Misiones

“No conozco Los Ángeles, pero debe ser como Posadas”, destacó intendente correntino

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El intendente de Paso de los Libres, Martín Ascúa, comparó a Corrientes con Misiones y dijo que, por contraste, la tierra colorada exhibe un desarrollo “ejemplificador” en, prácticamente, todas las asignaturas. 

“Se puede trazar un paralelo y uno ve un contraste enorme”, afirmó Ascúa en diálogo con Radio News. “Yo visito seguido Misiones, porque no solo tengo amigos, sino que es una provincia vecina que está muy cerca y admiro sus bellezas naturales”, comentó. 

“Misiones una provincia que potencia muchísimo su turismo. Una cosa es tener bellezas naturales y otra es explotarlas y Misiones lo hace de una manera ejemplificadora”, argumentó. 


“Una vez, estando en Posadas de paseo con mi familia, en un momento hablo con el secretario de desarrollo económico (de su municipalidad), y le digo: ‘Mirá, esto es increíble, estoy paseando por Posadas, y es como pasear por Los Ángeles; no conozco Los Ángeles pero debe ser como Posadas”, contó el intendente correntino. 

“Fijate que hoy tenemos un proyecto con las federaciones económicas de Corrientes y Misiones para llevar la autopista que llega a Paso de los Libres, de Ruta 14, hasta San José, y de ahí seguir para conectar con Posadas, pero los misioneros ya están por llegar al límite con Corrientes sin que haya un plan nacional”, ilustró. 

“Ahí, uno va viendo la asimetría o el contraste que tiene Misiones con Corrientes desde el punto de vista del desarrollo productivo, industrial”, indicó. 

“En Corrientes tenemos solo materia prima sin valor agregado y no tenemos nada para venderle a los brasileros”, se lamentó. 

El intendente de Paso de los Libres, que va por su segundo mandato, hizo foco también en “la deuda social que tiene Corrientes, la cuestión productiva, el desarrollo, los caminos, la ciencia, la tecnología”. 

“Nosotros estamos empezando a construir con el Procrear 120 viviendas, y me comentaba Santiago Maggiotti (ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat) que el Procrear no tiene éxito en Misiones porque todo el mundo se acoge a los programas del Iprodha misionero”, afirmó.  

Agregó que, contrariamente a lo que sucede en la tierra colorada, en Paso de los Libres, una ciudad de unos 60.000 habitantes, “tenemos un déficit habitacional de 10.000 familias y el Instituto de Vivienda de Corrientes no está colocando un solo ladrillo”. 

“Las ultimas 100 viviendas que se entregaron en Corrientes fue en 2019, y se habían empezado a construir en 2016; hoy no hay un plan de viviendas en todo Corrientes”, expresó. 

“Estamos hablando de un contraste enorme”, remarcó Ascúa. Dijo que “uno puede hablar con cualquier de los 74 intendentes de la provincia, y te puede decir que todos los reclamos de la gente son de competencia del gobierno provincial, ya sea agua, cloacas, o la salud, que está centralizada en la capital”. 

Cuestionó al gobernador correntino Gustavo Valdéz por no acompañar la comitiva de mandatarios del Norte Grande que estuvo en Estados Unidos a mediados de septiembre. 

“Nosotros no tenemos turismo desarrollado, tenemos en Santa Lucía el invernadero más grande Sudamérica, pero no logramos que sea un componente de desarrollo de la región; no logramos con la yerba, tampoco con la forestación; somos la provincia con la mayor superficie forestada y no logramos agregarle valor a la madera. Es una deuda enorme que tenemos los correntinos”, remató. 

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Si no hay en góndola ¿podremos producir nuestros propios alimentos?

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Se desconoce normalmente, por parte del ciudadano promedio, cómo es que llegan los alimentos a las góndolas y mucho más se ignora todo aquello que hace a la producción en sí de esos alimentos. 

Este no saber no es estricta desidia, sino que constituye en realidad una de las patas fundacionales del modo de producción vigente. La enajenación es parte indisoluble de nuestra arquitectura cognitiva contemporánea. 

Se trata de la incapacidad de tomar contacto y control sobre el mundo que nos rodea, de percibir el ambiente circundante cual si se tratase de elementos fragmentarios que, por inconexos, dejan al individuo oprimido frente a circunstancias de las cuales depende para su sustento, y sobre las cuales no tiene capacidad de interacción. Así, lo que refiere por ejemplo a nuestros alimentos, se halla cubierto por un manto de aparente misterio en cuanto a su origen, dejando una percepción fetichista, condicionada e inconsciente. 

Nuestras sociedades complejas actuales, han venido a profundizar este fenómeno, de la mano de la especialización del conocimiento, entre otros factores, haciendo así que el saber esté circunscrito a quienes se dedican a las tareas específicas en cuestión e incluso éstos mismos, aún siendo parte de las labores productivas, tampoco quedan inmunes a la discapacidad ya que su alienación los priva de librarse de la enajenación colectiva. 

Los conceptos que exponemos aquí son los que, desde las ciencias sociales, se vienen estudiando hace décadas y que conforman lo que conocemos como “sociedades de consumo”. Complejos andamiajes de producción y reproducción de patrones de conducta que se transmiten de generación en generación, cultura mediante la que organizamos nuestros vínculos con otros seres humanos y con la naturaleza en general. 

Esta forma de organización que no es el patrimonio de la herencia biológica trae aparejada una multitud de contradicciones y conflictos para la humanidad y dentro de todos ellos, el que nos interesa aquí es lo que hace a nuestros alimentos. 

Seguro que en innumerables oportunidades usted habrá escuchado ideas tales como “los alimentos tienen venenos”, “lo que comemos tiene trazos de químicos cancerígenos”, “los transgénicos están en todo lo que comemos”, etc. Vemos la gravedad de tal situación y existen campañas que se ocupan de hacerle llegar a usted estas denuncias. Sin embargo, no consiguen activar nuestras alarmas y todo pasa a formar parte de otro elemento más que nos angustia, dado lo cual, para sobrellevar la existencia frente a cosas sobre las cuales, aparentemente, no podemos hacer nada simplemente elegimos insensibilizarnos y seguir con nuestras vidas, aun cuando paradójicamente, la misma se halle bajo amenaza.

Lo central, como vemos, es este supuesto “no poder hacer nada”, que delata justamente la enajenación antes descrita y que consciente o inconscientemente delegamos a quien corresponda con criterio a la autoridad o responsabilidad pertinente. 

Una cruel “rueda de hamster” que gira al ritmo de nuestros insaciables deseos y aspiraciones individuales, todas ellas ligadas a la lógica no explícita de que cantidad de consumo es igual a calidad de vida. 

“Los alimentos no son saludables, y qué? ¿Qué podría hacer yo al respecto?” “La culpa es del gobierno corrupto que no controla!”, “Para eso yo trabajo y pago mis impuestos, no puedo estar en todo” son los comentarios más habituales al respecto. Pero nunca parece ser posible ir un poco más allá y detenernos, aunque más no sea un instante a reflexionar lo que nos pasa como individuos y como sociedad. 

La sociedad de consumo, y el capitalismo en general está en plena decadencia. La crisis energética y el cambio climático imponen, en este particular siglo XXI, nuevas condiciones para la permanencia como especie en el planeta y la enajenación ya no es sólo un constructo de esclavitud mental, sino que se trata de una traba objetiva para la simple disponibilidad del sustento.

En quienes esperamos nos resuelva y garantice los alimentos en las góndolas ya no podemos confiar. La escasez de gasoil y la sequía récord puso el reloj en cuenta regresiva al desabastecimiento total. Todos las variables implicadas señalan un rumbo inevitable hacia la hambruna planetaria. 

Aquí, el “no poder hacer nada” que nos condiciona a la impotencia estará en tensión como nunca antes se tengan registros. Cuando las tripas truenen en las más amplias mayorías, la salida difícilmente resulte ser constructiva y no violenta.

Existe, sí un fenómeno muy poco estudiado al día de hoy, al que podemos definir como “éxodo urbano”. Personas que intuyen el devenir o que simplemente ya no soportan la insalubre vida urbana y se lanzan a una nueva vida en el campo. Muchos de ellos fracasan, pero otros consiguen prosperar siendo resilientes y modificando no solo los particulares hábitos consumistas, sino también haciendo nuevos senderos de aprendizaje hacia lo colectivo, lo democrático, lo solidario, lo cooperativo.

Nuevas formas no capitalistas de interacción que forman parte también de la aventura de producir sus propios alimentos. 

Así, estas prácticas contra hegemónicas se vienen materializando poco a poco y son verdaderas innovaciones en la lucha por una vida digna de ser vivida, más allá del consumismo y la superficialidad.

Al tomar contacto con la tierra y al permitir vivir la vida acompasados con los ritmos de la naturaleza, la enajenación termina, creando experiencias de configuraciones revolucionarias de sociedad. 

La Agricultura convencional ya está agotada y sólo puede garantizar inflación y góndolas más y más vacías. Una nueva humanidad, con el suficiente desapego a la decadencia que hoy colapsa, será quién guíe los derroteros de nuestra especie con voluntad de supervivencia y del buen vivir.

La normalidad viene siendo la escasez pero no para todos. Los hay quienes al confiar en la naturaleza, están experimentando la abundancia. Una de tipo diferente, más ligada a la plenitud, la paz, la alimentación saludable y la familia unida. Humanos en la vanguardia de un proceso de adaptación por el que indefectiblemente deberemos atravesar todos si lo que deseamos es una transición pacífica y no distópica frente al complejo y dramático devenir.

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El ajuste Massa

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Por Alejandro Pegoraro, director de Consultora Politikon Chaco, exclusivo para Economis. El ajuste del gasto público nacional comenzó a tomar más forma en las últimas semanas, en línea con el plan que el ministro Sergio Massa había anunciado para ordenar las cuentas públicas, equilibrar la macro y aspirar a cerrar el año con algunas variables más controladas. El desafío final: un 2023 un poco más tranquilo en términos fiscales que posibilite un crecimiento algo más sostenido y sobre todo, redistributivo, pese a las presiones del orden inflacionario y de la inestabilidad cambiaria y, ahora, del mercado de deuda de pesos. 

En ese marco, la mira (o una de ellas) estuvo puesta en los envíos a las provincias que se realizan de manera no automática. Recordamos que los recursos de origen nacional que llegan a las provincias se dan en dos formas: los envíos automáticos que llegan por goteo diario por asignación establecida por ley (coparticipación+leyes especiales+compensanción del Consenso Fiscal) que no son sujetos de ajuste justamente por su carácter automático y que están atadas a la recaudación; y los envíos no automáticos que están conformados por transferencias vinculados a convenios específicos, asignaciones presupuestarias y otro tipo de envíos como ser ATN, asistencias financieras, asistencia ante emergencias u otras. 

Estas últimas suelen llamarse “discrecionales”, ya que tienen alto componente de discrecionalidad por parte del Gobierno nacional para la efectivización de los envíos y la asignación en aquellos casos que no correspondan a partidas presupuestarias. Históricamente, este tipo de transferencias han tenido un fuerte lineamiento político: cuanto más cercano es el Gobernador al Presidente, más recursos recibe, aunque puede observarse algunas (pocas) excepciones a esa regla.

Massa (y ya el FMI lo había hecho antes, al cerrar el Extended Facility Fund con el Gobierno nacional en marzo pasado) observaron el alto peso de las transferencias no automáticas a las provincias en el gasto total, y que las mismas debían ser necesariamente revisadas e iniciar un proceso de reasignaciones. Avisaba, con algo de tiempo, que la canilla iba a comenzar a cerrarse. 

El mes de agosto, cuando fue la asunción de Massa al frente del equipo económico, todavía había transferencias en altos niveles, y ese mes crecieron 14,6% en términos reales. En septiembre comenzaron los temores en las provincias: ya con la promesa de recorte algo más hecha carne, los envíos en ese mes cayeron 32,6% en términos reales, y dicho descenso estuvo explicado por un -30,9% en los envíos a los gobiernos provinciales y -57,3% en los realizados a los municipios. 

Octubre continuó la tendencia y ratifica la decisión del gabinete económico nacional de cerrar el grifo: las transferencias cayeron 36,5% en moneda constante, y todos los conceptos que abarcan a estos envíos tuvieron descensos: -26,7% a los gobiernos provinciales; -48,6% a los municipales; -100% a las instituciones de enseñanza provincial (es decir, no hubo envíos); y -71,4% a las empresas públicas no financieras provinciales.

Al mirar los últimos dos meses en pesos corrientes se hace evidente la situación de recorte: fueron $85.332 millones en septiembre el total repartido a las 24 jurisdicciones; y cayó a $64.657 millones en octubre. 

De este modo, el acumulado del año muestra también signos de recorte: en los diez meses del año las transferencias no automáticas a las 24 jurisdicciones totalizan $653.830,4 millones (un punto del PIB) y cae 8,5% contra el año pasado en términos reales. 

Pero, como en todos los indicadores fiscales o económicos, las situaciones por provincia son distintas, aunque se da una regla de descensos en términos generales. 

Misiones atravesó el mismo camino que el consolidado de las 24 jurisdicciones. En agosto tuvo una suba del 13,4%, con mayor fuerza en los envíos al gobierno provincial; en septiembre tuvo una caída (-54%) y en octubre ratificó ese camino con un descenso en los recursos captados de 16,9%. Así, el acumulado anual muestra un saldo negativo con -4,3% respecto al año pasado. Dentro del NEA, muestra la segunda caída más fuerte, por encima de Chaco y por debajo de Formosa, mientras que Corrientes (rompiendo la regla mencionada previamente) es la única que crece en la región y una de las pocas en el país. 

Al observar los envíos per cápita, nuevamente Misiones es la más perjudicada: captó en los diez meses del año un equivalente a $ 10.799 por habitante, por debajo de los $ 11.589 por habitante de Corrientes; $ 19.045 por personas en el Chaco y $ 25.477 por habitante en Formosa. Entre Misiones y Formosa, hay una brecha del 136% en los envíos medidos per cápita, una nueva ratificación de un proceso totalmente asimétrico y carente de todo sentido técnico, aunque no político. 

La trayectoria histórica de los envíos no automáticos a las provincias muestra a Misiones sistemáticamente perjudicada, y eso explica muchas cosas. Una de ellas, la necesidad de fortalecer la base tributaria local para hacerse de recursos que no recibe por parte del estado nacional que otras provincias sí reciben y el poner el ojo en el equilibrio de las cuentas públicas, dos objetivos logrados por la provincia sin tener una fuerte asistencia nacional. 

Esta situación de ajuste del gasto que lleva adelante el gobierno nacional no solo impacta de lleno en las provincias sino que las obliga además a rever sus gestiones presupuestarias: de hecho, hasta la fecha, las provincias que ya difundieron sus datos de ejecución presupuestaria al tercer trimestre del año muestran una fuerte contención del gasto. Catamarca, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Santa Fe y Tucumán exhibieron retrocesos reales del gasto corriente, y solo Neuquén por el momento tuvo una expansión positiva. Pero esta política contractiva tiene el objetivo de sostener los superávits fiscales locales: todas estas provincias mencionadas exhibieron resultados financieros por entre $9 mil y $29 mil millones. Aquí hay una situación tensa con el gobierno nacional. 

Más allá de que es sano que las provincias tengan superávits, los mismos están, en algunos casos, sostenidos por fuerte asistencia nacional. Massa avisó tiempo atrás que las provincias debían también hacer su esfuerzo en el camino al ordenamiento de las cuentas nacionales, y ese esfuerzo está basado en dejar de recibir recursos, sobre todo aquellos de libre disponibilidad, bajo el supuesto de que los distritos están en condiciones de afrontar su gasto sin asistencia extra. 

A medida que transcurra el mes, conoceremos más datos de las provincias y se podrá verificar si sostienen el mismo camino que las antes mencionadas, tendiendo al ajuste del gasto en pos de sostener los superávits.

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Secretario general de la ONU advierte que sin acuerdo climático el mundo estará “condenado”

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El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que si no se llega a un “acuerdo histórico” sobre el clima entre los países más ricos y los que están en vías de desarrollo, la población mundial estará “condenada”.

Horas antes de la inauguración de la Conferencia de las Partes (COP27) sobre el cambio climático en Sharm el Sheij, Egipto, Guterres recordó cómo hace diez años los países desarrollados se comprometieron a aportar a las naciones más pobres del mundo un total de 100.000 millones de dólares para 2020 en concepto de ayuda a la protección climática, una promesa que no se cumplió.

“No hay forma de que podamos evitar una catástrofe si ambos no logran alcanzar un pacto histórico en este sentido”, declaró en una entrevista con el diario británico The Guardian, recogida por la agencia Europa Press.

“Porque al nivel actual, estaremos condenados”, aseguró.

Guterres consideró que el mundo se aproxima a una crisis climática “irreversible” y “un daño del que no va a poder recuperarse”.

“Necesitamos más urgencia, más ambición y reconstruir la confianza entre el norte y el sur del planeta”, añadió.

En la cumbre climática anterior, celebrada en 2021 en Glasgow, Reino Unido, se esperaba un compromiso firme de los participantes para bajar a cero las emisiones de dióxido de carbono para 2050, una meta pensada para limitar el calentamiento global a entre 1,5º y 2º para fin de este siglo en relación a la era preindustrial, tal como se acordó en la icónica COP21 de París, en 2015.

Para ello era necesario reducir un 45% de las emisiones a 2030 con respecto a 2010.

Sin embargo, los acuerdos firmados conducen a un aumento de la temperatura promedio de entre 2,4º y 2,6º, según un informe de la ONU publicado hace dos semanas.

“La mitad de la humanidad está en zona de peligro por inundaciones, sequías, tormentas extremas e incendios forestales. Ninguna nación es inmune. Sin embargo, seguimos alimentando nuestra adicción a los combustibles fósiles. Ante todo esto, tenemos dos opciones: o la acción colectiva o el suicidio colectivo. Está en nuestras manos”, apuntó Guterres.

La COP27, que se celebrará entre el 6 y el 18 de noviembre, incluirá el lunes una reunión cumbre a la que asistirán unos 125 mandatarios del mundo, entre ellos el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el de Brasil, Jair Bolsonaro.

El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció que tiene intención de viajar, en respuesta a la invitación de la presidencia egipcia de la COP27, aunque no participará del foro de líderes, que queda reservado para los mandatarios en ejercicio.

Las ausencias más destacadas son la del presidente ruso, Vladimir Putin, y el chino, Xi Jinping, cuyos países integran la lista de los principales contaminadores del planeta, junto con Estados Unidos, la Unión Europea, India y Japón.

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Volver al camino del cero neto: tres prioridades críticas para la COP27

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La devastación y destrucción del cambio climático solo empeorará si no actuamos ahora.

Solo este año hemos visto los efectos cada vez más devastadores del cambio climático: tragedia humana y agitación económica con tifones en Bangladesh, inundaciones sin precedentes en Pakistán, olas de calor en Europa, incendios forestales en América del Norte, ríos secos en China y sequías en África.

Esto solo empeorará si no actuamos.

Si el calentamiento global continúa, los científicos predicen desastres aún más devastadores y alteraciones a largo plazo de los patrones climáticos que destruirían vidas y medios de subsistencia y trastornarían las sociedades. La migración masiva podría seguir. Y, si no se logra que las emisiones sigan la trayectoria correcta para 2030, el calentamiento global puede bloquearse por encima de los 2 grados centígrados y correr el riesgo de puntos de inflexión catastróficos, donde el cambio climático se perpetúa a sí mismo.

Si actuamos ahora, no solo podemos evitar lo peor, sino que también podemos elegir un futuro mejor. Bien hecha, la transformación verde generará un planeta más limpio, con menos contaminación, economías más resilientes y personas más sanas.

Llegar allí requiere acción en tres frentes: políticas firmes para alcanzar el cero neto para 2050, medidas sólidas para adaptarse al calentamiento global que ya está bloqueado y un apoyo financiero firme para ayudar a los países vulnerables a pagar estos esfuerzos.

Cero neto para 2050

En primer lugar, es vital que limitemos los aumentos de temperatura adicionales de 1,5 a 2 grados. Cumplir con eso para 2050 requiere reducir las emisiones en un 25-50 por ciento para 2030 en comparación con los niveles anteriores a 2019.

La buena noticia es que alrededor de 140 países, que representan el 91 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, ya han propuesto o establecido objetivos netos cero para mediados de siglo.

La mala noticia es que la retórica de cero neto no coincide con la realidad.

En realidad, llegar a cero neto para 2050 significa que la mayoría de los países deben hacer aún más para fortalecer sus objetivos de reducción de emisiones, en particular las economías grandes.

Y hay una brecha aún mayor en el frente político. El nuevo análisis del FMI de los objetivos climáticos globales actuales muestra que solo generarían un recorte del 11 por ciento. La brecha entre eso y donde debemos estar es enorme, equivalente a más de cinco veces las emisiones anuales actuales de la Unión Europea.

Necesitamos desesperadamente la implementación para ponernos al día.

Eso requerirá una combinación de incentivos para impulsar a las empresas y los hogares a priorizar los bienes y tecnologías limpios en todas sus decisiones.

La combinación de políticas ideal incluiría la fijación de precios del carbono, incluida la reducción de los subsidios a los combustibles fósiles, junto con medidas alternativas que pueden lograr resultados equivalentes, como descuentos y regulaciones. Para complementar las políticas nacionales, un acuerdo internacional sobre el precio mínimo del carbono proporcionaría una forma de impulsar la acción: pedir a los grandes emisores que paguen un precio mínimo de $25 a $75 por tonelada de carbono, según su nivel de ingresos nacional. Y con políticas alternativas, esto no significa impuestos per se. Sería colaborativo, pragmático y equitativo.

Por supuesto, el paquete de políticas general debe incluir medidas para reducir el metano. Reducir estas emisiones a la mitad durante la próxima década evitaría un aumento estimado de 0,3 grados en la temperatura global promedio para 2040 y ayudaría a evitar puntos de inflexión.

También es fundamental incluir incentivos para las inversiones privadas en tecnologías bajas en carbono, inversiones públicas favorables al crecimiento en infraestructura verde y apoyo a los hogares vulnerables.

El nuevo análisis del FMI tiene proyecciones alentadoras para un paquete equitativo que contendría el calentamiento global a 2 grados. Estimamos que el costo neto de cambiar a tecnología limpia, incluidos los ahorros obtenidos al evitar inversiones innecesarias en combustibles fósiles, sería de alrededor del 0,5 por ciento del producto interno bruto mundial en 2030. Esta es una cantidad pequeña en comparación con los costos devastadores del cambio climático sin control. cambio.

Pero cuanto más esperemos, hacer el cambio sería mucho más costoso y perturbador.

Necesidad urgente de adaptarse

Pero la acción de mitigación no es suficiente. Con algo de calentamiento global ya asegurado, las personas y las economías de todo el mundo están pagando el precio todos los días.

Y, mientras que las economías más grandes del mundo son las que más contribuyen y deben entregar la mayor parte de los recortes de gases de efecto invernadero globales, las economías más pequeñas pagan los costos más altos y enfrentan la mayor factura de adaptación.

En África, una sola sequía puede reducir el potencial de crecimiento económico a mediano plazo de un país en 1 punto porcentual, creando un déficit de ingresos del gobierno equivalente a una décima parte del presupuesto educativo.

Esto subraya la importancia de amplias inversiones en resiliencia, desde infraestructura y redes de seguridad social hasta sistemas de alerta temprana y agricultura climáticamente inteligente. De hecho, para alrededor de 50 economías en desarrollo y de bajos ingresos, el FMI estima que los costos anuales de adaptación superarán el 1 por ciento del PIB durante los próximos 10 años.

En muchos casos, estos países han agotado el espacio fiscal durante casi tres años de crisis que van desde la pandemia hasta la inflación galopante. Necesitan urgentemente apoyo financiero y técnico internacional para desarrollar resiliencia y volver a sus caminos de desarrollo.

Financiamiento climático: innovar ahora

Hacer más en el financiamiento climático también es vital. Las economías avanzadas deben cumplir o superar la promesa de $ 100 mil millones en financiamiento climático para los países en desarrollo, sobre todo por razones de equidad.

Pero el dinero público por sí solo no es suficiente, por lo tanto, enfoques innovadores y nuevas políticas para incentivar a los inversores privados a hacer más. Después de todo, la transformación verde brinda grandes oportunidades para inversiones en infraestructura, energía y más.

Comienza con una gobernanza más sólida y la integración de consideraciones climáticas en la inversión pública y la gestión financiera que pueden ayudar a desbloquear nuevas fuentes de financiación.

Los instrumentos financieros probados también serán importantes, como los fondos de inversión cerrados que pueden agrupar los activos de los mercados emergentes para proporcionar escala y diversificar los riesgos. Y los bancos multilaterales de desarrollo o los donantes deben hacer más para alentar la participación de inversionistas institucionales, por ejemplo, proporcionando capital, que actualmente representa solo una pequeña parte de sus compromisos.

Una nueva área prometedora: desbloquear capital de fondos de pensiones, compañías de seguros y otros inversores a largo plazo que gestionan colectivamente más de 100 billones de dólares en activos.

Otra consideración es cómo mejores datos facilitan la decisión y la inversión. Es por eso que el FMI y otros organismos globales están estandarizando información comparable y de alta calidad para los inversionistas, armonizando las divulgaciones climáticas y alineando el financiamiento con los objetivos relacionados con el clima.

Papel del FMI

El FMI reconoce la importancia crítica de la transformación ecológica, y hemos intensificado este tema, incluso a través de nuestras asociaciones con el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Red para la Ecologización del Sistema Financiero y otros.

Ya estamos incorporando consideraciones climáticas en todos los aspectos de nuestro trabajo. Esto incluye vigilancia económica y financiera, datos y desarrollo de capacidades, junto con trabajo analítico. Y nuestra primera herramienta de financiamiento a largo plazo, el Fideicomiso de Resiliencia y Sostenibilidad, ahora tiene más de $40 mil millones en compromisos de financiamiento, junto con tres acuerdos a nivel de personal con Barbados, Costa Rica y Ruanda.

El apoyo a este instrumento muestra el poder perdurable de la cooperación para superar los desafíos globales.

Si no actuamos ahora, la devastación y la destrucción del cambio climático, y la amenaza a nuestra propia existencia, solo empeorarán.

Pero si trabajamos juntos, y trabajamos más duro y más rápido, aún es posible un futuro más verde, saludable y resistente.

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