El Gobierno afirmó este jueves que la pobreza disminuyó al 38,9% en el tercer trimestre de 2024, un dato que surge de un trabajo del Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, través del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (CNCPS).
El cálculo se basa en la publicación del Informe de Distribución del Ingreso (INDEC). A partir de eso, el CNCPS proyectó que en el período que va de julio a septiembre de 2024 la pobreza estuvo en el orden del 38,9%.
“Gracias a la implementación de políticas económicas que han contribuido a reducir la inflación y estabilizar la economía, la pobreza continúa descendiendo en el año, tras haber pasado del 54,8% el primer trimestre al 51% en el segundo, y con proyección del 38,9% para el tercero”, informó la cartera que conduce Pettovello a través de un comunicado.
Descenso contundente de la pobreza, cifras que confirman una mejora trascendental.
Pobreza estimada tercer trimestre 2024: 38,9%. Indigencia estimada mismo período: 8,6%. pic.twitter.com/WbTChD0h7w
El CNCPS proyectó además que la indigencia se ubicó durante este período en 8,6%, después de haber registrado 20,2% en el primer trimestre y 16% en el segundo.
Según el Gobierno, este descenso se explica por dos factores clave: las políticas económicas que lograron equilibrar la macroeconomía y poner un freno a la inflación, y la focalización de transferencias hacia los sectores más vulnerables, directas y transparentes.
“Al inicio de la gestión el 50% de los recursos destinados a las poblaciones más vulnerables se distribuía a través de intermediarios, como Unidades Ejecutoras del programa Potenciar Trabajo, comedores y cooperativas, mientras que el otro 50% se transfería directamente. Hoy el 93,5% de los recursos alimentarios son transferencias directas a las familias que más lo necesitan”, indicaron desde Capital Humano
“Los montos de la Prestación Alimentar llevan acumulados un 137,5% en esta gestión y se extendió la cobertura a más de 600.000 adolescentes de entre 14 y 17 años. Además, la AUH creció un 340% en 11 meses, lo que significa un crecimiento real del poder adquisitivo del 107%”, añadió el Gobierno.
La caída de los ingresos de los ocupados fue más pronunciada entre los sectores bajos. En tanto que los de mayor ingreso aumentaron su participación en el volumen total de la economía.
A poco de cumplirse los primeros 12 meses de la gestión de Javier Milei, la recesión impacta con fuerza en la población, la inflación no cesa y los salarios apenas logran recuperar la caída de los últimos meses. Desde el segundo trimestre de 2023, el poder de compra de los salarios cayó 11% y se amplió la desigualdad debido a una mayor concentración de ingresos en manos de los sectores más ricos.
Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina denominado “Cambios en el bienestar y la distribución del ingreso” advierte que entre el segundo trimestre 2023 e igual período del 2024 se evidenció un empobrecimiento de la población debido a tres factores: la “pérdida de capacidad de consumo en un escenario de alta inflación”, la ausencia de mejoras en los ingresos y el “aumento acelerado de los precios”.
El deterioro en los ingresos afectó a todos los estratos sociales, pero, según el relevamiento, afectó en mayor medida a los sectores más vulnerables. “El estrato más bajo fue el que debió afrontar una caída más significativa de su poder de compra. De esta forma, se amplía la brecha de ingresos en los estratos más bajos con respecto a la línea de indigencia y pobreza”, medida en base a la canasta básica alimentaria y total.
El aumento del desempleo al 7,6% en el segundo trimestre profundizó aún más el impacto en los sectores más vulnerables. Actualmente, más de 1,7 millones de argentinos sufren la pérdida del trabajo. Eso, sumado a las escasas oportunidades para compensar la caída del ingreso real mediante el “auto empleo informal”, incidió directamente en la calidad económica de la sociedad.
“El período 2023-2024 se caracteriza así por un deterioro del bienestar, pero diferenciado al interior de la estructura social”, continúa el informe y agrega: “Todos pierden, pero los estratos más bajos pierden más en términos absolutos y relativos. Esto da lugar a una profunda caída del bienestar económico y a una distribución de los ingresos más regresiva”.
Además, los autores señalan que hubo un descenso en términos reales del volumen de ingresos de los hogares que proviene del mercado de trabajo, como también en los recursos monetarios no laborales. “Se mantienen desigualdades estructurales en lo que refiere a la composición de los ingresos de las unidades domésticas: estratos bajos con mayor dependencia de ingresos no laborales y una mayor participación de ingresos laborales entre los hogares de estratos más altos”, explican.
Caída de los ingresos y aumento de la desigualdad
Si se desagrega el relevamiento entre los ocupados, la pérdida de ingresos es mayor entre aquellos que perciben menores ingresos laborales, en comparación con los que integran los escalones superiores de la población, de acuerdo al análisis realizado por Agustín Salvia, Julieta Vera, Rodrigo Jara y Miranda Correa del ODSA-UCA.
La caída de los ingresos de la población alcanzó el 12% en promedio: en valores constantes, se pasó de $330.658 en 2023 a $289.562 en 2024. La variación “fue insuficiente” para compensar el alza de la canasta básica alimentaria y no alimentaria, por lo que “se generó una pérdida de ingresos reales” entre los argentinos.
La caída en los ingresos fue más significativa en el estrato más bajo. Por ese motivo, los especialistas advirtieron un crecimiento en los niveles de desigualdad. “Esto se refleja en un incremento del índice dedesigualdad de Gini, así como también un leve aumento de las brechas de ingresos entre quintiles extremos”, explicaron. La semana pasada, el INDEC reportó que el coeficiente de Gini creció del 0,417 al 0,436 en el segundo trimestre.
Para graficar el corrimiento en la pirámide económica, el informe indica que durante el segundo trimestre del 2024, el 20% de la población de menores ingresos se apropia de apenas el 5% de los recursos monetarios totales. En tanto que el 20% de mayores ingresos concentra el 49,3%.
En medio de la recesión económica, la capacidad de apropiación de los ocupados que se ubican en la cúspide de la pirámide creció del 44,9% al 48,3% del volumen total de ingresos. Por el contrario, el índice de aquellos que perciben menores ingresos disminuyó del 4,3% al 3,5%. “En este período, las brechas de ingresos de la ocupación principal (Q5/Q1) se incrementaron”, indican.
Pese a la notoria caída de ingresos en relación a 2023, no todas son malas noticias. El informe asegura que en la comparación intertrimestral del primer período del 2024 con el segundo se evidencia, por un lado, “una desaceleración en el ritmo del incremento del precio de los bienes y servicios” y, por otro, “una leve recuperación de los ingresos reales”, principalmente en los estratos más bajos.
La capacidad de compra del ingreso medio real de la ocupación principal aumentó un 7%. Esto se debe a que el mayor crecimiento en los precios se dio en diciembre y enero, cuando la inflación alcanzó picos de 25,5% y 20,6%, respectivamente. En tanto que durante el segundo trimestre, el alza se moderó, pese a que no dejó de crecer.
De todas maneras, aún están lejos de volver a niveles del año pasado. Por lo que lo perdido aún no se recupera. “A diferencia de lo registrado en la comparación interanual, fueron los sectores más desfavorecidos aquellos que exhiben mayores niveles de recuperación del bienestar económico, entre el 1° y 2° trimestre de 2024. Esto en un marco en el cual habían afrontado anteriormente pérdidas significativas en su capacidad de compra”, señalan.
Con una pequeña recuperación, los ingresos promedio registrados en los sectores más bajos de la pirámide “se habrían acercado levemente a los requerimientos básicos alimentarios y no alimentarios necesarios para la subsistencia”. Tal mejora fue “dispar”, indican desde la UCA. Se observó principalmente en los estratos medios, mientras que los bajos “no evidencian recuperación” por lo que la distribución registró “mayor concentración” entre los ocupados de la mitad de la pirámide.
Como consecuencia, el informe observa “un descensode los niveles de desigualdad de ingresos en la comparación entre trimestres sucesivos”. Sin embargo, desde ODSA-UCA aclaran que la comparación se da entre un primer trimestre con aguinaldo y un segundo trimestre sin aguinaldo, por lo que “es esperable que los trimestres con aguinaldo registren mayores niveles de desigualdad”.
Para explicar la leve recuperación, el informe apunta a las fuentes de ingresos externas al mercado de trabajo. “Esto sucede aún con mayor intensidad en los hogares del 1° quintil”, es decir, los de más bajos recursos, en el que los ingresos no laborales “evidencian una mayor recuperación”. La participación de ingresos ajenos al mercado del trabajo mostraron un incremento en el presupuesto de los hogares del estrato más bajo.
Las fábricas de Río Grande, que antes funcionaban 24 horas, ahora cierran temprano. Cómo impacta la crisis y el desempleo, en la zona sur del país.
Río Grande, la mayor ciudad de Tierra del Fuego, enfrenta una crisis económica, con un aumento alarmante en el desempleo y la pobreza. Hace cuatro décadas, la llegada de nuevos trabajadores a esta región patagónica era recibida con ofertas laborales de grandes empresas argentinas que prometían salarios hasta cuatro veces más altos que en otras partes del país. Hoy, el único vuelo diario que aterriza en la ciudad es recibido por desempleados que luchan por sobrevivir, algunos conduciendo Uber y compitiendo con taxistas por tarifas que no superan los 5 dólares.
Los que aún tienen trabajo se trasladan hacia fábricas que ensamblan productos electrónicos, como teléfonos Samsung y sistemas de aire acondicionado. Sin embargo, muchas de estas fábricas han reducido su actividad, cerrando a primeras horas de la tarde. Según la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (AFARTE), la producción en el sector ha caído casi un 50% en el primer semestre del año.
La provincia ha experimentado una de las mayores pérdidas de empleo en el sector privado desde que Javier Milei asumió la presidencia, con un 10% de los aproximadamente 37,900 puestos de trabajo desapareciendo en pocos meses. “La situación es bastante triste en comparación con hace un año”, afirmó Pablo Blanco, senador nacional por la provincia.
El crecimiento de la pobreza ha sido drástico, aumentando del 32% al 50% en los primeros meses de 2024. Las exenciones fiscales otorgadas a las empresas hace más de 50 años han mantenido la industria en la región, pero las políticas de austeridad de Milei están provocando un impacto negativo significativo en la economía local.
La ciudad plenamente industrial carece de lugares turísticos que propicien otro tipo de actividad. Además, es la pesadilla de un urbanista: una amalgama de casas móviles de latón y residencias de madera de una sola planta sobre suelo industrial y fábricas gigantescas que se desparraman sobre zonas residenciales.
En invierno, la gente practica deportes de interior o se queda en casa, acurrucada cerca de sus estufas de leña. Requiere cierta dureza aguantar lo peor, tanto en la vida como en el trabajo.
Aunque algunos empresarios, como Juan Pablo Guaita, gerente de Aires del Sur, esperan una recuperación gracias a nuevas opciones de financiación, la incertidumbre persiste. El sector informal también ha sido golpeado, perdiendo más de 500,000 empleos en el primer trimestre de este año, lo que ha llevado a que la preocupación por el desempleo supere a la inflación en la lista de inquietudes de los votantes.
Mientras tanto, en su fábrica en el corazón de Río Grande, 160 trabajadores sueldan tubos de cobre, ensamblan piezas en miniatura en paneles de control y las encajan en armaduras de plástico enviadas desde China. La cifra es superior a los 140 trabajadores de antes, pero ni de lejos se acerca a los 420 que emplean durante la temporada alta de verano.
“No sabremos si estamos de acuerdo o no con todo lo que estamos viviendo hasta el final”, añadió Guaita.
Guaita, de Aires del Sur, admitió que “abren la importación y vos te fundís”, pero señaló que los funcionarios del gobierno de Milei habían visitado el polo industrial con más frecuencia que ningún otro gobierno en la historia reciente.
El caso de Tierra del Fuego es una anomalía en muchos sentidos. La materia prima necesaria en la manufactura llega por barco a Buenos Aires antes de iniciar un viaje de 3.000 kilómetros hacia el sur, a través de pastizales llenos de ovejas y vacas que en el pasado impulsaron la economía argentina. A continuación, los productos se envían de vuelta a la capital. No es de extrañar que los productos electrónicos cuesten en Argentina entre dos y tres veces más que en el vecino Chile.
El gigante argentino de la electrónica Mirgor —que opera en la isla extensas plantas de alta tecnología que producen sistemas de control climático para empresas como Ford y Volkswagen, además de teléfonos para Samsung — como parte de un esfuerzo para reinventar la economía de Tierra del Fuego, comenzaría la construcción de un puerto de US$500 millones a 24 kilómetros al norte de la ciudad en los próximos seis meses. El objetivo es no solo aminorar la pesadilla logística, sino servir de puerto de abastecimiento a la Antártida y ayudar a embarcar el abundante petróleo y gas.
“En estos 40 años que tiene historia Mirgor, ha sabido pasar todas las crisis y todos los momentos”, dijo desde Buenos Aires Juan Donal, vicepresidente de asuntos corporativos de la empresa. “Esto es una más y vemos que está pasando”.
Mientras tanto, en las calles de Río Grande, la comunidad intenta adaptarse a esta dura realidad. María Elizabeth Leyes, quien dirige un comedor comunitario, destaca la creciente necesidad de apoyo alimentario en la ciudad, donde la ayuda social ha disminuido significativamente.
“Ya veníamos mal. Entonces, supongo que la gente se cansó”, explica sobre la inesperada victoria de Milei. “La gente, acostumbrada a otro pasar acá, creyó en este hombre que dijo que iba a sacar a la casta. No sabían que iba a empezar por ellos mismos”.
El suyo es uno de los 72 comedores sociales de la ciudad, de unos 98.000 habitantes. Lo que antes donaban las familias de clase media, ahora lo llevan a los mercados de fin de semana para obtener ganancias, y las aportaciones de los mayoristas de alimentos han disminuido de lotes semanales a un goteo mensual, dice. A medida que Milei recortaba las transferencias discrecionales a las provincias, los presupuestos para programas de ayuda social también han desaparecido. “Va a llegar un momento que la gente no le va a dar más el cinturón para decir ya está”, dijo Leyes. “Lo que pasa es que todavía tira”.
Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, atribuye la derrota de su partido ante Milei a la incapacidad para calmar la inflación. Con un gobierno que no lleva mucho tiempo en el poder, la gente aún tiene esperanzas, según Melella, ex alcalde de Río Grande. “Cuando la gente vea que no hay crecimiento, no hay avance, no empiece a vivir mejor, y ahí se va la paciencia”, dijo.
En el último informe del INDEC, la pobreza en Argentina alcanzó un alarmante 52,9% de la población, marcando el mayor aumento en dos décadas. Este dato ha generado un fuerte debate entre economistas, políticos y expertos en política social.
Para comprender mejor las causas y las implicaciones de esta situación, Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), ofreció un análisis detallado de la crisis y sus repercusiones en una entrevista reciente del programa “Dato sobre dato” de FM Milenium,
Salvia explicó que si bien el aumento de la pobreza tiene múltiples factores, el deterioro del modelo económico basado en el consumo y el endeudamiento ha sido uno de los principales detonantes. “El modelo de la convertibilidad estaba agotado ya hace 10, 12 años. No es solamente culpa de un gobierno, ya venía colapsando con Cristina Fernández de Kirchner y continuó durante los años de Macri”, explicó.
Según el especialista, este ciclo se caracterizó por “burbujas de consumo insostenibles”, que derivaron en graves devaluaciones en 2014 y 2018, impactando negativamente a la economía real.
Los datos son claros: en 2011-2012, la pobreza alcanzó un mínimo de 25%, pero hoy se ha disparado al 52,9%. Salvia apunta que este incremento no es solo un fenómeno reciente, sino el resultado de una tendencia que se ha consolidado en los últimos años: “En 2017, bajo la presidencia de Macri, la pobreza también llegó al 25%, pero la devaluación de 2018 y los problemas estructurales que venía arrastrando el país hicieron que esa cifra fuera insostenible”, comentó Salvia.
Además, indicó que la situación se agravó aún más en el primer trimestre de este año debido a la liberalización de precios y la devaluación que aplicó el gobierno: “Un efecto de devaluación sin compensación inmediata en los salarios tuvo como correlato un fuerte aumento de la pobreza por ingresos“, señaló el experto.
A su vez, el crecimiento de la indigencia también ha sido notorio, la tasa pasó del 12,3% al 18,1%: “En enero y febrero, la indigencia superó el 20%, sobre todo en sectores informales y vulnerables que no pudieron absorber el golpe de la inflación y la devaluación”, destacó.
El Observatorio de la Deuda Social de la UCA ya había anticipado este escenario a través de micro simulaciones basadas en datos preliminares: “El ajuste y los cambios en el sistema de precios afectaron fuertemente a la construcción, la industria y el comercio, lo que explica en parte el aumento de la pobreza”, explicó.
Esto termino por consolidar una “nueva capa de pobres estructurales” con creciente dependencia a los programas sociales, lo que paradójicamente genera más precariedad en lugar de alivio: “Hoy los pobres de ese 30% crónico y estructural son más pobres que antes en términos de seguridad alimentaria, hídrica y capacidad de inversión en capital humano”, afirmó.
Este fenómeno, según Salvia, refleja que el mercado ya no es capaz de resolver los desequilibrios sociales. “Parece ser que esta población está cristalizada y va a necesitar ser subsidiada y apoyada por mucho más tiempo”, agregó.
Aunque el gobierno ha intentado mitigar el impacto de la crisis con programas como la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar, Salvia es claro: estas medidas no son suficientes. “Una familia tipo con dos hijos que recibe un plan social y la tarjeta alimentar solo percibe alrededor de $250.000, lo cual no cubre ni la mitad de la canasta básica alimentaria”, destacó el economista.
Además, subrayó que el aumento en los precios de servicios esenciales como el gas, la electricidad y el transporte ha neutralizado cualquier mejora en los ingresos de las familias. “Aunque se recuperaron algunos ingresos gracias a la actualización de haberes jubilatorios y salarios, las tarifas de servicios públicos aumentaron tanto que las clases medias y bajas no lo sienten en el bolsillo”, explicó.
A pesar de este sombrío panorama, Salvia señala que hay una leve mejora: “La estadística de pobreza sigue bajando, pero no necesariamente refleja una mejora real, ya que los servicios públicos y el combustible han aumentado de manera desproporcionada”, comentó.
El director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA destacó que, si bien hay indicios de que la situación podría estabilizarse, el verdadero problema radica en la pobreza estructural que deja este proceso. “Lo que queda es un mar de fondo: una nueva capa de pobres que son más vulnerables que antes y dependen cada vez más de los subsidios, en un país donde el mercado no genera las oportunidades suficientes”, concluyó.
Los datos de pobreza difundidos por el INDEC correspondientes al primer semestre del año no sorprendieron a muchos, pero no dejan de marcar un escenario realmente problemático que pareciera no tener mejoras sustanciales en el corto plazo. A nivel país, la pobreza tocó un máximo en 20 años y no hubo aglomerado urbano, salvo CABA, donde la pobreza no haya superado el 40%. Cuando se analizan las evoluciones, más allá del número final, se observa con mucha precisión el durísimo impacto de las condiciones económicas sobre las condiciones de vida de los argentinos. Hubo rincones del país donde la pobreza saltó 20 puntos de un semestre a otro y también lugares donde saltó más de 30 puntos contra el año anterior.
Recordemos en primer lugar que la nueva serie de medición de pobreza se inició en 2016, una vez “normalizado” el INDEC tras la intervención política del organismo durante el segundo mandato de Cristina Fernández. Cuando se reinició esta medición, hubo un ajuste metodológico clave: se la hizo más “exigente”, traducido esto en que se cambió la forma de contrastar ingresos respecto a la canasta básica. Si bien la manera de relevar ingresos se mantuvo constante, se realizó un ajuste sobre la composición de las canastas, haciéndola más abarcativa al incluir más bienes y servicios. ¿Qué significa esto? Pongámoslo en un ejemplo gráfico. Previo al 2016, la canasta utilizada para determinar el valor de la línea de pobreza era, supongamos, equivalente a un carrito lleno de supermercados. Tras el cambio en 2016, a ese carrito se le sumó otro: se le agregaron bienes y servicios a la valorización de la canasta, encareciendo su costo. Nobleza obliga, esta analogía la mencionó el reconocido sociólogo Daniel Schteingart, actual miembro de Fundar.
¿A qué viene esta mención? Si queremos comparar los datos actuales contra los de, por ejemplo, los años 2001 y 2022, hay que hacer un ajuste metodológico. En palabras simples: hay que recalcular la pobreza de aquel entonces midiéndose según los parámetros de hoy. Según los datos históricos de INDEC, la pobreza a finales del 2002 (post salida del uno a uno, impacto del 2001 y todo lo que ya conocemos sobre ese período) era del 57,5%, apenas superior a la que tenemos hoy. Pero si ese dato lo recalculamos con la metodología actual, llegamos a la conclusión de que la pobreza en 2022 llegaba al 65,5% de la población.
Lejos de pretender “minimizar” el número actual, esta aclaración sirve para poner en contexto el escenario que atravesamos: más allá de lo escandaloso que es el dato de este 2024, es muy útil ver qué tan lejos (o tan cerca, en este caso) estamos de los períodos sociales más críticos de nuestro país.
Este mismo ejercicio debemos hacer para los resultados regionales y locales. Siguiendo la metodología de ajuste y midiendo con la vara actual, a finales de 2002 la pobreza en el NEA era del 79,5% mientras que en Posadas alcanzaba el 77,9%, considerablemente mayores a los niveles actuales, aunque no tan alejado como los años anteriores.
Para Posadas en particular, el dato actual del 55,9% de personas pobres es el más alto desde el primer semestre del 2016, cuando fue (ajustada) del 57,5%. El proceso que vivió el aglomerado misionero es muy similar al nacional, obviamente marcado por los ciclos económicos: fuerte aceleración entre la segunda mitad de 2001 y primera del 2003 (pasó del 61,1% al 79,1%), sostenido descenso de la pobreza entre finales de 2003 hasta el primer semestre del 2008 (cuando llegó al 49,4%) y en la segunda mitad de ese año, principalmente por el fuerte impacto de la crisis internacional (y otros de tono político nacional) provocaron un alza al 51,4%. Entre 2009 y 2013, se vieron momentos volátiles, con semestres de alzas y de bajas. El último dato que puede ser considerado representativo corresponde al primer semestre del 2013, cuando la pobreza en Posadas marcó 31,4%.
El apagón estadístico entre 2014 y 2015 no nos permite ver que pasó en esos años, más allá de algunas reflexiones y proyecciones que se puedan realizar sobre la base de un escenario nacional. Al momento de reanudar la medición, en el segundo semestre 2016, la pobreza en Posadas fue del 28,0% y desde allí llegó al 41,2% a finales del 2019. Otra vez, los ciclos económicos determinaron la variación de este indicador.
En 2020, principalmente a partir de la rápida recuperación posadeña tras la pandemia y por efectos también de diferentes medidas de contención social que se aplicaron en ese momento, la pobreza fue descendiendo y entre 2021 y 2022 hubo, otra vez, volatilidades. Lo relevante de este período es que a principios del 2022, la pobreza en Posadas marcó 28,7%, un nivel parecido a los de 2016-2017 que, en comparación con lo que fueron los años 2018 y 2019, marcaron un descenso significativo.
Lamentablemente, allí terminó el proceso a la baja. A finales del 2022 y sobre todo en 2023, las condiciones económicas fueron altamente desfavorables en el plano macro, la inflación volvió a aparecer con mucha más fuerza y el Gobierno nacional de ese entonces quedó atrapado entre la inacción, la ausencia de ideas y el calendario electoral. Esto, sumado al golpe feroz de la devaluación como primera medida del nuevo gobierno nacional, provocaron que el 2023 cierre con un alza en la pobreza.
Pero lo verdaderamente impactante en términos estadísticos es justamente lo que pasó en estos primeros seis meses del año. La pobreza en Posadas llegó al 55,9%, el valor más alto desde 2006 como se dijo antes. Además, creció 20 puntos contra igual semestre del año anterior y 17,5 puntos contra el semestre anterior. Pongamos en contexto estos crecimientos. La pobreza en el primer semestre del 2002, luego del estallido de diciembre 2001 y con la enorme crisis económica, política y social que existió en este momento, creció en 15,1 puntos contra el semestre anterior y lo hizo en 12,1 contra igual semestre del 2001. En el segundo semestre del 2002, ya con los impactos más duros de la salida de la convertibilidad, la pobreza saltó, interanual, 16,8 puntos.
Podemos ver entonces de manera clara la situación actual: más allá de la cifra final lo que realmente asusta es la evolución: el salto de la pobreza en este primer semestre 2024 es más fuerte que el observado tras la crisis del 2001.
Dejamos atrás la comparación histórica y vamos particularmente a ver que pasó en este 2024. Como ya dijimos, la pobreza alcanzó al 55,9% de las personas en Posadas y afecta a 217.204 personas. Si la evolución la vemos en cantidad de personas, hay 79 mil pobres más que hace un año atrás y casi 69 mil nuevos pobres que seis meses antes. En este marco, el salto de los pobres indigentes fue todavía más fuerte: la tasa pasó de 9,6% a 18,3%: en un semestre casi se duplicó. A fines de 2023 había 36.970 indigentes, mientras que en la primera mitad de 2024 eran 71.339: un crecimiento absoluto de 34.369 nuevos indigentes.
La base sobre la que se inició este nuevo Gobierno nacional estaba debilitada, nadie podría dudar de eso. La herencia recibida era muy problemática, pero lejos de brindar una solución efectiva, el Gobierno de Milei (muy convencido en su programa) profundizó esa situación crítica: disparada inflacionaria (luego contenida), estancamiento en los ingresos, recesión económica al filo de convertirse en depresión, y un mercado laboral que quedó altamente vulnerable.
En estas mismas columnas, una semana atrás, advertíamos esto. En ella, comentábamos que la tasa de empleo se había contraído en 2,8 puntos y marcó su menor nivel desde el tercer trimestre del 2021, mientras que la tasa de desocupación fue del 6,3%, la más alta desde el cuarto trimestre de 2020, y creció 2,3 puntos. Sobre ello, decíamos que “el hecho de que el mercado de trabajo se haya achicado no es un dato menor y puede impactar directamente en las condiciones de pobreza de los hogares, sumado por supuesto a la caída real del poder de compra de los trabajadores”.
Podemos agregar el análisis del porqué creció la pobreza. La respuesta parece (y lo es) muy obvia: porque los ingresos no crecen al mismo ritmo que el costo de vida. Pero veamos a qué velocidad se movió esto. El INDEC afirma que el valor (promedio del semestre) de la Canasta Básica Alimentaria en el NEA, para un adulto equivalente, fue de $ 101.565. A su vez, el valor medio de la Canasta Básica Total de la región fue de $ 206.782, también para un adulto equivalente. ¿Qué es un adulto equivalente? Es como llama el INDEC a la referencia de medición, consistente en las necesidades calóricas y proteicas para varón de entre 30 y 60 años. A partir de la determinación de ese adulto equivalente (que se le asigna el valor de 1) se puede calcular las necesidades para el resto de los componentes de un hogar: Por ejemplo, una mujer de entre 30 y 60 años representa entre 0,76 y 0,77 de un adulto equivalente.
Volvamos a la evaluación de las canastas. Se mencionó ya su valorización, ahora resta saber su variación. Contra igual semestre del 2023, la canasta alimentaria del NEA creció 290,9%; contra el semestre anterior, 113,9%. Por su parte, la canasta total creció en 285,4% interanual y 117,9% semestral. Dicho esto, cabe determinar cuando crecieron los ingresos para ver de qué manera acompañaron a la suba de las canastas, que son las determinantes de las líneas de pobreza e indigencia.
Para ver la evolución de los ingresos, si bien hay un par de variables al respecto, se toma como mejor indicador el ingreso medio per cápita familiar, esto es, el resultado que se obtiene dividiendo el ingreso total familiar por la totalidad de los componentes del hogar. Si en un hogar hubo ingresos por $ 100.000 y hay 4 integrantes (sin importar cuantos de ellos aportan), el ingreso per cápita familiar es de $ 25.000.
El ingreso medio per cápita familiar en Posadas fue de $ 203.273: creció 175,6% interanual (115 puntos menos que la CBA y 110 menos que la CBT), mientras que en la comparación semestral se expandió 64,6% (49 puntos menos que la CBA y 53 puntos menos que la CBT). ¿Por qué existe tanta diferencia en las variaciones de ingresos y canastas y por qué los ingresos crecen tan lento? Acá empezamos a ver las consecuencias del escenario económico general.
En primer lugar, el costo de vida creció de manera fenomenal, principalmente, entre septiembre de 2023 y marzo 2024 provocando altas muy fuertes sobre todo de la canasta alimentaria; hacia el segundo trimestre 2024, con la corrección de precios relativos en servicios, la canasta de alimentos creció a un ritmo menor que la canasta total porque empezaron a sentirse más los aumentos en servicios públicos y en tarifas. Es decir, en el primer trimestre 2024 nos mataron con el precio de la comida, pero en el segundo trimestre, cuando se calmó la suba en alimentos, nos mataron con el precio de la luz, el transporte público, la telefonía e internet, etc.
Estas subas se dieron en el marco de un alza -nominal- muy lenta (casi estancada) de los ingresos en el sector registrado (más aun en el público) y con la pulverización de ingresos de los informales, sobre todo en el primer trimestre. A la par de esto, y como ya lo dijimos, el achicamiento del mercado de trabajo provocó que desaparezcan ingresos en los hogares, empujándolos hacia debajo de la línea de pobreza. Es decir, hay una combinación de retraso de ingresos con desempleo. Un escenario difícil.