la chacra

Misiones en Venta: ¿Comida en la mesa o dólares en pocas manos?

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En la provincia de Misiones existen alrededor de 27.000 familias campesinas, pero, ¿Por qué son importantes? ¿Por qué no sería mejor que se muden a la ciudad y que sus campos pasen a ser cultivos de soja que nos traiga dólares del exterior?

En menos de 75 años la provincia paso de tener a 7 de cada 10 personas viviendo en la chacra a hoy tener 8 de cada 10 viviendo en la ciudad según los censos poblacionales realizados desde 1947. Esto representa una caída del 50%. Pero, ¿Qué pasó?

A continuación, la línea de tiempo con los sucesos que determinan la realidad actual:

  • El “Gran quiebre” ocurrió entre las décadas de los 60s – 70s, y fue consecuencia de factores como: La crisis del modelo yerbatero y forestal tradicional. El auge de los cultivos industriales (té, tung) que, si bien son agrícolas, requieren menos mano de obra por unidad de superficie. El inicio de la expansión de la frontera agropecuaria con el cultivo de tabaco que, si bien es rural, impulsó la concentración en pequeñas localidades.
  • Aceleración y Estancamiento (Décadas de 1980-1990): La urbanización se acelera. Es clave notar que, en el censo de 2001, la población rural absoluta dejó de crecer (291.788 en 1991 vs. 291.240 en 2001). Esto indica que el crecimiento poblacional natural (nacimientos) se estaba trasladando completamente a las ciudades.
  • Éxodo Acelerado (Censo 2010): Este censo marca un hito dramático. No solo bajó el porcentaje rural, sino que la cantidad absoluta de personas viviendo en áreas rurales se redujo en casi 36.000 personas. Esto es la definición pura de éxodo: la gente está abandonando el campo.
  • Consolidación de la Tendencia (Censo 2022): La población rural representa solo el 17,1% del total. Misiones se consolida como una provincia urbana, con una densidad creciente en el corredor de la Ruta Nacional 12 y un despoblamiento relativo de las áreas más alejadas.

Despoblamiento Rural y Desintegración Social: Como vimos en los datos del éxodo, la migración a las ciudades genera cordones de pobreza urbana. Las familias llegan a las periferias de las ciudades sin trabajo, hacinadas y sin acceso a servicios dignos. Se pierde el tejido social y cultural de las comunidades rurales, con saberes y tradiciones que se transmitieron por generaciones.

A este caos se le suma otro fenómeno mas reciente, el cual también constituye hoy una porción del sector productivo:

Éxodo Urbano en Misiones: El Sueño Rural vs. la Realidad: Se trata de un fenómeno reciente, impulsado post-pandemia, donde un número pequeño pero significativo de personas deja la ciudad para mudarse al campo misionero.

¿Quiénes son?

  • Perfil: Familias o profesionales jóvenes de clase media urbana (ej: de Posadas, Buenos Aires).
  • Motivación: Búsqueda de una vida más sana y natural, lejos del estrés urbano. Muchos son “nómades digitales”.

¿Por qué Fracasan Masivamente?
La idealización choca con una realidad compleja:

  1. Subestimación del Trabajo Rural: Llegan sin los conocimientos prácticos esenciales (siembra, cría de animales, oficios como albañilería). Subestiman el esfuerzo físico extremo y una curva de aprendizaje muy empinada.
  2. “Shock” de Infraestructura: Se encuentran con:
  • Internet inestable o nulo, un problema grave para teletrabajar.
  • Servicios básicos deficientes (cortes de luz, falta de agua corriente).
  • Caminos intransitables y lejanía de centros de salud y comercios.
  1. Inviabilidad Económica: Sus proyectos (huertas orgánicas, cabañas turísticas) suelen fracasar por:
  • Falta de un plan de negocios realista.
  • Altísima inversión inicial y retorno lento.
  • Dificultad para comercializar y competir con productores locales.
  1. Aislamiento Socio-Cultural: Sufren soledad, extrañan su red de contención urbana y les cuesta integrarse en comunidades rurales con códigos sociales muy consolidados.
  2. Brecha de Expectativas: Buscan “tranquilidad” pero encuentran una “vida dura”: monotonía, trabajo sin horarios, insectos, barro y clima adverso.

El fracaso de este éxodo se debe a la romantización de la vida rural sin una preparación adecuada para sus demandas físicas, económicas y logísticas. La ilusión de una “vida sencilla” se estrella contra la compleja realidad del trabajo y la vida en el campo.

¿Es debatible, la disputa entre la agroecología/multiproductividad y el agronegocio, siendo que estas constituyen al estado natural de las chacras locales antes del “gran quiebre”?

Hoy, se intenta elevar a carácter de “debate” la disyuntiva (chacra familiar – latifundio de monocultivo) con inescrupulosos argumentos como: “La agricultura del monocultivo transgénico a escala generará mucho más empleo que ponerse a plantar tomates y zapallo”. Expliquémoslo con manzanas: ¿Qué genera más puestos de trabajo? 1.000 hectáreas repartidas entre 40 familias campesinas que producen sandía, melón, tomate, morrón, lechuga y rúcula para luego vender sus productos en ferias francas de su pueblo? ¿O darle las 1.000 hectáreas a una sola empresa privada para que plante soja, fumigue escuelas, ríos y viviendas con glifosato, y luego venda los granos que cocechó a una empresa china? En síntesis: No podemos darnos el lujo de perder tiempo debatiendo esto.

Pero… ¿Y los dólares que nos daría la soja?

Las exportaciones de soja generan divisas que el país necesita para importar otros productos y pagar deuda. Sin embargo, la ganancia se concentra en unos pocos eslabones de la cadena: los grandes productores, las empresas de insumos (como Bayer/Monsanto), las cerealeras exportadoras y el sector financiero. Una mínima parte de esa riqueza vuelve a las regiones donde se produce, y casi nada llega a los trabajadores rurales o a las comunidades afectadas por los agroquímicos. El “Efecto Derrame” es Débil: La teoría dice que esta riqueza se “derramará” al resto de la economía. En la práctica, gran parte de esas ganancias se fugan al exterior (repatriación de utilidades de empresas multinacionales) o se invierten en sectores no productivos (especulación financiera, bienes raíces en ciudades).

No se trata de un simple “no está bien” desde una perspectiva moral, sino de las consecuencias socioeconómicas, ambientales y culturales que este proceso desencadena.

Estamos hablando de:

  • Pérdida de la Agricultura Familiar y Soberanía Alimentaria: Las chacras misioneras producen alimentos para el mercado local: mandioca, poroto, maíz, verduras, frutas, cerdos, aves. El agronegocio de la soja produce commodities para exportación (porotos, aceite, harina). No son alimentos que se consumen directamente. Si se reemplaza la primera por el segundo, la provincia se vuelve dependiente de importar alimentos de otras regiones, encareciendo la canasta básica y perdiendo control sobre su propia alimentación.
  • Concentración de la Tierra y Desigualdad: El modelo de agronegocio requiere grandes extensiones de tierra para ser rentable. Esto lleva a la concentración de la propiedad en pocas manos (grandes pools de siembra o empresas). Se pasa de un modelo de muchos pequeños propietarios a uno de pocos grandes terratenientes y una masa de población desarraigada.
  • Impacto Ambiental Crítico: La agricultura familiar suele ser más diversificada y, en muchos casos, más amigable con el monte nativo. El agronegocio, en cambio, se basa en el monocultivo a gran escala, que: Agota los nutrientes del suelo. Deforesta para expandir la frontera agropecuaria (en Misiones, esto sería sobre el ya reducido remanente de Selva Paranaense). Depende masivamente de agrotóxicos (herbicidas, pesticidas, fertilizantes sintéticos) que contaminan el suelo y el agua y afectan la salud de las comunidades aledañas.

La importancia de que las familias campesinas se arraiguen en sus chacras es clave para el desarrollo de la economía local, tanto para el sector productivo, como para la salud y el bolsillo de todos los ciudadanos de la provincia. Así de importante es defender al pequeño productor con variedad de cultivos en contraposición a los “pool de siembra” de monocultivo transgénico que pertenecen a empresas extranjeras cuyo fin último es explotar los minerales de la tierra, a costa de la salud del medio ambiente y de las comunidades locales, para llevar las ganancias a manos de grandes terratenientes y empresas extranjeras.

Por estos motivos, iniciativas emergentes como la lucha explicita contra Bayer/Monsanto (Que se traduce literalmente como: “Le compramos la enfermedad y la cura a la misma empresa”), la organización de productores para la deslegitimización de reclamos pro-glifosato, iniciativas como el proyecto “pan sin veneno” y toda iniciativa que defienda la soberanía alimentaria misionera sumados a el respaldo de un marco jurídico establecido por el Régimen de Impulso Integral de las Chacras Multiproductivas o la Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos dan en el clavo en cuanto al necesario apoyo para estas familias campesinas.

Ahora, vuelvo a preguntar: ¿Qué es mejor para la economía de los Misioneros? ¿Bayer/Monsanto o las familias chacreras?

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Impetuoso crecimiento agrícola en Brasil ignora la crisis climática

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Por Mario Osava / Inter Press Service – Brasil multiplicó por 7,4 veces su producción de granos en los últimos 50 años. Comprobó así la pujanza de la agricultura tropical con potencialidad para seguir creciendo, pero con las amenazas de la crisis climática y de la geopolítica.

La cosecha de cereales, leguminosas y oleaginosas del año 2024/2025 alcanzará 350,2 millones de toneladas, con un aumento de 16,3 % sobre el período anterior, estima la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) del Ministerio de Agricultura. El año agrícola abarca de octubre a septiembre siguiente.

El primer año de serie histórica de las estadísticas de Conab, 1976/1977, registró 46,9 millones de toneladas, pero el año siguiente cayó a 38,2 millones de toneladas.

“Cuando me gradué de agrónomo (1991) éramos importadores de alimentos. Hoy nos transformamos en una potencia con participación increíble en los mercados mundiales: 60 % de toda la soja importada por el mundo, 30 % del maíz, 52 % del azúcar y 25 % o 27 % del algodón”, celebró Marcos Fava Neves, profesor de universidades en Brasil, Argentina y Estados Unidos.

“Hacia fines de esta década alcanzaremos 40 % de las importaciones mundiales de carne de pollo, 30 % de la carne de vacuno y 20 % de la carne porcina”, agregó.

Brasil es el mayor productor y exportador mundial de soja, café, azúcar y jugo de naranja, además del mayor exportador de otros cinco productos: carnes de pollo y de vacuno, algodón, celulosa y tabaco, de que es segundo o tercero productor.

Muestra de los productos agrícolas de los que Brasil es el mayor productor mundial y mayor exportador, con datos de FAO, Estados Unidos y Brasil. Tabla: Fava Neves

Factores del crecimiento

Eso se logró con la incorporación de nuevas tierras a la producción y “un inmenso aumento de productividad”, destacó a IPS por teléfono desde la ciudad de Ribeirão Preto, en el sureño estado de São Paulo, donde es profesor de la pública Universidad de São Paulo y de una escuela superior privada enfocada en el agronegocio, como se llama en el país a la agricultura a gran escala.

El área sembrada de granos creció mucho menos, de 37,3 millones de hectáreas en 1976/1977 a 81,7 millones de hectáreas en 2024/2025, es decir un aumento de 119 %, contra 647 % en la producción.

“Brasil triplicó la productividad agrícola, gracias a mucha investigación científica de los suelos, las semillas, los fertilizantes y de defensivos”, sostuvo Francisco Matturro, agricultor y uno de los directores de la Asociación Brasileña del Agronegocio (Abag).

La “domesticación” de los suelos del Cerrado, especie de sabana que ocupa 2,03 millones de kilómetros cuadrados, un poco más que el territorio de México, en el centro de Brasil, fue uno de los grandes factores de ese salto productivo, apuntó Neves.

La estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), creada en 1973, se destacó por estudios que facilitaron esa expansión, especialmente al adaptar la soja para el cultivo en tierras antes menospreciadas del Cerrado, consideradas infértiles y muy secas.

Pero hay otros centros de investigación más antiguos que contribuyeron también al bum agrícola brasileño, como el Instituto Agronómico (IAC), vinculado al gobierno del estado de São Paulo, observó Matturro.

El monocultivo de soja en el estado de Tocantins, en el centro del Brasil, pasó a ocupar extensas áreas de la región del Centro-oeste de Brasil. Esa oleaginosa era prácticamente desconocida en el país hace medio siglo y ahora es su mayor productor y exportador, con una producción de 171,4 millones de toneladas en el periodo 2024/2025. Imagen: Mario Osava / IPS

Soja lidera

La soja encabeza la multiplicación de los granos. Un cultivo casi desconocido en Brasil hace 50 años lidera ahora la producción, con 171,4 millones de toneladas en 2024/2025, seguido del maíz, con 139,7 millones de toneladas.

Buena parte de la producción de maíz se debe a la expansión de la soja en la región del Centro-oeste de Brasil, como el segundo cultivo del año, tras la cosecha de la soja. La posibilidad de hacer dos o incluso tres cultivos cada año en la misma tierra es una de las ventajas de la agricultura tropical, de la que Brasil se tiene como un caso exitoso.

La soja tiene un rol “determinante” para el segundo cultivo, al responder por 80 % de la fertilización necesaria, realzó Matturro en entrevista telefónica a IPS desde São Paulo.

Otras leguminosas cumplen una función similar, como el maní, cultivado antes de una nueva siembra de la caña de azúcar, cuyo ciclo productivo es de cinco años, pero se amplió a varios años más con las nuevas técnicas.

La siembra directa también impulsó el segundo cultivo. Se trata de una práctica, iniciada en los años 70 y diseminada por 40 000 hectáreas, que mantiene la paja en el suelo para fertilización y conservación de la humedad, explicó Matturro, también economista y exsecretario de Agricultura del estado de São Paulo.

“Pero no se puede olvidar el factor humano, el productor que con su coraje y disposición de correr riesgos impulsó la expansión agrícola, especialmente los que migraron del sur hacia el Centro-oeste”, la región que responde hoy por la mayor producción nacional de granos, acotó.

Estimulados por programas de ocupación del territorio nacional, durante la última dictadura militar (1964-1985), los agricultores de todo el Brasil, principalmente los “gaúchos” del sur, se hicieron propietarios de grandes extensiones de tierras baratas en el oeste y en el norte amazónico, donde prosperó la soja, el maíz y el algodón.

Pero solo cerca de un tercio de los 850 millones de hectáreas del país tiene uso agrícola actualmente, hay territorio para seguir aumentando la producción. Cerca de 20 millones de hectáreas de pastizales degradados se pueden transformar en tierras agrícolas en los próximos años, estimó Neves.

Ese potencial de expansión se asegura por el lado importador, ya que la demanda mundial debe incrementarse por el crecimiento poblacional, la urbanización y alza del consumo, argumentó.

El algodón y el maíz expandieron su producción tras la soja en el estado de Mato Grosso, mayor productor de granos de Brasil. Se siembran en las mismas áreas como segundo cultivo tras la cosecha de soja, posibilidad que ayudó Brasil a convertirse en la potencia agrícola actual. Imagen: Michel Alvim

Nuevas vulnerabilidades

Pero hay problemas para la sostenibilidad de la actividad agrícola y su crecimiento futuro, como la dependencia brasileña de insumos importados, la escasez de mano de obra especialmente para manejar máquinas cada día mas sofisticadas y las restricciones ambientales, reconoció el experto.

Brasil importa cerca de 90 % de los fertilizantes que consume y la invasión de Ucrania por Rusia desnudó los riesgos de esa dependencia de pocos proveedores. Rusia provee ahora cerca de 30 % de los fertilizantes importados por Brasil.

El temor es que Estados Unidos imponga sanciones a Brasil por adquirir tanto fertilizantes como diéseles rusos, como hizo con India, que tuvo sus productos gravados en 50 % por importar mucho petróleo de Rusia.

Otras guerras y las disputas entre los Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, y China pueden afectar el suministro de fertilizantes a Brasil, que los importa también de China (20 %) y, en menor cantidad, de Canadá, Egipto, Marruecos y Biolorrusia.

Lo mejor es diversificar las fuentes y evitar privaciones, recomienda Neves. El gobierno brasileño trata de ampliar la producción interna, pero ello cuesta tiempo.

El elevado endeudamiento de los agricultores es otra amenaza, que requiere un mejor sistema de financiación de su actividad, añadió.

“Son problemas que existen hace años y no impidieron el crecimiento de nuestra agricultura”, concluyó.

Matturro destacó, por su parte, la carencia de almacenamiento que no se acompasó con la producción de granos. Estimó ese déficit en 125 millones de toneladas, agravado por un desequilibrio. En Estados Unidos 65 % de la capacidad de los almacenes se concentra en las haciendas, mientras en Brasil se limita a 5 %.

Otra vulnerabilidad es el transporte, de costo elevado por la insuficiencia de ferrocarriles, hidrovías y buenas carreteras, agregó. Los grandes ríos se adecuan muy lentamente para el transporte de grandes volúmenes de granos, lamentó.

Osvaldo Aly, director de la Asociación Brasileña de Reforma Agraria, apunta el riesgo hídrico como el gran factor de insostenibilidad del “modelo tecnológico muy productivista” de la agricultura brasileña.

Las áreas de gran producción en Brasil, que logran dos cosechas anuales con un sistema de secano, disfrutan de una situación singular, de las lluvias que provienen de la Amazonia y que se dirigen al centro-sur del país por la barrera de la cordillera de los Andes.

“La deforestación, especialmente en la Amazonia, pone en jaque ese ciclo hidrológico” y un sistema compuesto de grandes acuíferos, ríos y los llamados “ríos voladores” que transportan la humedad amazónica, señaló Aly, un agrónomo que se especializó en temas hídricos.

El bioma amazónico ya perdió 17 % de sus bosques, según organizaciones que los monitorean por satélites, y científicos como el afamado climatólogo Carlos Nobre estiman que la pérdida de más de 20 % puede constituir el punto de no retorno.

Eso significa la eliminación de la capacidad de autoalimentarse de los bosques, convertirlos en una sabana  y poner fin a los servicios ambientales del bioma, que incluyen las lluvias en las principales áreas agrícolas de Brasil.

La gran agricultura brasileña sobreexplota los recursos hídricos, sin evaluar los riesgos ante la confianza en la abundancia de agua, pero en el Cerrado, bioma del centro del país, las lluvias ya sufrieron una reducción de 20 % y en el centro-sur ellas se atrasan 20 días en relación al pasado, y muchos acuíferos se están agotando, advirtió.

Además se trata de “monocultivo intensivo que destruye la biodiversidad, usa muchos agrotóxicos para controlar plagas y aplica en la agricultura el proceso industrial”, añadió.

“Se busca la utilidad inmediata, sin compromiso con la perennidad, en ciclos cortos de gran destrucción de la naturaleza”, de que es ejemplo el café, un cultivo que se desplazó de las cercanías de Río de Janeiro en el siglo XIX, migró hacia el sur por tierras fértiles y luego se dispersó por varias regiones, concluyó.

Mario Osava – es corresponsal de IPS desde 1978 y encargado de la corresponsalía en Brasil desde 1980

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Maní: utilizan biotecnología para acelerar la resistencia a enfermedades

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El INTA Manfredi desarrolló junto con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y el laboratorio Hudson Alpha una técnica para identificar genes de resistencia al carbón en maní, enfermedad que constituye una de las principales limitantes sanitarias del cultivo en la Argentina. Esta investigación permitirá avanzar en el desarrollo de materiales resistentes.

El carbón del maní, causado por el hongo Thecaphora frezzii, puede reducir la calidad comercial y provocar pérdidas de entre un 5 y un 30 %, con picos más elevados en situaciones de alta infección. Este patógeno se mantiene en el suelo y en restos de cosecha, infecta las vainas y genera estructuras negras que reemplazan parcial o totalmente a los granos. Su manejo depende de estrategias integradas como rotaciones, elección de lotes y el desarrollo de cultivares con resistencia genética.

Por esto, el INTA Manfredi en convenio con el USDA y Hudson Alpha -uno de los centros de biotecnología más avanzados del mundo- trabajan en el desarrollo y puesta a punto de un análisis de ADN en semillas para detectar genes de resistencia de forma temprana y precisa, optimizando el uso de las parcelas de evaluación al descartar líneas que no cumplen con los objetivos antes de la siembra.

“La tecnología desarrollada por ambas se enfocó en esta enfermedad por la complejidad de evaluarla a campo”, explicó Jorge Baldessari, responsable del programa de mejoramiento del cultivo de maní del INTA Manfredi, y agregó: “Desde Estados Unidos colaboran en este desarrollo con el objetivo de anticiparse a un posible ingreso de la enfermedad a su país, conscientes de que su evaluación en el campo resulta altamente laboriosa”.

El análisis de ADN realizado en Hudson Alpha comenzó con resistencia a carbón y se extiende a otras características de interés, con el objetivo de incluir esta herramienta en otros programas de mejoramiento de maní en los Estados Unidos y, en el futuro, en proyectos internacionales.

“En Argentina, ya implementamos esta tecnología en nuestros programas de mejoramiento, dado que formamos parte de su desarrollo”, subrayó Baldessari. Para avanzar en estos estudios, el INTA Manfredi envía muestras de ADN de materiales bajo desarrollo en Manfredi a Estados Unidos, cuyos resultados permiten definir qué líneas continúan en las etapas de ensayo en Córdoba.

Hudson Alpha aporta tecnología de secuenciación y análisis bioestadístico de ADN de última generación, utilizada tanto en salud como en agricultura. Esto permitió validar la metodología en maní. Actualmente, el INTA Manfredi realiza ensayos sobre ocho hectáreas con líneas evaluadas por rendimiento y sanidad. Al mejoramiento tradicional se sumaron herramientas biotecnológicas que aceleran la selección, como los marcadores moleculares, que permiten identificar genes de interés en laboratorio.

Baldessari adelantó que el INTA inscribirá próximamente dos materiales con resistencia a carbón, desarrollados inicialmente mediante métodos tradicionales, que ahora incorporan esta tecnología de selección genética. Este paso fortalecerá la sanidad de los cultivares frente a esta enfermedad y a otras problemáticas del cultivo.

Articulación laboratorio-campo

Mientras se avanza en la incorporación de biotecnología en el mejoramiento, el Laboratorio de Biotecnología de INTA Manfredi desempeña un rol clave en la preparación y análisis de las muestras que permiten acelerar este proceso. Este laboratorio realiza la primera etapa del proceso, que consiste en extraer el ADN de cada semilla para preparar las muestras que luego se envían al Instituto Hudson Alpha, en Estados Unidos, donde se realiza la secuenciación y el análisis bioinformático con tecnologías específicas desarrolladas para maní.

“Hasta hace algunos años procesábamos entre 500 y 1.000 muestras anuales, pero el año pasado alcanzamos las 2.000 muestras en apenas tres meses, por la necesidad de aumentar nuestra capacidad de trabajo en períodos muy acotados”, explicó Eva Mamani, investigadora del Laboratorio de Biotecnología del INTA Manfredi.

Para cumplir con los tiempos que impone el ciclo productivo, se duplicó la capacidad de procesamiento diario mediante la incorporación de equipamiento y de un técnico especializado. “Esto nos permite que, al recibir los resultados del análisis bioinformático, el equipo de mejoramiento cuente con la lista de semillas seleccionadas a tiempo para la siembra a campo”, señaló.

Mientras otros laboratorios utilizan marcadores puntuales para identificar genes específicos, en Manfredi se aplican miles de marcadores distribuidos en todo el genoma de cada planta. “Este método nos permite analizar la información genética completa, mantener las características de rendimiento y calidad de las variedades élite e incorporar genes de resistencia a enfermedades como el carbón”, explicó Mamani y agregó: “De esta forma, logramos acelerar el desarrollo de nuevas variedades y optimizar el proceso de mejoramiento sin perder los avances alcanzados en décadas de trabajo”.

Según la investigadora, esta estrategia resulta clave cuando se busca incorporar genes de resistencia de variedades con menor rendimiento en materiales élite, evitando retroceder en los avances logrados durante años de trabajo. “No se trata simplemente de sumar un gen, sino de analizar de forma integral la composición de la planta, trabajando con miles de marcadores en simultáneo”, puntualizó.

En el caso de la resistencia al carbón, esta articulación entre laboratorio y campo permitió reducir los tiempos de desarrollo. “Con las técnicas moleculares tradicionales, la identificación de genes podía demorar entre siete y ocho años. Con esta tecnología logramos identificar en solo tres años los genes asociados a la resistencia”, destacó.

Además del procesamiento de muestras, el laboratorio se encarga de la logística, la planificación y la preparación de las poblaciones necesarias para la identificación de genes, integrando de manera estratégica el trabajo de laboratorio con las tareas a campo. “Actualmente trabajamos para fortalecer nuestras capacidades y sostener esta tecnología en el tiempo, con el objetivo de ampliarla a otras características de interés para el cultivo de maní, más allá de la resistencia al carbón”, afirmó.

Mejora genética

En los últimos 25 años, la provincia de Córdoba duplicó la productividad de maní, superando los 4000 kilos por hectárea en caja, como resultado de avances en genética, manejo agronómico y mejoras en cosecha y poscosecha.

El maní tipo “Runner” que cultiva la Argentina llegó en la década de 1970 desde los Estados Unidos, y estaba adaptado a climas más cálidos y húmedos que los de Córdoba. Como no se adecuaba a los veranos más cortos y con menor humedad locales, el INTA Manfredi trabajó en acortar su ciclo y reforzar su resistencia a enfermedades presentes en las regiones productoras.

“Desde el área de genética incorporamos resistencia a las enfermedades presentes en las regiones de cultivo”, indicó Baldessari. El paso de variedades aceiteras, como los tipos Spanish y Valencia, a los tipo “Runner”, destinada al consumo directo, permitió avanzar en un producto con la calidad requerida por los mercados externos.

“Hacia adelante, aplicaremos herramientas de biotecnología para acortar los plazos de obtención de nuevos materiales y optimizar su desarrollo”, concluyó.

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La soberanía de un campesino

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¿Que hay sino más soberano que personas que llevan generaciones asentadas en un terreno produciendo sus propios alimentos de manera tan resiliente que sus hijos tengan las mismas o mejores condiciones de producción que sus padres?

Más allá del respeto implícito a los productores de alimentos que, en el caso de la provincia de Misiones, abarcan el 64% de comida consumida en dicha provincia, las familias campesinas merecen reconocimiento por la libertad que hoy ejercen en su asentamiento. A continuación se señalan algunas de las dimensiones en las que estos ejercen sus libertades.

Soberanía alimentaria: el campesino tiene a su disposición comida que él mismo produce y está en él la decisión de si producir con o sin venenos y, de no hacerlo, sabe que lo que come es sano. Tiene a su disposición las plantas alimenticias no convencionales (P.A.N.C) que correspondan a su localidad, lo cual le provee de alimentos sanos sin esfuerzo extra. su vínculo con los animales que cría para alimento es mucho más sano y mucho más eficiente en cuanto al respeto y cuidado que quienes se autoproclaman ecofriendly por comprar verduras transgénicas de latifundios de otro continente antes que comer carne. Ante los ojos de un chacarero, estas personas simplemente son ingenuas.

Soberanía de tiempo: Si bien el campesino se ve obligado en la mayoría de los casos a vender su fuerza de trabajo, éste está aislado del ruido y de los ritmos que impone la ciudad con sus alarmas “Morning Flower”. Si un día se siente cansado, va y se echa a dormir, sabiendo que al día siguiente estará mejor y podrá ser más eficaz en sus labores cotidianas. sus tiempos son los de sus plantas que espera pacientemente ver fructificar. Su preocupación es si este invierno caerá helada y no si hoy llegará tarde al trabajo y luego le echarán, porque él, aunque sin saberlo, es el sueño de todo joven emprendedor que anhela ser su propio jefe trabajando más duro. En contraste, el filosofo surcoreano Byung-Chul Han retrata las sociedades “exitosas” como la de su pais, que encabeza el ranking de vanguardia tecnológica, a la vez que ocupa el segundo lugar en el ranking de tasa de suicidio segun la OMS  «La aceleración actual tiene su causa en la incapacidad general para acabar y concluir. El tiempo aprieta porque nunca se acaba, nada concluye porque no se rige por ninguna gravitación», señala Han en “El aroma del tiempo”.

Soberanía de pensamiento: Es soberano de la influenciabilidad que propicia la sobreestimulación en la sociedad de consumo: Esto abarca desde estar parcialmente aislado de la cultura globalizada de las redes sociales, sus trends y memes (simplificando así su sentido de humor y satisfacción en general), hasta la estimulación que genera el marketing que funciona tanto en las vidrieras de los locales como en la propaganda pro-consumo de la industria cinematográfica, televisiva, radiofónica, etc. La parcialidad de este aislamiento radica en que si bien la mayoría de los campesinos tiene un smartphone, éstos no consumen el mismo contenido que alguien criado en la urbanidad, pues su educación en tanto a la relación con el éxito, el placer y el trabajo son distintas a la de alguien que vive en la ciudad.

Soberanía energética: Si desea ir a un lugar lejano, ensilla su caballo y sale temprano. Si desea arar la tierra para plantar encanga los bueyes y si desea hacerse su comida arrima unos tizos e inicia un fuego. En este sentido, las familias campesinas son la ventana al pasado a la vez que lo son hacia el futuro: Las familias que aún replican las técnicas tradicionales de producción agrícola aprendidas de sus antepasados, son la prueba de que la tecnología preindustrial (que fue ocultada por empresas que priorizan sus ganancias antes que la salud y bienestar de la gente) es clave para un tránsito funcional al decrecimiento.

Soberanía de oficios: El mismo aislamiento que le significa vivir en el campo o la chacra, provoca que no tenga a su disposición un herrero, un plomero o un electricista al que pueda pagar para que solucione sus problemas. Es por ello que cada campesino deberá encontrar la forma de aprender a resolver sus problemas, o, si le es posible, recurrir a sus escasos vecinos que, quizá, sepan un poco más que ellos del asunto, solo para que los mismos ahora también aprendan, para no molestar al vecino nuevamente.

Soberanía de seguridad: el aislamiento también lo aleja de las grandes masas de personas de la ciudad, dentro de las cuales hay algunas que querrán ir a robarle. En cambio, si se vive en el monte, uno tiene perros o gansos que le avisan ante la llegada de un extraño, a su vez que al extraño se le dificultará bastante encontrar la casa de este chacrero y decidirá ir a la ciudad. Como si esto fuera poco, los mismos vecinos del chacrero le avisarían de haber alguna persona o actividad fuera de lo común. Si un campesino se ve comprometido en su situación económica tiene más recursos para subsistir que si estuviera en la ciudad, por lo que es menos propicio a salir a robar por necesidad.

Nada más que un pequeño porcentaje de las familias campesinas de la región es soberana en todos los sentidos antes expuestos, debido a fenómenos como el éxodo rural o el desembarco de la cultura del consumo que éstos reciben a través de las redes sociales. Sin embargo, los hay quienes cumplen con la mayoría o inclusive todos los puntos. Esto implica que existen personas que merecen un especial reconocimiento por dicha cualidad de soberano que le convierten en vanguardia no solo técnica sinó de calidad humana y por tanto en ejemplo para todo el mundo.

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Toda lucha se gana asegurando la comida

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Eugenio Kasalaba y sus recuerdos a 30 años del inicio de la Feria Franca de Oberá

El próximo 26 de agosto se cumplen tres décadas del inicio de la Feria Franca en Oberá, un modelo nacido en plena crisis rural de los ’90 que transformó la vida de miles de familias agricultoras en Misiones. Hoy, la celebración es también una invitación a revisar el camino y volver a la mística que consolidó al movimiento.

Los comienzos: organización y resistencia

Uno nunca olvida el primer día”, recuerda Eugenio Kasalaba, uno de sus fundadores. “Fue un sábado 26 de agosto de 1995. Éramos menos de diez productores y, pese al frío y la sequía, nos animamos a empezar con mesas prestadas por la municipalidad. Michel Guilbard nos decía: ‘Probemos hasta fin de año a ver cómo nos va’. Treinta años después, seguimos acá”.

La Feria Franca nació como respuesta al abandono de chacras y la emigración de jóvenes. Con el apoyo del Movimiento Agrario de Misiones, INTA, Programa Social Agropecuario, Cáritas y municipios, se creó una alternativa para sostener al pequeño productor en su tierra. El lema que los guiaba era claro: “toda lucha se gana asegurando la comida”.

Un modelo que se expandió

De Oberá, la experiencia se multiplicó en Posadas, Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem, Apóstoles y numerosas localidades. Nombres como Mariana Müller, Jorge Peñalba o Lucía Petri dejaron huella, demostrando que detrás de cada feria hay historias de esfuerzo, solidaridad y dignidad campesina.

Nuevos desafíos, misma mística

Hoy, la Feria Franca enfrenta el desafío de modernizarse: digitalizar la venta, incorporar medios de pago y llegar a los hogares con nuevas formas de distribución. Sin embargo, sus referentes advierten que el mayor reto es volver a las fuentes y recuperar la mística: la solidaridad, la capacitación permanente, el trabajo en equipo y el sentido comunitario que le dieron vida.

Más que un mercado

Treinta años después, la Feria Franca sigue siendo símbolo de soberanía alimentaria, organización comunitaria y resistencia campesina. Como recuerda Kasalaba, citando a Michel Guilbard: “Si uno tiene tierra, tiene que plantar. Porque en la chacra está la posibilidad de vivir y de sostener a la familia”.

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