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¿Es posible una Rusia sin Putin? No por ahora

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Oleg Kashin (@KSHN) es periodista y autor de Fardwor, Russia! A Fantastical Tale of Life Under Putin.. ¿Qué es más fácil de imaginar, que Vladimir Putin declare de pronto el fin de la guerra a Ucrania y retire sus tropas, o que una Rusia sin Putin revise sus políticas, termine la guerra y empiece a construir relaciones con Ucrania y Occidente sobre una nueva base pacífica?

Es una pregunta difícil de responder. La guerra en Ucrania es, hasta cierto punto, fruto de la obsesión personal de Putin, y no es muy probable que acceda voluntariamente a ponerle fin. Lo cual nos deja con la otra posibilidad: Rusia sin Putin, y donde todas las esperanzas de una Rusia pacífica pasan por un cambio de poder en el país.

Eso también parece bastante improbable. Tras seis meses de guerra, no parece que el poder de Putin sea menos sólido que en tiempos de paz. Sus índices de aprobación son altos, y no tiene ni un solo opositor en Rusia cuya voz se pueda oír. De sus dos principales sucesores potenciales —Mijail Mishustin, el primer ministro, y Alekséi Navalny, líder de la oposición—, uno está atado por su lealtad al presidente y el otro está en la cárcel. Para que uno de los dos llegue al poder, Putin tendría que marcharse. Pero, salvo por un repentino cambio de opinión o una urgencia médica, no se irá a ninguna parte. El sucesor de Putin podría ser perfectamente Putin.

Es una perspectiva deprimente, que a muchos les resulta difícil aceptar. ¿Por qué no hay nadie entre la élite en el poder que, ante un presidente que está llevando su país a la ruina y los graves perjuicios que les está causando la guerra a ellos mismos, presione por la destitución de Putin?

¿Dónde están los valientes demócratas o funcionarios que, por el bien de su clase y de su país, se las ingenien para expulsar al presidente? Esas preguntas, a las que se suele dar voz en Occidente, son más un lamento que un aliciente para el análisis. Pero la respuesta está ahí, al alcance de la mano.

Durante años, los críticos dentro y fuera de Rusia han recurrido sobre todo a un tema para impulsar la oposición contra Putin: la corrupción. Por un tiempo ese enfoque logró algunos avances, sobre todo en manos de Navalny, cuyos videos, muy bien producidos, en los que documentaba la corrupción de la élite dirigente —incluido Putin—, parecieron hacer mella en la popularidad del presidente.

Sin embargo, la corrupción es el pegamento que mantiene unido el sistema, no el catalizador para derribarlo. Al sustentar su poder en el latrocinio de sus subordinados, Putin no estaba tratando de asegurar la comodidad y el bienestar de estos, precisamente. Es más probable que quisiera atar a la clase dirigente a un sistema conspiratorio de responsabilidad compartida, y garantizar así su solidaridad absoluta. En estas condiciones de complicidad, nadie podría dar el paso y desafiar al presidente.

Para ser estrictos, no es del todo correcto llamar corrupción a dicho sistema. La corrupción conlleva una desviación de la norma, mientras que en la Rusia de Putin la norma es precisamente que los funcionarios vivan de un dinero de origen dudoso. Si se siguiera la ley al pie de la letra, casi todos los ministros o gobernadores rusos podrían acabar en la cárcel. Sin embargo, en la práctica, Putin siempre ha aplicado la ley a discreción. Cada vez que uno de sus subordinados influyentes era acusado de corrupción, lo que ante todo se preguntaba la gente era cuál sería el motivo político oculto por el que lo habían detenido.

Así fue en el caso del exministro de Desarrollo Económico, Alekséi Ulyukayev, quien fue acusado de aceptar sobornos tras su enfrentamiento con Ígor Sechin, el influyente director ejecutivo del gigante petrolero ruso Rosneft y amigo de Putin. También ocurrió con varios gobernadores, entre ellos Nikita Belij, quien durante un tiempo lideró un importante partido de la oposición, y Serguéi Furgal, cuya victoria en unas elecciones contravino los deseos del Kremlin y fue puntualmente acusado, no de corrupción, sino de asesinato.

Lo que se llama corrupción en Rusia sería más correctamente descrito como sistema de incitación y chantaje. Si eres leal y el presidente está satisfecho contigo, tienes derecho a robar, pero, si eres desleal, te mandarán a la cárcel por robo. No es de extrañar que en las últimas décadas solo unas pocas personas de dentro del sistema de Putin hayan hablado públicamente contra dicho sistema. El terror siempre es más persuasivo que cualquier otra cosa.

La guerra tenía el potencial de alterar radicalmente este cálculo. La clase dirigente, que debe la adquisición de su riqueza a su posición en el poder, se las está viendo ahora con una nueva realidad: sus propiedades en Occidente han sido o bien confiscadas o bien sometidas a sanciones: se acabaron los yates y las villas, y no hay lugar al que escapar. Para muchos funcionarios y oligarcas cercanos al gobierno, esto significa el derrumbe de todos sus planes vitales y, en principio, cabe suponer que no hay ni un solo grupo social en Rusia más descontento con la guerra que los cleptócratas de Putin.

Pero hay un inconveniente: intercambiaron sus derechos como actores políticos por esos mismos yates y villas. La intriga fundamental de la política rusa está vinculada a ese hecho. La aventura militar de Putin ha tenido un devastador efecto en la vida del poder establecido, en el que siempre se ha apoyado. Pero las élites, impedidas por su dependencia del poder para mantener su riqueza y su seguridad, no se ven en condiciones de decirle no a Putin.

Eso no significa que su descontento no salga a la luz. El ministro de Finanzas, Antón Siluanov, habló públicamente sobre las dificultades de cumplir con sus obligaciones en las nuevas circunstancias. Alekséi Kudrin, presidente del órgano que audita las finanzas del Estado y muy próximo al Kremlin, explicó en una reunión con Putin que la guerra había llevado la economía de Rusia a un callejón sin salida. E incluso el presidente del monopolio militar-industrial del Estado, Serguéi Chemézov, escribió un artículo sobre la imposibilidad de llevar a cabo los planes de Putin. Sin embargo, sin un peso político que las respalde, esas opiniones no merecen interés para Putin, ni entrañan ningún peligro para él.

Es cierto que de las guerras suele salir una nueva élite entre los oficiales y generales, que podría amenazar el gobierno del presidente. Pero esto no está pasando todavía en Rusia, posiblemente porque Putin está intentando impedir que sus generales adquieran demasiada fama. Los nombres de las personas que están al mando de las tropas rusas en Ucrania se mantuvieron en secreto hasta finales de junio, y la propaganda sobre los “héroes” de guerra prefiere publicar reportajes sobre los que han perdido la vida y ya no pueden manifestar ambiciones políticas. En cualquier caso, Putin se ha rodeado de su personal de seguridad predilecto, cuya lealtad hacia él está fuera de toda duda.

Dada esta situación, los funcionarios de Rusia no pueden hacer mucho más que esperar. Podrían intentar realizar por su cuenta alguna maniobra discreta, que incluyera negociar al margen con Occidente, pero, hasta ahora, no hay indicios de que haya corredores humanitarios para las élites rusas. Aunque alguien —por ejemplo, un oligarca cercano a Putin, como Roman Abramovich— lograra llegar a Occidente, lo único que le esperaría allí serían bienes confiscados y sospechas. Comparado con eso, incluso la paranoia de Putin podría ser preferible.

Si los miembros de la élite dirigente son incapaces de derrocar a Putin, ¿quizá podrían hacerlo las clases medias profesionales, entonces? Pero las perspectivas ahí también son sombrías. Para quienes salgan a criticar la guerra, es muy instructivo observar la suerte que corrió Marina Ovsyannikova, productora del Canal 1 de la televisión estatal. Tras protagonizar una protesta de gran calado —durante la emisión en directo de un popular programa noticioso de la noche, apareció detrás de la presentadora sosteniendo un cartel que decía: “Paren la guerra”—, huyó del país para evitar la detención, dejando a su familia en Moscú.

Vagó durante meses por Europa, sometida a numerosas acusaciones, y no importó lo impresionante que fuera su protesta: sigue siendo, ante todo y sobre todo, un engranaje en la máquina de propaganda de Putin. Regresó a Rusia, donde fue detenida y multada varias veces, acusada de difundir información falsa, y su casa fue registrada. Sus antiguos compañeros de los medios y, en general, la clase media profesional, seguramente entiende que no tiene sentido imitar sus actos. Que es mejor esperar a que pase la guerra, tranquilamente en sus trabajos, que arriesgarse a la ruina y la infamia.

En el ámbito popular, las cosas no son mejores. Las prometedoras manifestaciones iniciales contra la guerra han sido completamente sofocadas por la amenaza del encarcelamiento. Las declaraciones públicas críticas, y más aún los mítines o las manifestaciones de protesta, son ahora imposibles. El régimen, ejerciendo la represión, tiene la situación interna bajo absoluto control.

El factor que sí amenaza gravemente la fuerza de Putin hoy es el ejército ucraniano. La única posibilidad de producir un cambio en la situación política de Rusia son las pérdidas en el frente, como bien atestigua la historia rusa. Tras la derrota en la guerra de Crimea de mediados del siglo XIX, el zar Alejandro II se vio obligado a introducir reformas radicales. Lo mismo ocurrió cuando Rusia perdió la guerra con Japón en 1905, y lo que en gran medida impulsó la perestroika en la Unión Soviética fue el fracaso en la guerra de Afganistán. Si Ucrania logra infligir un gran número de pérdidas a las fuerzas rusas, podría desencadenarse un proceso similar.

Sin embargo, a pesar de todo el daño causado hasta ahora, ese giro de los acontecimientos parece muy lejano. Por ahora y en el corto plazo, es Putin —y el miedo de que sin él las cosas irían peor— quien gobierna Rusia.

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La India promueve las compras de petróleo ruso tras la imposición de sanciones a Moscú

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Nueva Delhi instó a sus empresas petroleras a adquirir crudo de Rusia en grandes cantidades, una iniciativa a la que se han unido China y Turquía, quienes también incrementaron sus compras al país euroasiático, que a su vez rebajó el precio del producto.

Gran parte de la UE decidió dejar de comprar petróleo a Rusia, pero no dejó de comprar petróleo ruso. Ahora, el bloque comunitario lo adquiere a través de la India, pero no como crudo, sino ya refinado, y también a un precio más caro. El modelo de comercio representa más beneficios para la India y más gasto para los países europeos.

Rusia realiza enormes incursiones en el mercado indio del petróleo y posiblemente se convirtió en su mayor proveedor, señaló hoy el semanario News Behind the News.

“Cuando el precio sube y no queda otra opción, se compra de cualquier parte”, dijo recientemente el ministro indio de Petróleo, Hardeep Singh Puri, a los periodistas la semana pasada.

“Tenemos un entendimiento muy bien definido de cuáles son los intereses de India”, acotó Puri a la publicación de la agencia de noticias Asia News Agency.

Privado de muchos de sus tradicionales compradores europeos, Moscú está en camino de entregar entre un millón y 1,2 millones de barriles diarios a la India este mes, según las cifras de seguimiento de petroleros recopiladas por la compañía estadounidense de asesoría financiera Bloomberg y dos empresas de análisis del crudo.

Los refinadores de la India se atiborran de barriles rusos baratos como nunca lo habían hecho antes de la invasión de Ucrania, señalan los expertos.

Los flujos a Asia aumentaron porque algunas empresas europeas dejaron de comprar, lo cual obligó a Rusia a encontrar mercados alternativos.

Las cifras de seguimiento de los buques varían de un proveedor a otro, en función de las diferentes hipótesis y de la información subyacente sobre los cargamentos, pero los números de Kpler, Vortexa y Bloomberg ponen de manifiesto la posición dominante que asumió Rusia en el mercado de la India.

Los datos de Kpler muestran que las llegadas de petróleo ruso a la India suponen una media de 1,2 millones de barriles al día en lo que va de junio, una cuarta parte de todo el crudo que entra en el país.

Los suministros diarios de Iraq rondan los 1,01 millones de barriles, mientras los de Arabia Saudí van camino de los 662.000 diarios.

Las cifras de Vortexa sugieren que las entregas rusas serán de 1,16 millones de barriles diarios, más que los 1,131 millones de Iraq.

El seguimiento de los petroleros recopilado por Bloomberg indica que este mes llegarán 988.000 barriles diarios procedentes de Rusia, cifra ligeramente inferior a los mil millones diarios de Iraq.

India defiende las compras rusas alegando su interés nacional por abastecerse de crudo más barato y la entrada de Rusia en los mercados indio y chino redujo la cuota de Iraq y Arabia Saudí en la región que más petróleo consume del mundo.

Los suministros combinados de ambos países a la India disminuyeron en unos 500.000 barriles diarios desde abril, a medida que aumentaban los flujos rusos, según los datos de seguimiento.

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Pelosi se acerca a Taiwán y China y Rusia arremeten contra Estados Unidos

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La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, de gira por Asia, partió hoy de Malasia con aparente destino hacia Taiwán, algo a lo que China, que ve la isla como propia, prometió represalias.

El avión que traslada a Pelosi y su delegación partió de una base de la Fuerza Aérea de Malasia luego de una escala que incluyó un almuerzo con el primer ministro Ismail Sabri Yaakob, informó la agencia de noticias estatal Bernama.

No quedó claro hacia dónde se dirigía ahora Pelosi, pero los tres mayores diarios de Taiwán afirmaron que Pelosi era esperada esta misma noche en la isla autónoma tras su paso por Malasia, pese a las advertencias de China.

El Gobierno chino recibió un fuerte respaldo de Rusia, que acusó a Estados Unidos de “desestabilizar el mundo” y de provocar conflictos, luego de haber responsabilizado a Washington de su decisión de invadir a Ucrania por intentar incorporarla a la OTAN.

El primer ministro de Taiwán, Su Tseng-chang, no confirmó hoy la visita al ser consultado por periodistas, pero agradeció a Pelosi por su apoyo.

“Cualquier huésped extranjero y cualquier legislador amigable es muy bienvenido”, dijo Su a periodistas.

En Beijing, la Cancillería china insistió en que Estados Unidos “pagará el precio” si se concreta la visita Taiwán.

Pelosi también se entrevistó en Kuala Lumpor, la capital de Malasia, con el presidente de la Cámara de Representantes, antes de almorzar con el premier.

Después de Singapur y Malasia, el itinerario oficial de la segunda en la línea de sucesión presidencial estadounidense incluye escalas en Corea del Sur y Japón, pero la perspectiva de una visita a Taiwán sigue acaparando la atención.

China considera a Taiwán como parte de su territorio y una visita de Pelosi a la isla como una provocación del Gobierno del presidente Joe Biden, quien la semana pasada fue advertido por su par chino, Xi Jinping, de que Estados Unidos “juega con fuego”.

“Estados Unidos cargará con la responsabilidad y pagará el precio por socavar la soberanía y la seguridad de China”, dijo a la prensa en Beijing una vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Hua Chunying.

Desde Moscú, la vocera de la Cancillería rusa dijo que Estados Unidos desestabiliza al mundo.

“Washington desestabiliza el mundo. Ni un solo conflicto resuelto en las últimas décadas, sino varios provocados”, dijo Maria Zajarova en la aplicación de mensajería Telegram, informó la agencia de noticias AFP.

Estados Unidos ha impuesto fuertes sanciones a Rusia y proporcionado armas a Ucrania para defenderse de la invasión rusa, que califica de “no provocada” cada vez que se refiera a ella.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha dicho que la negativa de Estados Unidos a aceptar una exigencia de Rusia de detener el avance de la OTAN hacia sus fronteras, incluyendo a su vecina Ucrania, fue uno de los motivos de su ofensiva, entre otros.

Sin embargo, el vocero del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, dijo que Pelosi tiene derecho de realizar la visita y acusó a China de “provocaciones”.

“Tiene el derecho de visitar Taiwán”, declaró Kirby a periodistas.

“No hay motivo para que Beijing convierta una posible visita, congruente con la política estadounidense de hace tiempo, en un tipo de crisis”, añadió.

Kirby citó informes de inteligencia de que China prepararía “posibles provocaciones militares” que podrían incluir el disparo de misiles al Estrecho de Taiwán o incursiones a “gran escala” en el espacio aéreo taiwanés.

El Ministerio de Defensa de Taiwán aseguró hoy que el territorio está “decidido, capaz y confiado” en que podrá proteger a la isla de las crecientes amenazas de China.

“Estamos preparando meticulosamente varios planes y las tropas adecuadas serán desplegadas para responder, respetando las reglas de respuesta en situaciones de emergencia, a las amenazas del enemigo”, dijo el Ministerio taiwanés en un comunicado.

Kirby recordó que Pelosi viaja en un avión militar y que si bien Washington no teme un ataque directo, sí “eleva los riesgos de un error de cálculo”.

Asimismo, reiteró que la política estadounidense no ha variado con respecto a Taiwán.

Ello implica apoyo al Gobierno autónomo taiwanés al tiempo que reconoce a China por encima de Taiwán y se opone a una declaración formal de independencia de parte de Taiwán o una toma forzosa de parte de China.

Los tres diarios más grandes de Taiwán, The United Daily News, Liberty Times y China Times afirmaron que Pelosi llegaría a la isla en la noche del martes y que se reuniría al día siguiente con la presidenta Tsai Ing-wen.

Los 23 millones de habitantes de Taiwán viven con el temor de una invasión, los cuales se ha intensificado bajo el mando del presidente chino Xi.

Ayer, el embajador chino en la ONU, Zhang Hun, calificó la visita de Pelosi como “muy peligrosa, muy provocadora”, en declaraciones a periodistas.

“Si Estados Unidos insiste en hacer la visita (a Taiwán), China tomará medidas firmes y fuertes para salvaguardar nuestra soberanía e integridad territorial”, afirmó.

El Ejército chino difundió ayer en Internet un video de tono marcial que muestra a soldados gritando que están listos para el combate, combatientes despegando, paracaidistas saltando de un avión o una lluvia de misiles que aniquilan varios objetivos.

La posibilidad de una visita inminente de Pelosi provocó hoy una fuerte caída en las bolsas de Asia.

Pelosi sería, si se concreta su visita, la más alta funcionaria estadounidense en visitar Taiwán desde su predecesor Newt Gingrich en 1997.

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Efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania ¿fin de la hegemonía europea?

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La guerra en Ucrania continúa golpeando y fuerte al mundo, pero principalmente a Europa. Justamente fue la Unión Europea y todo el corredor occidental europeo el que decidió responder con efusividad al Kremlin en su avance militar sobre el suelo ucraniano. Lo que quizás no lograron prever los europeos, fue la gran situación crítica que debían afrontar en consecuencia. La última semana fue reveladora para la política y la economía europea, en varios países, con sus particularidades, pero todos con un génesis en común.

El Euro en declive 

En el plano económico es, sin lugar a dudas, la baja del Euro, la noticia de mayor preponderancia. Con justa razón, es un fenómeno que no se veía hace 20 años. El Euro, una de las monedas más estables del mundo y que mayor confianza y fiabilidad genera en los inversores, padeció un golpe económico y financiero que lo posicionó en una relación de “1 a 1” con el Dólar. Esto significa que un Euro, pasó a valer un dólar, e inclusive por momentos llegó a descender aún más el valor de la moneda de la Eurozona, por debajo de la barrera del dólar. Esto se explica principalmente como una consecuencia de la guerra en Ucrania. Es decir, que la incertidumbre de la seguridad nacional y continental, en conjunto con la imposibilidad de la exportación de granos ucranianos, fueron uno de los desencadenantes de esta baja del Euro. 

Otra problemática que se desprende de la conflagración en Ucrania es la crisis energética que afectó duramente a los mercados europeos, y por supuesto que se ha sentido y fuerte en la Eurozona. Ante esto, el “súper dólar”, fogoneado por las medidas de la Reserva Federal de Estados Unidos, también jugó su carta para que el Euro toque su punto más bajo en 20 años.

Sin embargo, estas cuestiones económicas están sujetas a situaciones políticas. Retomando el concepto de “crisis energética”, esto es, lisa y llanamente, un contragolpe de Vladimir Putin contra Europa. Fue la UE la que rubricó una gran batería de sanciones económicas y hasta deportivas contra Rusia desde que se consumó el avance del ejército de la Z sobre Ucrania. Pareciera ser lógico que la respuesta de Rusia hubiese sido inmediata, sin embargo, Putin sirvió la venganza en frío

Paulatinamente, el Kremlin fue cortando el gas a Europa, y con eso, el desbalance económico y social. Es decir, a medida que Rusia vaya cortando cada vez más el gas al resto de Europa, más va a profundizar su crisis económica. Además de esto, los líderes de la UE deberán buscar mercados emergentes de gas o llevar adelante un plan veloz de culminación de la dependencia del gas ruso. Sea como sea, pareciera ser que esto no es provechoso para Europa, y es justamente, el Euro, uno de los eslabones que comenzó a sentir la herramienta política más fuerte de Putin. 

Esta incertidumbre en Europa, genera a su vez un fuerte temor a una recesión de tiempo de las guerras mundiales y el período entreguerras. Esta situación de alto índice inflacionario, expuesto por la Comisión Europea, preocupa a los inversores y las empresas que tienen actividades en Europa, como así también al europeo de a pie, quien debe hacer sus compras diarias en cualquier mercado de barrio. 

La Madre Patria comunista 

Entre tantos vaivenes económicos y sobre la imposibilidad de ver un horizonte claro en el cual se termine esta crisis en Europa, pareciera ser que el caso español comienza a mirar con cercanía a ideas y políticas que, históricamente, fueron asociadas a la izquierda. En este punto, las dos medidas tomadas por Pedro Sánchez en pleno proceso inflacionario en marcha, y con una ola de calor que también afecta al humor social, han causado revuelo. España comenzará a cobrar un impuesto extraordinario a los bancos y las empresas energéticas. Dos medidas en una, por un lado, lo relacionado a lo impositivo, y por otro, la redistribución en base a lo obtenido mediante el fisco. El presidente Sánchez logró tener la aprobación para llevar adelante esto, y consiguió una medida ejemplar que en Argentina todavía está en veremos. A partir de ello, la banca y la industria energética, mediante el aparato impositivo estatal, podrían dejar 2000 millones de Euros para España, en una medida que, en principio, sería por dos años. 

¿España se hace comunista? La respuesta más rápida es que, una medida de un Estado presente y con decisiones fuertes contra el empresariado no significa comunismo, sino más una sensación de estatismo español. Por otra parte, no sería novedad si la situación de España se replica en otras partes de Europa, en caso de verse exitosa en un corto plazo. Además de entender la situación de “extraordinarias” que tienen estas medidas, con el fin de poder ponerle un parche a la evidente crisis europea.

El dominó político llegó a Italia

Su nombre es Mario Draghi, y por ahora, es una incógnita saber si continuará con su cargo de primer ministro de Italia. Él mismo presentó su dimisión esta semana. Días difíciles vive Europa.

Precisamente, luego de una sesión parlamentaria en donde se discutió por un voto de confianza de los decretos impartidos por Draghi durante su experiencia en el cargo de premier, se da esta situación rupturista que mantiene en vilo, no solo a Italia, sino a toda Europa. Todo comienza cuando el Movimiento Cinco Estrellas decidió quitarle su respaldo a Draghi durante el voto de confianza. Esta situación fue tomada como la gota que rebalsó el vaso en Roma, aunque el presidente italiano, Sergio Mattarella, aún no aprobó la dimisión del premier. Esta situación fue vista como el debilitamiento político final que tuvo Mario Draghi, sumado a todas las decisiones económicas tomadas desde que asumió el cargo a principios del año pasado. Asimismo, Italia viene advirtiendo hace varias semanas que su situación con el gas y el petróleo ruso es cada vez más crítica y que los faltantes comenzarán a afectar al grueso de la población próximamente, si el país no encuentra una salida rápida y emergente. Finalmente, es un debilitamiento político que tiene como raíz, a la ya nombrada guerra en Ucrania.  

Crisis post G7-G20 

Europa se vino abajo luego de las cumbres de los grandes países defensores de las democracias occidentales y capitalistas. El recrudecimiento de las crisis sociales, políticas y económicas europeas coincide, casi con inmediatez, con el fin de estas reuniones diplomáticas. Podría ser obvio si es que uno piensa en una situación de revanchismo tomado por Rusia contra Europa, y es que, justamente, esta razón podría ser la primordial. 

Sin embargo, el efecto dominó en las problemáticas integrales que está viviendo la comunidad europea, desnuda una cuestión: la situación de rehén del viejo continente. Rehén del fuego cruzado entre Rusia y la Otan y con espectadores de lujo como China, Norcorea e Irán. A esto hay que sumarle un interrogante no menor y que causa revuelo. ¿Será el fin de la hegemonía europea? Cuando hablamos de hegemonía, nos referimos no solamente a lo económico, sino al debilitamiento de la construcción del modelo de sociedad ejemplar que ha pregonado Europa, y con buenos indicadores que lo respaldan, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente. 

Sin embargo, pareciera ser que la imagen del gran continente que es una potencia en múltiples rubros, es presa de una situación externa, y a la vez, lo enfrenta a retos que varias generaciones no supieron visualizar: inflación, aumento de precios, faltante de energía, inestabilidad política y fragilidad social. Una nueva Europa se abre camino, ante una Europa resquebrajada. 

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Bolsonaro rompe el bloqueo y quiere importar gasoil desde Rusia

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció hoy que su gobierno pretende empezar a importar gasoil desde Rusia para reducir el precio de los combustibles y argumentó que las sanciones de Occidente contra la industria energética rusa por la invasión a Ucrania no tuvieron éxito.

Bolsonaro dijo que “existe la posibilidad” de que la importación de diésel ruso se concrete dentro de los próximos 60 días, y defendió esa opción por ser más barata que otros proveedores internacionales de la compañía estatal petrolera Petrobras.

“Nosotros importamos casi el 30% del gasoil que se consume en el país. Hay que importar de los que venden a mejor precio y no aceptar el precio de los que cobran más caro”, aseguró Bolsonaro a periodistas en el Palacio del Planalto, la sede de la Presidencia, en Brasilia.

De cara a su reelección en la campaña para los comicios del 2 de octubre, Bolsonaro lanzó un paquete de medidas que incluyó una renuncia fiscal de los estados para permitir la reducción del precio de los combustibles: desde el 22 de junio los precios cayeron en promedio casi 9% en las estaciones de servicio.

Bolsonaro recordó que Rusia sigue siendo un proveedor de fertilizantes para el agronegocio brasileño, una medida que se cumple pese a la guerra en Ucrania y que fue acordada durante la visita del brasileño a su par ruso, Vladimir Putin, en marzo pasado.

El mandatario ultraderechista brasileño dijo que Brasil tiene una posición de “equilibrio” frente al conflicto y repitió que las sanciones no han tenido éxito ya que el rublo -la moneda rusa- es una de las que más se ha valorizado en 2022 frente a otras monedas.

“Rusia sigue haciendo negocios con todo el mundo, porque parece que las sanciones económicas no tuvieron éxito. Alemania tuvo el 40% de su gas cortado. La energía de Europa en gran parte depende del gas ruso. Es un gran país, con el doble de nuestro territorio. Brasil mantuvo una posición de equilibrio, claro que siempre nos gustaría que no hubiera guerra”, dijo.

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