ver con que “los programas respaldados por el FMI deberían prestar mayor atención a apoyar más eficazmente reformas estructurales profundas, orientadas al crecimiento con un incentivo al desarrollo de capacidades y una más eficaz colaboración con socios en áreas ajenas al mandato básico y experiencia del FMI”.

Por último, el tercer eje de recomendaciones tiene que ver con que “el Fondo debería seguir invirtiendo en la creación de un conjunto de herramientas de modelos y monitores que puedan ser aplicados como base para el análisis de la relación ajuste-crecimiento y puedan seguir evaluando desarrollos relacionados con el crecimiento, en el contexto del programa”.

En este sentido, Georgieva consideró que el nuevo informe “ofrece valiosos análisis y recomendaciones y llega en un momento muy oportuno, ya que los préstamos de fondos están en su punto más alto”, expuso.

La titular del FMI se mostró en acuerdo en general con el resultado de la investigación, y puso el acento en la primera recomendación de prestar más atención a las implicancias sociales de los programas.

También expresó estar “satisfecha con la conclusión de OEI de que no hay evidencia de un sesgo constante hacia la austeridad excesiva en los programas respaldados por el FMI durante el período de evaluación”.

Asimismo, sobre recetas de recomendaciones de políticas que evaluó el OEI, Georgieva se expresó en la necesidad del staff del FMI de “encontrar un equilibrio entre la orientación general y la consideración de las circunstancias políticas”.

A modo particular del uso del tipo de cambio para estabilizar la economía. Georgieva expresó: “Quisiera enfatizar que no existe un enfoque único para todos, con la necesidad de una evaluación caso por caso de las circunstancias de cada país”.

“En algunos casos, el uso del el tipo de cambio no es posible debido a los acuerdos monetarios regionales, un gran derrame negativo riesgos y, en última instancia, decisiones nacionales sobre el régimen cambiario, que la OEI también reconoce”, advirtió.

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Pensar en verde: el valor de la selva que puede cambiar la ecuación económica de Misiones

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El tema comienza a ganar espacio en el debate global sobre el cuidado del medioambiente y cómo deben ser compensados los países que más están haciendo por conservarlo o recuperarlo. Argentina se propuso llegar en 2050 a la meta de emisión de carbono neutral -conseguir emisiones de dióxido de carbono netas iguales a cero equilibrando la cantidad de dióxido de carbono liberado a la atmósfera con una cantidad equivalente retirada de la atmósfera o fijada por plantas, o comprando los suficientes créditos de carbono-.

El último estudio oficial del Gobierno argentino de 2016, destaca que Misiones es la única provincia con tendencia a ser carbono negativo, es decir, retiene más de lo que emite. 

Ese dato viene de la mano de la biodiversidad que conserva Misiones, pero al mismo tiempo plantea un enorme desafío sobre cómo seguir sosteniendo la conservación al mismo tiempo que se garantizan recursos y alimentos para una población cuya expansión no puede avanzar sobre territorios protegidos. 

Hasta ahora los cálculos sobre cuánto vale la selva estaban basados en una ecuación marcada por lo que Misiones deja de ganar con productos agrícolas, como la soja o el maíz, y los impuestos que no se recaudan por el monte. La selva frenando la expansión de la frontera agrícola. 

Hace un año, un estudio del ministerio de Hacienda de Misiones calculaba que si 25 mil familias de productores misioneros se dedicaran a producir soja, tendrían una renta potencial anual por 79.000 millones, equivalente a casi un 80% del presupuesto provincial con una rentabilidad de casi 23.000 millones. 

Al mismo tiempo, a valores de 2020, Misiones dejaba de percibir 10.400 millones de pesos en impuestos a los Ingresos Brutos por actividades comerciales e industriales que podrían llevarse adelante en las 1,6 millones de hectáreas protegidas. 

Como Misiones no tiene intenciones de tocar el monte que ya es una marca registrada, sostiene un reclamo a la Nación por servicios ecosistémicos durante los últimos años, por 126 mil millones. Hasta ahora ningún Gobierno ha atendido ese reclamo, pero ahora la misma Nación le puso números (más altos) al valor de la conservación. 

En un documento que consiguió el ministerio de Cambio Climático de Misiones, la Nación asigna un valor de 6.947 dólares por hectárea de bosque subtropical y de 180.927 dólares por hectárea en un humedal, ambos ambientes que coexisten en Misiones. No se trata de estimaciones, sino de información oficial.

Con esos números en mano, el ministro de Cambio Climático, Patricio Lombardi agrega otro dato: el valor intangible de conservar la biodiversidad casi intacta, con el ecosistema funcionando a pleno con un depredador tope como el yaguareté, que vive en estado natural en la selva misionera, mientras que en los Esteros del Iberá o el Impenetrable chaqueño, se están haciendo esfuerzos para su reintroducción. 

De acuerdo al último inventario de Bosques de Nación, Misiones tiene 1.612.558 hectáreas de bosque en distintos tipos de conservación. Aplicando la fórmula con los números de Nación, equivale a 11.202.440.426 dólares. Ese sería el valor de la selva misionera. 

Esos números expuestos en el documento de Nación son mucho más altos que los que estimaba Misiones. 

Actualmente en las oficinas de Cambio Climático -un enorme salón con vista al río Paraná que funciona como coworking sin despachos ni divisiones por donde circulan permanentemente intendentes y ambientalistas en la búsqueda de acciones sustentables- se está haciendo un estudio con biólogos e ingenieros ambientales sobre el valor de la biodiversidad, tomando parámetros de la Organización de Naciones Unidas.

La Selva Misionera es uno de los bosques más biodiversos del país y el de mayor biodiversidad del continente luego del Amazonas. Debido a su importancia, WWF la incluyó en la lista Global de las 200 ecorregiones mundialmente prioritarias para la conservación.

Pero hay otro dato que entusiasma más que el valor abstracto de la selva: el International Monetary Fund -el FMI- puso un precio base de 50 dólares para la tonelada capturada de carbono. Se calcula que en una hectárea se capturan tres toneladas de carbono al año. Es decir, cada hectárea de selva multiplicada por 150 dólares. 

Kristalina Georgieva es, sorprendentemente, una de las principales impulsoras de que los países ricos paguen a los países pobres y en desarrollo como un mecanismo para reducir emisiones y al mismo tiempo, equilibrar la balanza financiera. 

“Para mitigar el cambio climático, es fundamental contar con un precio del carbono fuerte. La solidaridad entre los mayores emisores, en forma de un precio mínimo internacional del carbono, así como la solidaridad con el mundo en desarrollo, mediante apoyo financiero, determinará en gran medida nuestras perspectivas para mitigar los riesgos y adaptarnos a las consecuencias”, dijo Georgieva el 14 de mayo, en una conferencia ante la Pontificia Academia de las Ciencias.

El Papa Francisco impulsa el concepto de acreedores ambientales. Esa idea invierte la ecuación y convierte a países como Argentina, en acreedor de sus prestamistas.

Por supuesto, para que eso se haga realidad, habrá que tener mucha fe. 

Lombardi adhiere a la idea, pero sabe que su concreción es una quimera. “Nosotros además de producir yerba y té, producimos servicios ecosistémicos premium que el mundo valora cada día más. Además fijamos Carbono. Hoy, países como Suiza, pagan más de 100 dólares por una tonelada”, señala el ministro. 

Mientras tanto, advierte que hay otras medidas que se pueden tomar para mitigar el cambio climático. El ministro diseña junto a su equipo -con mayoría de mujeres- distintas acciones con los municipios. Algunas avanzadas, otras en proceso. 

Por caso, Posadas, Garupá y Candelaria contarán con una nueva planta de procesamiento de los residuos sólidos urbanos. Cambio Climático, junto al Instituto provincial de Desarrollo Habitacional gestionaron los fondos con el ministerio de Ambiente de Nación. Se estima una inversión de 11,2 millones de dólares. 

El EcoParque industrial de Cerro Azul está a pasos de la concreción, con industrias comprometidas con procesos amigables con el ambiente. También hay diálogos con multinacionales que quieren comprar bonos de carbono y hasta con la Federación Internacional de Automovilismo, que quiere hacer una exposición de autos eléctricos en Misiones. La motricidad eléctrica es una realidad en el ministerio: los despachos se realizan en motos eléctricas, que le fueron donadas al organismo, que tuvo que poner un tótem de carga en la Costanera posadeña para la recarga de los vehículos no contaminantes. 

Lombardi también insiste en un concepto para compensar a quienes cuidan de la naturaleza: “Es de abajo hacia arriba”, explica. “La ONU le da dinero a los Gobiernos centrales, pero no a los intendentes, que saben más que los ministros de cómo se cuida el ambiente en el terreno y cómo gestionar una economía más sustentable. Eso hay que cambiar de modo urgente”, sentencia. 

El 3 de septiembre, en el Congreso de Cambio Climático que se hará en Francia, se expondrá el “caso Misiones” y esa interpelación a los demás países.

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