MILEI

Argentina bajo muy grave riesgo de disolución nacional

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Lo vengo diciendo, con toda claridad, en sucesivos artículos, que nos están empujando con persistente alevosía, hacia la total disolución nacional.

Si no llegaran a concretar ese perverso objetivo, de mínima buscan hacernos involucionar al hoy inviable y claramente caótico contexto de enclave colonial, de economía regresivamente primarizada, sin industrias ni entes tecnológicos, con población mayoritariamente analfabeta y carente de servicios de salud; como éramos en los años de fines del siglo XIX y comienzos del XX; todo eso administrado bajo una pseudo democracia en una estructura social feudal, con las grandes mayorías muy empobrecidas, y sojuzgadas por un Estado ferozmente represivo.

El Poder Formal lo ejerce un individuo cuyo caprichoso accionar gubernativo, sus frecuentes explosivas expresiones verbales -muchas veces cargadas de epítetos muy groseros y desubicados totalmente para el alto cargo que ejerce-, su gesticulación por momentos desenfrenada, y el claro desprecio que demuestra para con su propio pueblo, hacen suponer con alto grado de verosimilitud, que estamos siendo gobernados por un psicópata con ínfulas de grandeza y desmedidamente ávido de reconocimientos que no merece.

Es un mendicante del Nobel de Economía, con sus antecedentes de uno o más libros con textos plagiados, y con su pretendida “genialidad gubernativa” que solo él y sus secuaces pretextan ver y que contrasta con los desastrosos resultados de su gestión; todo eso entre otros desquicios, como sus ínfulas de cantante; que además goza ante el sufrimiento generalizado que provocan sus acciones socio económicas.

Por algo se identifica con un instrumento de destrucción y apto para brutales torturas, como lo es la motosierra.

Cabe consignar, que además de las profusas evidencias de su compleja conducta, más de un psiquiatra opinó en las redes sociales, respecto a la desequilibrada personalidad de nuestro presidente.

Las no probadas inocencias del presidente y su entorno cercano, respecto al negociado de la moneda virtual promocionada por el propio mandatario, y a los varios casos de “coimisiones” que involucran a su hermana y otros funcionarios muy cercanos, hacen abundar en elementos contundentes totalmente incompatibles con el decoro, probidad y patriotismo, que deben ser atributos imprescindibles para el ejercicio de la primera magistratura nacional.

El propio Milei, claramente exaltado y con voz aflautada, dijo ante una periodista extranjera, que es el topo que vino a destruir el Estado desde adentro.

Sin Estado no hay Nación, sin Nación no hay Patria. Concepto elemental, pero que muchos desconocen, entre ellos buena parte de los jóvenes sub 40 (afectados por la muy perjudicial reforma educativa de Alfonsín, que les quitó contenidos en Historia, Geografía, Lengua y Matemática); numerosos políticos improvisados; sectores de clases media y baja, afectados por el “síndrome de Doña Florencia” (pensar como garcas y actuar como tales, pese a ser simples pobretones); y el 90 % de los uniformados, cooptados estos por un profundo limado de neuronas al ras, que les anuló las capacidades de razonamiento, además de ser ignorantes en Economía, Historia y Geopolítica.

También Milei calificó como “héroes” a los delincuentes fugadores de divisas; y se habría expresado agresiva y burdamente respecto a Jesús, lo cual además de aberrante, es una burla necia respecto a las mayorías católicas y cristianas en general, de Argentina, Iberoamérica y todo el mundo cristiano. También agredió de palabra sin fundamento alguno, solo demostrando un enfermizo odio, al Papa Francisco, quien pese a ello tuvo la grandeza de recibirlo en El Vaticano.

En medio de todo ese aquelarre de absurdos y negatividades inconcebibles, como la subordinación total a los dictados de EEUU, el RU y sus socios principales, y el burdo portazo con el que se desdeñó nuestra incorporación al BRICS, que hubiera sido esencial desde lo geopolítico y lo económico, todo el accionar de libertarios y secuaces, conduce a la destrucción nacional; mientras inventan ficticias “realidades paralelas” con las que con periodistas mercenarios y trols muy activos, a los necios o muy crédulos “engrupen” con supuestos “grandes logros económicos”, que la realidad desmiente.

Por su parte, la necia milicada de mente procesera llena de odio antiperonista, alaba al psicópata por haber comprado algunos pocos “fierros viejos” de dudosa operatividad o de casi nulas capacidades estratégicas reales, que nos mantienen en un estado de total indefensión, mientras nos subordinan vergonzosamente a EEUU y sus socios Atlantistas.

A la vez, sus operadores libertarios o afines destrozan la obra social de los uniformados, mientras que los bajísimos salarios llevan al éxodo de muchos integrantes de Las Fuerzas, cuando no a la depresión suicida de al menos media docena de sus efectivos.

Al mismo tiempo, libertarios y secuaces perpetran impresentables operaciones financieras y de endeudamientos externos, a cargo del “ministro de endeudamiento” Caputo, y del experto en timbas financieras Sturzenegger, hoy devenido en “ministro destructor del Estado y perpetrador del industricidio masivo”

En medio de tanta feroz hipocresía cargada de aporofobia, ahogan financieramente a la educación y la salud pública, incluso jactándose de ello bajo falsas acusaciones de “ñoquis”, con especial saña contra prestigiosos y muy eficientes hospitales públicos y entes vinculados (como el Malbrán y el Garrahan), y lleva al borde de la desaparición a las muy importantes Escuelas Técnicas, repitiendo las agresiones financieras y anulaciones de su accionar, perpetradas por precedentes gobiernos neoliberales (léase apátridas feroces).

La parálisis total de las obras públicas, incluyendo las cancelaciones de obras con financiaciones aseguradas y con altos valores estratégicos, como la Central Nuclear Atucha 3, la Central CAREM, y las dos grandes hidroeléctricas patagónicas; a lo que se agregan para más caos inducidos las totales paralizaciones en las imprescindibles tareas de mantenimiento de las infraestructuras en Energía, caminos, ferrocarriles, escuelas y hospitales, que no solo ocasionaron muertes culposas, sino que tienen a desarticular a nuestro país, volviéndolo inviable y caótico.

La artificial sobrevaloración de nuestra moneda respecto al dólar, y la irracional apertura total de nuestra economía, a lo que se agrega la muy reducida capacidad de compra de nuestra población, empobrecida adrede y en crecientes cantidades empujadas a la desocupación forzosa, ante las quiebras o cierres de empresas, que se verifican día a día, forman un combo perversamente perfecto que nos empuja a la desindustrialización forzosa y a los aumentos desmedidos de las importaciones; con la pobreza y la miseria extrema aumentando mes a mes.

Las importaciones, agregadas a los impagables servicios de la deuda, hacen crecer desmedida e irracionalmente la ya impagable deuda externa, que nos convierte en un Estado fallido, como si hubiésemos sido arrasados por un conflicto bélico descomunal.

En todo ese contexto destructivo, el presidente y su comitiva, se dedican a viajar muy seguido al exterior, en varios casos sin ningún motivo oficial que justifique esos derroches de divisas, mientras en lo interno afirma que “no hay plata”, ni para lo más elemental y humanamente necesario, lo cual es aberrante.

Para agregar incoherencias totales, cuando no burlas descaradas a los acuciantes problemas internos, como la inundación catastrófica en Bahía Blanca, y los brutales incendios de casi probada intencionalidad que azotan a la Patagonia, mientras el Estado nacional se desentiende por completo de esas dolorosas realidades y niega todo apoyo para solucionar esas catástrofes, al mismo tiempo el presidente usa su tiempo y los dineros públicos, para satisfacer su ego, cantando y actuando en público, superando las incoherencias que años atrás perpetrara el entonces presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram (también con ínfulas de cantante), pero en aquel caso fue rápidamente eyectado de su cargo, por su desubicuidad y evidente incapacidad para esa alta función.

Siempre accionando contra los Intereses Nacionales, expresó posturas de hecho favorables al Reino Unido, en el sensible tema de los usurpados archipiélagos australes.

El odio irracional que el presidente demuestra ante todo lo estatal, lo lleva a impulsar desastrosas privatizaciones de bienes de alto valor estratégico y altamente rentables, como las grandes hidroeléctricas nord patagónicas y las muy eficientes centrales nucleares, mientras desfinancia toda operatividad de los entes tecnológicos, imprescindibles para el desarrollo, los que libertarios y secuaces se esfuerzan en destruir y gozan destruyendo, mientras pagan sobreprecios y otros desmanejos operativos.

En Política Exterior, la sumisión total al Bloque Atlantista, lleva a pisotear toda acción soberana y digna, que Argentina supo mantener en temas de gran importancia geopolítica, subordinándonos servilmente a los dictados o caprichos de los administradores del poder anglosajón.

La miseria general y la creciente desocupación, empujan al exilio a muchos argentinos, lo cual agrava la escasez de población que afecta a nuestro país.

Mientras el país cae a pedazos, un denso sopor parece afectar a nuestra población, que parece resignarse a semejante conjunto de tropelías, las que nos llevan a la irreversible destrucción general, a la que nos empujan, pero para evitarlo aun estamos a tiempo, y Dios quiera que no sea a costa de un descomunal baño de sangre, como comenzó a suceder en la crisis terminal de 2001/2002, de la cual casi de milagro logramos salir.

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Inicia la nueva fase de re-monetización ¿Qué nos dejó el primer mes de la nueva estrategia?

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Maximiliano Gutiérrez, Responsable sección Monetaria-Cambiaria, Fundación Mediterránea. Enero no ha sido un mes más para el tablero de control monetario, puesto que ha marcado el ingreso formal de la economía argentina en una fase de re-monetización, estrictamente condicionado por la recuperación de la demanda de pesos.

En este nuevo ecosistema, las tasas de interés han vuelto a exhibir una marcada volatilidad, atravesando un proceso de reacomodamiento en busca de su punto de equilibrio. El desafío central radica en sostener rendimientos reales que incentiven la permanencia en activos en pesos, sin que ello asfixie la recuperación del crédito. Tras el repunte observado al cierre de 2025, el crédito en pesos al sector privado inició el 2026 con un crecimiento mensual desestacionalizado del +1,4%. Si bien este guarismo resulta positivo, aún se sitúa por debajo del promedio mensual registrado durante el primer semestre del año anterior.

La re-monetización 2026 a Examen: Los nuevos factores determinantes de la Base Monetaria

Como ilustra el gráfico, la Base Monetaria (BM) inició un sendero ascendente en diciembre pasado. Este incremento se produce en el marco de un aumento en la demanda de dinero (asociado al pago de aguinaldos, las festividades y el inicio del período vacacional, factores que históricamente exigen una mayor liquidez en el sistema).

Al analizar enero, mes que marca el lanzamiento formal de la “Fase de re-monetización”, la tendencia alcista se consolidó durante las primeras tres semanas hasta alcanzar su valor máximo hacia el día 20. A partir de ese punto, se inició una fase de contracción monetaria que podría pensarse como una gestión precautoria ante el agotamiento de la estacionalidad más alta de la demanda de pesos que comienza a darse a partir de febrero.

El análisis del primer mes de 2026 subraya por qué el promedio mensual es una métrica importante para evaluar la liquidez a lo largo del mes, frente a la “foto” de un día específico. Si se analiza exclusivamente la medición del último día de enero frente al último día de diciembre, la BM mostró una ligera contracción nominal del -0,3%, que en términos reales representó una caída del -2,7%. No obstante, estos guarismos no reflejan la realidad a lo largo de todo el mes: promedio mensual la BM registró una expansión nominal del 6,0%, lo que se tradujo en un crecimiento del 3,1% tras descontar el efecto de la inflación. Este indicador refleja que, a lo largo del mes, la economía operó efectivamente con niveles de re-monetización más elevados que en diciembre.

Esta divergencia demuestra que, si bien el dato “punta a punta” captura como cerró el mes, el dato mensual promedio permite visualizar con mayor precisión el proceso de re-monetización que se desarrolló durante la mayor parte del período.

Ante este nuevo escenario, surge un interrogante central: ¿qué factores explican la dinámica de la BM a lo largo de enero? El siguiente cuadro identifica los canales de inyección y absorción de pesos que operaron durante el primer mes del año.

Compra neta de divisas Sector Privado: Las compras de reservas se consolidaron como el principal motor de expansión monetaria durante el primer mes del año, aunque no el único. En enero, el Banco Central (BCRA) registró compras netas por USD 1.158 millones*. Como contrapartida de estas intervenciones, la autoridad monetaria inyectó $1,68 billones en la economía, cifra que equivale al 3,9% de la Base Monetaria previa al inicio del proceso.

Bajo el esquema vigente, el equipo económico había previsto originalmente que el BCRA intervendría adquiriendo hasta el 5% del volumen diario operado en el Mercado Libre de Cambios (MLC) para evitar presiones alcistas sobre la cotización. No obstante, apoyado en la suba estacional de la demanda de dinero (recordemos que el mercado monetario es la contracara del mercado cambiario), el ritmo de compras promedio alcanzó casi el 14% del total operado en enero

Esta dinámica de compras, sumada a la revaluación de las tenencias de oro (que, pese a correcciones marginales, muestra una tendencia alcista en lo que va de 2026), permitió que las reservas brutas alcanzaran los USD 46,2 millones a fines de enero**. Si bien se trata de un camino incipiente, el fortalecimiento de las reservas, especialmente si son propias (reservas netas), incrementa la capacidad del BCRA para enfrentar escenarios adversos.

Este proceso de acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria se desarrolló en un entorno de mayores tasas de interés las cuales, como se analizará en detalle más adelante, han retornado a terreno positivo en términos reales. Esta recuperación de los rendimientos reales permitió apuntalar la demanda de activos locales.

¿De dónde salieron los dólares que el Central viene comprando? A lo largo de enero se dio una activa oferta de divisas impulsada por emisiones de deuda corporativa (ONs) y colocaciones provinciales, a lo que se adiciona un notable repunte de préstamos al sector privado en moneda extranjera, con un crecimiento del stock de USD 1,3 mil millones en el mes. Además, se registró un cambio de dinámica en la liquidación del agro, acelerando desde los USD 53 millones diarios registrados en diciembre hasta superar los USD 100 millones diarios en enero.

A pesar del rol protagónico del Banco Central como comprador neto, el dólar mayorista mantuvo una notable estabilidad, cerrando enero en torno a los $1.450 (un 7,4% por debajo del techo de la banda cambiaria). A esta calma local contribuyó el contexto global, caracterizado por un debilitamiento del dólar estadounidense que impulsó a las divisas emergentes al operar cerca de sus niveles mínimos en cuatro años.

Gobierno: Al consolidar las operaciones del Sector Público (impacto monetario de las compras de dólares por parte del sector público + operaciones corrientes del Gobierno), este resultó ser el principal factor contractivo del mes, con una absorción equivalente al 4,1% de la BM de fines de diciembre. Sin embargo, este balance neto oculta una marcada divergencia en sus componentes:

  • Expansión por Operaciones Corrientes: El flujo de operaciones habituales del Gobierno generaron una inyección de liquidez representativa del 5,3% de la BM.
  • Contracción por Compra de Divisas: El efecto anterior fue más que compensado por la adquisición de dólares al BCRA para el cumplimiento de obligaciones externas, lo que drenó pesos del sistema por un monto equivalente al 9,4% de la BM. Más allá de la operación puntual del 7 de enero para el pago de bonos, el Tesoro realizó otras dos compras por un total de USD 440 millones destinadas a cancelar vencimientos con organismos internacionales.

Es fundamental advertir que, dada la naturaleza esporádica de las compras de divisas por parte del Tesoro, no puede considerarse como un mecanismo que siempre estará presente para compensar el impacto monetario de las operaciones del Gobierno. Para que el aumento de la demanda de pesos se abastezca exclusivamente comprando reservas, se requiere no expandir la liquidez en términos netos por otros canales y por ello es imperativo que la emisión asociada a las operaciones corrientes del sector público se reduzca sensiblemente.

Para que esto último ocurra, es necesario que el Tesoro logre niveles de rollover elevados en sus vencimientos de deuda en pesos. De no alcanzarse dicho financiamiento en el mercado, los excedentes de caja derivados del superávit primario deberán utilizarse para cancelar los vencimientos de capital e intereses. Solo así se garantizará que la compra de reservas internacionales permanezca como la única fuente de expansión monetaria.

Mención aparte merece la última licitación de enero, donde el Tesoro alcanzó un rollover del 124%, lo que le permitió retirar $2 billones del sistema. El interrogante hacia adelante es determinar si este resultado fue una respuesta transitoria al agotamiento de la estacionalidad más alta de la demanda de pesos, o si representa un cambio de rol estructural: una configuración donde el Banco Central opera de forma expansiva mientras el Tesoro asume una función contractiva a través de sus colocaciones.

Ante esta última configuración es importante resaltar que la programación monetaria debería ser potestad exclusiva del Banco Central, dado que es una función inherente. A diferencia de la posibilidad del Central de poder efectuar intervenciones diarias para regular la liquidez (por caso, operaciones de mercado abierto), las licitaciones del Tesoro poseen una frecuencia quincenal. Esta periodicidad plantea interrogantes sobre su eficiencia para regular la liquidez con la sintonía fina que el escenario actual demanda.

Resto de los factores: Durante el primer mes de 2026, la gestión de la liquidez por parte del Banco Central estuvo marcada por una estrategia de esterilización activa en el mercado secundario. Las operaciones de compra/venta de títulos públicos y futuros se posicionaron como el segundo factor de absorción en importancia, registrando un impacto contractivo de $1,58 billones (principalmente venta de bonos dólar-linked en el mercado secundario a fin de otorgar cobertura cambiaria). Cabe destacar que este valor excluye la emisión extraordinaria que la autoridad monetaria debió realizar para compensar el retiro de depósitos de los bancos comerciales efectuado por el Gobierno a fin de financiar la adquisición de divisas destinadas al pago de bonistas a comienzos de mes. En términos relativos, este esfuerzo de absorción representó el 3,7% de la base monetaria registrada al cierre de diciembre, evidenciando la magnitud del retiro de pesos para neutralizar los factores monetarios expansivos.

En contraposición, los instrumentos de esterilización mostraron un comportamiento netamente expansivo. Mediante este canal, se inyectaron al sistema $1,52 billones, un guarismo equivalente al 3,5% de la base monetaria del mes previo. Este flujo ratificó la tendencia expansiva iniciada en diciembre y sugiere que las entidades financieras continuaron desarmando sus posiciones en “Otros pasivos remunerados” para responder a sus necesidades de liquidez estacionales.

Finalmente, el análisis del período permite concluir que, pese a la expansión por vía de la compra de divisas al sector privado y la reducción del stock de pasivo remunerado del Central, el sesgo contractivo del Sector Público y la venta de títulos en el mercado secundario lograron que la oferta de Base Monetaria cerrara enero con una contracción neta de $145 mil millones (-0,3% del BM de diciembre).

Análisis de la Demanda de Base: En enero de 2026, la Demanda de Base Monetaria exhibió un comportamiento dispar entre sus componentes, reflejando el inicio del ciclo de reversión estacional. El Circulante en poder del público registró una marcada caída por $1,32 billones, lo que representa una absorción equivalente al 3,1% de la base monetaria de diciembre.

Esta tendencia contractiva fue neutralizada casi en su totalidad por el desempeño de las Cuentas Corrientes en el BCRA (encajes). Este componente actuó como un factor expansivo de la demanda, registrando un incremento de $1,18 billones, lo que supone un aporte positivo del 2,7% respecto a la base monetaria de fines de diciembre.

Año nuevo, volatilidad vieja: Dinámica de las tasas de cortísimo plazo

Las tasas de interés en pesos juegan su partido y continúan manteniendo su protagonismo. Durante las primeras semanas de 2026, las tasas cortas volvieron a mostrar una marcada volatilidad, un rasgo distintivo del esquema monetario vigente desde julio de 2025.

Como refleja el gráfico, la tasa de caución a un día (promedio ponderado por volumen) escaló desde el 20% TNA a finales de diciembre hasta un máximo del 48,5% el 13 de enero, con picos intradiarios de tres dígitos en operaciones puntuales. El inicio de esta dinámica no es fortuito: responde a la presión de los bancos sobre las tasas cortas ante cambios en la composición de los depósitos dado el actual esquema de integración diaria de encajes y en ausencia de una ventanilla de liquidez.

Pasado este efecto estacional, más la expansión de liquidez derivada de la compra de reservas del BCRA (sumado al hecho que se empieza a salir del pico de la demanda transaccional de pesos), la tasa comprimió hacia el rango del 25/26% a finales de enero. Sin embargo, la reciente absorción de $2 billones por parte del Tesoro revirtió la tendencia. En las primeras ruedas de febrero, el rendimiento en el rango del 34/35%, aunque con un recorte marginal hacia el 28% anual promediando la primera semana del mes. Este descenso refuerza la hipótesis de que los niveles de inicio de mes actuarían más como un techo que como un nuevo punto de equilibrio. No obstante, en términos netos, la tasa consolida un alza de 8 puntos porcentuales respecto a su nivel inicial, lo que exige un monitoreo constante de su evolución en las próximas ruedas.

Resulta evidente que la elevada volatilidad de las tasas cortas, incluyendo marcadas fluctuaciones intradiarias, es disfuncional para el mercado puesto que la incertidumbre resultante obstaculiza la toma de decisiones y altera la operatividad financiera.

Una métrica clave para analizar la liquidez es la evolución del stock neto de “Otros pasivos remunerados”, cuenta que registra el excedente de pesos que los bancos colocan en el BCRA. Si bien este stock mostraba un descenso desde principios de diciembre (debido a la mayor demanda de liquidez por parte de los bancos ante el cambio en la composición de los depósitos), una vez diluido ese efecto transitorio, el saldo se recuperó hasta los $2,6 billones a comienzos de la última semana de enero, cifra aún distante de los $7,1 billones que se observaba a inicios de diciembre.

El agotamiento total de este excedente ocurrió el 30 de enero con la liquidación de la última licitación del Tesoro. Esta operación no solo drenó el remanente disponible ($1,34 billones), sino que forzó a los bancos a demandar asistencia al Central por $0,73 billones, la mayor asistencia de corto plazo desde que esta modalidad está operativa. En otras palabras, la liquidez del sistema financiero transitó de una relativa holgura a una marcada escasez en el cierre de mes.

Las primeras ruedas de febrero marcan una recuperación incipiente, con colocaciones bancarias en repos con el BCRA por aproximadamente $0,3 billones. Este movimiento resultaría un corolario del cambio en la integración de encajes, que comenzaría a liberar pesos durante este mes. Sin embargo, el stock continúa siendo relativamente bajo en términos de los valores recientemente observados.

El regreso de las tasas reales positivas: La arquitectura de la curva en pesos

La curva de instrumentos en pesos no fue la excepción y profundizó la tendencia alcista iniciada a finales de diciembre. Actualmente, las tasas efectivas anuales (TEA) de las LECAPs y BONCAPs se ubican en el 38% (2,7% mensual) para el tramo corto, mientras que el tramo medio y largo de la curva rinden en torno al 35% (2,5% mensual). Estos niveles contrastan con los observados a mediados de diciembre, cuando las tasas operaban en el 33% y 31,6%, respectivamente.

Esta dinámica impulsó la recuperación de las tasas de interés reales. Tras el optimismo post-electoral, que desplomó los rendimientos reales anuales hasta niveles negativos no vistos desde inicios del año pasado, la tasa real promedio ponderada de las LECAPs/BONCAPs volvió a ofrecer retornos por encima de la inflación desde fines de diciembre. A mediados de enero, este rendimiento alcanzó los dos dígitos (12% anual), lejos del rango del 30-40% observado entre agosto y octubre pasados. Luego de ese pico, la tasa real comprimió y se estabilizó en el rango del 7,5% al 9% anual durante las últimas ruedas.

¿A qué se deben los niveles actuales de las tasas? La respuesta reside en la paridad de tasas de interés. Para que un inversor opte por posicionarse en pesos, la tasa nominal local debe compensar el rendimiento esperado que obtendría al invertir en moneda extranjera, el cual se compone de tres pilares: la tasa de interés de USA, las expectativas de depreciación y la prima de riesgo país. A continuación, analizamos la evolución de cada uno de estos componentes.

El ciclo alcista de las tasas de interés, que se extendió desde finales de diciembre hasta su máximo a mediados de enero, fue impulsado primordialmente por un marcado ascenso en las expectativas de depreciación. Como ilustra el gráfico, la tasa implícita de los contratos de dólar futuro escalaron del 26% a niveles del 32/33% anual; este movimiento estuvo estrechamente vinculado al reacomodamiento de las expectativas ante el nuevo funcionamiento de la banda cambiaria superior, que pasó a ajustarse en línea con la inflación de dos meses atrás.

Este fenómeno coincidió con un sesgo alcista en el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años de USA, que se desplazó desde el 4,09% hacia niveles cercanos al 4,20%. Ambos factores neutralizaron el impacto positivo de la mejora en el riesgo país, que ya iniciaba su descenso desde los 650 puntos básicos registrados a comienzos de diciembre, elevando así el piso de retorno teórico exigido por el mercado.

No obstante, esta tendencia alcista comenzó a desinflarse a partir de la segunda quincena de enero. Si bien se registraron repuntes transitorios durante las primeras ruedas de febrero, en el margen la curva retomó su senda contractiva. Aun cuando el rendimiento del Tesoro estadounidense mantuvo su sesgo alcista hasta alcanzar el 4,29% anual, la descompresión de las tasas locales fue posible gracias a una moderación en las expectativas de depreciación (estabilizadas en torno al 29/30% anual desde fines de enero) y a la contracción sostenida del riesgo país, que logró alcanzar la barrera de los 500 puntos básicos.

Consideraciones finales

Tal como ha señalado el equipo económico, la remonetización de la economía permanece supeditada a la evolución de la demanda real de dinero. Para que el actual esquema monetario/cambiario resulte sostenible se requiere evitar sobresaltos en las expectativas de depreciación; esto resulta crítico para evitar procesos de dolarización de carteras que generen presiones adicionales en un mercado donde el BCRA actúa como demandante neto.

Hacia adelante, el foco del mercado estará puesto en la capacidad del Central para sostener el ritmo de acumulación de reservas. No obstante, dado que febrero y marzo presentan una caída estacional en la demanda de base monetaria, será imperativo mantener tasas reales positivas que incentiven el posicionamiento en moneda local.

* En el cuerpo del artículo se hace referencia a las compras de dólares correspondientes a enero, por ser el período para el que se cuenta con datos monetarios publicados. En las primeras cuatro ruedas de febrero el Central acumula compras por USD 266 millones, por lo que supera los USD 1.400 millones en el acumulado 2026.
** Al 4/2 las reservas brutas ascienden a USD 45,4 mil millones.

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Provincias al límite: ajuste nacional, salarios congelados, servicios que se degradan y un superávit que es un dibujo

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El ajuste impulsado por el gobierno nacional dejó de ser una discusión macroeconómica para convertirse en una crisis concreta en las provincias. La decisión de recortar, demorar o directamente eliminar transferencias y programas nacionales tiene efectos inmediatos: salarios congelados, servicios públicos degradados y una creciente incapacidad estatal para responder a emergencias sociales y ambientales.

Desde el inicio de este gobierno,las provincias enfrentan una caída real de los recursos nacionales. La coparticipación federal se derrumbó en términos reales como consecuencia de la inflación y la recesión, mientras que las transferencias no automáticas fueron prácticamente desmanteladas. A esto se suma la eliminación del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), que representaba una parte sustantiva del salario de los y las docentes en todo el país, y el recorte de programas educativos y sanitarios que sostenían presupuestos provinciales.

Corrientes es un caso paradigmático. En la provincia, docentes, trabajadores de la salud y empleados estatales no reciben aumentos salariales, con ingresos que pierden poder adquisitivo mes a mes. La causa es clara: el Estado nacional dejó de enviar fondos específicos y redujo drásticamente su aporte al sostenimiento de las provincias, trasladando el ajuste directamente a los salarios.

La misma situación se replica en Chaco, donde la recomposición salarial docente quedó virtualmente congelada; en La Rioja, que denunció la quita de fondos nacionales y el incumplimiento de compromisos asumidos; y en Santa Cruz, donde la paralización total de la obra pública nacional destruye empleo y afecta ingresos provinciales. En Misiones, Formosa y Santiago del Estero, la caída real de la coparticipación y la desaparición de programas federales profundizan desigualdades estructurales.

El desfinanciamiento nacional también se expresa con crudeza frente a las emergencias ambientales. En Chubut, los incendios forestales que avanzan sobre miles de hectáreas volvieron a dejar en evidencia la ausencia del Estado nacional. El recorte del presupuesto destinado al Plan Nacional de Manejo del Fuego, la subejecución de partidas específicas y la falta de envío de recursos logísticos y humanos dejaron a la provincia prácticamente sola frente a la catástrofe.

La reducción de fondos nacionales implica menos brigadistas, menos equipamiento, menos medios aéreos y menor capacidad de prevención. No se trata de un fenómeno natural inevitable, sino del resultado directo de una política deliberada de desinversión estatal. Mientras el gobierno nacional pregona el “achicamiento”, el fuego avanza y las comunidades quedan expuestas.

Lo que ocurre en Corrientes, Chubut y en el conjunto de las provincias no es desorden ni herencia, es una decisión política consciente. El gobierno nacional elige no enviar los fondos que corresponden, desmantelar políticas públicas y retirarse de sus responsabilidades constitucionales. El resultado es un país con salarios pulverizados, territorios incendiados y Estados provinciales debilitados a propósito.

No hay federalismo posible cuando la Nación ajusta desde el centro y descarga el costo sobre docentes, trabajadores estatales y comunidades enteras. El “equilibrio fiscal” que se proclama se sostiene sobre sueldos congelados, escuelas sin recursos y provincias abandonadas frente al fuego. Ese no es un plan de gobierno: es una política de daño.

Negar fondos es gobernar por asfixia. Y gobernar por asfixia es elegir quién pierde: pierden los trabajadores, pierde el ambiente, pierden las provincias y pierde la democracia.

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El 61% de los argentinos vive preocupado por su situación económica

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El pulso de la economía argentina no se mide únicamente a través de variables macroeconómicas como la inflación, el tipo de cambio o el nivel de actividad; también se expresa en las percepciones, las expectativas y las preocupaciones que atraviesan la vida cotidiana de los hogares. En la actualidad, ese pulso está marcado por una tensión persistente, ya que mientras el ajuste, la fragilidad de los ingresos y la pérdida de poder adquisitivo siguen condicionando las decisiones diarias, convive un clima de expectativa moderada respecto del futuro. 

Y es que desde el plano más íntimo, la economía se experimenta como una fuente constante de presión. El Estudio de Bienestar Financiero 2025 elaborado por Mercer, por ejemplo, revela que siete de cada diez argentinos atraviesan algún nivel de estrés financiero. Se trata de un fenómeno que dejó de ser excepcional para convertirse en una condición casi estructural, atravesada por la inflación persistente, la incertidumbre y la dificultad para planificar a mediano plazo. 

En este escenario, el dinero no alcanza, no se proyecta y tampoco ofrece tranquilidad, de hecho, el 61% de los trabajadores reconoce que las preocupaciones económicas los acompañan incluso durante su jornada laboral. El informe da cuenta, además, de las consecuencias concretas de este malestar, con un 14% que manifiesta niveles de ansiedad financiera tan elevados que afectan su descanso y su calidad de sueño, mientras que el 22% siente que perdió directamente el control de sus finanzas personales.

A esto se suma un dato particularmente sensible en un escenario inflacionario: casi dos de cada diez personas se endeudaron en los últimos seis meses para cubrir gastos esenciales como alimentos, servicios o salud. El endeudamiento, en este caso, no responde a decisiones de consumo sino a la necesidad de sostener el día a día.

Paradójicamente, esta fragilidad convive con ciertos hábitos que, en otros contextos, podrían considerarse positivos. Más de la mitad de los encuestados afirma planificar sus finanzas mes a mes y ocho de cada diez declara mantener algún hábito de ahorro. Sin embargo, Mercer identifica un límite estructural y el 31% señala la falta de conocimiento financiero como el principal obstáculo para gestionar mejor su dinero, por encima incluso de los gastos imprevistos. Como consecuencia, se observa una fuerte dependencia de redes informales y entre el 44% y el 54% recurre a familiares o amigos para pedir consejos financieros.

Este malestar individual se amplifica cuando se lo observa desde la perspectiva del consumo y los ingresos. El informe Ipsos Talk LATAM 2025 muestra que el 57% de los argentinos declara tener dificultades para llegar a fin de mes, una cifra que supera ampliamente el promedio regional del 43%. La comparación con otros países de América Latina resalta la intensidad del problema local, pues el indicador prácticamente duplica al de México y se ubica muy por encima de Brasil o Colombia. 

De esta manera, la crisis económica convive con un optimismo persistente respecto del futuro y ocho de cada diez latinoamericanos creen que 2026 será un año mejor que 2025, y Argentina no queda al margen de esa expectativa. En esa línea, el Índice Global de Confianza del Consumidor registró en noviembre de 2025 un aumento mensual de 6,5 puntos, el mayor salto entre los 30 países relevados. Si bien el nivel absoluto continúa siendo bajo -46,9 puntos, entre los más bajos de la región-, el rebote sugiere que las expectativas comienzan a despegarse, al menos parcialmente, del presente inmediato.

Esta combinación de dificultades actuales y esperanza futura también redefine la relación de los argentinos con las empresas y las marcas. Ipsos detecta un consumidor más exigente, que no solo prioriza el precio, sino también la coherencia, el propósito y la confianza. En concreto, el 90% de las personas percibe que el mundo cambia demasiado rápido, la economía se convierte en un terreno donde se mezclan decisiones racionales con emociones, valores y percepciones de estabilidad.

Una tercera mirada, aportada por la encuesta de D’Alessio IROL y Berensztein, permite ubicar estas sensaciones dentro de la agenda pública. En octubre de 2025, la incertidumbre sobre la situación económica volvió a ocupar el primer lugar entre las principales preocupaciones de los argentinos, con el 61% de las menciones, desplazando nuevamente a la inseguridad. Más allá del tras el triunfo electoral del oficialismo, la economía se mantiene como el eje central de inquietud social, seguida por la falta de propuestas de crecimiento y el impacto de los ajustes implementados por el Gobierno.

Cabe destacar que la evaluación de la situación económica actual tampoco es homogénea. El 62% de los consultados considera que la economía está peor que en 2024, mientras que solo el 35% percibe una mejora. Las expectativas hacia el futuro muestran una sociedad dividida: menos de la mitad espera un escenario más favorable en 2026, y una mayoría anticipa un empeoramiento de las condiciones económicas.

En conjunto, la percepción económica de los argentinos se construye en un delicado equilibrio entre ajuste y esperanza. Comprender esta dinámica resulta clave no solo para interpretar el clima social, sino también para diseñar políticas públicas más efectivas y anticipar el comportamiento del consumo. En una economía donde los números conviven con emociones, la lectura de la realidad exige atender tanto a las estadísticas como a las sensaciones que atraviesan a la sociedad.

Balance de préstamos personales en 2025

En este panorama de estrés financiero extendido, dificultades para llegar a fin de mes y una economía vivida con tensión cotidiana, la evolución de los préstamos personales aparece como una pieza clave para comprender cómo los hogares argentinos intentan sostener su nivel de consumo y cubrir necesidades básicas. Lejos de ser una herramienta exclusivamente asociada a proyectos o bienes durables, el crédito personal se consolidó en el año pasado como un recurso de contención frente a ingresos que no lograron acompañar el ritmo de los precios.

Los préstamos personales cerraron el año pasado con un crecimiento real interanual del 44,3%, en un año marcado por una fuerte expansión en su primera mitad y una desaceleración pronunciada hacia el cierre. De acuerdo a un informe de First Capital Group, el stock de esta línea alcanzó en diciembre un saldo de $19,1 billones, confirmando su peso dentro del sistema financiero. No obstante, la trayectoria a lo largo del año dejó en evidencia un cambio de escenario que dialoga directamente con el deterioro de la situación económica percibida por los hogares.

En diciembre, los préstamos personales registraron una suba nominal mensual del 1,3%, pero en términos reales mostraron una caída del 1,1%. En la comparación interanual, el crecimiento fue del 89% nominal y del 44,3% real, cifras que reflejan con claridad el impulso inicial del primer semestre. Durante esos meses, los créditos personales lideraron la recuperación del crédito en pesos en valores absolutos, impulsados por una demanda sostenida y por una mayor necesidad de liquidez de las familias.

Aún así, a medida que avanzó el año, el escenario comenzó a cambiar. El aumento de la morosidad y una mayor cautela por parte de las entidades financieras marcaron el segundo semestre, en particular el último trimestre. Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, indicó que el deterioro de los indicadores de pago terminó frenando la dinámica de los préstamos personales, un segmento que había liderado la recuperación del crédito en pesos durante la primera mitad de 2025 y que dejó de crecer al ritmo observado en los primeros meses del año.

La desaceleración fue especialmente visible hacia el cierre de 2025. Los dos últimos meses concentraron los registros de menor crecimiento nominal del año, con subas del 1,6% en noviembre y del 1,3% en diciembre. En contraste, enero había mostrado el mayor crecimiento nominal mensual, con una expansión del 12,9%, reflejo del fuerte impulso inicial. Desde entonces, la evolución fue descendente, con una reducción sostenida en la velocidad de colocación.

Este comportamiento no puede analizarse de manera aislada. Tal como muestran los estudios sobre bienestar financiero, una parte significativa de los argentinos recurrió al endeudamiento para cubrir gastos esenciales. Esa presión sobre los ingresos no solo incrementó la demanda de crédito, sino que también elevó el riesgo de incumplimiento, generando un círculo de mayor restricción tanto del lado de la oferta como de la demanda.

En términos trimestrales, los préstamos personales crecieron 5,1% en el último trimestre y 16,7% en el semestre, mientras que el incremento nominal anual acumulado fue del 89%. Pese a esto, el contraste con 2024 es evidente: ese año, la línea había registrado un crecimiento real del 134%, muy por encima del desempeño observado en 2025.

De cara a 2026, el desafío central estará puesto en la gestión de la morosidad. “Recuperar a los clientes en situación irregular para que se reintegren a la cartera activa será el principal reto del inicio de 2026”, agregó Barbero. En definitiva, los préstamos personales cerraron 2025 con un balance mixto, ya que crecieron en términos reales y sostuvieron a muchos hogares, pero también dejaron señales de enfriamiento que reflejan los límites del endeudamiento en una economía aún atravesada por la incertidumbre.

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Adorní afirmó que la decisión de no modificar la medición de la inflación fue del presidente Milei

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El Gobierno nacional detalló los motivos detrás de la salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). En una entrevista televisiva, Manuel Adorni aseguró que la desvinculación se dio en “buenos términos”, aunque dejó en claro que existía una diferencia de criterios insalvable respecto al momento de actualizar la metodología de medición de la inflación.

La controversia central radicó en la intención de Lavagna de implementar una nueva medición a partir de enero de 2026. Si bien Adorni reconoció la necesidad de actualizar la canasta de consumo, señaló que el presidente Javier Milei consideró que no era “razonable” hacerlo en este momento del programa económico.

“Si cambiamos el índice y la inflación bajaba, nos iban a decir que habíamos manipulado el índice”, explicó el Jefe de Gabinete. 

Según dijo Adorni, el Gobierno busca que el índice actual sea comparable con los últimos dos años de gestión para demostrar la efectividad de su lucha contra la inflación. “Nosotros queremos mostrarle a la gente una comparativa donde puedan ver si la inflación baja o sube o se mantiene tiene o se mantiene constante”, indicó.

El jefe de Gabinete subrayó que es una decisión directa del Presidente mantener el sistema de medición actual para evitar suspicacias políticas.

El funcionario también recordó que, incluso en meses recientes donde la inflación mostró leves subas, el Gobierno no intentó intervenir en el organismo. “Nos limitamos a la información que daba el INDEC y jamás propusimos cambiar nada, porque nos parece justo que la gente pueda comparar si la inflación baja, sube o se mantiene constante”, sentenció Adorni.

La salida de Lavagna marca el fin de una etapa de continuidad técnica en el organismo, abriendo una nueva fase donde el control del INDEC queda bajo la lupa de una gestión que apuesta todo a la visibilidad de los resultados de su plan económico de cara a los próximos meses.

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