Caputo pidió confianza a los empresarios y vinculó el riesgo país con el temor a “volver al infierno”
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El ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó parte de la suba del riesgo país argentino a factores internacionales y otra parte al temor de los mercados ante un eventual regreso a políticas del pasado. Durante el 62° Coloquio de IDEA, sostuvo que el Gobierno mantendrá su programa económico y anticipó nuevas reformas, con foco en impuestos, regulaciones, infraestructura y costo financiero.
Caputo participó de manera virtual del encuentro empresario que se desarrolla en Mar del Plata, mediante una entrevista grabada previamente. El ministro se encuentra en París, Francia, junto al presidente Javier Milei, en el marco de la denominada Argentina Week.
El funcionario señaló que el riesgo país se ubicaba en torno de los 600 puntos y estimó que aproximadamente la mitad del incremento respondía al contexto internacional. Según explicó, existe actualmente un “shock externo bastante brutal” que está afectando a distintos países, aunque consideró que la situación argentina también incorpora un componente doméstico.
“Ha sido parte propia por este temor que tienen algunos de que se vuelva al pasado. Un cierto temor a volver al infierno”, sostuvo Caputo al explicar la percepción que, según su interpretación, está detrás de una parte del deterioro del indicador.
El planteo coloca al riesgo país en el cruce entre las condiciones financieras internacionales y las expectativas sobre la continuidad de la política económica argentina. El indicador funciona como una referencia del costo adicional que enfrenta el país para acceder al financiamiento respecto de los mercados considerados de menor riesgo, por lo que sus movimientos inciden sobre las condiciones de crédito y las decisiones de inversión.
Frente a los empresarios, Caputo buscó reforzar la idea de continuidad. “Pensar que se va a volver al pasado es una subestimación al pueblo argentino. No creemos que vaya a pasar”, afirmó. El ministro aseguró que la administración de Milei continuará con el mismo rumbo y anticipó una nueva etapa de reformas.
“Hay muchas más reformas viniendo”, sostuvo, y mencionó entre las prioridades la continuidad de la reducción de impuestos, la disminución de regulaciones, el desarrollo de infraestructura y una baja del costo financiero. La agenda plantea así que el Gobierno pretende trasladar el proceso de desregulación y reducción de la presión tributaria hacia otras áreas que afectan directamente las decisiones de inversión y producción.
Caputo también defendió la política cambiaria y afirmó que el Gobierno no busca que el peso continúe depreciándose. “La devaluación es solo sueldos miserables para la gente”, sostuvo. El argumento conecta la estabilidad cambiaria con la evolución del ingreso real, en un contexto en el que el comportamiento del tipo de cambio constituye una de las variables centrales para la formación de precios, costos y expectativas.
El ministro también apeló a la comparación regional para defender el rumbo económico. “Si miras los países vecinos, es el camino correcto”, afirmó, y destacó la disponibilidad de recursos naturales y capital humano de la Argentina como factores que, a su entender, ofrecen condiciones para una expansión de largo plazo.
La cuestión previsional apareció como otro de los cambios pendientes. Caputo anticipó que una eventual reforma previsional sería “la última” dentro de las modificaciones estructurales que impulsa el Gobierno y planteó que antes debe establecerse con claridad cuáles son los recursos disponibles para sostener el sistema.
El funcionario vinculó esa discusión con dos factores: la caída de la natalidad y el incremento de la cantidad de jubilados que, según afirmó, se produjo durante el kirchnerismo mediante incorporaciones de personas sin aportes suficientes. La reforma previsional, de concretarse, implicaría por lo tanto una discusión sobre la relación entre cantidad de beneficiarios, aportes, recursos fiscales y sostenibilidad del sistema.
El mensaje de Caputo ante los empresarios combinó así una defensa del programa económico con un pedido explícito de confianza en su continuidad. El desafío que queda planteado para el Gobierno es convertir esa previsibilidad anunciada en menores costos de financiamiento, mayor inversión y una mejora sostenible de los ingresos, mientras enfrenta un escenario financiero internacional que el propio ministro describió como particularmente adverso.
