Argentina, sin el BRICS y sin la torta

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Entre DNU y publicaciones polémicas en redes sociales, el presidente Javier Milei decidió dar un giro de timón en materia internacional, rechazando de manera contundente a través de cartas (cual adolescente enamorado) la oportunidad de integrar el BRICS. ¿Qué significa eso para el país?

Este bloque de economías emergentes es la piedra angular del crecimiento en comunidad internacional de los países que lo integran. Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica son los fundadores quienes, tras arduas negociaciones, aceptaron a mediados de este año, poder dar luz verde para el ingreso de Argentina, pese a su frágil situación económica. Esto hubiese significado un salto no solo económico, sino también diplomático, pero a Milei y sus titireteros no les convenció.

El equipo del presidente nacional había aclarado la intención de seguir profundizando los lazos comerciales con los países que integran el BRICS, sin ser parte formal del mismo bloque. Sin embargo, el revés que tomó el joven presidente hay que tomarlo como su propia personalidad: inexperto y poco serio. Para las grandes potencias, haber visto a un país en ruinas recalcular y no ingresar a su bloque es solo la demostración de una imagen de improvisación propia de un territorio a la deriva, generando aún más falta de confianza en los mercados y estrados internacionales.

En materia económica, no formar parte de este grupo nos priva de un mercado enorme. Solo basta con pensar en que China e India son los países más poblados del mundo. Esto solo puede significar que Argentina se perdió de un nicho comercial enorme, sobre todo en países con tendencia de movilidad económica ascendente, pululante, pero presente. Además, con Rusia nos perdimos la oportunidad de acaparar el petróleo del Kremlin que tanto ha sido motivo de rechazo por la Unión Europea desde que arrancó la guerra en Ucrania. Con Sudáfrica, nuestro país ser perdió la puerta de ingreso al mercado africano, el cual, en materia de materias primas, nos podría ser muy favorable.

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Y finalmente Brasil… fallarle a nuestro principal socio comercial es solo una muestra más de berrinches políticos.

El detrás de escena es claro: ideología pura y dura. Uno puede encontrar varias explicaciones geopolíticas muy aceptables, si no revisáramos el pensamiento de nuestro outsider de cartón que maneja los rieles del ejecutivo. Evitar al BRICS por la invasión rusa en Ucrania sería uno. Pareciera a la presidencia de la nación no molestarle ni Israel en un contexto sensible ni las miles de bases militares de Estados Unidos en el mundo, por ende, es ideológico. Otro punto podría ser la falta de democracia en China.

Villarruel, la vicepresidente, es una ferviente defensora de los militares de la última y nefasta dictadura militar. No parece ser “democracia” la palabra elegida por la Libertad Avanza.

Esto nos reduce rápidamente a lo ideológico, razón que tenemos al ver los archivos más recientes. Para Milei todo lo que sea presencia estatal es comunismo, y de hecho dijo en varias ocasiones que no iba a comerciar con comunistas. A Lula lo considera un enemigo regional, más allá de que demostró una receta rápida para bajar la inflación que no sea con el ajuste de los sectores medios y los menos pudientes. El “colectivismo” como lo llama Milei a ese grupo de ideologías con las cuales no comulga y está en todo su derecho hacerlo, parece ser su problema. Sin embargo, como presidente de un país hay que tener cintura política y saber como y cuando negociar con quienes estén en frente.

Esta decisión presentada como un berrinche político está claro que tiene un ideario mucho más duro. Macri y los dirigentes que manejan la agenda del actual presidente tienen una vital simpatía con Estados Unidos y los fugadores seriales de capitales.

Rechazar al BRICS solo respalda el DNU de Milei. Es decir, ¿para qué buscar nuevos mercados? Si la apertura indiscriminada de importaciones solamente va a destruir a la industria nacional. Todo está concatenado.

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Como todo en la vida, es ideología. Simpatizar con unos y enemistar con otros. Pero lastimosamente, la geopolítica dista mucho de esa rabieta. El mundo se maneja con la precisa inteligencia para saber encontrar lo más conveniente al precio más bajo.

Ejemplos simples: Estados Unidos refina el petróleo de Venezuela. ¿Son enemigos políticos? Absolutamente. Pero en la conveniencia para ambos, toda pantomima tribunera queda atrás. Podría continuar agregando que gran parte del capital inyectado en acciones en Estados Unidos proviene de China. Parece una ironía, pero no lo es.

¿Qué pensarían los grandes estrategas del mundo sobre Milei? Básicamente que es un debilucho sin carácter y sin pergaminos, manejado por un lobby que arrasó con su espacio político tras el desembarco de Mauricio Macri. Y ese es el último punto: lo político.

Haber ejecutado este rechazo es, solamente, una mancha más en el currículum de un país que muchos pergaminos no tiene en la última década. Por un lado, va a ser tomado como una debilidad y falta de defensa nacional y, por otro lado, como un país manipulable para hacer negocios. De ambas maneras, el gobierno nacional termina desgastado y los que lo padecemos somos nosotros, directa e indirectamente.

Si, por si algún lector se lo pregunta, también es un error no entrar a la OCDE, como lo venía postergando el gobierno de Alberto Fernández. En un mundo multipolar, como el actual, hay que comerciar con todos, dejando la mayor desigualdad de condiciones de lado, y buscando los mayores beneficios nacionales posibles. Como diría un viejo dicho, hay que estar bien con Dios y con el Diablo, y hoy Argentina, con la decisión de Milei, se quedó sin el pan y sin la torta.

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