Cayal busca recuperar su lugar en la industria yerbatera y proyecta el regreso de la marca Chamarra
CAYAL reactiva su estructura productiva en Apóstoles y busca recuperar la marca Chamarra con nuevos socios, apoyo institucional y compradores
La Cooperativa Agrícola Yerbatera Apóstoles Limitada (CAYAL) avanza en un proceso de reorganización institucional y reactivación productiva después de varios años de inactividad en la recepción de hoja verde y la elaboración de yerba mate. Su presidente, Luis Andrusyszyn, destacó la incorporación de nuevos socios, el acompañamiento municipal y provincial y la búsqueda de compradores para recuperar el funcionamiento del secadero y el molino.
La recuperación del entramado cooperativo yerbatero de Apóstoles suma un nuevo capítulo con la reactivación de la Cooperativa Agrícola Yerbatera Apóstoles Limitada (CAYAL), una institución histórica que busca volver a participar de la cadena productiva mediante la recepción de hoja verde, la elaboración y la comercialización de su tradicional marca Chamarra.
En el marco de las Jornadas Tecnológicas de la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, Economis entrevistó a Luis Andrusyszyn, productor yerbatero y actual presidente de la entidad, quien describió el proceso de reorganización que permitió recuperar la actividad institucional y sentar las bases para una nueva etapa productiva.
El dirigente prefirió hablar de una reapertura antes que de una recuperación, aunque reconoció que el regreso de CAYAL representa un acontecimiento relevante para los productores de la zona sur de Misiones. La cooperativa vuelve a tener presencia institucional en una región estrechamente vinculada con la producción y la industrialización de la yerba mate.
“Es un logro para la zona, un logro para Apóstoles. La ciudad no tenía una cooperativa yerbatera en funcionamiento y hoy la tiene, y la va a seguir teniendo”, sostuvo Andrusyszyn.
La dimensión de este proceso se observa también en la reconstrucción de su base social. Según precisó, la entidad contaba con aproximadamente 28 socios activos y al proceso de reapertura se incorporaron otros 22 productores. Sin embargo, la historia de CAYAL muestra una escala considerablemente mayor: en sus registros históricos llegaron a figurar 340 socios activos.
La ampliación de la participación constituye uno de los primeros pasos para recuperar la capacidad operativa de una institución que durante años tuvo dificultades para sostener su actividad industrial y comercial.
Del cierre operativo a la reorganización cooperativa
La paralización de las principales actividades de CAYAL fue el resultado de un proceso gradual de pérdida de volumen de producción. Andrusyszyn explicó que tanto el secadero como el molino dejaron de funcionar debido a las dificultades para captar hoja verde y sostener una escala de procesamiento que permitiera cubrir los costos operativos.
El molino, destinado a la elaboración y el envasado de yerba mate, llevaba aproximadamente cuatro años sin actividad. El secadero también había quedado paralizado en un contexto en el que los productores comenzaron a encontrar mejores condiciones comerciales en establecimientos privados.
La competencia por la materia prima terminó debilitando el esquema de abastecimiento de la cooperativa. Cuando los secaderos privados ofrecían mejores precios por la hoja verde, los productores optaban por entregar allí su cosecha, reduciendo progresivamente el volumen que ingresaba a CAYAL.
La consecuencia fue una pérdida de escala que terminó comprometiendo la continuidad de las operaciones.
“Había ofertas en los establecimientos privados, mejores ofertas, y los productores llevaban esa yerba a los privados y no a la cooperativa. Entonces, cada vez trabajaba con menos yerba, hasta que llegó un punto en que no pudo seguir funcionando con esa cantidad”, explicó.
El diagnóstico expone una de las dificultades estructurales que enfrentan las cooperativas yerbateras: la necesidad de garantizar condiciones comerciales competitivas para retener la producción de sus asociados. La pertenencia institucional, por sí sola, no alcanza para sostener una estructura industrial cuando los productores encuentran mejores alternativas de comercialización fuera de la organización.
Por eso, la reapertura de CAYAL no se limita a recuperar instalaciones o reactivar una marca. También requiere reconstruir la confianza de los socios, asegurar materia prima y generar condiciones económicas que permitan sostener el funcionamiento de la cooperativa.
Chamarra vuelve a escena: el desafío de recuperar el mercado
Uno de los objetivos centrales de esta nueva etapa es recuperar la marca Chamarra, un nombre tradicional de la cooperativa que busca volver a las góndolas y al consumo de los hogares.
La presencia de la marca en la Fiesta Nacional de la Yerba Mate representa una señal concreta de esa intención. Para Andrusyszyn, volver a mostrar Chamarra en un espacio que reúne a productores, industriales, instituciones y consumidores constituye un motivo de satisfacción para los socios y para la comunidad apostoleña.
“Es una alegría como productores y como socios de esta cooperativa. Nuestra zona no tenía una cooperativa presente y hoy la tiene. Para nosotros es un logro inmenso”, expresó.
Sin embargo, el regreso comercial de Chamarra dependerá de que la entidad consiga resolver una cuestión fundamental: quién financiará y comprará la producción necesaria para poner nuevamente en marcha el circuito industrial.
En ese sentido, el presidente reconoció que la cooperativa está buscando patrocinadores y compradores que permitan garantizar la salida comercial de la yerba elaborada. La alternativa también contempla llegar directamente al consumidor, aunque para eso será necesario desarrollar una estrategia de comercialización que permita sostener los volúmenes y generar ingresos suficientes.
La búsqueda de compradores revela que el desafío de las cooperativas no termina en la producción. Recuperar una marca exige capital de trabajo, abastecimiento, capacidad industrial, logística, distribución y acceso a los canales comerciales.
La próxima zafra, una oportunidad para volver a producir
El horizonte inmediato de CAYAL está puesto en recuperar progresivamente su capacidad de recepción y procesamiento. Andrusyszyn señaló que, si se cumplen las condiciones necesarias, la cooperativa podría comenzar a recibir materia prima durante la próxima zafra, con el objetivo inicial de incorporar producto a sus depósitos y avanzar desde allí hacia una normalización de las operaciones.
El dirigente evitó establecer un cronograma definitivo, ya que la puesta en funcionamiento dependerá de la evolución de los aspectos administrativos, financieros y comerciales.
“Si nos va todo bien, capaz que para el mes de la zafra vamos a estar poniendo algo de producto en los depósitos de la cooperativa. De ahí empieza la reapertura y a trabajar”, explicó.
La regularización administrativa fue otro de los componentes del proceso. Según indicó, fue necesario corregir determinadas situaciones institucionales y ordenar documentación y procedimientos para recuperar las condiciones de funcionamiento. Aunque todavía quedan cuestiones pendientes, consideró que la entidad avanzó de manera significativa.
En ese proceso destacó especialmente el trabajo de un grupo de socios y colaboradores que asumieron tareas de manera voluntaria para reorganizar la institución.
“Hoy me toca la presidencia, pero hay un equipo atrás mío de personas voluntarias para poder sacar esta cooperativa adelante, especialmente en la parte administrativa y para poner todo en orden”, señaló.
También reconoció el acompañamiento municipal y provincial como parte de las condiciones que hicieron posible avanzar con la reapertura. Ese respaldo institucional aparece como un componente relevante para una organización que necesita recuperar infraestructura, capacidad de gestión y vínculos comerciales.
El cooperativismo frente a un nuevo escenario yerbatero
La reactivación de CAYAL se produce en un momento complejo para la economía yerbatera, con cambios en las condiciones de comercialización, dificultades para sostener los márgenes de los productores y una creciente necesidad de eficiencia en toda la cadena.
En ese contexto, el regreso de una cooperativa a la actividad industrial representa una oportunidad para reconstruir un canal de comercialización alternativo y fortalecer la participación de los productores en el proceso de agregado de valor.
Pero la continuidad dependerá de que la entidad pueda resolver el abastecimiento de materia prima, recuperar su infraestructura y encontrar compradores que permitan sostener el circuito económico.
La experiencia anterior dejó una enseñanza concreta: cuando los socios encuentran mejores condiciones de entrega fuera de la cooperativa, la organización pierde volumen y capacidad para sostener sus instalaciones. La nueva etapa deberá construir una propuesta que vuelva a resultar conveniente para los productores y que, al mismo tiempo, permita competir en el mercado.
Para Andrusyszyn, el objetivo inmediato es lograr que CAYAL vuelva a funcionar y que Chamarra recupere presencia comercial. No se trata solamente de poner en marcha un secadero o un molino, sino de reconstruir una estructura colectiva que históricamente formó parte de la identidad productiva de Apóstoles.
La reapertura todavía tiene etapas por cumplir y su consolidación dependerá de los recursos que logre reunir la entidad. Pero el regreso de CAYAL a la agenda yerbatera introduce una señal significativa para el cooperativismo regional: recuperar una institución productiva también implica recuperar una herramienta de organización económica para los productores.
