Producción porcina en la era digital: cómo los modelos matemáticos potencian el crecimiento

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La implementación de programas de modelaje en la producción porcina ofrece una clara ventaja competitiva, permitiendo a los productores estimar con precisión los requerimientos nutricionales de los cerdos en distintos escenarios. Este enfoque no solo mejora la eficiencia en el uso de nutrientes, sino que también ayuda a optimizar la rentabilidad de las granjas porcinas.

Producción porcina ¿Qué son los programas de modelaje?
Matemáticas, mediciones, predicciones y escenarios estratégicos futuros para calcular el desarrollo de los cerdos en Sitio 3, factores que aplicados en conjunto pueden cambiar radical y positivamente los resultados de las granjas porcinas

¿QUÉ SON LOS PROGRAMAS DE MODELAJE EN LA PRODUCCIÓN PORCINA?

PROVIMI Cargill Argentina – una compañía que está presente en todo el mundo, con más de 100 plantas en 30 países que producen más de 600 millones de toneladas anuales en alimentos para animales – sabe que la alimentación representa aproximadamente dos tercios de los costos de producción en cualquier granja porcina. En tal sentido, es crucial desde una perspectiva económica, especialmente en la fase de crecimiento-terminación, ya que es la etapa de mayor consumo de alimento. Es momento de acompañar al productor, ayudándolo a tomar decisiones estratégicas con una sólida base de información, para que logre adaptarse a los cambios que se presenten en las condiciones de producción y, así obtenga la máxima rentabilidad de sus granjas.

En la producción porcina moderna, la maximización de la rentabilidad requiere una formulación precisa de las dietas y la definición de óptimas estrategias de alimentación, fundamentada en un profundo entendimiento de la relación entre el crecimiento de los cerdos y el suministro de nutrientes. Sin embargo, evaluar el crecimiento en tiempo real es un proceso complejo y costoso. Para enfrentar estos desafíos, se han desarrollado modelos matemáticos que permiten predecir variables de respuesta difíciles de medir en forma directa.

Estos modelos proporcionan un enfoque eficaz para cuantificar los procesos productivos y mejorar la eficiencia en los sistemas de producción porcina a través de la toma de decisiones estratégicas.

Los modelos de crecimiento son herramientas valiosas para identificar estrategias nutricionales óptimas, integrando conocimientos sobre la utilización de nutrientes para el crecimiento y las interacciones entre el animal y su entorno.

Dado que la alimentación representa aproximadamente dos tercios de los costos de producción en cualquier granja porcina, optimizar este aspecto es crucial desde una perspectiva económica, especialmente en la etapa de crecimiento-terminación, donde el consumo de alimento constituye la mayor parte de la ingesta total de un cerdo a lo largo de su ciclo de vida. En este sentido, la mayoría de los modelos de crecimiento actuales se basan en la utilización de energía y aminoácidos, lo que refleja la estrecha relación entre la eficiencia de producción y la utilización de estos nutrientes.

En este contexto, una descripción precisa de cada escenario productivo es fundamental para mejorar la eficiencia alimentaria, reducir los costos de las dietas y minimizar la excreción de elementos contaminantes al medioambiente, con el objetivo primordial de optimizar la rentabilidad.

PROGRAMA DE MODELAJE: ENFOQUE PASO A PASO

La implementación de programas de modelaje en la producción porcina debe seguir una secuencia lógica que se puede dividir en los siguientes pasos:

  • Definición de objetivos del cliente: establecer conjuntamente con el cliente las expectativas y objetivos del programa de modelaje. Estos objetivos pueden incluir maximizar la tasa de crecimiento, maximizar el margen sobre los costos de alimentación, maximizar el ingreso neto por cerdo, minimizar la conversión alimenticia global o minimizar el costo por kilo de carne producido.
  • Recopilación de información productiva: reunir los datos productivos relevantes para la calibración y simulación del modelo.
  • Calibración y realización de simulaciones: ajustar el modelo según los datos recopilados y realizar las simulaciones correspondientes.
  • Identificación de oportunidades productivas: detectar áreas de mejora en la producción, basadas en los resultados de las simulaciones.
  • Validación del modelo en granja: comparar los resultados productivos reales con las predicciones del modelo para confirmar su precisión.
  • Revisión regular: ajustar las estrategias de alimentación según cambios en condiciones intrínsecas del cerdo, ambientales y/o económicas.

APLICACIÓN PRÁCTICA EN LA PRODUCCIÓN COMERCIAL

Uno de los beneficios más significativos de los programas de modelaje es la capacidad de predecir con precisión el impacto de diferentes dietas y estrategias de alimentación sobre el crecimiento de los cerdos. Al simular distintos esquemas de alimentación, es posible identificar la combinación óptima de nutrientes que maximiza el crecimiento y minimiza los costos, en función del objetivo productivo-económico específico de cada empresa porcina.

Estos programas también proporcionan un enfoque basado en datos para la toma de decisiones en la granja. Al ofrecer predicciones detalladas sobre cómo factores como el tipo de alimento, el entorno y el manejo afectan el crecimiento de los cerdos, los productores pueden tomar decisiones más informadas sobre cómo ajustar sus prácticas para optimizar los resultados productivos. Por ejemplo, si un productor desea maximizar el margen sobre los costos de alimentación, el modelo puede simular diferentes combinaciones de dietas y estrategias de alimentación para identificar la que ofrezca el mejor retorno económico.

En conclusión, la aplicación de programas de modelaje de crecimiento permite estimar los requerimientos nutricionales específicos de los cerdos en diversos escenarios productivos, facilitando el uso estratégico de ciertos nutrientes en la dieta y mejorando la eficiencia nutricional. Esto permite a los productores porcinos:

Tomar decisiones más informadas.
Adaptarse rápidamente a cambios en las condiciones de producción.
Mejorar la rentabilidad de sus granjas.

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Engordar vacas no multiplica asados

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CREA demostró que subir el promedio del peso de la faena no redundaría en una mejora en la productividad del rodeo, como especulan algunos ganaderos.

Los ganaderos de Argentina vienen evaluando si bajar el peso mínimo promedio para la faena de vacunos sería la solución para compensaría, mediante una mejora de la productividad de sus stocks, la caída de los ingresos que registran tanto en el consumo interno como en las exportaciones.

Aún cuando de un año a esta parte la ingesta de carne bovina por habitante bajó a casi 45 kilos, el país sigue liderando esa estadística mundial, aunque a la vez exporta 10% menos, lo cual llevó a los productores a pensar en fórmulas que hagan disminuir la producción y engordar más a los rodeos para sacarle un poco más de jugo al asado.

Los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) salieron al cruce con un análisis sistémico de la idea que estaba germinando entre los productores, que desvincula el peso medio de la faena, o sea los kilos que pesa el animal cuando lo matan con una supuesta mayor producción de carne. 

Redundaría, según la hipótesis que manejaban los impulsores de medidas para maniobrar la oferta, en la obtención de mejor precio por peso y en la ganancia que le representaría.

José M. Lizzi, líder del Área de Ganadería de CREA, fue terminante: “Subir el peso de faena no siempre implica más producción”. 

Y sobre la mayor utilidad reflexiona que sería necesario incorporar principalmente más energía en la dieta, lo que se traduce en un costo mayor, que para ser incorporado de forma estructural en el sistema tiene que ser traccionado por el resultado del negocio, el cual “sólo será mejor si los mercados van expandiéndose (más facturación) o si el resto de la cadena transfiere resultado hacia atrás”.

Y remata diciendo que, por el contrario, una oferta mayor en el mismo mercado sólo generará menores precios.

Hipótesis desbaratada

Si por alguna razón, se tomara la decisión de implementar el peso mínimo de faena para cada categoría, de manera tal que el peso medio de faena promedio país se elevará a 265 kg rch, sin que se incrementen las ganancias de peso, se generaría un bache de oferta de, por lo menos, 7,5 meses.

Esto produciría una caída de la oferta y un incremento de los precios, estimulando la aceleración de la faena y, en consecuencia, una reducción del peso de faena. 

Esta es la razón por la que el sistema no reacciona a estímulos negativos, como poner un peso mínimo de faena por ley.

Recomienda Lizzi que lo que se debería perseguir como objetivo para impactar a escala del rodeo nacional es, no solo subir el peso medio de faena, sino también las ganancias de peso.

El escenario planteado como objetivo de 85 kg rch/cab/año de eficiencia de stock implica una reducción en la permanencia media de los animales en el rodeo de 6,8 meses, producto de un incremento en las ganancias de peso (GPM). 

Esto a su vez determina que la tasa de destete se incremente de forma tal que sea alcanzada una relación ternero-vaca de 0,78 a nivel país, para cubrir la faena de 17,164 millones de cabezas por año.

Ganadería como sistema

Otro aspecto interesante de este enfoque de la ganadería como sistema es que al aumentar las ganancias de peso se incrementa la eficiencia de stock, y eso a su vez permite aumentar la tasa de extracción o disminuir la permanencia.

El incremento de la tasa de extracción está directamente asociado a la necesidad de destetar más terneros, lo que tracciona una mejora en la cría.

Finalmente, todos estos cambios en el sistema tienen como resultado menores emisiones de gases de efecto invernadero.

Los dos grandes países ganaderos con dos modelos diferentes de “cadena de valor” son Australia y EEUU.

Ambos presentan una gran complejidad territorial, climática y productiva, incluso mayor que la de nuestro país.

No obstante, ambos tienen significativamente mejores eficiencias que las nuestras y demuestran que es biológicamente posible, solo es cuestión de tomar las decisiones correctas, como país y sector.

El principal indicador del desempeño físico del sector es el de “eficiencia de stock”, ya que resume todo lo que ocurre con un rodeo.

Por esta razón, suele ser el más utilizado a escala nacional en la comparación entre países.

Siempre que se habla de eficiencia en la ganadería argentina se hace referencia a la necesidad de mejorar la tasa de destete e incrementar el peso medio de faena, considerándolos además como aspectos independientes.

Ambas variables, junto con la tasa de extracción definen como funciona nuestro rodeo nacional y están absolutamente vinculadas. 

Consumo per cápita

Argentina continúa siendo uno de los países con mayor consumo per cápita, con una ingesta prácticamente igual al de Uruguay y superando ampliamente a Estados Unidos (38 kilos), Australia (27 kilos) y Chile (26 kilos).

Así y todo, la composición de la dieta cárnica del habitante promedio sería la siguiente: “42% de carne bovina, 42% de carne aviar y 16% de carne porcina”.

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) presentó el informe “Carne Argentina, Carne Sustentable: la ganadería no es parte del problema sino parte de la solución”, un trabajo elaborado conjuntamente con la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET en el que trabajaron 45 científicos argentinos.

“Las praderas y pastizales naturales que alimentan nuestro ganado retienen más carbono en los suelos del que generan los vacunos, compensando no sólo sus propias emisiones sino también las de otros sectores productivos no rurales”, dicen desde IPCVA al ser consultados sobre cómo se inicia el proceso que culmina con la carne cumpliendo el rol de alimento en cada mesa.

Como el modelo de producción de carne vacuna en el país se desarrolla, en un gran porcentaje, en praderas y pastizales, es posible retener el carbono y agua en los suelos, conservar la materia orgánica y mantener la biodiversidad del ecosistema

Este sistema productivo permite retener 12 veces más carbono en los suelos que el promedio de países en la región.

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Reimaginando el sector agropecuario argentino

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El sector agroalimentario argentino se encuentra en un momento de inflexión para reclamar su posición como líder global y afianzar su rol de generador de ingreso, empleos y seguridad alimentaria.

Argentina es el tercer exportador mundial de alimentos, y el sector agrícola representa el 15,7% del producto bruto interno (PBI) y el 10,6% de los ingresos tributarios de 2021. Sin embargo, en los últimos años el país ha ido perdiendo participación en los mercados internacionales, lo que genera preocupación por la competitividad del sector.

“Mantener la competitividad global del sector agroalimentario argentino es una inversión en la sostenibilidad económica del país”, estimó Irene Wasilevsky, especialista en agricultura del Banco Mundial y co-autora del informe “Hacia un sector agropecuario más competitivo, inclusivo y resiliente”. “Con un entorno normativo más previsible y consensuado, el sector agroalimentario puede generar beneficios compartidos entre las provincias, los consumidores, los productores y el medio ambiente”, agregó.

El reporte identifica tres claves para impulsar la recuperación, reforzar la seguridad alimentaria y promover la sustentabilidad:

  1. Apoyar a productores familiares 
  2. Desarrollar un marco regulatorio estable para el sector
  3. Mejorar la resiliencia y acelerar la innovación tecnológica

1. Apoyar a productores familiares

El contexto: De 334.000 productores agropecuarios que hay en Argentina, 251.000, o tres cuartas partes, son familiares. Las explotaciones agropecuarias familiares proporcionan aproximadamente la mitad de los alimentos que consume la población local y a la vez contribuyen a las exportaciones del país — en 2021, exportaron USD10.800 millones.

Sin embargo, 172.000 de esos productores familiares no disponen de suficientes recursos –tierra y capital– para poder vivir de su producción, y dependen de otras fuentes de ingresos. 

Cerca de un tercio de la población rural, en particular los pueblos indígenas, tiene necesidades básicas insatisfechas, con acceso inadecuado a la educación, a la atención de la salud, a internet e incluso a la telefonía.

Las explotaciones familiares son menos resilientes a los riesgos del cambio climático y al contexto macroeconómico. En parte por esos motivos, la cantidad de explotaciones familiares se redujeron alrededor de un 40% entre 1988 y 2018.

Estrategias diferenciadas: Para proteger mejor a los productores agropecuarios familiares, el informe destaca como prioridad desarrollar estrategias de apoyo diferenciadas en función de sus necesidades:

  • Abordar las vulnerabilidades de los productores de subsistencia con programas de asistencia social, servicios de salud, educación y capacitación, así como oportunidades de trabajo alternativas. 
  • Para los productores con capacidad de transitar hacia la producción comercial, promover una mayor integración horizontal y vertical en las cadenas de valor, de la mano de un mayor acceso a financiamiento.
  • Fomentar el papel de la mujer en la fuerza laboral del sector, apoyar sus capacidades técnicas en la producción, la gestión y la comercialización.

2. Desarrollar un marco regulatorio estable para el sector

El contexto: Según el análisis, el magro desempeño del país en la producción y exportación agroalimentaria en relación con su potencial puede atribuirse a las políticas que han gravado y limitado fuertemente al sector. 

En 2021, Argentina ocupó el segundo lugar entre los países con la tasa más alta de recaudación impositiva por derechos de exportación (el 2,1% del PIB). 

La inversión pública de apoyo al sector ha sido menor en comparación con la carga tributaria que aporta el sector, por ejemplo, entre 2019 y 2021, el sector aportó USD8.700 millones más que las inversiones que recibió, lo que representa el 2,12% del PIB.

Realinear los incentivos: El informe afirma que realinear los incentivos agrícolas, permitiendo a los productores tener mayor previsibilidad para el desarrollo de su negocio, puede ayudar a reducir la vulnerabilidad económica a largo plazo.

Aunque la reducción de los impuestos es fundamental para el desarrollo sostenible, para lograr un crecimiento continuado de toda la economía es urgente recuperar la sostenibilidad fiscal en términos generales.

El informe recomienda avanzar en la eliminación gradual de los impuestos a las exportaciones y una sustitución del impuesto a los ingresos brutos de las actividades primarias por impuestos menos distorsivos a nivel subnacional, entre otras medidas para incentivar a los productores a invertir en tecnologías más avanzadas y ambientalmente sostenibles.

3. Mejorar la resiliencia y acelerar la innovación tecnológica

El contexto: La competitividad de Argentina en la producción y exportación de alimentos se sustenta tanto en su riqueza de recursos naturales como en su inversión en innovación. Sin embargo, hoy en día, este modelo se encuentra en peligro.

El ecosistema de innovación ha apoyado al crecimiento de la productividad impulsado por la tecnología, lo que ha aumentado la eficiencia en el uso de los recursos. 

Desde 1990 Argentina ha reducido en un tercio las emisiones de GEI por unidad de producto, gracias a la adopción de prácticas de intensificación sostenible, especialmente en la producción de cereales y semillas oleaginosas. Un elemento clave ha sido la incorporación generalizada de prácticas de labranza cero: actualmente, la siembra directa abarca el 90% de las áreas de cultivo de cereales.

Sin embargo, las sequías e inundaciones cada vez más frecuentes hacen que la adaptación para mejorar la resiliencia del sector frente al cambio climático sea esencial.

Hoy, la disminución del financiamiento público está amenazando las innovaciones para el bien común que son fundamentales para la competitividad.

Buenas prácticas e inversión en innovación: La vulnerabilidad a los daños ocasionados por el clima puede reducirse con la adopción generalizada de buenas prácticas agropecuarias climáticamente inteligentes, capaces de mejorar la gestión del suelo, el almacenamiento del agua y la cubierta forestal. 

El reporte indica la importancia de sostener un sistema de innovación pública para dar soluciones que la innovación privada no abarca, como la generación continua de información, un sistema regulatorio actualizado y el acceso para los pequeños productores agropecuarios que no se benefician con los desarrollos del sector privado.

Por otro lado, Argentina podrá aprovechar las opciones para llegar a los mercados mundiales de financiamiento del carbono para solventar bienes públicos mundiales como la reducción de los GEI. 

Al implementar estas medidas, Argentina puede revitalizar su sector agropecuario como motor de crecimiento económico y desarrollo sostenible.

Descargar el reporte en Español


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Nuevo dispositivo usa señales vibratorias para controlar plagas

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Por: Washington Castilhos en SCiDev.Net – Un nuevo dispositivo electrónico que reproduce las señales vibratorias usadas por los chinches chupadores de granos para comunicarse podría controlar los daños que causan en la agricultura a cultivos como soja, maíz, trigo y porotos, entre otros. La idea es atraerlos a una trampa adherida a un aparato que imita esas señales.

La nueva tecnología, desarrollada por investigadores de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) y de la Universidad del Estado de Mato Grosso, es resultado de años de observación del comportamiento de los chinches, especialmente en un aspecto muy peculiar de su fase reproductiva: los investigadores observaron que en la naturaleza, los chinches se comunican mediante señales para encontrar pareja, con el fin de aparearse y reproducirse.

En esta primera etapa de comunicación a larga distancia (hasta 100 m), las feromonas son el principal mecanismo de comunicación y atracción. Posteriormente, los insectos comienzan a emitir señales vibratorias con el fin de decir “estoy aquí”.

La vibración indica así el lugar exacto dónde se encontrarían, y la planta es el medio usado para propagar las señales vibratorias. Un detalle: varias hembras y otros machos pueden responder a la misma señal.

En la trampa los científicos utilizan feromonas sintéticas. El dispositivo colocado en ella imita las señales vibratorias de los insectos.

“Utilizamos las dos fuentes de atracción para los insectos: feromonas y vibraciones”, explica a SciDev.Net el biólogo Raúl Alberto Laumann, del Laboratorio de Semioquímicos de Recursos Genéticos y Biotecnología de Embrapa, integrante del equipo que desarrolló la tecnología.

Los insectos receptores acaban así siendo atraídos hacia la trampa, primero por el “olor” de la feromona y luego por la señal vibratoria que, para ellos, estaría indicando la localización del compañero emisor de la señal.

Según el biólogo, el uso de estos dos tipos de cebo permite monitorear la población de insectos, informar al productor si causarán o no daños a sus cultivos y facilitarle la toma de decisiones sobre los métodos de control a adoptar.

“Es una forma de tener información precisa del tamaño y localización espacial de las poblaciones de plagas en el campo, en cada momento”, añade el investigador.

Los chinches y las orugas son las principales plagas de los cultivos de soja. Contra las últimas se usan varias formas de manejo, incluyendo plantas transgénicas y control biológico con microorganismos. Pero el control de los chinches aún depende de insecticidas. Encontrar métodos menos agresivos y ambientalmente seguros que sustituyan esas sustancias es un gran desafío.

“Las búsquedas se han centrado en métodos alternativos para el manejo de plagas que no tengan impactos en el medioambiente ni en la salud humana como los insecticidas”, afirma Laumann.

La posibilidad de representar una alternativa a los insecticidas es unos de los méritos de la innovación, señala el entomólogo José Maurício Simões Bento, experto en ecología química y comportamiento de insectos de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz, de la Universidad de Sao Paulo.

Para Simões, que no fue parte del equipo desarrollador de la invención, las observaciones en campo que generaron el dispositivo tienen gran importancia científica, y la virtud del trabajo radica en que los investigadores lograron identificar las frecuencias específicas de las señales.

Sin embargo, “la pregunta que queda es hasta qué punto este descubrimiento podrá reproducirse a gran escala, en plantaciones que cubren cientos de miles de hectáreas”, dice a SciDev.Net.

De hecho, los cultivos de soja ocupan extensas superficies en Brasil, superando los 45 millones de hectáreas. Por ello, el investigador se pregunta si la instalación del equipo en plantaciones a gran escala no resultará económicamente inviable, ya que los costos serán elevados.

“El dispositivo debe colocarse en la planta para que produzca vibraciones. Por lo tanto, la pregunta es si será necesario colocarlo en todas las plantas, ya que la comunicación se da en ellas y no en el medioambiente”, precisa el entomólogo.

Raúl Alberto Laumann aclara que la idea es que las trampas asociadas al dispositivo se coloquen en determinados puntos de los sembradíos.

En el trabajo de campo que vienen realizando, los investigadores de Embrapa están colocando una trampa cada cinco hectáreas. Se cuantificarán los insectos capturados y, para una plantación a gran escala, el investigador explica que la estimación poblacional se hará utilizando modelos matemáticos que relacionen las capturas de insectos en las trampas con su densidad en campo.

Según él, la nueva tecnología podría usarse de manera integrada con otros métodos de control, como el uso de parasitoides, insectos que atacan a otros insectos y los parasitan. En el caso de los chinches, los principales son los parasitoides de huevos, que utilizan el huevo del insecto como alimento.

La patente fue presentada en diciembre de 2023 en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial, pero aún no está disponible para su venta en el mercado. Los investigadores están buscando socios, concretamente empresas que trabajen en el desarrollo de trampas automatizadas.

“Creemos que la posibilidad de automatizar el recuento de insectos capturados haría de estas trampas una herramienta fundamental para el manejo integrado de plagas” finaliza Laumann.

Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las plagas pueden ser responsables de reducir la producción agrícola mundial hasta en un 40 por ciento.

Insectos como los chinches y las orugas son una de las principales causas de pérdida de productividad en las plantaciones. El impacto económico varía según el nivel de infestación y características, como el precio del producto y el costo de producción.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net

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Cebolla morada: una alternativa para el agricultor misionero

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El cultivo de la cebolla se presenta como una atractiva alternativa para los productores ya que se trata de una hortaliza con buenos rendimientos en superficies relativamente pequeñas.

En particular, la cebolla Morada INTA es una variedad con adaptabilidad en gran parte de los suelos y los climas de la provincia que se utiliza para el consumo en fresco y que tiene un ciclo productivo de 210 días aproximadamente y puede ser cosechada con antelación al resto de las provincias productoras.

Cabe destacar que la época de siembra de la Morada INTA comprende los meses de marzo, abril y mayo en lo que refiere a una producción temprana y junio para lo que es una cosecha tardía.

En este sentido, este viernes 1 de marzo a partir de las 7:30 hs. en la Agencia de Extensión Rural de INTA en la localidad de Comandante Andresito se realizará una capacitación sobre el cultivo de cebolla morada a cargo del Ing. Claudio Meyer y que abordará todo el ciclo productivo, desde la siembra a la cosecha.

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