Kristalina Georgieva

Superar las divisiones y suprimir los obstáculos a la recuperación

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Muchas gracias por su cálida bienvenida. Gracias también a la Universidad Bocconi y al ISPI, presidente y coordinador nacional del T-20, por invitarme a este importante evento del G-20. Estoy encantada de compartir el debate de hoy con Mario y Paolo[i].

Estoy convencida de que los alumnos de la Universidad Bocconi, como todos los jóvenes, están ansiosos por volver a las aulas de forma presencial, con energía y optimismo renovados.

Esto me lleva a las buenas noticias sobre la economía mundial. En los últimos 10 meses, las vacunas han salvado la vida a millones de personas. Esto, unido a las extraordinarias políticas de respaldo, nos ha dado el empujón necesario para dejar atrás la crisis e iniciar la recuperación.

Pero esto solo es una parte de la historia.

Afrontamos ahora una recuperación mundial que sigue obstaculizada por la pandemia y sus repercusiones. Algo nos impide caminar bien, como cuando tenemos piedras en los zapatos. 

El obstáculo más inmediato es la “gran división de las vacunas”: demasiados países con acceso insuficiente a las vacunas, lo cual deja a demasiadas personas sin protección frente a la Covid.

Al mismo tiempo, los países siguen profundamente divididos en cuanto a su capacidad de respuesta, de poder respaldar la recuperación y de poder invertir en el futuro.

De todos modos, asegurar una recuperación más sólida y conformar un mundo pospandémico mejor para todos es posible, pero solo si trabajamos codo con codo para superar estas divisiones.

Este será el eje central de las Reuniones Anuales la semana próxima.

2. Perspectivas mundiales: Divergencia, inflación y deuda

Fijémonos en el panorama económico.

En julio, proyectamos un crecimiento mundial del 6% para 2021. Como verán en las Perspectivas de la economía mundial actualizadas la semana que viene, las previsiones indican ahora que el crecimiento se suavizará ligeramente este año

No obstante, los riesgos y obstáculos a una recuperación mundial equilibrada se han vuelto todavía más pronunciados; las piedras en los zapatos nos hacen cada vez más daño. Aquí me centraré en tres de estas piedras.

La primera es la divergencia en el crecimiento económico.

Estados Unidos y China siguen siendo motores esenciales para el crecimiento, aunque están perdiendo fuelle. Unas pocas economías avanzadas y emergentes siguen cobrando impulso; entre ellas, Italia y Europa en general.

En cambio, en muchos otros países, el crecimiento continúa empeorando, obstaculizado por el escaso acceso a las vacunas y la limitada respuesta de política, en especial en algunas naciones de bajo ingreso. Además, esta divergencia de las dinámicas económicas se está afianzando.

Se prevé que el producto económico de las economías avanzadas volverá a situarse en las tendencias de antes de la pandemia en 2022. En cambio, la mayoría de los países emergentes y en desarrollo tardarán muchos años más en recuperarse.

Este retraso en la recuperación económica hará que sea todavía más difícil evitar las cicatrices económicas prolongadas, entre otras cosas como consecuencia de la pérdida de empleo, que afectó sobre todo a los jóvenes, las mujeres y los trabajadores informales.

La segunda “piedra” que tenemos en el zapato es la inflación.

Las tasas de inflación general han aumentado con rapidez en unos cuantos países, pero aquí también unos se han visto más afectados que otros.

Aunque  prevemos que las presiones de los precios se moderarán en la mayoría de los países en 2022, se espera que estas presiones persistan en algunas economías emergentes y en desarrollo.

Una de las cosas que más preocupa de la inflación es el aumento de los precios mundiales de los alimentos, que han subido más de un 30% en el último año. Esto, unido al incremento de los precios de la energía, ha aumentado todavía más la presión sobre las familias más pobres.

En términos más generales, las perspectivas de inflación siguen siendo muy inciertas. Un incremento más sostenido de las expectativas de inflación podría provocar un rápido aumento de las tasas de interés y un fuerte endurecimiento de las condiciones financieras.

Esto plantearía serias dificultades a las economías emergentes y en desarrollo con niveles de deuda elevados.

Lo cual me lleva a la tercera “piedra”: la deuda.

Según nuestras estimaciones, la deuda pública mundial ha aumentado en casi un 100% del PIB[ii], esencialmente debido a la necesaria respuesta fiscal a la crisis y las cuantiosas pérdidas de producto e ingreso originadas por la pandemia.

Se observa aquí otra profunda división, que afecta más a unos países que otros, sobre todo en el mundo en desarrollo.

Muchos de ellos abordaron la pandemia con muy poca capacidad fiscal. Ahora, sus presupuestos ofrecen un margen todavía menor, así como una capacidad muy limitada para emitir deuda nueva en condiciones favorables.

En resumen, les esperan tiempos difíciles y están atrapados en el lado equivocado de la división de financiamiento fiscal.

3. Sólidas medidas de política: Vacunar, calibrar, acelerar

Así pues, ¿qué podemos hacer para quitarnos estas “piedras” de los zapatos y superar estas divisiones y obstáculos a la recuperación?

La respuesta es: vacunarcalibrar y acelerar.

En primer lugar, vacunar al mundo.

Todavía estamos a tiempo de alcanzar el objetivo establecido conjuntamente por el FMI, el Banco Mundial, la OMS y la OMC de vacunar por lo menos al 40% de la población de cada país antes de que termine el año, y al 70% en el primer semestre de 2022.

Sin embargo, necesitamos un empujón más grande.

Debemos aumentar considerablemente la distribución de dosis de la vacuna al mundo en desarrollo. Las naciones más ricas deben cumplir sus compromisos de donación de forma inmediata.Juntos debemos dar impulso a la producción de vacunas y las redes de distribución, y eliminar las restricciones comerciales a los insumos médicos. Además de las vacunas, debemos cerrar también la brecha de USD 20.000 millones con financiamiento en forma de donaciones para actividades de detección, rastreo y herramientas terapéuticas.

De lo contrario, grandes partes el mundo quedarán sin vacunar, y la tragedia humanitaria se prolongará, lo cual frenaría la recuperación. En los próximos cinco años, podríamos asistir a un aumento de las pérdidas del PIB mundial de hasta USD 5,3 billones[iii].

En segundo lugar, calibrar las políticas según las circunstancias de cada país.

Cuanto más tiempo nos acompañe la pandemia, más persistentes serán las divisiones entre países, y más complejas y variadas serán las decisiones de política.

Pensemos en la inflación y la política monetaria. Si bien los bancos centrales pueden en general hacer caso omiso a las presiones de inflación transitorias y renunciar a la aplicación de medidas de endurecimiento monetario hasta que haya mayor claridad sobre la dinámica de precios subyacente, deben estar preparados para actuar con celeridad si el fortalecimiento de la recuperación económica es más rápido de lo esperado, o si los riesgos de que las expectativas de inflación aumenten se concretan. Algunos países que ya enfrentan crecientes expectativas de inflación y presiones más persistentes en los precios se han visto obligados a tomar medidas restrictivas, una decisión difícil en plena recuperación errática.

Tampoco podemos olvidar la supervisión de los riesgos financieros —como las tensiones en las valoraciones de los activos—, muy variados según el país.

Calibrar las políticas significa también adaptar cuidadosamente las medidas fiscales. Cuanto más dure la pandemia, más restrictivas serán las limitaciones fiscales, lo cual planteará difíciles disyuntivas entre proporcionar ayudas de emergencia a los ciudadanos, respaldar la economía a corto plazo y promocionar los objetivos estructurales a largo plazo. 

Los países de bajo ingreso enfrentan retos particulares, debido a sus enormes necesidades de financiamiento, la elevada carga de deuda y —esto de forma más reciente— un fuerte incremento de los costos del servicio de la deuda. Estos países necesitarán ampliar la movilización del ingreso, aumentar el financiamiento concesionario y recibir más ayudas para abordar los problemas de la deuda.

Para afrontar estos retos, los gobiernos necesitan reforzar la credibilidad de las políticas, con sólidos marcos a mediano plazo para garantizar el equilibrio adecuado entre la prestación de apoyo inmediato y la reducción progresiva de la deuda, para obtener la confianza de ciudadanos y mercados.

A la vez que lidian con la necesidad de vacunar a la población y calibrar las políticas, los países deben mirar al futuro, un futuro más verde, más inteligente y más justo.

Lo cual me lleva al tercer imperativo en materia de políticas: “acelerar” las reformas necesarias para transformar las economías.

En medio de los radicales cambios a nivel mundial que se producirán en los próximos años —y décadas—, consideramos que los temas prioritarios de la estabilidad económica y financiera son tres: el cambio climático, el cambio tecnológico y la inclusión.

Somos conscientes de que la lucha contra el cambio climático es fundamental para el planeta y la prosperidad. Las funestas advertencias sobre el cambio climático que se hacen en el reciente informe del IPCC no dejan sombra de duda: hay que actuar ya.

Debemos establecer un precio robusto para las emisiones de carbono, ampliar considerablemente la inversión verde en las dos próximas décadas y apoyar a los grupos más vulnerables de cada sociedad, y a los países más frágiles. De este modo, lograremos asegurar una transición que nos beneficie a todos y que, además, sea justa.

La transición verde nos brinda también oportunidades extraordinarias: el cambio en favor de las energías renovables, nuevas redes eléctricas, la eficiencia energética y la movilidad con bajas emisiones de carbono. Si esto lo hacemos con una combinación de políticas de oferta, podríamos conseguir un aumento del PIB mundial de aproximadamente el 2% en esta década, y crear 30 millones de nuevos puestos de trabajo.

Sin lugar a dudas, el financiamiento del sector privado será determinante, lo cual obliga a redoblar los esfuerzos globales para mejorar los datos, las declaraciones y las taxonomías.  

La revolución digital también nos brinda enormes oportunidades. Es fundamental aumentar la inversión en infraestructura digital y combinarla con la inversión en educación y salud de las personas, y en investigación básica. De este modo, conseguiremos economías más productivas, y más inclusivas.

Para liberar este potencial, se requieren sistemas tributarios más justos y eficientes. Cerrar el acuerdo sobre un impuesto mínimo de sociedades a nivel mundial es indispensable si queremos ayudar a movilizar ingresos para inversiones transformadoras.

Si trabajamos juntos, podemos asegurar una transformación del sistema monetario internacional que nos beneficie a todos.

He aquí un ejemplo: un nuevo proyecto piloto[i] indica que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales pueden reducir a segundos el tiempo que se necesita para efectuar pagos transfronterizos, con lo cual permiten también rebajar enormemente los costos. Evidentemente, las posibilidades y los peligros de la nueva tecnología deberán gestionarse con cuidado.

*****

Habida cuenta de la magnitud de los retos de política que se plantean para superar estos obstáculos, deben tomarse medidas contundentes a todos los niveles, nacionales y multilaterales. 

Por nuestra parte, desde el FMI mantenemos inalterable nuestro compromiso con los países miembros. Seguimos calibrando nuestro apoyo financiero, como también lo hacemos con nuestro análisis de políticas y el asesoramiento técnico. Además, aceleraremos nuestra propia transformación, con el fin de adaptarnos a las necesidades cambiantes de nuestros países miembros.

Hemos redoblado nuestros esfuerzos de una forma sin precedentes, proporcionando USD 118.000 millones en nuevo financiamiento a 87 países y alivio del servicio de la deuda a los países miembros más pobres.

Gracias a la voluntad colectiva de nuestros países miembros, realizamos una nueva asignación de derechos especiales de giro por un monto de USD 650.000 millones en agosto. Se trata de la mayor emisión de la historia del FMI, en medio de esta crisis sin parangón. Aproximadamente USD 275.000 millones de dicha asignación se destinaron a países emergentes y en desarrollo.

La tenencia de los nuevos DEG como parte de sus reservas oficiales ha reportado beneficios inmediatos a los países, lo cual puede favorecer la confianza y reducir los costos de financiamiento.

Algunos de estos países ya están utilizando una parte de los DEG para cubrir necesidades prioritarias, o tienen previsto hacerlo. Nepal los destinará a importar vacunas. Macedonia del Norte, a gastos sanitarios y ayudas relacionadas con la pandemia. Senegal, a ampliar su capacidad de producción de vacunas. Y en Haití, que ya se encuentra en una situación muy complicada, los DEG ayudarán a financiar importaciones esenciales.

Aun así, todavía podemos hacer más para ayudar a los países a eliminar los obstáculos a la recuperación. Podemos amplificar el impacto de esta asignación y asegurarnos de que los países más necesitados reciben más DEG. Instamos a los países con sólidas posiciones externas a canalizar sus DEG en forma voluntaria.

Esto significa incorporar nuevos DEG al Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza, lo cual ampliará nuestra capacidad de ofrecer préstamos con tasa de interés cero a países de bajo ingreso. Asimismo, estamos estudiando con nuestros países miembros la posibilidad de usar los DEG para crear el Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad, con el objetivo de ayudar a los países de bajo ingreso y los países de mediano ingreso vulnerables a generar un futuro sostenible y próspero.

Sacar el máximo partido de estos nuevos DEG es bueno para la recuperación mundial, para los países y para las personas.

4. Conclusión

Antes de terminar, permítanme unas reflexiones finales.

A menudo me inquieto pensando en el mundo que mi nieta y los demás jóvenes van a heredar. No obstante, el escenario en el que nos encontramos hoy es fuente de inspiración y esperanza.

Aunque nos separa un océano, nos hemos reunido para concebir un futuro mejor. Los estudiantes aquí reunidos —los excelentes alumnos de la Universidad Bocconi— tienen la energía, el entusiasmo y la sabiduría académica necesarios para superar los obstáculos que tenemos por delante.

Hemos aprendido tantas cosas en los últimos 18 meses. Esta crisis extraordinaria nos ha dividido, pero también nos ha dotado de una serie de conocimientos que nos permiten cambiar la forma de pensar sobre nuestro futuro.

Resulta muy apropiado hablar de estos temas en Bocconi, puesto que el progreso económico y social está profundamente arraigado en la historia de la Universidad. 

Ahora debemos aprovechar esta clarividencia y las lecciones que nos ha dado la crisis para ir suprimiendo los obstáculos que vayan apareciendo en nuestro camino —esas piedras que se nos han metido en los zapatos—, y seguir avanzando hacia un mejor futuro para todos.

Molte grazie.


[i] Mario Monti, Presidente de la Universidad Bocconi, y Paolo Magri, Vicepresidente Ejecutivo del Instituto Italiano de Estudios de Política Internacional.

[ii] Nueva estimación del FMI. Deuda pública mundial al final de 2020.

[iii] Esto refleja el “escenario endémico”, en el cual grandes partes del mundo siguen sin vacunar, y las economías se adaptan a “convivir con la Covid”.

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El FMI reconoció que debe ser “más sensible” a las consecuencias sociales de sus programas

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció hoy que debe mejorar sus acciones y prestar más atención a las implicaciones de crecimiento de los programas que acuerda con los países, y resultar “más sensible y realista a los aspectos sociales” y a sus consecuencias en la distribución del ingreso.

En un informe de la Oficina de Evaluación Independiente (OEI) del FMI, que analizó los programas otorgados a países de diferentes regiones desde el 2008 al 2020 -la Argentina no se encuentra incluida en la lista-, se reconoció que aumentó su atención al crecimiento de los países en el diseño de sus programas.

Pero a la vez el informe efectuó una serie de recomendaciones para considerar más acciones en este sentido al acordar los programas de financiamiento.

“A pesar de la creciente atención del FMI al crecimiento debería considerar un número de acciones para mejorar aún más la capacidad de los países en que se ejecutan programas para mantener la actividad, mientras se realizan los ajustes necesarios” durante el período de vigencia de cada acuerdo, se planteó.

Pero también se llama la atención con la necesidad de sostener la atención de los funcionarios del Fondo en que se generen las condiciones para “mejorar las perspectivas de crecimiento más allá del programa”.

Dicha dependencia se expresó así, al referirse a los programas de crédito que otorga el FMI, que generalmente llevan a medidas de ajuste para corregir desequilibrios macroeconómicos.

Entre las principales recomendaciónes, la Oficina expresó que “se debe prestar atención a las implicaciones para el crecimiento de los programas respaldados por el FMI- más completos, sistemáticos, realistas y sensibles a los aspectos sociales y a las consecuencias distributivas”.

Pese a que el préstamo por US$ 44.000 millones otorgado bajo el mandato del expresidente Mauricio Macri no está incluido en el informe, las recomendaciones dadas a conocer hoy, que contaron con el apoyo explícito de la titular del FMI, Kristalina Georgieva, servirán para el diseño del próximo programa que suscribirá el FMI con la Argentina, bajo la administración de Alberto Fernández.

El segundo eje de recomendaciones tiene que ver con que “los programas respaldados por el FMI deberían prestar mayor atención a apoyar más eficazmente reformas estructurales profundas, orientadas al crecimiento con un incentivo al desarrollo de capacidades y una más eficaz colaboración con socios en áreas ajenas al mandato básico y experiencia del FMI”.

Por último, el tercer eje de recomendaciones tiene que ver con que “el Fondo debería seguir invirtiendo en la creación de un conjunto de herramientas de modelos y monitores que puedan ser aplicados como base para el análisis de la relación ajuste-crecimiento y puedan seguir evaluando desarrollos relacionados con el crecimiento, en el contexto del programa”.

En este sentido, Georgieva consideró que el nuevo informe “ofrece valiosos análisis y recomendaciones y llega en un momento muy oportuno, ya que los préstamos de fondos están en su punto más alto”, expuso.

La titular del FMI se mostró en acuerdo en general con el resultado de la investigación, y puso el acento en la primera recomendación de prestar más atención a las implicancias sociales de los programas.

También expresó estar “satisfecha con la conclusión de OEI de que no hay evidencia de un sesgo constante hacia la austeridad excesiva en los programas respaldados por el FMI durante el período de evaluación”.

Asimismo, sobre recetas de recomendaciones de políticas que evaluó el OEI, Georgieva se expresó en la necesidad del staff del FMI de “encontrar un equilibrio entre la orientación general y la consideración de las circunstancias políticas”.

A modo particular del uso del tipo de cambio para estabilizar la economía. Georgieva expresó: “Quisiera enfatizar que no existe un enfoque único para todos, con la necesidad de una evaluación caso por caso de las circunstancias de cada país”.

“En algunos casos, el uso del el tipo de cambio no es posible debido a los acuerdos monetarios regionales, un gran derrame negativo riesgos y, en última instancia, decisiones nacionales sobre el régimen cambiario, que la OEI también reconoce”, advirtió.

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Pensar en verde: el valor de la selva que puede cambiar la ecuación económica de Misiones

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El tema comienza a ganar espacio en el debate global sobre el cuidado del medioambiente y cómo deben ser compensados los países que más están haciendo por conservarlo o recuperarlo. Argentina se propuso llegar en 2050 a la meta de emisión de carbono neutral -conseguir emisiones de dióxido de carbono netas iguales a cero equilibrando la cantidad de dióxido de carbono liberado a la atmósfera con una cantidad equivalente retirada de la atmósfera o fijada por plantas, o comprando los suficientes créditos de carbono-.

El último estudio oficial del Gobierno argentino de 2016, destaca que Misiones es la única provincia con tendencia a ser carbono negativo, es decir, retiene más de lo que emite. 

Ese dato viene de la mano de la biodiversidad que conserva Misiones, pero al mismo tiempo plantea un enorme desafío sobre cómo seguir sosteniendo la conservación al mismo tiempo que se garantizan recursos y alimentos para una población cuya expansión no puede avanzar sobre territorios protegidos. 

Hasta ahora los cálculos sobre cuánto vale la selva estaban basados en una ecuación marcada por lo que Misiones deja de ganar con productos agrícolas, como la soja o el maíz, y los impuestos que no se recaudan por el monte. La selva frenando la expansión de la frontera agrícola. 

Hace un año, un estudio del ministerio de Hacienda de Misiones calculaba que si 25 mil familias de productores misioneros se dedicaran a producir soja, tendrían una renta potencial anual por 79.000 millones, equivalente a casi un 80% del presupuesto provincial con una rentabilidad de casi 23.000 millones. 

Al mismo tiempo, a valores de 2020, Misiones dejaba de percibir 10.400 millones de pesos en impuestos a los Ingresos Brutos por actividades comerciales e industriales que podrían llevarse adelante en las 1,6 millones de hectáreas protegidas. 

Como Misiones no tiene intenciones de tocar el monte que ya es una marca registrada, sostiene un reclamo a la Nación por servicios ecosistémicos durante los últimos años, por 126 mil millones. Hasta ahora ningún Gobierno ha atendido ese reclamo, pero ahora la misma Nación le puso números (más altos) al valor de la conservación. 

En un documento que consiguió el ministerio de Cambio Climático de Misiones, la Nación asigna un valor de 6.947 dólares por hectárea de bosque subtropical y de 180.927 dólares por hectárea en un humedal, ambos ambientes que coexisten en Misiones. No se trata de estimaciones, sino de información oficial.

Con esos números en mano, el ministro de Cambio Climático, Patricio Lombardi agrega otro dato: el valor intangible de conservar la biodiversidad casi intacta, con el ecosistema funcionando a pleno con un depredador tope como el yaguareté, que vive en estado natural en la selva misionera, mientras que en los Esteros del Iberá o el Impenetrable chaqueño, se están haciendo esfuerzos para su reintroducción. 

De acuerdo al último inventario de Bosques de Nación, Misiones tiene 1.612.558 hectáreas de bosque en distintos tipos de conservación. Aplicando la fórmula con los números de Nación, equivale a 11.202.440.426 dólares. Ese sería el valor de la selva misionera. 

Esos números expuestos en el documento de Nación son mucho más altos que los que estimaba Misiones. 

Actualmente en las oficinas de Cambio Climático -un enorme salón con vista al río Paraná que funciona como coworking sin despachos ni divisiones por donde circulan permanentemente intendentes y ambientalistas en la búsqueda de acciones sustentables- se está haciendo un estudio con biólogos e ingenieros ambientales sobre el valor de la biodiversidad, tomando parámetros de la Organización de Naciones Unidas.

La Selva Misionera es uno de los bosques más biodiversos del país y el de mayor biodiversidad del continente luego del Amazonas. Debido a su importancia, WWF la incluyó en la lista Global de las 200 ecorregiones mundialmente prioritarias para la conservación.

Pero hay otro dato que entusiasma más que el valor abstracto de la selva: el International Monetary Fund -el FMI- puso un precio base de 50 dólares para la tonelada capturada de carbono. Se calcula que en una hectárea se capturan tres toneladas de carbono al año. Es decir, cada hectárea de selva multiplicada por 150 dólares. 

Kristalina Georgieva es, sorprendentemente, una de las principales impulsoras de que los países ricos paguen a los países pobres y en desarrollo como un mecanismo para reducir emisiones y al mismo tiempo, equilibrar la balanza financiera. 

“Para mitigar el cambio climático, es fundamental contar con un precio del carbono fuerte. La solidaridad entre los mayores emisores, en forma de un precio mínimo internacional del carbono, así como la solidaridad con el mundo en desarrollo, mediante apoyo financiero, determinará en gran medida nuestras perspectivas para mitigar los riesgos y adaptarnos a las consecuencias”, dijo Georgieva el 14 de mayo, en una conferencia ante la Pontificia Academia de las Ciencias.

El Papa Francisco impulsa el concepto de acreedores ambientales. Esa idea invierte la ecuación y convierte a países como Argentina, en acreedor de sus prestamistas.

Por supuesto, para que eso se haga realidad, habrá que tener mucha fe. 

Lombardi adhiere a la idea, pero sabe que su concreción es una quimera. “Nosotros además de producir yerba y té, producimos servicios ecosistémicos premium que el mundo valora cada día más. Además fijamos Carbono. Hoy, países como Suiza, pagan más de 100 dólares por una tonelada”, señala el ministro. 

Mientras tanto, advierte que hay otras medidas que se pueden tomar para mitigar el cambio climático. El ministro diseña junto a su equipo -con mayoría de mujeres- distintas acciones con los municipios. Algunas avanzadas, otras en proceso. 

Por caso, Posadas, Garupá y Candelaria contarán con una nueva planta de procesamiento de los residuos sólidos urbanos. Cambio Climático, junto al Instituto provincial de Desarrollo Habitacional gestionaron los fondos con el ministerio de Ambiente de Nación. Se estima una inversión de 11,2 millones de dólares. 

El EcoParque industrial de Cerro Azul está a pasos de la concreción, con industrias comprometidas con procesos amigables con el ambiente. También hay diálogos con multinacionales que quieren comprar bonos de carbono y hasta con la Federación Internacional de Automovilismo, que quiere hacer una exposición de autos eléctricos en Misiones. La motricidad eléctrica es una realidad en el ministerio: los despachos se realizan en motos eléctricas, que le fueron donadas al organismo, que tuvo que poner un tótem de carga en la Costanera posadeña para la recarga de los vehículos no contaminantes. 

Lombardi también insiste en un concepto para compensar a quienes cuidan de la naturaleza: “Es de abajo hacia arriba”, explica. “La ONU le da dinero a los Gobiernos centrales, pero no a los intendentes, que saben más que los ministros de cómo se cuida el ambiente en el terreno y cómo gestionar una economía más sustentable. Eso hay que cambiar de modo urgente”, sentencia. 

El 3 de septiembre, en el Congreso de Cambio Climático que se hará en Francia, se expondrá el “caso Misiones” y esa interpelación a los demás países.

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Georgieva, instó a seguir tomando medidas para abordar la divergencia de la recuperación

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La Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, realizó hoy la siguiente declaración al término de la reunión de ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G-20:

«Los importantes avances logrados por el G-20 en esta reunión en torno a diversas cuestiones críticas son muy alentadores. En particular, quisiera destacar el respaldo brindado por el G-20 al histórico acuerdo sobre una tasa de impuesto mínima para las empresas. Esto ayudará a los países a preservar su base impositiva empresarial y a movilizar ingresos al garantizar que las empresas muy rentables paguen lo que les corresponde en todo el mundo.

Quiero felicitar al G-20 por centrar la atención en los riesgos climáticos y el papel de los mecanismos de tarificación del carbono. El domingo el G-20 celebrará una Conferencia sobre el Clima, en la cual tengo la intención de dar seguimiento a la propuesta de un precio mínimo internacional del carbono, que podría acelerar considerablemente la transición de la economía mundial a un crecimiento con bajas emisiones de carbono.

El G-20 reconoció la urgente necesidad de una mejor preparación ante futuras amenazas sanitarias, y en tal sentido elogió el Informe del Panel Independiente de Alto Nivel sobre Financiamiento del Procomún Mundial de Preparación y Respuesta a la Pandemia, y se comprometió a trabajar con instituciones financieras internacionales y socios pertinentes en la elaboración de propuestas de financiamiento sostenible para reforzar la preparación y respuesta a pandemias en el futuro.

Quisiera asimismo expresar mi profundo agradecimiento al G-20 y a nuestros países miembros por el apoyo brindado a la nueva asignación de DEG (Derechos Especiales de Giro) equivalente a USD 650.000 millones, la mayor en la historia del FMI, y una inyección de ánimo para el mundo.

En cuanto a la economía mundial, la recuperación continúa avanzando, en líneas generales, conforme a nuestra proyección de abril de un crecimiento mundial de 6% para este año. Pero la divergencia entre las economías se está acentuando. Básicamente, el mundo se enfrenta a una recuperación que discurre por dos sendas.

En las principales economías avanzadas y en algunos países de mercados emergentes, el crecimiento se está acelerando, gracias a una combinación de contundentes políticas de apoyo fiscal y monetario y una rápida vacunación; pero en muchos otros países —en particular los más pobres que carecen de acceso a las vacunas y en donde las tasas de infección están repuntando— el crecimiento está refrenado.

Una peligrosa ola de una variante muy contagiosa está recorriendo el mundo, y debido a eso la pandemia sigue siendo un riesgo crucial para el mundo. Se necesitan medidas urgentes en tres ámbitos principales.

Primero, acelerar la vacunación : La meta es cubrir por lo menos al 40% de la población de todos los países para fines de 2021, y al 60% para mediados de 2022.

El Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el FMI, en estrecha colaboración con el Acelerador ACT, han establecido un grupo trabajo —un ‘comité de crisis’— para ayudar a alcanzar esta meta, y me complace mucho el apoyo del G-20 para dar prioridad a la tarea de acelerar la distribución de vacunas, pruebas de diagnóstico y tratamientos. Proporcionar a las poblaciones de alto riesgo acceso más rápido a las vacunas podría salvar más de medio millón de vidas este año. Y una normalización de la actividad en todo el mundo podría generar USD 9 billones para la economía mundial de aquí hasta 2025; frente a esto, el costo de USD 50.000 millones de este plan para la pandemia resulta insignificante.

Segundo, adoptar políticas macroeconómicas sólidas : Estas siguen siendo cruciales para la recuperación.

La política fiscal debe proporcionar un apoyo bien concebido, adaptado a las circunstancias de los países, para proteger a los más vulnerables y reducir al mínimo las secuelas más duraderas. A medida que las economías vayan saliendo de la crisis, las políticas deben facilitar un crecimiento más vigoroso, sostenible e inclusivo.

La política monetaria debe seguir siendo acomodaticia, ya que es probable que las presiones inflacionarias sean pasajeras. Pero si un repunte de la inflación resultara ser más persistente, algunas economías grandes que están más adelantadas en el ciclo de recuperación quizá tengan que endurecer la política más pronto de lo previsto. Los bancos centrales tendrán que comunicar las intenciones de política con claridad para no desencadenar repercusiones adversas. Si las condiciones en los mercados financieros se tornaran más restrictivas antes de lo previsto, el FMI está preparado para ayudar a los países miembros a garantizar que la recuperación siga bien encaminada.

En tercer lugar, reforzar el apoyo a los países vulnerables .

La nueva asignación de DEG del FMI equivalente a USD 650.000 millones incrementará las reservas de los países, creará espacio adicional para financiar las vacunas y apuntalará la confianza en la recuperación. Para que la asignación tenga mayor impacto, empezaremos de inmediato a estudiar opciones para que los países miembros que gozan de una situación económica más sólida usen voluntariamente sus DEG para ayudar a los países pobres y vulnerables.

La ampliación del Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP) del FMI es una opción comprobada y segura que nos permitirá brindar apoyo financiero con tasa de interés cero a los países de bajo ingreso en el mediano plazo. Estamos estudiando la posibilidad de crear un nuevo Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad para los países miembros vulnerables con el fin de construir bases más firmes para el futuro, lo que incluye proporcionar financiamiento para un crecimiento más verde, resiliente y sostenible a mediano plazo.

Agradezco enormemente el respaldo expresado por el G-20 en esta reunión a favor de estas medidas. También fueron respaldados nuestros esfuerzos para ayudar a los países que soportan cargas insostenibles de deuda.

En este sentido, estamos trabajando estrechamente con el Banco Mundial y otros socios para garantizar una aplicación eficaz del Marco Común. Felicito a los integrantes del comité de acreedores de Chad por su denodada labor, que permite obtener apalancamiento para el alivio de la deuda de acreedores privados, así como las seguridades requeridas para el tan necesario financiamiento del FMI y otros socios para el desarrollo. Celebro el pedido del G-20 para la creación oportuna de un comité de acreedores para Etiopía que facilite avances en el examen del programa respaldado por el FMI en ese país.

Por último, quisiera felicitar al Gobierno de Italia y al Ministro de Economía y Finanzas, Daniele Franco, y al Gobernador, Ignazio Visco, por presidir de manera tan exitosa la primera reunión del G-20 celebrada en modalidad mixta desde la pandemia. Quisiera asimismo agradecer a la ciudad y los habitantes de Venecia, como siempre, por su cálida y amable acogida».

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Guzmán y Georgieva analizaron asimetrías de economías mundiales y deuda insostenible con el FMI

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El ministro de Economía, Martín Guzmán, y la directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, analizaron hoy las asimetrías entre las distintas economías del mundo y el problema de la deuda insostenible del país con el organismo.

En el encuentro bilateral, que se realizó en el marco del viaje del ministro a la ciudad italiana Venecia, donde participó en la reunión de ministros de Finanzas y bancos centrales del G20, Guzmán se reunió con la directora gerenta del FMI.

“Con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva trabajamos en disminuir las asimetrías entre países emergentes y avanzados para una recuperación mundial equitativa”, afirmó Guzmán, según informó la cartera económica en un comunicado.

Según el ministro, “en paralelo seguimos trabajando para solucionar el problema de deuda insostenible con el FMI que dejó a nuestro pueblo la administración anterior”.

Además del encuentro entre Guzmán y Georgieva, los equipos técnicos del Ministerio de Economía continúan reuniéndose en paralelo con el staff del FMI encabezado por Luis Cubbedu y July Kosack, para renegociar un nuevo programa en reemplazo del stand by firmado en 2018 por la administración anterior.

Este encuentro con las autoridades del Fondo Monetario había sido adelantado por Guzmán cuando anunció el acuerdo alcanzado con el Club de París, que determina un “puente de tiempo”, de ocho meses, donde la Argentina pagará sólo US$ 430 millones de la deuda total de US$2.430 millones, hasta el 31 de marzo de 2022.

De esa forma, la Argentina dejará de pagar obligaciones por unos US$ 2.000 millones y tendrá mayor margen de tiempo para negociar con el FMI, y lograr luego un acuerdo de reestructuración de deuda con el Club de París.

En base al cronograma de pagos, la Argentina debe abonar al FMI alrededor de 4.500 millones de dólares, entre capital e intereses, a lo largo del año.

En esa oportunidad, Guzmán sostuvo que “Argentina continuará haciendo esfuerzos para llegar a un entendimiento con el FMI que nos permita refinanciar el stock de deuda de US$ 45.000 millones que el Gobierno de Juntos por el Cambio tomó entre 2018 y 2019 que no fueron utilizados para aumentar la capacidad productiva; fueron utilizados en una parte a pagar deudas insostenibles a los acreedores privados y otra parte para financiar la salida de capitales de la Argentina”, consideró.

“Continuaremos trabajando de forma constructiva con el FMI; este horizonte nos da mayor certidumbre, la fecha de 31 de marzo de 2022 no quiere decir que condicione la fecha de un acuerdo con el FMI, nuestro objetivo es tener un buen acuerdo, cuanto antes mejor, pero la prioridad es que sea bueno”, recalcó.

En la reunión de hoy de los países emergentes del G20 con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, Guzmán afirmó que lo más preocupante para la economía mundial son “las asimetrías entre las economías avanzadas y las economías en desarrollo para lograr una recuperación sostenible”.

“Vemos un mayor apoyo, un apoyo más fuerte para incluir a los países de ingresos medios en el grupo que consigue reasignaciones de los DEG (derechos especiales de giro)”, afirmó el ministro argentino.

El Consejo de Administración del FMI aprobó aumentar las reservas y las capacidades de préstamo de la institución en unos US$ 650.000 millones para ayudar a los países a recuperarse de la pandemia, informó ayer Georgieva.

El aumento para los DEG -la mayor en la historia del FMI-, aportará a las reservas internacionales de los gobiernos para proteger sus posiciones financieras contra las fluctuaciones monetarias y también permitirá calcular préstamos y tasas de interés del organismo.

No obstante, Guzmán advirtió que “la política de sobrecargos está penalizando a los países que se encuentran en circunstancias más adversas y es cada vez más problemática para los países de ingresos medios” y consideró que “esta política es regresiva y procíclica, y depende de nosotros hacer ese cambio”.

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