Pindó

Misiones Productiva: “Sin crédito barato y con alta carga impositiva, es imposible competir”, afirmó Rafael Scherer

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En medio del debate por la reconversión productiva en Misiones, el empresario forestal Rafael Scherer, socio gerente de Pindó, puso el foco en un problema de fondo: la competitividad. Durante una jornada donde se discutieron alternativas para diversificar la producción, el dirigente planteó que sin crédito accesible ni una baja de la presión impositiva, el sector seguirá limitado. La pregunta que sobrevuela es directa: ¿puede Misiones cambiar su matriz productiva sin modificar las reglas nacionales, provinciales y municipales que hoy condicionan al productor?

Regulaciones, crédito caro y una estructura que no cierra

Scherer participó de un encuentro en el que se analizaron modelos productivos, especialmente de Brasil, con la intención de replicar esquemas que permitan mejorar la rentabilidad y frenar el éxodo rural. Sin embargo, advirtió que el principal obstáculo no es técnico ni productivo, sino estructural.

“El problema sigue siendo el mismo: no hay acceso al crédito y hay demasiadas regulaciones que se superponen”, resumió. En su diagnóstico, el exceso de trámites y registros no solo no aporta valor, sino que genera costos adicionales y errores operativos. “Terminamos haciendo más trabajo administrativo que productivo”, señaló.

El financiamiento aparece como otro cuello de botella. Según explicó, en Misiones el crédito “es más caro por la carga impositiva, especialmente por las alícuotas de Ingresos Brutos que también afectan a quienes otorgan préstamos”. Esa estructura se traslada directamente al productor. “Hay que pensar seriamente en bajar impuestos. No queda otra”, insistió.

Desregulación nacional: avances parciales y expectativas abiertas

Consultado sobre el impacto de las medidas del Gobierno nacional, Scherer reconoció mejoras puntuales, aunque lejos de un cambio estructural. En particular, destacó avances en comercio exterior: “Exportar, cobrar y pagar se facilitó mucho”.

Sin embargo, aclaró que ese alivio no se tradujo todavía en una mejora integral para el sector productivo. “Queremos estar más libres, pero todavía hay mucho lastre”, graficó. El resultado, para el empresario, hasta ahora es un esquema híbrido: mejoras puntuales en apertura externa, pero sin un cambio estructural en costos internos ni en presión impositiva.

En cuanto al crédito, señaló que en los últimos meses comenzaron a aparecer opciones con tasas “relativamente lógicas”, aunque vinculó esa mejora más a la disponibilidad de liquidez en el sistema que a cambios de fondo en la política económica.

Mercado interno débil y un contexto global adverso

El escenario se complejiza por fuera de las fronteras. Scherer describió una situación internacional inestable, con conflictos que impactan en la demanda y generan cancelaciones o cambios abruptos en los pedidos.

“Hay una crisis grave a nivel mundial que nos está afectando en forma directa”, afirmó. A diferencia de otros momentos, el sector forestal ya no encuentra en el mercado interno un respaldo para compensar la caída externa. “Antes era un refugio. Hoy está muy dispar: hay lugares donde no se vende nada”, explicó.

En ese contexto, el foco exportador se mantiene en Asia y Norteamérica, con Estados Unidos como principal referencia global para la madera. Europa, en cambio, no aparece como un destino relevante en el corto plazo.

Inversión en pausa y decisiones atadas a la política

Más allá de la coyuntura económica, Scherer introdujo un elemento político en el análisis: la falta de previsibilidad. “No se van a tomar grandes decisiones hasta que se consolide el rumbo”, advirtió.

Para el empresario, la incertidumbre no responde solo a variables económicas, sino a la falta de definiciones claras sobre el proyecto político. Esa combinación retrasa inversiones y obliga a las empresas a adoptar una lógica defensiva: reducir costos antes que expandirse.

“La reconversión va a ser una constante. Cuando las cosas no van bien, lo primero que hacés es ajustar gastos. Pero eso no alcanza si no podés vender más”, explicó.

Un reclamo que atraviesa niveles del Estado

El planteo de Scherer no se limita al ámbito nacional. También incluye a provincias y municipios, donde —según indicó— tampoco se observa una baja significativa de la presión fiscal.

“No hemos visto que ningún nivel del Estado haya reducido impuestos de forma importante”, sostuvo, y recordó que en otras etapas de crisis hubo reacciones más rápidas desde la política.

El reclamo es transversal: menos impuestos, menos burocracia y más acceso al financiamiento. Sin esas condiciones, advierte, cualquier intento de diversificación productiva queda condicionado.

Entre la necesidad de cambio y la falta de condiciones

El diagnóstico del sector forestal expone una tensión que atraviesa a toda la economía misionera: la necesidad de reconvertirse frente a un escenario cambiante, pero sin las herramientas necesarias para hacerlo.

La discusión ya no pasa solo por qué producir, sino bajo qué reglas. En ese equilibrio, el margen de acción del sector privado aparece cada vez más acotado. Mientras tanto, las decisiones de inversión siguen en pausa.

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Un viaje al corazón de Pindó: energía al mundo

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La madera produce una extraña melodía al salir de la cinta y chocar con otras piezas idénticas. La cinta no se detiene. El movimiento dentro de la enorme planta, tampoco. Hay otros ruidos más potentes. La sierra, troncos transformándose. Cientos de operarios concentrados cada uno en su tarea. Algunos parapetados tras los monitores controlando que cada paso se cumpla a la perfección. Es una planta enorme, que alberga a unos 600 trabajadores que hacen de Pindó una potencia que gana presencia en el mundo.

Pese a las toneladas de madera trabajadas hora a hora, Pindó no es una empresa que pueda clasificarse sencillamente como forestal. Desde su génesis, con la fusión de diversas empresas de Puerto Esperanza, allá por 1976, la empresa liderada ahora por los hermanos Rafael y Andrés Scherer, es forestal, pero también yerbatera. Además custodia bosque nativo y casi “por diversión”, comenzó una “pequeña” producción de árboles frutales. Es también modelo de eficiencia energética, con su planta de generación por biomasa, que fue reconocida por la ONU y que le valió la emisión de más de 40 mil certificados de reducción de emisiones que ahora puede negociar en el mercado global. Pindó es todo eso. Y trabaja para completar el ciclo de la economía circular con el aprovechamiento de los últimos residuos de la biomasa forestal, que se vuelven a aprovechar como bioinsumos.

Fundada en 1976 por descendientes de inmigrantes suizos, la compañía está a punto de cumplir medio siglo con una estructura integrada que combina su propio vivero, yerba, energía y gestión ambiental, y un impacto productivo que la posiciona entre las empresas más innovadoras del país.


Pindó nació con el impulso pionero de reforestar con pino, araucaria y yerba mate, y hoy maneja plantaciones propias y de terceros, con una división de I+D que combina genética, eficiencia industrial y economía circular. El cuidado del suelo es clave en todo el proceso.
El vivero, que hace diez años llegó a ser el más grande del mundo en producción de yerba mate, alcanzó un récord de cuatro millones de plantines anuales entre pino y yerba. “Vivimos del campo y del monte, por eso la sustentabilidad no es una estrategia: es una forma de vida”, resume Rafael Scherer, uno de los hermanos al frente de la firma.

La compañía emplea 620 trabajadores en forma directa e indirecta -es el segundo empleador de Puerto Esperanza- y articula con 600 proveedores activos, en una red que abarca desde pequeños productores hasta gigantes forestales como Arauco, a la que le provee chips.
Pindó produce 7000 toneladas anuales de yerba propia, con 739 hectáreas cultivadas, de las cuales 168 son orgánicas. “Hacemos yerba desde 1990, con secadero propio, y mantenemos una relación comercial de más de 25 años con la cooperativa Colonia Liebig,”, detalla Scherer. La cooperativa correntina, con su marca Playadito que es líder en el mercado, hoy le compra más del 90 por ciento de la producción yerbatera.


La empresa diversificó además su matriz agroindustrial con cuatro hectáreas de maracuyá y una de frutos rojos, que generan 110.000 kilos de fruta y 40.000 kilos de pulpa congelada al año. “Incorporamos esta línea porque creemos que el futuro también pasa por los alimentos de origen natural y local, con trazabilidad y valor agregado”, explica.

“Es muy divertido y va muy con la filosofía de la empresa, que es darle valor a los productos de la tierra sin dañar el medio ambiente. Básicamente empezó como un proyecto de de frutas tropicales, de frutas locales, tenemos pitanga, maracuyá, darle valor a eso y después se fueron agregando otras frutas. La idea es que esto crezca y que tengamos un grupo de productores que nos acompañe y que tenga más margen bruto por hectárea de lo que puede hacerlo con un cultivo tradicional. Por ahí la limitante es que los mercados son un poco chicos y entonces no puedes crecer demasiado ni rápido. Pero manejándolo bien, creo que podemos llegar a hacer un lindo proyecto”, detalla Scherer.

El salto energético: de la biomasa al carbono

La creación de Pindó Eco-Energía, en 2016, marcó un antes y un después. La planta transforma los residuos del aserradero y del proceso forestal en energía limpia. “Aprovechamos la biomasa que antes quedaba acumulada y contaminaba”, señala Ana Lucía Ortiz, coordinadora de gestión del cambio.
La compañía genera 3.700 kWh por hora, con una capacidad instalada de 4 megavatios, de los cuales 2 megas se inyectan de manera constante al sistema eléctrico nacional. En nueve años, la planta produjo más de 225.000 megavatios, consolidando un modelo energético autosustentable.

El impacto ambiental fue verificado por la ONU: Pindó obtuvo 43.803 certificados de reducción de emisiones (bonos de carbono) bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el primer proyecto de este tipo en Argentina.


“Cada bono representa una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera -explica Ortiz-. Aspiramos a venderlos a unos 15 dólares por unidad, aunque el valor dependerá de la demanda y del volumen que necesite compensar el comprador. No se trata solo de una cuestión económica, sino de validar internacionalmente una forma de producir energía limpia desde Misiones”.

Con esos bonos, Pindó aspira a sumar una nueva fuente de ingresos vinculada directamente al impacto positivo de su operación. “Es un reconocimiento a nuestro trabajo, pero también una señal para otras empresas argentinas: se puede competir globalmente desde un modelo sustentable”, agrega Ortiz.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

Ese círculo se completa con el biochar, un subproducto obtenido del residuo forestal carbonizado que se reincorpora al suelo como bioinsumo, mejorando su fertilidad y reduciendo la huella ambiental.
El biochar es un carbón vegetal producido a partir de biomasa orgánica, como restos de madera o agrícolas, mediante un proceso termoquímico llamado pirólisis en ausencia de oxígeno. Se utiliza principalmente como enmienda para el suelo, mejorando su fertilidad, capacidad de retener agua y nutrientes, y como un método para secuestrar carbono de la atmósfera. “Nada se pierde: todo vuelve a la tierra”, dice Scherer.

Pindó logró multiplicar por catorce su facturación inicial, manteniendo una gestión integrada que va del árbol al producto final. La empresa trabaja sobre “los mejores suelos de la provincia”, con un rendimiento promedio de 36 metros cúbicos por hectárea, por encima del estándar nacional (25-30 m³/ha).
“Usamos semillas de Australia y, junto al INTA, desarrollamos un híbrido local de alto rendimiento”, explica Scherer. “Logramos un 52 % de aprovechamiento del rollo, lo que significa 155 pies por tonelada (el resto se transforma en chips). Procesamos entre 30 y 35 equipos por día, unos 1.800 rollos por turno de 12 horas”.

En el aserradero, la producción se orienta a mercados globales exigentes -la empresa mantiene presencia en China, Estados Unidos, Canadá, México, India y Vietnam-. “Exportamos madera rústica a China y al sudeste asiático, que luego vuelve a Estados Unidos más barata”, relata el empresario. Además, aunque reconoce que hay una ventana de oportunidades, todavía no sienten el efecto de la suba de aranceles que aplicó Donald Trump a Brasil, un competidor directo. “Es un ciclo global extraño -admite Scherer-, pero hoy los precios internacionales están bajos y la demanda floja. Todavía no sentimos el efecto de los aranceles, aunque el mercado sigue inestable”.

Scherer no elude la situación económica del país al analizar el flujo de producción y asegura que uno de los problemas de la Argentina es que “fluctúa demasiado”.

“Se va a la derecha, a la izquierda, se va a expansión monetaria, después se va a retracción y como empresa es muy difícil manejarse en contextos tan cambiantes. Pero hoy por hoy todo el mundo está así, así que capaz el mundo se estuvo argentinizando. Hoy estamos en todos lados, así”, analiza.

Durante la entrevista con Economis, Scherer menciona en varias oportunidades la filosofía de la empresa. Y no es otra que siempre ir “corriendo las metas”.

“El éxito no se mide en cómo estás ahora. Hoy se podría decir que estamos donde queríamos estar y estamos viendo a dónde queremos estar más adelante”, argumenta. “Uno tiene que ser inconformista. Lo que tenés que disfrutar es el camino y no la meta. La meta es es un punto para pararte y para mirar a dónde vas a seguir yendo, pero no no es que llegaste a algún lado y tienes que estar conforme”.

Reservas, biodiversidad y visión de futuro
Además del complejo industrial, Pindó administra cuatro reservas prioritarias de conservación que protegen ecosistemas nativos en la zona norte de Misiones. Allí se aplican planes de manejo sostenible que combinan regeneración natural y conservación de biodiversidad.

“Las araucarias nos dieron de comer -recuerda Scherer-. Son parte de nuestra historia. Pero el futuro exige eficiencia y adaptación: el romanticismo no alcanza si la industria pide otra cosa.”

Con una estructura diversificada y una fuerte inversión en innovación, Pindó consolidó un modelo productivo donde la eficiencia energética, la reforestación certificada y la investigación científica son parte de un mismo sistema.

“Todo lo que hacemos, lo hacemos al revés -bromea Scherer-. Pero si eso significa probar, aprender y crecer, entonces vale la pena”.

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Pindó ingresa al mercado regulado de carbono con 43.803 certificados de la ONU

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La empresa misionera Pindó SA, con casi cinco décadas de trayectoria en el desarrollo forestal, agroindustrial y energético, alcanzó un nuevo hito que reafirma su modelo de gestión sustentable. La compañía obtuvo 43.803 Certificados de Reducción de Emisiones (CERs), conocidos también como bonos de carbono, bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Cada certificado equivale a una tonelada de dióxido de carbono que no llegó a la atmósfera gracias a la generación de energía limpia.

Desde 2016, Pindó SA opera su planta de generación eléctrica a partir de biomasa forestal, un proyecto pionero en Misiones que reemplaza combustibles fósiles por recursos renovables provenientes de su propia actividad productiva. En nueve años, la iniciativa permitió generar más de 225.000 MWh de energía renovable y acumular más de 72.000 horas de operación, evitando la emisión de decenas de miles de toneladas de gases de efecto invernadero.

El reconocimiento de la ONU, concretado en julio de 2025 con la emisión de los certificados, otorga a Pindó SA un lugar destacado en el mercado regulado de carbono, un esquema que aporta transparencia y credibilidad a través de auditorías internacionales en cada etapa del proceso. Para la empresa, este paso significa no solo una validación técnica de sus prácticas, sino también un posicionamiento estratégico en un mercado global cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

“Los certificados ratifican que nuestras acciones concretas de sustitución de fósiles por biomasa local tienen un impacto real en la reducción de emisiones. Este logro no es solo de PINDÓ, sino también de Misiones y de la Argentina”, destacaron desde la compañía.

La filosofía empresarial que guía a PINDÓ va más allá de un proyecto energético: la sustentabilidad forma parte integral de todas sus unidades de negocio. Desde las plantaciones forestales certificadas bajo PEFC hasta la industrialización de la madera con estándares internacionales, pasando por la producción agroindustrial de yerba mate y pulpa de frutas, cada iniciativa conjuga innovación, cuidado ambiental y compromiso con la comunidad.

En palabras de la propia empresa, la obtención de los 43.803 CERs es la confirmación de un camino: “La sustentabilidad no es una meta aislada, sino parte de nuestra forma de producir y crecer. Como empresa familiar, seguiremos desarrollando proyectos que integren innovación, cuidado del ambiente y compromiso con la comunidad, porque creemos que ese es el verdadero legado para las próximas generaciones”.

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Puerto Mate, la bebida desarrollada por la misionera Pindó en Suiza que busca conquistar a los “gringos”

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La empresa misionera Pindó desarrolló una bebida en alianza con la firma Suiza Intelligent Food que busca conquistar los mercados no tradicionales para la yerba mate, como Europa y los Estados Unidos.

Se llama “Puerto Mate” y es una bebida como el te frío bebile, pero a base de yerba mate, que se elabora con una yerba con molienda especial -de un milimetro de granulometría, libre de polvo y palo- que Pindó prepara especialmente para enviar a Suiza.

Pindó participó junto a otras 9 yerbateras misioneras de la feria New York Summer Fancy Food en la que este sector mostró el primer esfuerzo de envergadura en empezar a conquistar con la yerba mate mercados no tradicionales, que no consuman la infusión con la bombilla, el mate y el termo sino bajo otras formas.

Nacida hace más de 50 años en Puerto Esperanza, Pindó -fundada por la familia de origen suizo Scherer- es fuerte en forestación y fue noticia hace poco por ser la primera empresa de la provincia que se adjudicó un contrato Renovar, ya que produce energía a base de biomasa.

Ahora es noticia por innovar en el mercado de las bebidas.

En la web oficial del producto, los suizos hacen hincapié en el tradicional “tereré”, en las propiedades de la yerba mate y en el origen de la materia prima. El producto suizo no es el primero en el mercado, pero si apunta al segmento de las bebidas energizantes naturales y de las infusiones frías. Con un packaging novedoso y descartable, apuntó el portal Frontera Jesuita.

Además de “Puerto Mate” la empresa suiza tiene “El Tony Mate”, otro producto a base de yerba mate con dos presentaciones, una con guaraná y otra con jengibre. Dos blends para un público joven y ávido de consumir yerba mate como energizante. Intelligent Food ya tiene en el mercado otra bebida energizante bajo la marca “Monday”.

Rafael Scherer, gerente general de Pindó S.A. este año participó de la delegación de yerbateros que viajó a Estados Unidos, para estar en el stand del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La empresa misionera busca abrir mercado como proveedor de materia prima para el segmento de bebidas energizantes o infusiones.

Fuente: Frontera Jesuita. Fotos: Intelligent Food

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Por la corrida cambiaria, se frenó una inversión de u$s 7 millones para producir energía de biomasa en Cerro Azul

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La crisis cambiaria y financiera que vive la Argentina tiene su correlato en la economía real. No sólo por el enfriamiento de la actividad, sino también por los proyectos nuevos que quedan paralizados ante el panorama de incertidumbre y las turbulencias en los  mercados que hacen que nadie quiera tomar riesgos.
El ambicioso proyecto para instalar una planta generadora de energía a partir de la biomasa en Cerro Azul, impulsado por empresarios santafecinos, quedó paralizado por el actual contexto económico, justo cuando estaba todo listo para que se firmasen los contratos y se comenzara con la construcción de la moderna planta.
“Se nos complicó el financiamiento que teníamos negociado con tres entidades, se trata de una inversión de 7 millones de dólares, que llega a 8 millones de dólares si computamos los impuestos”, dijo hoy a Economis, René Mangiaterra.
Mangiaterra es un de los dueños de Molino Matilde, que produce y exporta harina y alimento balanceado desde la pequeña localidad homónima, distante a 40 kilómetros de la ciudad de Santa Fe.
Con inversiones forestales en Aristóbulo del Valle, Almafuerte, Dos Arroyos y 25 de Mayo, Mangiaterra y otros socios de Molino Matilde armaron el proyecto MM Bioenergía y en noviembre pasado se adjudicaron un contrato bajo el programa Renovar por el cual iban a proveer 3MW al sistema interconectado.
Se trata de energía producida a partir de los desperdicios forestales de la zona. En esta ronda 2 del programa Renovar, MM Bioenergía fue el único de los 20 proyectos de bioamasa radicado en Misiones.
Pero por las turbulencias y el incierto panorama económico, aún no se pudo firmar el contrato con CAMMESA, que garantiza la compra de energía por 20 años a un precio ya estipulado. La entidad que rige el mercado mayorista no quiere firmar en este momento más contratos en dólares. Y sin el contrato, no se puede avanzar con los acuerdos para financiar la inversión.
Pero además, el panorama financiero es tan incierto que algunos bancos dudan de prestar el dinero -son líneas en dólares- incluso si estuviera el compromiso de CAMMESA firmado.
“Nosotros tenemos armado el financiamiento de la inversión con tres bancos, el Banco Bica (santafecino), el BICE y el Banco Macro, además de los proveedores de equipos de origen alemán que también nos iban a otorgar facilidades”, señaló.
Algunos bancos pusieron en tela de juicio hasta qué punto CAMMESA se puede comprometer a pagar un compromiso en dólares a 20 años, teniendo en cuenta la escasez de divisas que aqueja a la Argentina y el incierto panorama hacia el futuro.
“El proyecto implica vender 21.000 MW por año a un valor de 160 dólares el MW”, explicó Mangiaterra. Es decir, una facturación cercana a los 3,36 millones de dólares al año durante dos décadas.
MM Bioenergía ya tiene las tierras para instalar la planta de biomasa y se sometió a audiencias públicas donde participó la comunidad de Cerro Azul, que apoya la llegada de la inversión. La planta de MM Bioenergía generará 14 puestos de trabajo directos y otra media docena en la playa de manejo de chips.
“Además de muchos trabajos en el monte, con el raleo que hoy en muchos casos no se está utilizando, tenemos acuerdos con aserraderos y forestadores y en los próximos días voy a hablar con ellos para explicarles la situación”, señaló el empresario.
“Estábamos muy entusiasmados con este proyecto, dedicamos mucho tiempo y llevamos invertidos varios millones de pesos, tenemos listo el proyecto técnico, ganamos el contrato Renovar en la licitación, hicimos las audiencias públicas”, explicó.
“Pero yo no puedo poner en riesgo a Molino Matilde, a una empresa que tiene 126 años de antigûedad por un proyecto donde no estamos acompañados por nuestras fuentes de financiamiento, ahora vamos a esperar 60 días, a ver si el panorama mejora”, aventuró, explicando de alguna manera la decisión de los socios de no arriesgar más capital propio del conveniente.
Dudas ante la incertidumbre
Las dudas que aquejan a los actores en el actual contexto son las mismas: una cosa es firmar un compromiso a 20 años en moneda norteamericana cuando las aguas están calmas. Pero muy distinto es cuando reina la incertidumbre. Ahí todo el mundo empieza a dudar. Los bancos dicen: ¿me pagará MM Bioenergía? Mangiaterra dice: ¿me cumplirá CAMMESA? Que a su vez dice: ¿podré cumplir un contrato de compra de energía a 20 años?
Ingresos Brutos, otra traba
El empresario también se quejó por la carga impositiva provincial, otro motivo que lo hace dudar de avanzar con la inversión.
“Estuvimos haciendo las gestiones para estar excentos de Ingresos Brutos, pero no lo logramos y no sólo eso, con el Pacto Fiscal nos subieron la alícuota de 3,5 a 5% para energías renovables, así no nos conviene invertir”, señaló.
El status de un proyecto como MM Bioenergía es una muestra más de lo difícil que es captar una inversión y generar trabajos genuinos en la Argentina. Sobre todo porque un proyecto con el respaldo de un contrato Renovar, parecía un negocio a “prueba de balas” hace un tiempo, cuando las variables económicas no estaban tan complicadas.
Por un lado, se trata de producir algo que a la Argentina le va a faltar y tiene demanda asegurada: energía. Por otro lado, cuenta con un contrato a 20 años en moneda dura garantizado por CAMMESA. Pero lo más importante, quizás, es que Misiones -junto a Corrientes- es algo así como la “Arabia Saudita” de la biomasa.
Aún con todas estas ventajas competitivas, el negocio quedó frenado y el panorama hacia el futuro es incierto.
El eventual fracaso del proyecto de MM Bioenergía también sería un duro golpe para la provincia, que tiene todo el potencial para generar energía a partir de desperdicios forestales, pero por “h” o por “b” no logra concretar en proyectos todas esas ventajas.
En la Ronda 1 del programa Renovar, la forestal Pindó (Puerto Esperanza) fue el único proyecto de origen misionero que se adjudicó un contrato. Pero la realidad es que la empresa de la familia Scherer ya había decidido realizar la inversión mucho antes de que Macri llegara al Gobierno y se lanzara el programa Renovar. Una vez que tuvo todo en marcha logró entrar en el programa y vender la energía a CAMMESA.
Otras empresas como Arauco Argentina también generan energía a partir de la biomasa e inyectan el excedente al sistema interconectado, aunque no bajo los programas Renovar.
MM Bionenergía sería el primer proyecto elaborado de cero a partir de este programa que busca impulsar la generación limpia de electricidad. Sin embargo en la ronda 2 del Renovar se presentaron 228 proyectos de distintas fuentes (solar, eólica, pequeñas hidroeléctricas, biomasa y biogas). De los 20 proyectos de biomasa, solo MM Bioenergía era de Misiones.
¿Podrá Misiones alguna vez desarrollar su potencial en la generación de energía por biomasa? ¿Podrá la Argentina estabilizarse y ver florecer proyectos de este tipo? Si un negocio como la generación de energía por bioamasa en Misiones no puede concretarse, ¿qué queda para otros proyectos con menos ventajas competitivas?

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