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Agricultura Familiar: un modelo vigente que necesita recursos concretos

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La agricultura familiar ha atravesado distintos escenarios políticos y económicos en nuestro país y en el mundo. Gobiernos de distinto signo, crisis recurrentes y cambios en los modelos productivos. Sin embargo, lejos de desaparecer, la agricultura familiar se sostuvo y continúa cumpliendo un rol clave en los territorios.

Esto no es casual. La agricultura familiar responde a una lógica distinta a la de la gran empresa: produce alimentos, sostiene el trabajo familiar, cuida el territorio y mantiene vivas a las comunidades rurales. Esa forma de producir sigue teniendo valor y vigencia, especialmente en un contexto donde la seguridad alimentaria, el cuidado ambiental y el arraigo vuelven a estar en discusión.

En la provincia de Misiones, la agricultura familiar es parte central del modelo de desarrollo. A lo largo de los años se construyó una institucionalidad sólida, con numerosas leyes y políticas públicas que reconocen a las familias productoras como sujetos de derecho y actores estratégicos del territorio. La Ley VIII – N.º 69 de Agricultura Familiar expresa con claridad esa decisión política.

Sin embargo, esa fortaleza normativa no siempre se traduce en respuestas concretas para el día a día de las familias. La principal dificultad que atraviesa hoy el sector no es la falta de leyes ni de diagnóstico, sino la escasez de recursos económicos específicos. Insumos básicos, semillas, media sombra, sistemas de riego o pequeñas infraestructuras productivas siguen siendo demandas recurrentes que muchas veces no encuentran herramientas adecuadas.

Esta situación no es nueva ni coyuntural. A lo largo de distintos gobiernos, tanto a nivel nacional como provincial, la agricultura familiar ha quedado en gran medida fuera de los esquemas tradicionales de financiamiento. Los créditos disponibles suelen estar pensados para otras escalas productivas, con requisitos, garantías y plazos que no se ajustan a la realidad del sector.

Por eso, el desafío central sigue siendo avanzar hacia una política de financiamiento diferenciada, que reconozca la especificidad de la agricultura familiar. Créditos blandos, fondos específicos y herramientas simples permitirían transformar el marco normativo existente en mejoras concretas en la producción y en la calidad de vida de las familias rurales.

La agricultura familiar no es un sector del pasado ni una excepción al desarrollo. Es un modelo vigente, con valor para Misiones y para el país. Reconocer su importancia implica no solo sostener políticas públicas, sino también invertir en ella, para que siga produciendo alimentos, cuidando el territorio y fortaleciendo a las comunidades.

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Misiones frente a las dos Argentinas: estabilidad macro y crisis real en las provincias

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Las dos caras de la moneda de la economía argentina se observan y se viven más que nunca. Esta semana, el dólar sostuvo la pax cambiaria, el BCRA siguió comprando dólares, las reservas brutas tocaron un máximo en cuatro años, el riesgo país alcanzó un mínimo en ocho años, de la mano de una suba de los bonos soberanos, y la balanza comercial cerró con un importante superávit. Del otro lado, la actividad económica cayó por segundo mes consecutivo, las ventas en supermercados tuvieron su peor resultado en dos años y el índice de salarios registró su tercera caída al hilo. ¿En qué Argentina vivimos? En la dos, y eso trae una complejidad fenomenal para entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

Luego de las elecciones de octubre parecía que todos los problemas de la Argentina se resolvían, o al menos así lo planteaba el oficialismo. Eliminado el “riesgo kuka”, todo volvería a funcionar sobre ruedas. Sin embargo, en términos de actividad económica, en el mes electoral el EMAE mostró una baja del 0,4% mensual. Esa caída podría haberse atribuido a la expectativa electoral, pero en noviembre volvió a retroceder 0,3%, dato conocido días atrás. Es decir, incluso luego de despejar el supuesto ruido político, la economía no se despertó. Más aún, la contracción también se observó en la comparación interanual, evidenciando profundas asimetrías sectoriales: mientras el agro, la minería y las finanzas exhiben expansiones relevantes, la industria, el comercio y la construcción continúan muy rezagados. Estas asimetrías no son solo estadísticas, sino que marcan el rumbo del modelo económico: los tres sectores de mejor desempeño explican apenas el 9% del empleo, mientras que los tres de peor resultado concentran el 45% de los puestos de trabajo.

En un contexto en el que el empleo privado registrado se encuentra en sus niveles más bajos desde 2022, los salarios siguen cayendo. El INDEC informó que en noviembre el salario de los trabajadores registrados del sector privado retrocedió 0,3% mensual, acumulando su tercera baja consecutiva. Entre los trabajadores del sector público, el salario cayó 1,3%, también por tercer mes seguido. Casi como un correlato de esta dinámica, las ventas en supermercados se desplomaron 3,8% mensual en noviembre, la peor caída desde diciembre de 2023, es decir, desde la devaluación.

En otras palabras, pasada la elección, todo continuó empeorando en lo que respecta a los indicadores económicos de impacto social.

Si miramos hacia las provincias, las heterogeneidades también son palpables: por ejemplo, Neuquén atraviesa un proceso de expansión y mejora de muchos indicadores, dado el efecto sobre el territorio que produce el avance de la actividad energética, algo que puede verse en menor nivel también en Río Negro y un poco menos aún en el NOA, producto de la minería; pero en el resto del país la situación es aún crítica.

Los últimos datos de Misiones confirman este diagnóstico. Más allá de los esfuerzos provinciales por sostener niveles de actividad y consumo, la dinámica general empuja a todos los indicadores hacia la baja y configura un escenario de fuerte complejidad, sin elementos claros de mediano plazo que permitan pensar en una recuperación. El consumo mantiene una trayectoria descendente que se profundizó en noviembre, con una caída interanual del 9,8% en las ventas en supermercados y del 5,1% en la comparación mensual, acumulando un retroceso del 27,9% respecto de 2023. El salario del sector privado, aun mostrando cierta recuperación frente a un 2024 que tocó piso, todavía no logra superar los niveles de 2023, situación que se agrava por el achicamiento del mercado laboral: el empleo privado en la provincia se ubica 8,9% por debajo del nivel previo a la asunción de Milei.

En este marco, los principales indicadores muestran deterioros significativos no solo en Misiones, sino en gran parte de las provincias argentinas. En línea con lo señalado anteriormente, salvo algunas pocas economías motorizadas por sectores muy específicos, el resto carece de margen suficiente para salir de un pozo generado de manera directa por los efectos de las políticas nacionales, frente a las cuales las provincias cuentan con herramientas limitadas para revertir el rumbo.

Mientras tanto, el Gobierno avanza en reformas que se presentan como “soluciones definitivas” a los problemas económicos, aunque con escasa evidencia de que efectivamente lo sean o, al menos, con la dificultad de que la solución propuesta no necesariamente es la mejor.

Uno de los argumentos más repetidos en el debate sobre la reforma laboral es el del “costo empresario” y, dentro de este, el costo de contratar. Sin dudas se trata de un problema para la creación de empleo, pero no es el único ni tampoco el central. Según la última Encuesta de Tendencia de Negocios de Supermercados y Autoservicios Mayoristas del INDEC, ante la pregunta sobre los factores que limitan la capacidad para aumentar la actividad comercial, el 56% de los empresarios señaló a la falta de demanda, mientras que solo el 29% mencionó el costo laboral. En la industria manufacturera, el 59% de los empresarios identificó a la falta de demanda como el principal obstáculo para producir, y en la construcción el 30% afirmó que el principal problema del sector es la caída de la actividad económica. Todos los caminos llevan a Roma: es la actividad la que debe recuperarse, pero no al ritmo del EMAE, sino de manera mucho (muchísimo) más homogénea.

Al volver la mirada hacia las provincias surge una pregunta clave: ¿qué capacidad real tienen para impulsar esa recuperación? Más allá de las limitaciones normativas, tampoco cuentan con margen financiero para hacerlo vía inyección de ingresos, simplemente porque no los tienen. De acuerdo con las estimaciones del Presupuesto 2026 sobre transferencias automáticas, ajustadas por la inflación esperada por el mercado y no por el 10% proyectado por el Gobierno, ya de imposible cumplimiento, los fondos a las provincias caerían 3,7%, lo que implicaría una pérdida cercana a los 3 billones de pesos en el conjunto de los subnacionales. En ese escenario, Misiones podría resignar hasta 98 mil millones de pesos.

Pero a eso debe sumarse la posibilidad de una nueva pérdida de fondos en caso de que se apruebe la reforma laboral, debido a los impactos del capítulo fiscal que tiene dicho proyecto. Por la modificación en el impuesto a las Ganancias, Misiones podría perder alrededor de $ 36,4 mil millones; por la eliminación de impuestos internos, otros $ 7,8 mil millones. En total, $ 44,2 mil millones menos. Si bien no todo se aplicaría a 2026, sino que una parte importante recaería en 2027, la proyección de ingresos para la provincia es muy preocupante.

Bienvenido sea el debate sobre la reducción de impuestos, pero con todos los actores dentro de la discusión y no de manera unilateral. La pregunta que se impone es cómo compensar estas caídas de recursos. Existen dos caminos posibles: mayores transferencias no automáticas de la Nación hacia las provincias o una fuerte recuperación de la actividad que derive en una mayor recaudación. El primero aparece prácticamente descartado; el segundo, en el contexto actual, luce extremadamente difícil.

La economía argentina parece transitar un equilibrio frágil, sostenido por indicadores financieros que muestran estabilidad, pero atravesado por una dinámica real que sigue deteriorándose y golpea de lleno sobre el empleo, los salarios y el consumo. Mientras la macro exhibe logros parciales, la micro y los territorios siguen pagando el costo del ajuste. Sin una estrategia clara que priorice la recuperación de la actividad y contemple el impacto federal de las decisiones económicas, la distancia entre las dos Argentinas no solo se mantiene, sino que amenaza con profundizarse.

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Davos y los consejos de Maquiavelo

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El Foro de Davos es un escenario donde los poderosos exhiben su visión del mundo y tratan de imponer sus ideas que replican el patrón del orden mundial. Los más poderosos son más escuchados y los otros ocupan roles secundarios. Donald Trump fue este año el más esperado por sus demandas territoriales, exigencias de sumisión y el destrato a otros líderes, sobre todo de Europa. 

Trump amenazó con aplicar aranceles adicionales del 10 por ciento a los países europeos que hagan maniobras militares en Groenlandia (Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia, además de Noruega y el Reino Unido), así como del 200 por ciento sobre vinos y champagnes franceses por la negativa del mandatario galo de entrar en la Junta de Paz para Gaza ideada por el republicano.

El argentino Javier Milei, a diferencia de su debut en 2024 y las expectativas del año pasado, pasó casi desapercibido, repitió su esquema discursivo en el que desprecia el rol del Estado y abogó por un capitalismo libre de ataduras. “Lo más responsable que pueden hacer los políticos es dejar de molestar a quienes están creando un mundo mejor”, dijo. También sentenció la muerte definitiva de Maquiavelo

Davos fue pensado para trabajar en torno a los desafíos globales más urgentes a través de la cooperación público-privada. No sucede eso. En la práctica no hace más que desnudar las estructuras del poder real, donde importan mucho más las bravuconadas de Trump que el colorido aportado por otros presidentes. 

El primer ministro canadiense, Mark Carney fue uno de los destacados oradores y expuso justamente esa fragilidad: “Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima. Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos: vías marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los mecanismos de resolución de controversias. Este compromiso ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en plena ruptura, no en plena transición”, sentenció. 

“Durante las dos últimas décadas, una serie de crisis -financiera, sanitaria, energética y geopolítica- ha puesto de manifiesto los riesgos de una integración mundial extrema. Más recientemente, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio de coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. Es imposible “vivir en la mentira” de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se convierte en la fuente de tu subordinación”, expresó el canadiense.

Mark Carney fue el “disidente” de Davos, un poco más que Emmanuel Macron, el presidente francés, quien hizo un llamado a la Unión Europea a no dudar a la hora de aplicar el mecanismo anticoerción cuando “no somos respetados y no se respetan las reglas del juego”.

Macron dijo que Europa debe mantenerse “en sus principios”: “No hay que bajar los ojos, no hay que ceder a la ley del más fuerte, ya que esto conduce a una política del más fuerte y a un enfoque neocolonial. El neocolonialismo no es la solución”, subrayó el presidente francés. “Europa tiene herramientas muy poderosas y debemos utilizarlas cuando no se nos respeta y cuando no se respetan las reglas del juego”, continuó el presidente francés.

Ante una audiencia compuesta por dirigentes políticos y económicos, Macron instó a asumir la “responsabilidad” de afrontar esas tendencias y “actos brutales”. “Preferimos el respeto a la animalidad, la ciencia a las teorías conspirativas y el Estado de derecho a la brutalidad”, afirmó Macron, quien elogió que Europa sea “un lugar donde el Estado de derecho y la previsibilidad siguen siendo la norma”. Sus palabras, sin embargo, fueron eclipsadas por el reflejo de sus anteojos Pacific S 01, de la marca iVision Tech, que cotizan 770 dólares en el mercado. Los medios y los mercados reaccionaron al evidente parecido al Tom Cruise de la primera película de Top Gun. 

Milei no tuvo tanta exposición ni atención mediática. Quizás porque el debate está en otras esferas. A diferencia de lo que expresa el Presidente argentino, el mundo no se está convirtiendo en algo mejor, sino que se profundizan las desigualdades y, gracias a Trump -su mecenas-, se está volviendo más inseguro, con la ley del más fuerte por encima de los acuerdos internacionales. 

Más allá de la retórica, la economía global no tiende a ser más equilibrada ni el reparto de los ingresos un poco menos desigual. Por el contrario. 

El mejor ejemplo es la Argentina bajo la gestión libertaria. La radiografía del mercado laboral del tercer trimestre de 2025 deja un dato imposible de maquillar: el empleo formal retrocede mientras la informalidad avanza. No es un fenómeno marginal ni transitorio, sino el rasgo dominante de la dinámica del trabajo en la Argentina actual, de acuerdo con los últimos registros del INDEC.

Sobre un total de 22.668.000 de puestos de trabajo, apenas 11.063.000 corresponden a asalariados públicos y privados registrados. En contraste, los asalariados no registrados suman 5.6 millones y los trabajadores por cuenta propia alcanzan los 5.9 millones. La suma de estas dos modalidades -11.605.000- ya supera al empleo asalariado formal, una señal inequívoca del deterioro estructural del mercado laboral.

Este corrimiento hacia la informalidad no ocurre en el vacío. Se da en paralelo a una fuerte pérdida del salario real –los salarios registrados perdieron fuerte en noviembre y el poder adquisitivo cayó 6,4% en la era Milei-, con especial impacto en los ingresos del sector público, los trabajadores bajo convenio y, naturalmente, los informales, que quedan completamente expuestos al ajuste. El trabajo es cada vez más precario y peor pago.

La comparación interanual termina de cerrar el cuadro: respecto del tercer trimestre de 2023, los asalariados registrados se redujeron en 222.000 personas, mientras que el empleo “en negro” creció en 231.000 y el trabajo por cuenta propia se expandió en unas 400.000 personas, en su mayoría también fuera de todo esquema formal. Menos empleo protegido, más supervivencia individual: ese es el saldo concreto del mercado laboral hoy en la Argentina.

El propio diagnóstico oficial refuerza esta lectura. Según la Secretaría de Trabajo, “la totalidad de las nuevas inserciones corresponden a puestos no registrados en el sistema de seguridad social”. En base a datos del Indec, la población ocupada no registrada creció entre los terceros trimestres de 2024 y 2025 un 5,3%, mientras que el empleo registrado cayó un 0,6%. El ajuste no sólo eliminó empleo, lo empujó fuera del sistema. No habrá reforma laboral que cambie esto si no hay mejoras en la actividad económica y el consumo. 

En contraste, con Milei ya hay 6 millones de planes sociales, un 50 % más que con Alberto Fernández, protagonista de uno de los peores gobiernos de la historia. Cristina había dejado el poder con unos 250 mil planes sociales. Con Macri fueron casi 1,5 millones de beneficiarios.

La asistencia directa a los sectores más pobres fue la única partida que creció de manera sostenida durante la gestión libertaria, tanto en cantidad de beneficiarios como en poder de compra real. A diciembre de 2025 la AUH alcanza a 4.114.513 titulares, incluidos 93.453 beneficiarios por discapacidad, mientras que la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niños. En total, más de seis millones de planes sociales, una cifra récord que habla de un proceso de latinoamericanización de la Argentina, cada vez más lejos del país de clase media que supo ser.

Esa “latinoamericanización” es clave. Argentina exhibe hoy el menor salario en dólares de la región y desigualdades tan dramáticas como otros países de América. En la Colombia de Gustavo Petro -en las antípodas políticas de Milei- la proporción de personas ocupadas informales fue de 55,4 por ciento, lo que representa un leve aumento frente al dato de 55,3 por ciento del trimestre anterior. De los 24,5 millones de ocupados, 13,6 millones son informales. Una enorme masa laboral apenas con expectativas de supervivencia. 

Sólo cuatro personas en Colombia acumulan cerca de 42.000 millones de dólares. Para dimensionar la desigualdad, un millonario colombiano promedio tardaría apenas dos minutos en ganar lo que una persona promedio obtiene en un año de trabajo.  

En Paraguay, la informalidad laboral constituye una de las expresiones más profundas de la desigualdad estructural del país. Más del 62,5% de la población ocupada trabaja fuera del marco legal, sin acceso a derechos básicos como salud, jubilación o licencias laborales. 

Mal de muchos… 

Salvo Brasil, ningún país de la región tiene políticas activas para reducir la desigualdad y mitigar la pobreza. El mercado laboral de Brasil alcanzó un hito histórico al registrar una tasa de desempleo del 5,2% en el trimestre finalizado en noviembre, el nivel más bajo desde el inicio de la serie estadística en 2012, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Uno de los datos más relevantes es el fuerte avance del empleo registrado. El número de trabajadores con contrato formal (“carteira assinada”) llegó a 39,4 millones, el nivel más alto desde 2012, con un incremento interanual del 2,6%, equivalente a un millón de nuevos empleos formales.

Si bien el empleo informal continúa siendo elevado, con 38,8 millones de trabajadores, en los últimos doce meses se redujo un 3,4%, lo que marca una leve pero significativa mejora en la calidad del empleo.

En la Argentina, no crece el empleo, sino la informalidad. Y lejos de mejorar las condiciones sociales, lo que cuesta es llegar a fin de mes. Tanto que el Banco de la Ciudad de Buenos Aires lanzó una oferta extrema: créditos para pagar las expensas. 

El lanzamiento de este producto no es un hecho aislado. Un informe de diciembre de 2025 reveló que el 53% de los hogares de ingresos medios tuvo que recurrir a ahorros, vender activos o endeudarse para cubrir gastos corrientes. 

Por eso cobran relevancia los esfuerzos locales para sostener la economía. El gobernador Hugo Passalacqua advierte que las expectativas de corto plazo no permiten ilusionarse con un cambio de situación. Por eso se pusieron en marcha una serie de medidas que apuntan a dinamizar la economía. La baja de impuestos a los combustibles y la continuidad de otros beneficios fiscales, forman parte del paquete que se seguirá ampliando y que fue elogiado hasta por la Confederación Económica de Misiones, entidad hasta ahora complaciente con las políticas nacionales y que está en plena efervescencia, con un fuerte debate interno por la línea que seguirá la conducción que debe ser renovada el 11 de febrero, aunque en la presidencia seguirá el maderero Guillermo Fachinello. 

La última encuesta de la CEM marca que para el 41% de los empresarios el 2025 fue “peor que 2024”. Apenas un 17 por ciento lo consideró “mejor”. Sin embargo, hasta ahora la entidad no había alzado la voz sobre el rumbo económico. 

El relevamiento indica que un 27% redujo inversiones; un 21% postergó pagos, un 12% redujo personal, un 11% redujo horas o actividad, un 9% vendió activos y; finalmente; un 17% de los encuestados no tomó ninguna de las definiciones antes mencionadas. 

Los factores que afectaron el desempeño empresarial en 2025 fueron la caída del consumo, la incertidumbre económica, el aumento de costos, la carga fiscal / administrativa, la falta de financiamiento y el endeudamiento previo.

Respecto del balance de la actividad 2025; un 52% del sector pyme indicó logró adaptarse a las condiciones económicas pero con mucho esfuerzo; mientras que un 33% reveló que apenas logró sostenerse y un 11% logró adaptarse sin mayores problemas. 

Por último, entre las formas de transitar el 2025, se expresa que las pymes misioneras resistieron (39%), reestructuraron (25%), se achicaron (14%), se endeudaron (10%), invirtieron (8%) y cerraron o pausaron (1%).  

El impacto de las políticas económicas nacionales no solo se refleja en la caída del consumo o los comercios cerrados. El sector forestal atraviesa una de sus peores crisis. Y todo apunta a la Nación. 

El ingeniero forestal Nicolás Ocampo, impulsor del Grupo Jóvenes Ingenieros Forestales de Misiones y ex vicepresidente del Colegio de Ingenieros Forestales, señaló que en los últimos dos años, el precio de la energía se incrementó más de un 617% -una decisión tomada a nivel nacional- y el gasoil cerca de un 250%, afectando de manera directa a la actividad forestal y a la logística.

Ocampo planteó como medida de alivio una reducción del IVA al 10% y del impuesto a las ganancias en niveles similares, como ocurre en Paraguay. “Misiones tiene el 90% de sus límites con Paraguay y Brasil. Si la Nación nos brinda herramientas de competitividad, podemos ser una potencia productiva e industrial y terminar con desventajas históricas. Eso sería verdadera libertad para competir”, afirmó en respuesta a un posteo del diputado nacional Diego Hartfield.

También cuestionó la ausencia de una política energética nacional para el sector industrial y recordó que países como Alemania, Estados Unidos, Japón y los miembros de la Unión Europea subsidian la energía para sostener la producción. A eso sumó la necesidad de precios diferenciales para Misiones, considerando el impacto que tuvo la represa de Yacyretá en la provincia, medidas que dependen exclusivamente del Estado nacional.

Otro punto señalado fue el ingreso de productos forestales importados, como muebles provenientes de China, e incluso la posibilidad de importar viviendas industrializadas. “¿No les parece que así la competencia deja de ser justa?”, planteó el empresario. 

El ex tenista libertario, locuaz en las redes sociales, se quedó sin respuestas y apenas atinó a decir que una baja de impuestos “lleva tiempo”.  El ingeniero retrucó con una evidencia: si se hicieron miles de reformas con velocidad, ¿por qué ahora la baja de impuestos necesita paciencia infinita? En 30 años, espera Milei, Argentina será potencia. 

La producción yerbatera también da muestras de un hastío inaguantable: el viernes en Campo Viera hubo un encuentro dominado por la tensión en contra de la desregulación impuesta por Milei. Los productores firmaron un petitorio que exige la urgente definición de un precio justo para la hoja verde y amenaza con un cese de cosecha por tiempo indefinido si no hay respuestas concretas. Los productores coincidieron en que la promesa de libre oferta y demanda no se cumplió. “No funcionó. Solo provocó concentración y ahora quieren instalar una sobreoferta mayor a la real. El INYM tiene que recuperar sus herramientas de control para garantizar un precio justo”, expresó uno de los presentes. El malestar creció cuando se consultó por soluciones concretas y desde el organismo se respondió: “Desde Nación decidieron bajar línea y no responden. Hay que ser realistas”.

Jorge Haddad, representante por la producción en el Instituto Nacional de la Yerba Mate fue terminante en cuanto a las posibilidades de dar respuestas a los productores: “No hay novedades respecto al precio. Nos gustaría poder decir lo contrario, pero no es así. Vinimos a dar la cara y a explicar lo que está pasando. Estamos con las manos atadas”.

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Milei, Trump, Davos y las advertencias que vienen de Auschwitz

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El ingreso de Javier Milei al llamado “Consejo de la Paz” impulsado por Donald Trump no es un gesto aislado ni meramente simbólico: confirma una arquitectura de alineamientos internacionales en la que convergen la alt-right estadounidense, los libertarios europeos, el sionismo ultra, los think tanks antiestatales y la nueva derecha financiera global. Ese campo comparte —más que una doctrina coherente— una pulsión: la demolición de la institucionalidad democrática, el vaciamiento del Estado en favor de corporaciones y fondos, la guerra cultural permanente y un desprecio reaccionario por los consensos internacionales nacidos de la posguerra.

La escena de Milei en Davos fue la puesta en público de esa apuesta: una arenga contra “el colectivismo”, un elogio casi religioso del mercado y una negación explícita de los dispositivos que sostuvieron durante décadas el pacto democrático occidental: derechos, regulación, seguridad social, ciencia, educación pública. La paradoja mayor: que el discurso anti-Estado se pronunciara en el foro donde los estados y las corporaciones negocian, justamente, los términos concretos de la gobernanza global.

En la misma semana en que se invocan estas novedades de la geopolítica reaccionaria, el 27 de enero vuelve a traer a la memoria la liberación de Auschwitz. No como efeméride distante, sino como recordatorio de que la crisis económica, la humillación social, el nacionalismo identitario y la desdemocratización pueden cristalizar —y cristalizaron históricamente— en formas de violencia masiva, exterminio y disciplinamiento extremo. Fue el Ejército Rojo quien abrió las puertas del campo: no lo hizo el mercado, no lo hizo la “mano invisible”, lo hicieron soldados que arrastraban sobre sus espaldas el costo material y humano de frenar al nazismo en Stalingrado y Kursk. La victoria antifascista fue estatal, militar y política; nunca un fenómeno “libertario”.

Hoy, el negacionismo mutó. En lugar de negar el gas Zyklon B, niega la historia, niega el Estado como garante de derechos, niega la desigualdad como tema político, niega el propio concepto de humanidad compartida. Se presenta como “libertad”. En realidad, vuelve a instalar la idea del “descartable”, la noción de que algunos merecen derechos y otros apenas sobrevivencia, que hay quienes pueden vivir sin Estado porque cuentan con capital, contactos o apellido. En su versión más extrema, esa lógica termina justificando guerras punitivas, muros, deportaciones, encarcelamientos masivos y la privatización del mundo.

Milei no llega solo a esos espacios. Llega en nombre de un proyecto que en Argentina se traduce en empobrecimiento súbito, pérdida salarial, desregulación del trabajo, privatización simbólica del sentido común y represión a las resistencias sociales. Nada de eso es neutro, y nada es inconexo con Trump, con Netanyahu, con Meloni, con Vox y con el ecosistema de laboratorios ideológicos que hace rato experimenta con democracias degradadas y sociedades fragmentadas.

Recordar Auschwitz el 27 de enero no es un ejercicio museístico. Es mirar el presente con la conciencia de que los fascismos no vuelven idénticos, pero vuelven cuando se combinan crisis económicas, resentimiento social y discursos que reducen la vida a mercancía. Y que vuelven cuando el mundo mira para otro lado mientras se desarman los pocos diques que impiden que la barbarie se convierta en política de Estado.

La historia también enseña otra cosa: los fascismos no se derrotan con silencios ni con tecnicismos. Se derrotan con organización, con claridad política y con la negativa a naturalizar la desigualdad como destino. En los años 30, el fascismo avanzó mientras las democracias discutían modales; cuando finalmente entendieron de qué se trataba, ya había cámaras de gas y millones de muertos.

Recordar Auschwitz es advertir que la barbarie no aparece de un día para el otro: se ensaya, se legitima, se vota, se aplaude y se financia. Y que cuando llega, llega con leyes, con jueces, con mercado y con propaganda. Milei, Trump y esa constelación reaccionaria global no hablan de “paz”: hablan de disciplinar al débil, desmantelar al Estado y dejar que el mercado decida quién vive bien, quién sobrevive y quién sobra.

Contra eso no alcanza la retórica ni la nostalgia democrática: hace falta voluntad para confrontar. Porque si algo enseñó Auschwitz es que la humanidad puede caer muy bajo cuando se la deja sola frente a la ley del más fuerte. Y que la única paz digna es la que garantiza derechos, igualdad y memoria. Todo lo demás es la previa al desastre.

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Urge nacionalizar las Fuerzas Armadas, tercera parte

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Fuerzas de Defensa o tropas de ocupación al servicio de la antipatria

Desde la revolución fusiladora hasta el “proceso”.

El muy cruento golpe de Estado de 1955, tuvo al menos dos prolegómenos, que anunciaban las fuertes reacciones de sectores de las FFAA muy vinculados o cooptados por la oligarquía tradicional, la cual a su vez históricamente muestra marcada afinidad, rayana en la subordinación explícita, respecto a los mandatos emanados del Reino Unido; y subordinación total a EEUU en las últimas décadas.

En 1951 el General Benjamín Menéndez lideró un alzamiento, que fue rápidamente sofocado.

En junio de 1955, aviones de la Marina, secundados por algunos de la Fuerza Aérea, perpetraron el vergonzoso bombardeo de Plaza de Mayo, en el cual masacraron con alevosía al propio pueblo, provocando numerosas muertes, mutilados y heridos; incluyendo un impacto directo en un ómnibus que llevaba escolares, falleciendo todos ellos.

Posiblemente en la Historia Mundial no se registre otra acción de similar cobardía, crueldad y desprecio por el propio pueblo, como lo hicieron en ese vergonzoso bautismo de fuego esos pilotos y sus apoyaturas en sus bases.

Uno de los aviones atacantes fue tripulado por un civil -Zavala Ortiz-, quien después sería ministro del gobierno radical de Illia, y personaje relevante en los largos períodos de gobiernos pretorianos y los de “democracia condicionada” por la exclusión del peronismo.

Hubo aviones leales al gobierno, que dilataron y seguramente hicieron abortar más oleadas de bombardeos a Buenos Aires. Cobró relevancia el accionar del piloto leal Ernesto “Muñeco” Adradas, quien enfrentó a los agresores, logrando el derribo de uno de los bombarderos genocidas.

Ese deleznable accionar por parte de sectores de las Fuerzas Armadas, rápidamente fue minimizado y luego ocultado, para desconocimiento programado de las siguientes generaciones de argentinos.

En setiembre de 1955 se dio el golpe de Estado, auto denominado por los perpetradores, como la Revolución Libertadora, el cual tuvo en la Marina un rol preponderante.

Como se había detectado que el alzamiento era muy probable, las naves de la Marina fueron dejadas sin municiones y con escaso combustible.

Pero en alta mar, las naves insurrectas fueron abastecidas por la Royal Navy, de combustible y municiones. Prueba irrefutable del accionar intervencionista de la marina imperial. Circuló la versión que Churchill festejó el derrocamiento de Perón.

Un alevoso atentado contra el patrimonio y la dignidad nacional, fue el bombardeo por parte de buques insurrectos, contra los depósitos de combustibles en Mar Del Plata; y la amenaza principal de los alzados era destruir la refinería de La Plata, de enorme importancia para Argentina, siendo por esos años la mayor de Sudamérica.

Esos hechos son demostrativos del nulo patriotismo puesto en evidencia por los instigadores y perpetradores del golpe de Estado.

En cuanto a las motivaciones sociales de los golpistas, cabe recordar que el Contraalmirante Arturo Rial expresó las retrógradas intenciones de abortar toda movilidad social ascendente, con su vergonzosa opinión cargada de clasismo: “sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”.

Claramente, ese deleznable pensamiento, está en línea con las ideas fuertemente clasistas, no exentas de dosis de racismo, de la oligarquía tradicional, como también coinciden con el cerrado anti industrialismo practicado por los usurpadores del poder formal.

Apenas perpetrado el golpe de Estado de 1955, dentro de las FFAA se practicó una fuerte exclusión de todos sus integrantes que mostraran afinidades con el sector Nacional y Popular, y en particular, del peronismo. Los uniformados identificados con el peronismo, fueron expulsados de Las Fuerzas, y muchos de ellos soportaron encarcelamientos y malos tratos.

Cabe considerar que “la fusiladora” marcó el inicio informal pero muy claro, del “partido militar liberal”, el cual define en forma excluyente el “pensamiento militarmente correcto” establecido cuan dogma indiscutido de fe, para los uniformados.

1955 significó el comienzo de la proscripción del peronismo, por 18 largos años, en los que hubo gobiernos militares, y civiles de “democracias condicionadas” bajo la sombra omnipresente del poder pretoriano, de crudo perfil “gorila”, concepto que define al visceral antiperonismo violento. Todo eso con los apoyos de la oligarquía tradicional y sectores afines.

Fueron 18 años de imposición forzosa casi ininterrumpida del poder político – económico liberal, doctrina que es un poderoso instrumento de sumisión a los grandes poderes financieros transnacionales.

En 1956 un levantamiento cívico militar de clara orientación nacionalista, fue duramente reprimido, fusilándose al General Juan José Valle, al Teniente Coronel Lorenzo Cogorno, y perpetrándose fusilamientos masivos en Lanús y en los basurales de José León Suárez.

Una anécdota que muestra el grado de soberbia y miserabilidad de los usurpadores del poder, fue la negativa del presidente de facto Aramburu, a recibir a la esposa del General Valle, quien previsiblemente quería pedir clemencia. El guardia que impidió el paso a la dama, tuvo la excusa de “el general está durmiendo”. Aramburu no tuvo el coraje ni la dignidad de recibir a esa dama.

Ese gobierno, de Aramburu e Isaac Rojas, con el beneplácito de la Sociedad Rural y otros entes empresarios ultra conservadores, aplicó medidas económicas anti industriales, buscando volver al inviable país granja de años del Centenario.

Cancelaron líneas de producción de automotores, que eran producidos por el complejo industrial estatal radicado en Córdoba. En los hechos maltrataron a la empresa Mercedes Benz, que iba a concretar una importante inversión para producir camiones y ómnibus, la cual esa empresa desvió hacia Brasil, de donde importaríamos después los vehículos que deberían haber sido de industria argentina.

La empresa IKA, creada poco antes del golpe de 1955, no habría tenido mayores inconvenientes, presumiblemente por ser parte de su capital de propiedad de la empresa norteamericana Kaiser, y por esos años los sectores ultra conservadores de Argentina, mostraban mutar de la alineación subordinada al Reino Unido, volcándose hacia el poder de EEUU.

En 1958 hubo elecciones, que ganó Arturo Frondizi, creando un partido que se desprendió del tronco del radicalismo “ortodoxo”, llamado UCRI.

Hubo un pacto entre Perón y Frondizi, por medio de sus delegados A. Jauretche y R. Frigerio, por el cual el proscripto peronismo dio sus votos al que sería nuevo presidente. Pero Frondizi no cumplió, al no aplicar una política económica similar a la vigente en el período peronista. Con ello, Frondizi quedó careciente de apoyatura política, siendo permanentemente jaqueado por planteos militares de clara catadura “gorila”, a lo que se añadía la fuerte oposición del radicalismo tradicional.

Un nuevo golpe militar, en 1962, derribó al frondizismo, antes de cumplir cuatro años en el gobierno. Fue otro golpe de Estado claramente vengativo, encarcelando sin probar delitos o con procesos manipulados, tanto a Frondizi como a diversos otros funcionarios, a lo ancho y largo del país.

Pese a esas limitaciones de poder político real, Frondizi dio fuerte impulso a la producción petrolera, alcanzando el autoabastecimiento (que se perdería poco después), y dio muy fuerte impulso a la industria automotriz y a la producción de tractores, cuyos efectos positivos permanecieron, pese a sucesivos gobiernos de orientación liberal.

Cabe señalar que entre 1957 y 1960, con muy poca difusión, hubo instructores de las Fuerzas Armadas de Francia, “capacitando” a sus pares locales, en técnicas de “interrogatorios forzosos”, con las metodologías aplicadas en Argelia, cuando los franceses intentaron impedir la independencia del país norafricano.

Alrededor de 1960, probablemente con el activo accionar del “General de empresa” Alcides López Aufranc (por varios años gestionó Acindar), impulsor de cambios acentuados en las FFAA, la Doctrina de la Defensa Nacional dejó de ser prioritaria, poniendo en su lugar a la doctrina de la seguridad nacional, cuya excluyente prioridad es defender al sistema, cuyos enemigos son -en esa visión particular-, el comunismo y la subversión.

Ese profundo cambio de objetivos básicos de las FFAA, se complementó para peor, con los muy escasos o nulos conocimientos de Geopolítica, Historia y Economía, impartidos en los Institutos de Formación Militar. Eso dio lugar a aberraciones, como la de “sentirse consustanciados totales” (subordinados explícitos) a EEUU y al bloque “libre, occidental y cristiano” (que no es ni libre, ni occidental ni menos aun cristiano).

Preludiando mayor violencia, se estaban gestando grupos guerrilleros, que provocaron atentados e intentos de establecer “focos liberados” (teoría foquista, de Regis Debray); y todo eso llevaría a los años de violencia exacerbada, en un contexto similar a una guerra civil, cuyo objetivo último era destruir los notables avances logrados por Argentina desde 1946 en adelante, según la clara definición del británico Harry S. Ferns. Los odios profundos que produjo todo eso, lamentablemente perduran.

En 1963 se volvió a convocar a elecciones, con las que llegó a la presidencia Arturo Umberto Illia, de la UCRP (radicalismo “ortodoxo”), con muy bajo porcentaje de votos, pues Perón dio instrucciones a sus partidarios, de votar en blanco.

Sin dejar de lado que el gobierno de Illia fue otro de “democracia condicionada” por la proscripción del peronismo, se le atribuyen méritos destacables, como la honestidad, prolijidad de sus acciones, logrando crecimiento económico. Pero incluyó personajes muy discutibles, como Zavala Ortiz.

Illia fue depuesto por otro golpe de Estado, esta vez encabezado por el General Onganía, en 1966, comenzando otro período militar, inicialmente pensado para retener el poder por largo tiempo. Pero los alzamientos populares, en particular el Cordobazo (1969), produjeron cambios, entre ellos dos sucesivos reemplazos presidenciales, con los Generales Levingston y Lanusse, en el cargo.

En 1973, Lanusse se vio forzado a llamar a elecciones sin proscripciones, con lo cual el peronismo se impuso por amplio margen.

Cabe precisar que el gobierno de la autodenominada Revolución Argentina, se diferenció claramente de las asonadas militares de 1955 y de 1976, pues a diferencia de ellas, no aplicó excluyentes políticas de liberalismo económico, posiblemente por las influencias de personalidades identificadas con el Pensamiento Nacional, como el economista Aldo Ferrer, y el especialista en Geopolítica General J.E. Guglialmelli, los que habrían neutralizado en buena parte el accionar liberal que tenía a Krieger Vasena como su exponente más visible.

Caben destacar las fuertes inversiones en grandes obras públicas, como caminos; el Complejo Hidroeléctrico Chocón – Cerros Colorados; el llamado Plan Europa, para reequipar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, con fuertes inversiones en equipamientos producidos acá, y los desarrollos locales de materiales de defensa, como los aviones Pucará; y también los fuertes impulsos a la industria y a los entes tecnológicos, en particular el nuclear, comenzándose Atucha 1. Muy diferente a las destrucciones del sistema neoliberal que perpetraría el “proceso”, siguiente golpe de Estado, que se dio después del interregno del Tercer Gobierno Peronista.

Hubo tres presidencias, en el tercer período presidencial peronista; de Cámpora, Perón, y María Estela Martínez de Perón.

Los indicadores económicos y sociales fueron buenos, continuando el desarrollo. La desocupación era considerada “friccional” (no era crónica ni grave), del orden del 4 %, y el PBI aumentaba, oscilando en el 4 % anual acumulativo.

Pero a los serios problemas que ocasionaba el accionar violento de las extremas izquierdas (siempre funcionales a los sectores antinacionales), se agregaban las tareas de zapa para crear descontento general, buscado eso por los sectores oligárquicos antinacionales.

Fallecido Perón el 01/07/74, hubo claramente un vacío de poder. Antes de transcurridos dos años, se perpetró otro golpe de Estado, el cual tuvo desastrosas consecuencias, al meternos a punta de bayonetas, en el perverso sistema socio económico neoliberal; de lo cual aún hoy, la mayoría de los uniformados no tienen ni idea, a consecuencia del cerrado adoctrinamiento antinacional, con ignorancias casi totales en Historia, Economía y Geopolítica, que sigue vigente.

Se ampliará el tema en la cuarta parte.

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