pobreza

La pobreza alcanza al 52,9 por ciento de los argentinos y creció 11,2 puntos en la era Milei

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Los datos de condición de vida que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Censos, indican que el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza (LP) alcanzó el 42,5% y en ellos reside el 52,9% de las personas. Dentro de este conjunto se distingue un 13,6% de hogares por debajo de la línea de indigencia (LI), que incluyen al 18,1% de las personas. Esto implica que, para el universo de los 31
aglomerados urbanos de la EPH, por debajo de la LP se encuentran 4.319.760 hogares, que incluyen a 15.685.603 personas; y, dentro de ese conjunto, 1.378.142 hogares se encuentran por debajo de la LI, lo que representa 5.379.588 personas indigentes.

Con respecto al segundo semestre de 2023, la incidencia de la pobreza registró un aumento tanto en los hogares como en las personas, de 10,7 y 11,2 puntos porcentuales (p.p.) respectivamente. En el caso de la indigencia, mostró un aumento de 4,9 p.p. en los hogares y de 6,2 p.p. en las personas. Sin embargo, los datos se agravan si se comparan con el primer semestre del año pasado. El porcentaje de personas en la pobreza aumentó 31,92 por ciento y el número de hogares creció 43,58 por ciento. En el caso de la indigencia, el número de personas en esa condición aumentó 94,62 por ciento y el número de hogares creció cien por ciento.

A nivel regional se observó un aumento de la pobreza y la indigencia en todas las regiones.

En cuanto a los grupos de edad según condición de pobreza, se destaca que dos tercios (66,1%) de las personas de 0 a 14 años forman parte de hogares bajo la línea de pobreza. El porcentaje total de personas bajo la línea de pobreza para los grupos de 15 a 29 años y de 30 a 64 años es de 60,7% y 48,6%, respectivamente. En la población de 65 años y más, el 29,7% de las personas se ubicó en hogares bajo la línea de pobreza.

En el caso de Posadas, hay 63.407 hogares bajo la línea de la pobreza y 217.204 personas. En la indigencia están 17.809 hogares y 71.339 personas. El porcentaje de hogares pobres en el primer semestre del año pasado era de 26,8 y creció al 45,6, con un salto de casi 20 puntos. En paralelo, en la pobreza estaba el 35,9 por ciento de la población, condición que ahora alcanza al 55,9 por ciento, con un salto de 55,71 por ciento.

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El uno por ciento más rico tiene más riqueza que el 95 % más pobre

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Inter Press Service –  El uno por ciento más rico del mundo tiene más riqueza que el 95 % del resto de la humanidad y las corporaciones monopolistas son las que dan forma a las decisiones globales y a las reglas para enriquecerse, mientras frustran el progreso, denunció en un nuevo informe la coalición internacional contra pobreza Oxfam.

Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam Internacional, afirmó que “los ultrarricos y las megacorporaciones que controlan están dando forma a las reglas globales para servir a sus intereses a expensas de las personas en todas partes”, al presentar el informe “Multilateralismo en una era de oligarquía global”.

Mientras la Asamblea General de las Naciones Unidas iniciaba este martes 24 su 79 período anual de sesiones, Behar observó que “el icónico podio de la ONU se siente cada vez más disminuido en un mundo en el que los multimillonarios son los que toman las decisiones”.

Según su informe, más de un tercio de las 50 corporaciones más grandes del mundo, con un valor de 13,3 billones (millones de millones) de dólares, ahora están dirigidas por un multimillonario o tienen a un multimillonario como accionista principal.

Por contraste, los países del Sur Global poseen solo 31 % de la riqueza mundial, a pesar de albergar al 79 % de la población mundial.

El documento advierte que los esfuerzos multilaterales para responder a los desafíos globales críticos, incluida la crisis climática y la pobreza y la desigualdad persistentes, están siendo socavados por los ultrarricos y las megacorporaciones que alimentan la desigualdad dentro y entre los países.

Describe un “movimiento hacia una oligarquía global”, donde los ultrarricos, a menudo a través de sus corporaciones cada vez más monopolistas, dan forma a la toma de decisiones políticas globales y las reglas para enriquecerse mientras frustran el progreso global vital.

Resalta que el uno por ciento más rico posee 43 % de todos los activos financieros globales. Los “tres grandes” administradores de activos con sede en Estados Unidos —BlackRock, State Street y Vanguard— poseen 20 billones de dólares en activos, cerca de una quinta parte de todos los activos invertibles en el mundo.

En otro ejemplo, solo dos corporaciones controlan 40 % del mercado mundial de semillas.

“En los últimos años, las corporaciones ultrarricas y poderosas han utilizado su enorme influencia para socavar los esfuerzos por resolver grandes problemas globales, como abordar la evasión fiscal, poner a disposición del mundo las vacunas contra la covid-19 y cancelar el lastre de la deuda soberana”, afirmó Behar.

Oxfam detalla tres ejemplos recientes de desigualdad extrema que erosionan los esfuerzos multilaterales, y en los que la sociedad civil y los líderes del Sur Global han ofrecido soluciones para acabar con la desigualdad:

Las corporaciones poderosas socavan la cooperación fiscal: el marco inclusivo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) y el Grupo de los 20 (G20), de economías industrializadas y emergentes, sobre Erosión de la Base Imponible y Reparto de Beneficios, no logró materializar su potencial.

De ese modo las corporaciones han mantenido erosionada la base imponible de muchos Estados y dirigido buena parte de sus beneficios a paraísos fiscales.

En cambio, los países del Sur Global, encabezados por los países africanos, avanzan en negociaciones para una convención fiscal más justa en la ONU que, junto con el liderazgo de Brasil en el G20, ofrezca una vía para gravar de manera justa a los superricos y las megacorporaciones.

Brasil se apresta a presentar en la cumbre del G20 prevista para finales de año en Río de Janeiro una propuesta para pechar con un nuevo impuesto a las 3000 mayores fortunas del mundo, y destinar esos recursos a combatir el hambre y la pobreza.

Otro ejemplo es que las grandes farmacéuticas se resisten a los esfuerzos por romper sus monopolios sobre las tecnologías de las vacunas contra la covid para desbloquear el suministro, pues el control monopólico fue muy rentable durante la pandemia.

Solo en 2021, los siete mayores fabricantes generaron un beneficio neto estimado de 50 000 millones de dólares por la venta de vacunas contra la covid, lo que se tradujo en enormes pagos a los accionistas ricos y en el surgimiento de nuevos multimillonarios de las vacunas.

El director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, calificó el llamamiento a compartir las tecnologías de las vacunas contra la covid como “una tontería peligrosa”. El hecho de no compartir equitativamente las vacunas contribuyó a que se produjeran hasta 1,3 millones de muertes adicionales en todo el mundo.

Otro caso: los acreedores privados agravan la crisis de la deuda mundial, marcada por el hecho de que los países de bajos ingresos gastan casi 40 % de sus presupuestos anuales en el servicio de la deuda, 60 % más de lo que gastan en educación, salud y protección social juntas.

Más de la mitad de la deuda externa de los países de bajos y medianos ingresos se debe a prestamistas privados como bancos y fondos de cobertura.

Algunos de estos acreedores son “fondos buitres”, que compran deuda en problemas a bajo precio y aprovechan mecanismos legales para pagarla en su totalidad, obteniendo ganancias a cambio de una suma de dinero superior a la que deberían.

También recoge el informe que la fortuna de los hogares de la población ultrarrica, tres por ciento del producto interno bruto mundial en 1987, representa 13 % en la actualidad, mientras que la desigualdad económica ha alcanzado un nivel extremo.

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El impacto de la recesión en el mercado de trabajo posadeño

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Esta semana el INDEC difundió las principales tasas del mercado de trabajo que se relevan a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para los aglomerados urbanos. Los resultados observados permiten llegar a varias conclusiones. En primer lugar, la tasa de Empleo para el total nacional mostró una mejora, pasando del 44,6% del segundo trimestre de 2023 al 44,8% en el segundo trimestre del 2024. Sin embargo cabe señalar que esta mejora está explicada, en su totalidad, por el incremento que existió en el Gran Buenos Aires. Ante esto, cabe la pregunta de por qué sucede ello. Lógicamente, por una cuestión de escalas. 

En el Gran Buenos Aires habita el 54,5% del total de los ocupados que releva la EPH en los aglomerados urbanos; ante esto, una mejora significativa (como lo fue en este caso, ya que la tasa de empleo allí creció en 0,9 puntos porcentuales) empuja la media nacional aún en un escenario en el que el resto de las regiones tuvo caídas. También, hubo períodos en los que fue al revés, con igual efectos: las regiones crecían pero, si el GBA caía con considerable magnitud, la media nacional tendía hacia abajo. 

Por ende, la mejora de la tasa de empleo en el total nacional debe tomarse necesariamente con reservas, justamente por el hecho de que en todo el país, salvo en el GBA, tuvo retrocesos. Esto no es menor y no se trata solamente de una cuestión metodológica: es signo del impacto de la recesión y de las políticas de ajuste llevadas adelante por el Gobierno nacional, que impactan de maneras diferentes según en qué parte del país nos paremos.

En ese contexto, la tasa de desocupación del primer semestre de la era Javier Milei, marcó 7,6%. Habrá algunos que celebren que fue menor a la del primer trimestre (7,7%) pero la realidad es que está 1,4 puntos por encima del registro de igual período del 2023 (fue 6,2% en ese momento). La desocupación creció en un escenario de alza del empleo, pero porque la población activa también creció y no se pudo atender toda esa demanda por empleo. 

Ahora bien, en términos generales y como se ha dicho muchas veces, si la desocupación crece en un contexto de alza de actividad y empleo, es el menos malo de los escenarios: el desafío, en ese caso, está en lograr ampliar la demanda de trabajo para absorber a los “nuevos activos”. Pero muy distinto es el otro escenario, que se vio en muchos aglomerados del país: crecimiento de la desocupación con caída del empleo. Esto significa que hay personas que se quedaron sin trabajo y que tuvieron que volver a buscar uno, sin encontrar aún. Ya no se trata de contener a aquellos que quieren ingresar al mundo del trabajo, se trata en este caso de contener a los “nuevos”, al mismo tiempo que hay que reinsertar a los que se quedaron afuera. 

Ese fue el panorama que se vio particularmente en el NEA. La región mostró considerables desmejoras: si bien la población activa creció, lo hizo de manera muy leve (apenas 0,1 punto porcentual en la comparación interanual). A su vez, el empleo cayó en 1,3 puntos y la desocupación saltó 3,5 puntos. Veamos esto en valores absolutos que nos van a permitir graficar mejor la problemática. 

La población total en los cuatros aglomerados del NEA, para el segundo trimestre de 2024, fue de casi un millón y medio de personas y creció en 12 mil personas respecto a igual período del 2023. Por su parte, la población activa pasó de 645 mil a 653 mil personas: creció en 8 mil personas. 

La población ocupada era de 618 mil personas en 2023 y cayó a 603 mil en 2024: hay 15 mil ocupados menos. Finalmente, la población desocupada pasó de 28 mil en 2023 a 51 mil en 2024: es decir, 23 mil nuevos desocupados

¿Pero por qué hay 23 mil nuevos desocupados si la cantidad de personas ocupadas cayó en solo 15 mil personas? Esto se responde de manera sencilla: las 15 mil personas que perdieron su empleo pasaron a ser desocupados (es decir, tuvieron que ponerse a buscar un nuevo empleo) al mismo tiempo que los 8 mil nuevos activos que se volcaron al mercado a buscar empleo aún no lo consiguieron. La conclusión es contundente: el mercado de trabajo se achicó (por despidos) y se cerró (por falta de nueva oferta)

Ese fue el escenario que se vio en Posadas. Si bien dentro del NEA el Gran Resistencia fue el que más sufrió, el aglomerado misionero también mostró desmejoras. La tasa de empleo fue del 44,5% y si bien sigue siendo (y por lejos) la más alta de la región, se contrajo en 2,8 puntos y marcó su menor nivel desde el tercer trimestre del 2021. A su vez, la tasa de desocupación fue del 6,3%, la más alta desde el cuarto trimestre 2020, y creció 2,3 puntos. Si traducimos esto a valores absolutos, hay 9 mil ocupados menos y 5 mil desocupados más. ¿Y las 4 mil personas restantes? Pasaron a ser inactivos, ya que la tasa de actividad también mermó en 1,8 puntos. 

Con eso en consideración, la situación de Posadas no es ajena al escenario global que se ve en el resto del país. Si bien hubo algunos aglomerados con mejoras en sus indicadores, la mayor porción tuvo desempeños similares y esto ratifica la postura de que el escenario económico nacional impactó de manera fuerte en el mercado de trabajo. Nada que no se anticipara a la publicación de los datos, pero ahora con información concreta que permite analizar más profundamente la situación.

Pero el análisis y la identificación de problemas no se agota allí. Existen otros indicadores que no suelen ser tan analizados pero que permiten ver un poco más allá las complejidades y de los desafíos en torno al mercado de trabajo. Uno de ellos es la tasa de ocupados demandantes de empleo, que se define como las personas que cuentan con una ocupación, pero buscan activamente otro empleo. ¿Por qué lo harían? Principalmente, por una cuestión de ingresos: buscan tener mejores salarios, incluso si tuviesen que trabajar más horas. En el NEA, la tasa de ocupados demandantes de empleo fue de 10,7% creciendo en 0,7 puntos contra igual período del 2023 (+6 mil ocupados que demandan otro empleo). En Posadas, esta tasa fue del 14,2% y una expansión mayor: +1,9 puntos, pasando de 23 mil a 26 mil personas en esta condición. Lógicamente, la situación generalizada de contracción de los salarios genera este escenario y pone presión sobre un mercado de trabajo que está vulnerable. 

Otro indicador al que hay que prestar atención es de los subocupados, definidos como personas que tienen empleo pero trabajan menos de 35 horas semanales (es decir, menos que una jornada full-time) por razones involuntarias. La subocupación en Posadas es del 15,1% (vs. 8,4% del NEA) y creció en 3,5 puntos, afectando a 28 mil personas (seis mil más que un año atrás). 

Así solo puede no indicar nada, ya que podría haber casos en que esta modalidad le resulte apropiada a una persona (pensemos por ejemplo un estudiante que trabaja y estudia part-time). Lo verdaderamente relevante de la subocupación está en el segmento que se denomina subocupados demandantes de empleo: estas son las personas que desearían trabajar más y se encuentran en búsqueda activa. Aquí encontramos casos de personas que trabajan a medio tiempo no por elección sino por imposibilidad de extender la jornada de trabajo y buscan cambiar ese estado, también motivado por una cuestión de ingresos principalmente. En Posadas, la subocupación demandante se ubicó en 11,6% creciendo 2,3 puntos contra el año pasado. Esto significa que hay personas que tienen empleo pero necesitan trabajar más horas para, sobre todo, poder tener mejores ingresos. Esta situación es muy típica de momentos de crisis de los ingresos, ya sea por recesión, por alta inflación o por una combinación de ambos. Un dato no menor al respecto es que la tasa de subocupados demandantes de empleo de Posadas es la cuarta más alta del país, solo detrás de La Rioja, Gran Mendoza y Gran Córdoba. 

En resumen, la situación de Posadas se puede ver desde dos aristas: en primer lugar, hay que destacar que la capital de Misiones sigue siendo el aglomerado del NEA con el mercado de trabajo más consolidado, amplio y diversificado. Esto no es menor para los escenarios de crisis, porque genera un escudo de contención fundamental para sostener la economía y poder repuntar con mayor fuerza en épocas de recuperación. 

En segundo lugar, aun con lo anteriormente dicho, Posadas sufre los efectos del escenario general: la caída del empleo y la suba de desocupación producidos por la recesión, y aumentos en la demanda de empleo a través de los ocupados y subocupados demandantes como efecto de la crisis inflacionaria. 

Por otro parte, y para cerrar, las tasas del mercado de trabajo permiten entender mejor los datos sobre la incidencia de pobreza e indigencia que se conocerán el próximo 26 de septiembre, día que el INDEC difundirá los resultados para el primer semestre del año. El hecho de que el mercado de trabajo se haya achicado no es un dato menor y puede impactar directamente en las condiciones de pobreza de los hogares, sumado por supuesto a la caída real del poder de compra de los trabajadores. Esto es importante debido a que muchas veces, para hacer proyecciones de pobreza, se sigue solamente la evolución de ingresos, pero el tamaño del mercado de trabajo es determinante: si sobre un total de 10 hogares, en cinco sus ingresos crecen en términos reales pero en los otros cinco no hay más ingresos porque ya no tienen empleo, esto repercute directamente en niveles de pobreza. 

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Un antes y un después de diciembre: según la UCA, el 55% de la población es pobre y uno de cada cinco argentinos ya es indigente

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La pobreza llegó al 54,9% y la indigencia al 20,3% de la población en el primer trimestre, según estimaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) en base a los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicados por el Indec.

En su último informe, realizado en el período abril-mayo, el Observatorio se había acercado a la tasa de pobreza (55,5%) pero sus cálculos respecto a la indigencia se ubicaron un tanto por debajo (18,5%).

Con los datos oficiales del Indec, y por aglomerado urbano, las estimaciones de la UCA ubican a la región de Gran Resistencia, Chaco, como la más pobre del país con una tasa del 79,5%. La indigencia alcanza al 38,6% de la población. Le sigue Formosa con un 72% de pobres y Santiago del Estero- La Banda con casi 30% de indigentes. Pero la mayoría de las regiones tienen niveles de pobreza por encima del 50% y del 15%, en el caso de la indigencia.

También, Agustín Salvia, director del ODSA, resaltó, teniendo en cuenta la concentración de población, las tasas de pobreza e indigencia del Conurbano Bonaerense, que son del 62% y 25%, respectivamente.

Además, el especialista destacó el hecho de que más del 44% de los trabajadores residen en hogares pobres. “Todo ello a pesar de la sustantiva mejora que registraron la Asignación Universal por Hijo y las transferencias por Tarjeta Alimentar durante los primeros tres meses del año”, dijo.

A su vez, señaló: “Las tasas de indigencia y de pobreza infantil habrían alcanzado niveles casi récord: 7 de cada 10 niños viven en un hogar pobre, mientras que 3 de cada 10 lo hacen en un hogar indigente, es decir, con ingresos que no cubren el valor de una Canasta Básica Alimentaria”.

Cabe recordar que en el cuarto trimestre de 2023 la pobreza era del 45,2% y la indigencia del 14,6 por ciento. “Casi la mitad del incremento interanual registrado en ambas tasas, con respecto a los primeros 3 meses de 2023 (con tasas de 38,7% y 8,9% respectivamente), tuvo lugar antes de finalizar el año”, subrayó Salvia.

Las causas del agravamiento de la situación social a lo largo del año son variadas, pero desde el ODSA atribuyen el fenómeno principalmente a las diferentes devaluaciones y su impacto en los precios, sin que se hayan generado subas inmediatas y similares en los salarios.

Aseguran que hubo un antes y un después en diciembre de 2023, cuando se redujo fuertemente el consumo, se agravó la recesión y en consecuencia, cayó la demanda de bienes y servicios a los trabajadores autónomos, especialmente en el sector informal.

“Esto explica la caída en la pobreza de trabajadores asalariados formales y clases medias cuyas remuneraciones no lograron acompañar a la inflación (incluidos los jubilados y pensionados), al mismo tiempo que caían en la indigencia trabajadores informales pobres ante la falta de demanda de trabajo y mayor competencia de precios; o, incluso, jubilados con haberes mínimos sin otros ingresos”, consideró Salvia.

Por su parte, Martín González Rozada, economista y profesor titular del Departamento y Director de la Maestría en Econometría de la Universidad Torcuato Di Tella, precisó en su cuenta de X: “Usando los microdatos de la EPH del primer trimestre de 2024, la pobreza del semestre octubre 2023- marzo 2024 se estima en 50%, unas décimas por encima del límite superior del intervalo de confianza estimado por el nowcast en abril”.

Qué se espera

En lo que respecta al segundo trimestre, en marzo y abril la pobreza y la indigencia tendieron al amesetamiento debido tanto a una caída significativa de la tasa de inflación como al aumento de las remuneraciones de trabajadores formales por sobre esta.

“A ello cabe sumar los incrementos en los haberes jubilatorios y en los programas sociales, los cuales, si bien no lograron alcanzar los niveles de 2023, lograron mejoras efectivas con respecto al primer trimestre. Se encuentra también el pago de aguinaldos de junio, y acuerdos salariales formales o informales entre empleadores y trabajadores”, aseguró Salvia.

En este marco, según los pronósticos del ODSA, tanto la indigencia como la pobreza habrían caído durante el segundo trimestre del año, ubicándose en la zona del 17-18% y 49-50%, respectivamente.

Hacia delante, “dado que cabría esperar que inflación siga bajando y que las remuneraciones continúen lentamente ajustándose al alza, lo cual permitiría cierta reactivación del consumo; se puede suponer una cierta caída de ambos indicadores pero todavía muy lenta, sin cambio alguno en la matriz económico-ocupacional que genera los niveles estructurales de pobreza que registra la Argentina”, afirmó el director del observatorio.

“Para superar estas privaciones necesitamos creación de más y mejores empleos, lo cual se genera a través del crecimiento económico genuino y continuo, mayores tasas de inversión y más pymes. Ese horizonte todavía no está a la vista”, agregó.

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El impacto de la crisis en los ingresos de las familias misioneras

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No quedan dudas, mirando con el diario del lunes, que el golpe más fuerte del escenario inflacionario y recesivo de la economía nacional estuvo principalmente en el primer trimestre. Aún sin la certeza de cuándo se comenzará a sentir una posible recuperación, los embates más profundos se dieron justamente en los tres primeros meses que combinaron inflación en doble dígito, parate de la actividad, freno brusco del consumo y pérdida de empleos en importante magnitud. Una vez cerrado el primer trimestre no existió una recuperación como tal, pero algunos indicadores mostraron algo más de moderación respecto al inicio de año.

Por ello, es relevante analizar el impacto que todo eso produjo en las familias, en este caso, de Posadas, a partir de los datos que brindó esta semana el INDEC, que abrió los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares. Si bien estos microdatos permiten analizar una amplia gama de variables, nos detendremos particularmente en lo referido a los ingresos individuales y de las familias para determinar no solamente su evolución global sino también los desempeños según los diferentes estratos sociales y sus impactos sobre los niveles de pobreza. 

El ingreso promedio total familiar en Posadas, de acuerdo con estos datos de la EPH INDEC, rondó los $522.367, aunque como todo promedio, tiene extremos bien marcados. Tomando este valor promedio total, se observa que registra un descenso del 19,8% real en el período, menor al promedio del NEA cuya caída superó el 22%

Sin embargo, como toda crisis económica en la Argentina, los más afectados son los sectores de menores ingresos, una situación vinculada a la informalidad laboral, desocupación y dependencia de contención monetaria a través de programas sociales. 

Si observamos la evolución de los ingresos de las familias de Posadas por deciles, se evidencia una caída generalizada pero con mayor impacto en los sectores más postergados. 

El ingreso total familiar comprende, como el nombre indica, a la totalidad de los ingresos que tuvo una familia sean de origen laboral como no laboral (pensiones, rentas, programas sociales, etc.). 

Ahora sí, retomando la línea anterior, viendo los extremos en Posadas, en el decil 1, que representa a la población con la condición socioeconómica más vulnerable, la caída de los ingresos totales familiares fue del 23,1%, mientras que en el decil 10, la de personas de mayores ingresos, el descenso fue “solo” del 13,8%. 

Los deciles 1 a 4 conforman lo que se conoce como el Estrato Bajo. En Posadas, los ingresos totales familiares del decil 1, sufrieron una caída del 23,1% real interanual al primer trimestre; los del decil 2, de 26,6%; los del decil 3, de 24,5% y los del decil 4, de 24,6%. 

De esta forma, el agrupado del Estrato Bajo exhibe una merma de ingresos totales familiares del 24,8% real en los primeros tres meses del año. 

Los deciles 5 y 6 conforman el Estrato Medio Bajo y sufrieron descensos similares: los del decil 5,23,5% y los de decil 6, 24,0%. En promedio, el Estrato Medio Bajo registró una baja de los ingresos totales familiares del 23,8%, es decir, levemente por debajo de la caída del Estrato Bajo. 

Por su parte, los deciles 7 y 8 son los denominados de Estrato Medio Alto y las bajas fueron algo más moderadas en el decil 7 (-21,1%) pero más fuertes en el decil 8 (-25,5%). Así, el Estrato Medio Alto registró una merma consolidada del 23,6%, levemente por debajo de los dos anteriores.

Finalmente, los deciles 9 y 10 son los que conforman el Estrato Alto y sufrieron caídas fuertes, pero muy menores a las de los anteriores. En el decil 9 la baja fue del -14,2% y en el decil 10 de -13,8%. Así, los ingresos familiares totales del Estrato Alto cayeron -14%, muy por debajo de los estratos previamente detallados. 

Estos datos confirman una situación que se observó históricamente en la Argentina: los sectores más acomodados resisten con mayor éxito los embates de una crisis profunda que mezcla recesión con inflación al tiempo que los sectores más vulnerables la sufren con más fuerza. De hecho, volviendo a lo detallado párrafos atrás, una buena parte de la baja inferior al 20% del ingreso total familiar de Posadas se explica por la disminución más moderada en los sectores más acomodados. 

En este marco, es fundamental identificar como los resultados antes detallados impactan en la estructura socioeconómica del aglomerado misionero. 

A partir del análisis de los microdatos de la EPH, se puede identificar que el 47% de las personas se catalogan como lo que comúnmente denominados “Clase Baja”, a partir justamente de la categorización de los ingresos. A su vez, el 28% entre en la categoría de Clase Media Baja; el 13% en Clase Media Alta y el 12% en Clase Alta. Si se compara esta estructura población respecto a la del primer trimestre del 2023, hay una clara y esperable desmejora: en aquel momento, las personas categorizadas como de ingresos bajos alcanzaban al 43% de la población; la media baja 23%, la media alta 18% y la alta 16%. 

Por ende, se observa un ensanchamiento de la población de bajos ingresos (de 43% a 47%); también de la media baja (de 23% al 28%) y un achicamiento de la media alta (18% a 13%) y de la alta (16% a 12%).

Ahora bien, no debe confundirse estrato o ingresos bajos con situación de pobreza, necesariamente, aunque vayan muy de la mano. Al ser una media de los ingresos totales familiares, afectan los extremos por un lado y, por otro, el tamaño de los hogares. No es lo mismo un hogar de clase media baja con ingresos cercanos a los $800 mil mensuales que tenga dos integrantes a uno con igual ingreso pero con cuatro o cinco integrantes. Los cálculos de costo de las canastas básicas contemplan, para su valoración, el tamaño del hogar, justamente para poder medir de manera efectiva si un hogar es o no pobre, en términos monetarios, aun pudiendo tener un ingreso similar. 

Pero así como no deben ser asimilados estrictamente, también dijimos que van de la mano. Los microdatos de la EPH permiten aproximarnos a una tasa de pobreza para el período. En este marco, INDEC mide pobreza e indigencia de manera semestral y no trimestral, entre otras cosas, para que no haya alteraciones de impactos de ingresos (por ejemplo, aguinaldo, que está presente en ambos semestres mientras que no lo estarían al medirlo por trimestre). Pero aun con eso se puede hacer una estimación, aclarando por supuesto estas particularidades.

Los microdatos de la EPH del primer trimestre 2024 nos permiten concluir que la tasa de pobreza en personas en el país estaría en torno al 55%, subiendo de manera muy importante respecto al cierre 2023, 41,7%, aunque ese dato es semestral. 

De acuerdo con cálculos propios, estimamos que en Posadas la pobreza se ubicaría en torno al 46%, poco menos de diez puntos por encima del registro del cierre del 2023. En el NEA, saltaría del 48,4% del 2023 al 59% según estimaciones propias. La diferencia en la evolución respecto al total país (cuyo salto sería de casi 15 puntos) se explica principalmente por la alta incidencia que tienen grandes centros urbanos sobre el total nacional (como el Gran Buenos Aires); en el NEA, por el fuerte peso de las tasas de pobreza del Gran Resistencia.

Posadas suele tener niveles de pobreza inferiores a los totales regional y nacional, como se observa sobre todo desde 2018 a la fecha. Según nuestras proyecciones, mantendría esa posición pero no evitaría dar un importante salto como ocurre en todo el país. El segundo trimestre podría moderar levemente el resultado final, aunque no consideramos que de manera demasiado significativa. En septiembre recién el INDEC dará a conocer los resultados para el primer semestre y allí podremos determinar con exactitud el impacto de la crisis actual sobre los hogares de la Argentina,

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