Bono demográfico en educación: ¿qué pasa si no hacemos nada?
Si solo dejamos actuar a la demografía, las brechas de gasto por alumno entre provincias se agrandan. Y la experiencia acumulada muestra que el gasto, por sí solo, no garantiza aprendizajes: aprovecharlo requiere decidir explícitamente en qué se usa ese margen,
Por Ivana Templado / FIEL – En una nota anterior vimos que la caída de la matrícula abre un margen en el gasto por alumno, que ese margen no es igual en todas las provincias y que suele ser más chico justo donde los aprendizajes son más bajos. En esta nota me hago una pregunta más sencilla: ¿qué pasa si no hacemos nada con ese margen? Spoiler: las brechas de gasto por alumno entre las provincias se agrandarían aún más.
Manteniendo el gasto educativo constante, las provincias que hoy más gastan pasarían a gastar proporcionalmente más por alumno que las que hoy menos gastan. Todas gastarían un poco más, pero no lo suficiente para achicar la brecha. Es lo que muestran los Gráficos 1 y 2: a cuánto pasaría el gasto por alumno estatal (GAE) de inicial + primaria en 2030 y el de secundaria en 2040 si solo cambia el denominador. Es decir, mantenemos el gasto e incorporamos la caída de matrícula proyectada. En inicial + primaria, la diferencia entre la provincia que más gasta y la que menos, Tierra del Fuego y Santiago del Estero, pasaría de casi cinco a casi seis veces. En secundaria, entre Tierra del Fuego y Tucumán, de 3 a 4 veces.
Gráfico 1: Gasto por alumno estatal (GAE) en inicial + primaria. Promedio 2017-2024 y GAE inercial a 2030

Gráfico 2: Gasto por alumno estatal (GAE) en secundaria. Promedio 2011-2024 y GAE inercial a 2040

Esto es consecuencia de la dinámica demográfica: el bono existe para todas las provincias, pero no tiene la misma magnitud. Entre 2024 y 2030 la matrícula estatal de inicial + primaria cae alrededor de 18% en Misiones y Chaco, y 37% en Tierra del Fuego. Y la caída es más fuerte, justamente, donde el gasto por alumno ya era más alto. Por eso, no hacer nada no es neutral: el statu quo agranda la desigualdad entre provincias.
¿Es esta una foto de un mal año? No. El Gráfico 3 muestra, para cada provincia, el mínimo, el máximo y el promedio del GAE de inicial + primaria entre 2006 y 2024, es decir, desde que están vigentes la Ley de Financiamiento Educativo y la Ley de Educación Nacional. La distribución se mantiene: Tierra del Fuego siempre fue la que más invirtió por alumno, y Santiago del Estero, Corrientes y Misiones, de las que menos. Solo las provincias del sur, más La Pampa, tuvieron grandes variaciones; Neuquén, por ejemplo, pasó de 5 a 11 millones entre 2006 y 2024. En el resto, la amplitud de la barra no implica gasto creciente en el último tiempo.
Hay un dato más, en la mayoría de las provincias, el GAE de 2024 está por debajo de su promedio histórico, y en varias, como Tucumán, Misiones, Córdoba, La Pampa o Chubut, cerca de su mínimo. Las excepciones son Neuquén, CABA, Salta y Santiago del Estero. Es decir, el ejercicio parte de una base baja. Y como los salarios reales cayeron en promedio 30% entre 2017 y 2024, es probable que parte de ese margen termine absorbido por la recuperación salarial antes de llegar al aula.
Gráfico 3: GAE inicial + primaria. Mínimo, máximo, promedio 2006-2024 y valor 2024

Si las brechas de gasto fueran brechas de aprendizaje, en el Gráfico 4 veríamos algo parecido a una línea recta, pero no es lo que se observa. Hay cierta asociación positiva, como ya vimos varias veces en este espacio, pero muy lejos de la magnitud de las diferencias de gasto. En el sector estatal, el 44% de los estudiantes de 6° grado alcanzó un nivel satisfactorio o avanzado en Lengua y Matemática a la vez en Aprender 2025.
Con un gasto de alrededor de 3 millones por alumno, Córdoba tiene cerca del 55% de sus estudiantes con ambos aprendizajes logrados. Con GAE similares, San Luis y Mendoza están entre 46% y 48%, Misiones y Santiago del Estero cerca del 38%, y Tucumán y Chaco entre 31% y 35%. En el otro extremo, CABA gasta alrededor de 7,5 millones y llega al 61% de estudiantes con buenos aprendizajes; La Pampa y Chubut, con un gasto parecido, al 50%. Tierra del Fuego gasta más de 11 millones por alumno y tiene menos del 50% de sus estudiantes con aprendizajes esperados: lo mismo que Jujuy, que gasta menos de 4 millones. Con el mismo gasto hay resultados muy distintos, o resultados parecidos con gastos muy distintos.
Gráfico 4: Aprendizajes 2025 según el GAE inicial + primaria 2017-2024. Sector estatal.

Hay algo más que me parece importante. Salvo Tierra del Fuego, el GAE inercial de 2030 de todas las provincias cae dentro del rango de gasto que ya observamos hoy. O sea, ya sabemos qué se logró con esos niveles de gasto, y la dispersión es enorme. Que una provincia pase de 2,5 a 3,5 millones por alumno no dice nada sobre si va a parecerse a Córdoba o a Tucumán. Lo que parece hacer la diferencia no es tanto cuánto se gasta sino cómo y en qué se están asignando los recursos. Vale aclarar que esta comparación entre provincias no permite inferir qué ocurriría si una misma provincia aumentara su gasto con otra asignación de recursos, pero a partir de la mirada conjunta de los gráficos 1 y 3, sí sabemos que varias provincias ya contaron alguna vez con el nivel de GAE que les trae la demografía.
Al ver diferencias tan marcadas en el gasto por alumno, la pregunta que surge es qué hay detrás. En promedio, el 88% del gasto es masa salarial, es decir, salarios por cargos. Pero las diferencias salariales entre provincias no alcanzan a explicar las del GAE: el salario testigo de la provincia que mejor paga es, como mucho, el doble del de la que peor paga. Y en cargos, hay provincias con 20 cada 100 alumnos y otras con 7. Lo dejo para una próxima nota.
Resumiendo, dejar que la demografía actúe sola no es neutral. Con el gasto constante, el GAE sube más donde ya era alto y las brechas entre provincias se agrandan. Y ese mayor gasto no garantiza mejores aprendizajes: para casi todas las provincias, el GAE inercial cae dentro de un rango de gasto que ya conocemos, y en ese rango conviven resultados muy distintos. Si el bono demográfico se deja correr, el resultado más probable es más de lo mismo, con más desigualdad. Aprovecharlo requiere decidir explícitamente en qué se usa ese margen, y para eso hace falta saber mejor en qué se gasta hoy.
