Zona fría: ¿cuánto responde el consumo residencial de gas a la tarifa?

La reforma de zona fría, sancionada en septiembre de 2026, quita el descuento automático a las zonas incorporadas en 2021 y aplica el de la Patagonia solo sobre el precio del gas. Con datos mensuales de 1993 a 2026 y regresiones por temporada que aíslan el efecto de la temperatura, estimamos que la demanda residencial responde poco a la tarifa, y casi solo en invierno. En las zonas incorporadas en 2021, el consumo por usuario caería alrededor de 4% anual (5% en invierno), y hasta 4,5% a largo plazo. En la Patagonia caería apenas 0,4%. En el país, la caída sería de 1,5% anual, unos 155 millones de m³, como máximo. Al reducir las importaciones invernales de GNL, eso ahorraría entre USD 45 y 100 millones por año, más del 10% del ahorro fiscal oficial.

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Por Santiago Urbiztondo / FIEL – El régimen de zona fría es anterior a la privatización del gas. En tiempos de Gas del Estado y también durante la vigencia de la Ley de Convertibilidad, los usuarios residenciales de la Patagonia, el departamento de Malargüe y la Puna pagaban la mitad de la tarifa plena, y el Tesoro cubría la diferencia. En 2002, la Ley 25.565 trasladó ese costo al Fondo Fiduciario para Subsidios de Consumos Residenciales de Gas, financiado con un recargo sobre el precio del gas en el punto de ingreso al sistema de transporte (PIST). Ese recargo lo pagan todos los usuarios del país, cualquiera sea el destino del gas. En 2021, la Ley 27.637 extendió el régimen hasta 2031 y lo amplió a las zonas bioambientales más frías del resto del país según la norma IRAM 11603. Sumó así más de tres millones de usuarios residenciales a los menos de un millón del régimen original, con descuentos de 30% para la generalidad y de 50% para algunos grupos vulnerables. Aun con el recargo en su máximo de 7,5%, el fondo dejó de alcanzar para financiar el régimen.

El Poder Ejecutivo envió la reforma al Congreso a comienzos de mayo de 2026. Diputados le dio media sanción en mayo y el Senado la aprobó sin cambios en septiembre. Además de volver al alcance territorial original, la ley introduce tres cambios en el subsidio:

  • En las áreas incorporadas en 2021, la bonificación queda reservada a los hogares inscriptos en los Subsidios Energéticos Focalizados (SEF). Pueden acceder los hogares con ingresos netos de hasta tres canastas básicas totales, los que tienen un integrante con certificado de discapacidad, los veteranos de Malvinas y los inscriptos en el Registro Nacional de Barrios Populares.
  • En todas las zonas, el descuento se calcula solo sobre el precio del gas. Ya no alcanza al transporte, la distribución ni los cargos fijos.
  • Las compensaciones se pagan directamente a los productores, que además pasan a percibir el recargo (que se mantiene en hasta 7,5%, pero el Poder Ejecutivo puede subirlo o bajarlo hasta en 50%).

La ley incluye también capítulos ajenos al régimen. Regulariza las deudas de las distribuidoras eléctricas con CAMMESA a cambio de que renuncien a sus reclamos contra el Estado. Limita las facultades del ENARGAS para trasladar ciertos costos a las tarifas. Y deroga los decretos 277/2022 y 929/2013. Por fuera del texto, el Gobierno se comprometió con gobernadores del norte a crear por resolución un esquema de «zona cálida» para las tarifas eléctricas de verano.

En concreto, la ley vuelve a limitar el beneficio general a la Patagonia, la Puna y Malargüe, dejando sin el descuento automático a los usuarios de las áreas incorporadas en 2021 por la Ley 27.637, en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Cuyo y el Valle de Lerma salteño, entre otras, quienes gozaban de un descuento general del 30% sobre el cuadro tarifario pleno. (Ver mapa.) Se trata unos 3,36 millones de usuarios residenciales que pierden el subsidio, y cerca de 900 mil que lo verán reducido.[1]

El mapa de la Zona Fría: situación previa a 2021, 2021-2026 y post-ley

Más allá de los distintos puntos que se incluyen en la reforma del régimen de zona fría, la pregunta que motiva esta nota es aproximar qué respuesta del consumo cabe esperar cuando esos usuarios vuelvan a pagar la tarifa plena, así como también qué respuesta cabe esperar por la reducción del subsidio que recibirán los usuarios que se mantienen en el régimen especial de zonas frías (en la Patagonia básicamente). Ello tiene alta relevancia para aproximar el impacto fiscal de la reforma, que según la Secretaría de Energía rondaría en un ahorro anual de USD 400 millones.

Para ello estimamos cuánto responde el consumo por usuario a la tarifa real, una vez que se descuenta el efecto de la temperatura de cada mes, con 33,5 años de datos mensuales de tres grupos de provincias. El resultado de la estimación es el siguiente:

  1. Considerando la eliminación del subsidio en las zonas incorporadas en 2021, que actualmente incluye un descuento de 30%, cabe esperar que el consumo residencial de gas por usuario caiga alrededor de 5% en invierno y 1,5% en el resto del año: unos 40 m³ menos por usuario y por año, equivalente a 4% del consumo anual; al cabo de unos tres años, a medida que los hogares completan su ajuste, la caída sería algo mayor: alrededor de 4,5% anual.
  2. En el caso de las provincias patagónicas que ya gozaban de fuertes descuentos sobre toda la tarifa de gas (incluyendo transporte y distribución además del gas), el mantenimiento del subsidio sólo sobre el precio del gas implicará una suba tarifaria (en el componente variable) de 12%, de modo que cabe esperar una reducción del consumo cercana al 0,6% en invierno y prácticamente nula en el resto del año: unos 15 m³ menos por usuario y por año, equivalente a 0,4% del consumo anual.
  3. Asimismo, estos cambios agregados aproximan, respecto del consumo residencial en todo el país, 2,0% de reducción en el invierno y 0,4% en el resto del año, promediando 1,5% del consumo anual.

Datos y grupos

Trabajamos con datos mensuales de enero de 1993 a julio de 2026 para 23 zonas de distribución, reunidas en tres grupos de usuarios residenciales según su relación con el régimen de zona fría:[2]

  • Sin subsidio (8 zonas): Ciudad de Buenos Aires y el conurbano servido por Metrogas y Naturgy BAN, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán.
  • Con subsidio desde 1993 (7 zonas): La Pampa, Patagones, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
  • Con subsidio desde 2021 (8 zonas): Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, Santa Fe, Salta y el interior de la provincia de Buenos Aires servido por Litoral Gas y Camuzzi Gas Pampeana.

Para cada grupo usamos cuatro series. El “consumo por usuario” es el gas entregado a usuarios residenciales dividido por su número. Los “grados-día de calefacción” miden cuánto frío hizo en el mes.[3] La “tarifa real” es el cargo variable por m³ sin impuestos que paga el usuario típico de cada zona (pleno o con descuento de zona fría), deflactado por el IPC.[4] La “variación de usuarios” es el cambio porcentual mensual del número de usuarios residenciales, que capta la incorporación de hogares nuevos con perfiles de consumo potencialmente distintos a los del usuario promedio preexistente en cada región. Excluimos datos de los años 2020 y 2021, afectados por la pandemia.

Los Gráficos 1 a 3 muestran la evolución de estas variables para cada uno de los tres grupos de usuarios.[5] En primer lugar, los tres grupos consumen cantidades muy distintas (Gráfico 1). Un usuario patagónico consume en promedio unos 3.600 m³ por año, más del triple que uno del grupo 2021 (alrededor de 1.050 m³) o del grupo sin subsidio (unos 900 m³). Las trayectorias también difieren: el consumo por usuario del grupo sin subsidio bajó de unos 990 m³ en 1995 a 730 m³ en 2025, mientras que en los otros dos grupos se mantuvo casi estable.

Gráfico 1

Consumo residencial de gas por usuario, por grupo (m³ por año)

Fuente: elaboración propia con datos de ENARGAS. 1993-2025.

La principal razón de esas diferencias es el clima (Gráfico 2). La temperatura media anual es de 13,4 °C en las zonas patagónicas, contra 16,7 °C en el grupo 2021 y 17,2 °C en el grupo sin subsidio, y la brecha es mayor en invierno. Por eso los grados-día anuales de la Patagonia (unos 2.150) duplican los de los otros dos grupos (entre 1.000 y 1.200).[6] En los tres grupos la temperatura media subió a lo largo del período, entre 0,2 °C y 0,4 °C por década.

Gráfico 2

Temperatura media por grupo, año completo e invierno (°C)

Fuente: elaboración propia con temperaturas de ERA5 (Open-Meteo), ponderadas por usuarios. Invierno: mayo a septiembre. 1993-2025.

El Gráfico 3 muestra que las tarifas reales de los tres grupos se movieron juntas durante tres décadas: estables en los noventa, con una caída de alrededor de 80% entre 2001 y 2013, y una recuperación desde 2014, con máximo en 2019. Desde 2022 se abre la brecha del grupo 2021: en 2026, su tarifa real es 28% más baja que la del grupo sin subsidio ($207 contra $287 por m³).

Gráfico 3

Cargo variable real del usuario típico, por grupo, promedio anual*

Fuente: elaboración propia con cuadros tarifarios y resoluciones de ENARGAS e IPC (INDEC; FIEL en 2007-2016). * 2026: enero a julio. Valores en $/m³ sin impuestos, en pesos de julio de 2026, escala logarítmica.

En la Patagonia, la caída post-2001 fue más larga, hasta 2015, porque los cuadros diferenciales que pagaban sus usuarios quedaron congelados en valores nominales hasta entonces, mientras los plenos aumentaban. Según las resoluciones de ENARGAS, para el consumo típico, el descuento fue de alrededor de 60% sobre el cargo variable pleno entre 2001 y 2013, y llegó a 75% en 2015, contra 50% desde octubre de 2018. Varió mucho entre zonas: en 2015 superaba el 85% en Tierra del Fuego, Santa Cruz y Patagones, y era cercano a 60% en La Pampa, donde los escalones de consumo son más bajos.

El modelo de estimación

Estimamos seis regresiones: una por grupo y por temporada, separando el invierno (mayo a septiembre) del resto del año (octubre a abril). Todas tienen la misma forma:

ln Cₜ = a + b · GDₜ + ε · ln Tₜ + c · ΔUₜ + uₜ

Donde C es el consumo por usuario (m³ por mes), GD los grados-día del mes (en centenas), T la tarifa real y ΔU la variación porcentual mensual de usuarios. Cada coeficiente se lee así:

  • ε, elasticidad-precio: como consumo y tarifa están en logaritmos, ε es directamente la elasticidad. Si ε = −0,10, una tarifa real 10% más alta reduce el consumo 1%.
  • b, efecto de la temperatura: cuánto sube el consumo, en proporción, por cada 100 grados-día adicionales. Con b = 0,40, el consumo sube alrededor de 50% (exactamente, e^0,40 − 1).
  • c, incorporación de usuarios: cuánto cambia el consumo promedio, en proporción, cuando los usuarios crecen un punto porcentual más en el mes. Si los hogares nuevos consumen menos que los existentes, (ceteris paribus) c es negativo.

Separamos por temporada por tres razones. La calefacción, que es la parte del consumo que se puede ajustar, se concentra en invierno, de modo que es esperable que allí la respuesta a la tarifa sea mayor. Además, la relación entre temperatura y consumo es distinta en cada temporada, y un modelo único para todo el año ajusta mal los meses más fríos.[7] Finalmente, se refleje o no en el precio final del gas transferido a la tarifa, el valor económico del gas consumido en invierno es mucho mayor que el del gas consumido fuera del invierno, especialmente teniendo en cuenta que el gas ahorrado en invierno es el gas más caro que deja de consumirse (esto es, el GNL importado, con precios varias veces mayores a los precios recibidos por los productores domésticos de gas natural), una información importante para calcular el ahorro fiscal. En efecto, el mismo proviene no sólo de la reducción de subsidios por las cantidades consumidas de forma lineal, sino además por la reducción del consumo del gas más caro –y también subsidiado por el Estado o cargado al resto de los consumidores durante todo el año– en el invierno (un porcentaje potencialmente distinto a la reducción del consumo de gas anual).

Cada regresión usa 158 meses de invierno o 220 del resto del año. Junto a cada coeficiente informamos el estadístico t: un valor absoluto mayor que 2 indica que el coeficiente es distinto de cero con 95% de confianza.[8]

Resultados

La demanda residencial de gas responde poco a la tarifa, y casi solo lo hace en invierno: la elasticidad invernal va de −0,05 a −0,14 según el grupo, y fuera del invierno de cero a −0,04. El grupo incorporado en 2021 es el más sensible.

Cuadro 1

Resultados de las regresiones por grupo y temporada*

* Estadístico t entre paréntesis.

Tres lecturas principales:

  • La temperatura es lo que más explica el consumo. En invierno, 100 grados-día adicionales en el mes (un mes unos 3,3 °C más frío en promedio respecto del umbral de 18 °C) elevan el consumo por usuario entre 27% y 53%. El coeficiente es mayor fuera del invierno porque allí los grados-día son pocos y cada uno adicional marca el paso a encender la calefacción.
  • La elasticidad es baja, y varias veces mayor en invierno. En el grupo 2021, una tarifa real 10% más alta reduce el consumo 1,4% en invierno y 0,4% en el resto del año. Fuera del invierno, en los otros dos grupos, la elasticidad no es significativa. Es lo esperable: se puede calefaccionar menos, pero cocinar y calentar agua casi no se ajusta.
  • La incorporación de usuarios no cambia el consumo promedio de manera medible. Ningún coeficiente c es significativo. Si los hogares nuevos consumen menos, su efecto sobre el promedio mensual es demasiado pequeño para detectarlo.

La elasticidad patagónica es la más baja. Para medirla reconstruimos, con las resoluciones de ENARGAS, las tarifas diferenciales que pagaban esos usuarios antes de diciembre de 2017, que la serie histórica de tarifas no publica.

¿Corto o largo plazo?

Las elasticidades del Cuadro 1 no son estrictamente de corto plazo. Como las tarifas reales se movieron lentamente durante tres décadas, la regresión ya capta buena parte del ajuste que los hogares hacen con el tiempo, como cambiar artefactos, mejorar la aislación o consolidar hábitos de ahorro. Para aproximar la respuesta completa, reestimamos cada regresión agregando el consumo del mismo mes del año anterior, y tomamos 2019 como año previo a 2022. Según esa estimación, entre la mitad y 70% de la respuesta ocurre el primer año, y el ajuste se completa en lo esencial al cabo de unos tres años.[9]

El resultado es un leve incremento de las elasticidades. En el grupo 2021, la elasticidad invernal pasa de −0,138 a alrededor de −0,15, y la del resto del año, de −0,04 a entre −0,06 y −0,08. En los otros dos grupos los cambios son de magnitud similar, y la elasticidad patagónica fuera del invierno sigue sin ser significativa. Aplicadas a la reforma, estas elasticidades llevan la caída esperada del consumo del grupo 2021 de 3,9% a alrededor de 4,5% anual (unos 45 a 48 m³ por usuario y 155 a 170 millones de m³ en total), y la del consumo residencial del país de 1,5% a alrededor de 1,8%.

Qué cabe esperar al quitar el descuento

Para un usuario de las zonas incorporadas en 2021 que pierde el descuento de 30%, el cargo variable real sube 43% (de 0,70 a 1 vez el pleno). Con las elasticidades del grupo 2021, su consumo debería caer:

Cuadro 2

Caída esperada del consumo por usuario en las zonas incorporadas en 2021

Con el consumo medio del grupo desde 2022, eso equivale a unos 40 m³ menos por usuario por año, 90% de ellos en los meses de invierno. Aplicado a 3,5 millones de usuarios, la reducción sería del orden de 140 millones de m³ anuales.

Estas cifras deben leerse con cuatro salvedades:

  • Son un techo para el promedio del grupo. Los hogares de ingresos bajos de esas zonas podrán conservar parte del beneficio, así que para ellos la suba de tarifa y la caída del consumo serán menores.
  • Los valores tarifarios registrados sólo incluyen los cargos variables por m³, pero la eliminación de subsidios representará también un aumento en los cargos fijos. Como esto no altera la señal de precio para decidir el consumo, no incide en el cómputo, aunque implícitamente supone que la demanda no responde a cambios en el ingreso real disponible de los usuarios.
  • La reforma también toca a la zona original. En la región patagónica, para los usuarios que tienen subsidios por zona fría desde el inicio, en el futuro, el descuento se aplicará solo sobre el precio del gas y no sobre toda la factura, implicando un aumento del cargo variable patagónico, cuyo impacto en el consumo puede estimarse en base a la elasticidad invernal de ese grupo (−0,054).
  • Variables omitidas. Cada regresión atribuye a la tarifa real todo lo que se movió junto con ella en el tiempo y no está en el modelo, como los ingresos reales de los hogares, la eficiencia de los artefactos o la composición de los usuarios. El sesgo que eso introduce no tiene un signo definido para todo el período. En los episodios recientes de suba tarifaria, como 2018-2019 y 2024, los ingresos reales cayeron al mismo tiempo que subían las tarifas, de modo que parte de la baja del consumo que el modelo atribuye a la tarifa podría deberse a la caída de ingresos. Si ese efecto predomina, las elasticidades estimadas exageran la respuesta a la tarifa, y la caída del consumo esperada con la reforma debería leerse como un límite superior. Una extensión natural del ejercicio es incorporar una medida de ingreso real, como el salario real, o una tendencia temporal, y verificar si las elasticidades cambian. También corresponde explorar si en el AMBA existió cierta migración en el consumo residencial desde el gas a la electricidad como resultado de haber enfrentado tarifas eléctricas artificialmente deprimidas en gran parte del período posterior al año 2001.

Impacto sobre la Patagonia y sobre el consumo residencial del país

En el régimen original, los usuarios pagan hoy el cuadro diferencial, que equivale al 50% de todos los componentes del cuadro pleno. Con la reforma, el descuento de 50% se mantiene, pero solo sobre el precio del gas. El precio del gas es el PIST, el gas retenido y las diferencias diarias acumuladas; el costo de transporte pasa a pagarse completo. El cargo variable no incluye margen de distribución, que se cobra en el cargo fijo, de modo que allí no hay ningún cambio en el cargo variable.

En los cuadros de julio de 2026, el precio del gas representa entre 77% (La Pampa) y 96% (Neuquén y Tierra del Fuego) del cargo variable pleno. La suba del cargo variable, entonces, está dada por la participación del transporte en el cargo variable: 4% en Neuquén y Tierra del Fuego, 9% en Río Negro, 13% en Santa Cruz, 18% en Chubut y Patagones, y 23% en La Pampa. Ponderada por usuarios, la suba promedio del cargo variable es de 12%.

Con la elasticidad invernal del grupo (−0,054), una suba de 12% reduce el consumo 0,6% en invierno. Fuera del invierno, la elasticidad es prácticamente nula (−0,001), así que el efecto es despreciable. Como el 67% del consumo patagónico ocurre de mayo a septiembre, la caída anual es de 0,4%. Con un consumo medio de 3.730 m³ por usuario y por año desde 2022, eso son unos 15 m³ menos por usuario, y con 876.000 usuarios, unos 14 millones de m³ por año.

El efecto es pequeño porque, para el usuario típico, la reforma encarece sobre todo el cargo fijo, que hoy también tiene 50% de descuento y pasaría a pagarse completo. Eso sube la factura, pero no cambia el precio de cada m³ adicional. Si el descuento sobre el precio del gas fuera menor que 50%, la suba del cargo variable y la caída del consumo serían mayores.

Para medir el efecto sobre el consumo residencial de todo el país, ponderamos las caídas de cada grupo por su participación en el consumo nacional de 2022-2025. En invierno, el grupo 2021 explica el 37,8% del consumo residencial y el patagónico el 30,7%. En el resto del año, 30,9% y 32,7%, respectivamente.

Cuadro 3

Caída esperada del consumo residencial de todo el país

Vale decir, en volumen, la reducción total sería de unos 155 millones de m³ por año: 140 millones en el grupo 2021 y 14 millones en el patagónico, sobre un consumo residencial de unos 10.000 millones de m³ anuales en las 23 zonas consideradas. Como en el grupo 2021, son valores máximos, porque suponen que todos los usuarios de ese grupo pierden el descuento.

Comparación con una regresión nacional agregada

Una regresión con el consumo residencial de todo el país y todos los meses juntos subestimaría el efecto de la reforma sobre el grupo 2021 a menos de la mitad: −1,7% anual en lugar de −3,9%.

Para comprobarlo estimamos el mismo modelo con el consumo por usuario del conjunto de los tres grupos y los grados-día y la tarifa real promedio nacionales, ponderados por usuarios, sin separar temporadas. La elasticidad resulta −0,048 (t = −3,2; intervalo de 95%: −0,077 a −0,019). Los grados-día tienen un coeficiente de 0,647 (t = 58,7) y la variación de usuarios no es significativa (t = 0,6).

Cuadro 4

Caída anual esperada del consumo del grupo 2021 según el modelo utilizado

La diferencia tiene dos fuentes de tamaño parecido. Primero, una elasticidad para todo el año promedia la respuesta invernal con la casi nula del resto del año, cuando el 73% del consumo del grupo ocurre en invierno. Segundo, el promedio nacional mezcla grupos menos sensibles a la tarifa, sobre todo el Área Metropolitana de Buenos Aires, que pesa mucho en el total. Para evaluar una medida que afecta a regiones específicas conviene usar la respuesta de esas regiones.

Conclusiones

La reducción del alcance de la zona fría debería bajar el consumo residencial de gas de las zonas incorporadas en 2021 alrededor de 4% anual: 5% en invierno y menos de 2% en el resto del año. Es una respuesta chica frente a una suba de 43% del cargo variable, porque la demanda de gas para calefacción es muy inelástica y la temperatura explica la mayor parte de sus variaciones. Aun al cabo de unos tres años, cuando los hogares completan su ajuste, la caída sería de alrededor de 4,5% anual.

En la Patagonia, que conserva el régimen pero con el descuento solo sobre el precio del gas, el efecto sobre el consumo sería mucho menor: el cargo variable del usuario típico subiría alrededor de 12% y el consumo caería 0,4% anual, porque la mayor parte del aumento recae sobre el cargo fijo. Sumando ambos grupos, el consumo residencial del país caería alrededor de 2% en invierno, 0,4% en el resto del año y 1,5% anual, unos 155 millones de m³.

Estas estimaciones son relevantes para aproximar el impacto fiscal de la nueva ley. Según reportes periodísticos, la secretaria de Energía de la Nación, María Carmen Tettamanti, informó al Senado que la reducción de los beneficios de la ley de Zona Fría rondará los USD 400 millones anuales. No se conocen los detalles de ese cálculo, pero es probable que se base en las erogaciones presupuestarias que se dejarán de realizar, tomando como referencia el consumo residencial observado en 2025 entre los usuarios alcanzados por la ley. Si es así, convendría incorporar a esa cuenta el ahorro, mayormente fiscal, que resultará de la reducción del consumo residencial en los próximos inviernos.

Ese ahorro es significativo porque es en invierno cuando el mayor consumo residencial obliga a importar GNL, y presumiblemente lo seguirá haciendo en 2027. En 2025, antes de la guerra entre Estados Unidos e Irán, el GNL importado costó en promedio unos 12 USD/MMBTU. Sumando el costo de regasificación, eso supera en cerca de 10 USD/MMBTU al precio que reciben los productores locales, que es el que se traslada a las tarifas residenciales.

Los usuarios residenciales de todo el país consumieron cerca de 6.300 millones de m³ de gas durante los cinco meses de invierno de 2025. Según las estimaciones previas, las respuestas del grupo patagónico y del grupo incorporado al régimen en 2021 implicarían en conjunto una caída del 2% de ese total como resultado de la ley. Considerando que 1 MMBTU equivale a 27,1 m³ de gas natural de 9.300 kcal/m³, la menor demanda reduciría el sobrecosto de la importación de GNL del orden de USD 45 millones. Si se repitieran en 2027 los precios del GNL pagados en 2026, que más que duplicaron los del año 2025, la cifra treparía a los USD 100 millones. Ello incluye en parte el ahorro de los usuarios industriales, que en algunos momentos del invierno accederían al gas más barato liberado por los hogares. No incluye, en cambio, el ahorro de los generadores térmicos que evitarían quemar combustibles líquidos, aún más caros que el GNL. El aumento de la producción doméstica y la capacidad de transporte de gas natural en 2027 permitirían reducir estos montos, pero igualmente, en términos esperados y con supuestos conservadores, el monto equivale a más del 10% de la cifra oficial, en caso de que esta no haya considerado la respuesta de la demanda de los usuarios alcanzados por la ley.



[1]
Según el padrón de ENARGAS difundido durante el debate, la ampliación del año 2021 alcanzaba 1.264.164 usuarios en Buenos Aires, 687.714 en Córdoba, 413.025 en Mendoza, 131.957 en Salta, 116.691 en San Juan y 92.840 en San Luis; el resto, unos 660.000, corresponde casi todo a Santa Fe. En esta nota, con el fin de simplificar el tratamiento de la información disponible en la página web del ENARGAS, se identifican las provincias y áreas de distribución de ese grupo de forma aproximada, de modo tal que en julio 2026 el número total asciende a 3,52 millones de usuarios residenciales, el 40% del total considerado. La mayor diferencia se produce en el caso de la provincia de Buenos Aires ya que en nuestra base de datos se incluyen como beneficiarios de la ampliación del subsidio a los usuarios del Gran La Plata (La Plata, Berisso y Ensenada), aunque en realidad éstos no recibieron la ampliación en 2021. Diferencias menores, en ambos sentidos, también existen en otras provincias. En todo caso, las mismas son poco relevantes en el agregado, y los datos examinados en esta nota reflejan una aproximación razonable.

[2] Selección de los grupos. Partimos de las series de ENARGAS de consumo y usuarios residenciales por provincia y distribuidora, y excluimos la región mesopotámica atendida por GasNEA porque su serie no cubre todo el período. Al agregar provincias o áreas de distribución completas quedan algunas imprecisiones, porque dentro de cada una hay zonas con trato distinto. Malargüe, del régimen original, está dentro de Mendoza (grupo 2021), y la Puna jujeña, también original, dentro de Jujuy (grupo sin subsidio). Estos errores acercan los grupos entre sí y, en el grupo 2021, hacen que la serie de tarifa atribuya el descuento a algunos usuarios que no lo recibían. En todo caso, por el peso de esas áreas en cada grupo, el desvío debería ser menor.

[3] Temperatura. Temperaturas medias diarias de ERA5, obtenidas de Open-Meteo, para 36 localidades. Cada zona se representa con una a cuatro localidades, ponderadas según la población servida, y cada grupo con el promedio de sus zonas ponderado por usuarios. ERA5 es un modelo que combina observaciones, no la medición directa de las estaciones del Servicio Meteorológico Nacional.

[4] Tarifas. Cargo variable sin impuestos de los cuadros tarifarios de ENARGAS, promediado por días de vigencia en cada mes. Hasta agosto de 2008 había un cargo único residencial. Desde septiembre de 2008 usamos, para cada zona, la subcategoría (R1 a R3 4°) que corresponde al consumo por usuario de los 12 meses previos. Para evitar saltos artificiales, ignoramos los cambios de subcategoría que duran seis meses o menos. En la Patagonia y La Pampa la subcategoría típica es R3 4° en casi todo el período; en los otros grupos va de R1 a R3 3°, según la zona y el año. Desde 2022 se toma el nivel de ingresos N1, sin subsidio por ingresos, y desde febrero de 2026 el cuadro sin subsidio focalizado. Para el grupo 2021 se usa el 70% del cuadro pleno (30% de descuento) desde el 5 de agosto de 2021. En el régimen original, los usuarios pagaban cuadros diferenciales que la serie histórica no publica antes de diciembre de 2017. Los reconstruimos con las resoluciones de ENARGAS de 2001, 2002, 2009, 2014 y 2015 para Camuzzi Gas del Sur y Camuzzi Gas Pampeana: eran tarifas por escalones de consumo bimestral, con valores nominales congelados desde 2001, y desde noviembre de 2008 distintos para R1-R2 2°, R2 3° y R3 (Res. ENARGAS 639/2009 para Camuzzi Gas del Sur). Aplicamos a cada zona el escalón que corresponde a su consumo bimestral típico en cada mes. Para 1993-2000, sin cuadros diferenciales en las resoluciones disponibles, suponemos la misma proporción respecto del pleno que en 2001. Los valores de 2014 son idénticos a los de 2009, confirmando que no cambiaron en ese lapso. Entre abril de 2016 y noviembre de 2017, interpolamos la proporción respecto del pleno hasta el 40% de diciembre de 2017. Desde entonces usamos los diferenciales publicados: 40% del pleno hasta septiembre de 2018 y 50% después. Los cuadros de abril de 2016 se usan tal como fueron publicados, sin considerar el fallo de la Corte Suprema que los dejó sin efecto para los usuarios residenciales. Todas las tarifas se deflactan por el IPC del INDEC, reemplazado por el IPC-CABA de FIEL entre 2007 y 2016.

[5] Los Gráficos 1 y 2 usan años – calendario completos y por eso terminan en 2025 (2026 tiene solo siete meses -enero a julio-, y un total parcial no sería comparable con los años anteriores). En el Gráfico 3, que muestra promedios de tarifas, 2026 se incluye con el promedio de enero a julio.

[6] Los grados-día resumen en un número cuánto frío hizo en un mes. Para cada día se calcula cuántos grados estuvo la temperatura media por debajo de 18 °C, y se suman esas diferencias a lo largo del mes; los días con más de 18 °C no suman nada. Por ejemplo, un mes de 30 días en el que la temperatura media fuera de 14,7 °C todos los días, ello suma 30 × (18 − 14,7) ≈ 100 grados-día. En julio de 2025, por ejemplo, la temperatura media del grupo 2021 fue de 10 °C y sus grados-día, 247; en la Patagonia, 6,1 °C y 368.

[7] Robustez: modelo sin logaritmos. Estimamos las mismas regresiones con el consumo en m³ y la tarifa en pesos, y calculamos la elasticidad en la media. Los resultados son muy parecidos. Por temporada, ambas versiones ajustan casi igual. Con el modelo en niveles, la caída esperada del consumo del grupo 2021 sería de 4,6% en invierno, 2,1% en el resto del año y alrededor de 3,9% anual. En cambio, si no se separan las temporadas, la versión en logaritmos ajusta mucho peor que la de niveles, porque exagera el consumo de los meses más fríos.

[8] Errores estándar. Los estadísticos t usan errores robustos a heterocedasticidad y a autocorrelación de hasta 12 meses (Newey-West), porque los errores de un mes suelen parecerse a los de meses cercanos.

[9] Ajuste en el tiempo. A cada regresión agregamos ln Cₜ₋₁₂ con coeficiente λ; la elasticidad de largo plazo es ε/(1 − λ). λ resulta entre 0,30 y 0,48. En el grupo 2021, la elasticidad de impacto es −0,109 en invierno y −0,049 en el resto del año, y las de largo plazo, −0,155 y −0,083. Excluir 2022 o usar 2021 como año previo casi no cambia los resultados. Con el rezago de un mes, en lugar de doce, las elasticidades casi no difieren de las del Cuadro 1, porque ese rezago capta la persistencia del frío dentro de cada temporada. Como los residuos se parecen a los del mismo mes del año anterior, λ tiende a estar sobrestimado; con variables instrumentales (grados-día y tarifa del año anterior), λ baja a entre 0,18 y 0,28 y las elasticidades de largo plazo del grupo 2021 quedan en −0,149 en invierno y −0,060 en el resto del año, que es el extremo inferior del rango del texto. Sumar los efectos de la tarifa con uno y dos años de rezago, o agregar una tendencia temporal, da valores entre −0,13 y −0,19 en invierno.

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