Guillermo Knass

Economista. Magíster en Administración.

¿Cuántos dólares necesitamos?

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Que el oficial, el solidario, el contado con liqui… y la lista sigue… Estamos atravesando una vez más un período de crisis cuya principal sirena es hoy, como siempre, el precio del dólar.

Todos sabemos que si sube la divisa norteamericana, los precios van a subir. Además, si sube mucho, aparte de los precios, van a empezar a poner (o endurecer más en este caso) cepos. A partir de aquí empieza el mercado paralelo y si el, o los dólares paralelos distan mucho del oficial estamos a la puerta de un grave problema.

Entonces que el dólar esté estable es un signo de tranquilidad. Pero, como ya se explicó en notas anteriores, no es tan sencillo como ponerle un precio oficial y dejarlo quieto….de hecho en estos momentos existe un oficial a $ 70 pero un paralelo o blue a $ 120.

El problema entonces es; al igual que cualquier bien; que la oferta sea suficiente como para satisfacer la demanda y así, que el precio sea estable.

¿Cuántos dólares son suficientes entonces?

Aquí la cosa se complica un poco… sabemos que necesitamos más dólares, pero para tener una noción de cuántos, hagamos un ensayo dentro de nuestras posibilidades y para ello, vamos a usar algunos datos de la balanza de pagos y del Banco Central:

En primer lugar, vamos a tomar como referencia el año 2010, que fue un año de crecimiento importante para la Argentina, también fue el último año donde el dólar era libre y su valor estable. Entonces a modo de comparación es razonable ver cuántos dólares demandábamos.

Contexto 2010: La soja cotizaba entre los 400 y 500 dólares, no pagábamos deuda externa, Brasil nos compraba muchos autos… es decir, estábamos en una situación muy favorable.

Lo importante de todo ello, es saber cuántos dólares necesitamos para nuestras transacciones con el resto del mundo y cuantos dólares conseguimos:

Demanda de dólares:
 Importamos bienes y servicios por $82.927 millones, lo que incluye aquello que gastamos en el extranjero.
 Además nos gusta ahorrar en dólares, por lo que debemos incluir la formación de activos externos por $7.833 millones.

Redondeando y omitiendo algunas partidas menos relevantes, para estar relativamente bien, necesitamos la friolera suma de: $90.760 millones de dólares

Pero como sabemos: pasaron cosas, y además de nuestros consumos, si no hubiéramos defaulteado, deberíamos pagar en el 2020 $37.000 millones de dólares de deuda. TOTAL DE DEMANDA DE $127.760 MILLONES DE DÓLARES.

Ahora veamos cuanto tenemos:
Oferta de dólares
Para este año la soja no vale los 450 dólares del 2010, vale en promedio 330, en el 2010 Argentina exportó casi 450.000 vehículos, el año pasado exportó sin corona virus 225.000 vehículos, por lo que el contexto no es tan favorable y, por consiguiente, las proyecciones dan exportaciones de 59.000 millones de dólares, con esto podemos decir que si la oferta de dólares depende solo de nuestras exportaciones, para este año con lo que nos faltaría un poco más que la mitad.

Si le sumamos las reservas internacionales del Banco Central que son de $42.670 millones de dólares , apenas superamos los $100.000 millones, lo que nos dice que la oferta de dólares es casi u 30% menor a la demanda de dólares.

También debemos aclarar que las reservas no están disponibles en su totalidad para ofrecer en el mercado de cambios… de hecho habría disponibles 2500 millones únicamente, pero seamos un poco ingenuos y pensemos que China nos presta parte del swap en caso de ser necesario

Volviendo a la tierra…

Antes de terminar de convencerlo de que está todo dramáticamente mal, es importante destacar que según las ultimas noticias la deuda seguramente se va a renegociar, con lo cual no necesitamos los $37.000 millones este año, aunque una parte si se está pagando (la deuda con el FMI).

Los gastos en el exterior – pandemia mediante- van a ser muchos menos y la llamada fuga de capitales (ese ahorro en dólares) está bastante limitado por el cepo (es un tema estructural para resolver en la Argentina).

Pero la idea del artículo es mostrar que en condiciones normales somos un país que gasta más dólares de los que genera y, si bien la fuga de capitales es un problema, solo fue $7.833 millones de los $90.760 millones gastados en el 2010. Para volver a crecer necesitamos vender más, fugar menos y salir del default. Si la oferta de dólares es menor a la demanda el precio del mismo va a seguir subiendo… y supongo que con lo que ya nos ha enseñado la historia reciente, no hace falta que le explique a nadie las consecuencias de eso.

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Cuando el Control de Precios no funciona

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Vivir en tiempos de pandemia generó grandes cambios y afectó la vida de, prácticamente, todos los seres humanos del planeta. Y… si afectó nuestras vidas, también la economía. Desde que comenzamos a transitar el confinamiento obligatorio, el Coronavirus fue tema recurrente en esta columna: el análisis abarcó a la macroeconomía pero también la microeconomía, y dentro de esta última, cómo se vieron afectados por la situación ciertos mercados particulares. En la columna titulada “Liberales, neoliberales, progresistas y heterodoxos en tiempo de coronavirus” había mencionado, entre varios temas, el control de precios, en el caso del alcohol en gel y los barbijos (dejo el link para quien quiera volver a leerlo:
https://economis.com.ar/liberales-neoliberales-progresistas-y-heterodoxos-en-tiempos- de-coronavirus/) se explicaba que en casos extraordinarios y por un tiempo limitado, estas medidas podrían funcionar pero que, a largo plazo pueden ser peligrosas ya que generan escasez y un fuerte incremento en los precios.

En este caso, el análisis irá dirigido, de manera muy puntual a los cigarrillos. Como es de público conocimiento, el precio del cigarrillo “estába por las nubes”. Es que el box de 20 cigarrillos se llegó a vender a $500 en algunos kioscos e incluso a través de redes sociales. Todo ello a pesar de que la Ley 24.674 vigente desde el año 1996 prohíbe modificar los precios de los cigarrillos en los puntos de venta (es decir, es un bien que tiene control de precios, fijado por ley, y no se debería vender ni a mayor precio ni a un precio menor).

¿Qué sucedió con los cigarrillos? Las plantas tabacaleras se encontraban cerradas desde el inicio de la cuarentena debido a que no estaban consideradas dentro de los rubros esenciales. Cómo no hay producción, los kioscos y puntos de ventas comenzaron a quedarse sin stock y ante la escasez comenzaron a subir los precios, tal y como lo señala la ley de la oferta y la demanda. De hecho el precio volvió a la normalidad porque se volvió a producir ( o sea volvió la oferta ) y no porque actuaron los legendarios “comisarios de precios”.

Cuando se crean situaciones con desequilibrios tan marcados, no hay control de precios que sea efectivo, ya que la demanda supera ampliamente a la oferta, “se venden al mejor postor”.

Además, el cigarrillo es un bien bastante particular, ya que a las personas que fuman se les hace muy difícil cambiar sus hábitos repentinamente, sobre todo en un contexto como el que estamos viviendo, dónde los niveles de ansiedad y angustia se incrementan con el correr de los días.

Es por ello que en economía se dice que el cigarrillo tiene una “demanda inelástica”. Esto último tiene que ver con la oferta y la demanda: específicamente, la ley de la demanda dice que a mayor precio, se demandará menos cantidad de un bien, lo cual se cumple para la gran mayoría de bienes. Sin embargo, hay bienes que al aumentar su precio, la caída en su consumo es muy grande y hay otros bienes que, aunque su precio aumente fuertemente, la caída de la cantidad consumida no es tan pronunciada.

Justamente este es el caso de los cigarrillos: cómo ya lo mencionamos en el punto anterior, los hábitos de los fumadores no se revierten de un día para el otro, por lo tanto hay gente que “necesita” fumar (aunque trate de reducir al máximo su consumo), y en algún momento demandará ese producto, aunque su precio es exorbitante.

Pero… si está fijado por ley ¿por qué no funciona el control de precios? La verdad es que aunque el Estado lo intente, no es omnipresente, y si hay demanda, hay lugar para que se generen este tipo de especulaciones. Ya sea la de los comerciantes que venden su stock restante a un precio muy elevado, pero que evidentemente algunas personas están dispuestas a pagar. O incluso, para que se genere un mercado clandestino de cigarrillos de contrabando. En este caso ni siquiera fue clandestino ya abiertamente encontramos a la vista de todos en el sitio mas grande de compras on line cigarrillos a hasta 4 veces mas su precio que el autorizado por secretaria de comercio.

Conclusión

Tomando los fundamentos del artículo anterior, hemos visto que existen posturas totalmente opuestas entre hortodoxos y heterodoxos sobre todo en lo que se refiere a el control de precios sobre bienes privados. Los que tenemos una visión más pragmática ponemos también en el análisis el costo social de dejar librado todo a las fuerzas del mercado…..por eso vimos bien controlar el precio de los barbijos hasta que haya producción suficiente. Pero es una ingenuidad pensar que todo va a poder ser así….. no podés meter preso a miles de kiosqueros que aumentaron el precio de los cigarrillos, vas a fracasar. Ya lo dijo un ex ministro –“ El control de precios es una medida política, para frenar inercias y alguno que se haga el distraído cuando querés poner en marcha un plan de estabilización; pero si la estabilidad depende de largar a la calle un ejercito de controladores de precios está condenada al fracaso”.

Controlar un poco está bien, controlar todo puede ser peor o lo mismo que no controlar nada….

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Crisis económica y un factor común: coronavirus

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Sin dudas el COVID19 marcó fuerte el estilo de vida de todos los países, y se han tomado decisiones importantes, pero no necesariamente tienen que ver con ayudar a la economía. En muchos países se dictó el confinamiento obligatorio, de manera más estricta o no tanto, por periodos más prolongados de tiempo en algunos casos o con mayor flexibilización en otros. 

En esta ocasión busco analizar las medias adoptadas por diferentes países, su impacto en la propagación del virus, pero sobre todo las consecuencias económicas de dichas decisiones, con el fin de aportar algo de información a la discusión respecto a si es preferible acabar cuanto antes con el confinamiento para evitar el colapso económico o priorizar que el contagio se siga propagando.

La crisis presente

En el primer trimestre el PIB de China cayó un 6% y, en un mes, en Estados Unidos se perdieron 23 millones de empleos. Las economías de los países europeos corren con la misma suerte. Si nos acercamos más y miramos a los países de América Latina, los cuales ya venían con sus economías debilitas, donde el periodo entre 2014 y 2019 fue el de menor crecimiento desde la década de 1950, a medida que avanza la propagación del virus la crisis sanitaria, económica y social se hace sentir cada vez más.

Si bien, se vuelve difícil dimensionar la duración y cuantificar los efectos de la crisis económica, se espera que sea la mayor crisis económica y social en décadas, superando la de 2008. Estás expectativas empeoran cuanto más se alarga el confinamiento, ya que obliga a seguir deteniendo la actividad productiva de las empresas y los ingresos siguen cayendo. Esta situación nos obliga a comparar las decisiones que han tomado en diferentes países y ver cómo les fue tanto en materia sanitaria como económica.

Fuente: elaboración propia en base a datos de Johns Hopkins University, 8 de Mayo de 2020.

En el cuadro anterior se presentan las cifras de infectados y muertes por COVID-19 en diferentes países, con el fin de evaluar la efectividad sanitaria de las medidas implementadas.

Nueva Zelanda

Sin dudas el caso más exitoso, con sólo 1490 infectados y 21 muertos. El secreto de su éxito estuvo en la rapidez con las que se tomaron las medidas para frenar los contagios: con menos de 12 casos cerraron las fronteras, se impuso la cuarentena a quienes llegaban al país, implementó el confinamiento y armó una fuerte operación de testeos y seguimientos de casos. Les tomó un mes declarar el triunfo sobre el coronavirus, ya que si alguien se infecta, sabrán de donde proviene el contagio y controlarlo. Las fronteras siguen cerradas y ahora buscan reactivar la economía y no la vida social.

De este modo, la economía sentirá el impacto negativo pero las medidas implementadas a tiempo hacen que dicho impacto sea transitorio y, además, la economía neozelandesa era fuerte antes de la llegada del virus.

Los países Nórdicos

Estos países tomaron medidas diferentes entre sí. Suecia fue el de las medidas más laxas, ya que decidió priorizar la economía: continuaron abiertas las escuelas, bares, restaurantes y peluquerías. También es el país nórdico con mayor número de contagios y una tasa de mortalidad de 12,56% en relación a los infectados.  

Dinamarca, Noruega y Finlandia tomaron medidas más duras: cerraron colegios, universidades y comercios no esenciales. Sin embargo la población puede seguir saliendo pero evitando aglomeraciones. En cuanto a la economía, los Estados asumieron hasta el 90% de los sueldos de los trabajadores privados, si las empresas se comprometían a no despedirlos. De este modo, busca evitar el desempleo y que las empresas no se endeuden de manera excesiva para cubrir sus gastos.

Estados Unidos, España, Italia y Reino Unido:

Tal vez, el grupo de países que peor hizo las cosas: decidieron priorizar la economía pero todo se salió de control: se dispararon los contagios, colapsaron los sistemas de salud y las muertes se multiplicaron. Esta situación obligó a los gobiernos a tomar medidas más duras para evitar los contagios y, por ende, se afectó la economía. Pero el hecho de que no se haya controlado a tiempo la expansión del virus, hace que no puedan predecir cómo salir del confinamiento y comenzar a regresar a la normalidad. Entonces la industria y el comercio siguen sin funcionar, se multiplica el desempleo y las empresas se endeudan cada vez más para cumplir sus obligaciones. Sobre todo en España e Italia, que no cuentan con un Banco Central que pueda tomar las medidas necesarias para aliviar la economía.

Argentina:

Las medidas sanitarias que se tomaron en el país fueron buenas para frenar la ola de contagios y evitar el colapso del sistema de salud. Sin embargo, la realidad económica del país ya era mucho peor que la de los países mencionados anteriormente. Por ejemplo, en el siguiente gráfico, presentado por la Organización Internacional del Trabajo, se puede observar el crecimiento económico y la tasa de desempleo que han tenido diferentes países del mundo en 2019, escenario previo al covid-19.

Mal de muchos…….

Dice el refrán, pero que al mundo desarrollado le haya afectado igual que al resto no deja de ser una oportunidad de que haya acciones globales que permitan una pronta recuperación de todo el mundo, el mundo desarrollado lo necesita. Sin ir más lejos solo China participa del 20 por ciento de la cadena productiva mundial….y necesita que el mundo se recupere para seguir creciendo. El momento a atender es que cuando esta fase comience, no nos quedemos afuera.

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No nos olvidemos de la economía

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A partir del lunes comienza una nueva etapa de la cuarentena administrada y eso trae un poco de alivio, sobre todo a aquellos sectores de la economía que podrán retomar lentamente sus actividades. Sin embargo, las expectativas en materia económica para el 2020, incluso 2021, no son alentadoras. En el ámbito microeconómico, el análisis nos dice que el parate en la actividad le pegó fuerte a muchas PyMES, a quienes se les cortaron las cadenas de producción, de pagos y acumularon deudas.

En la esfera macroeconómica, las expectativas tampoco son buenas: ya se habla de una de las crisis más complicadas de la historia (expertos comparan la situación de la economía argentina con la de la década de los 80´: crecimiento económico nulo, tipo de cambio real alto, elevados niveles de inflación y altos niveles de pobreza e indigencia).

A eso debemos sumarle la gran deuda que aún no somos capaces de renegociar. Es por eso, que en esta ocasión pretendo presentarles algunos números de la economía argentina, que sirvan para echar luz sobre la situación y que nos permitan analizar cuáles son los posibles escenarios futuros. Es importante aclarar que con ello no pretendo ser fatalista, ni mucho menos dar a entender que la economía es más importante que la salud, pero sin dudas, la crisis del COVID-19 le dio a la convaleciente economía argentina el golpe de gracia que le faltaba y tenemos que saber que cuando el Coronavirus esté pasando y comencemos a retomar nuestras actividades habituales, no será sencillo ni rápido recuperar la economía.

El Crecimiento Económico

El Producto Bruto Interno (PBI) es la primera medida que miramos para evaluar el crecimiento de la economía, y Argentina viene estancada (y con algunas caídas) desde el año 2013. Además, en los últimos años cayó significativamente la inversión, que es la variable más importante que tenemos para evaluar la posibilidad de crecimiento futuro de la economía. Todas estas son señales de que la economía no se va a recuperar pronto.

Para apoyar esta última idea, es conveniente analizar el PBI potencial de Argentina, el cual es menor al 1% para 2020 y 2021. Este indicador mide el nivel de producción máximo que un país puede alcanzar utilizando los factores productivos y tecnología existentes, sin generar presiones inflacionistas. En otras palabras, si las cosas anduvieran bien, los recursos que tenemos nos alcanzan solamente para elevar un 1% el PIB.

El déficit público

Para el lector no será noticia que el déficit público es un problema recurrente en Argentina y en algún punto, “la raíz de todos los males”. Es que el Estado argentino se ha acostumbrado a gastar más de lo que recauda y aún no ha encontrado soluciones a este problema de las finanzas públicas, que nos viene persiguiendo a lo largo de toda la historia.

Este problema ha sido el generador de otros problemas, ya que si se gasta más de lo que recauda, de algún lado hay que sacar la plata para cubrir esos gastos y para ello los diferentes gobiernos han recurrido a dos posibles soluciones: darle a la maquinita y emitir pesos para cubrir ese gasto público extra o pedir prestado. Es así como terminamos en la situación actual: altas y al parecer incontrolables tasas de inflación y una deuda gigantesca que no podemos pagar.

El COVID-19 vino a empeorar más la situación: con la economía mundial y la propia paralizadas por la pandemia, al Estado no le ha quedado más remedio que llevar adelante políticas económicas y sociales para tratar de paliar los problemas que trae la cuarentena, ya que muchos argentinos se quedaron sin ingresos. A eso, hay que agregarle el problema de la recaudación: si las empresas y las personas no trabajan, no generan ingresos y no pagan impuestos. Entonces, el gobierno salió a cubrir el incremento del gasto público con más emisión, lo cual, en el mediano plazo podría resultar en una “bomba inflacionaria” que tiene que comenzar a planear cómo se va a desactivar.

El déficit fiscal primario de marzo es 35 veces más grande que el del mes de enero, y eso es un problema, no solamente porque lo están cubriendo con emisión monetaria, sino que también el gobierno busca renegociar la deuda y para lograrlo, Argentina debería mostrarles a los bonistas que tiene capacidad de pago, cosa que no está haciendo.

Para finalizar, también es importante resaltar que la economía mundial tampoco ayuda.

Seguramente, la entrada de dólares por exportaciones sería un gran alivio para Argentina, pero los mercados están cerrados, la economía mundial paralizada y los precios de los commodities cotizan a la baja. Por lo tanto, y al menos por ahora, esos dólares no van a llegar.

Conclusión

Este análisis no tiene como fin criticar las medidas del gobierno que tendieron a priorizar la salud antes que la economía, ya que sin dudas esas medidas son necesarias para evitar las pérdidas más graves que un país pueda sufrir: las vidas de sus habitantes. Sin embargo, este análisis pretende exponer la otra cara de la moneda: la crisis económica y; sin ánimo de ser fatalista, contarle al lector que salir de esta no va a ser tan fácil. Esperamos que el equipo económico esté utilizando este tiempo de cuarentena para formular un “muy buen plan” para enfrentar lo que se viene.

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Liberales, neoliberales, progresistas y heterodoxos en tiempos de coronavirus

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En esta columna siempre tratamos de analizar en qué base teórica se sustentan las medidas de política económica que se toman y cuáles serían las consecuencias. Como no puede ser de otra manera, porque la pandemia restringió al máximo la actividad económica y todo es muy reciente para tener datos; y si los tuviéramos, serían todos malos (por razones obvias), entonces nos tomaremos un respiro para aclarar ciertos planteos que se están dando:

La salud o la economía: Hoy esto se presenta peligrosamente como un dilema; o sea, dos proposiciones opuestas que al elegir una rechazamos la otra. A la vista de la opinión internacional, Argentina está manejando muy bien la pandemia y los resultados son positivos cuando comparamos los porcentajes de casos locales con los de países desarrollados como Estados Unidos, Italia o España. 

Entonces la salud es buena y cuidando la salud nos va bien, por ende la economía es mala. La economía es la ciencia que estudia la forma de distribuir los recursos disponibles para satisfacer las necesidades humanas, esto quiere decir que sin economía estaría faltando vivienda, educación, alimentación, vestimenta y por supuesto salud. Cuando alguien en la calle ofrece una chipa y alguien que camina la acepta a un precio estamos frente a un mercado “oferta, demanda y precio”. Usar el término mercado con la imagen de alguien llenándose de dinero a costa de la enfermedad ajena es un error. Entonces se trata de cuidar la salud y esto incluye volver a normalizar la economía y los mercados, porque sin estos tampoco hay salud. Por lo tanto, el gobierno ha tomado ciertas medidas:

1)- Del control de precios: Cualquier curso básico de microeconomía explica que el control de precios provoca escasez del producto controlado y la aparición de un mercado en negro con ese producto a precios más elevados que el oficial.  Los argentinos hemos visto varias veces esta situación cuando luego de un “precios cuidados” aparecían las góndolas vacías en el sector de los productos abarcados.

Este no es el único reparo que tiene el control de precios, en el caso de productos que de repente por incremento de demanda tienen una fuerte escasez: por ejemplo los barbijos o el alcohol en gel. El axioma de la teoría clásica establece que ante un aumento de precio de estos productos, provocará que más productores quieran producir más, porque aunque sean menos eficientes, como el precio es alto obtendrán ganancia. Al haber más fabricantes habrá más oferta y el precio bajará. Sin embargo, por la curva de aprendizaje, los fabricantes viejos lo hacen mejor que los nuevos porque ya tienen hechas las inversiones y tiene entrenamiento en hacerlo, como también saben comprar mejor los insumos, entre otras cosas.

Si se fijan precios máximos no se incrementará la cantidad porque no hay incentivos para hacerlo. 

¿Entonces por qué se fijan los precios?  La pandemia avanza rápido, y rápido se necesita que la gente pueda adquirir los insumos mínimos para enfrentarla, es probable que si se espera que el incremento de productores de alcohol en gel y barbijos que aparezcan para abastecer la demanda vaya más lento que la enfermedad y termine costando mucho más en vidas e infectados que lo que cuesta si se controla que el producto hoy sea accesible a precios de antes de la pandemia. Pero pensar que en “condiciones normales” podemos resolver todo el abastecimiento con control de precios porque fue exitoso con el alcohol y los barbijos, es un absurdo; ya se probó muchas veces y todas las veces más temprano o más tarde, salió mal.

De lo que hicieron en Francia: en general todos los países tomaron medidas expansivas. Es decir, disminución de impuestos, bajas y congelamientos de hipotecas, cuotas, tasas, además de subsidios al desempleo etc. ¿Entonces por qué no se hace siempre y se solucionan los problemas de pobreza? 

Los estímulos fiscales no son gratuitos, en el caso de un país europeo, que no emite moneda propia,  están redireccionando partidas del presupuesto público o endeudándose, en cualquiera de los dos casos alguien hace un ahorro para que haya un gasto.

En nuestro país hay un consenso generalizado de emitir para otorgar dinero a los afectados por la pandemia (el gráfico que se presenta más abajo muestra cómo creció la Base Monetaria, es decir los billetes que circulan en la economía, a partir del mes de marzo de 2020). No se puede hacer otra cosa porque no hay otra cosa. No nos podemos endeudar porque nadie nos presta y no podemos reasignar porque ya venimos de crisis. Entonces, ¿se soluciona emitiendo? Si no se prevé como esterilizar el dinero emitido, cuando todo vuelva a la normalidad y parte de ese dinero emitido quiera ahorrarse en dólares o comprar productos importados o con insumos importados la historia terminará en devaluación e inflación.

Fuente: Elaboración propia en base a Datos del BCRA

Conclusión

Tiempos extraordinarios merecen medidas extraordinarias; ahora bien, todas las medidas repercuten en el presente pero también en el futuro. Por lo tanto, más adelante el Gobierno deberá ver cómo resuelve los efectos no deseados de estas políticas. Y a prestar atención, ya que enamorarse de medidas como control de precios, combinadas con emisión y pensar que pueden tener éxitos en tiempos normales es un camino seguro a la explosión inflacionaria: pasó en el pasado y va a volver a pasar en el futuro.

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