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Techint, Mercado Libre, Dass y Goya, hilos de la misma madeja

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Don Chatarrín”, bautizó el presidente Javier Milei a Paolo Rocca, el presidente del grupo Techint, en medio de una disputa que estalló por la licitación que ganó un grupo indio para abastecer de caños de acero un gasoducto desde Vaca Muerta. La extraña pulseada con quien fue uno de sus aportantes de campaña fue in crescendo y tiene en vilo a las principales corporaciones del país por el nivel y por las consecuencias que podrían derivar de la eventual caída de uno de los gigantes. 

Milei fue a fondo. A través de sus redes sociales, el Presidente decidió no argumentar: eligió subrayar. Citó un posteo de un usuario afín que acusaba sin eufemismos a Paolo Rocca de haber jugado “all-in” para que el gobierno llegara a su fin tras las elecciones de septiembre. El mensaje cerraba con una sentencia lapidaria: “Jubilate, tano. Perdiste”.

Milei no agregó explicación ni matiz. Sumó apenas una palabra. Pero en el lenguaje de las redes y del poder, alcanzó: “Dato”.

La derrota de Techint en la licitación para proveer los caños de un ducto de casi 500 kilómetros no es un dato menor ni un simple revés empresarial. Se trata de un proyecto estratégico, clave para transportar gas desde Vaca Muerta hasta Río Negro y habilitar su exportación. En otras palabras: infraestructura crítica para uno de los pocos motores genuinos de dólares que tiene hoy la Argentina.

La adjudicación quedó en manos de la firma india Welspun y abrió una grieta incómoda en el corazón del debate económico actual: ¿hasta dónde llega la apertura y dónde empieza el daño estructural?

Desde el Grupo Techint la reacción fue inmediata. No sólo expresaron su malestar, sino que adelantaron que evalúan avanzar con un recurso antidumping. El argumento es conocido, pero no por eso menos relevante: competencia desleal, precios imposibles de igualar y una decisión que, bajo la lógica del menor costo inmediato, termina golpeando de lleno a la producción y al empleo industrial local.

El punto no es defender a una empresa en particular -Techint es un gigante global que sabe competir-, sino preguntarse qué señal se envía cuando un proyecto energético estratégico prescinde de proveedores nacionales con capacidad instalada, experiencia y empleo argentino detrás. No es una discusión ideológica, sino de desarrollo.

La paradoja es evidente. Se impulsa Vaca Muerta como política de Estado, se la presenta como la gran palanca exportadora del futuro, pero al mismo tiempo se importan insumos clave para hacerla posible. El gas será argentino, pero una parte sustancial del valor agregado viajará en barco desde Asia.

El riesgo es claro: que la lógica de la apertura sin red termine desarmando eslabones industriales que luego cuesta décadas reconstruir. Porque cuando una planta baja persianas, no se pierde sólo producción; se pierde conocimiento, empleo calificado y soberanía tecnológica.

La licitación perdida por Techint no es un episodio aislado. Es un síntoma. Y como todo síntoma, merece algo más que silencio o resignación: merece una discusión seria sobre qué modelo productivo quiere la Argentina cuando decide cómo y con quién construye su futuro energético.

La disputa no es menor. Mercado Libre, la empresa fundada por Marcos Galperín, un entusiasta de las políticas expresadas por Milei, también se queja de la excesiva permisividad de la apertura comercial. El boom de las compras puerta a puerta, acelerado por la liberación de importaciones impulsada por el gobierno de Javier Milei, empezó a mostrar su costado más áspero. Mercado Libre salió a confrontar de lleno a Temu, a la que denunció ante la Secretaría de Comercio por presunta competencia desleal y publicidad engañosa. La respuesta de la plataforma china, fundada por Colin Huang fue judicial.

La paradoja es llamativa: Mercado Libre cuestiona prácticas comerciales que, según sostiene, violan las normas básicas de lealtad comercial: descuentos extremos condicionados, reglas poco claras y una “gamificación” que promete beneficios que rara vez se materializan sin cumplir requisitos crecientes. La Secretaría de Comercio tomó nota, abrió una investigación formal y dictó una cautelar para frenar esas prácticas.

El telón de fondo es contundente: las compras de argentinos en plataformas asiáticas crecieron casi 300% interanual, empujadas por un esquema de importaciones más laxo. La apertura funciona, pero también tensiona. Y no sólo en términos fiscales o logísticos, sino en la protección al consumidor y en la competencia entre jugadores que operan bajo reglas muy distintas. Y en el empleo. La crisis textil es inédita. 

Desde Mercado Libre insisten en que el reclamo no es contra la apertura -que respaldan y de la que participan- sino contra la falta de condiciones equitativas, lo mismo que reclamó un empresario forestal misionero al Gobierno nacional. Una postura que también refleja una preocupación mayor: el impacto de este modelo sobre las pequeñas y medianas empresas locales, que siguen siendo el corazón del comercio digital argentino.

Ambos debates son reflejo del impacto del nuevo modelo en la economía real. Suena lindo, pero tiene consecuencias. 

En la otra punta de la Argentina hubo otra expresión de la mirada libertaria sobre las empresas que están atravesando una de las peores crisis económicas de los últimos años y que piden a gritos un poco de respaldo del Estado. Fue en Misiones, donde la concejal libertaria María Elena Fernández se metió en la discusión entre el forestal Nicolás Ocampo y el ex tenista Diego Hartfield por la competitividad del sector, afectada por la caída de las ventas, suba de costos y apertura de importaciones. “Este sector por 40 años fueron subsidiados y beneficiados con créditos fiscales por ley 25.080 y lloran. No fue suficiente regalarle 40 años para que sean rentables”, escribió la concejal posadeña. En otro comentario, profundizó el tono: “500 pymes dudo. Mano de obra esclava sí creo”. Y cerró con una acusación aún más agresiva: “Unos pocos vivos se enriquecieron y quieren seguir con su fiesta”.

Lejos de bajar el tono, la edil acusó de la crisis a Misiones por el cobro de Ingresos Brutos -una muletilla que es repetida en el coro libertario- y comparó la situación de las empresas misioneras con las de Corrientes, donde “se establecen empresas y no sufren los impuestos al IVA y a Ganancias que padecen los misioneros”. Desconoce que ambos impuestos son nacionales. Pero parece no importar el dato, sino el relato. El ex tenista Diego Hartfield se quejó de los gobernadores que reclaman compensaciones por la (mayor) caída de ingresos que generará la aprobación de la reforma laboral. “Esto es un cambio de era para nuestro país y hay que mirar en el largo plazo. Acá se está pensando en bajar impuestos para que haya una reactivación económica fuerte que después, probablemente, termine en una mejor y mayor recaudación. Probablemente. 

“Para hacer ese paso hay que pasar por un momento duro, de reducir la carga del Estado, achicar los gastos, eficientizar las cuentas”, reflexiona el ex tenista mientras transpira en una cinta. 

La realidad marca que en Corrientes, “donde no sufren los impuestos al IVA y a Ganancias”, acaba de cerrar la histórica industria textil Alal , en Goya y dejó a 260 personas sin empleo. “Es difícil sostener una empresa cuando no hay ventas. En la caída del consumo que está atravesando en este momento Argentina se hace muy difícil seguir sosteniendo la empresa”, admitió el gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés. Corrientes no grava con Ingresos Brutos a la industria, pero ese dato, que podría robustecer el relato antiestado, en realidad, lo desmitifica: en la tierra del chamamé hay apenas 555 industrias activas, mientras que en Misiones hay 963. En el último año ambas provincias sufrieron una idéntica caída porcentual de industrias: 8,2 por ciento.  

“Hay preocupación industrial porque empieza a colapsar el sector. Competir con la importación con las empresas extranjeras es muy difícil. Es más costoso comprar un producto hecho en Argentina que hecho en otros países”, advirtió Valdés.

Según explicó, la falta de ventas atraviesa a distintas actividades. “Todos están preocupados porque no hay ventas, la industria yerbatera también, la forestal lo mismo”, enumeró, al anunciar que ya se solicitó una audiencia con el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, prevista para entre el 9 y el 13 de febrero. Allí, adelantó, se expondrá la situación de las industrias correntinas y el impacto que el actual contexto económico tiene sobre la producción local. “No hay margen para aumentos salariales”, admitió el heredero del poder correntino y reconoció que sin una ayuda nacional, no podrá hacer frente a los compromisos. En paralelo, los 74 municipios correntinos atraviesan una crisis financiera y administrativa de enorme magnitud. Cesación de pagos, balances irregulares, falta de transparencia y declaraciones de emergencia económica se multiplican, mientras el discurso oficial insiste en el equilibrio fiscal.

De este lado del Chimiray, Misiones no escapa a la crisis -Dass volvió a despedir a 43 operarios, hay empresas en crisis y caída de empleo-, pero la enfrenta mejor armada, precisamente por su política fiscal, que le permite al Estado blandir un abanico de herramientas para acompañar a empresas, sostener a municipios y estimular el consumo. Pero no es un dogma. La política fiscal es una herramienta que se vuelve flexible cuando importa. En lo que va del año el gobernador Hugo Passalacqua anunció varias medidas de alivio que buscan proteger la economía, sin poner en riesgo el equilibrio financiero que tanto gustan exigir en la oposición. 

La baja del Impuesto sobre los Ingresos Brutos para los combustibles, la extensión de beneficios fiscales para profesionales e industrias, la prórroga de vencimientos y los descuentos en el Impuesto Inmobiliario configuran un paquete que apunta a sostener actividad y previsibilidad, dos palabras hoy escasas en la economía argentina.

Las nuevas alícuotas del Impuesto Provincial Automotor 2026 van en esa línea: aumentos muy por debajo de la inflación. Según el análisis de las valuaciones interanuales 2025–2026, el incremento promedio general del tributo se ubica en el 13,93% y alcanza a 171.909 dominios en toda la provincia. El dato, leído en frío, podría pasar desapercibido; leído en contexto, marca una diferencia frente a otros tributos que crecieron muy por encima de la inflación real de los bolsillos.

Más aún: más del 71% de los vehículos registra aumentos interanuales de hasta apenas el 10%, mientras que 8.060 dominios presentan variaciones nulas o incluso negativas. No es casual. La intención política es explícita: evitar saltos abruptos en la carga tributaria y sostener previsibilidad para la mayoría de los contribuyentes.

A eso se suma una decisión de fondo que trasciende el corto plazo. La nueva exención total por antigüedad, que beneficia a más del 30% del parque automotor misionero, introduce un alivio fiscal estructural. Automóviles particulares con más de 20 años, camiones, camionetas y furgones con 25 años o más -reconociendo su rol productivo- y motocicletas con más de 15 años quedan directamente exentos.

No se trata solo de un gesto social. Es una definición de política tributaria: dejar de gravar activos de bajo valor fiscal pero alto valor social y productivo. En especial, para trabajadores, familias y pequeños productores que utilizan esos vehículos como herramienta cotidiana.

El paquete fiscal misionero no resuelve los problemas macroeconómicos del país -ninguna provincia puede hacerlo-, pero sí construye un sendero propio: menos shock, más previsibilidad y un Estado que ajusta sin desentenderse del impacto real sobre la economía cotidiana. En tiempos de motosierra discursiva, ese matiz también cuenta.

En contraste, el Gobierno nacional que hace una bandera -discursiva- de la baja de impuestos, lejos está de dar previsibilidad y de pensar en el bolsillo de los que hacen malabares para llegar a fin de mes. 

Hace unos días se conoció el nuevo esquema de subsidios energéticos que eliminó las categorías. Tener o no tener subsidio es la cuestión. En el norte, los gobernadores pelearon para que se contemple el calor del verano y por eso se elevó el tope de consumo subsidiado a 550 kv/h mensuales. El beneficio durará hasta febrero y en marzo bajará a apenas 150 kv/h, cuando el verano ni siquiera amaga con irse de Misiones. De hecho, en marzo suele darse el pico de consumo misionero y todo lo que supere ese 150 pagará tarifa plena. A pesar de las advertencias de la Provincia, el nuevo esquema no admite contemplaciones. El Gobierno de Milei quería hacerlo retroactivo al 16 de enero. Habrá que prepararse para un cimbronazo en las boletas.

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¿Cómo cambió la economía misionera en la última década?

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Es harto conocido que la Argentina experimentó serios problemas de crecimiento en los últimos años, combinando periodos de crecimiento económico con otros de depresión, lo que genera que, en la mirada de largo plazo, se llegue a la conclusión de que el país “no crece”. Múltiples episodios de recesión, alta volatilidad macroeconómica y fuertes restricciones externas configuraron un escenario de estancamiento estructural que limitó la expansión del producto y deterioró los indicadores sociales y productivos.

En ese marco general de bajo dinamismo, el desempeño de las provincias fue marcadamente dispar. Mientras algunos distritos lograron amortiguar parcialmente el contexto adverso mediante mejores desempeños sectoriales o estrategias de diversificación productiva, otros quedaron más expuestos a la caída de la actividad, profundizando las brechas regionales en términos de crecimiento.

En ese marco, surge analizaron los resultados que brinda la CEPAL respecto a los datos del Valor Agregado Bruto (VAB) por provincia. Esta entidad difunde estas cifras con un rezago de un año, por lo cual el análisis que aquí realizaremos corresponde al año 2024, que se conocieron hace apenas unos días. 

Resulta pertinente adoptar dos enfoques: una mirada de corto plazo, para ver qué pasó en la provincia durante el primer año de la era Milei; y otra mirada de largo plazo, comparando la evolución entre 2014 y 2024, lo que permite dimensionar con mayor precisión cómo se comportaron las economías provinciales en un período atravesado por fuertes desequilibrios macroeconómicos.

Empecemos por lo primero: en 2024 la economía misionera tuvo una caída del 5,2%, ubicándose a mitad de tabla en el ranking de provincias que, a su vez, mostró dos escenarios muy marcados. Neuquén fue la gran ganadora del año: traccionada por el boom de Vaca Muerta, esta provincia tuvo un alza del 11,3% en el año 2024, pero no fue la única ya que, impulsados por el agro principalmente, Córdoba (4,5%), Santa Fe (3,1%), Entre Ríos (0,4%) y La Pampa (0,4%) también exhibieron alzas. Sin embargo, en el resto del país la caída fue notoria: si vemos el otro extremo de la tabla, Formosa y Tierra del Fuego mostraron caídas de doble dígito de su economía (-12,9% y -13,1% respectivamente). Como dijimos, la caída misionera está a mitad de tabla, aunque se destaca en este marco que se trata del descenso más bajo en la región del NEA: además del caso ya mencionado de Formosa, también cayeron Chaco (-6,3%) y Corrientes (-5,3%). 

¿Cómo se movieron los sectores de la economía misionera en 2024? Cabe detallar, en primer lugar, cómo se distribuye la economía de la provincia: el mayor sector local es la Industria Manufacturera que explica el 17,9% del VAB de Misiones. Este es un dato de relevancia central ya que marca el perfil productivo de la provincia y permite inferir que buena parte del desempeño económico provincial está fuertemente condicionado por la dinámica de este rubro. Algo similar pasa con el Comercio: es el sector con el segundo mayor peso en la economía provincial con una participación del 12,9%; la Enseñanza (9,9%) y Transporte y Comunicaciones (9,7%) le siguen luego en orden de participación. 

Ahora bien, en términos de desempeños, hubo muchas diferencias. Sobre 16 grandes sectores de la economía local, hubo seis que tuvieron alzas en 2024 contra 2023. ¿Quiénes crecieron? En primer lugar se ubicó la Salud con +23,1%, pero con heterogeneidad hacia dentro de la actividad: la salud pública se incrementó en 45,3% pero la salud privada cayó 1,4% anual. En segundo lugar quedó la Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura cuyo incremento fue del 11,3%, empujado por la agricultura y ganadería (13,6%) cuyo resultado más que compensó la caída de la silvicultura (-0,3%). El podio se completó con Electricidad, Gas y Agua con +3,4%, cuyo resultado se apoya en la suba en Generación captación y distribución de energía eléctrica (+3,3%) y de Captación, depuración y distribución de agua (+6,9%). 

Los otros sectores que crecieron en Misiones fueron “Propiedad de la Vivienda” (+2,2%), Transporte y Comunicaciones (+2,2%) y Servicio doméstico en Hogares Privados (+0,9%). 

Ahora bien, se puede observar que de los cuatro sectores más grandes de la economía provincial, solo uno creció (Transporte y Comunicaciones), mientras que el resto (más varios otros más) tuvieron bajas. 

En este contexto, las mayores caídas relativas vs. el 2024 se vieron en la Construcción (-37,6%), la Administración Pública (-18,4%) y el Comercio (-9,8%). Pero además, se observa que la Industria Manufacturera cae 9,1%, la Enseñanza -8,4%, la Intermediación Financiera -8,3%, la Explotación de Minas y Canteras -8,0% y Restaurantes y Hoteles -2,8%, entre otros. 

Esta es una foto puntual de un momento muy crítico dada las consecuencias del modelo económico aplicado desde diciembre de 2023 que produjo fuertes bajas generales y particulares en sectores que concentran el movimiento económico provincial. Pero cabe ir más allá y preguntarnos: ¿Cómo cambió la economía provincial entre 2014 y 2024?

Como dijimos al principio, Misiones tuvo un crecimiento del 2,3% en esa década, siendo la provincia del NEA con el mejor desempeño y formando parte del lote de las únicas nueve provincias que tuvieron alzas. En ese mismo período, Corrientes también creció pero a menor velocidad (0,8%), Chaco cayó 8,0% y Formosa -10,4%. 

Para observar de mejor manera la forma en que fue cambiando la economía provincial, vamos a ir viendo los desempeños de cada sector en particular. Como se dijo antes, la Industria Manufacturera es el sector más importante de Misiones: en 2024 explicó el 17,9% de la economía local, pero en 2014 explicaba el 19,6%: esa pérdida de participación (de 1,7 puntos porcentuales) se produjo porque el sector tuvo una caída de su VAB del 6,4% entre puntas. 

El Comercio, por su parte, explicó el 12,9% de la economía provincial en 2024 pero lo hacía en 13,2% en 2014; perdió 0,3 puntos de participación pero, al mismo tiempo, el VAB sectorial creció 0,6% entre puntas; la razón por la que creció su actividad pero cayó su participación es que hubo otros sectores con dinamismos mucho más fuertes. Por ende, es positivo este desempeño, pero insuficiente en la comparación amplia. 

La Enseñanza fue en 2024 el tercer sector más grande de la economía misionera con el 9,9% de participación; en 2014, era del 9,1%, por lo cual se ve un fuerte salto (+0,8 puntos) que se explicó por una importante suba entre puntas: esta actividad creció 11,1% entre 2014 y 2024. Algo similar se ve en Transporte y Comunicaciones: pasó de concentrar el 8,7% del total provincial en 2014 al 9,7% en 2024: una suba de 1 punto de participación a raíz de haber crecido en este período un 14,6%. 

El sector de Propiedad de la Vivienda también tuvo un proceso expansivo: pasó del 6,4% del total en 2014 al 7,7% (+1,3 p.p) tras haber incrementado su actividad un 22,7% entre puntas. 

La Administración Pública, por su parte, no sufrió variación en términos de participación: tanto en 2014 como en 2024 explicó el 7,1% de la economía local, aunque en ese período creció 2,0%.

El sector de la Salud, en cambio, tuvo un desempeño fenomenal: pasó del 4,6% al 7,0% luego de haber presentado un crecimiento del 55,9% en la última década, la más alta entre todos los sectores de actividad de Misiones. Parecido es el caso de Electricidad, Gas y Agua: pasó de 5,0% al 7,0% con un crecimiento relativo de su actividad del 43,5%, la segunda más alta. 

Luego se ubica Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura, que tuvo una dinámica inversa: pasó de concentrar el 7,4% de la economía local en 2014 a 6,0% y en la última década tuvo una caída del 16,7%, la tercera más fuerte en la provincia.

Restaurantes y Hoteles, por su lado, creció como sector: tuvo una suba del 17,2% en la última década que la llevó a incrementar sus niveles de participación del 2,6% al 3,0%. La Construcción, por su lado, explicó el 3,0% del VAB misionero en 2024, pero en 2014 lo hacía en un 6,8%: esta muy fuerte disminución de su peso fue producto de una baja de la actividad del 54,9% en los últimos diez años, la más fuerte en la provincia. A su vez, la Intermediación Financiera pasó de explicar el 2,1% de la economía misionera al 1,6% en la última década y tuvo una baja del 23,8%, la segunda más fuerte de la provincia.

¿Cómo podemos resumir estos datos? Básicamente, en dos grandes puntos. Por un lado, los servicios van ganando terreno por sobre los sectores tradicionales de la provincia. Si bien el comercio y la industria siguen siendo los pilares de la economía misionera, otros como la enseñanza, la energía, la salud, el transporte, logística y comunicación vienen pisando fuerte y le dan una nueva diversidad a la matriz productiva local. En segundo lugar, queda en evidencia que los ciclos económicos inestables pegan de lleno en sectores específicos que son, a su vez, los más grandes: el comercio por capacidad de consumo, la industria por la necesidad de demanda interna, entre otros. 

En definitiva, la última década deja para Misiones un balance mixto: logró crecer en un contexto nacional claramente adverso y se ubicó entre las provincias con mejor desempeño relativo, pero ese avance fue moderado y estuvo acompañado por cambios profundos en su estructura productiva. La pérdida de peso de la industria y la construcción, junto con el fuerte avance de los servicios muestran una economía que se reconfigura, con mayor diversificación pero también con señales de fragilidad en sus sectores tradicionales. El desafío hacia adelante pasa por transformar esa nueva composición en un motor de crecimiento más sólido y sostenido, fortaleciendo la inversión, recuperando los rubros productivos clave y consolidando una matriz que combine servicios dinámicos con una base industrial capaz de traccionar empleo y valor agregado.

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El presidente baila sobre las llamas

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El presidente baila. La escena es literal: en un teatro de Mar del Plata, Javier Milei sube al escenario con Fátima Florez —su ex novia, o su supuesta novia, o su partenaire en esta ficción sentimental permanente— mientras las cámaras celebran el gesto como si fuera una travesura simpática. La política convertida en cuadro musical, la jefatura de Estado reducida a espectáculo.

Y mientras tanto, la Patagonia —ese sur que es paisaje, comunidad, economía y memoria— arde. No en metáfora. Arde en decenas de miles de hectáreas quemadas, en humo que invade pueblos enteros, en animales calcinados, en familias evacuadas, en brigadistas exhaustos que ponen el cuerpo allí donde el Estado debería llegar antes, mejor y con recursos.

La simultaneidad no es casual ni anecdótica: es un programa. El gobierno de Milei eligió el show permanente, la provocación y la farándula como forma de ejercer el poder. Eligió recortar, desfinanciar y desentenderse. Eligió convertir la comunicación en distracción constante mientras lo real —el territorio, la vida, el ambiente— se consume en silencio.

Los incendios no son un castigo natural ni un fenómeno aislado. Son el resultado de años de desmonte, especulación inmobiliaria, cambios en el uso del suelo y una crisis climática estructural, agravados hoy por un Estado nacional deliberadamente debilitado. La Patagonia que arde es también la Patagonia codiciada: tierras, recursos estratégicos, corredores turísticos y logísticos. Cada incendio deja cenizas para las comunidades y oportunidades de negocio para unos pocos.

Los datos son contundentes. En la región andino-patagónica se quemaron decenas de miles de hectáreas en pocos meses, multiplicando varias veces las cifras de temporadas anteriores. Al mismo tiempo, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego sufrió recortes brutales: presupuesto licuado por la inflación, fondos subejecutados, precarización laboral y despidos en áreas clave como Parques Nacionales. La “motosierra” no distingue entre gasto superfluo y políticas esenciales para proteger vidas, bienes comunes y soberanía territorial.

Frente a este abandono, incluso el Congreso intenta reaccionar. Por iniciativa de diputadas y diputados patagónicos de Unión por la Patria, el 9 de enero se presentó un proyecto de Emergencia por los incendios, con el objetivo de habilitar recursos extraordinarios para la prevención, el combate del fuego y la asistencia a las poblaciones afectadas. Desde entonces, el bloque reclama que el tema sea tratado en sesiones extraordinarias.

“Milei tiene que escuchar: no hay más tiempo en la Patagonia”, advirtió Germán Martínez, jefe del bloque de Unión por la Patria, señalando además que los gobernadores patagónicos se sumaron al reclamo. El Ejecutivo, hasta ahora, elige no escuchar. No habilita el debate, no prioriza la emergencia, no asume la responsabilidad que le cabe.

Ese silencio no es neutro: es una decisión política. Mientras el presidente baila, el Congreso pide tratar la emergencia y las provincias reclaman recursos. Mientras el espectáculo ocupa la escena, las comunidades se organizan solas, los brigadistas trabajan al límite y el territorio se quema.

La ceniza no se disimula con coreografías. Se mete en los pulmones, en el agua, en la economía regional, en la vida cotidiana. Las comunidades mapuche ven arder territorios ancestrales. Los trabajadores del fuego saben que el cuerpo es el último recurso cuando el Estado se retira. La Patagonia no necesita un presidente de escenario: necesita presencia estatal, planificación, inversión y cuidado.

El cierre es inevitable. Lo que hoy se quema no es solo un bosque: se quema la idea misma de responsabilidad pública, de comunidad nacional y de futuro compartido. Y lo que hoy baila no es solo un presidente: es un proyecto político que desprecia el ambiente, vacía al Estado y gobierna desde el espectáculo mientras el país arde.

Cuando el fuego se apague —porque siempre se apaga, aunque deje ruinas— no quedará la música ni el aplauso fácil. Quedará una pregunta política insoslayable: ¿quién gobernaba mientras la Patagonia se incendiaba? Y la respuesta será tan visible como las cenizas que hoy cubren el sur argentino.

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Cuando la ignorancia se vuelve política pública

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Sin lugar a dudas, son lamentables las expresiones de la concejala María Elena Fernández de la ciudad de Posadas contra la forestoindustria, uno de los sectores más castigados de nuestra provincia. Un sector que arrastra consecuencias históricas desde la última dictadura cívico-militar de 1976, cuando, de la mano del ministro Martínez de Hoz, se entregaron -por decirlo de algún modo- nuestros bosques, nuestra selva, nuestro monte y hasta el Parque Nacional Iguazú a intereses ajenos al desarrollo regional.

Sería importante que la legisladora comprenda que ningún beneficiario de la Ley 25.080 está exento de pagar impuestos. La capitalización que dicha ley promueve tiene efectos sobre el valor en pie de los activos forestales y, por ende, incrementa la base imponible de esos bienes. No se trata de un privilegio fiscal, sino de una política de estímulo productivo con impacto económico directo.

Resulta llamativo, además, que la concejala no se haya asesorado con su propia correligionaria, la diputada nacional Maura Gruber, reconocida conocedora del sector forestal, vinculada históricamente a AMAYADAP y al entramado forestoindustrial del norte misionero.

A esto se suma un dato alarmante: la Fundación Vida Silvestre Argentina advirtió que el proyecto de Presupuesto Nacional 2026 asigna al Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos el menor financiamiento de su historia. Según el artículo 31 de la ley, dicho fondo debería recibir al menos el 0,3 % del presupuesto nacional, lo que para 2026 equivaldría a $444.207 millones. Sin embargo, el proyecto asigna apenas $15.843 millones. (Para mayor precisión técnica, basta consultar el sitio oficial de la Oficina Nacional de Presupuesto).

Paradójicamente, el propio gobierno nacional del presidente Javier Milei creó el Consejo Foresto-Industrial Argentino (CONFIAR), integrado por la AFCP, AFoA, ASORA, FAIMA y la Sociedad Rural Argentina. Por el sector público participó, en representación de la Subsecretaría de Gestión Productiva, Ornela Calvette, directora nacional de Proyectos Estratégicos.
Sin palabras.

Mientras tanto, la diputada nacional Maura Gruber guarda silencio. ¿Por qué no defiende al sector? ¿Por qué no asesoró a la edil de su mismo espacio político? Como diputada nacional por Misiones, tiene todas las facultades para presentar un proyecto que derogue la Ley 25.080, una norma de alcance nacional, no provincial. Bastaría, incluso, consultar al gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, para conocer la situación real de una provincia fuertemente vinculada a la actividad forestal.

Pero estamos en Posadas, y se mezclan peras con manzanas. Total, hablar es gratis.

Resulta preocupante el desconocimiento de las competencias y jurisdicciones, más aún cuando estas expresiones se realizan en el ámbito del Concejo Deliberante de Posadas. ¿Con qué objetivo? ¿Más prensa? El argumento de “vengo del sector privado” no alcanza. Muchos venimos del sector privado y eso no nos exime de informarnos ni de comprometernos con la realidad productiva de nuestra provincia.

Necesitamos seriedad en las opiniones, sobre todo cuando los salarios de los funcionarios los pagamos todos los posadeños con nuestros impuestos. Las narrativas desbocadas sobre políticas públicas, tan costosas para nuestra historia, solo refuerzan una “nueva política” que, lejos de ser gratuita, resulta cara e irresponsable.

Sin ser especialistas, sí tenemos la obligación de manejar datos reales sobre nuestras economías regionales. Las políticas públicas serias no son partidos de tenis ni silencios cómplices.

Al día de la fecha, y según la web oficial de la Cámara de Diputados de la Nación, la diputada Maura Gruber no ha presentado ningún proyecto legislativo. A ella también le pagamos la dieta.

Mientras países como Estados Unidos —bajo la lógica proteccionista de Donald Trump— o la Unión Europea, que incluso recurrió al Tribunal de Bruselas a pedido de sus agricultores, defienden sin complejos sus producciones, aquí se ataca livianamente a uno de los pocos sectores que aún sostienen empleo y desarrollo territorial.

¿No sería más patriótico, al menos, guardar silencio frente a la estrepitosa caída de una economía regional clave? ¿O hay algún gato encerrado?

El Concejo Deliberante de Posadas no tiene competencia para debatir la Ley 25.080. Seamos serios. Asesorémonos. O, en todo caso, pidamos asesoramiento a nuestros propios pares, como Maura Gruber, integrante de una familia históricamente vinculada al sector forestal, que hasta ahora no ha dicho una palabra.

Paradójico, por decir lo menos, que quien presidía la Mesa Forestal Nacional fuera Ornela Calvette.
¿Te suena?

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Plan climático: la política ambiental puede ser un motor económico para Misiones

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El cambio climático se ha consolidado como uno de los principales desafíos  estructurales del siglo XXI, con impactos crecientes sobre los sistemas naturales,  económicos y sociales. En este contexto, la acción climática dejó de ser una agenda  exclusivamente internacional o nacional para convertirse en una responsabilidad  compartida por todos los niveles de gobierno. Las jurisdicciones subnacionales — provincias y municipios— ocupan un lugar estratégico, ya que es en el territorio  donde se manifiestan los impactos climáticos y donde se implementan de manera  concreta las políticas públicas. 

El Plan de Respuesta al Cambio Climático (PRCC) surge como una herramienta  central de planificación, orientada a ordenar, priorizar y coordinar las acciones de  mitigación y adaptación al cambio climático. A partir del caso del Plan de Respuesta  al Cambio Climático de la Provincia de Misiones, este documento desarrolla: (i) qué  es un Plan de Respuesta al Cambio Climático, (ii) por qué las jurisdicciones deben  implementarlos, y (iii) qué beneficios y oportunidades vinculadas al desarrollo  sostenible y climático aportan estos planes a los territorios. 

1. ¿Qué es un Plan de Respuesta al Cambio Climático? 

Un Plan de Respuesta al Cambio Climático es un instrumento de política pública de  carácter estratégico que define el conjunto de lineamientos, objetivos, medidas y  mecanismos institucionales que una jurisdicción adopta para enfrentar el cambio  climático de manera integral. Su finalidad principal es orientar la acción climática en  el territorio, abordando tanto la reducción de las emisiones de gases de efecto  invernadero (mitigación) como la disminución de la vulnerabilidad frente a los  impactos climáticos presentes y futuros (adaptación). 

Desde el punto de vista conceptual, el PRCC se apoya en el reconocimiento científico  de que el cambio climático es un fenómeno de origen predominantemente  antropogénico, asociado a las emisiones de gases de efecto invernadero  provenientes de la quema de combustibles fósiles, los cambios en el uso del suelo,  la agricultura, los procesos industriales y la gestión de residuos. Frente a este 

diagnóstico, los planes de respuesta traducen los compromisos internacionales y  nacionales en acciones concretas a escala subnacional. 

En el caso argentino, los Planes de Respuesta al Cambio Climático se enmarcan en  la Ley Nacional N.º 27.520 de Presupuestos Mínimos de Adaptación y Mitigación al  Cambio Climático Global, que establece la obligación de las jurisdicciones de  planificar e implementar políticas climáticas coherentes con las Contribuciones  Determinadas a Nivel Nacional (NDC) asumidas por el país en el marco del Acuerdo  de París. 

Un PRCC presenta, habitualmente, los siguientes componentes: 

Diagnóstico climático y territorial, que identifica las principales fuentes de  emisiones, los sumideros de carbono, las amenazas climáticas y las  vulnerabilidades sectoriales. 

Componente de mitigación, con objetivos y medidas orientadas a reducir  emisiones y/o aumentar capturas de carbono, priorizando sectores  estratégicos como energía, transporte, residuos y uso del suelo. 

Componente de adaptación, enfocado en reducir riesgos, fortalecer la  resiliencia de los sistemas productivos, sociales y ecosistémicos, y proteger a  las poblaciones más vulnerables. 

Gobernanza climática, que define la arquitectura institucional, los  mecanismos de coordinación intersectorial y la participación ciudadana. • Sistema de monitoreo y evaluación, que permite medir avances, garantizar  transparencia y ajustar las políticas en el tiempo. 

Estrategia de financiamiento climático, que identifica fuentes de recursos y  mecanismos para viabilizar la implementación del plan. 

En síntesis, el Plan de Respuesta al Cambio Climático no es un documento  declarativo, sino una hoja de ruta operativa que integra la variable climática en la  planificación del desarrollo territorial. 

2. ¿Por qué las jurisdicciones deben implementar Planes de  Respuesta al Cambio Climático? 

La implementación de Planes de Respuesta al Cambio Climático por parte de las  jurisdicciones responde a razones normativas, técnicas, territoriales y políticas. 

2.1 Razones normativas e institucionales 

Desde el punto de vista jurídico, las jurisdicciones subnacionales tienen  competencias directas sobre áreas clave para la acción climática, como el  ordenamiento territorial, el transporte, la energía, la gestión de residuos, la  producción agropecuaria y la protección de los ecosistemas. En el marco federal  argentino, la Ley 27.520 establece presupuestos mínimos, pero delega en provincias 

y municipios la responsabilidad de diseñar e implementar políticas acordes a sus  realidades territoriales. 

Asimismo, los Planes de Respuesta permiten asegurar la coherencia vertical entre  los compromisos internacionales (Acuerdo de París), las NDC nacionales y las  políticas locales, evitando superposiciones, vacíos normativos o contradicciones  entre niveles de gobierno. 

2.2 Razones técnicas y territoriales 

El cambio climático no impacta de manera homogénea en todo el territorio. Las  amenazas, vulnerabilidades y capacidades de respuesta varían significativamente  entre regiones, lo que hace indispensable una planificación climática situada. Las  jurisdicciones cuentan con un conocimiento más preciso de sus dinámicas  productivas, sociales y ambientales, lo que les permite diseñar medidas más  eficaces y contextualizadas. 

En el caso de Misiones, por ejemplo, la elevada cobertura boscosa y la importancia  del sector forestal determinan un perfil climático particular, caracterizado por una  alta capacidad de captura de carbono. Un Plan de Respuesta permite poner en valor  estas características, proteger los sumideros naturales y orientar el desarrollo hacia  un modelo bajo en emisiones. 

2.3 Razones políticas y de gestión pública 

Los Planes de Respuesta al Cambio Climático fortalecen la capacidad de gestión  pública al proporcionar un marco estratégico que ordena prioridades, asigna  responsabilidades y facilita la coordinación intersectorial. Además, constituyen una  señal política clara de compromiso climático, tanto hacia la ciudadanía como hacia  actores nacionales e internacionales. 

La existencia de un plan aprobado y en implementación mejora la elegibilidad de las  jurisdicciones para acceder a financiamiento climático, cooperación técnica y  programas de fortalecimiento institucional, al demostrar planificación, coherencia y  capacidad de ejecución. 

3. Beneficios y oportunidades de los Planes de Respuesta al Cambio  Climático para los territorios 

La implementación de Planes de Respuesta al Cambio Climático genera múltiples  beneficios y oportunidades, que trascienden la dimensión ambiental y se articulan  con el desarrollo sostenible. 

3.1 Beneficios ambientales y climáticos 

En primer lugar, los PRCC contribuyen directamente a la reducción de emisiones de  gases de efecto invernadero y a la conservación de los sumideros de carbono, lo que 

fortalece la contribución de las jurisdicciones a los objetivos climáticos nacionales e  internacionales. Asimismo, las medidas de adaptación reducen la vulnerabilidad  frente a eventos extremos, disminuyendo pérdidas económicas, daños a la  infraestructura y riesgos para la salud. 

La protección de ecosistemas, la gestión sostenible del suelo y la restauración de  áreas degradadas generan beneficios adicionales en términos de biodiversidad,  servicios ecosistémicos y calidad ambiental. 

3.2 Oportunidades para el desarrollo productivo sostenible 

Los Planes de Respuesta abren oportunidades para diversificar y modernizar las  economías locales mediante la promoción de sectores estratégicos como las  energías renovables, la eficiencia energética, la economía circular, la gestión  sostenible de residuos y la producción agroforestal. 

Estas acciones impulsan la generación de empleo verde, fomentan la innovación  tecnológica y fortalecen cadenas de valor locales, contribuyendo a un desarrollo  económico más resiliente y competitivo. 

3.3 Beneficios sociales y territoriales 

Desde una perspectiva social, los PRCC permiten incorporar criterios de equidad y  justicia climática, priorizando a las poblaciones y territorios más vulnerables. La  planificación climática mejora la calidad de vida al reducir riesgos sanitarios,  fortalecer la seguridad hídrica y promover entornos urbanos más saludables. 

Además, los procesos participativos asociados a la elaboración e implementación de  los planes fortalecen la gobernanza democrática, el acceso a la información y la  corresponsabilidad social en la acción climática. 

3.4 Acceso a financiamiento e inserción internacional 

Contar con un Plan de Respuesta al Cambio Climático posiciona a las jurisdicciones  para acceder a financiamiento climático nacional e internacional, incluyendo fondos  multilaterales, cooperación bilateral y mecanismos innovadores como los mercados  de carbono previstos en el Artículo 6 del Acuerdo de París. 

En territorios con ventajas comparativas, como aquellos con alta capacidad de  captura de carbono, estos instrumentos pueden convertirse en una fuente relevante  de recursos para financiar políticas públicas, siempre que se garantice la integridad  ambiental y los beneficios sociales locales.

Conclusiones 

El Plan de Respuesta al Cambio Climático constituye una herramienta clave para que  las jurisdicciones enfrenten de manera estratégica e integrada los desafíos del  cambio climático. Más allá de su función ambiental, estos planes ordenan la acción  pública, fortalecen la gobernanza, generan oportunidades de desarrollo sostenible y  mejoran la resiliencia de los territorios. 

El caso del Plan de Respuesta al Cambio Climático de la Provincia de Misiones  muestra cómo la planificación climática subnacional puede articular mitigación,  adaptación y desarrollo, poniendo en valor las capacidades territoriales y  alineándose con los compromisos nacionales e internacionales.  

En este sentido, la implementación efectiva de estos planes no solo es una  obligación normativa, sino también una oportunidad estratégica para construir  territorios más sostenibles, resilientes e inclusivos.

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