Lebacs

Para el ahorrista: ¿Se puede invertir en Lebacs con sólo $10.000 desde Misiones y aprovechar las tasas altas?

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La corrida cambiaria pasó y dejó como secuela unas tasas de interés que estarán durante un tiempo en niveles altos, según todos los analistas. Lo que es un mal negocio para la economía real, al mismo tiempo, puede ser aprovechado por los ahorristas. Inversores con montos mínimos que pueden arrancar desde los 10.000 pesos pueden acceder a comprar Lebacs desde Posadas.
Economis realizó un relevamiento en bancos y otras entidades financieras que ofrecen esta posibilidad y te explica aquí cuales son los costos y requisitos para aprovechar esta alternativa de inversión.
“Hay que entender que los bancos, como saben que las tasas altas durarán solo un tiempo no están trasladando a los plazos fijos esos mejores rendimientos de las Lebacs”, señaló Julio Barrios, de la Bolsa de Comercio de Chaco.
Hoy por hoy, los bancos están pagando entre un 25 y 28 por ciento anual por plazos fijos de montos bajos. Por montos encima del millón de pesos pueden acercarse al 30 por ciento, según averiguó Economis. Sin embargo, están lejos del rendimiento de la Lebac a 35 días, que hoy está en torno al 40 por ciento.
La BCCH está ofreciendo a inversores minoristas la posibilidad de abrir cuentas para comprar Lebacs. “El monto que recomendamos es de 30.000 pesos, pero puede ser menos”, dijo Barrios, en diálogo con Economis.
El procedimiento es sencillo. Hay que abrir una cuenta comitente en la BCCH, que es un agente bursátil autorizado a operar en los distintos mercados. El costo de mantener la cuenta es de 100 pesos al mes y la comisión por comprar Lebacs es de 0,25 por ciento. En un monto de 70.000 pesos, son 175 de comisión.
¿Cuáles son las tasas de interés? La semana pasada en plena corrida la BCCH ofrecía tasas de hasta 45% anual a 35 días. Ahora por ese plazo el rendimiento está en 40%.
Para enviar los fondos a invertir hay que hacer una transferencia bancaria al Nuevo Banco del Chaco.
En bancos de Posadas, también se puede
Además, las Lebacs se pueden comprar en casi todos los bancos de Posadas. El requisito siempre es abrir una cuenta comitente que son las cuentas especiales con las que se opera en Bolsa. La mayoría de los bancos tienen, también, su propia agencia bursátil.
Los costos de mantener esta cuenta son muy bajos y están entre 100 y 200 pesos al mes. La comisión por comprar Lebacs también es baja.
“El tema que hay que tener en cuenta es que Rentas de Misiones cobra, cuando los fondos se acreditan nuevamente en la cuenta, un 3,5% de Ingresos Brutos, con lo cual esto le resta atractivo a la inversión”, explicó el gerente de una importante sucursal de Posadas.
Sin embargo, si se realiza el trámite de exclusión ante la DGR esa alícuota no se cobrará.
Los requisitos para abrir cuenta comitente son el DNI y algún comprobante de ingresos como puede ser un recibo de sueldo o una constancia ante la AFIP de monotributo u otra condición.
Broker online
Además de estas alternativas, el inversor misionero también puede abrir una cuenta en un broker online. Uno de los más populares es www.invertironline.com, que tiene comisiones muy bajas para operar, según asegura en su página web.
 
 

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Frigerio: “Vamos a pasar bien el supermartes, habrá calma”

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La crisis cambiaria llevó a Mauricio Macri a realizar cambios en su mecha chica de decisiones, donde hasta ahora tenía preponderancia Marcos Peña. Volvieron el titular de la Cámara de Diputados Emilio Monzó y el ministro del Interior Rogelio Frigerio. Las incorporaciones se completan con el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal. De regreso al entorno presidencial, Frigerio dio anoche (14/5) una entrevista al canal A24 y empezó por un reconocimiento: “Es un momento difícil para el Gobierno. Notamos que hemos perdido parte de la confianza que obtuvimos en el momento del triunfo electoral de 2015 y que fuimos construyendo en estos años de gestión”.
Rogelio Frigerio está de regreso a la mesa chica de decisiones de Mauricio Macri que hasta ahora monopolizaba Marcos Peña y que completaban Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. El ministro del Interior se suma junto con el titular de la Cámara baja, Emilio Monzó (que había anunciado su muy anticipada renuncia semanas atrás) y los mandatarios Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Y se especula que también podrían ser incluidos dos gobernadores radicales. Retornado a la cercanía presidencial, Frigerio brindó anoche una entrevista al canal A24 donde reconoció la pérdida de confianza que tuvo el Gobierno y adelantó un final positivo del Supermartes donde s e vencen Lebacs por más de $ 600.000 millones.
Estamos convencidos de que vamos a salir de esto, no es una crisis terminal. La última gran crisis la evitamos en 2015 cuando la gente nos votó y evitamos convertirnos en Venezuela“, afirmó.
Sin embargo, admitió que “Argentina es uno de los países más vulnerables del mundo, por lo que necesita de la deuda externa para poder transitar este camino de gradualismo” hacia el equilibrio de sus cuentas. Dijo que por ello el movimiento de tipo de cambio o el aumento de tasas en Estados Unidos, “nos afecta mucho más“.
“A eso hay que agregar la situación política difícil donde no podemos sentar a todos en una mesa para lograr acuerdos mínimos“, reprochó.
Acerca de la corrida del dólar, puso de relieve que “el BCRA tomó una decisión muy importante, plantear que tenía que poner todo para poner un freno a la subida, porque pese a tener un cambio flotante, ese valor (superando los $ 25 en camino a los $ 26) no era consistente con lo que estaba pasando. Se había ido de más“.
“Había que poner un freno a la escalada, porque las situaciones que la producen no justifican ese valor. El Banco está dispuesto a plantear la lucha“, añadió.
Con relación al Supermartes, destacó que “se trabaja para que se pueda renovarlos, creo que se va a pasar bien la jornada de mañana (hoy). Habrá una calma en la crisis cambiaria que atravesamos, vamos a pasar el test de las Lebacs, y después de eso tenemos que empezar a cambiar algunas cosas, porque este camino no alcanza“, dijo sobre la revisión de mecanismos de decisiones y de trabajo en el gobierno.
“No vemos que haya un gran problema mañana. Los qu e se quieran ir son de alguna manera los que no estaban comprometidos originalmente, son aquellos que entraron en su momento e hicieron engrosar las reservas, teníamos las reservas en cero y hoy tenemos 55.000 millones de dólares. Si una parte entró de manera especulativa, que se vayan. El Banco Central tiene los recursos como para que se vayan y que eso no afecte ni altere el rumbo económico”, aseguró Frigerio.
Al referirse a las negociaciones con el FMI, aseguró que el Gobierno irá “con su programa, cuidando el gradualismo y defendiendo el interés nacional”.
“Seguro que hay cosas que mejorar“, reveló.
Y reconoció: “Es un momento difícil para el Gobierno. Notamos que hemos perdido parte de la confianza que obtuvimos en el momento del triunfo electoral de 2015 y que fuimos construyendo en estos años de gestión“.
“La Argentina no tiene otra alternativa que llevar otra adelante las políticas que estamos llevando. Las opciones frente a estas políticas las transitamos todas en los últimos 70 años y nos llevaron a un lugar de fracaso y frustración del que queremos salir. Apostamos por este rumbo, pero no somos infalibles“, manifestó.
También se refirió al proyecto de ley que limita la suba de tarifas de servicios públicos, que ya cuenta con media sanción en Diputados. “Es un retroceso“, opinó y argumentó: “En medio del año violás el presupuesto aprobado hace pocos meses, y el proyecto no dice de dónde sacar el faltante“.
Y añadió: “Si tuviéramos la posibilidad de facilitarle las cosas al agente, lo haríamos. El precio de los servicios públicos es el 50% de lo que pagan los países vecinos“.

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De vuelta al fondo

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La tortuosa relación de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional se inició en 1956 por iniciativa del presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu. Desde entonces, Argentina estuvo “bajo acuerdo” con el organismo durante 38 años hasta 2006, cuando Néstor Kirchner canceló casi diez mil millones de dólares de la deuda contraída en los años previos, que terminaron en estallido de 2001. Las “transitorias” asistencias financieras, fueron para el país, casi una norma, aunque las relaciones no siempre fueron carnales.
Cuando la balanza se inclinó hacia una mayor intervención del Estado en la economía, las presiones fueron asfixiantes. En 1966, la dictadura de Juan Carlos Onganía se sacó el corset, canceló la deuda y suspendió el acuerdo.
En cambio, en los períodos de preponderancia del libre mercado, hubo indulgencia, como en los últimos años del menemismo, cuando el país se encaminaba a una evidente crisis por el exceso de deuda y la inevitable caída en default.
Durante la dictadura de 1976, el Fondo apoyó el programa regresivo y se convirtió en garante del repago de 43 mil millones de dólares que se convirtieron en la herencia económica que después condicionó a los gobiernos democráticos.
Raúl Alfonsín recurrió cuatro veces al Fondo, Menem otras cinco y la fugaz alianza otras dos, incluido el Megacanje y el Blindaje. Duhalde cerró un último acuerdo hasta que Néstor Kirchner rompió relaciones para recuperar independencia económica.
Con el santacruceño hubo una guerra frontal y hasta 2018, la Argentina se había librado de la imposición de las políticas del FMI.
En ninguno de los períodos bajo el mandato del FMI hubo una real mejora económica y de los indicadores sociales.
Durante pequeños períodos pos acuerdos, se equilibran las variables que obligaron a pedir auxilio, pero a largo plazo, los efectos son contrarios. Lo mismo sucede con la pobreza, que siempre creció en igual proporción que los montos de los préstamos, hasta un insoportable 50 por ciento después del estallido de la Convertibilidad, sostenida por el placebo que inyectaban los mercados y el complaciente Fondo.
Sorpresivamente, el martes, el presidente Mauricio Macri anunció la vuelta al FMI. Fue apenas unas horas después de una cumbre con sus socios de la alianza Cambiemos para analizar la suba de tarifas y la corrida del dólar. Todos salieron a “ratificar el rumbo” y a negar cualquier problema. El senador Humberto Schiavoni aseguró que la disparada del dólar se debía al movimiento de tasas en Estados Unidos y que “gracias a la competencia del Gobierno en el manejo de las variables, el Gobierno pudo calmar a los mercados”. El radicalismo ni se enteró. El dólar, tampoco. Siguió subiendo hasta superar los 25 pesos al filo del cierre del viernes, cuando el Central gastó 25 mil millones de pesos para enfriar la fiebre.
Para contener la suba, el Gobierno gastó desde abril casi el cinco por ciento de las reservas y no hay certezas de que haya tocado el techo. En las últimas semanas se esfumó el equivalente a toda la porción de educación en el presupuesto nacional y el doble de salud, un plan de infraestructura completo para el país, o varios años del denostado Fútbol para Todos. El dólar subió 50 por ciento en un año y 25,5 solo en 2018.  
Pese a contar en su equipo con el Messi de las finanzas y varios ministros de economía sin sillón, no hubo receta que calmara la fiebre.
Macri dio un mensaje con un giro dramático y juró que pedía el préstamo “pensando en el mejor interés de todos los argentinos, no mintiéndoles como tantas veces nos han hecho”.
El tono y la estructura traen a la mente un mensaje similar, en diciembre de 2000, cuando Fernando De la Rúa también difundía un spot grabado celebrando el Blindaje que iba a salvar la economía argentina. “Es un éxito para mí como Presidente y para todo el pueblo que se beneficiará porque a partir de esta extraordinaria operación económica podremos crecer espectacularmente y comenzar a generar los empleos que necesitamos”. “¡Qué lindo es dar buenas noticias!”, se despedía sin presagiar que exactamente un año después debería huir en helicóptero.
Macri no dio demasiados detalles del pedido de auxilio que sorprendió a propios y extraños. Pedir auxilio al FMI no es el mejor cartel para una campaña que se avecina y contrasta con una de las políticas que el kirchnerismo transformó en bandera.
El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tampoco explicó los alcances del nuevo blindaje, siquiera después del encuentro en Washington con Christine Lagarde. Hasta ahora se sabe que Argentina intentará calificar para un crédito stand by de alto acceso.  
Es un misterio lo qué sucedió entre la noche del lunes, cuando se hizo la cumbre de Cambiemos y el mediodía del martes, cuando hubo que salir a pedir auxilio al Fondo.
Todo indica que no fue la imparable corrida del dólar, sino la posibilidad certera de no poder cancelar vencimientos de deuda y de bonos Lebacs que se acumulan en forma geométrica. El modelo de financiamiento vía deuda externa llegó a su fin con la suba de tasas en Estados Unidos y ya no hay garantías de que el “mercado” confíe en la Argentina.
La suba de tasas del Banco Central pretende enfriar el furor por la moneda verde, pero el costo es demasiado elevado y ya hay quienes miran con desconfianza la táctica de ofrecer demasiado. Cuando la ganancia es tan alta, hasta el Lobo de Wall Street se pone en guardia.
El peso de los intereses es ya de dos puntos del PBI y el déficit fiscal de 6,4 por ciento.      
El martes vencen cerca de 30 mil millones de dólares en Lebacs, el instrumento favorito de Federico Sturzenegger para contener la inflación. Si hipotéticamente, los tenedores decidieran salirse y recuperar sus dólares, se llevarían el equivalente al salvataje que se busca con el FMI. El préstamo serviría para financiar la fuga de capitales. También es cierto que hoy pedirle plata al fondo es más barato que apostar a los mercados financieros, aunque el costo político sea enorme.
¿Por qué el mercado mira con desconfianza a un Gobierno que hizo casi todos los deberes? Tener al Messi de las finanzas no garantiza ganar el partido de la economía real. La acumulación de endeudamiento y la falta de recursos por la parálisis económica y un dólar cada vez más caro, obligan a replantear estrategias.
Para 2018, el monto total de vencimientos de deuda era de u$s 64.649 millones, pero el 30% ya fue cancelado y restan pagar u$s 44.842 millones. De los casi u$s 65.000 millones, casi 70% son colocaciones realizadas en 2017. El porcentaje sube al 80% si se toman las colocaciones a partir de la asunción de Macri, indica  la Fundación Abdala.
Para 2019, los vencimientos de deuda entre capital e intereses alcanzan a u$s 35.410 millones. En este caso, el 68% de ese total fue colocado por la actual administración
Si consigue los 30 o 40 mil millones de dólares que va a buscar, Macri tendría el colchón para cubrir los vencimientos por lo menos hasta el fin de su mandato y daría una señal a los mercados para conseguir más financiamiento.  
Lo curioso es que el propio Gobierno alimentó varios monstruos que ahora lo amenazan. Desactivó las trabas para la fuga de capitales y la remisión de utilidades al exterior, eliminó retenciones a la patria de la soja y el límite de tiempo para liquidar ganancias a los exportadores. Claro está, hoy no hay dólar que alcance.
Los sojeros, por los que “se jugaron la vida”, según reclamó Carrió, no devuelven generosidad. No liquidan a la espera de una mayor devaluación que maximice rentabilidad. La patria primero.
El modelo económico instaurado en 2015 consiste en asegurar el funcionamiento en base a un masivo endeudamiento externo con una preeminencia del capital por sobre el trabajo. Este nuevo endeudamiento estuvo orientado siempre a incrementar reservas y atender las obligaciones externas y no al desarrollo interno.
La política de tasas altas para seducir a los mercados se traduce en problemas en la economía real que cada día se acentúan. La construcción solo crece en el centro del país, mientras que en la mayoría de las provincias registra una caída. En Misiones la construcción privada cerró el año en una baja de 5,3 por ciento –comparada con un 2016 que ya había sido pésimo- y hoy hay constructoras que no pueden vender departamentos ya terminados, lo que desató una guerra sucia entre empresarios para poder captar algún cliente.
El Banco Nación suspendió los créditos hipotecarios a una tasa del 17 por ciento y acceder a un crédito es cada vez más complejo por el nivel de las tasas. La entidad que conduce Javier González Fraga le echa la culpa a Sturzenegger, pero tomó otra medida que causó pánico en cientos de empresas a lo largo del país: decidió parar la compra de cheques diferidos, un recurso por el que las empresas se hacen de efectivo a cambio de sus cheques a plazo, pagando una tasa de descuento. Las empresas que canjeaban sus cheques para conseguir liquidez se vieron desnudas. La ola de quejas hizo dar marcha atrás. Pero ahora canjear los cheques tendrá un costo de 36 por ciento, por lo menos hasta que pase la tormenta.

Pretender que la vuelta al Fondo será esta vez inocua para la Argentina es pecar de ingenuo. “Es un Fondo Internacional muy distinto al de hace 20 años”, argumentó Dujovne, más en defensa propia que en ayuda del organismo.
Vale mirar a Grecia que está bajo el auxilio del FMI desde hace varios años y todavía sigue en respirador artificial. A cambio de la asistencia financiera, el país helénico tuvo que hacer una reforma laboral, achicar el Estado y privatizar casi todos sus activos. Los otros países con créditos stand by como los que pidió Argentina, son Irak, Jamaica y Kenia.
En diciembre pasado, un reporte del FMI sobre Argentina advertía que “es esencial reducir el gasto público, sobre todo en los ámbitos en que dicho gasto ha aumentado rápidamente en los últimos años, en particular salarios, pensiones y transferencias sociales” y recomendaba “considerar la adopción de un ancla fiscal a mediano plazo y de un mecanismo más riguroso para exigir el cumplimiento”. En paralelo plantearon “acelerar la reducción de los aranceles de importación, eliminar la mayoría de los permisos de importación, retirar los obstáculos a la inversión y la entrada de empresas al mercado y adoptar medidas para promover la competencia interna”.     
En un nuevo reporte, publicado en las últimas horas, el FMI reclama que “en los casos en que la sostenibilidad o credibilidad fiscal pudieran correr riesgo, las autoridades deben abordar esas inquietudes aplicando un ajuste con una fase inicial más intensa e impulsando la reforma fiscal”.
Entre las demandas del organismo para prestar plata a la Argentina, figurarían un congelamiento de las jubilaciones y pensiones y un achique en la planta del Estado, además de la reforma laboral demorada por la presión de los sindicatos. “Ahora nos van a exigir más”, admitió el jefe de Gabinete, Marcos Peña.
Hasta ahora el Presidente no dio detalles de lo que está dispuesto a aceptar como condiciones. Solo explicó la urgencia a un grupo de gobernadores y una decena de empresarios de primera línea, entre los que se encontraba el misionero Gerardo Díaz Beltrán, como flamante presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.

Lejos de las especulaciones políticas, los gobernadores apelaron a la responsabilidad. Un grupo estuvo en la Casa Rosada a pedido del Presidente.
El misionero Hugo Passalacqua fue recibido en la Residencia de Olivos.
La apelación a los gobernadores es una señal clara que la política es la única instancia para sostener el timón cuando la turbulencia financiera pone en peligro al barco.
“Las dificultades del momento imponen racionalidad, sensatez y unidad”, expresó Passalacqua tras reunión con Macri. Fue el mismo tono diplomático de los demás gobernadores. No comparten la decisión, pero no es momento para pasar facturas. 
“Sin pertenecer al color político del Gobierno nacional creemos que el paso de la toma de crédito por parte de la Nación colabora en despejar incertidumbres en el universo de las finanzas y el crédito internacional.  Aunque ellos (por el Gobierno nacional) sean quienes tengan la responsabilidad de gobernar al país no vamos a ser los misioneros, a quienes cuidaremos siempre, quienes dificultemos la acciones de gobierno”, insistió el gobernador misionero.
La responsabilidad institucional contrasta con el socio de la alianza Cambiemos. La UCR emitió un duro comunicado firmado por el presidente de la Convención Nacional, Jorge Sappia. “Sostenemos que antes de esa determinación deberían haberse intentado otras medidas menos gravosas para el pueblo, sus trabajadores, sus empresarios, sus jubilados. Ahora, existe un riesgo cierto de recesión, y con ella, la caída del consumo, la parálisis económica y la pérdida de fuentes de trabajo y de empleo”, critica. No es la primera vez que el radicalismo hace públicas sus desavenencias, aunque su actitud adolescente se interpreta como la necesidad de forzar internas para ganar espacios de cara a 2019.
Lejos del poder central, las críticas corrieron desde todos los espectros políticos. Hasta la Iglesia, en la voz del obispo Jorge Lugones, titular de la Pastoral Social, acudir al FMI “no es una salida inteligente”. Además cuestionó al Gobierno: “Acá de gradualidad no hay nada”.
Misiones ha sostenido en todo este tiempo la palabra gobernabilidad. Desde la vereda opuesta al Gobierno nacional diferencia los matices ideológicos de la necesidad de sostener un timón institucional. En la última semana dio una nueva muestra. Se opuso a los tarifazos, pero también a la idea de que el Congreso imponga otra política. Es una decisión que corresponde al Presidente.
Como nunca, en esta nueva turbulencia, resalta la tranquilidad de haber asumido una política económica opuesta al modelo actual. Desde 2003, cuando el hoy presidente de la Legislatura, Carlos Rovira asume su segundo mandato como gobernador, se dejó de tomar deuda y se limitó la exposición en dólares de los pasivos.  Por estas horas, el conductor de la Renovación transmitió un mensaje claro: “Hay que estar más que nunca al lado del pueblo. En los peores momentos hay que proteger y socorrer a los que necesitan”.
 

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No “cambiemos” de caballo a mitad del río

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Las últimas semanas deben haber sido una de las más estresantes para el ala económica, financiera y política del Gobierno nacional.
 
Los datos ya son ampliamente conocidos, el jueves último se vendieron 451 millones de dólares para frenar la disparada del dólar y en los dos últimos meses totalizaron 7700 millones de dólares.
 
El dato no es menor ya que esto implica mas de un 10  por ciento de las reservas internacionales que, a fuerza de colocación de deuda principalmente, el gobierno había lograron estabilizar a un nivel aceptable, dado que durante los últimos días de la gestión kirchnerista ni con cepo mediante se podía frenar su caída.

Como vemos en el gráfico las reservas internacionales lentamente se iban recomponiendo a pesar de que en el año 2016 la economía tuvo una caída del 2,2 %.
1 dato: Las reservas son claves… no hay Gobierno que resista la caída de reservas internacionales, dado que todo el sistema financiero queda sin un respaldo que le dé confianza y credibilidad. De hecho, peor aun en la Argentina donde ante cualquier incertidumbre corremos a refugiarnos en dólares. Es más sin recurrir al ya trillado 2001 vamos a la semana pasada y hagamos el ejercicio mental de a cuanto se hubiese ido el dólar si el BCRA no salía a intervenir. Es impensable el valor dado que ante las primeras faltas de oferta, el pánico cambiario podía ser tal que podía haber terminado en cualquier precio.
Pero no pasó (aunque estuvo cerca). Dado que el Banco Central tenía reservas e intervino para calmar las aguas y tranquilizar la corrida (esperemos).
Que ocurrió: Si bien es clara la suba de tasas de Estados Unidos como responsable de la fuga de capitales, también está bastante claro que en el gobierno hay una interna entre dos sectores:
1 Los que priorizan bajar la inflación a toda costa: liderados por el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.
2 Los que quieren darle un mayor impulso al crecimiento económico liderado por el Jefe de Gabinete Marcos Peña convencidos de que pueden controlar la inflación.
Las internas en los Gobiernos no deben alarmar a nadie, ha pasado en todos y seguirá pasando, quizás todos coinciden en el modelo de país que quieren pero no se ponen de acuerdo en cual es el mejor camino para llegar. Al final el que tiene la última palabra para elegir el sendero es el Presidente de la Nación. Sucede que durante los dos primeros años de gestión evidentemente el favorito de Macri era el presidente del Banco Central. Que si bien no cumplió las metas de inflación anunciadas (ver cuadro ) se venía acercando bastante.

La brecha entre la meta y la real se achicaba alentadoramente. Pero el 28 de diciembre pasado en una conferencia de prensa el jefe de gabinete anunció un cambio de metas de inflación que fue interpretado como un recorte a la influencia de Sturzenegger, y por ende al respaldo que pudiera tener para seguir adelante con su política de combatir a la inflación a toda costa.
El resultado está a la vista, no solo por la corrida de las ultimas semanas, sino que desde que empezó el 2018 se estancó la acumulación de reservas (ver gráfico). Esperemos que estos días la turbulencia hayan terminado el viernes y volvamos a pensar en el país más allá de una semana.
Bueno… subieron las tasas y todo vuelve a la normalidad
Hasta el momento pocos cuestionan seriamente la idoneidad del presidente del Banco Central como piloto de tormentas financieras, inclusive el postulado de que las tasas altas frenan el crecimiento se vio disminuido en el 2017 ya que la economía creció un 2,8 % como diciendo que la confianza en el Banco Central era más fuerte que la tasa para los inversores.
Se puede coincidir o no con la política monetaria del banco Central, pero una vez que tomaste un caballo seguí con ese porque como dice el refrán al querer cambiar a mitad del río te podés ahogar.
Que costó:
En base a la evolución de Reservas mostradas hice el siguiente calculo, Las reservas al momento de la asunción de esta gestión eran poco menos que 25.000 millones de Uss. Al Gobierno le llevo casi cinco meses estabilizarlas por encima de los 30.000 millones de Uss. O sea que costó cinco meses juntar lo que se perdió en una semana. Para seguir cuantificando: El principal instrumento que usa el Banco Central para absorber el excedente de pesos y bajar la inflación son las Lebacs, el stock de Lebacs a principio y a fin de año era el siguiente:

Como vemos, bajar la inflación en Lebacs costó más de 400.000 millones de pesos en 2017, con esto se bajó de 40 % a 25 % el índice de precios. Este año se llevan incrementados mas de 141.000 millones de pesos la deuda del BCRA.
La inflación del primer trimestre del año fue del 6,7 %. La del año pasado fue solo 6% o sea que si el objetivo del BCRA era combatir la inflación malgastó los intereses de los 141.000 millones de Lebacs emitidas este año.
También podemos sumar la deuda externa que se incrementó como consecuencia de no financiar el déficit con emisión por nombrar los tres costos principales de bajar la inflación (reservas, Lebacs, deuda).
Entonces:
Entre intereses de Lebacs, deuda externa, venta de dólares y suba de tasas cuesta muy caro bajar la inflación como para que por una conferencia inoportuna se tire todo al tacho. Esperemos dos cosas: Que el lunes empiece con calma y que hayan aprendido la lección.
 
 

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Columna de Axel Kiciloff: “El stock de Lebacs equivale a u$s60.000 millones y es una trampa, si bajan la tasa, la plata se va al dólar”

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A continuación repasamos una columna del ex ministro de Economia, Axel Kiciloff, en la cual analiza la corrida cambiaria y los efectos de la enorma masa de Lebacs que condicionan al Banco Central para bajar las tasas de interés (si bajan las tasas, el dinero se va al dólar, presionando la cotización de la divisa y obligando a la entidad monetaria a intervenir para evitar subas bruscas).

Esta última semana, el Banco Central (BCRA) vendió más de 4300 millones de dólares y convalidó una suba de la tasa de interés de las Lebacs de casi cinco puntos, lo que beneficia por doble vía a la denominada “bicicleta financiera” que, como siempre, atenta contra la producción y el empleo nacionales. La venta de reservas por parte del BCRA, desde comienzos de marzo, supera ya los 6700 millones de dólares, una suma que equivale al 75% de los dólares que le compró al Tesoro desde comienzo de año, cuando Caputo colocó 9 mil millones de dólares en bonos a 5, 10 y 30 años. Habitualmente, los gobiernos reaccionan ante una corrida cambiaria o bien devaluando, o bien vendiendo reservas, o bien subiendo la tasa de interés. Lo llamativo es que este gobierno hizo todo eso junto: por eso lo acusan de errático e inconsistente, y se ventilan las internas entre los funcionarios.

¿Qué inició la corrida que desembocó en la venta de dólares diaria más grande de los últimos 15 años? Varios analistas señalan que la presión devaluatoria se explica por la entrada en vigencia de un impuesto sobre el rendimiento financiero de las Lebacs a extranjeros, introducido por el mismo Gobierno en su reforma tributaria, que llevó a los fondos de inversión a vender sus Lebacs para “dolarizar carteras”, y evitar así el pago del nuevo tributo. Corrida autoinflingida. Se estima que los tenedores extranjeros tenían en su poder Lebacs por 5 mil millones de dólares.

A esto se agrega la reciente suba de la tasa en Estados Unidos, que después de años de ubicarse cerca de cero tocó ahora el tres por ciento. Este incremento estaría motorizando un proceso de “flight to quality” (‘vuelo hacia la calidad’) que genera salida de capitales desde las plazas periféricas hacia los centros financieros, forzando devaluaciones a lo largo y ancho de todo el planeta.

Los dos escenarios son culpa del Gobierno. Si los fondos extranjeros vendieron sus Lebacs, compraron dólares y los fugaron para no pagar impuestos, entonces el BCRA no hizo otra cosa que garantizarles rentabilidad a esos especuladores internacionales. Para colmo, vendió dólares baratos y luego devaluó. Si primero hubiera devaluado, las ganancias por intereses de las Lebacs habrían sido menores, medidas en dólares. ¿Quién se benefició? ¿Cuánto perdió el Estado? Aún no lo sabemos.

Pero la bola de nieve que armó el Gobierno con las Lebacs no se agota en los tenedores extranjeros, ni mucho menos. El stock en circulación de Lebacs equivale a unos sesenta mil millones de dólares, un monto superior a las reservas del BCRA, y está mayormente en manos de locales: bancos, aseguradoras, fondos comunes de inversión, otros actores institucionales y tenedores minoritarios. Lógicamente, también buena parte de estos otros inversores, ante un riesgo de devaluación, buscarán pasarse a dólar, para maximizar sus ganancias. De modo que, en caso de haber tenido lugar ese desarme y dolarización de carteras por parte de inversores extranjeros, la presión será superior, ya que los inversores locales también buscan dolarizar sus inversiones.

Por tanto, el Gobierno se metió en un callejón sin salida. ¿De qué manera podría desactivar la corrida el BCRA? Subiendo la tasa de interés, para que la inversión en Lebacs resulte más atractiva que la compra de dólares. Pero así no haría otra cosa que alimentar aún más la bicicleta financiera. Y esto fue lo que finalmente terminó haciendo cuando, el día viernes, convalidó una tasa de Lebacs superior al 30 por ciento. Sintetizando: más bicicleta con ganancias elevadas y libre disponibilidad de dólares para que fuguen los inversores extranjeros, y más ganancias por la suba de tasas para los que se queden. En definitiva, se ha manifestado esta semana uno de los mayores riesgos que enfrenta nuestra economía como resultado de la política económica de Cambiemos. Ni bien asumió, Mauricio Macri devaluó, eliminó impuestos a los ricos y ajustó el gasto, lo que dio lugar a una fuerte recesión que hizo crecer el déficit fiscal. Al mismo tiempo, desreguló las finanzas, permitió la fuga indiscriminada y abrió las importaciones. También colocó la tasa de interés interna muy por arriba de la inflación y dolarizó las tarifas, las puso a precio internacional. La necesidad insaciable de dólares que supone este esquema es lo que va cubriendo con deuda externa.

El stock de Lebacs, es decir, de deuda pública que asegura superganancias, crece también de manera constante y alimenta así la bola de nieve, ya que las tensiones cambiarias se acumulan y la tasa que debe pagar el BCRA a los tenedores de las Lebacs es cada vez más alta para contener el dólar. Como todo el mundo sabe, las tasas altas atentan contra la producción y el empleo nacionales, ya que desincentivan tanto el consumo como el crédito para las empresas y las inversiones productivas. No hay negocio que rinda más que poner la plata en Lebacs y quedarse sentado enriqueciéndose.

Así, el Gobierno queda preso de su propia trampa de valorización financiera: si baja la tasa de interés para incentivar el consumo y las inversiones productivas, los capitales se van al dólar y empujan la devaluación. Pero si el dólar sube, por más que el Gobierno lo niegue, la inflación se dispara con una economía cada vez más dolarizada, lo que genera recesión y apreciación cambiaria, lo cual finalmente acaba por perjudicar a los sectores exportadores y alimenta nuevamente la presión devaluatoria.

De modo que, en definitiva, como resultado de su propio programa económico, el Gobierno se convirtió en un rehén de los especuladores financieros que juegan a la timba de la bicicleta, con una lógica completamente desvinculada de las inversiones productivas. A tal punto que, desde comienzos de marzo, el BCRA lleva vendidos casi 6.800 millones de dólares (que son en rigor deuda externa), y así y todo tuvo que convalidar una suba de tasas por encima del 30% tras permitir una devaluación. Esto es un completo fracaso: si el Gobierno interviene vendiendo dólares, es para no devaluar y no subir la tasa. Pero tuvo que hacer todo a la vez.

Peor aún es el escenario si nos enfocamos en las cuestiones estructurales que derivan del proyecto neoliberal de Macri: déficit de cuenta corriente superior al 5% del producto, salario real menor que en 2015, industria manufacturera en franco declive y un mercado de trabajo con mayor precarización laboral y una tasa más alta de desocupación. Si el Gobierno sigue internándose en este oscuro túnel, el futuro luce cada vez más complicado para los sectores populares, para los sectores medios, para los pequeños productores rurales y para las pymes que producen para el mercado interno.

Los tarifazos no dan tregua en materia inflacionaria, empujan los salarios a la baja y el Banco Central parece no poder controlar el dólar, ni bajar la tasa de interés para abaratar el costo del crédito. Por su parte, el mundo se vuelve más inestable e incierto. Todas las economías tienden a proteger su industria y su trabajo, y a regular al sector financiero. Pero Macri va a contramano. Lleva a la Argentina por el camino de la apertura y la desregulación, la hace cada vez más vulnerable a los vaivenes de la turbulenta economía mundial. Exactamente lo contrario de lo que recomiendan el sentido común, la teoría y la historia.

Axel Kicillof es economista y diputado nacional (FpV). Fue ministro de Economía de la Nación.

Cristian Girard es economista. Fue presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

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