Siete de cada diez familias en Argentina reducen su alimentación por la crisis

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Un reciente informe revela cifras alarmantes sobre la situación social en Argentina: siete de cada diez familias han tenido que reducir su consumo alimentario debido a la crisis. De las 49 políticas de apoyo vigentes para los sectores más vulnerables, tan solo siete permanecen activas.

Según el estudio, un 65% de las familias ha recortado su alimentación. Además, el 67% de los hogares con niños reportó mayores dificultades para acceder a vacantes en centros de cuidado infantil. La situación es igualmente crítica entre las familias con adultos mayores: un 76% percibe un aumento significativo en los costos, especialmente en medicamentos que ya no cuentan con cobertura. El 74% afirma que ha dejado de contratar servicios de cuidado debido a la caída en sus ingresos.

Las familias con personas con discapacidad también enfrentan serias dificultades. Un 64% de estos hogares indica que han aumentado los problemas económicos para acceder a prestadores que garanticen las terapias necesarias, y el 85% ha registrado un fuerte incremento en los precios de los medicamentos, lo que representa su principal obstáculo.

El informe destaca que en los tres grupos de hogares, la mayoría de las familias señala una menor disponibilidad de tiempo para cuidar de sus seres queridos en los últimos seis meses. Además, los barrios populares también sufren el impacto de la crisis: el 57% de los usuarios de comedores comunitarios reporta una disminución en la cantidad de comida disponible. Dado que muchas familias dependen de estos comedores, esta cifra resulta especialmente preocupante.

La Mesa Intersectorial subraya que el 66,1% de los menores de entre 0 y 14 años viven en situación de pobreza, cifra que asciende al 69% en el grupo de 12 a 17 años. Este contexto afecta no solo a los niños, sino también a los adultos mayores y a las personas con discapacidad, cuya calidad de cuidados se ve directamente afectada por el deterioro de las condiciones económicas.

El relevamiento también evidencia cómo la necesidad de trabajar largas horas y, en muchos casos, tener más de un empleo, impacta negativamente en la capacidad de brindar cuidados adecuados. Además, el 74% de las mujeres asegura que su situación económica, así como la de su hogar, ha empeorado, mientras que entre los hombres esta cifra es del 57%. Ambos géneros han tenido que ajustar su alimentación y, en muchos casos, la de sus familias.

El informe destaca que seis de cada diez mujeres han aumentado el tiempo destinado a cuidar a sus familiares, en comparación con tres de cada diez hombres. Las mujeres, en mayor medida que los hombres (43% frente al 29%), perciben aumentos en los costos y la disminución de espacios de cuidado. Además, las mujeres recurren menos a alternativas como prestadores de terapia o residencias de adultos mayores.

Por último, el estudio confirma que las mujeres y las personas de la comunidad LGBTIQ+ experimentan un nivel de desamparo mayor que antes, atribuyendo esta situación al debilitamiento de las políticas de cuidado y a la ausencia de un Estado que las respalde en esta crisis.

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