ENTREVISTAS

El negocio que todavía no se ve: lo que la ciencia puede extraer de la yerba mate

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La yerba mate despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y hace hermanas a las gentes que no se conocen, escribió Eduardo Galeano, y sintetizó con belleza lo que cualquier bebedor sabe: el mate tiene magia. Pero lo que no es tan conocido es que el mate también tiene ciencia, mucha ciencia, que está en las reacciones químicas que se producen en el cebado, en sus efectos sobre nuestras neuronas, en los sabores que puede agregar a nuestras comidas. Así comienza el libro del científico Juan Ferrario y la sommelier del mate, Karla Johan.  

Desde el rescate de su reputación frente a acusaciones de potencial riesgo cancerígeno, hasta la identificación de compuestos con alto impacto en la salud, Ferrario propone mirar al mate desde el laboratorio.

El título de tu libro propone mirar el mate desde la ciencia. Se dice que tiene muchas virtudes, pero empecemos por los detractores, que aseguran que tiene riesgo cancerígeno ¿Cuál fue el punto de partida?
El disparador fue un viejo debate: la temperatura del agua y el supuesto vínculo con el cáncer. Ese tema llevó a retomar el diálogo entre ciencia y mate, una relación que existe desde los orígenes. Desde la época jesuítica hubo ciencia aplicada al cultivo: los jesuitas desarrollaron técnicas para que los guaraníes pudieran plantar yerba cerca de sus poblados, con un impacto económico enorme. Pero esa unión ciencia-mate tuvo altibajos en la historia.

En 2005, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) incluyó al mate entre las bebidas “potencialmente cancerígenas”. El argumento era que se consumía a temperaturas muy altas. Nelson Bracesco, investigador uruguayo, lo dijo claramente: “Esto pasa porque no se investiga y no se muestra la evidencia”. La clave era demostrar que la temperatura real en el consumo estaba por debajo del umbral de riesgo.

¿Cómo se hizo esa comprobación?
El ingeniero químico Miguel Schmalko y la doctora Ana Thea, en Misiones, desarrollaron un sistema para medir la temperatura en distintos puntos del recorrido del agua dentro del mate. Con agua a 75-80°C en el termo, detectaron que al salir por la bombilla no superaba los 60°C, muy por debajo de los 65°C que la IARC fija como límite para considerar una bebida riesgosa. Esa evidencia permitió que el mate fuera retirado de la lista de bebidas potencialmente cancerígenas. Fue un punto de inflexión: con ciencia, el mito se derrumbó. La ciencia trata de mostrar la verdad y ese hecho era irrefutable. Cualquiera podía medir la temperatura en el agua. 

También se habló de riesgos por el secado tradicional con humo…
Sí, se discutió la presencia de benso(a)pirenos -un hidrocarburo aromático policíclico (HAP) clasificado como carcinógeno humano-, residuos de combustión. En la técnica tradicional de barbacuá podían quedar trazas de ceniza. Si bien estudios mostraron que no eran solubles en agua y que la cantidad era muy baja, la exportación a Europa exigió eliminarlos. Esto aceleró la adopción de métodos de secado sin humo. Hoy, incluso, hay procesos que mejoran el sabor, como el sapecado con hornos desde abajo. 

¿Y qué dice la ciencia a favor del mate?
Muchísimo. Cuando conocí a Nelson en 2018, él ya era la figura referente en investigación del mate. Y en un congreso en que se estaba diciendo todo lo bueno del mate, le dije que esto no era creíble, que la gente iba a decir que la yerba era el nuevo aloe vera con todas esas propiedades. Y Nelson me dice que no, que esto hace bien a las células y si hace bien a las células, hace bien a todo el organismo. Era encontrar eso, ¿qué es lo que hace bien? Hay dos elementos. Uno es el efecto antioxidante, que viene de la mano de los polifenoles. Desde hace tiempo se sabe que es una de las bebidas con mayor concentración de polifenoles, compuestos antioxidantes que contrarrestan el estrés oxidativo. Se habla mucho del estrés oxidativo, pero no es un término que para los no biólogos o médicos sea natural. Muchos en óxidos deben pensar en un hierro que se va oxidando, no tiene nada que ver con eso. La oxidación es un proceso secundario de la respiración celular, que ocurre todo el tiempo, porque lo necesitamos para estar vivos. Como fenómeno secundario genera una molécula que no es agua, es peróxido de hidrógeno que tiene radicales libres. Radicales libres son cargas eléctricas. Esas cargas eléctricas se pegan a otras moléculas y hacen que funcionen mal. Entonces, la célula tiene mecanismos para contrarrestar esas cargas eléctricas. Pero a veces no da abasto. Eso es el estrés oxidativo. Con el agregado de antioxidantes externos, se ayuda a las células. Cuando las células no logran neutralizar los radicales libres que afectan su funcionamiento, ese proceso se asocia a enfermedades crónicas, cáncer y trastornos neurológicos. El mate aporta antioxidantes externos que ayudan a las células a mantener su equilibrio.

Pero lo más interesante es uno de esos polifenoles: el ácido clorogénico, que dispara el metabolismo, que es como las células organizan su energía, porque la falta de energía es una de las principales causas de muerte celular. Y entonces aparece el ácido clorogénico con mucho énfasis y acá yo voy a decir “por suerte”. Por suerte el café también tiene mucho ácido clorogénico y entonces hay mucha gente en el mundo que lo empezó a estudiar. El mate es el alimento con mayor concentración de este compuesto, junto con el café. El ácido clorogénico regula el metabolismo celular y mejora el uso de energía, algo vital para las neuronas, que no se reproducen. Esto abre perspectivas en la prevención o el retraso de enfermedades neurodegenerativas como Parkinson o Alzheimer.

¿El mundo está mirando al mate como objeto de estudio?
En realidad, está mirando al ácido clorogénico, como un principio activo del café porque también lo tiene en abundancia. Esa coincidencia nos beneficia: la investigación global sobre este compuesto fortalece nuestra evidencia. En nuestro laboratorio trabajamos sobre su efecto en neuronas y los resultados son muy alentadores. Vemos mejoras en la regulación del metabolismo, como las neuronas pueden distribuir su uso de la energía celular y en la resistencia a daños que, con el tiempo, llevan a la muerte neuronal. 

Ahí la yerba puede ayudar…
Ahí puede ayudar. 

¿La industria se da cuenta de eso?

No, no, absolutamente no. La industria todavía no la vio. Si algo tenemos los que estamos en el mundo científico es que estamos unos pasos adelante porque estamos viendo los resultados y porque lo que yo estoy contando son resultados que salen de nuestro laboratorio y que no aparecen todavía públicos, no son públicos porque no los terminamos. 

Pero tiene un valor económico enorme. 

El ácido clorogénico, porque yo me estoy metiendo el ácido clorogénico como preventivo de enfermedades neurodegenerativas porque es mi tema de trabajo.

Pero el ácido clorogénico es, además, y por el mismo mecanismo que favorece a las neuronas, es además la molécula que evita la obesidad. No es un adelgazante en general. En realidad evita acumular grasas. Entonces, evita la obesidad. Termina resultando como un adelgazante. Pero todavía nadie está diciendo desde la industria o el INYM, “extraigamos ácido clorogénico de la yerba”. Hace poco en uno de los webinarios del INYM la doctora Sandra Guerrero, mostró una técnica para sacar ácido clorogénico de los palos que terminan siendo desechados. Da bronca encontrar en las farmacias productos naturales enriquecidos con ácido clorogénico importados y extraídos de té verde. La industria no la ve. Yo no soy, con mi mentalidad científica, experto en pensar los negocios. Pero se los estamos diciendo, ahí hay una posibilidad.

¿Y qué productos se pueden elaborar con esto?

Píldoras que podés agregarlas directamente a tu dieta, como se toman las vitaminas, por ejemplo. Si bien vos podés obtener los beneficios del mate, podrías obtenerlo directamente tomando una pastilla. Hay hay grupos japoneses que han hecho experimentos interesantes con yerba mate. Con polvo de yerba le hacen tomar a las personas porque no querían tomar en otras en otras variantes, y es efectivo igualmente. Así que se pueden generar compuestos, comprimidos y no tan costosos.

Otros principios activos de la yerba mate pueden aumentar la variedad de opciones. No quedarse solamente con la cafeína y el efecto energizante, sino a pensar en otras variantes.

¿Productos de belleza?

Se que sirve, pero no me metí tanto en el detalle. Como soy fisiólogo, me metí más en el funcionamiento fisiológico. Sé que sirve, que se usan, pero en ese caso de manera dérmica, es decir, las cremas. Lo que escuché es que son beneficiosas.

El camino de esta investigación se cruzó con la figura del premio Nobel Bernardo Houssay, el científico más importante de la historia argentina. 

¿Qué significó para tu trabajo saber que un premio Nobel también estuvo buscando los beneficios de la yerba?

Cuando empecé a trabajar con yerba mate me decían que era pseudociencia. Lo mismo que le pasó a Houssay décadas antes, cuenta entre risas. Fue una reivindicación. Para ambos. 

La búsqueda de documentos sobre los estudios de Houssay en yerba mate fue una aventura casi detectivesca: cartas olvidadas, bibliotecas, museos y hasta un coleccionista que guardaba el material sin saber muy bien qué hacer con él. “Fue un hallazgo completamente fortuito. Encontramos 114 cartas, 28 reportes científicos, dibujos originales, bibliografía recopilada… Un tesoro que estaba a punto de quedar para siempre en la oscuridad”, relata.

Gracias al trabajo de su equipo y al apoyo de la Facultad, todo ese material fue digitalizado y está disponible para el público, cumpliendo el deseo que el propio Houssay dejó escrito en varias cartas: “Esto se tiene que saber”.

Aunque su tema principal de investigación es el Parkinson, la yerba mate ha ido ganando cada vez más espacio en su agenda científica. “Hoy diría que el 70% de mi trabajo está dedicado a la yerba mate. Y creo que voy camino a dedicarle el 100%, porque lo que encontramos es mucho más trascendente de lo que imaginaba”, reconoce.

También se ha convertido en un divulgador apasionado. “Es parte de nuestra labor como investigadores. No basta con que la ciencia avance si no se lo contamos a la gente”.

¿A qué edad comenzar a tomar mate? Para la respuesta, se remite a la evidencia internacional: nada de cafeína antes de los 12 años y, entre los 12 y los 18, no más de 100 mg diarios (el equivalente a un mate cebado con yerba común). 

“La cafeína en dosis moderadas no genera adicción ni cambios permanentes en el cerebro, pero hay que ser prudentes con los niños”, advierte.

A título personal, confiesa que toma entre tres y cuatro mates por día y que el café casi no forma parte de su dieta. “El café es el demonio”, bromea.

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El fueguito que inspira: Luisina Portillo y un diseño que es marca registrada

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Luisina Portillo se acuerda de su anécdota fundacional como si hubiera pasado ayer. Estaba en la facultad cuando surgió una beca de investigación sobre yerba mate. Pero ella, que ya venía obsesionada con el mundo del té, pidió permiso para torcer el eje. Y lo logró. “Fui caradura”, dice riéndose. Propuso estudiar diseño para marcas de té y se metió entre profesionales siendo apenas estudiante. Lo que vino después fue un camino de construcción propia, mezcla de talento, coherencia ética, pasión por el oficio y también -como reconoce- un poco de suerte.

Hoy, con 35 años, es socia de Portillo&Partners, una de las agencias más activas en el rediseño de marcas misioneras del agro, con clientes como yerba Primicia, yerba Andresito, Don Basilio, la Ruta del Té y proyectos de packaging premiados a nivel nacional. Vive en Posadas, está casada con Jorge -“yo era la que no se iba a casar nunca”, se ríe- y tiene un hijo, Luca, de seis años.

Pero su primer trabajo importante, recuerda, no fue en Misiones. Ni siquiera en Argentina. “Apenas me recibí conseguí trabajo en Paraguay, con una familia que era accionista de varias empresas. Iba a Asunción, a Ciudad del Este, trabajaba remoto, hasta que me quisieron llevar para allá”. A ella no le interesaba mudarse, pero ese inicio fue clave. “Allá valoran muchísimo que hayas estudiado en una universidad pública argentina. Me trataron con un respeto enorme”. 

Mientras seguía conectada a Paraguay, comenzó a buscar clientes en Misiones, decidida a armar su camino desde casa. “Arranqué remando en dulce de leche repostero. Después llegó Primicia, que fue mi primera cuenta grande. No tenían nada en entorno digital. Hoy trabajamos hace siete años con ellos”. Desde entonces, las recomendaciones se encadenaron: Adolfo Sartori, Ruta del Té, Don Basilio. “Fue una construcción orgánica. Nunca salí a venderme. De hecho, siempre me costó mostrar lo que hacemos. Este año nos propusimos cambiar eso: dar charlas, dar notas. Porque laburamos un montón y nadie lo sabe”.

Portillo&Partners tiene actualmente un equipo de siete personas. Ella es la cara visible, pero remarca: “El equipo es todo. Cada una tiene un rol importante. A mí me toca hablar con los clientes, pero sin ellas esto no existe”.

Una campaña nacional nacida en Misiones

Uno de los hitos más resonantes de los últimos años fue la campaña nacional de Don Basilio, protagonizada por el conductor Joaquín “Pollo” Álvarez. Luisina cuenta que el equipo de Portillo&Partners diseñó la campaña: la pensó, la planificó, la dirigió y la ejecutó desde Misiones. “Viajamos a Buenos Aires para filmar, sí, porque el Pollo estaba allá y teníamos un equipo de producción allá. Pero toda la estrategia, el concepto, la idea creativa, los guiones, el diseño gráfico… todo se hizo acá”.

La campaña fue pensada para posicionar a Don Basilio como una marca de yerba mate contemporánea, cercana, auténtica, con una fuerte identidad misionera pero proyección nacional. Hoy, las piezas gráficas están empapeladas en Buenos Aires: estaciones de subte, carteles en la vía pública, marquesinas. “Está en todo el país, pero Buenos Aires está literalmente empapelado. Es muy loco pensar que eso salió de acá”, dice. Y agrega: “Para nosotras fue un antes y un después. No solo por la escala de la campaña, sino por el mensaje que manda: desde Misiones se pueden hacer cosas de primer nivel”.

La campaña, que comenzó en marzo de este año, está vigente hasta diciembre y tiene objetivos mensuales claramente definidos. “No es solo una tanda de publicidad. Es gestión estratégica de marca. Es acompañar al cliente en su crecimiento”, explica.

Marcas con historia real

Luisina habla de diseño como un eslabón de una herramienta de gestión. Y también con una firmeza ética. “No vendemos humo. Si tu producto no tiene una historia real, no podemos inventarla. Esa idea de marcas con propósito está buenísima, pero primero hay que ver si hay un propósito genuino detrás. Nosotros trabajamos con productos que tienen sentido”.

Hoy asesoran desde grandes cooperativas como Andresito hasta emprendimientos pequeños. “Hay proyectos que son desafiantes por volumen, por precio, por escala. A veces hacemos todo y no lo podemos mostrar hasta dos años después, cuando sale al mercado. Pero así es esto: hay que acompañar los tiempos del cliente”.

Su mirada destacaba incluso cuando era estudiante. Cuando estudiaba, consiguió una beca para un proyecto de investigación para la yerba, que ella transformó en uno para el té. “Haber nacido en un lugar como Campo Grande me marcó, porque mi papá es técnico agrónomo y siempre tuve vinculación con la chacra. Me gusta mucho el té. Tomo hebras todos los días. Cuando estaba en segundo año de la facultad hinchaba con el té. Miraba los paquetes en la góndola y decía, ¿por qué no hay un té con diseño y packaging que sea de calidad? Con lo que significa el té. En tercer año había un proyecto de investigación en la facultad vinculado a la yerba mate, no era el té. Y había becas de investigación abiertas. Le digo al director de la carrera: “¿No podemos ver la metodología y que yo pueda hacer lo mismo, pero vinculado al té?”. Me aprobaron y empecé a trabajar, metida entre todos ya profesionales”.

“En cuarto año teníamos temas para elegir para la tesis y me acuerdo que los profes me decían: “Luisina  ¿va a hacer ya algo para el mercado real? ¿Por qué no hacés algo más sencillo?” Para todavía no darte contra la pared.  Y no. Yo quería hacer sobre el té. “El especialista en té, Helmut Kummritz era compañero de trabajo de mi papá e hice un proyecto de té gourmet con su ayuda. Ese diseño ganó en 2016 el Sello de Buen Diseño. Después llegarían otros premios con la Ruta del Té (2020, 2023) y Primicia (2021). Aunque admite que los premios no la desvelan: “Lo importante es que el cliente diga ‘gracias a ustedes crecí’. Eso vale más que cualquier trofeo”.

Luisina defiende el diseño misionero con entusiasmo. “Acá hay equipos muy buenos. Siempre digo que también depende de nosotros, los profesionales, visibilizar lo que hacemos. Mostrar que desde acá se pueden hacer campañas nacionales”.

La comparación con Buenos Aires aparece inevitablemente, pero Luisina le encuentra la vuelta. “Allá hay más recursos, más demanda, más especialización. Pero acá tenemos otra cosa: cercanía, vínculo, acompañamiento real. Acá no sos uno más”.

También advierte una transformación en las empresas locales. “Se está dando el recambio generacional. En varias marcas ya hay gente joven que entiende la necesidad de actualizarse. Saben que si no cambian, pierden mercado. El diseño ya no es un lujo, es una necesidad”.

Inspiración, vínculos y fueguitos

A la hora de buscar inspiración, Luisina no mira solo tendencias. Mira la vida. “Cuando estoy bloqueada hago un fueguito (para el asado), salgo a caminar, me siento en la Costanera. Descubrí que dormir bien, compartir tiempo con mi hijo, me conecta con la creatividad. No soy solo diseñadora. Soy mamá, soy mujer, soy persona. El equilibrio en la vida real es clave para ser mejor profesional”.

Y en su historia, los vínculos fueron tan importantes como el trabajo. “Yo me quería ir del país. Estaba buscando oportunidades, viendo afuera. Y me enamoré. Jorge era primo de mis amigas. ¡No lo podía creer!”. Pero sin su ayuda y respaldo, dice orgullosa, hubiera sido difícil avanzado tanto.

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Guillermo Fachinello: “Necesitamos una mirada distinta para las economías regionales”

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Guillermo Fachinello no necesita levantar el tono de voz para reflejar la gravedad del momento. Presidente de la Asociación de Productores Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones (Apicofom) y también al frente de la Confederación Económica de Misiones, su doble rol le permite una mirada integral sobre el complejo entramado productivo de la provincia, con foco en la forestoindustria, uno de sus pilares históricos.

Sentado en las oficinas de la Apicofom, donde lo que abunda es madera, Fachinello no esquiva el diagnóstico: “Estamos viviendo momentos muy difíciles desde que se paralizó la obra pública, que tracciona más del 70% de la producción del sector hacia el mercado interno”.

“Siempre intentamos mejorar, capacitarnos, ser más eficientes, pero el contexto actual no lo permite. El parate de la obra pública, la inflación en dólares, el aumento del combustible y la presión fiscal municipal aparecen en su relato como una tormenta perfecta. El gran desafío nuestro es exportar mucho más, pero con este dólar es muy complejo. Tenemos que afinar muchísimo el lápiz”, explica. 

En un contexto donde la rentabilidad promedio de una operación de exportación ronda el 4 o 5%, cualquier pequeña traba golpea con fuerza.

A esto se suma otro golpe reciente: “Habíamos logrado achicar la brecha de precios del combustible con Buenos Aires, pero ahora volvimos a los valores históricos. Subió más en Misiones que allá, y eso nos pega muy fuerte”.

Desde su rol en la Confederación Económica, Fachinello participa activamente de gestiones a nivel nacional. Sin embargo, admite frustración: “Vamos, presentamos números, pero siempre priorizan el déficit cero. Necesitamos una mirada distinta para las economías regionales. No se habla de la madera, del té, de la yerba… sólo de soja y maíz”.

También cuestiona la presión tributaria local: “Los intendentes están tomando medidas muy agresivas. Hay muchas tasas, formas de cobro abusivas y hasta judicializaciones por impuestos municipales”.

Uno de los reclamos históricos del sector es la necesidad de modernizar las leyes laborales. “No puede ser que casi el 50% del sueldo se vaya en aportes. Hablamos de modernizar, no de quitar derechos. Pero así no podemos competir”, señala. 

La comparación con países vecinos es inevitable: “Estamos en desventaja con Brasil, Uruguay y ahora también Paraguay, que está creciendo muy fuerte”. Aunque lo ve más como una oportunidad de cooperación que como una amenaza: “Tuvimos la visita del viceministro de Industria de Paraguay. Están interesados en replicar nuestro modelo, nuestra tecnología. Tenemos que trabajar juntos”.

Frente a un panorama nacional adverso, Fachinello rescata las herramientas que se gestan desde Misiones. Entre ellas, el nuevo programa Ahora Pymes, que ofrece financiación en 12 cuotas sin interés para compras con tarjetas y entre empresas misioneras. “Puede parecer una acción pequeña, pero es muy importante en este contexto. Puede estimular el consumo interno, facilitar alguna inversión, ayudar a reconvertirse”, valora. “También están los créditos provinciales con tasas subsidiadas, que aunque siguen siendo altas, son herramientas valiosas”.

El sector forestal ha sido uno de los que más créditos recibió en los últimos años, tanto en cantidad como en volumen, lo que demuestra su potencial, pero también su fragilidad en contextos como el actual.

Consultado sobre si hay condiciones para nuevas inversiones, es claro: “Hoy nadie está pensando en invertir. Las empresas están consumiendo stock, viendo cómo pagar los aguinaldos. Pero lo que más preocupa es que estamos perdiendo forestación”. 

Y eso compromete el futuro del sector: “Hay que volver a trabajar con herramientas como el Seguro Verde, que no implica nuevos impuestos, sino redireccionar fondos ya existentes”.

Pese a todo, destaca la capacidad de resistencia de la forestoindustria misionera. “No somos multinacionales, pero invertimos en tecnología, en maquinaria, en capacitación. Hay capital humano misionero en industrias de otras provincias”.

En ese marco, se está gestando una agenda federal: “Estamos reunidos con cámaras de todo el país. Queremos entrar en la cadena de valor de la construcción con madera, vincularnos con la minería, con Vaca Muerta”.

Fachinello repite una frase que define el momento: “La crisis nos está uniendo”. Lo dice sin eufemismos, sabiendo que lo que está en juego no es solo la supervivencia de un sector, sino el futuro de una de las industrias madre de Misiones. “Sabemos trabajar. Sabemos competir. Lo que necesitamos es que nos den las herramientas y nos saquen el pie de encima”.

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La palabra bajo ataque: Jésica Tritten y el retroceso comunicacional en la Argentina actual

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“Vivimos una lesión gravísima, no solo del sistema de medios, sino de las condiciones democráticas básicas”, afirma Jésica Tritten, con la claridad y la convicción de quien lleva más de dos décadas pensando la relación entre Estado, medios y ciudadanía. La periodista, productora, exgerenta de Contenidos Públicos y referente del universo audiovisual educativo en Argentina, visitó Posadas para brindar una clase magistral en el marco de la Cátedra Abierta de Educación, Medios y Capitalismo de Plataformas, en el auditorio de la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD).

Tritten es una voz con autoridad, no por pertenencia partidaria sino por experiencia en gestión y conocimiento profundo del sistema de medios públicos. En esta entrevista, que transcurre entre definiciones firmes, advertencias profundas y un optimismo pedagógico, se despliega una radiografía inquietante del presente mediático argentino: concentración, intervención autoritaria, desmantelamiento de contenidos educativos y una creciente precarización del trabajo de prensa.

¿Cómo ves el estado actual de los medios públicos en Argentina?

Hace más de veinte años que estudio la televisión pública y, lamentablemente, hoy no puedo decir nada positivo. No porque no me guste tal o cual programa —eso sería una opinión personal—, sino porque el problema es estructural: la conducción de los medios públicos está absolutamente intervenida. La TV Pública, Radio Nacional, las radios provinciales, las señales educativas como Encuentro, Paka Paka, DeporTV, e incluso la agencia Telam, están bajo control de una única persona. El directorio, que por ley debe contar con representación parlamentaria, no está funcionando. No hay pluralidad. No hay deliberación. No hay control. Solo una figura que toma decisiones administrativas, editoriales y de gestión sobre todo el sistema. Es autoritarismo puro.

¿Qué implica esto para la sociedad?

Es una pérdida gravísima del patrimonio público. Y lo más alarmante es que ni siquiera sabemos la magnitud de esa pérdida. Pensemos en el archivo de Telam, en décadas de materiales audiovisuales educativos validados por el sistema escolar, en el acervo histórico de la televisión pública. Todo eso está ahora bajo llave, sin acceso público, sin transparencia. Es como una quema de libros digital. Y todo ocurre en un marco en el que el gobierno anuncia, sin tapujos, que vino a destruir estas estructuras. Entonces, ¿cómo no interpretar que efectivamente están avanzando en esa dirección?

¿Qué observás en el sector privado?

Una concentración comunicacional cada vez más fuerte. Y lo preocupante es que esa concentración no solo no resiste al gobierno, sino que muchas veces lo acompaña en su orientación económica y discursiva. Hay una sincronía entre el poder político y ciertos conglomerados mediáticos que agrava la situación. El resultado es una herida profunda en la libertad de expresión. Estamos en uno de los momentos más oscuros desde el regreso de la democracia.

¿Cómo afecta eso al ejercicio del periodismo?

Hay autocensura. Por miedo, por desgaste y también por precarización. Hoy un trabajador de prensa necesita tener entre cuatro y seis trabajos para alcanzar la canasta básica. En esas condiciones, es casi imposible sostener una producción periodística de calidad, con tiempo para investigar, contrastar, profundizar. Esto impacta directamente en la calidad democrática. Porque cuando baja la calidad del periodismo, también baja la calidad de la vida cívica. Y esto no es casual: hay una intencionalidad clara de precarizar la palabra.

¿Por qué creés que gran parte de la sociedad tolera o al menos no reacciona ante este retroceso?

No sé si hay acompañamiento consciente. Tal vez haya una resignación, una omisión, un silencio. La historia argentina es compleja. Somos una sociedad que atravesó el horror de los 30.000 desaparecidos. Y aún con todas las responsabilidades claras de los perpetradores, eso dejó marcas. Aun así, hay resistencias activas: en las universidades, en el sistema de salud, en ciertos sectores organizados. Lo que pasa es que, al haber cada vez menos medios con vocación plural, esas resistencias no logran visibilizarse.

¿Es resistencia o reacción?

¿Pero hay resistencia o hay reacción?

Es una reacción a las acciones que hace este Gobierno, de muchísima crueldad. Un Gobierno que además de sacarle derechos a diferentes colectivos, lo hace con mucha crueldad, con mucha crueldad retórica, con crueldad política, con crueldad en las formas. Entonces no creo que no haya resistencia. Quizás, por esto que decíamos antes de de una lesión tan grande de la libertad de expresión, estos colectivos que tienen una resistencia o reacción, como vos decís en algunos casos, no están tan visibilizadas. Creo que este es un año electoral, que hubo algunas palabras respecto de decisiones sobre este Gobierno. Viene una elección muy grande en la provincia de Buenos Aires y lo digo por lo que significa para el porcentaje a nivel nacional. Hay unas primeras respuestas concretas que son las herramientas de la democracia para ver cómo viene. Después, obviamente, seguramente una población muy grande esté de acuerdo con lo que hace este Gobierno, porque no hubiera llegado al poder. Evidentemente tiene una parte de su electorado que que está, para los que fundamenta su política, más violenta, más cruel. Pero me niego a pensar que la Argentina entera sea de esta manera.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, Jésica Tritten es periodista, productora, docente universitaria e investigadora en comunicación. Fue directora de Educ.ar, impulsora de las señales Encuentro y Paka Paka, presidenta de Contenidos Públicos SE y responsable de la creación y gestión de la plataforma Contar. Desde hace años, se ha convertido en una de las principales voces en defensa de los medios públicos, la soberanía audiovisual y la democratización del acceso a la cultura. Su paso por Posadas, en el marco de la Cátedra Abierta de UNISUD, dejó un mensaje tan incómodo como necesario: cuando la palabra se precariza, la democracia también.

Hablaste del “capitalismo de plataformas”. ¿Qué cambios trajo ese fenómeno?

Hasta hace quince años, el conflicto entre gobiernos y medios era entre Estados nacionales y conglomerados locales: Clarín en Argentina, Globo en Brasil, Televisa en México. Hoy, esos conflictos se trasladaron a un nuevo plano: el de las grandes plataformas digitales, que tienen más poder que muchos Estados. Empresas que no solo manejan el mercado, sino que modelan subjetividades, afectan decisiones políticas, colonizan la intimidad. Con la pandemia, ese ingreso fue brutal. Llegaron al aula, a la casa, al cuerpo. Y lo hicieron sin que nadie lo advirtiera con suficiente profundidad. Por eso es urgente construir una mirada crítica sobre su impacto.

¿Es reversible esta situación?

Sí. No creo que sea irreversible. Brasil salió del bolsonarismo. México y Europa están avanzando en regulaciones. Incluso países como China están debatiendo marcos normativos nuevos. El primer paso es dejar de naturalizar el algoritmo. Entender que no estamos hablando solo de tecnología, sino de relaciones de poder. Y a partir de ahí, recuperar soberanía cultural. No demonizo las plataformas, ni tampoco la inteligencia artificial. Generan trabajo. Pero un Estado no puede dejar su política audiovisual en manos de ellas. Hoy, lo poco que se produce en Argentina es para plataformas. Eso nos habla de una pérdida de soberanía. Porque no se produce lo que queremos contar, sino lo que las plataformas piden, con sus lógicas estéticas, narrativas y de mercado.

¿Qué impacto tiene la inteligencia artificial en este escenario?

Enorme. Y por eso es un tema que me ocupa. La inteligencia artificial no puede ser pensada de forma lineal. Tiene efectos muy distintos según el ámbito: no es lo mismo en educación, que en medicina, o en la producción de conocimiento científico. Lo que necesitamos es una reflexión situada, crítica, atenta a las particularidades. El problema es que hoy no hay condiciones laborales ni tiempo para esa reflexión. Ni en la escuela, ni en los medios. Porque los trabajadores están atravesados por el pluriempleo y la urgencia económica. Y cuando eso ocurre, las discusiones se vuelven superficiales, repetitivas, polarizadas.

¿Hay reflexión en los medios o entre colegas sobre todo esto?

Sí, hay. Y yo participo de esas discusiones. Pero están debilitadas. Los trabajadores de prensa están exhaustos, sobrecargados. Y la posibilidad de hacer periodismo con tiempo, con investigación, con profundidad, hoy es casi un lujo. Antes, los medios destinaban presupuesto a áreas de investigación. Hoy, son muy pocos los diarios que pueden sostener eso. El resultado es una prensa empobrecida, y por ende, una ciudadanía más vulnerable. Cuando una empresa multinacional atenta contra las condiciones laborales de los periodistas, está atentando contra el lenguaje democrático. Contra nuestra posibilidad de entendernos como sociedad.

A pesar de este diagnóstico, ¿sos optimista?

Sí, tengo que serlo. No tengo otra opción. Me considero, antes que comunicadora, una educadora. Y no puedo educar sin esperanza. Si no creyera en la potencia de las nuevas generaciones, en su capacidad de pensar críticamente y transformar, me tendría que quedar en mi casa. El escenario es duro, pero no definitivo.

¿Ves la posibilidad de una reversión política como ocurrió en Brasil?

Ojalá. Hoy Argentina atraviesa un momento muy grave. Tenemos presos políticos. Y eso nos retrotrae a lo peor de nuestra historia. No se trata solo de Cristina Fernández de Kirchner, que además de ser expresidenta es la presidenta del principal partido opositor y del movimiento político más grande de América Latina. Hay una clara persecución a las mujeres que hacen política y periodismo. Se las estigmatiza, se las calla, se las ataca desde el Estado. Eso no puede no preocuparnos. La democracia argentina, la que conseguimos con tanto dolor, está hoy lesionada. No importa la pertenencia partidaria de cada uno. Este es un problema del Estado de derecho, de la República. Y no podemos ser indiferentes.

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Diego Robolini: “En Misiones logramos una verdadera integración entre lo público y lo privado”

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En un escenario por momentos incierto, el Banco Macro se ha convertido en un socio estratégico para el consumo y el desarrollo productivo misionero. Diego Robolini, gerente de la División NEA, destaca el trabajo conjunto con el Gobierno provincial y la fortaleza de los programas Ahora, que ya movilizaron más de 27 mil millones de pesos en lo que va del año y se extenderán hasta el 30 de septiembre.

¿Cómo analiza el rol del Banco Macro en el actual escenario económico misionero?

Estamos muy contentos con las cosas que estamos haciendo con la provincia. En un escenario complejo, Banco Macro se ha transformado en un aliado clave para las empresas misioneras, especialmente las Pymes. En la presentación del Ahora Pymes, el gobernador Hugo Pasalaqua hablaba de ya no distinguir tanto el sector público del sector privado y trabajar de manera absolutamente integrada y me gustó esa palabra. Es ya una integración, más que una articulación de políticas públicas y privadas. Lo del Ahora Pymes es un nuevo ejemplo de esa de esa situación.

¿Qué distingue al programa Ahora PyME del resto?

Tiene una particularidad muy interesante: está orientado al negocio entre empresas, el famoso B2B –transacciones comerciales entre empresas, en lugar de ventas directas al consumidor final-. A lo largo de los cuatro viernes de julio, las empresas podrán comprar hasta en 12 cuotas sin interés con la tarjeta Business. Es una propuesta novedosa en el país. Surgió de la Cámara de Comercio de Posadas, fue recogida por la provincia y enseguida nos sumamos. Ya hay 250 comercios inscriptos.

¿Hay programas similares en otras provincias?

Desde nuestra experiencia bancaria, no. Misiones es la única provincia que tiene este tipo de programas, con resultados sobresalientes. Eso refuerza nuestra apuesta. Incluso en muchos casos aportamos financiamiento propio.

¿Qué otras líneas de crédito están vigentes actualmente?

Tenemos líneas subsidiadas por el Gobierno provincial desde hace más de tres años. Una de capital de trabajo, con plazo de hasta 12 meses, y otra de inversión a largo plazo, de hasta 48 meses. La línea de capital tiene hoy una tasa nominal del 38%, con un subsidio de 10 puntos por parte de la Provincia, lo que deja la tasa final en 28%. En la de largo plazo, la tasa es del 44%, subsidiada en 7 puntos, lo que reduce el costo al 37%. Son tasas muy competitivas.

¿Están también acompañando con créditos para el pago de aguinaldos?

Sí, totalmente. Las líneas de capital de trabajo permiten destinar fondos al pago de aguinaldos, compra de insumos, recomposición financiera. Hay una alta demanda, lo que demuestra su utilidad.

En yerba mate también están presentes. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue una iniciativa del Gobierno provincial para agilizar la compra-venta de hoja verde y yerba mate canchada. Lo que hicimos fue armar una línea para productores y secaderos, que permite descontar cheques a 30, 60 o 90 días con tasa cero. El productor cobra el monto total del cheque sin descontar intereses. El Gobierno provincial absorbe la diferencia. Ya llevamos 2.500 millones de pesos liquidados, y estimamos que vamos a llegar a 10.000 millones. La demanda es muy alta. 

¿Estas experiencias se toman como modelo en otras regiones?

Claramente son distintivas. Tiene que ver con la prioridad que el Gobierno provincial da a estas herramientas y con nuestra vocación de estar cerca, tanto del gobierno como de los clientes. Esa cercanía hace que las políticas fluyan de forma natural.

¿Cómo viene la nueva edición del programa Naves?

Muy bien. Es la edición número once, junto a Emprende IAE y la Universidad Austral. Es un programa de formación para emprendedores y empresas en marcha, con una duración de cinco meses. Hay dos modalidades: una 100% online y otra blended, que combina clases presenciales en la universidad y virtuales. La inscripción cierra el 4 de julio.

Los programas “Ahora” son marca registrada en Misiones. ¿Qué balance hacen desde el banco?

Te doy un dato: en lo que va del año ya se comercializaron 27.000 millones de pesos a través de los distintos programas Ahora, con 3.700 comercios adheridos. Eso muestra la magnitud del impacto. Estos programas son un emblema y nacieron, como dice siempre el gobernador, como respuesta al comercio fronterizo. Para nosotros, representan un modo de acompañar la realidad de la provincia, estar cerca del cliente y sumar valor. Una forma concreta de integrarnos al entramado productivo. No es solo financiar, es entender el contexto, aportar soluciones y generar herramientas útiles para que las empresas misioneras puedan crecer. Es un compromiso real con la provincia.

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