Cartas marcadas

Las elecciones primarias del domingo otra vez dejaron al Rey desnudo, cubierto apenas por unos harapos de institucionalidad. Esta vez no hubo retos como hace dos años, cuando otro Presidente culpaba a la sociedad por los resultados que marcaban su salida. 

La sociedad no tiene, claro, culpa alguna, sino que, sin estridencias, da proporcionalmente a lo que recibe. No hay bipolaridad en ese mapa que cambia de color, sino certezas. Hace dos años las pinceladas pusieron fin a Cambiemos, ahora ponen en alerta roja a la coalición del Frente de Todos. Ni antes kirchneristas, ni ahora macristas. El voto volátil señala que hay una buena porción de la sociedad que no es ni de uno ni de otro y que no se alimenta de la grieta que tanto entusiasma a la retórica política. 

La pérdida de entusiasmo con el gobierno de Alberto Fernández obedece a múltiples causas y errores no forzados que contradicen el eslogan de “ser mejores”. El cumpleaños de la Primera Dama y el vacunatorio VIP son apenas síntomas de una carencia mucho más profunda: la de expectativas.

Con unos pocos indicadores favorables, Alberto Fernández y sus adláteres se regodearon en una persistente comparación con 2019, como si fuera mucho mérito ser algo mejor que el epílogo de un mal gobierno. 

La sociedad exige más. La inflación arrastrada desde los últimos años de gestión de Cristina Fernández, los récords de Mauricio Macri y los dos años de “suba contenida”, del presente, demuelen cualquier proyección de quien depende de ingresos que hace tiempo van a la zaga. 

El esperar a ver qué pasa no parece ser una receta muy acertada ante las urgencias del ágora. El éxito de Martín Guzmán en las negociaciones con los acreedores se licuó en la pausa para conseguir un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El elogio a su temple negociador no oculta el modo piloto automático en el que está la economía desde hace tiempo, sin medidas de reacción después de la irrupción del coronavirus y con sectores mucho más golpeados que otros. 

Como sus antecesores, crítica que hizo sentir en su carta abierta Cristina Fernández, parece más preocupado en que cierren los números con saldo a favor, que en la inclusión. El paliativo de emergencia ya no alcanza para quien perdió su trabajo o viene sosteniendo a duras penas su empresa. Pero Guzmán debe empezar a salir de la comodidad del territorio conocido y comenzar a andar por un yerbal, conocer los padecimientos de la hotelería en Iguazú o los dramas del productor industrial cuyos costos son distintos a los de Capital Federal por el sencillo detalle de carecer del gas natural.  La misma situación se puede extender a cualquier otra provincia alejada del núcleo duro de la Argentina.

La pandemia hace tiempo dejó de ser una excusa y el Gobierno no tomó ninguna decisión de fondo que permita avizorar un cambio de rumbo. Las urnas lo impusieron. Derrota en 17 provincias y un efecto dominó que afectó a provincias propias y otras distantes, como Misiones. 

Alberto Fernández se vio obligado a echar a medio gabinete y a obedecer el reclamo de Cristina Fernández de apretar el acelerador para no perder definitivamente en el tramo que falta de aquí a noviembre. Es una incógnita saber si alcanzará el tiempo, pero el nuevo viejo gabinete trae consigo más política. Y eso, si es un dato alentador ante tanta selfie y el prime time de la tele cholula. 

Anibal Fernández, Juan Manzur, Daniel Filmus y Julián Dominguez formaron parte del equipo de Néstor y la propia Cristina. Más allá de gustos personales, le sacan mucha ventaja a los salientes, que se esmeraron más en no ser parecido a lo que se fue en 2015 que en hacer olvidar lo que vino después. Macristas de buenos modales, emulando el economista de pocos votos, José Luis Espert. 

Pero un problema subyace. “En un país que de federal tiene la enunciación”, había dicho antes de las elecciones el conductor de la Renovación, Carlos Rovira. 

En el nuevo gabinete se repite esa mirada porteño céntrica: solo hay dos integrantes que no son de Capital o Buenos Aires. Juan Manzur que llega desde Tucumán y Martín Soria, que es de Río Negro. Hay otros ocho de Capital y once de la provincia gobernada por Axel Kicillof. De nuevo, más allá de sus orígenes, la clave estará en que sepan escuchar y atender las demandas de las provincias, que no son uniformes. Eso sería escuchar el “mensaje de las urnas” que se hizo sentir con fuerza en las elecciones primarias, que a esta altura se convirtieron en una piedra en el zapato de los gobiernos y un estrés innecesario para la sociedad, que debe hacer de juez de los problemas internos de los partidos y después soportar las crisis emergentes de las derrotas.

Pero si el Gobierno no corrige su rumbo, el resultado será el mismo.Un resultado que en el caso de Misiones arrastró a todo a su paso, con un crecimiento de la alianza Cambiemos, que cosechó la mayor cantidad de votos en la disputa de sus cinco listas, lo que relegó a un minúsculo tercer puesto a los candidatos del Frente de Todos, pero especialmente, a Javier Gortari, el candidato favorito del Presidente y la Vice, que quedó último en su propia interna.

La lista única de la Renovación fue la más votada, lo que deja bien posicionados a Carlos Fernández y Claudia Gauto de cara a las definitivas con 193.398 votos.

Sin embargo, en la suma, la alianza Cambiemos se alzó con la mayor cantidad de votos, con 244.703, de los que el radical Martín Arjol obtuvo 77.415, con victorias resonantes en algunos municipios, especialmente en el oeste misionero.

En el Frente de Todos, el partido Agrario con Isaac Lenguaza como candidato obtuvo 41 mil votos, diez mil más que Gortari, que tuvo todo el respaldo económico y logístico del Gobierno nacional. 

El crecimiento de Cambiemos revela que no hay votos cautivos, sino pensados depende de la ocasión. Resuelto el dilema Misiones, con las elecciones de junio ratificando a la Renovación como el espacio más votado, la sociedad envió un mensaje a la Nación con el voto a la oposición más dura. Es un tiro por elevación, que fue una bocanada de aire fresco para el radicalismo, que no festejaba desde los tiempos de la alianza.  Es la primera vez que la UCR logra imponerse al macrismo y ahora el objetivo es que no haya muchos heridos. Arjol instó a los suyos a seguir fortaleciendo el espacio, para ratificar el resultado en noviembre. “Estoy seguro que los militantes del Pro estarán con las mismas energías que nosotros, que los peronistas que no están alineados al Gobierno nacional también estarán entusiasmados”, celebró. Nadie está demasiado seguro en que eso sea una certeza. En el radicalismo quedaron muchas heridas abiertas y el macrismo más duro, derrotado en las PASO, no tiene muchas ganas de trabajar para otro, al que hasta hace unos días miraba con desdén.  

Las elecciones del domingo fueron un claro retroceso para el Frente de Todos, que había ganado en la misma instancia en 2019, con Cristina Britez y Héctor “Cacho” Bárbaro, pero con Cristina y Alberto Fernández en la boleta principal. Entonces la lista había obtenido 234.552 votos. Ahora solo fueron 107.510. Menos de la mitad.

La Renovación, en cambio, hizo una mejor cosecha que hace dos años, cuando había quedado tercera en la disputa por las bancas nacionales, con 151.642 votos. Ahora abandonó el último lugar del podio y fue la lista más votada, con un crecimiento de casi 50 mil votos, que de todas maneras no le alcanzaron ante la suma de Cambiemos, que también creció en adhesiones: había obtenido 170.585 votos en 2019 y ahora 242.703, sumadas todas las listas..

El conductor de la Renovación, Carlos Rovira, emitió un mensaje claro: “El Frente Renovador escuchó y acatará el mensaje emitido por el pueblo misionero, como lo ha hecho siempre”. 

Al mismo tiempo, pidió que el presidente Alberto Fernández haga lo mismo, “escuche, corrija su visión y mire a Misiones”. 

Hubo una voz clara que ha manifestado disconformidad con el rumbo del país y ha pedido a los gobernantes que rectifiquen la dirección y que miren más al interior del país. En eso coincidimos plenamente los misioneros”, enfatizó el presidente de la Legislatura misionera.

Rovira, quien unos días antes de las elecciones había alertado por la falta de federalismo de las políticas nacionales, aseguró que “el Frente Renovador escuchó la voz del pueblo y por eso continuará reclamando la ley de Zona Aduanera Especial, que fue aprobada por el Congreso de la Nación y luego vetada, y que significará generación de empleo, crecimiento económico, obras de infraestructura y todo lo que los misioneros necesitan para lograr el desarrollo pleno y su felicidad”. El conductor de la Renovación habló con Sergio Massa para anticiparle que Misiones insistirá con sus reclamos centrales.

El veto presidencial a la zona aduanera parece ser un mal trago difícil de superar por parte de la sociedad y el sector económico. En definitiva, pasada la pandemia, las asimetrías siguen tan latentes como antes y exponen a Misiones a una situación de desventaja en relación con Paraguay y Brasil. Pero parece que nadie en las oficinas de Buenos Aires parece comprender la magnitud del problema que plantea Misiones. El último ejemplo: durante su última visita a las Cataratas , Fernández se había comprometido a agilizar la apertura del puente que une a Puerto Iguazú con Foz do Iguaçu para reactivar el turismo internacional. Tres días antes de las elecciones, un funcionario de segunda línea de Salud, descartó de plano la apertura y pisoteó las expectativas de decenas de empresarios y cientos de trabajadores vinculados al turismo.

El gobernador Oscar Herrera Ahuad no ocultó su fastidio (tampoco fue a la cumbre en La Rioja). Durante la visita del canciller paraguayo, que pidió por la apertura del puente Posadas-Encarnación, el mandatario misionero insistió en que “depende de la decisión nacional, no de un capricho de un gobernador, porque si fuera por este gobernador, hace un mes que estaría abierto el puente Tancredo Neves. La decisión final es del gobierno nacional de la Argentina”.

También insistió en que “este gobernador, los cuatro años que tenga que gobernar, los cuatro años que lo va a reclamar. Y que quede claro, tiene que ver con la postura también de la provincia y de nuestros diputados nacionales que nuevamente tienen encomendado, volver a insistir en el presupuesto nacional, para que volvamos a tener la oportunidad de incluir algo que es muy justo para la provincia de Misiones”.

Punto donde hay que poner el foco: la ley de Zona Aduanera está vigente, pero habrá que discutir mucho para incluirla en la ley de Presupuesto que nuevamente piensa más en lo macro que en las micro demandas territoriales. En lo que hace a Misiones, deja un sabor a poco. A muy poco. En total, le asigna a la provincia 179.192 millones, pero el 94% corresponde a Gastos Corrientes, que crecerán en un 59,1% (superando ampliamente a la inflación proyectada de 33%). 

A su vez, el Gasto de Capital explica el 6% del total del gasto en la provincia, con una caída en términos de participación, ya que el presupuesto de este 2021 implicaba una participación del 7,3% en Misiones. 

Este punto es el más débil para Misiones  en el proyecto de Presupuesto nacional 2022, con dos problemas: no solo se ubica entre  los menores incrementos del país (6º más leve) sino que quedaría por debajo de la  inflación proyectada por el Gobierno nacional en el texto del proyecto: +33%, contra una  suba del gasto de capital del gobierno nacional en la provincia de +28,9%.  

Esto implicaría naturalmente una importante desaceleración de proyectos de obra  pública en Misiones, y los datos provisorios de este año ya marcan un retroceso real, por lo cual los números planteados en este proyecto vienen a continuar con la línea de “ajuste” en la inversión pública nacional en Misiones.  

Misiones forma parte del lote de otras cinco provincias donde la inversión pública tendría  caídas en términos reales (es decir, todas con alzas menores al 33%), con Tucumán y  Corrientes sin alcanzar siquiera el 10%. 

Dentro del NEA Misiones muestra el segundo menor incremento del gasto de capital del estado nacional, superada ampliamente por Formosa y Chaco (+220,1% y +85,6%, respectivamente), y solo por encima de Corrientes (+9,9%). 

Pero en valores absolutos, Misiones tendrá la asignación más baja de todo el NEA:  $10.761 millones, contra $13.800 de Corrientes; $17.738 millones de Formosa y $29.382 del Chaco.  

Visto en medida per cápita, la diferencia es abismal: por misionero, se realizará una inversión pública nacional de $8.352; por correntino será de $12.109; por chaqueño unos $23.932 y por cada formoseño, $28.856. 

Juan Carlos Argüello213 Posts

Periodista, director de Economis

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