Aprueban uso combinado de dos terapias dirigidas contra la leucemia más frecuente en adultos

– El uso combinado de dos terapias de administración oral, libre de quimioterapia, por un período de tiempo acotado (15 meses), lo que se conoce como ‘tratamiento finito’, demostró resultados inéditos en términos de eficacia y con muy buen perfil de seguridad.

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En los últimos 15 años, se han revolucionado la comprensión y el manejo de la leucemia linfocítica crónica (LLC)[3], que es la leucemia más frecuente en adultos.[4],[5] La quimioterapia que se utilizaba años atrás ha sido ampliamente superada por opciones como anticuerpos monoclonales, inmunoterapia y, más recientemente, terapias dirigidas, que inhiben determinadas proteínas que intervienen en el desarrollo de esta leucemia.

“La llegada progresiva de estos avances fue brindándoles a los pacientes la posibilidad de vivir más, lograr una mejor calidad de vida, proyectar un futuro, recuperar su rutina, volver a trabajar y retomar todas sus actividades cotidianas: algo impensado para una enfermedad así y que refleja el aporte de la ciencia para mejorar salud”, refirió Fernando Piotrowski, paciente y Director Ejecutivo de la Asociación ALMA.

Sobre este punto, la Dra. Silvana Cugliari, jefa de hematología del Instituto de Oncología ‘Ángel Roffo’, sostuvo que “se debe ser optimista sobre esta enfermedad porque sigue en el candelero de la investigación. Existe una amplia comunidad científica investigando específicamente en LLC y la última tendencia es a estudiar los beneficios de combinar las distintas terapias existentes y aprobadas”.

En ese sentido, la ANMAT en nuestro país aprobó en los últimos años las indicaciones de tratamientos finitos, por periodos de tiempo acotados, de dos años o un año, combinando anticuerpos monoclonales con terapias dirigidas, logrando incrementar significativamente el control de la LLC, con elevadas tasas de respuesta profunda, también llamada ‘enfermedad mínima residual negativa’, que es la ausencia de enfermedad detectable en sangre.

“El tratamiento finito tiene beneficios significativos, además de su elevada eficacia, porque permite a los pacientes periodos libres de tratamiento, evita resistencias a los fármacos y evita la toxicidad acumulada del tratamiento, en comparación con los que se administran en forma continua”, describió la Dra. Cugliari.

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El avance más reciente consiste en la aprobación local de la indicación del uso combinado de dos terapias dirigidas, ambas de toma oral, con mecanismos de acción diferentes, pero complementarios, que obtuvieron resultados sinérgicos, superando los beneficios que lograban cada una individualmente.

Las moléculas son un inhibidor de BTK, que inhibe la multiplicación de las células leucémicas[6], y un inhibidor de BLC-2, que restaura el proceso de muerte celular, que se encuentra alterado en los linfocitos enfermos.[7],[8]

Esta fue una de las grandes novedades presentadas durante el XXVI Congreso Argentino de Hematología, organizado por la Sociedad Argentina de Hematología, que está teniendo lugar del 1 al 4 de noviembre en Mar del Plata.

Tratamiento personalizado

¿Al paciente se le realizaron estudios moleculares y se determinó su perfil genético? ¿Es un adulto joven o un adulto mayor? ¿Qué tan frágil se encuentra? ¿Tiene un adecuado esquema de contención familiar? ¿Vive cerca del centro donde se atiende? ¿Cuáles son sus preferencias? ¿Cómo es su estado general de salud? ¿Presenta otras comorbilidades cardiovasculares, metabólicas o inmunológicas?

“Responder estas y otras preguntas nos permite a los profesionales de la salud tomar las mejores decisiones terapéuticas posibles. Procuramos consensuarlas con el paciente, partiendo del conocimiento de su perfil genético, entendiendo qué mecanismos desarrollaron la enfermedad en su organismo, pero considerando también su realidad, su contexto y sus preferencias. Esto hace que el tratamiento de la LLC sea altamente personalizado, lo que representa un verdadero cambio de paradigma respecto de cómo se interpretaba y trataba esta enfermedad poco tiempo atrás”, explicó la especialista.

El mejor tratamiento también es aquel que el paciente puede recibir y cumplir, lo que hace que -en ocasiones- la decisión terapéutica se vea influida también por aspectos no médicos -sino administrativos y burocráticos- vinculados a las posibilidades de acceso a la salud. Se debe trabajar para que las posibilidades de acceso a las terapias innovadoras sean igualitarias y universales, independientemente de la cobertura médica, geografía y la situación socioeconómica del paciente.

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Cuándo iniciar el tratamiento

Existe alrededor de un tercio de pacientes que no necesitará tratamiento desde el principio. Son pacientes que muy probablemente llegaron al diagnóstico en forma fortuita en un estudio de control. Está demostrado que tratar la LLC antes de que esté activa no le provoca ningún beneficio al paciente. En este grupo debe monitorearse con frecuencia si la enfermedad progresa o no.

Un segundo tercio nunca necesitará tratamiento, porque su enfermedad no va a progresar, pero eso solo puede determinarse a través de controles. Esta leucemia se presenta en promedio en la séptima década de la vida. Por lo que, si no progresa en 15 o 20 años, quizás el paciente llegue a la expectativa de vida natural sin haber tenido que iniciar un tratamiento.

El tercer tercio es el que sí precisará tratarse desde que se diagnostica. Suelen ser los que fueron al médico por algún síntoma específico, lo que da la pauta de que la enfermedad se encuentra activa. Si no se tratan, esta leucemia seguirá progresando y el paciente tendrá un peor devenir.

“Enfermarse hoy de leucemia linfocítica crónica es muy diferente de haberlo hecho 20 o 30 años atrás. Las claves son realizarse controles de salud para detectar cualquier enfermedad a tiempo, forjar un buen diálogo con el equipo médico tratante una vez que se llegue al diagnóstico y, luego, cumplir con sus indicaciones para lograr el mejor manejo posible de esta enfermedad”, concluyó Fernando Piotrowski.

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