A través de un comunicado, la cartera de Estado informó que estas acciones forman parte del seguimiento a la «revisión integral de causas» ordenada por el mandatario Nicolás Maduro, capturado por fuerzas de Estados Unidos el pasado 3 de enero en Venezuela, y que continúa la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
«Este procedimiento de revisión se mantendrá de manera permanente y continua, siempre en estricto apego al ordenamiento jurídico vigente», afirmó el Ministerio venezolano.
Asimismo, subrayó que las 116 excarcelaciones se suman a las 187 otorgadas durante el mes de diciembre de 2025, aunque en ese entonces no se publicó una lista de los nombres de las personas, por lo que ONG demandaron información precisa al respecto.
Este anuncio se da días después de que el jefe del Parlamento y hermano de la presidenta encargada, Jorge Rodríguez, anunciara la excarcelación de un «número importante» de personas, aunque el Gobierno no ha hecho pública la cifra total ni los nombres.
Presos políticos
La ONG Foro Penal, dedicada a la defensa de presos políticos en Venezuela, ha verificado, hasta las 6:23 hora local (10:23 GMT) de este lunes, la excarcelación de más de 40 personas que ONG denuncian detenidas por motivos políticos.
Además, entre los liberados se encuentra Yerwin Torrealba, coordinador juvenil de organización en el estado Yaracuy (oeste) del partido Vente Venezuela (VV), que encabeza la líder opositora y premio nobel María Corina Machado, y quien fue detenido en diciembre de 2024.
«¡Nunca debió estar preso! Su propósito sólo ha sido querer un mejor país», publicó VV en sus redes sociales. En septiembre pasado, Machado había advertido en X que Torrealba se encontraba «en un estado de salud crítico».
Desde el pasado jueves, cuando se anunciaron las excarcelaciones, familiares de presos políticos han pernoctado en varios centros penitenciarios a la espera de la liberación de sus seres queridos, por lo que ONG como Comité por la Libertad de los Presos Políticos han alertado sobre la incertidumbre del proceso.
ONG confirma 53 excarcelaciones de presos políticos
La ONG venezolana Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) confirmó 53 excarcelaciones de presos políticos, luego de que el Ministerio del Servicio Penitenciario del país anunciara más temprano la liberación de 116 personas.
«Celebramos profundamente cada reencuentro en libertad, así como la alegría de las personas liberadas y de sus familias, con la esperanza de que estos abrazos sigan multiplicándose», indicó JEP en un mensaje en X.
“Retraso” en las excarcelaciones
El principal bloque opositor de Venezuela, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), denunció lo que calificó como una «operación deliberada de retraso» y una «inaceptable burla», al señalar que solo se han liberado a 24 presos políticos desde el jueves, cuando se anunció la excarcelación de un «número importante» de personas.
«Esta situación se agrava al constatar que muchos de los excarcelados han obtenido su libertad bajo medidas cautelares gravosas», recalcó en X la PUD, que mantiene un número verificado de excarcelaciones por debajo de las 116 anunciadas anteriormente por el Gobierno.
La coalición subrayó que «cerca de 1.000 personas» permanecen detenidas por motivos políticos, por lo que calificó de «pírrica» la cifra de los 24 excarcelados, que representa poco más del 2 % del total de presos políticos.
«Exigimos a quienes hoy, interinamente, ostentan la responsabilidad y el poder de tomar estas decisiones que avancen, sin dilaciones, hacia la libertad plena e inmediata de todos los presos políticos, sin excepciones ni condicionamientos arbitrarios», manifestó la PUD.
Para el bloque, esta demanda se hace «aún más urgente» tras el fallecimiento el sábado del preso político Edison José Torres Fernández, lo que eleva a 26 el número de presos políticos -según la PUD- que han perdido la vida bajo custodia del Estado.
«No pueden existir puertas giratorias. No es aceptable liberar a algunos mientras otros son detenidos, perseguidos o sometidos a procesos judiciales infundados. La justicia no puede ser selectiva ni utilizada como mecanismo de presión política», señaló.
Por ello, hizo un llamado a la comunidad internacional para que acompañe a los familiares que, durante estos días, se han mantenido en vigilia a las afueras de varias cárceles, a la espera de la liberación de sus seres queridos.
El ataque de Donald Trump a Venezuela y la detención de su presidente, Nicolás Maduro marcaron el fin del orden mundial tal como se conocía. Emerge ahora uno nuevo, ni global ni multipolar. Ni dividido en dos como durante la Guerra Fría. En el nuevo orden impera la ley del más fuerte por sobre el derecho internacional. Y eso no es un buen augurio para Ucrania o para Taiwan, ni para ningún país del mundo.
El estado de derecho se ha transformado en “el Estado soy yo”. Donald Trump es al mismo tiempo presidente, policía, militar y juez de sentencias.
En una entrevista extraordinariamente franca con The New York Times, Donald Trump esboza una concepción del poder presidencial que roza el absolutismo. Como comandante en jefe, sostiene que su autoridad está limitada únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”, desestimando al derecho internacional, los tratados y las normas multilaterales como restricciones reales. En su visión, la fuerza nacional -y no el andamiaje jurídico construido tras la Segunda Guerra Mundial- es lo que verdaderamente ordena el sistema internacional. Las reglas, alianzas y convenciones que durante décadas estructuraron la estabilidad global aparecen, en su cosmovisión, como cargas innecesarias para una superpotencia que debería actuar sin ataduras.
Ese mismo enfoque se proyecta sobre la geopolítica concreta. Trump reduce a la OTAN a una herramienta vacía sin Estados Unidos y admite que podría verse obligado a elegir entre preservar la alianza o apropiarse de Groenlandia, a la que considera estratégicamente indispensable, justo cuando sus pobladores están buscando la autodeterminación. Defiende la “propiedad” territorial como una condición psicológica y material del poder -superior a cualquier tratado o arriendo- y deja en claro que, para él, la soberanía de otros Estados es secundaria frente al papel de Estados Unidos como “protector de Occidente”. En contraste con presidentes anteriores, a quienes acusa de haber sido demasiado cautelosos, Trump reivindica el uso directo del poder estadounidense con fines políticos y económicos, incluso cuando eso implique redefinir -o ignorar- los límites del orden internacional vigente.
Cualquier parecido con la imagen de un dictador, es pura coincidencia. Obviamente Trump no se presenta como un dictador -Maduro tampoco-, sino como alguien que desprecia la idea misma de los límites. Niega que la ley, el derecho internacional o las alianzas sean fuentes externas de autoridad a las que deba someterse. Eso es en la práctica, un pensamiento tiránico, aunque todavía no sea una tiranía institucionalizada.
En términos de ciencia política, la visión que Trump expresa encaja con precisión en el concepto de cesarismo: una forma de liderazgo en la que el poder no se legitima por la ley ni por las instituciones, sino por la fuerza, el éxito y la capacidad de imponerse. El líder cesarista se sitúa por encima de los contrapesos formales, convierte al Estado en una herramienta personal y concibe la política -tanto interna como externa- no como un sistema de derechos y normas compartidas, sino como un campo de dominio, donde manda quien puede y no quien debe.
Julio César no abolió la República el primer día. Primero la vació de sentido.
Para desazón de los entusiastas del derrocamiento de Maduro y la acción de Estados Unidos, Trump ya no habla ni de democracia ni de salvar al país de una dictadura. Ni siquiera de narcotráfico. Estados Unidos admitió que el Cártel de los Soles, señalado por Trump como el enemigo que lideraba Maduro, no es una “organización criminal real”. Expertos en delincuencia y narcóticos en Latinoamérica afirmaron que, esa denominación, se trata de “un término coloquial, inventado por los medios venezolanos en la década de 1990, para referirse a funcionarios corruptos por el dinero del narcotráfico“.
El eje es el petróleo. Negocios. Negocios para empresas de Estados Unidos.
“Lo que hemos hecho es que hemos tomado el control de todo un país. Vamos a hacer que el país sea fuerte y bueno y, en última instancia, van a poder votar y poner a alguien que les guste. Hemos tomado petróleo por un valor de 4.000 millones de dólares en un solo día, y eso va a aumentar. Vamos a reconstruirlo. Todas las grandes compañías petroleras están entrando. Van a ganar mucho dinero y Venezuela va a recibir parte de ese dinero y nosotros vamos a recibir parte de ese dinero. Trajimos estabilidad a la región, con estabilidad y precios del petróleo mucho más bajos”, explicó Trump en otra entrevista.
A diferencia de otros años -en noviembre se cumplieron 25 años del No al Alca-, el poder imperial no encuentra oposición. Javier Milei aplaudió el avance de Trump, Lula Da Silva ensayó una crítica de compromiso y el resto del continente miró para otro lado. El colombiano Gustavo Petro llamó dócilmente a Trump para calmar las amenazas del norte. En Europa y los organismos internacionales, las críticas no hirieron susceptibilidades.
La crítica más mordaz provino de la ultraderechista francesa Marion Anne Perrine Le Pen, a quien nadie puede achacarle alguna simpatía por el chavismo residual: “Existían mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, hacía pesar sobre su pueblo, desde hace demasiado tiempo, una losa que hundió a millones de venezolanos en la miseria -cuando no los obligó al exilio-. Pero existe una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera sea su tamaño, cualquiera sea su poder, cualquiera sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a ese principio para Venezuela, para cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre. Sería, por lo tanto, un peligro mortal, en un siglo XXI que ya es escenario de grandes sacudidas geopolíticas y que hace pender sobre la humanidad el riesgo permanente de la guerra y del caos”, detalló. Servidumbre del siglo XXI. El nuevo des-orden mundial.
Ese nuevo des-orden no necesita de alineamientos, sino sometimiento. Países como Argentina, urgidos de respaldos para sostener su economía, quedarán cada vez más expuestos. Los grandes jugarán su juego. El acuerdo Mercosur-UE, largamente buscado y a punto de ser firmado, ya no es garantía de crecimiento para los países de este continente, porque las condiciones las pone Europa y, en el caso de la Argentina, los costos de producción se han disparado en los últimos años, lo que hace difícil estimar potenciales beneficios. La yerba es uno de los productos que entrará sin arancel y se buscará potenciar la demanda de otros productos para sostener el ritmo exportador que cerró el 2025 en uno de sus mejores momentos.
Pero aún con exportaciones en alza, la economía no encuentra sosiego. En la industria, once de los 16 principales sectores están en rojo contra noviembre de 2023. La industria textil es la más golpeada, con una caída del 38 por ciento, seguida por metales, caucho y la industria automotriz.
De pasar a cobrar en dólares, a contar los pesos para llegar a fin de mes. El derrumbe económico coincide con una suba de precios que tuvo poco de moderación. La inflación seguirá en enero por encima del 2 por ciento y la de diciembre, que se conocerá en los próximos días, marca un porcentaje similar. Enero también marcará el debut del nuevo índice de precios al consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El nuevo formato no llega para mejorar la comprensión de la inflación, sino para desnudarla. Al actualizar la canasta con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de la era Milei salta a 269%, frente al 259% que arroja el viejo patrón de consumo de 2004/2005. La diferencia no es técnica: es política. Durante más de veinte años se midió el costo de vida con una canasta que ya no existe, subestimando el peso real de los alquileres, los servicios y los bienes básicos en los hogares. El resultado es incómodo para el relato oficial: cuando la inflación se mide con los hábitos reales de la gente, el ajuste aparece todavía más brutal de lo que ya muestran las estadísticas.
Uno de los cambios clave será la ponderación que tienen viviendas y servicios en el IPC, que -hasta el momento- es de 9,44% a nivel nacional, y a partir de enero escalará a 14,5%. Este fue un gran debate durante 2024, cuando se redujeron fuertemente los subsidios económicos para los servicios públicos y el IPC no reflejaba lo que ocurría hacia dentro de los presupuestos familiares.
En ese escenario de contracción, las provincias se ven obligadas a redoblar esfuerzos para sostener las economías regionales, con suerte dispar. La vecina Corrientes, señalada siempre como el “ejemplo” por las oposiciones en Misiones, tiene a decenas de municipios en virtual cesación de pagos, mientras que la provincia atraviesa una crisis financiera y administrativa de magnitud estructural que ya no puede ser disimulada por discursos de equilibrio fiscal ni por la aprobación exprés de presupuestos inflados.
El gobernador Juan Pablo Valdés asumió con una herencia fiscal crítica, producto de la gestión de su hermano Gustavo, padrino político del radicalismo misionero: el gasto provincial creció un 39% por encima de los ingresos, el déficit supera los 160.000 millones y la deuda proyectada para 2025 ronda los 184.905 millones, ubicando a Corrientes entre las provincias más comprometidas del país.
En contraste, Misiones cierra el año con nota alta. Moody’s Argentina ratificó la calificación crediticia de Misiones y confirmó su perfil como uno de los distritos subnacionales más sólidos del país en un contexto macroeconómico todavía frágil para la Argentina. La agencia afirmó tanto las calificaciones de emisor en moneda local como en moneda extranjera de largo plazo en BB+.ar, con perspectiva estable, lo que implica que no se esperan cambios significativos en los fundamentos financieros de la provincia en el corto y mediano plazo.
El informe de Moody’s destaca que el perfil crediticio de Misiones se construye sobre una combinación clave: márgenes operativos sólidos, bajo nivel de endeudamiento y una muy reducida exposición al riesgo cambiario. Misiones presenta una de las estructuras de deuda más prudentes del mapa subnacional argentino, con un peso acotado de pasivos en moneda extranjera, lo que la protege frente a saltos en el tipo de cambio, una de las principales fuentes de estrés fiscal en el país.
Este punto es central en momentos en que la Argentina atraviesa un proceso de reordenamiento macroeconómico con fuerte ajuste fiscal, inestabilidad monetaria y aún alta sensibilidad cambiaria, Moody’s subraya que Misiones no está expuesta a shocks cambiarios por su estructura de deuda, algo que pocas provincias pueden exhibir.
Ese orden económico se sustenta en el desendeudamiento de los últimos años y en una política fiscal que fortalece la autonomía y le permite a Misiones cumplir con sueldos y sostener lo que puede: programas productivos y de respaldo a la economía.
De todos modos, la oposición, carente de creatividad, repite las críticas hacia los pilares de esa fortaleza. Desde siempre el radicalismo, después el PRO y ahora Diego Hartfield, el ex tenista libertario, que repite los mismos conceptos sin decir cómo sostener servicios básicos sin recursos propios en momentos en los que la Nación se desentiende de todas sus responsabilidades. Salud, educación, seguridad y transporte, dependen exclusivamente de los recursos provinciales, mientras que el Gobierno de Milei sigue recaudando impuestos únicamente para cumplir con los vencimientos de una deuda que se hace cada vez más insostenible. Para Hartfield, Misiones sufre una fragilidad financiera, está “en default” y al mismo tiempo, debe suprimir sus herramientas fiscales. Contradicciones a la vista.
El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, quien ya había salido al cruce de las posiciones exhibidas por la Confederación Económica de Misiones, en contra de las políticas fiscales, no eludió contestar la diatriba del ex tenista que comenta la realidad en las redes y desde la playa: el funcionario planteó que no existe ningún escenario de fragilidad financiera cuando una calificadora como Moody’s acaba de volver a certificar la solvencia de la provincia, con bajo riesgo fiscal y una trayectoria de más de dos décadas de manejo responsable de las cuentas públicas.
En ese mismo sentido, explicó que Misiones consiguió financiamiento de la Corporación Andina de Fomento no para cubrir déficits corrientes -como sucedió en otras épocas y como hace la Nación para dibujar equilibrios contables-, sino para destrabar una obra eléctrica de alta tensión que la Nación dejó sin ejecutar y que es clave para sostener el crecimiento productivo de Misiones. Desde su óptica, el verdadero problema no está en la salud financiera provincial, sino en los recursos que el Estado nacional sigue adeudando a los misioneros -desde regalías energéticas hasta fondos previsionales y programas sectoriales-, y que requieren una defensa activa en el Congreso. Por eso, Safrán dejó en claro que, mientras los indicadores macro puedan mostrar cierta mejora, la prioridad es atender la realidad concreta de la economía local, el empleo y la actividad, una tarea que demanda menos ruido político y más trabajo coordinado en favor de la provincia. “Lo invito a trabajar en esa agenda compartida por el bien de la provincia”, señaló Safrán, aunque Hartfield ya dejó claro que es “diputado de Milei” y no necesariamente de la provincia de Misiones.
El ex embajador argentino en Estados Unidos, Diego Guelar, afirmó que la situación en Venezuela, pese a la salida de Nicolás Maduro y su inminente juicio en Nueva York, no representa una transición política real, ya que “el poder chavista está entero” y la supuesta liberación de prisioneros es “una especie de burla”.
En declaraciones a Splendid AM990, Guelar enfatizó que la “calma” que se observa en el país caribeño es producto de “26 años de creciente represión”, y que la ciudadanía desconoce el verdadero nivel de poder que aún conserva el gobierno venezolano.
Además, señaló que el control estadounidense sobre el petróleo venezolano se dirige a afectar a China, Rusia y Cuba, más que a beneficiar a la población local.
Radiografía del poder en Venezuela
Guelar detalló que, si bien la detención de Maduro es un “hecho consumado” en términos simbólicos y legales en Estados Unidos, el verdadero entramado de poder en Venezuela permanece inalterado.
“El poder chavista está entero, salvo su mascarón de proa (en relación a Maduro), porque no era su jefe”, explicó el exdiplomático, subrayando que figuras como Delcy Rodríguez (presidenta interina), Diosdado Cabello (ministro del Interior) y Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea) mantienen su influencia.
La medida de liberar a una docena de “presos políticos” fue calificada por Guelar como “una especie de burla”, dado que la cifra total asciende a 862. “Estamos muy lejos de la señal quizás más clara de lo que hubiera sido, o de lo que tiene que ser, el inicio de una transición política”, afirmó y remarcó que “esto no se parece a una transición política”.
La percepción de “calma” en Venezuela, según el exembajador, es “una calma tras 26 años de creciente represión”, donde la población aún no sabe “cuál es el nivel de poder que conserva el gobierno”.
La estrategia de Trump y el equilibrio geopolítico
El análisis de Guelar profundizó en la injerencia estadounidense y el rol del presidente americano Donald Trump. El ex embajador destacó la imagen del mandatario reunido con grandes petroleros norteamericanos, señalando que el interés primordial es asegurar un “precio del petróleo bajo” para los consumidores estadounidenses, una “clave de su campaña electoral”.
Sin embargo, también advirtió que los anuncios del presidente norteamericano sobre inversiones por US$100.000 millones no son tomados como hechos por las petroleras, que exigen “condiciones de inversión” y “garantías de seguridad jurídica”.
Respecto a las reacciones internacionales, Guelar observó una “prolijidad” o “cuidado excesivo” de Rusia y China, quienes han mantenido un perfil bajo frente a las acciones de Washington.
“Rusia es de los que quieren sostener el precio del petróleo, no bajarlo. Pero (Vladimir) Putin tiene también una suerte de dependencia y asociación del propio (Nicolás) Maduro en el tema Ucrania, centralmente”, explicó.
Trump “no cree en las instituciones”
Esta postura se debe, a su juicio, al “poder desbocado” de Trump, quien “no cree en las instituciones” y, por ende, las potencias rivales se ven obligadas a “someterse”.
No obstante, destacó que el Senado de Estados Unidos votó con mayoría, incluyendo cinco senadores republicanos, que “cualquier ataque a Venezuela tiene que contar con el apoyo del Congreso”, lo que representa “un límite muy grande”.
El exembajador en Brasil y China concluyó con una comparación con la política argentina, recordando cuando el Congreso era visto como “la escribanía”, una situación que Trump pretende replicar en el Congreso estadounidense.
Subrayó que el éxito de Trump en bajar el precio del petróleo a US$50 o US$52 el barril podría ser decisivo para su victoria en las elecciones de medio término, lo que muestra la importancia de la “percepción del ciudadano americano medio” en su estrategia.
Esto último lo comparó con la situación que atravesó el gobierno de Javier Milei previo a las elecciones legislativas de octubre: “El propio Gobierno se daba por perdedor. Lo que pasó, inédita y justamente, fue la intervención norteamericana. El cambio de clima en la Argentina fue notable”.
Por David E. SangerTyler PagerKatie Rogers y Zolan Kanno-Youngs, New York Times. El presidente Donald Trump declaró el miércoles por la noche que su poder como comandante en jefe está limitado solo por su “propia moralidad”, dejando de lado el derecho internacional y otros controles sobre su capacidad para utilizar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo.
Cuando se le preguntó en una amplia entrevista con The New York Times si había algún límite a sus poderes globales, Trump dijo: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.
“No necesito el derecho internacional”, añadió. “No busco hacer daño a la gente”.
Cuando se le preguntó si su gobierno tenía que respetar el derecho internacional, Trump dijo: “Lo hago”. Pero dejó claro que él sería el árbitro cuando tales limitaciones se aplicaran a Estados Unidos.
“Depende de cuál sea tu definición de derecho internacional”, dijo.
La valoración que hizo Trump de su propia libertad para utilizar cualquier instrumento de poder militar, económico o político para cimentar la supremacía estadounidense fue el reconocimiento más contundente hasta la fecha de su visión del mundo. En su núcleo está el concepto de que la fuerza nacional, más que las leyes, los tratados y las convenciones, debe ser el factor decisivo en la colisión de poderes.
Reconoció algunas limitaciones en su país, aunque ha seguido una estrategia maximalista de castigar a las instituciones que le desagradan, imponer represalias a los oponentes políticos y desplegar la Guardia Nacional en las ciudades a pesar de las objeciones de los funcionarios estatales y locales.
Dejó claro que utiliza su reputación de imprevisible y su disposición a recurrir rápidamente a la acción militar, a menudo al servicio de la coacción a otras naciones. Durante su entrevista con el Times, atendió una larga llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien estaba claramente preocupado tras las repetidas amenazas de que Trump estaba pensando en un ataque contra el país, similar al de Venezuela.
La llamada entre los dos líderes, cuyo contenido era extraoficial, fue un ejemplo de diplomacia coercitiva en acción. Y se produjo pocas horas después de que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio hubieran retirado a Estados Unidos de decenas de organizaciones internacionales destinadas a fomentar la cooperación multinacional.
En su conversación con el Times, Trump sonaba más envalentonado que nunca. Citó el éxito de su ataque contra el programa nuclear iraní —tiene sobre su escritorio una maqueta de los bombarderos B-2 utilizados en la misión—, la rapidez con la que decapitó al gobierno venezolano el pasado fin de semana y sus designios sobre Groenlandia, controlada por Dinamarca, aliada de la OTAN.
Cuando se le preguntó cuál era su mayor prioridad, obtener Groenlandia o preservar la OTAN, Trump declinó responder directamente, pero reconoció que “podría ser una elección”. Dejó claro que la alianza transatlántica era esencialmente inútil sin Estados Unidos en su núcleo.
Incluso al caracterizar las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia, Trump desestimó la idea de que el dirigente de China, Xi Jinping, o el presidente de Rusia, Vladimir Putin, pudieran utilizar una lógica similar en detrimento de Estados Unidos. Tema tras tema, dejó claro que, en su opinión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante, y que los presidentes anteriores han sido demasiado cautelosos para hacer uso de él en aras de la supremacía política o la ganancia nacional.
La insistencia del presidente en que Groenlandia debe pasar a formar parte de Estados Unidos fue un excelente ejemplo de su visión del mundo. No bastaba con ejercer el derecho estadounidense, en virtud de un tratado de 1951, a reabrir las bases militares cerradas desde hace tiempo en la enorme masa de tierra, que es una encrucijada de importancia estratégica para las operaciones navales estadounidenses, europeas, chinas y rusas.
“La propiedad es muy importante”, dijo Trump mientras hablaba, con mirada de magnate inmobiliario, de la masa continental de Groenlandia, tres veces mayor que Texas, pero con una población de menos de 60.000 habitantes. Pareció descartar el valor de tener Groenlandia bajo el control de un estrecho aliado de la OTAN.
Cuando le preguntaron por qué necesitaba poseer el territorio, dijo: “Porque eso es lo que considero psicológicamente necesario para el éxito. Creo que poseer un territorio te da algo que no puedes conseguir con un arrendamiento o un tratado. La propiedad te da cosas y elementos que no puedes conseguir con la simple firma de un documento”.
La conversación dejó claro que, en opinión de Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son menos importantes que el papel singular que Estados Unidos desempeña como protector de Occidente.
Sostuvo que solo él —y no dos predecesores a los que despreció, Joseph R. Biden Jr. y Barack Obama— había demostrado ser capaz de persuadir a las naciones de la OTAN para que gastaran el 5 por ciento del producto interno bruto en defensa. (Aproximadamente el 1,5 por ciento de ese porcentaje se destina en realidad a infraestructuras nacionales —desde redes eléctricas hasta ciberseguridad— que pueden servir de apoyo a la defensa. El objetivo no entra en vigor hasta 2035, seis años después de que Trump deje el cargo).
“Quiero que se pongan en forma”, dijo. “Creo que siempre nos llevaremos bien con Europa, pero quiero que se pongan en forma. Yo soy el que consiguió que gastaran más en la, ya sabes, más PIB en la OTAN. Pero si te fijas en la OTAN, puedo decirte que Rusia no se preocupa en absoluto por ningún otro país que no seamos nosotros”.
El presidente añadió: “He sido muy leal a Europa. He hecho un buen trabajo. Si no fuera por mí, Rusia tendría ahora mismo toda Ucrania”.
Parecía no preocuparle que el último gran acuerdo de control de armas nucleares con Rusia fuera a expirar dentro de cuatro semanas, dejando a las dos mayores potencias nucleares del mundo en libertad de ampliar sus arsenales sin límites, por primera vez en medio siglo.
“Si expira, expira”, dijo. “Simplemente haremos un acuerdo mejor”, añadió, insistiendo en que China, que posee el arsenal de crecimiento más rápido del mundo, debería incorporarse a cualquier acuerdo futuro.
“Probablemente, también querrás que participen un par de actores más”, dijo Trump.
El presidente parecía igualmente optimista sobre si su decisión de enviar fuerzas de Operaciones Especiales a Caracas para extraer a Nicolás Maduro de Venezuela sería aprovechada por China o Rusia. En los días transcurridos desde la acción en Venezuela, se ha argumentado que el precedente estadounidense ayudaría a justificar un esfuerzo chino por tomar Taiwán, o el intento de Rusia de apoderarse de Ucrania, que Putin ha descrito como una parte histórica del imperio ruso, que se remonta a más de una decena de siglos.
Al preguntársele si había creado un precedente del que pudiera arrepentirse más adelante, Trump argumentó que su visión de la amenaza que suponía la Venezuela de Maduro era muy diferente de la visión de Xi sobre Taiwán.
“Era una amenaza real”, dijo sobre Venezuela. “No tenías gente entrando en China”, argumentó, repitiendo su afirmación, tantas veces hecha, de que Maduro soltaba miembros de bandas a Estados Unidos.
Trump añadió: “No había drogas entrando en China. No tenías todas las cosas malas que hemos tenido. No tuviste las cárceles de Taiwán abiertas y la gente vertiéndose en China”, o, dijo después, criminales y otros “vertiéndose en Rusia”.
Cuando un periodista señaló que Xi consideraba Taiwán una amenaza separatista para China, Trump dijo: “Eso depende de él, de lo que vaya a hacer. Pero, ya sabes, le he expresado que me disgustaría mucho que lo hiciera, y no creo que lo haga. Espero que no lo haga”.
Luego, cuando se le preguntó sobre si Xi podría aprovechar los recientes acontecimientos para atacar o asfixiar a Taiwán, sugirió que el dirigente chino no se atrevería a dar ese paso mientras Trump estuviera en el poder. “Puede que lo haga después de que tengamos otro presidente, pero no creo que lo haga conmigo como presidente”, dijo.
El jueves, en una inusual afirmación de la autoridad del Congreso sobre los poderes de guerra del presidente, el Senado acordó debatir una resolución destinada a frenar el uso de la fuerza militar en Venezuela por parte de Trump. El senador Rand Paul, republicano por Kentucky, dijo que un factor que podría haber inclinado la votación fue el comentario del presidente durante la entrevista del miércoles de que Estados Unidos podría seguir implicado en Venezuela durante años.
En el frente interno, Trump sugirió que los jueces solo tienen poder para restringir su agenda de política interna —desde el despliegue de la Guardia Nacional hasta la imposición de aranceles— “en determinadas circunstancias”.
Pero ya estaba considerando soluciones provisionales. Planteó la posibilidad de que, si la Corte Suprema anulaba sus aranceles emitidos en virtud de las autoridades de emergencia, podría volver a presentarlos como derechos de licencia. Y Trump, quien dijo que había sido elegido para restablecer la ley y el orden, reiteró que estaba dispuesto a invocar la Ley de Insurrección y desplegar el ejército dentro de Estados Unidos y federalizar algunas unidades de la Guardia Nacional si consideraba que era importante hacerlo.
Hasta ahora, dijo, “no he sentido realmente la necesidad de hacerlo”.
Venezuela por largo tiempo
Trump dijo que esperaba que Estados Unidos manejara Venezuela y extrajera petróleo de sus enormes reservas durante años, e insistió en que el gobierno interino del país —todos ellos antiguos leales al ahora encarcelado Nicolás Maduro— “nos da todo lo que consideramos necesario”.
“Solo el tiempo lo dirá”, respondió, cuando se le preguntó cuánto tiempo el gobierno exigirá la supervisión directa de la nación sudamericana, con la amenaza inminente de una acción militar estadounidense desde una armada situada frente a la costa.
“La reconstruiremos de forma muy rentable”, dijo Trump durante una entrevista de casi dos horas. “Vamos a utilizar petróleo y vamos a sacar petróleo. Vamos a bajar los precios del petróleo y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente”.
Las declaraciones de Trump se produjeron horas después de que funcionarios del gobierno dijeran que Estados Unidos planea asumir efectivamente el control de la venta del petróleo de Venezuela de forma indefinida, parte de un plan en tres fases que el secretario de Estado Marco Rubio expuso a los miembros del Congreso. Aunque los legisladores republicanos en gran medida han apoyado las acciones del gobierno, los demócratas reiteraron el miércoles sus advertencias de que Estados Unidos se dirigía hacia una intervención internacional prolongada sin una autoridad legal clara.
Durante la extensa entrevista con The New York Times, Trump no dio un periodo preciso de cuánto tiempo Estados Unidos permanecerá como el controlador de las políticas de Venezuela. ¿Serían tres meses? ¿Seis meses? ¿Un año? ¿Más tiempo?
“Yo diría que mucho más”, respondió el presidente.
A lo largo de la entrevista, Trump abordó una amplia gama de temas, entre ellos el tiroteo mortal del ICE en Mineápolis, la migración, la guerra entre Rusia y Ucrania, Groenlandia y la OTAN, su salud y sus planes para nuevas renovaciones de la Casa Blanca.
Trump no respondió a las preguntas sobre por qué reconoció a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, como nueva dirigente de Venezuela en lugar de respaldar a María Corina Machado, la líder de la oposición cuyo partido dirigió una exitosa campaña electoral contra Maduro en 2024 y recientemente ganó el Premio Nobel de la Paz. No quiso hacer comentarios cuando se le preguntó si había hablado con Rodríguez.
“Pero Marco habla con ella todo el tiempo”, dijo en referencia al secretario de Estado. Trump añadió: “Les diré que estamos en constante comunicación con ella y con el gobierno”.
Trump tampoco se comprometió sobre cuándo se celebrarían elecciones en Venezuela, que tenía una larga tradición democrática desde finales de la década de 1950 hasta que Hugo Chávez tomó el poder en 1999.
Poco después de que cuatro periodistas del New York Times se sentaran a hablar con él, Trump interrumpió la entrevista para atender una llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, días después de que Trump amenazara con atacar al país por su papel como centro de distribución de cocaína.
Cuando se conectó la llamada, el presidente invitó a los periodistas del Times a permanecer en el Despacho Oval para escuchar la conversación con el presidente colombiano, con la condición de que su contenido se mantuviera confidencial. Lo acompañaron en la sala el vicepresidente JD Vance y Rubio, quienes se marcharon una vez concluida la llamada.
Tras hablar con Petro, Trump le dictó a un colaborador un mensaje para su cuenta en las redes sociales en la que decía que el presidente colombiano lo había llamado “para explicar la situación de las drogas” que salían de las fábricas rurales de cocaína en Colombia y que Trump lo había invitado a visitar Washington.
La llamada de Petro —que duró aproximadamente una hora— pareció disipar cualquier amenaza inmediata de acción militar estadounidense, y Trump indicó que creía que la decapitación del régimen de Maduro había intimidado a otros líderes de la región para que se alinearan. Durante la larga conversación con el Times, Trump se deleitó en el éxito de la operación que irrumpió en el complejo fuertemente fortificado de Caracas y que dio lugar a la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Dijo que había seguido el entrenamiento de las fuerzas para la operación, hasta la creación de una réplica a tamaño real del complejo en unas instalaciones militares de Kentucky.
El presidente dijo que, a medida que se desarrollaba la operación, le preocupaba que pudiera acabar siendo un “desastre a lo Jimmy Carter. Eso destruyó todo su gobierno”. Se refería a la fallida operación del 24 de abril de 1980 para rescatar a 52 rehenes estadounidenses retenidos en Irán. Un helicóptero estadounidense chocó con un avión en el desierto, una tragedia que empañó el legado de Carter, pero que condujo a la creación de unas fuerzas de operaciones especiales mucho más disciplinadas y bien entrenadas.
“No sé si habría ganado las elecciones”, dijo Trump sobre Carter, “pero desde luego no tenía ninguna posibilidad después de aquel desastre”.
Contrastó el éxito de la toma de Maduro, en una operación que parece haber matado a unos 70 venezolanos y cubanos, entre otros, con las operaciones de sus predecesores que habían salido mal.
“Sabes que no tuvimos un Jimmy Carter estrellando helicópteros por todas partes, que no tuvimos el desastre de Biden en Afganistán, donde no podían realizar ni la maniobra más sencilla”, dijo, en referencia a la caótica retirada de Afganistán que provocó la muerte de 13 militares estadounidenses.
Trump dijo que ya había empezado a ganar dinero para Estados Unidos al sacar petróleo que ha estado sometido a sanciones. Se refirió a su anuncio del martes por la noche de que Estados Unidos obtendría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo pesado venezolano.
Pero no ofreció ningún periodo de tiempo para ese proceso, y reconoció que llevaría años reactivar el descuidado sector petrolero del país.
“El petróleo tardará un tiempo”, dijo.
Trump parecía mucho más concentrado en la misión de captura que en los detalles de cómo gestionar el futuro de Venezuela. Se negó a decir qué podría impulsarlo a desplegar fuerzas estadounidenses sobre el terreno en el país.
“No quisiera decirles eso”, dijo.
¿Insertaría soldados estadounidenses si el gobierno venezolano le impidiera el acceso al petróleo del país? ¿Enviaría tropas si Venezuela se negara a expulsar al personal ruso y chino, como ha exigido su gobierno?
“No puedo decirles”, dijo Trump. “En realidad no me gustaría decirles, pero nos están tratando con gran respeto. Como saben, nos llevamos muy bien con el gobierno que está allí ahora mismo”.
Eludió una pregunta sobre por qué se negó a investir a Edmundo González Urrutia, el hombre que Estados Unidos declaró vencedor de las elecciones presidenciales venezolanas de 2024. González Urrutia era esencialmente un candidato sustituto de Machado, la principal líder de la oposición.
Reiteró que los aliados de Maduro están cooperando con Estados Unidos, a pesar de sus declaraciones públicas hostiles.
“Nos están dando todo lo que consideramos necesario”, dijo. “No olviden que nos quitaron el petróleo hace años”.
Se refería a la nacionalización de instalaciones construidas por empresas petroleras estadounidenses. Trump ya ha estado hablando con ejecutivos petroleros estadounidenses sobre la posibilidad de invertir en los yacimientos venezolanos, pero muchos se muestran reticentes, preocupados por la posibilidad de que la operación para dirigir el país se tambalee cuando Trump abandone el poder, o de que los servicios militares y de inteligencia de Venezuela socaven el esfuerzo por quedar al margen de las ganancias.
Trump dijo que le gustaría viajar a Venezuela en el futuro.
Agresión descarada pisoteando soberanía, bajo pretextos de muy dudosa o nula credibilidad, es lo que cabe definir de la nueva y desembozada agresión de estilo patotero, perpetrada en su pretendido patio trasero, por el descarnado poder imperial de “la gran potencia del norte”.
Mucha tela para cortar, por lo que es necesario separar lo esencial de lo secundario, o meramente anecdótico. En la historia de agresiva prepotencia, de la cual hace gala el permanente accionar de la política exterior yanqui, no es nueva la recurrente utilización de la fuerza bruta, cuando las presiones económicas, financieras, de política exterior, y del aparataje cultural resultan insuficientes o infructuosas.
Lo que tal vez marque una diferencia acentuada, es la explicitación directa, brutal y desvergonzada, del interés estratégico esencial que motiva la agresión directa, que es el dominio pleno por parte de EEUU, de las enormes reservas de petróleo y gas que atesora el subsuelo venezolano, además de las nada despreciables existencias de metales raros, esenciales para las industrias de más compleja tecnología.
En todo ello entra el muy fuerte enfrentamiento geopolítico de EEUU con China, y es muy claro que el accionar de ambas superpotencias muestra muy claras diferencias. Mientras China ofrece concretas colaboraciones, con apoyos tecnológicos y financieros, para grandes obras de infraestructura, y acuerdos bilaterales de asociaciones estratégicas; EEUU muestra predilección por practicar la Doctrina del Gran Garrote, con injerencias explícitas de intervencionismo, como lo hizo en las recientes elecciones de Argentina.
No queda muy en claro, si el actual accionar de EEUU reafirma su pretendida excluyente supremacía -como la tuvo al fin de la Segunda Guerra Mundial-; o si evidencia su irreversible decadencia frente al creciente poder chino y de los bloques de poder asentados principalmente en Asia y cercanías.
Con la desfachatez propia de patoteros ahítos de poder, Trump dijo que busca recuperar “su” petróleo, pisoteando con ello todo atisbo de soberanía de Venezuela sobre sus recursos naturales; y con la soberbia propia de tiránicos emperadores todo poderosos de muy viejas épocas del Antiguo Testamento, hace alardes de gobernar Venezuela a su antojo, como si fuera un protectorado.
Diriase que el accionar “trumpístico” atrasa dos milenios largos, copiando la metodología de fuerza bruta del Imperio Romano, a la vez que acentúa el posicionamiento soberbiamente imperial no exento de crudo racismo, que heredaron de sus “primos” del otro lado del Atlántico, pero sin las sutilezas diplomáticas del viejo imperio británico, hoy devenido en primer socio menor del aun vigente imperio yanqui, el cual parece negar al mundo multipolar que se puede constatar.
No sorprende, pero no deja de ser repudiable, que muchos venezolanos (y muchos más latinoamericanos), justifiquen la agresión descarada y sangrienta, y el desfachatado secuestro de un presidente de nuestra Íbero América, bajo prefabricados y dudosamente creíbles argumentos de narco tráfico, de los que ahora se desdicen, que parecen tan falaces como las supuestas “armas de destrucción masiva” u otras mentiras similares, que difundieron para justificar las invasiones y destrucciones generalizadas de Iraq, Libia y otros países, asolados por la “democratización a bombazos” que pregonan y practican EEUU y sus cómplices estratégicos.
Seguramente en Venezuela operaron varios traidores, que por sus treinta denarios avalaron el secuestro y el consecuente derramamiento de sangre, el cual es harto dudoso que no haya afectado a las fuerzas atacantes.
Se menciona la cifra de 50 millones de dólares, no definido si es el total o el monto per cápita, para los entregadores; cifra que es “plata chica” comparada con la importancia estratégica de “aleccionar al díscolo país que osó rebelarse”, y al buscado dominio total de las riquezas a saquear impunemente, tal como lo hacían, sin tanta violencia explícita, en las épocas previas al chavismo, cuando la riqueza extraída no llegaba al pueblo más que en cuentagotas, según informes que parecen creíbles, y que son metodología usual de los imperios saqueadores.
Con esas acciones de patoterismo explícito, exaltación de la fuerza bruta, y pisoteo de todo atisbo del Derecho Internacional, todo el Sistema Mundo queda muy afectado, o directamente desarticulado.
Y mientras que con toda lógica, los argentinos que razonamos con criterios geopolíticos y claros sentimientos patrióticos, nos preocupamos por Venezuela, por Argentina, y por los países de la Patria Grande que el autoasumido “emperador” amenazó con invadir o aleccionar; el desembozadamente cipayo gobierno libertario prosigue sus tareas destructivas, arrastradamente subordinado a los dictados de EEUU y sus socios Atlantistas; y con sus metas de involucionarnos a un protectorado subdesarrollado, o de máxima, perpetrar la hoy ya amenazante disolución nacional.