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Los números de agosto

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Agosto llega con números que dicen mucho. El Presupuesto 2027, presentado el viernes por el gobernador Hugo Passalacqua, exhibe una radiografía del momento político, trasciende la discusión contable y se convierte en una definición política. En un país donde el Gobierno nacional decidió retirarse de áreas históricamente financiadas por el Estado -desde la obra pública hasta programas de salud, educación y asistencia-, Misiones opta por recorrer el camino inverso. 

La carta enviada por Passalacqua a la Legislatura no deja margen para interpretaciones: enumera los fondos que dejaron de llegar, advierte sobre el impacto de la desregulación y la apertura económica en una provincia de frontera y sostiene que será el Estado provincial el que absorberá esas responsabilidades. Es, en los hechos, un manifiesto sobre el rol del Estado frente al modelo libertario. 

La decisión de destinar el 63% del presupuesto a inversión social y otro 14% al desarrollo económico mediante la reactivación de obras es otra declaración de principios. Mientras la Nación plantea que el mercado debe reemplazar al Estado, Misiones reafirma que hay funciones que no pueden quedar libradas a esa lógica: la educación, la salud, la infraestructura y la contención social. El Presupuesto 2027 no solo proyecta cómo se administrarán 5,2 billones de pesos; fija la posición política de una provincia que elige sostener un modelo propio, aun cuando eso implique financiar con recursos locales obligaciones que antes eran compartidas con la Nación.

No es una posición aislada. Los productores yerbateros expresan hoy la necesidad de un Estado que brinde respaldos y ponga un poco de equilibrio en el mercado tras la desregulación que impuso el presidente Javier Milei. El derrumbe de los precios de la materia prima dejó desguarnecidos a los protagonistas de una de las principales economías de Misiones. Las palabras del obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez expresan con claridad la preocupación: “Todo proyecto económico que no incluya a la gente no nos sirve para nada”.

Fotos gentileza Marcos Otaño.
Foto gentileza Marcos Otaño.

Martínez recibió en el Obispado a los productores y les dio un fuerte respaldo. Durante la reunión surgió la propuesta de conformar una mesa de emergencia que permita articular respuestas entre distintos actores sociales e institucionales. Martínez recordó que la Diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, organismo que ya intervino en otras etapas críticas de la historia argentina, especialmente durante la crisis de 2001, año bisagra también para la yerba mate, ya que fue cuando germinaron los tractorazos después de otra década de desregulación. La crisis yerbatera ya dejó de ser un problema de “los productores”, algunos que vuelven a ser protagonistas 25 años después. La caída del precio de la materia prima se traduce en menos ingresos para los pueblos, menos dinero circulante, jóvenes que no pueden estudiar porque no les alcanza para pagar el alquiler en las ciudades. Un efecto derrame a la inversa. 

Más allá de la coyuntura yerbatera, Martínez amplió el análisis hacia el rumbo económico nacional. Reconoció que la estabilidad macroeconómica constituye un objetivo compartido, pero advirtió que pierde legitimidad cuando no mejora la vida cotidiana de la población.

“Todos queremos estabilidad económica. Pero si esos números cierran sin la gente, si aumenta la pobreza, si cierran comercios, si se pierden fuentes de trabajo y se deteriora la vida social, entonces ese modelo nos daña profundamente”, sostuvo.

Durante la conferencia también fue consultado sobre el debate nacional en torno al proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. El obispo recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social ya manifestaron su rechazo a la iniciativa.

Explicó que la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el valor de la propiedad privada, pero rechaza su concepción absoluta cuando entra en conflicto con el bien común. En esa línea, advirtió sobre la necesidad de proteger los recursos estratégicos del país frente a intereses económicos globales.

«Nos trae mucha preocupación», afirmó, al recordar que el documento «La tierra no es una mercancía» ya fijó la posición de la Iglesia sobre la iniciativa.

“Si se absolutiza la propiedad privada de empresas que pueden comprar tierras y recursos estratégicos, es un tema de extrema gravedad”, advirtió.

En ese contexto, pidió a los tres senadores nacionales por Misiones y a los diputados nacionales que analicen cuidadosamente el proyecto.

“Les decimos que piensen mucho, porque se ponen en juego muchas cosas. Que voten desde su conciencia y no desde estrategias políticas”, expresó.

Al menos dos de los senadores -Sonia Rojas Decut y Carlos Arce- votarán en contra del artículo más polémico, tras el planteo de Passalacqua. En contraste, el PROlibertario Martín Goerling, votará a favor. 

El reordenamiento tras la implosión de la Renovación, marca que Passalacqua hoy tiene el respaldo de la mayoría de los intendentes y de al menos quince diputados provinciales -dos o tres más meditan en silencio-, a los que se sumarían algunos de otros partidos. En Encuentro Misionero, con Carlos Rovira quedan entre cuatro y cinco. 

Hoy las encuestas marcan que el Gobernador disparó su intención de voto, con un potencial de crecimiento, que rompería la lógica de tercios que imaginaba la oposición. 

Uno de los puntos altos en los sondeos es la valoración de Passalacqua como gobernador en tiempos turbulentos. La mención al 2001 que se hizo en la reunión de yerbateros con el Obispo, no parece una exageración. La crisis social de entonces tiene muchos puntos en común con la actualidad. La Argentina atraviesa una tormenta de pérdida de empleos, ingresos de miseria, cierre de empresas y sometimiento a los organismos de crédito internacional, como el Fondo Monetario Internacional, que ahora tiene una silla en las reuniones de gabinete de Javier Milei.

Passalacqua ha decidido tomar distancia de ese escenario y recuperar autonomía en y desde Misiones. El diseño del Presupuesto -el primero de un nuevo tiempo-, expresa esa diferencia. Blinda los recursos de las áreas sociales y busca estimular la economía con incentivos directos

No son decisiones aisladas. Cuando amaneció julio, la eliminación de la llamada “Aduana Paralela” empezó a mostrar el rumbo. Con el fin de las retenciones automáticas sobre billeteras virtuales, transferencias bancarias, cuentas en moneda extranjera y operaciones bursátiles, que comienzan a regir en este agosto, Misiones comenzó a desmontar un esquema que durante años funcionó como un anticipo permanente de Ingresos Brutos. Para los monotributistas de hasta categoría D, el cambio implica recuperar alrededor de $40.000 por cada millón de pesos que circula por sus cuentas: dinero que deja de quedar inmovilizado en el Estado y vuelve a financiar consumo, capital de trabajo e inversión. Es una señal de alivio tributario que, en el contexto actual, tiene un impacto mucho más profundo que el mero ahorro administrativo.

Sin embargo, en los despachos oficiales admiten que la verdadera reforma todavía está por venir. Fuentes oficiales confirman que se trabaja en un plan integral para sanear los históricos saldos a favor acumulados por miles de contribuyentes, un problema que describen como una auténtica “bomba” fiscal y financiera. 

El desafío es enorme: devolver o compensar esos créditos implica aliviar al sector privado, pero también representa un fuerte costo para las cuentas públicas. Por eso, el proyecto -que está en etapa de diseño junto a especialistas tributarios- busca una salida gradual y sostenible, evitando que el remedio termine desfinanciando al Estado. 

Si prospera, esa sí podría convertirse en la reforma tributaria más trascendente de la gestión Passalacqua: no solo porque corregiría una distorsión histórica, sino porque modificaría de raíz la relación entre el fisco y quienes producen, invierten y generan empleo en Misiones.

Detrás de estas medidas asoma un cambio de filosofía tributaria. El objetivo ya no es maximizar la recaudación sobre los mismos contribuyentes, sino generar las condiciones para ampliar la actividad económica. En esa línea, ya se analizan rebajas de alícuotas de Ingresos Brutos para sectores específicos y una profunda revisión del impuesto automotor, uno de los tributos que más incentiva la radicación de vehículos en otras provincias. La premisa es sencilla: una economía más dinámica puede terminar generando más recursos que un esquema basado exclusivamente en aumentar la presión fiscal sobre quienes permanecen dentro del sistema.

Incluso si ese proceso demanda tiempo, el alcance político sería difícil de ignorar. De concretarse, Misiones podría terminar impulsando una de las reformas tributarias más profundas del país, en contraste con un Gobierno nacional que hizo de la baja de impuestos una de sus principales banderas, pero que hasta ahora no avanzó en una reforma estructural del sistema. 

Por el contrario, la propuesta de rediseño del IVA que circula en la órbita nacional apunta a generalizar la alícuota, eliminando exenciones y tratamientos diferenciales: en los hechos, implicaría que alimentos esenciales como el pan o la leche tributen lo mismo que una gaseosa. La diferencia entre simplificar el sistema y trasladar una mayor carga sobre el consumo esencial no es menor.

Ahora Milei vuelve a la carga con una reforma del Banco Central que, vaya paradoja, en lugar de dinamitarlo como prometía, ahora propone blindarlo. 

La inflación se va a desplomar y el peso se va a fortalecer mucho cuando aprobemos la nueva Carta Orgánica del BCRA”, prometió el diputado nacional Diego Hartfield con una nueva meta a futuro, mientras que el presente marca un derrumbe agobiante de la economía y ocurre mientras el Gobierno agota el tiempo en diatribas, peleas constantes, incluso con su propia tropa, como la nueva embestida contra Victoria Villarruel, ahora de la mano de Diego Santilli, el nuevo ministro del Interior, heredado del macrismo y antes del peronismo. 

El problema para Milei no son los rivales políticos ni su vicepresidenta, sino que la economía no da señales de aliento para los sectores postergados y los millones de argentinos que no llegan a fin de mes. 

Los únicos elogios a la marcha de la economía son del propio ministro de Economía, Luis Caputo, otro heredado del macrismo, y de Kristalina Georgieva, la presidenta del Fondo Monetario Internacional que celebra que el país esté haciendo bien los deberes. 

Kristalina vino a la Argentina a monitorear el plan acordado con el Caputo mileísta para sostener el respaldo del FMI y cumplir con las cuotas del préstamo tomado por el Caputo macrista, aquellos US$57.000 millones. Ese préstamo que la Auditoría General de la Nación sostiene que fue asumido sin seguir el circuito administrativo previsto para este tipo de endeudamiento, sin actos administrativos de aprobación, sin análisis suficientes sobre costos, riesgos y sostenibilidad y con graves falencias de transparencia.

La AGN documenta que ni siquiera quedaron debidamente registrados los fundamentos técnicos que justificaron ampliar el préstamo de US$50.000 a US$57.000 millones. 

La ironía de la historia es difícil de ignorar. Ocho años después, Luis Caputo vuelve a ser el ministro que negocia con el Fondo Monetario Internacional. Ya no frente a Christine Lagarde, sino ante Kristalina Georgieva, recibida con honores en la Argentina, sentada en una reunión de Gabinete y paseada por Vaca Muerta, el activo económico más relevante del país. 

Cuando Georgieva afirmó en Buenos Aires que Bulgaria “sabe” lo que significa atravesar un ajuste, apeló a una experiencia nacional traumática para legitimar el programa argentino. Pero el ejemplo búlgaro admite una lectura bastante menos celebratoria que la presentada por la directora del FMI. El plan de 1997 logró frenar la hiperinflación y estabilizar la moneda, pero lo hizo después de una destrucción masiva de salarios, jubilaciones y ahorros, y mediante privatizaciones aceleradas, cierres de empresas, desempleo y una fuerte retracción del Estado. La estabilidad llegó, aunque acompañada por desigualdad, pobreza persistente y una emigración que vació regiones enteras del país.

El paralelo con la Argentina no reside solamente en la inflación o en el déficit fiscal, sino en la lógica del tratamiento: ante una crisis profunda, el FMI vuelve a presentar la disciplina monetaria, el ajuste del gasto, la apertura y la desregulación como un sacrificio inevitable cuyo beneficio aparecerá más adelante. Georgieva sostuvo que la transformación argentina es “difícil” y recordó que Bulgaria atravesó “tiempos muy duros”, pero aseguró que la perseverancia finalmente dio resultados. El interrogante es quién soporta esos tiempos duros y quién captura los beneficios posteriores. En Bulgaria, el equilibrio macroeconómico no impidió que décadas después el país continuara entre los más desiguales y pobres de la Unión Europea.

Si Bulgaria es el ejemplo que propone Georgieva, conviene mirar la película completa y no sólo el final. Sí, derrotó la hiperinflación y estabilizó su economía. Pero también perdió cerca de una cuarta parte de su población desde 1990, sufrió una emigración masiva de jóvenes y profesionales, desmanteló buena parte de su aparato industrial y aún hoy exhibe los mayores niveles de desigualdad y riesgo de pobreza de toda la Unión Europea. El ajuste ordenó las cuentas; nunca terminó de recomponer el tejido social. La verdadera discusión es qué país queda en pie después de esa estabilización.

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La industria sigue siendo central para el empleo, pero pierde escala en Misiones

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La industria manufacturera continúa siendo la principal empleadora formal de Misiones, pero los datos oficiales muestran que esa posición se sostiene sobre una base cada vez más reducida. Más allá de la estacionalidad propia de actividades como la yerba mate o el té, el empleo industrial exhibe una tendencia descendente que ya acumula tres años consecutivos y alcanza a la mayor parte del entramado productivo provincial.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado o concentrado en un puñado de actividades, la pérdida de puestos de trabajo atraviesa a buena parte de las cadenas industriales de la provincia. 

Al mismo tiempo, la elevada concentración del empleo en pocos rubros amplifica los riesgos: cualquier retroceso en la foresto-industria, la yerba o el té tiene efectos directos sobre la dinámica laboral de numerosas localidades del interior.

El problema, por lo tanto, no es que la industria haya dejado de ser relevante. Es exactamente el contrario: sigue siendo demasiado importante para Misiones como para naturalizar que año tras año funcione con menos trabajadores.

La industria misionera exhibe una caída que excede la estacionalidad. En enero de 2023, la industria manufacturera misionera registraba 20.287 trabajadores asegurados, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). En julio de ese año alcanzó un pico de 21.741 puestos, coincidente con el período de mayor actividad de la cosecha y el procesamiento de yerba mate y té. 

Desde entonces, la tendencia fue mayormente descendente. En abril de 2026, último dato disponible, el sector contabilizó 18.895 trabajadores. Esto implica una pérdida de 2.846 puestos respecto del máximo de julio de 2023, equivalente a una contracción del 13,1%. 

Frente a abril de 2025, la reducción fue de 1.312 empleos, es decir, un 6,5%; y respecto de noviembre de 2023, el retroceso alcanza a 1.425 trabajadores (-7,0%).

Si se mira el dato en promedios anuales, el empleo industrial promedió 20.929 trabajadores en 2023, bajó a 20.234 en 2024 y volvió a reducirse hasta 19.765 en 2025. En los primeros cuatro meses de 2026, el promedio se ubicó en apenas 18.477 puestos. Esta distinción es importante porque la industria misionera presenta una estacionalidad marcada, pero esa estacionalidad puede explicar ciertos movimientos dentro del año, pero no la tendencia descendente que se consolida desde 2023

La foresto-industria muestra dos velocidades. La cadena forestal es uno de los principales pilares productivos de Misiones, aunque su comportamiento interno dista de ser uniforme. El aserrado y cepillado de madera nativa pasó de 1.923 trabajadores en noviembre de 2023 a 1.135 en abril de 2026. La pérdida de 788 puestos (-41,0%) constituye la mayor caída absoluta entre todos los rubros industriales relevados en la provincia. 

En sentido contrario, el aserrado y cepillado de madera implantada incrementó su dotación en 147 trabajadores (+5,0%) y alcanzó los 3.066 puestos. Con ese volumen se consolidó como la segunda actividad industrial con mayor empleo de Misiones. La fabricación de pasta de madera también mostró un desempeño positivo: sumó 61 trabajadores (+4,5%) y llegó a 1.416 puestos.

Estos resultados muestran que no existe una contracción homogénea de toda la actividad forestal. Sin embargo, el crecimiento de la madera cultivada y la pasta celulósica convive con fuertes retrocesos en otros eslabones. 

La fabricación de hojas de madera para enchapado perdió 206 puestos (-27,0%); la producción de muebles de madera, 64 (-37,0%); y la instalación de maquinaria y equipos industriales redujo su personal en 52 trabajadores (-41,0%). A su vez, la fabricación de carpintería metálica cayó a la mitad, con 95 empleos menos.

El dato relevante es que el deterioro se concentra, en buena medida, en actividades vinculadas con una mayor transformación del recurso. 

Mientras resisten o crecen algunos segmentos de base, retroceden rubros como muebles, enchapados y carpintería, que permiten agregar valor, diversificar la producción y generar más empleo por unidad procesada. 

Por eso, el balance de la cadena no puede considerarse favorable únicamente porque la madera implantada exhiba una evolución positiva.

En la yerba y el té se observa una estabilidad relativa sobre una base frágil. La elaboración de yerba mate es el principal rubro industrial de Misiones. En abril de 2026 empleaba a 3.816 trabajadores, alrededor de uno de cada cinco puestos manufactureros de la provincia. Si se compara esa cifra con noviembre de 2023, la dotación permaneció prácticamente estable (+0,3%), aunque en la comparación interanual (es decir, vs. abril 2025) perdió 255 empleos (-6,3%).

También aquí la estacionalidad obliga a interpretar los datos con cautela. El empleo yerbatero pasa de promedios de entre 3.607 y 3.671 trabajadores durante noviembre y diciembre a cerca de 4.903 en julio. Esa diferencia refleja el peso de la cosecha y la molienda sobre la demanda laboral. Pero la elevada amplitud estacional también expone la sensibilidad del sector: cualquier deterioro en el nivel de actividad, los precios o el consumo repercute rápidamente sobre miles de empleos temporarios y permanentes.

El té presenta una trayectoria más claramente contractiva. Con 1.691 trabajadores en abril de 2026, la preparación de hojas de té perdió 125 puestos desde noviembre de 2023 (-6,9%) y otro 3,2% frente al mismo mes de 2025. No es la caída más profunda del entramado industrial, pero sí una reducción sostenida en una de las actividades más relevantes de la provincia.

El tabaco aparece como una excepción. La elaboración de productos de tabaco pasó de 248 trabajadores en noviembre de 2023 a 654 en abril de 2026, un incremento del 164%. Sin embargo, se trata de un rubro de menor escala y con oscilaciones pronunciadas, por lo que su expansión no alcanza para modificar el diagnóstico general ni permite afirmar todavía que exista una tendencia consolidada de crecimiento.

Hay un deterioro extendido y, a la vez, concentrado. El cuadro no se agota en las principales economías regionales. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, 57 de los 85 rubros industriales relevados en Misiones redujeron su dotación de personal, mientras que solo 23 la incrementaron. En la comparación interanual más reciente, 50 actividades registraron caídas y 31 mostraron aumentos.

La amplitud del retroceso permite descartar la idea de una crisis limitada a uno o dos sectores. La panadería industrial perdió 119 puestos desde noviembre de 2023 (-15,8%); la fabricación de calzado de otros materiales se redujo 94,3% y quedó con apenas 19 trabajadores; y otros rubros de escala media o pequeña también achicaron sus planteles. 

Hubo algunos pocos desempeños positivos (como la maquinaria agropecuaria y forestal o los envases de papel) pero parten de bases reducidas y no compensan las bajas de las actividades de mayor tamaño.

A la extensión del deterioro se suma un problema estructural: solo cinco rubros (yerba mate, aserrado de madera implantada, preparación de té, pasta de madera y aserrado de madera nativa) concentran el 58,9% del empleo industrial provincial mientras que los diez principales explican el 72,2% del total. Esa concentración otorga escala a cadenas históricas y profundamente arraigadas en la provincia, pero también limita la capacidad de amortiguar las crisis. Cuando una de ellas enfrenta problemas de demanda, costos, precios o competitividad, existen pocas actividades alternativas con suficiente tamaño como para absorber el impacto laboral. 

El desempeño provincial se inscribe en un escenario nacional igualmente adverso. Según la misma base de la SRT, la industria manufacturera argentina fue el sector que más empleo formal perdió en términos absolutos entre noviembre de 2023 y abril de 2026: 82.173 puestos menos. En ese período también dejaron de registrarse 3.617 empleadores industriales. La coincidencia entre la dinámica provincial y la nacional no elimina las particularidades de Misiones; por el contrario, las vuelve más relevantes. En la provincia, la industria no constituye una actividad más dentro de una estructura productiva, sino uno de los principales sostenes del empleo formal. Por eso, una contracción manufacturera de alcance nacional puede generar efectos económicos y laborales más profundos en la provincia.

El diagnóstico muestra una industria que conserva su centralidad, pero pierde escala. Esto se observa tanto en el descenso del empleo agregado como en la cantidad de rubros con menos trabajadores. Aunque existen excepciones positivas, todavía son insuficientes para revertir el resultado general.

El desafío para Misiones no pasa solamente por sostener a la yerba, el té o la foresto-industria (que sin duda, debe hacerlo), sino también por fortalecer los segmentos de mayor transformación y promover nuevas actividades capaces de ampliar la matriz productiva. La competitividad, el acceso al crédito, la infraestructura, la logística y la incorporación de tecnología son condiciones necesarias para que el sector recupere capacidad de inversión y generación de empleo. Pero más necesario aún es contar con una política económica nacional que acompañe a las economías regionales, en lugar de castigarlas.

En definitiva, que la industria continúe siendo el principal empleador formal de la provincia no debería ocultar el proceso de achicamiento que atraviesa. Misiones necesita preservar sus pilares productivos, pero también construir una base más amplia para que la próxima recuperación no dependa exclusivamente del comportamiento de los mismos sectores de siempre.

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La decisión antes de todas las decisiones

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El calendario avanza con una velocidad curiosa. Hace apenas unos meses hablábamos de los objetivos para este año y hoy muchas organizaciones ya están revisando presupuestos, redefiniendo prioridades y preguntándose qué todavía puede lograrse antes de diciembre. En consultorios, empresas y equipos de trabajo se repite la misma escena: reuniones de planificación, proyectos que vuelven a ponerse en marcha y decisiones que ya no admiten demasiadas postergaciones.

Es una imagen habitual del segundo semestre. También es una oportunidad para detenerse un momento y mirar algo que rara vez aparece en esas reuniones.

Nos preguntamos qué deberíamos decidir. Casi nunca nos preguntamos desde qué estado estamos decidiendo. La diferencia parece menor, pero sospecho que explica más errores de los que estamos dispuestos a admitir.

En el mundo de la gestión hemos aprendido a confiar en los datos. Antes de invertir revisamos balances. Antes de contratar analizamos indicadores. Antes de lanzar un nuevo servicio estudiamos el mercado. Nos enseñaron que una buena decisión requiere información de calidad y un método para interpretarla.

Sin embargo, existe una variable que pocas veces incorporamos al análisis: quien interpreta esa información no siempre observa la realidad desde el mismo lugar. Hay momentos en los que el problema no está en los números ni en la estrategia. Está en el estado interno de quien debe decidir.

No hace falta pensar en grandes tragedias para comprenderlo. El desgaste acumulado después de meses de sostener demasiadas responsabilidades, una decepción profesional, un conflicto familiar, una separación, la pérdida de alguien importante o el fracaso de un proyecto pueden modificar nuestra forma de mirar la realidad sin que siquiera lo advirtamos.

Desde afuera, todo parece seguir igual. El médico continúa atendiendo pacientes. El empresario mantiene sus reuniones. El director conduce a su equipo. La capacidad técnica permanece intacta.

Lo que cambia es otra cosa.

Cambia la paciencia. Cambia la percepción del riesgo. Cambia la tolerancia a la incertidumbre. Y, sobre todo, cambia la necesidad de recuperar rápidamente una sensación de control.

Es entonces cuando aparecen decisiones que, vistas tiempo después, resultan difíciles de explicar. Renuncias impulsivas. Sociedades que se rompen antes de tiempo. Inversiones apresuradas. Proyectos abandonados. Cambios que parecían estratégicos y que, con perspectiva, respondían más al deseo de aliviar una tensión que a una evaluación serena de la realidad.

Quizás una de las ideas más incómodas para quienes ocupamos roles de conducción sea aceptar que muchas veces no estamos tomando una decisión estratégica. Estamos intentando dejar de sufrir.

La urgencia emocional suele disfrazarse de claridad. Nos convence de que actuar inmediatamente resolverá aquello que, en realidad, necesita tiempo para ser comprendido. No significa que las emociones deban quedar fuera de las decisiones. Sería imposible, y tampoco sería deseable: contienen información valiosa. El problema aparece cuando dejan de aportar información y comienzan a conducir.

Llama la atención que las organizaciones hayan desarrollado prácticas para cuidar casi todos sus activos —auditorías financieras, revisiones operativas, controles de calidad, tableros de indicadores— excepto uno de los más importantes: la calidad de las decisiones. Casi nunca existe un espacio para revisar el estado desde el cual las personas están interpretando esa información. Quizás haya llegado el momento de incorporar una práctica diferente. A esa práctica podríamos llamarla higiene decisional.

No es una metodología de gestión ni una técnica de productividad. Es un hábito: la disciplina de detenerse antes de decidir para revisar si el cansancio, el miedo, la frustración o la necesidad de recuperar el control están ocupando el lugar que debería tener el criterio.

La higiene decisional no busca que decidamos sin emociones. Busca algo más realista: que las emociones no gobiernen decisiones cuyas consecuencias permanecerán durante años.

En una época que premia la velocidad, detenerse puede parecer una pérdida de tiempo. Sin embargo, las decisiones más importantes de una organización rara vez fracasan por falta de rapidez. Con mucha más frecuencia fracasan por falta de claridad.

Tal vez esa sea la verdadera tarea para este segundo semestre. No revisar únicamente los objetivos. No acelerar por inercia. No agregar más decisiones a una agenda ya sobrecargada. Tal vez el desafío sea recuperar la claridad necesaria para que el criterio vuelva a ocupar el lugar que le corresponde.

Porque las organizaciones mejoran cuando optimizan sus procesos. Los profesionales crecen cuando desarrollan nuevas competencias. Pero las decisiones cambian de calidad cuando cambia el estado desde el que son tomadas.

Y quizás esa sea la primera decisión que valga la pena tomar antes de todas las demás: cuidar el lugar desde donde decidimos.

Beatriz Martínez es consultora estratégica y mentora de profesionales y organizaciones de salud. Dirige AME® (Alta Médica Empresarial).

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Prototipo de cipayos asumidos

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Vergonzoso y totalmente apátrida el accionar del gobierno libertario, el cual prácticamente sin solución de continuidad persiste y profundiza la entrega total de soberanía, ubicándonos como cipayos subordinados totales al Bloque Atlantista, en particular a EEUU, Reino Unido e Israel.

Resulta muy claro, y a esta altura indudable, que Milei odia a Argentina y desprecia en grado visceral, a los argentinos.

Abundan declaraciones y acciones que permiten sostener, holgadamente, esa afirmación, como aquella expresión de “soy el topo que busca destruir el Estado desde adentro”. Es necesario recordar que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, Y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA. O sea que el presidente y sus secuaces, operan para hacer desaparecer a la República Argentina.

Si es por acciones brutalmente anti argentinas que muestran el genocidio económico, abundan, pudiendo citarse -sin agotar el frondoso listado-, el empobrecimiento masivo, el aumento de marginados que son expulsados a vivir en la calle, los salarios y jubilaciones con poderes adquisitivos degradados mes a mes, los hospitales públicos de importantes aportes a la salud pública y las prestigiosas Universidades Nacionales, soportando fuertes recortes presupuestarios, las imprescindibles obras públicas totalmente paralizadas, la apertura aduanera total que nos inunda con productos importados y derrocha divisas, y el alevoso e impagable endeudamiento externo; además de resignar soberanía en ríos interiores, en el Mar Argentino, entre otros hechos deleznables.

Claro está que, de mínima, libertarios y secuaces tienen el también muy apátrida objetivo, de hacernos involucionar, a la fuerza y como sea, al antes absurdo y hoy inviable, pseudo país de economía forzosamente primarizada, con población casi toda analfabeta y muy pobre, sin coberturas sociales y escasos sistemas sanitarios al alcance de esas mayorías, que éramos alrededor del 1900; y en lo geopolítico, en esos años fungíamos como dócil marioneta subordinada al por entonces muy poderoso Imperio Británico.

La oligarquía mega terrateniente, muy conforme con ese rol de subordinación total, demostrando y jactándose de practicar una anglofilia total, apenas salpimentada con huecas expresiones de patrioterismo declamativo.

Con una ferocidad solo asimilable a procesos de exterminio perpetrados por poderes imperiales brutales cegados por el odio, sin pizca de respeto al ser humano; libertarios y secuaces practican un genocidio económico, un desguace estatal total e irracional, y un alevoso industricidio y tecnicidio (desguace de entes técnicos y científicos); enmarcado todo en una vergonzosa genuflexión respecto a las potencias referentes del Bloque Atlantista.

A todo eso se agrega en casi ininterrumpida cadena, el accionar gubernativo, marcado por sucesivas medidas que crearon desde el comienzo de su gestión, el cuadro socio económico general desastroso, empobreciendo a las grandes mayorías de nuestro pueblo, en un siniestro proceso que puede definirse como de genocidio socio económico en plena perpetración.

Fueron causantes de muertes, por varias causas (interrupciones de tratamientos de enfermos oncológicos y de otras patologías severas); accidentes carreteros, provocados por el deterioro de nuestras rutas, carentes de todo mantenimiento; jubilados y pensionados, que por sus bajas retribuciones carecen de capacidad monetaria para adquirir sus medicamentos, e incluso problemas por la deficiente alimentación, por iguales causas; severos deterioros de salud y seguramente varias muertes, sufridas por el creciente número de argentinos que viven en las calles, los cuales además de la miserable situación, suelen soportar malos tratos, alentadas esas aberraciones por algunos intendentes libertarios y por el nulo accionar al respecto de los organismos nacionales.

La destrucción masiva intencional, se puede constatar en medidas sociales y laborales en contra de los asalariados, que nos retrotraen más de un siglo a las miserable condiciones sociales de aquel contexto semifeudal, “añorado” por oligarcas y sectores ultra conservadores y ultra liberales en lo económico; mientras que el R.I.G.I. y el R.I.G.I. acentuado, nos reducen a un rol de enclave económico apto para ser saqueado y destruido impunemente, en un contexto incluso peor a alevosas maniobras de apoderamiento de nuestras riquezas, perpetradas en el muy negativo período noventista (menemato y delarruato); y también superando las aberraciones en contra de los Intereses Nacionales, cometidas en la nefasta década infame (1930-1943).

Son tantas las acciones y conductas aberrantes, en continua y renovada ejecución, por parte del gobierno libertario y sus secuaces, que se podría escribir una enciclopedia; además del hecho evidente, que Argentina parece ser y padecer el experimento a nivel mundial, fogoneado por el Consenso de Washington y sus derivados, para evaluar y ejecutar cómo destrozar y desguazar totalmente a un Estado Nacional.

En mérito a la brevedad, se exponen solo algunas de esas acciones de cipayismo reconcentrado, que nos meten en el lodo de la ignominia y en la vergüenza, burlándose de los argentinos con sentido de Patria, dolidos y escandalizados por tales niveles de infamia y de pisoteo de soberanía con total desparpajo.

– Groseros insultos al presidente de Brasil, demostrando no solo el ya conocido nivel de ordinariez de Milei, sino también acentuando las profundas dudas acerca del estado mental del presidente libertario. El respaldo de su gabinete y colaboradores cercanos del verborrágico presidente, los hace cómplices de ese deplorable accionar de política exterior. Los insultos a Lula son la contracara de la genuflexión demostrada respecto a EEUU, el Reino Unido, e Israel.
– Banderas extranjeras enarboladas en nuestro Monumento a la Bandera, configurando eso una clara burla a Nuestra Enseña Patria, y una acción atrevida en el contexto de degradaciones intencionales a Nuestro Patriotismo.
– Cipayismo reconcentrado cabe calificar al accionar gubernativo en el muy sensible tema de Malvinas. La Ministra de Seguridad Nacional se refirió en tono despectivo, a “los mapitas de Malvinas”, avalando las presiones de la FIFA (ente que demuestra ser herramienta del accionar imperial del Bloque Atlantista), para evitar que el tema tomara estado público en esa vitrina gigantesca que es un mundial de fútbol. Cuando la conjunción de la hinchada argentina (o sea del pueblo), y el decidido accionar de nuestros jugadores, mostraron al mundo el cartel, el tema pasó a tener repercusión mundial. En vez de posicionarse en defensa de nuestros derechos nacionales, el presidente montó en cólera e insultó a jugadores e hinchas que tuvieron el coraje y patriotismo de exhibir esa improvisada bandera. Pero el cipayismo acentuado de libertarios y secuaces no parece tener límites, pues ordenaron sacar de los medios de transporte todo cartel o adhesivo vinculado a Malvinas, mientras que según trascendió, Cancillería se disculpó por el ya famoso “trapo de Malvinas” del Mundial (“disculparse” por defender nuestros derechos, contra la potencia imperial agresora, es de nulo criterio patriótico). También circula en las redes un video del año 2024, que muestra a una patriótica diputada exhibiendo en la cara de la embajadora británica, su remera con “la frase que incomoda a cipayos”, mientras que otros diputados alineados con la antipatria, intentaban disuadir a la valiente diputada Propato de mostrar la inscripción patriota.
– Se permite la apertura del consulado israelí en Ushuaia, mientras que la petrolera de ese país opera con anuencia británica en aguas de Malvinas, para extraer petróleo. Mutis por el foro, por parte del gobierno libertario, mientras también un buque de la Royal Navy surcó aguas argentinas, camino a Punta Arenas.
– Además de involucrarnos neciamente en los conflictos de Medio Oriente (dejando de lado la neutralidad que caracterizó con dignidad a la postura argentina), ahora Milei pretende enviar tropas a Panamá, para operar bajo mando de EEUU, sin haber pedido la debida autorización al Congreso.

Párrafo aparte para el cobarde accionar ferozmente represivo, de las fuerzas de seguridad, para golpear y agredir a jubilados, discapacitados, y otros sectores del pueblo, que acorde a sus derechos de exteriorizar sus fundadas protestas, se manifiestan por medio de pacíficas marchas.

Esos represores evidencian proceder igual que el Regimiento Cipayo, formado por tropas de India, que en épocas en que India era colonia británica, procedían con saña feroz agrediendo a su propio pueblo.

Tomando ese dato histórico, nuestro patriota Arturo Jauretche, creó el concepto de “cipayo” para definir a quienes obedecen órdenes foráneas, en contra de los Intereses Nacionales. Pero como los cipayos locales evidencian ser de escasas o nulas lecturas, igual que sus pobres razonamientos, dudo que tomen conciencia de su vergonzoso accionar.

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La República del Exabrupto: 12 trillones de nada

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Brasil enojado. Georgieva de visita. El FMI marcando el compás. Las encuestas dejando de sonreír. La vicepresidenta hablando de “insensateces e inventos”. Y, como postal de una semana difícil para el Gobierno, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional recorriendo Vaca Muerta enfundada en un mameluco de YPF, una imagen tan cargada de simbolismo político como inevitable. Como respuesta, una cadena nacional en la que Javier Milei convirtió una reforma del Banco Central en un festival de agravios, enemigos de siempre y una cifra tan descomunal como inútil: doce trillones de nada.

Fue una semana políticamente complicada para el Gobierno.

El presidente Javier Milei cruzó la frontera para participar de una actividad del bolsonarismo y terminó protagonizando un conflicto diplomático con el principal socio comercial de la Argentina. En Brasil hubo malestar por sus agravios a Luiz Inácio Lula da Silva y  al juez Alexandre de Moraes, una actitud que muchos, incluso dentro del bolsonarismo, dicen que terminó favoreciendo a Lula. Así una gira que, en un gobierno normal, debería fortalecer vínculos terminó profundizando tensiones.

Pero la cosa no terminó ahí, durante su visita a la Exposición Rural, Milei también se dedicó a insultar al exministro de Industria José Ignacio de Mendiguren, a la sazón productor rural, que amenazó con llevar a la justicia al presidente “porque alguien tiene que ponerle límites”, dijo.

El lunes, después del fin de semana “de fuego”, Kristalina Georgieva aterrizó en Buenos Aires, para supervisar en persona cómo marchan las cosas en el país que es el mayor deudor del organismo que preside. Su agenda incluyó reuniones oficiales, entre ellas una reunión de gabinete que la tuvo como protagonista principal y una recorrida por Vaca Muerta con casco y uniforme de YPF. La fotografía recorrió el país. Más allá de las interpretaciones que se puedan hacer, la escena tuvo un enorme peso simbólico: la máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional caminando uno de los activos estratégicos de la Argentina, mientras el Gobierno insiste en minimizar la influencia del organismo sobre las decisiones económicas nacionales.

A ese escenario se sumaban otros datos poco alentadores. Las acciones argentinas retrocedieron, el riesgo país volvió a subir y aunque hacia el fin de esta semana la cosa se recompuso un poco, queda en evidencia la volatilidad del supuesto “milagro mileista”. Por otra parte, los indicadores de confianza (de la Universidad de San Andrés y de la Di Tella) mostraron un franco deterioro del gobierno y comenzaron a aparecer encuestas que reflejan desgaste en la imagen presidencial y una creciente preocupación social por la economía.

Como si fuera poco, horas antes de la cadena nacional ocurrió un hecho inédito.

La vicepresidenta Victoria Villarruel publicó un mensaje en el que manifestó su “genuina preocupación” por el estado del Presidente, cuestionó que reprodujera “insensateces e inventos” y habló de “persecuciones imaginarias”. Que semejante definición provenga de la segunda autoridad institucional del país no es una anécdota. Es la expresión pública de una crisis política dentro del propio oficialismo. Crisis que más tarde se agravó cuando el Jefe de Gabinete Diego Santilli le pidió la renuncia y Villarruel, ni corta ni perezosa, le recordó que ella fue electa por el voto popular y él formó parte “la casta” que vinieron a combatir.

En ese contexto, el Gobierno eligió convocar una cadena nacional para anunciar una reforma institucional de enorme alcance: la modificación del Banco Central.

Era la oportunidad para explicar una iniciativa trascendente. Para debatir el rol de la autoridad monetaria, sus objetivos y sus implicancias.

Pero, una vez más, el anuncio quedó opacado por el espectáculo.

La cadena terminó convertida en un  alegato contra Cristina Fernández de Kirchner, señalada una vez más como responsable de todos los males argentinos. También hubo descalificaciones hacia Mercedes Marcó del Pont, expresidenta del Banco Central y una de las economistas más reconocidas del país, cuya trayectoria académica y profesional merecería una discusión mucho más seria que el agravio presidencial.

Y cuando los insultos parecieron insuficientes, llegaron los números.

Los ilusionistas conocen un secreto elemental: cuanto más grande es el truco, menos tiempo dedica el público a preguntarse cómo funciona.

En política ocurre algo parecido.

Milei aseguró que desde la creación del Banco Central la Argentina acumuló una inflación superior a 12 trillones por ciento.

Una cifra tan gigantesca que parece diseñada para provocar asombro antes que comprensión.

Y como se dijo, nadie discute que sea posible construir matemáticamente un número inmenso acumulando más de noventa años de inflación, atravesando cinco signos monetarios, hiperinflaciones, convertibilidad, reformas monetarias y gobiernos de todos los signos políticos.

Lo que sí merece discusión es el sentido de semejante ejercicio.

Porque ese número no explica la inflación actual.

No permite evaluar una política económica.

No es un indicador utilizado para analizar la economía argentina.

No ayuda a entender absolutamente nada.

Sirve, eso sí, para construir un efecto político.

Es como sumar toda la lluvia caída desde 1935 para explicar el pronóstico de mañana. El resultado puede impresionar, pero carece de utilidad para comprender el presente.

Y quizá allí resida el verdadero problema.

La reforma del Banco Central terminó ocupando menos espacio que la necesidad de volver a construir enemigos. Los extranjeros, con un nuevo decreto presidencial en contra, Cristina Kirchner. Mercedes Marcó del Pont. El Banco Central. El pasado.

Todo debía encajar en un mismo relato.

Mientras tanto, los problemas concretos siguieron esperando respuestas. El Gobierno continúa negociando con un Fondo Monetario Internacional cuya influencia resulta cada vez más visible. Los mercados reaccionan con cautela. Los indicadores económicos envían señales contradictorias. Y la confianza, uno de los principales activos políticos de cualquier administración, comienza a mostrar fisuras.

Cuando eso ocurre, la tentación suele ser reemplazar la gestión por la comunicación.

Y la comunicación por la épica.

La República del Exabrupto ya no se limita a los insultos. Ha incorporado otro recurso: las cifras imposibles, los números desmesurados, las estadísticas convertidas en herramientas de propaganda.

Porque cuando un gobierno necesita explicar el presente con enemigos del pasado y números tan extraordinarios que dejan de tener significado, deja de intentar convencer.

Empieza a pedir un acto de fe.

Y la economía —como la democracia y la política— nunca debería depender de la fe, que mueve montañas pero no da de comer, ni paga las cuentas.

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