Obesidad

Día Mundial de la Obesidad: alertan que es un factor de riesgo cardiovascular independiente

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 Se acerca el día mundial de la obesidad, que se conmemora cada 4 de marzo desde el 2020 para concientizar acerca de esta enfermedad epidémica que va en aumento en todos los grupos etarios, reduce la expectativa de vida y altera la calidad de vida de quien la padece.

En Argentina, la IV encuesta nacional de factores de riesgo (2018), mostró que la prevalencia de exceso de peso es del 61,6% (36,3% sobrepeso y 25,3% obesidad); en resumen 6 de cada 10 argentinos mayor de 18 años está excedido de peso e incluso 1 de cada 4 es obeso. Estos resultados presentan un incremento comparado con los de la encuesta previa (57,9% sobrepeso + obesidad en 2013). La tendencia se mantiene en aumento con respecto a los relevamientos previos. Lo preocupante es que la obesidad también va en aumento en la población de niños y adolescentes[1].

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la obesidad se ha triplicado en el mundo en los últimos 20 años y es la responsable de 4 millones de muertes cada año[2]. Mientras que nuevos datos del Atlas Mundial de Obesidad pronostican que 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 7 hombres serán personas con obesidad para el año 2030, lo que equivaldría a más de mil millones de personas[3]. El mismo relevamiento destaca que la mayoría de quienes viven con obesidad se encuentran en países de medianos y bajos ingresos, y que las tasas más altas de obesidad se encuentran en la región de las Américas, tanto para hombres como para mujeres.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) afirman que la obesidad es un factor de riesgo independiente de otros para desarrollar enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular (arritmia) entre muchas otras condiciones y reducir la expectativa de vida. Incluso cualquiera de estas enfermedades asociadas puede presentarse aun teniendo un análisis de sangre totalmente normal.

“La obesidad discrimina, margina, estigmatiza a quienes la padecen, excluyendo a muchas personas de sistemas laborales, sociales y hasta de pequeños detalles de la vida cotidiana, pero lo más importante es que es una enfermedad que en la mayoría de los casos acorta la vida, y que requiere de un seguimiento médico especializado y abordaje multidisciplinario”, afirmó la Dra. Paola Harwicz, médica cardióloga y nutricionista, asesora del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología.

“La persona con obesidad necesita ayuda, dado que tiene una enfermedad crónica, multicausal, progresiva y recurrente (decretada como tal por la Organización Mundial de la Salud en 2008), no un problema de VOLUNTAD y por tal motivo debe tener acceso a tratamientos y herramientas serias para poder ser abordada al igual que otras enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión, etc., agregó la Dra. Carolina Salvatori, médica cardióloga, asesora del Consejo de Cardiología de la misma institución.

La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud[4]. Se puede determinar si una persona tiene sobrepeso/obesidad con el índice de masa corporal o IMC que se obtiene calculando el peso dividido por la altura elevada al cuadrado. Este índice se divide en rangos que indican el grado de sobrepeso/obesidad: un individuo tiene normopeso si el IMC se encuentra entre 18.5 y 24.9, sobrepeso cuando el índice se encuentra entre 25 y 29.9 y obesidad cuando el IMC es superior a 30 puntos.

Para el Dr. Ezequiel Forte, médico cardiólogo y Director del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología, “la obesidad es la responsable del desarrollo de gran parte de las enfermedades no transmisibles (ENT); la excesiva grasa corporal o su anormal distribución produce un estado inflamatorio y se asocia con distintas complicaciones metabólicas (mayor riesgo de insulino resistencia, diabetes tipo 2, hipertensión arterial), endocrinológicas, inmunológicas, mecánicas o funcionales, que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer, hígado graso, apnea del sueño, depresión e infertilidad, entre muchas otras condiciones”.

Desde la SAC, alineada con otras sociedades científicas nacionales e internacionales afirman que la obesidad es una enfermedad donde se combinan distintos factores: genéticos, metabólicos, emocionales, estrés, un ambiente con gran disponibilidad y sobreconsumo de alimentos (entorno obesogénico) sumado al bajo nivel de actividad física.

“Si bien el IMC nos brinda un parámetro de gran utilidad, los especialistas solemos contemplar también el porcentaje de grasa corporal total y su distribución. Por ejemplo, una persona deportista de alto rendimiento posiblemente presente un IMC elevado a expensas de una mayor masa muscular. Por este motivo, existen otras mediciones que brindan mayor precisión, como calcular el porcentaje de grasa corporal total con un aparato de bioimpedancia, que permite definir el porcentaje de grasa, siendo normal cuando es menor a 22% en los hombres o inferior a 33% en las mujeres”, consignó la Dra. Salvatori.

“Otra manera muy simple de evaluar el riesgo es a través de la medición del perímetro de cintura, también llamado Índice de Cintura Cadera, que se hace con un centímetro a nivel del ombligo para definir si la persona presenta una mayor localización del tejido adiposo a nivel visceral (órganos); los valores aceptables son hasta 88 cm en la mujer y hasta 102 en el hombre. Constituye una estrategia que nos permite conocer la concentración de la grasa a nivel central, factor determinante de un mayor riesgo cardiovascular al asociarse con más frecuencia con el síndrome metabólico, hipertensión arterial, diabetes, alteraciones metabólicas e hígado graso, entre otras”, completó el Dr. Forte.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología presentaron las siguientes recomendaciones para abordar la problemática de la obesidad:

1.      Alimentación saludable, con educación desde edades tempranas

El abordaje del paciente con obesidad es complejo; distintos estímulos facilitan el acceso a los alimentos, por eso es importante contar con un entorno seguro, planificar las comidas donde prevalezca la oferta de alimentos frescos, ricos en fibras, como las verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, sin olvidarnos de un adecuado aporte de proteínas como el huevo, carnes magras (de vaca, cerdo) pollo, y aumentar el consumo de pescado. Contar con los lácteos por su riqueza en calcio y vitamina D. A su vez, como fuente de grasa, preferir el aceite de oliva, canola o girasol, frutos secos, palta y aceitunas.

Actualmente, contamos con gran disponibilidad de alimentos ultraprocesados, frituras, panificados, dulces, delivery, etc., que solo deberían contemplarse para encuentros sociales y limitar el consumo de bebidas azucaradas y el alcohol.

Otro punto a tener en cuenta es trabajar sobre el concepto ‘hambre y saciedad’. Los seres humanos percibimos el hambre de manera diferente: el hambre ‘fisiológico’, que se presenta cuando pasan varias horas sin comer y el organismo genera señales para incorporar alimentos (dolor de cabeza, sensación en la boca del estómago). Por otra parte, el hambre ‘hedónico’, que surge cuando estamos frente a un estímulo visual como ver un rico helado o plato preferido o bien olemos el aroma a pan fresco, nuestro cerebro desencadena señales en el centro de recompensa que incitan a su consumo. Finalmente, el hambre ‘emocional’ surge cuando utilizamos la comida para sobrellevar alguna emoción como el aburrimiento, enojo, frustración, ansiedad, estrés, tristeza o alegría. Es importante identificar y reconocer esos gatillos para modificar conductas y poder afrontar estas situaciones.

2.      Lucha contra el sedentarismo, promoviendo la actividad física y el ejercicio

“Las recomendaciones generales en este grupo de pacientes son realizar ejercicio de resistencia cardiovascular, alcanzado un acumulativo de 150 a 300 minutos semanales (fraccionado en sesiones de un mínimo de 10 minutos) a moderada intensidad o bien 75 o 150 minutos de alta intensidad. Además, se debe complementar con dos o tres estímulos semanales de trabajo de fuerza muscular y ejercicios de flexibilidad”, graficó al Dra. Ivana Paz, médica cardióloga y deportóloga, Secretaria Científica del Consejo de Cardiología de la SAC.

3.      Apoyo psicológico para trabajar sobre hábitos y comportamientos alimentarios.

El médico evaluará en cada caso si el paciente necesita de un abordaje multidisciplinario con el apoyo de psicoanálisis, un régimen de nutrición especial y el seguimiento por parte de un especialista deportólogo.

4.      Gestión sobre el estrés y meditación.

Lograr una mejor gestión del stress e implementar la meditación como una manera de controlar los distintos estímulos y manejo de las emociones.

5.      Descanso adecuado.

Otra de las variables a contemplar es que la persona pueda dormir bien, al menos 7 horas, ya que son situaciones que podrían atentar contra su estado anímico, sus comportamientos alimentarios y en definitiva contra el pronóstico de éxito de su tratamiento.

Frecuentemente el paciente con obesidad presenta dificultades para lograr estos objetivos, y “en los últimos años, nuevas alternativas terapéuticas para personas con obesidad están generando gran expectativa en la comunidad médica. Las Sociedades Científicas vienen impulsando un ‘cambio de paradigma’ en la concepción y mirada de la obesidad,al entender que el éxito del tratamiento no depende exclusivamente de la voluntad de los pacientes. En ese contexto han surgido nuevos fármacos que son seguros y efectivos” comenta el Dr. Ezequiel Forte. Su indicación es clara: evaluar el tratamiento farmacológico del paciente con obesidad (IMC > 30 o en pacientes con sobrepeso y otras comorbilidades asociadas) según las recomendaciones de las distintas guías e individualizar la indicación de la cirugía bariátrica en personas con IMC > 40 o con IMC >35 con comorbilidades.

“En la actualidad contamos con tratamientos farmacológicos con intervención directa sobre los mensajeros que actúan sobre el apetito y facilitan los cambios en la conducta alimentaria”, sostuvo la Dra. Salvatori. No obstante, insistió la especialista, cualquier tratamiento médico para la obesidad debe ser prescripto y realizado bajo el seguimiento de un profesional médico especializado, sin olvidarnos que estas medicaciones son un complemento de las medidas de cambio de estilo de vida antes mencionadas.

“Desde la Sociedad Argentina de Cardiología promovemos en este día la toma de conciencia acerca de esta enfermedad, y mostrar la necesidad de implementar cambios de estilo de vida saludable, que son los pilares para combatirla”, concluyó.

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Uno de cada cuatro adolescentes con obesidad no identifica que la tiene

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Uno de cada cuatro adolescentes con obesidad no reconoce que la tiene y uno de cada tres padres tampoco lo identifica, según un nuevo estudio internacional.1 La obesidad es una enfermedad que está asociada al desarrollo de más de 60 condiciones de salud potencialmente severas2; de hecho, el estudio mostró que el 80% de los adolescentes que habían consultado con un profesional de salud ya presentaban al menos una comorbilidad.[3]Se calcula que, para 2030, el 22% de los niños y adolescentes en nuestro país tendrá obesidad.[4]

“Es verdaderamente muy complejo abordar cualquier enfermedad crónica como lo es la obesidad si la persona afectada no la reconoce o no recibe en su casa el acompañamiento necesario para iniciar la búsqueda de un tratamiento. El primer paso es que las personas, en este caso los jóvenes, reconozcan y acepten que tienen una enfermedad crónica que requiere de un tratamiento adecuado para mejorar su estado de salud”, sostuvo Miriam Tonietti, médica pediatra y presidente de la Sociedad Argentina de Nutricion (SAN).

ACTION teens es un estudio transversal, internacional, impulsado por el laboratorio Novo Nordisk con el objetivo de identificar percepciones, actitudes, comportamientos y barreras para un cuidado efectivo de la obesidad. Acaba de presentarse en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO) en Maastricht, Países Bajos; incluyó más de 5.000 chicos y chicas entre 12 y 17 años que viven con obesidad, más de 5.000 padres o cuidadores y más de 2.000 profesionales de salud.

Este estudio mostró que casi dos tercios de los adolescentes consideran que la pérdida de peso es una responsabilidad que recae únicamente sobre ellos1. “Es muy importante que puedan conocer que hay equipos de profesionales de la salud con experiencia en el abordaje integral de la obesidad que podemos acompañarlos en ese camino”, agregó la Dra. Tonietti.

“Es indispensable que los equipos de salud entrenados contemos con información sobre las percepciones y necesidades por las que atraviesan los niños y jóvenes con obesidad, porque es desde esa perspectiva desde donde podremos programar el abordaje, con cada uno de los integrantes, aportando desde su experiencia para poder ayudarlos mejor”, refirió la especialista.

Se ha comprobado que los niños con obesidad enfrentan tres veces más riesgo de muerte en la adultez temprana que aquellos sin la enfermedad[5] y tres de cada cuatro niños que hoy viven con obesidad seguirán teniendo obesidad en la adultez.[6]

También, este estudio puso en evidencia que uno de cada tres padres no logra identificar la obesidad en su hijo y casi la mitad cree que se resolverá espontánemente1, aunque no existe evidencia médica que respalde esa creencia.

Este relevamiento registra, en una escala sin precedentes, percepciones, actitudes, comportamientos y posibles obstáculos para un tratamiento efectivo de la obesidad en adolescentes.

“Es necesario continuar impulsando cambios en lo que respecta al abordaje de la obesidad. Es un verdadero desafío aún sin resolver para la salud pública que impacta en la vida de demasiados jóvenes, que ven seriamente afectada su salud y calidad de vida”, dijo la pediatra y presidente de la SAN, Miriam Tonietti.

La doctora explicó que “los resultados revelan que los adolescentes quieren mejorar su estado de salud y perder peso. Sin embargo, uno de cada tres no siente que sea un tema que puedan hablar con sus padres y muchos acuden a las redes sociales para buscar orientación1. Sin embargo, es alta la presión que sufren estos adolescentes, cuando dos de cada tres creen que perder peso es su responsabilidad y muchos de sus padres o cuidadores no encuentran la mejor forma de acompañar a sus hijos en el cuidado”.

En los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5.[7] “Esta situación es sumamente preocupante y, en ocasiones, probablemente no estamos encontrando las estrategias necesarias para contribuir en la adopción de estilos de vida más saludables que permitan alcanzar y sostener un peso corporal saludable. Es un desafío complejo que debe ser abordado integralmente desde múltiples esferas, pero con soporte de profesionales de la salud preparados para hacerlo”, agregó la Dra. Tonietti.

En este sentido, el estudio también demostró que los profesionales médicos necesitan mayor y mejor educación. La mayoría de los médicos (87%) reveló no haber tenido un entrenamiento significativo en cómo tratar la obesidad después de la facultad de medicina.1

“No se debería subestimar el impacto que tiene la obesidad en las personas (tanto niños, como adolescentes y adultos), en la sociedad y en los sistemas de salud. Es indispensable que los gobiernos y la sociedad reconozcan y traten a la obesidad como una enfermedad, para que más adolescentes puedan obtener el respaldo correspondiente para recibir la ayuda necesaria para tener una vida feliz y saludable”, concluyó el Profesor Jason Halford, autor principal del ACTION teens y presidente de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad.

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Día Mundial de la Diabetes: No al sedentarismo ni excesos

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El Día Mundial de la Diabetes fue creado en 1991 por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de la Diabetes para concientizar sobre la exponencial incidencia.

Alerta Día Mundial de la Diabetes: 6 millones de muertes en 2020 ‘in crescendo’ en 2021 por sedentarismo y excesos, por pandemia y pos pandemia. Efeméride que reúne hoy a 1.000 millones de personas a las que evangelizar sobre el tema.

No se trata sólo de números, la diabetes, una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce.

Desde 1980 el número de personas con diabetes en el mundo casi se ha cuadruplicado. Se estima que 425 millones de adultos padecían diabetes en 2017, frente a los 108 millones de 1980, y que este número, desde entonces, ha crecido de manera exponencial en el último trienio 2018-2021.

En América Latina la diabetes es la 4ta. causa de muerte en el área. Todos los tipos de diabetes pueden provocar complicaciones en diversas partes del organismo e incrementar el riesgo de muerte prematura.

Además, provoca el aumento de factores de riesgo conexos, como el sobrepeso o la obesidad.

Gran parte de los casos y sus complicaciones podrían prevenirse manteniendo una dieta saludable, una actividad física regular y un peso corporal normal, y evitando el consumo de tabaco.

El tema del Día Mundial de la Diabetes 2021 es: “Acceso a la atención de la diabetes”.

La importancia de la atención médica

Más de 100 años después del descubrimiento de la insulina, millones de personas con diabetes en todo el mundo no pueden acceder a la atención que necesitan.

Los diabéticos requieren supervisión y apoyo continuos para controlar su afección y evitar complicaciones.

El centenario del descubrimiento de la insulina presenta una oportunidad única para lograr un cambio significativo para los más de 460 millones de personas que viven con diabetes y los millones más que están en riesgo.

El Día Mundial de la Diabetes (DMD) fue creado en 1991 por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de la Diabetes en respuesta al a umento de la preocupación por la creciente amenaza para la salud que representa esta enfermedad.

Y se convirtió en un día oficial de las Naciones Unidas en 2006 con la aprobación de la Resolución 61/225 de las Naciones Unidas.

El 14 de noviembre es el aniversario del nacimiento de Sir Frederick Banting, quien descubrió la insulina junto con Charles Best.

En la efeméride ocurre la mayor campaña de sensibilización sobre diabetes del mundo, alcanzando una audiencia global de más de 1.000 millones de personas en 165 países.

Alerta de la OMS sobre diabetes

La diabetes es una causa importante de ceguera, insuficie ncia renal, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y amputación de los miembros inferiores.

La dieta saludable, la actividad física regular, el mantenimiento de un peso corporal normal y la evitación del consumo de tabaco previenen la diabetes de tipo 2 o retrasan su aparición.

La alimentación saludable, la actividad física, la medicación y las pruebas periódicas permiten tratar la diabetes y prevenir, retrasar y tratar sus complicaciones.

La diabetes sacarina o diabetes mellitus es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no secreta suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce.

La insulina es una hormona que regula la concentración de glucosa en la sangre, es decir, la glucemia.

El efecto de la diabetes no controlada es la hiperglucemia (es decir, la glucemia elevada), que, con el tiempo, daña gravemente muchos órganos y sistemas, sobre todo los nervio s y los vasos sanguíneos.

Diabetes de tipo 2

La diabetes sacarina de tipo 2 (denominada anteriormente diabetes no insulinodependiente o de inicio en la edad adulta) se debe que el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce.

La mayoría de los diabéticos tienen el tipo 2, que, en gran medida, se debe al exceso de peso y a la falta de actividad física.

Los síntomas de la diabetes de tipo 2 pueden ser similares a los que ocasiona la de tipo 1, pero con frecuencia son menos intensos.

En consecuencia, a veces se diagnostica varios años después de manifestarse los primeros síntomas, cuando ya han aparecido complicaciones. Hasta hace poco, este tipo de diabetes solo se observaba en los adultos, pero en la actualidad se diagnostica cada vez más a los niños.

Diabetes de tipo 1

La diabetes sacarina de tipo 1 (denominada anteriormente diabetes insulinodependiente, juvenil o de inicio en la infancia) se caracteriza por una producción deficiente de insulina y requiere la administración diaria de esta hormona.

Su causa es todavía desconocida y no se puede prevenir con los conocimientos actuales.

Entre los síntomas de este tipo de diabetes, que pueden aparecer de forma súbita, se incluyen

  1. la excreción excesiva de orina (poliuria),
  2. la sed (polidipsia),
  3. el hambre constante,
  4. la pérdida de peso,
  5. los trastornos de la visión y
  6. el cansancio.

Diabetes gestacional

Aparece durante el embarazo, consiste en una glucemia superior a la normal pero inferior a la que justifica un diagnóstico de diabetes. Este tipo de diabetes aumenta el riesgo de sufrir complicaciones durante el embarazo y el parto.

Además, tanto la madre como, posiblemente, sus hijos corren más riesgo de presentar diabetes de tipo 2 en el futuro. Se diagnostica mediante pruebas diagnósticas prenatales, más que porque la gestant e refiera síntomas.

Deterioro de la tolerancia a la glucosa y alteración de la glucemia basal El deterioro de la tolerancia a la glucosa (comúnmente denominado “intolerancia a la glucosa” y la alteración de la glucemia basal (es decir, en ayunas) son estados de transición entre la normalidad y la diabetes.

Ambos pueden evolucionar hasta la diabetes de tipo 2, si bien ello puede evitarse.

  • Con el tiempo, la diabetes puede dañar el corazón, los vasos sanguíneos, los ojos, los riñones y los nervios.
  • Los adultos con diabetes tienen un riesgo de dos a tres veces superior de presentar un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.
  • La neuropatía diabética en los pies, junto con la reducción del flujo sanguíneo, aumenta el riesgo de presentar úlceras e infecciones que, en última instancia, pueden requerir una amputación.
  • La retinopatía diabética, que se debe a la acumulación con el tiempo de lesiones en los capilares de la retina, es una causa importante de ceguera (causa el 2,6% de los casos de ceguera en el mundo).
  • La diabetes es una de las principales causas de insuficiencia renal.

Prevención del tipo 2

Para ayudar a prevenir este tipo de diabetes y sus complicaciones se deben seguir estas conductas:

  • Conseguir y mantener un peso corporal saludable;
  • Realizar al menos 30 minutos de actividad física de intensidad moderada la mayoría de los días. No obstante, para controlar el peso puede ser necesario aumentar la intensidad;
  • Tomar una alimentación saludable, sin azúcar ni grasas saturadas; y
  • No consumir tabaco, puesto que fumar aumenta el riesgo de sufrir diabetes y enfermedades cardiovasculares.
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La Sociedad Argentina de Nutrición propone cambiar las miradas sobre la obesidad

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“Cambiar las ‘miradas’ sobre la obesidad permite lograr un abordaje más integral de este verdadero problema de salud pública, pero es necesario un cambio conjunto por parte de las personas con obesidad, sus familiares y amigos, y también de aquellos que juzgan y estigmatizan al otro, y que a veces inclusive son quienes tienen a su cargo la atención y la posibilidad de incidir sobre políticas públicas”, afirmaron desde la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

La pandemia puso en evidencia el riesgo que tener obesidad representa para la salud, porque hoy sabemos que es uno de los principales factores de riesgo de desarrollar cuadros graves de COVID-19.[4],[5] A pesar de esto, nuestro país fue uno de los que más subió de peso en este último año y medio.1

“Es definitivamente un problema de salud pública en alza, tanto en nuestro país como en el mundo. Por eso, tenemos el compromiso de contribuir a adoptar una mirada amplia para abordarla exitosamente”, sostuvo la Dra. Miriam Tonietti, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.

En este contexto, la SAN lanzó, en colaboración con el laboratorio Novo Nordisk, la campaña en redes sociales y medios digitales #LaSaludeselModelo, que propone cambiar las miradas frente a la obesidad para concientizar sobre la dimensión del impacto que esta enfermedad tiene y el rol que pueden cumplir los médicos especialistas y todos los integrantes del equipo interdisciplinario, como aliados en los programas para el manejo y control del peso. La propuesta de cambiar miradas se refiere a algunas de las siguientes:

La propia mirada de la persona con obesidad: Es un error considerar a la obesidad como un tema meramente estético, que afecta la autoestima y que nada puede hacerse al respecto más que aceptarse. Quererse a sí mismo representa también hacerse responsable de la propia salud, cuidándola y reconociendo que la obesidad es una enfermedad crónica asociada a más de 60 condiciones que ponen en riesgo la salud actual y futura. La obesidad incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos en las articulaciones, en la fertilidad y aumenta las chances de desarrollar varios tipos de cáncer, entre otras consecuencias posibles[6].

En ocasiones hay una mirada que subestima el problema: una investigación arrojó que 6 de cada 10 personas con obesidad se consideran solo con ‘algo de sobrepeso’[7], aun cuando no es un aspecto subjetivo, sino que esta enfermedad se define por el cálculo del índice de masa corporal, a partir del peso y la altura de cada uno.

Errores en la propia percepción pueden generar una apreciación equivocada de las consecuencias y atentar contra el adecuado manejo, al postergar o no concretar la consulta médica, primer paso para iniciar un abordaje integral.

La mirada de corto plazo: esa que pone metas inalcanzables, como bajar 20 kilos para llegar al verano, que solo hace que se caiga en dietas mágicas, peligrosas y productos con promesas irrealizables que defraudarán y, muy probablemente, generen efecto rebote e, inclusive, pongan en riesgo la salud.

Como enfermedad crónica que es, la obesidad requiere de un abordaje en el largo plazo. Es necesario entender que, para lograr un control de esta enfermedad, la persona debe transitar un camino largo que incluya realizar cambios en el estilo de vida habitual, con resultados que irán ocurriendo lentamente, pero que, si se dan esos pasos firmes, es más factible que puedan sostener los beneficios en el tiempo.

La mirada de la persona sin obesidad: para el que no tiene obesidad o sobrepeso es difícil entender la relación entre la persona con obesidad y la comida, las emociones, la autoestima y el metabolismo, entre otros aspectos. Cuesta dimensionar la dificultad de lograr un peso corporal saludable y sostenerlo a largo plazo, y no considerar que es un tema de voluntad, que se resuelve únicamente con ‘cerrar la boca’ y ‘moverse más’.

En la obesidad intervienen factores genéticos y ambientales. Los dos más conocidos son la ingesta excesiva de energía y un estilo de vida sedentario. Sin embargo, existen otros -solo por citar algunos- como la falta de sueño, los cambios hormonales, la microbiota intestinal y la cesación tabáquica, además de factores psicosociales como la ansiedad, el estrés y la depresión.[8]

La mirada de quien estigmatiza: con la mirada, al señalar, al estigmatizar, discriminar y usar determinadas palabras hostiles puede hacerse mucho daño a las personas con obesidad. “Es claro el ejemplo de lo que sucede en la escuela y las burlas al niño o adolescente con sobrepeso; éste es un patrón que, de algún modo, puede sostenerse por el resto de la vida, impactando en el desarrollo laboral, en las relaciones personales y en la vida social de todos los días.

La persona con obesidad (al igual que la que no tiene esta enfermedad) necesita comprensión, empatía y aceptación, que se la valore por lo que es y, si es necesario, se la ayude con las medidas adecuadas para hacer frente a su condición”, explicaron desde SAN.

La mirada del profesional de la salud: un estudio mostró que inclusive los profesionales de la salud que tratan la obesidad a veces subestiman el problema y consideran que sus pacientes no tienen la motivación necesaria o verdadera intención de bajar de peso.7

“Sin darnos cuenta, caemos también en una trampa cuando en realidad somos conscientes de que es una enfermedad muy difícil de abordar y, posiblemente, involuntariamente estemos contribuyendo a que los resultados no sean los esperados”, agregó la Dra. Tonietti.   

La mirada de los decisores de políticas públicas: El manejo de la obesidad requiere medidas concretas e integrales que regulen la producción, distribución y publicidad de alimentos, que promuevan la vida activa, acerquen la actividad física a la gente y reconozcan la cobertura del tratamiento de la obesidad como lo hacen con cualquier otra enfermedad crónica no transmisible, y ayuden a educar desde las primeras etapas de la vida para que aprendamos a comprar mejores alimentos, a cocinar más sano y a procurar llevar estilos de vida más saludables.

En Argentina, la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso + obesidad), según la 4a edición de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (presentada en 2019), fue de 61,6%, comparativamente superior a la 3a edición (57,9% en 2015), con una tendencia que se mantuvo en ascenso alarmante en relación con los relevamientos anteriores.[9]

En menores de 18, las cifras no son mucho más adelantadoras: 41.1% es la cifra de exceso de peso para los niños entre 5 y 18 años y 10% en los menores de 5.3 Además, en los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5[10]; más de 124 millones tienen obesidad en el mundo.[11]

#LaSaludeselModelo propone que sea el impacto en la salud el eje central de la discusión alrededor de la obesidad, y no la estética, por eso el juego de palabras con el mundo del modelaje, que asocia delgadez con belleza y corre el eje hacia un aspecto menos relevante del peso corporal deseable.

“Todos debemos comprender que la obesidad es una enfermedad y, por tanto, actuar en consecuencia. Con esta mirada, el problema de la obesidad alcanzará la dimensión que merece y contribuiremos a que más personas logren obtener y mantener un peso corporal saludable y una mejor calidad de vida”, concluyó la Dra. Miriam Tonietti.

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Obesidad y sedentarismo, principales factores de riesgo cardiovascular en adultos rurales

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Un estudio del Laboratorio de Bioquímica Aplicada (FaCENA-UNNE) identificó factores de riesgo cardiovascular en adultos de zonas rurales aledañas a las localidades de Corrientes y Resistencia. Obesidad y sedentarismo fueron los factores más frecuentes.

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en todo el mundo. Cada año mueren más personas por ECV que por cualquier otra causa. Son enfermedades de etiología multifactorial y su evolución está ligada a la presencia de factores de riesgo cardiovascular (FRCV).

Por ello, se consideran claves las estrategias de identificación preventiva de factores de riesgos en la población.

En ese sentido, el Laboratorio de Bioquímica Aplicada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la UNNE (FaCENA) realizó un estudio de factores de riesgo a pobladores de zonas rurales aledañas a las localidades de Corrientes y Resistencia (Chaco) donde se instalaron puestos bioquímicos como servicio a la comunidad.

Previo consentimiento informado, se tomaron muestras de sangre venosa para determinar glucemia y el perfil lipídico. En forma paralela se realizó una encuesta, se tomaron medidas antropométricas y de presión arterial.

De acuerdo a la encuesta realizada se logró recabar que el sedentarismo y la obesidad comparten el primer lugar de prevalencia en la población estudiada.

 El 73% reportó realizar actividad física menos de 30 minutos, tres veces por semana, lo cual se consideró como indicador de sedentarismo.

El 46% de la población analizada presentó un Índice de Masa Corporal (IMC) mayor al 29,9% indicando obesidad.

El 44% presentó presión arterial sistólica superior a 120 mm Hg y/o diastólica superior a 80 mm Hg; mientras que el 17% de los entrevistados declaró ser fumador actual.

Según sostienen desde el Laboratorio de Bioquímica Aplicada de FaCENA-UNNE, un alto porcentaje de la población incluida en el estudio presentó obesidad y sedentarismo, lo cual señala la necesidad de educar a la población para mejorar los hábitos alimenticios y aumentar la actividad física.

“La alta prevalencia de factores de riesgo cardiovascular en adultos jóvenes remarca la importancia de realizar campañas de concientización y prevención encaminadas a reducirlos” explicó la Bioq. Patricia Goicoechea, referente del estudio que contó además con la participación de la Bioq. Macarena Cesario; Bioq. Ariel Leyes Pedrozo y la Bioq. Natalia Serrano, directora del Laboratorio.

Por otra parte, se estudiaron las variables bioquímicas que pueden producir riesgo a desarrollar enfermedades cardiovasculares. Las alteraciones que se presentaron en mayor frecuencia fueron la disminución de colesterol en lipoproteínas de alta densidad, y el incremento del colesterol total. El 25% presentó glucemia en ayunas alterada.

Al realizarse el análisis de cuantos factores de riesgo presentaba cada individuo estudiado, el 5% de las personas no presentó ninguno de los factores de riesgo analizados, mientras que el 29% presentó un FRCV, 27% presentó dos FRCV y el 39% presentó tres o más de ellos de forma simultánea.

La asociación más frecuente fue el sedentarismo unido al IMC elevado.

“Este trabajo fue realizado con el objetivo de estudiar y comparar la prevalencia de los diferentes factores de riesgo a desarrollar enfermedades cardiovasculares. De acuerdo con los resultados obtenidos, llama la atención la elevada cifra de obesidad que, incluyendo al sobrepeso, compromete al 71% de la población” remarco la bioquímica Goicoechea.

Agrega que el alto porcentaje de obesidad cobra importancia por ser un factor de riesgo no solo para las enfermedades cardiovasculares, sino también para otras enfermedades crónicas. Asimismo preocupa el alto índice de sobrepreso, pues quienes tienen sobrepeso poseen altas probabilidades de desarrollar obesidad en un futuro.

Para los integrantes del Laboratorio de Bioquímica Aplicada (FaCENA-UNNE),  “la alta prevalencia de factores de riesgo cardiovascular en adultos jóvenes remarca la importancia de realizar campañas de concientización y prevención encaminadas a reducirlos”.

Consideran que estos resultados se convierten en una línea de base para el estudio de factores de riesgo cardiovascular y enfermedades cardiovasculares, que puede ser utilizada para derivar macro-proyectos que beneficien a la población.

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