Pindó

Un viaje al corazón de Pindó: energía al mundo

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La madera produce una extraña melodía al salir de la cinta y chocar con otras piezas idénticas. La cinta no se detiene. El movimiento dentro de la enorme planta, tampoco. Hay otros ruidos más potentes. La sierra, troncos transformándose. Cientos de operarios concentrados cada uno en su tarea. Algunos parapetados tras los monitores controlando que cada paso se cumpla a la perfección. Es una planta enorme, que alberga a unos 600 trabajadores que hacen de Pindó una potencia que gana presencia en el mundo.

Pese a las toneladas de madera trabajadas hora a hora, Pindó no es una empresa que pueda clasificarse sencillamente como forestal. Desde su génesis, con la fusión de diversas empresas de Puerto Esperanza, allá por 1976, la empresa liderada ahora por los hermanos Rafael y Andrés Scherer, es forestal, pero también yerbatera. Además custodia bosque nativo y casi “por diversión”, comenzó una “pequeña” producción de árboles frutales. Es también modelo de eficiencia energética, con su planta de generación por biomasa, que fue reconocida por la ONU y que le valió la emisión de más de 40 mil certificados de reducción de emisiones que ahora puede negociar en el mercado global. Pindó es todo eso. Y trabaja para completar el ciclo de la economía circular con el aprovechamiento de los últimos residuos de la biomasa forestal, que se vuelven a aprovechar como bioinsumos.

Fundada en 1976 por descendientes de inmigrantes suizos, la compañía está a punto de cumplir medio siglo con una estructura integrada que combina su propio vivero, yerba, energía y gestión ambiental, y un impacto productivo que la posiciona entre las empresas más innovadoras del país.


Pindó nació con el impulso pionero de reforestar con pino, araucaria y yerba mate, y hoy maneja plantaciones propias y de terceros, con una división de I+D que combina genética, eficiencia industrial y economía circular. El cuidado del suelo es clave en todo el proceso.
El vivero, que hace diez años llegó a ser el más grande del mundo en producción de yerba mate, alcanzó un récord de cuatro millones de plantines anuales entre pino y yerba. “Vivimos del campo y del monte, por eso la sustentabilidad no es una estrategia: es una forma de vida”, resume Rafael Scherer, uno de los hermanos al frente de la firma.

La compañía emplea 620 trabajadores en forma directa e indirecta -es el segundo empleador de Puerto Esperanza- y articula con 600 proveedores activos, en una red que abarca desde pequeños productores hasta gigantes forestales como Arauco, a la que le provee chips.
Pindó produce 7000 toneladas anuales de yerba propia, con 739 hectáreas cultivadas, de las cuales 168 son orgánicas. “Hacemos yerba desde 1990, con secadero propio, y mantenemos una relación comercial de más de 25 años con la cooperativa Colonia Liebig,”, detalla Scherer. La cooperativa correntina, con su marca Playadito que es líder en el mercado, hoy le compra más del 90 por ciento de la producción yerbatera.


La empresa diversificó además su matriz agroindustrial con cuatro hectáreas de maracuyá y una de frutos rojos, que generan 110.000 kilos de fruta y 40.000 kilos de pulpa congelada al año. “Incorporamos esta línea porque creemos que el futuro también pasa por los alimentos de origen natural y local, con trazabilidad y valor agregado”, explica.

“Es muy divertido y va muy con la filosofía de la empresa, que es darle valor a los productos de la tierra sin dañar el medio ambiente. Básicamente empezó como un proyecto de de frutas tropicales, de frutas locales, tenemos pitanga, maracuyá, darle valor a eso y después se fueron agregando otras frutas. La idea es que esto crezca y que tengamos un grupo de productores que nos acompañe y que tenga más margen bruto por hectárea de lo que puede hacerlo con un cultivo tradicional. Por ahí la limitante es que los mercados son un poco chicos y entonces no puedes crecer demasiado ni rápido. Pero manejándolo bien, creo que podemos llegar a hacer un lindo proyecto”, detalla Scherer.

El salto energético: de la biomasa al carbono

La creación de Pindó Eco-Energía, en 2016, marcó un antes y un después. La planta transforma los residuos del aserradero y del proceso forestal en energía limpia. “Aprovechamos la biomasa que antes quedaba acumulada y contaminaba”, señala Ana Lucía Ortiz, coordinadora de gestión del cambio.
La compañía genera 3.700 kWh por hora, con una capacidad instalada de 4 megavatios, de los cuales 2 megas se inyectan de manera constante al sistema eléctrico nacional. En nueve años, la planta produjo más de 225.000 megavatios, consolidando un modelo energético autosustentable.

El impacto ambiental fue verificado por la ONU: Pindó obtuvo 43.803 certificados de reducción de emisiones (bonos de carbono) bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el primer proyecto de este tipo en Argentina.


“Cada bono representa una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera -explica Ortiz-. Aspiramos a venderlos a unos 15 dólares por unidad, aunque el valor dependerá de la demanda y del volumen que necesite compensar el comprador. No se trata solo de una cuestión económica, sino de validar internacionalmente una forma de producir energía limpia desde Misiones”.

Con esos bonos, Pindó aspira a sumar una nueva fuente de ingresos vinculada directamente al impacto positivo de su operación. “Es un reconocimiento a nuestro trabajo, pero también una señal para otras empresas argentinas: se puede competir globalmente desde un modelo sustentable”, agrega Ortiz.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

Ese círculo se completa con el biochar, un subproducto obtenido del residuo forestal carbonizado que se reincorpora al suelo como bioinsumo, mejorando su fertilidad y reduciendo la huella ambiental.
El biochar es un carbón vegetal producido a partir de biomasa orgánica, como restos de madera o agrícolas, mediante un proceso termoquímico llamado pirólisis en ausencia de oxígeno. Se utiliza principalmente como enmienda para el suelo, mejorando su fertilidad, capacidad de retener agua y nutrientes, y como un método para secuestrar carbono de la atmósfera. “Nada se pierde: todo vuelve a la tierra”, dice Scherer.

Pindó logró multiplicar por catorce su facturación inicial, manteniendo una gestión integrada que va del árbol al producto final. La empresa trabaja sobre “los mejores suelos de la provincia”, con un rendimiento promedio de 36 metros cúbicos por hectárea, por encima del estándar nacional (25-30 m³/ha).
“Usamos semillas de Australia y, junto al INTA, desarrollamos un híbrido local de alto rendimiento”, explica Scherer. “Logramos un 52 % de aprovechamiento del rollo, lo que significa 155 pies por tonelada (el resto se transforma en chips). Procesamos entre 30 y 35 equipos por día, unos 1.800 rollos por turno de 12 horas”.

En el aserradero, la producción se orienta a mercados globales exigentes -la empresa mantiene presencia en China, Estados Unidos, Canadá, México, India y Vietnam-. “Exportamos madera rústica a China y al sudeste asiático, que luego vuelve a Estados Unidos más barata”, relata el empresario. Además, aunque reconoce que hay una ventana de oportunidades, todavía no sienten el efecto de la suba de aranceles que aplicó Donald Trump a Brasil, un competidor directo. “Es un ciclo global extraño -admite Scherer-, pero hoy los precios internacionales están bajos y la demanda floja. Todavía no sentimos el efecto de los aranceles, aunque el mercado sigue inestable”.

Scherer no elude la situación económica del país al analizar el flujo de producción y asegura que uno de los problemas de la Argentina es que “fluctúa demasiado”.

“Se va a la derecha, a la izquierda, se va a expansión monetaria, después se va a retracción y como empresa es muy difícil manejarse en contextos tan cambiantes. Pero hoy por hoy todo el mundo está así, así que capaz el mundo se estuvo argentinizando. Hoy estamos en todos lados, así”, analiza.

Durante la entrevista con Economis, Scherer menciona en varias oportunidades la filosofía de la empresa. Y no es otra que siempre ir “corriendo las metas”.

“El éxito no se mide en cómo estás ahora. Hoy se podría decir que estamos donde queríamos estar y estamos viendo a dónde queremos estar más adelante”, argumenta. “Uno tiene que ser inconformista. Lo que tenés que disfrutar es el camino y no la meta. La meta es es un punto para pararte y para mirar a dónde vas a seguir yendo, pero no no es que llegaste a algún lado y tienes que estar conforme”.

Reservas, biodiversidad y visión de futuro
Además del complejo industrial, Pindó administra cuatro reservas prioritarias de conservación que protegen ecosistemas nativos en la zona norte de Misiones. Allí se aplican planes de manejo sostenible que combinan regeneración natural y conservación de biodiversidad.

“Las araucarias nos dieron de comer -recuerda Scherer-. Son parte de nuestra historia. Pero el futuro exige eficiencia y adaptación: el romanticismo no alcanza si la industria pide otra cosa.”

Con una estructura diversificada y una fuerte inversión en innovación, Pindó consolidó un modelo productivo donde la eficiencia energética, la reforestación certificada y la investigación científica son parte de un mismo sistema.

“Todo lo que hacemos, lo hacemos al revés -bromea Scherer-. Pero si eso significa probar, aprender y crecer, entonces vale la pena”.

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Pindó ingresa al mercado regulado de carbono con 43.803 certificados de la ONU

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La empresa misionera Pindó SA, con casi cinco décadas de trayectoria en el desarrollo forestal, agroindustrial y energético, alcanzó un nuevo hito que reafirma su modelo de gestión sustentable. La compañía obtuvo 43.803 Certificados de Reducción de Emisiones (CERs), conocidos también como bonos de carbono, bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Cada certificado equivale a una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera gracias a la generación de energía limpia.

Desde 2016, Pindó SA opera su planta de generación eléctrica a partir de biomasa forestal, un proyecto pionero en Misiones que reemplaza combustibles fósiles por recursos renovables provenientes de su propia actividad productiva. En nueve años, la iniciativa permitió generar más de 225.000 MWh de energía renovable y acumular más de 72.000 horas de operación, evitando la emisión de decenas de miles de toneladas de gases de efecto invernadero.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

“Los certificados ratifican que nuestras acciones concretas de sustitución de fósiles por biomasa local tienen un impacto real en la reducción de emisiones. Este logro no es solo de PINDÓ, sino también de Misiones y de la Argentina”, destacaron desde la compañía.

La filosofía empresarial que guía a PINDÓ va más allá de un proyecto energético: la sustentabilidad forma parte integral de todas sus unidades de negocio. Desde las plantaciones forestales certificadas bajo PEFC hasta la industrialización de la madera con estándares internacionales, pasando por la producción agroindustrial de yerba mate y pulpa de frutas, cada iniciativa conjuga innovación, cuidado ambiental y compromiso con la comunidad.

En palabras de la propia empresa, la obtención de los 43.803 CERs es la confirmación de un camino: “La sustentabilidad no es una meta aislada, sino parte de nuestra forma de producir y crecer. Como empresa familiar, seguiremos desarrollando proyectos que integren innovación, cuidado del ambiente y compromiso con la comunidad, porque creemos que ese es el verdadero legado para las próximas generaciones”.

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Puerto Mate, la bebida desarrollada por la misionera Pindó en Suiza que busca conquistar a los “gringos”

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La empresa misionera Pindó desarrolló una bebida en alianza con la firma Suiza Intelligent Food que busca conquistar los mercados no tradicionales para la yerba mate, como Europa y los Estados Unidos.

Se llama “Puerto Mate” y es una bebida como el te frío bebile, pero a base de yerba mate, que se elabora con una yerba con molienda especial -de un milimetro de granulometría, libre de polvo y palo- que Pindó prepara especialmente para enviar a Suiza.

Pindó participó junto a otras 9 yerbateras misioneras de la feria New York Summer Fancy Food en la que este sector mostró el primer esfuerzo de envergadura en empezar a conquistar con la yerba mate mercados no tradicionales, que no consuman la infusión con la bombilla, el mate y el termo sino bajo otras formas.

Nacida hace más de 50 años en Puerto Esperanza, Pindó -fundada por la familia de origen suizo Scherer- es fuerte en forestación y fue noticia hace poco por ser la primera empresa de la provincia que se adjudicó un contrato Renovar, ya que produce energía a base de biomasa.

Ahora es noticia por innovar en el mercado de las bebidas.

En la web oficial del producto, los suizos hacen hincapié en el tradicional “tereré”, en las propiedades de la yerba mate y en el origen de la materia prima. El producto suizo no es el primero en el mercado, pero si apunta al segmento de las bebidas energizantes naturales y de las infusiones frías. Con un packaging novedoso y descartable, apuntó el portal Frontera Jesuita.

Además de “Puerto Mate” la empresa suiza tiene “El Tony Mate”, otro producto a base de yerba mate con dos presentaciones, una con guaraná y otra con jengibre. Dos blends para un público joven y ávido de consumir yerba mate como energizante. Intelligent Food ya tiene en el mercado otra bebida energizante bajo la marca “Monday”.

Rafael Scherer, gerente general de Pindó S.A. este año participó de la delegación de yerbateros que viajó a Estados Unidos, para estar en el stand del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La empresa misionera busca abrir mercado como proveedor de materia prima para el segmento de bebidas energizantes o infusiones.

Fuente: Frontera Jesuita. Fotos: Intelligent Food

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Por la corrida cambiaria, se frenó una inversión de u$s 7 millones para producir energía de biomasa en Cerro Azul

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La crisis cambiaria y financiera que vive la Argentina tiene su correlato en la economía real. No sólo por el enfriamiento de la actividad, sino también por los proyectos nuevos que quedan paralizados ante el panorama de incertidumbre y las turbulencias en los  mercados que hacen que nadie quiera tomar riesgos.
El ambicioso proyecto para instalar una planta generadora de energía a partir de la biomasa en Cerro Azul, impulsado por empresarios santafecinos, quedó paralizado por el actual contexto económico, justo cuando estaba todo listo para que se firmasen los contratos y se comenzara con la construcción de la moderna planta.
“Se nos complicó el financiamiento que teníamos negociado con tres entidades, se trata de una inversión de 7 millones de dólares, que llega a 8 millones de dólares si computamos los impuestos”, dijo hoy a Economis, René Mangiaterra.
Mangiaterra es un de los dueños de Molino Matilde, que produce y exporta harina y alimento balanceado desde la pequeña localidad homónima, distante a 40 kilómetros de la ciudad de Santa Fe.
Con inversiones forestales en Aristóbulo del Valle, Almafuerte, Dos Arroyos y 25 de Mayo, Mangiaterra y otros socios de Molino Matilde armaron el proyecto MM Bioenergía y en noviembre pasado se adjudicaron un contrato bajo el programa Renovar por el cual iban a proveer 3MW al sistema interconectado.
Se trata de energía producida a partir de los desperdicios forestales de la zona. En esta ronda 2 del programa Renovar, MM Bioenergía fue el único de los 20 proyectos de bioamasa radicado en Misiones.
Pero por las turbulencias y el incierto panorama económico, aún no se pudo firmar el contrato con CAMMESA, que garantiza la compra de energía por 20 años a un precio ya estipulado. La entidad que rige el mercado mayorista no quiere firmar en este momento más contratos en dólares. Y sin el contrato, no se puede avanzar con los acuerdos para financiar la inversión.
Pero además, el panorama financiero es tan incierto que algunos bancos dudan de prestar el dinero -son líneas en dólares- incluso si estuviera el compromiso de CAMMESA firmado.
“Nosotros tenemos armado el financiamiento de la inversión con tres bancos, el Banco Bica (santafecino), el BICE y el Banco Macro, además de los proveedores de equipos de origen alemán que también nos iban a otorgar facilidades”, señaló.
Algunos bancos pusieron en tela de juicio hasta qué punto CAMMESA se puede comprometer a pagar un compromiso en dólares a 20 años, teniendo en cuenta la escasez de divisas que aqueja a la Argentina y el incierto panorama hacia el futuro.
“El proyecto implica vender 21.000 MW por año a un valor de 160 dólares el MW”, explicó Mangiaterra. Es decir, una facturación cercana a los 3,36 millones de dólares al año durante dos décadas.
MM Bioenergía ya tiene las tierras para instalar la planta de biomasa y se sometió a audiencias públicas donde participó la comunidad de Cerro Azul, que apoya la llegada de la inversión. La planta de MM Bioenergía generará 14 puestos de trabajo directos y otra media docena en la playa de manejo de chips.
“Además de muchos trabajos en el monte, con el raleo que hoy en muchos casos no se está utilizando, tenemos acuerdos con aserraderos y forestadores y en los próximos días voy a hablar con ellos para explicarles la situación”, señaló el empresario.
“Estábamos muy entusiasmados con este proyecto, dedicamos mucho tiempo y llevamos invertidos varios millones de pesos, tenemos listo el proyecto técnico, ganamos el contrato Renovar en la licitación, hicimos las audiencias públicas”, explicó.
“Pero yo no puedo poner en riesgo a Molino Matilde, a una empresa que tiene 126 años de antigûedad por un proyecto donde no estamos acompañados por nuestras fuentes de financiamiento, ahora vamos a esperar 60 días, a ver si el panorama mejora”, aventuró, explicando de alguna manera la decisión de los socios de no arriesgar más capital propio del conveniente.
Dudas ante la incertidumbre
Las dudas que aquejan a los actores en el actual contexto son las mismas: una cosa es firmar un compromiso a 20 años en moneda norteamericana cuando las aguas están calmas. Pero muy distinto es cuando reina la incertidumbre. Ahí todo el mundo empieza a dudar. Los bancos dicen: ¿me pagará MM Bioenergía? Mangiaterra dice: ¿me cumplirá CAMMESA? Que a su vez dice: ¿podré cumplir un contrato de compra de energía a 20 años?
Ingresos Brutos, otra traba
El empresario también se quejó por la carga impositiva provincial, otro motivo que lo hace dudar de avanzar con la inversión.
“Estuvimos haciendo las gestiones para estar excentos de Ingresos Brutos, pero no lo logramos y no sólo eso, con el Pacto Fiscal nos subieron la alícuota de 3,5 a 5% para energías renovables, así no nos conviene invertir”, señaló.
El status de un proyecto como MM Bioenergía es una muestra más de lo difícil que es captar una inversión y generar trabajos genuinos en la Argentina. Sobre todo porque un proyecto con el respaldo de un contrato Renovar, parecía un negocio a “prueba de balas” hace un tiempo, cuando las variables económicas no estaban tan complicadas.
Por un lado, se trata de producir algo que a la Argentina le va a faltar y tiene demanda asegurada: energía. Por otro lado, cuenta con un contrato a 20 años en moneda dura garantizado por CAMMESA. Pero lo más importante, quizás, es que Misiones -junto a Corrientes- es algo así como la “Arabia Saudita” de la biomasa.
Aún con todas estas ventajas competitivas, el negocio quedó frenado y el panorama hacia el futuro es incierto.
El eventual fracaso del proyecto de MM Bioenergía también sería un duro golpe para la provincia, que tiene todo el potencial para generar energía a partir de desperdicios forestales, pero por “h” o por “b” no logra concretar en proyectos todas esas ventajas.
En la Ronda 1 del programa Renovar, la forestal Pindó (Puerto Esperanza) fue el único proyecto de origen misionero que se adjudicó un contrato. Pero la realidad es que la empresa de la familia Scherer ya había decidido realizar la inversión mucho antes de que Macri llegara al Gobierno y se lanzara el programa Renovar. Una vez que tuvo todo en marcha logró entrar en el programa y vender la energía a CAMMESA.
Otras empresas como Arauco Argentina también generan energía a partir de la biomasa e inyectan el excedente al sistema interconectado, aunque no bajo los programas Renovar.
MM Bionenergía sería el primer proyecto elaborado de cero a partir de este programa que busca impulsar la generación limpia de electricidad. Sin embargo en la ronda 2 del Renovar se presentaron 228 proyectos de distintas fuentes (solar, eólica, pequeñas hidroeléctricas, biomasa y biogas). De los 20 proyectos de biomasa, solo MM Bioenergía era de Misiones.
¿Podrá Misiones alguna vez desarrollar su potencial en la generación de energía por biomasa? ¿Podrá la Argentina estabilizarse y ver florecer proyectos de este tipo? Si un negocio como la generación de energía por bioamasa en Misiones no puede concretarse, ¿qué queda para otros proyectos con menos ventajas competitivas?

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El empresario misionero que fue anfitrión de Macri en Puerto Esperanza: “El pobre agarró un país destrozado”

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Cae la tarde del jueves 5 de abril en Puerto Esperanza y Pedro Scherer, casco reglamentario en mano, recorre sin prisa las instalaciones de la modernísima planta que la forestal Pindó tiene a la vera de la ruta 12.
Es su cumpleaños número 81 –muy bien llevados- y por esas cosas de la vida, se quedó sin festejo porque tuvo la tarea de recibir al presidente Mauricio Macri, los tres gobernadores de la Mesopotamia y unos 80 empresarios forestales en la sede de su empresa, para celebrar la cuarta reunión de la Mesa Forestal.
“Esta fue la cuarta vez que el Presidente nos quiso visitar, las anteriores no se pudo por el clima o por temas de agenda”, cuenta Scherer, hijo de uno de los suizos fundadores de Puerto Esperanza hace 92 años.
El padre de Scherer, Alfonso, llegó a ese lugar navegando por el río Paraná junto a otros aventureros como Gustavo Keller, Enrique Bucher o Gustavo Ernst y fundaron la colonia el 25 de septiembre de 1926, el mismo día que llegaron. Acá plantaron bandera.
“Esto era todo selva”, recuerda Pedro, que nació 11 años después en Buenos Aires “porque acá no había médicos”.
El presidente ya se fue hace media hora en el helicóptero presidencial, que se posó en el parque de entrada de Pindó, y con él desapareció la vorágine de asesores, funcionarios y personal de seguridad típicos que acompañan a una visita de este calibre.
En las impecables instalaciones de Pindó vuelve a reinar la calma. A Scherer se lo nota tan satisfecho con su rol de anfitrión (todo salió bien) como con la paz que vuelve al lugar. Más allá de que, al comenzar la charla, queda clarísimo que él no buscó a Macri, sino que fue al revés.
El Presidente se interesó en Pindó porque es una empresa modelo y, realmente, no hay que ser experto en temas forestales para darse cuenta que tiene algo distinto a la mayoría de los aserraderos y plantas que se ven subiendo por la ruta 12 casi hasta Iguazú. Por ejemplo, el tinglado donde se celebró la reunión, modernísimo, parecía más de una industria automotriz. El suelo de cemento lustrado impecable, orden por todos lados.
Además de ser una empresa forestal totalmente integrada, que llegó a exportar a mercados como Canadá, Nueva Zelanda o Estados Unidos, Pindó es la única empresa misionera que se adjudicó un contrato Renovar para proveer energía al sistema interconectado a partir de la biomasa.
“Invertimos unos 100 millones de pesos y la idea empezó en 2002, nosotros vimos lo que se venía con la sanción del Protocolo de Kyoto en energía renovable, sabíamos que la energía iba a ser cada vez más cara”, explicó Scherer, demostrando ser un empresario con una visión a largo plazo poco común en el medio local.
Otro dato. Economis hace más de un año que busca hablar con Scherer, y a pesar de que la empresa tiene un encargado de prensa, y de media docena de llamados, nunca se pudo acceder a hablar con alguno de los integrantes de la familia. Sin embargo, ahí en el lugar, Scherer no duda en prestarse al diálogo con cordialidad apenas se lo proponemos.
A continuación reproducimos el diálogo con este empresario que ganó varios premios, distinciones y certificaciones nacionales e internacionales, al pie del enorme silo donde se juntan los desechos forestales que luego se convertirán en energía para todos los argentinos.
-¿Qué me puede decir de la visita que le hizo Macri?
-Fue una muy linda sorpresa porque justamente hoy es mi cumpleaños, una casualidad que se da una vez en la vida, o no se da (sonrisas).
-¿Ya hubo un intento antes de venir acá?
-Es la cuarta vez que quiere venir. Las otras veces tuvimos tiempo inestable y no se animaron o no se pudo por temas de agenda.
-¿Recorrió la planta con el Presidente?
-Una parte, el tenía poco tiempo porque venía para la reunión (de la Mesa Forestal), eran 80 y pico de personas esperándolo.
-¿Qué le dijo sobre lo que vio?
-Le gustó, me felicitó, pero así, rapidito nomás. Creo que se quedó bastante sorprendido.
-¿Qué es lo que hacen acá en Pindó?
-Nosotros básicamente esta sección es de aserradero, después va a remanufactura, o sea que se le da un valor agregado a la madera y de ahí hay muchos desechos. Hay mucho desperdicio en este rubro, en una industria que es muy eficiente puede llegar a utilizarse cerca del 55 por ciento, el resto es pérdida, desechos. De eso, parte es biomasa y parte va a la fábrica de papel o celulosa. Pero el resto, cáscara, virutas y aserrín se elabora acá en este silo y después pasa a generar energía.
-¿Pedro, cómo les está resultando el programa Renovar?
-Estamos inyectando energía hace ya seis meses, entregando al sistema interconectado. Al día de hoy nos va bastante bien, tenemos algunos problemas con la red de transporte que no es nuestra, sino de Emsa y la red que va de Eldorado a Iguazú está vieja y muy deteriorada y afecta la entrega, cuando se corta porque hay vientos o llueve fuerte no podemos entregar energía. Tenemos un contrato que tenemos que entregar 17.000 Megas (MW) por año y a veces llegamos al 80 por ciento de lo que tendríamos  que entregar y a veces no se llega a eso.
-¿Cómo se puede arreglar eso?
-Una buena pregunta, con mucha plata, Emsa tendría que hacer las inversiones necesarias pero eso es un problema en toda la provincia, no solo en nuestra región.
-¿Somos algo así como la Arabia Saudita de la biomasa en Corrientes y Misiones?
-Sí, sí , puede ser.
-¿Y por qué ustedes solos pudieron ganar un contrato de este tipo, por qué no hubo otras empresas que aprovecharan estas ventajas?
-Bueno, lo nuestro empezó en el año 2002 o 2003, ahí se hicieron todos los estudios y se aprobaron proyectos con las Naciones Unidas por el tema del Protocolo de Kyoto y después se empezó a trabajar en serio en el 2007, a empezar a dibujar (la planta) y a partir del 2012 con el proyecto terminado obtuvimos un crédito y también una subvención y largamos. Compramos primero esto, después lo otro y así.
-¿Ya sabían que iban a usar una parte de la energía y otra parte inyectar y vender al sistema interconectado (Pindó genera 4MW y usa la mitad)?
-No lo sabíamos, pero la lógica decía que un día, más temprano o tarde se tenía que dar.
-Ustedes vieron esa oportunidad en la época en que no se remuneraba bien la generación de energía, que fue el motivo por el cual cayó la inversión y la generación en la Argentina (Nota de la redacción: el resto de los proyectos con el Renovar se hicieron una vez que los contratos fueron adjudicados, no antes como Pindó).
-Nosotros ya antes de poner la planta en marcha comprábamos la energía en Salta con la modificación de la ley que se hizo en época de Menem, el distribuidor era solamente transportista, la comprábamos ahí porque era mucho más barata.
-¿Cómo va la actividad en su empresa a dos años de Macri en el Gobierno?
-El pobre infeliz agarró el país tan destrozado que necesitamos 10 o 15 años de buen Gobierno para salir de esto. Porque acá sobre todo, tenemos que cambiar nuestra mentalidad, lamentablemente pensamos que la plata viene llovida del cielo y no es así, es producto del esfuerzo y la organización.
-¿Cómo les fue a nivel comercial?
-Bueno, podría haber ido mejor, nosotros cuando tuvimos el cepo ahí perdimos toda nuestra clientela en el exterior, y eso es un enorme esfuerzo que uno tiene que hacer y claro, nuestros clientes en el exterior no pueden esperar a que venga otro gobierno. Si ahora esto se estabiliza quizás podamos recuperar algunos clientes y conseguir otros.
-¿Qué exportaban?
-Parece mentira, pero exportábamos a países como Canadá, parte a Finlandia, mucho a Estados Unidos y ahora los últimos años estamos mandando algo, un poquito, a Brasil.
-¿Dan los precios (en dólares)?
-No, no dan, porque los costos internos son muy elevados. Pero hay clientes que los tenemos que guardar, en cierto momento se exportaba justo para mover la planta. Pero necesitábamos mantener al cliente.
-¿Qué perspectivas hay de recuperar esos mercados?
-No sé, porque no depende de nuestro Gobierno o país, depende de la economía mundial que aparentemente está arrancando, a pesar de todos los problemas, pero vamos a tener algunos años de crecimiento global, a lo mejor nosotros podemos acoplarnos a esto.
-¿Cuénteme algo de usted?
-Yo nací en Buenos Aires, pero hace 81 años, acá no había médico, no había nada. Esto era todo selva. Vine con mi padres, mi padre vino en 1926 y fundó la colonia junto con otros suizos, años más tarde se casó y después vinieron los chicos. Hice la escuela acá, me siento misionero.
-Qué reflexión le merecen todos estos años.
Misiones es mi casa, mi provincia, mi mundo, mi hogar. Hemos sido participes en todo el crecimiento, hace 91 años que vino mi papá junto con otros colegas y han hechos muchas cosas, muchas veces han tenido mala suerte y no les fue tan bien y otras veces les fue mejor y hemos vivido todas las experiencias. Con la yerba, vino la cupificación, la superproducción.
-Siguen con el secadero de yerba.
-Sí, tenemos un secadero, es una actividad que sigue siendo importante. Hoy explica el 15 o 20 por ciento (de nuestros negocios), y eso es continuo, lo otro es un poco por temporada.
-Ya tienen el know how, ¿no piensan en hacer negocios con otra planta de biomasa más grande?
-Nosotros ese negocio lo conocemos bastante bien ahora, hay que ver si las condiciones externas dan, se podría pensar, pero es muy grande la inversión y muy compleja, digamos que de todas las inversiones para generar energía esta es la más cara, porque la eólica o solar implica mucho menos inversión y es más rápida. Esto genera más mano de obra. Acá en toda la empresa tenemos más de 200 personas.

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